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miércoles, 10 de junio de 2026

¿Qué es el Estado?

    Se ha publicado en castellano a cargo de Ediciones El Viejo Topo, 2026 el ensayo de Paolo Botta titulado ¿Qué es el Estado? (traducción de “Cos' è lo Stato", Rogas Edizioni, 2025), que lleva como subtítulo en castellano “capitalismo, democracia y socialismo en el siglo XXI”.
 

    Después de preguntarse qué es el poder y qué es la política, aborda en el capítulo tercero la pregunta que da título al ensayo: ¿Qué es el Estado? La primera definición que ofrece es que es una organización, algo evidente, pero necesario decirlo. Afirma: No es una entidad abstracta que se esconde en los cielos o en un fantástico hiperuranio (donde residen las ideas de Platón). El Estado es una organización formada por hombres de carne y hueso, funcionarios, empleados, policías, militares, etc. El Estado es una realidad. Recuerda a Max Weber que ponía al Estado en el centro del poder porque detiene el monopolio de la fuerza y de la violencia legítima en el ámbito de un territorio determinado y que se funda sobre la utilización del ejército y de una amplia burocracia que gestiona su complejidad organizativa basándose en las leyes y el derecho. Resulta interesante la observación que hace de que no son los Estados quienes deciden los destinos de la humanidad, sino los pueblos en el ejercicio de su soberanía. Ciertamente, así debería ser, pero los pueblos han «delegado» de hecho en los Estados su gobierno.
 
    Todo ello hace necesario, según el autor, un gobierno y en consecuencia una entidad organizativa que pudiera desplegarse por el territorio para ofrecer servicios, asistencia, pero también instrumentos de coerción cuando son precisos, aunque también para obtener el consenso de la gente a través de la propaganda ideológica y de la educación. 
 
 
    Afirma Botta que el Estado es el corazón y el alma de la política, algo que ya estaba implícito en esta última palabra, derivada de polis, la forma griega de la ciudad-estado. La pluralidad de Estados -en el mundo hay cerca de doscientos- se complica con la existencia de diversas entidades u organismos supraestatales. Sin embargo, el Estado nacional no está en decadencia, como creen algunos, sino que simplemente ha reconfigurado su soberanía y protagonismo, a menudo ocultados tras las narrativas ideológicas de la globalización y el neoliberalismo. Concluye diciendo que los Estados existen, y que no están en crisis como afirma una retórica poco convincente, sino todo lo contrario.
  
    Paolo Botta había publicado, como adelanto de su libro, el artículo "Del occidente en crisis al modelo chino: el camino socialista en el siglo XXI",  cuyo título ya lo dice todo: pone a China como ejemplo concreto de un socialismo del siglo XXI capaz de generar crecimiento, innovación y estabilidad.
 

    El ensayo de Paolo Botta «¿Qué es el Estado?», desde una óptica neomarxista y geopolítica, analiza las nuevas formas de socialismo, centrándose en la experiencia china como paradigma alternativo de la crisis occidental. Pone en evidencia las diferencias notables entre el modelo occidental y la relación con China, cuyos caracteres generales no son asimilables absolutamente al capitalismo tout court, “sino que contienen elementos típicos de una fase de transición hacia el socialismo, en un contexto de gran originalidad por la presencia de elementos que hunden sus raíces en la tradición china”. Ahora tendríamos que adjudicarlo al actual Estado chino, esa república popular, monárquica y comunista, que va camino de ser la primera potencia capitalista del siglo XXI.
 
    A Marx le gustaba el capitalismo por su eficiencia económica en el desarrollo tecnológico y de la industria; imaginaba lo que eso sería en manos del proletariado; pero el Estado le gustaba poco, solo por el tiempo imprescindible; pensaba que tanto el Estado como el Capitalismo serían necesarios en los primeros tiempos de la revolución comunista, pero que a la larga, una vez consolidado el desarrollo capitalista bajo la dictadura del proletariado, sería necesario abolir el aparato del Estado, por ser este incompatible con la desaparición de las clases y la emancipación humana (objetivo último de la revolución). Sin embargo, no se sabe de ningún partido marxista, ni neomarxista, que a día de hoy suscriba tal intención de abolir el Estado, ni pronto ni a la larga, como tampoco se sabe de ninguno que reclame la abolición de la propiedad privada y del trabajo asalariado, que serían las medidas más básicas de cualquier proyecto realmente anticapitalista.
 
    El ensayo de Botta me trae a la memoria el homónimo de Agustín García Calvo Qué es el Estado que publicó la Gaya Ciencia en 1977, recogido en 1980 por el autor y publicado en Actualidades, editorial Lucina, sin las ilustraciones de la edición original, con unas pocas correcciones y la adición de un párrafo, y reeditado en 2019 por Ediciones El Salmón. Sin embargo, no tiene nada que ver el uno con el otro. Botta no se limita, como el título indica, a preguntarse qué cosa sea el Estado, sino que, dándolo por bueno, aboga por la defensa de un Estado-nación presuntamente anticapitalista. Mientras que García Calvo escribe una diatriba contra el Estado. Al preguntarse qué es, destruye la idea que lo sustenta. 
 
    Sería interesante que se reeditara el Qué es el Estado de García Calvo en 2026, quien sostenía que Estado y Capital eran la misma cosa y que funcionaban como las dos caras de una misma moneda para disimular su dominio unificado sobre la sociedad, manifestándose en elementos de la vida cotidiana como la burocracia, los impuestos, las estadísticas, los documentos de identidad, la educación obligatoria, las fronteras y las leyes.  
 
    Todo Estado es capitalista, y está en la esencia del Estado el ser capitalista, por la razón de que todo Estado es totalitario y es esencia del Estado el ser totalitario. El Estado es totalitario porque es la forma perfecta o cerrada de organización política, en la cual el proyecto de organización, el proyecto de un Orden establecido por el saber humano y funcionando según el Plan de la Autoridad, sólo podrá cumplirse si ese Orden se refiere a un conjunto definido y numerable, a un verdadero Todo. Particularmente novedoso era su descubrimiento de la relación entre el Estado y el individuo personal, que puede afirmar de alguna manera no solo 'el Estado soy yo', sino también 'yo soy el Estado'. Definía la función esencial del Estado como “administración de la muerte”, diferenciándolo de “pueblo” que es una entidad sin voluntad de matar. Criticaba la idea de que el Estado evita el caos, ya que el orden estatal no se impone sobre el vacío, sino sobre un orden previo más sabio nacido de las relaciones comunes. Sin embargo, se hace para mucha gente una entidad necesaria y aun querida por temor a lo desconocido. E invitaba finalmente a las mujeres a liberarse de la Mujer y a liberar a los hombres del Hombre, de Dios y del Estado que es Su Casa más perfecta, equiparando a Dios con el Estado, como hiciera Bakunin.


domingo, 7 de septiembre de 2025

Videovigilancia chinesca

    China es la envidia de todos los Estados, el Estado perfecto que todo lo ve: posee la mayor red de videovigilancia del mundo y la más sofisticada. Caminas por una calle en una ciudad china y una, dos, tres cámaras de vigilancia en apenas unos pasos ya te han retratado e inmortalizado. Minutos después la policía podrá saber prácticamente todo de ti. 
 
    Actualmente hay setecientos millones de cámaras de circuito cerrado desplegadas por todo el Imperio Celestial para vigilar a sus mil cuatrocientos millones de habitantes, a razón de una cámara para cada dos chinos. Muchas de esas cámaras están equipadas con inteligencia artificial. Algunas pueden reconocer rostros, otras pueden descifrar la edad, la etnia y el sexo de las personas. Pueden reconocer a una persona hasta por su forma de andar. Equipadas como están en su mayoría con reconocimiento facial pueden identificar a cualquier súbdito, incluso si lleva mascarilla. Eso implica que las autoridades pueden emparejar la imagen que toman de un transeúnte con la foto del documento de identidad y acceder a toda su información, así como a rastrear sus movimientos. 
 
 
 Cámaras chinas vigilantes
 
    Cuando el sistema reconoce un rostro marcado como sospechoso, se envía una alerta a una sala de control e, inmediatamente después, a la policía del Imperio. Según las autoridades chinas, este impresionante sistema de videovigilancia sirve no solo para perseguir el crimen que se ha cometido, sino también para predecirlo y evitarlo. Las autoridades, para tranquilizar a la población ante el inusitado despliegue de cámaras videovigilantes, dicen que los ciudadanos que no tienen nada que esconder o que no han hecho nada malo, "no tienen nada de qué preocuparse". Solo se usa la ingente información disponible cuando es necesaria, permaneciendo siempre en la enorme base de datos, pero lo cierto es que las cámaras son ojos invisibles que siempre te siguen, violando tu intimidad, sin importar lo que hagas.
 
    El sistema masivo de recopilación de datos de la policía china es una flagrante violación de la privacidad que apunta a seguir y predecir las actividades de los disidentes. Lo que es una realidad es que la red de videovigilancia crece como la mala hierba en China. Estas cámaras no sirven solo como vigilancia post-crimen, sino que todas están conectadas a un mismo sistema, llamado Skynet, sí, como en la película de ficción científica Terminator (1984) hecha realidad, cuyo objetivo es tener una vigilancia total en tiempo real. El Gobierno del Imperio Celeste utiliza Skynet para registrar todas las interacciones de sus súbditos otorgando a cada uno un carné con puntuación por su buen comportamiento, que será determinante a la hora de acceder a determinadas prestaciones.
 
Reconocimiento facial, viñeta de Riki Blanco (2025)
 
    La inteligencia artificial policial analiza la conducta de las personas: si alguien se queda mucho tiempo parado en la calle, si entra en una zona sensible, si se cruza con alguien vigilado se genera enseguida una alerta automática. En China uno se sabe y se siente  constantemente controlado, aunque, por otra parte, se ve mucha menos policía callejera que en otros países, pero no nos engañemos: la policía no son solo los agentes uniformados de carne y hueso, sino este sistema orgüeliano que está concentrado en una centralita que todo lo controla, o eso pretende por lo menos. 
 
    Lo que sucede en China parece una premonición de lo que puede llegar a Europa si no está llegando o ha llegado ya y todavía no nos hemos enterado. Esta vigilancia indiscriminada les parece a algunos impensable en el viejo continente donde tenemos, dicen los más ingenuos, una carta de derechos fundamentales y una legislación que ampara mucho al individuo y protege lass supuestas libertades personales. Londres, entre nosotros, por ejemplo, es la capital de la videovigilancia masiva. Es la pesadilla orgüeliana del Gran Hermano, el Estado es el ojo panóptico de Dios. 
Escaneo facial con número asociado.  

miércoles, 29 de noviembre de 2023

Expertos virólogos

    La enfermedad que supuestamente trajo el virus coronado cosecha del 2019 ha sido la primera gran pandemia del siglo XXI pero no será la única según expertos virólogos, que ya saben o creen saber más bien cómo será la siguiente, que llegará antes de lo que imaginamos, y, aunque no esté bien hablar del futuro cuando no está presente, nos advierten de que puede aparecer en el momento menos pensado, ahora mismo por ejemplo, cuando más descuidados estamos, ya que el aumento de la movilidad viajera por el mundo -todo el mundo es un culo inquieto que quiere moverse para creer que el movimiento existe y se demuestra andando de la ceca a la meca frenéticamente- puede dar como resultado que una enfermedad se expanda rápidamente habida cuenta de la promiscuidad del género humano, poco amigo de la anacoresis. 
 
    Hemos visto cómo la enfermedad del dichoso virus entronizado que al principio tenía una letalidad alta en China fue perdiendo fuelle a medida que se extendía y ganándolo a medida que más se hablaba de él y era más real, pero los expertos creen que la próxima no será tan benigna como la vivida, sino todo lo contrario: será brutal, absolutamente letal, y no quedará vivo ni Dios sobre el planeta. 
 
 
 
   En vista de lo visto, los expertos calculan que China puede ser otra vez el escenario donde vuelva a hacer su aparición estelar el nuevo virus, dado que es una zona del mundo densamente poblada, en la que cualquier virus puede expandirse rápidamente y pasar cualquier cosa. 
 

    Los medios occidentales, de hecho, ya han propagado la noticia de que una nueva y misteriosa enfermedad, una neumonía desconocida, barría las escuelas chinas, y que los niños eran esta vez los más afectados. De hecho la OMS ya se frotaba las manos instando al país a restablecer la imposición de mascarillas y la distancia social ante lo que se pensaba que iba a ser la nueva versión de COVID-19, la 2.0. 
 
    El pobre Tedros, el taumaturgo que quiere dejar de ser nuestro consejero espiritual sanitario porque nos quiere gobernar a todos, ya se frotaba las manos ante la posibilidad de poder sacarse de la manga otra pandemia como aquella que vivimos peligrosamente, pero resulta que van los chinos y le dan en los morros diciéndole ahora que el aumento de enfermedades respiratorias que se está produciendo ahora mismo en ese gran país se debe a gérmenes estacionales y no a “patógenos inusuales o nuevos”, según quería el director general de dicha Organización. 
 
    ¡La cara de tonto que se le habrá quedado al pobre Tedros! Pero no nos preocupemos: las vacunas y los nuevos protocolos de seguridad que ya está diseñando la OMS y sus expertos nos salvarán, como salvaron tantas vidas... 
 
 

 
    Cuando alguien hace afirmaciones supuestamente científicas que no pueden comprobarse empíricamente como esta que acabamos de formular y las damos como verdades absolutas, reconocemos enseguida que es un político, es decir, un mentiroso: que está mintiendo, porque está gobernando y porque gobernar es mentir. Me refiero a afirmaciones como: "Las vacunas han salvado millones de vidas". Nunca sabremos qué hubiera pasado sin las presuntas vacunas, pues no ha ocurrido, por tanto no es comprobable, pero sí sabemos lo que está pasando: que la gente joven ¡y vacunada varias veces! que no tenía que morirse todavía porque las parcas no habían cortado el hilo de sus vidas, se muere, se sigue muriendo inexplicablemente de repente...