411.- Rebeldía conformista. La mayoría de
los intelectuales contemporáneos denuncian la sociedad actual sin dejar de ser pese a ello sus habitantes más acomodados, críticos de salón y de suplemento cultural semanal del periódico de noticias: filósofos, politólogos y críticos literarios que demuelen el capitalismo desde
la comodidad de sus cátedras universitarias, directores de cine, figuras de la farándula y
artistas en general que condenan el consumismo feroz mientras promocionan
sus obras en el mercado de la cultura y el arte contemporáneos. Esto es tan así que
podría afirmarse sin mayor escándalo que hoy día la crítica
radical del sistema es una de las formas más refinadas del conformismo
intelectual y de adhesión al propio sistema criticado. Denunciar el tinglado se ha convertido en válvula de escape y parte no poco importante del
propio sistema. La rebeldía del anticonformismo ha cristalizado en
meras fórmulas estéticas, en marcas personales como puede ser la de Banksy, que sin embargo da casi siempre en el clavo con su crítica acerada. El intelectual
contestatario es una figura del mercado tanto como el hombre de
negocios, porque la sociedad actual ha desarrollado una
extraordinaria capacidad de asimilación y neutralización de sus
propias contradicciones, transformándolas en mercachiflería cultural. Como un organismo que ha generado sus propios anticuerpos, la modernez no solo ha aprendido a
convivir con sus críticos más radicales, sino que, además, se alimenta de
ellos.

412.- Vivir deprisa. - ¡Cuánta sabiduría de
la buena destila el consejo de vivir sin prisa! ¡Cuánta verdad
rezuma! Hay que saber gozar las cosas repartiéndolas. A muchos,
razona Gracián, les sobra la vida y se les acaba la felicidad
enseguida. Malogran los contentos, que no los gozan, y querrían
después volver atrás, cuando se hallan tan adelante. Postillones
del vivir, que a más del común correr del tiempo, añaden ellos su
atropellamiento atolondrado. Querrían devorar en un día lo que
apenas podrán digerir en toda la vida. Viven adelantados en las
felicidades, se comen los años por venir y, como van con tanta
prisa, cagaprisas que son, acaban pronto con todo. Son más los días
que las dichas, hay que repartir estas de manera que en todo momento
tengamos alguna. Por eso hay que obrar, en el gozar, con mucho de
espacio, despacito, sin prisa, para que nos duren los contentos, para
que no se nos acaben tan pronto los amores. No hagamos caso de los
cantos de sirenas que nos invitan a vivir de prisa y a dejar un
cadáver bonito tirado en la cuneta de una carretera.

413.- Adiós a las cartas. Dinamarca dirá
adiós a las cartas escritas en papel, a los sobres y a los sellos a
partir del 31 de diciembre del año del Señor de 2025. El servicio
postal de Correos danés, después de cuatro siglos de
funcionamiento, dejará de repartir cartas. A partir del año que
viene solo entregará paquetes postales, convirtiéndose en un
servicio de paquetería como tantos otros de sobra conocidos.
Desaparecerán también los míticos buzones rojos, símbolo del
correo tradicional. El cartero de mi pueblo, aquí entre nosotros, no pasa todos los días,
sino una vez cada dos semanas, y lo que trae no son cartas
precisamente, sino impresos de publicidad comercial, alguna multa de
tráfico y propaganda electoral. Han desaparecido las cartas que la
gente leía, las de los familiares y amigos, las del novio y la
novia, las del hijo que estudia y trabaja en el extranjero, todo un
género literario epistolar escrito de puño y letra, cartas a menudo
con faltas de ortografía, pero llenas de sentimiento y autenticidad.
El correo electrónico ha acabado con las cartas tradicionales y las tarjetas postales: ahora te mandan un guasap y un selfi
con un monumento detrás que te espeta: aquí estoy yo. Dicen que es ecológico que desaparezca el
papel, para que no se talen tantos árboles. A fin de cuentas todos
tenemos ya un buzón electrónico muy 'ecológico' encima: el móvil
que nos inmoviliza.

414.- Hechos los deberes. Desde que tenemos,
por primera vez en nuestra reciente historia, un gobierno de
coalición progresista, el más progresista desde que hay registros,
resulta que España ha triplicado el gasto militar según la OTAN,
que se felicita de que nuestro país haya alcanzado ya en defensa -es
un eufemismo, en realidad en preparación para la guerra- el 2% de su
Producto Interior Bruto, que era el objetivo que la Alianza Atlántica
había fijado que alcanzaran durante el presente año todos sus
miembros. Desde el año 2018 en que el Partido ¿Socialista? ¿Obrero?
Español gobierna en las Españas se ha triplicado el dinero destinado al
ejército. El grueso de este gasto se ha concentrado en este año y
el pasado, un proceso que comenzó a acelerarse tras la invasión rusa
de Ucrania, una guerra que todavía perdura. Desde el gobierno se ha
dicho que no van a superar ese 2% del PIB, pero la noticia es que ya
se ha pasado del 0.92 % anterior al 2% actual, que es una barbaridad,
cuando no hay monises para los afectados por las
inundaciones y los incendios producidos por el cambio climático, el volcán de La Palma, donde siguen
viviendo en barracones, los enfermos de ELA y un larguísimo
etcétera. La
Alianza se muestra satisfecha de que España haya hecho sus deberes.
El Gobierno, por su parte, ha recibido la noticia con alborozo por el esfuerzo
importantísimo que “demuestra una vez más que estamos
comprometidos con la paz, con nuestros socios europeos y con la
Alianza Atlántica”, según nuestra Ministra de la Guerra,
satisfecha de que España aporte efectivos -hombres
y mujeres, antes se decía 'carne de cañón',- a las misiones de paz de la OTAN y cumpla con sus compromisos adquiridos.

415. - Pensar no es tener ideas. Pensar es no
tener ideas. O mejor dicho: pensar es liberarse de las ideas que uno
tiene, es decir, de las ideas recibidas y asimiladas que lo tienen a uno, porque nosotros no las tenemos a ellas, son ellas, inculcadas, las que nos poseen a nosotros.
Pensar es desembarazarse de ideas. De ahí la importancia vital de
aprender a pensar, a liberarse de las ideas, a desaprender, cosa que
no es fácil porque el arte de la incrustación utiliza
muchos procedimientos: la reiteración constante de mensajes falsos o
semiverdaderos hasta que, a fuerza de tanta repetición, parezcan
verdades dogmáticas como puños que nadie osa cuestionar; el cambiazo habitual sel significado de las palabras, haciendo que lleguen
incluso a significar lo contrario: a una guerra se la denomina
pacificación y a los ejércitos tropas de paz, por ejemplo. Es
fundamental para ello crear enemigos invisibles como un virus, una
emergencia climática, una amenaza de invasión militar... Estos
enemigos, bien establecidos en el inconsciente colectivo, sirven para
declararles la guerra y justificar la ejecución de medidas
draconianas. Se inculcan ideas recurriendo a lo emocional y evitando
lo racional para lo que se utilizan imágenes impactantes -a veces, cada vez más, manipuladas- y se corean expresiones igualmente impactantes que se
convierten en consignas que acentúan el miedo o el sentimiento de
culpabilidad: salva el planeta, quédate en casa, no salgas, no des
la mano, di hola... Ocultan y censuran si es preciso la
contrainformación que pueda poner en duda su agenda, inundando al
mismo tiempo el espacio público de ruido mediático para que no
tengamos ocasión de reflexionar. No quieren que pensemos y nos
desembaracemos de las ideas inculcadas, porque lo que pretenden es
que obedezcamos.
