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lunes, 17 de marzo de 2025

7291 (De Madrid al Cielo).

    Publica Juan Soto Ivars en El Confidencial un artículo titulado “Ayuso asesinó en las residencias geriátricas de Madrid a 120.000 personas” a raíz de un programa especial sobre la pandemia emitido por el Ente Público, alias Televisión Española, titulado '7291' sobre los fallecidos durante la primera ola de la pandemia de la covid-19 en las residencias de mayores de la Comunidad de Madrid, en el que confronta sus recuerdos personales con la doctrina del documental, que pretende responsabilizar a la presidenta de la comunidad madrileña de haber enviado a los ancianos de las residencias De Madrid al Cielo. 
 
 
    En el documental se dice que los muertos de las residencias madrileñas son la (única) deuda que nos queda por saldar con las administraciones. Recuerda Soto Ivars cómo había que bajarse la mascarilla para comer en un restaurante y subirla si uno iba a mear. Recuerda cómo al principio las mascarillas no servían porque no había y luego se hicieron fundamentales para evitar los contagios cuando los políticos comenzaron a lucrarse con su venta, por lo que aquí se mantuvieron mucho más que en cualquier otro país europeo a fin de salvar muchas más vidas. 
 
    Pero, claro, esos recuerdos personales deben ser fake news, porque el Ente Público ni los menciona. Recuerda que en un hospital de Barcelona al que llamó en concepto de periodista para escribir un artículo le dijeron que “no se podía derivar a un nonagenario con neumonía bilateral por covid a los hospitales colapsados, porque había que priorizar a los pacientes con perspectivas de supervivencia”. También recuerda haber visto un vídeo de una residencia de ancianos de Gerona (perdón, Girona) de donde “salían bolsas largas en camillas durante la noche directas a un crematorio”. Pero, como reconoce irónicamente, su memoria debe engañarle porque, seguramente, se trataba de alguna residencia de la comunidad madrileña. 
 
    A él, le parecía, que era algo que estaba sucediendo en casi todas las residencias de España, pero su memoria, una vez más, le engañaba porque el Ente Público, la Voz de Su Amo, dice que sólo ocurrió en Madrid, donde se concentraba toda la tercera erad residente de la curtida piel de toro bravo que son las Españas. 
 
    Pero hay que agradecerle a la televisión pública que nos saque de los errores traicioneros de la memoria y administre ella la información de la verdad objetiva.  El Ente Público es Televisión Española, la Voz de su Amo, es decir, la Voz del Gobierno, que desvía así el tiro hacia otro objetivo. 
 
 
    Había sido esta una buena ocasión para reconocer los errores cometidos -el doctor Christian Perronne se preguntaba ¿Hay algún error que no hayan cometido?-, entonar el mea culpa y pedir perdón por la pésima gestión de la pandemia, y por estos treinta errores que señala el doctor Juan Gérvas por los que deberían pedir perdón los salubristas y los políticos. Y no ha sido así. La conclusión, apunta Soto Ivars, es que “hay que mandar a los líderes de la Comunidad de Madrid al Tribunal de La Haya y condenarlos por genocidio. En la pandemia murieron más de ciento veinte mil personas. Fue un crimen contra la humanidad hacinar a tanta gente en las residencias de ancianos de la Comunidad de Madrid”. 
 
    Está claro que el Ente Público utiliza a la lideresa como chivo expiatorio o cabeza de turco, achacándole a ella todas las culpas para eximir a otras personas de igual o más alto rango. No creo yo que la Comunidad de Madrid sea una víctima inocente de este ataque desconsiderado, ni voy a batirme yo en su defensa, Dios me libre de Dios y de eso, pero sí me parece poco honesto, cuando desde el Ministerio de Sanidad se enviaba morfina y sedación a las residencias de toda la nación, y se nos instaba a todos (y a todas, como diría innecesariamente el gobierno progresista) a quedarnos en casita para salvar vidas, bajo arresto domiciliario voluntario y toque de queda o restricción de movilidad nocturna, según el ejercicio de pedagogía semántica del impresentable presidente del gobierno, y no colapsar unos hospitales que estaban, por lo demás, semivacíos.
 

viernes, 14 de marzo de 2025

Cinco años después...

    El Estado de alarma se declaró en las sufridas diecisiete Españas el 14 de marzo del año del Señor de 2020. Reflexionaba a propósito el otro día El Periódico Global(ista), portavoz del Gobierno, alias El País, en su artículo editorial sobre los cinco años que han transcurrido ya desde “el estallido de la covid-19” utilizando una significativa metáfora bélica -el 'estallido'- más propia de la guerra que del bombazo periodístico.
 
    Comenzaba diciendo: "Es necesario reflexionar sobre las secuelas que aún persisten de aquella catástrofe y sobre lo que se ha hecho para que no se repita". Reflexionemos, pues.
 
    La pandemia ha sido “una de las tragedias colectivas más traumáticas que haya vivido España desde la Guerra Civil”. Ahí queda esa frase grandilocuente para la Historia oficial y las nuevas generaciones. No se hace ninguna autocrítica a la labor de terrorismo periodístico consistente en sembrar el miedo para que cunda el pánico llevada a cabo por los medios de formación de masas. 
 
 
    Dice el editorialista: “Impresiona también tomar conciencia de la rapidez con la que hemos pasado página de un acontecimiento que paralizó la economía y ha causado más de siete millones de muertes en el mundo, 120.000 en España, según los registros oficiales”. Ya hemos comentado que estas cifras no son ciertas, y que, aunque lo fueran, no son significativas ni justifican que se tomaran las medidas draconianas que se tomaron y que, en lugar de aminorar la gravedad de la situación, la exacerbaron. 
 
    Continúa diciendo el periódico progresista que “A pesar de las medidas extraordinarias de aislamiento social, que provocaron un verdadero trauma colectivo, el número de fallecidos diarios fue subiendo dramáticamente hasta alcanzar el pico de 950 el día 2 de abril”. Dice el periódico “a pesar de las medidas extraordinarias”, y cabe preguntarse si no fue,justamente, gracias a ellas. 
 
    Se preocupa El Periódico Global(ista) por las secuelas de la crisis que hay que atender. Y entre ellas, destaca, cómo no: La covid persistente, “un cuadro complejo que no recibe la atención adecuada. Un estudio internacional estimó unos dos millones de casos en España. Los afectados se sienten abandonados”. Resulta que son más las víctimas de la persistencia de la covid, la práctica totalidad inmunizados, que las víctimas mortales de la enfermedad, lo cual no es poco elocuente y significativo. 
 

     Ya hemos dicho que no hay ninguna autocrítica, pero tampoco ninguna crítica de la función de personajes como Anthony Fauci o Ursula von der Leyen, por citar solo dos nombres propios, ni del papelón ominoso de la OMS, de la que se deshace en elogios destacando “la importancia de tener una autoridad como la OMS que permita compartir conocimiento fiable y coordinar la respuesta internacional, especialmente con respecto a los países más vulnerables y con menos recursos, los virus no conocen fronteras”. 
 
    Estamos mucho peor, dice El Periódico Global(ista) porque EE.UU. ha abandonado la OMS, seguido de Italia y Argentina, al revés que España que le ha endosado sesenta millones de euros de nuestros impuestos para colocar allí a la médica y madre (¡que-la-parió!) de la ministra sanitaria, siendo ese organismo el responsable máximo de que la epidemia se convirtiera en pandemia al cambiar el significado de esta última palabra y eliminar el factor de 'letalidad' asociado a ella. Se lamenta por que “la desinformación y el negacionismo tienen ahora instrumentos más poderosos de difusión”, con lo que está implícitamente defendiendo la política de los gobiernos de pretender imponer la censura para silenciar las voces críticas y disidentes. 
 
    Lo que resulta más emotivo es cuando dicen que “el aniversario de la catástrofe sanitaria debe servir para recordar que Europa sigue siendo un refugio de racionalidad, eficacia en la respuesta y solidaridad. Siendo conscientes de todo lo que hay que mejorar, debemos hacer todo lo posible por preservarlo”. ¿Europa, supongo que se refiere a la Unión Europea, que no es lo mismo, es un refugio de racionalidad, eficacia en la respuesta y solidaridad? No me lo creo.
 

martes, 11 de marzo de 2025

La verdad es la verdad (se diga donde se diga)

    El Presidente de la Junta de Castilla y León, una de las diecisiete Españitas o reinos de taifas autonómicos de esta curtida piel de toro, ha anunciado la dimisión de la hasta el 7 de marzo pasado Directora General de Salud Pública de la Comunidad Autónoma que él regenta, tras sus declaraciones en un programa televisivo autonómico en las que señalaba que la pandemia de Covid-19 "no fue de gran gravedad". 
 
     El Presidente ha pedido disculpas por estas afirmaciones que algunos se apresuraron a calificar de negacionistas en seguida. Creo que sus declaraciones han sido un error grave. Y lo primero que tengo que hacer es pedir disculpas a toda la población en nombre del Gobierno de Castilla y León, dijo el presidente en aras de la corrección política. 
 
    La dimitida Directora General aseguró en un programa de televisión que la pandemia por la covid-19 "no fue de gran gravedad", ya que aunque al principio afectó también a la población joven, "rápidamente el virus evolucionó para convertirse en grave solo en los extremos de la vida". 
 
     El Presidente de la Junta castellano-leonesa no ha destituido a la Directora General, ya que ella le presentó su dimisión. Es cierto que podía haberla rechazado, pero la aceptó. Hubiera sido una grosería imperdonable rechazarla... La propia Directora General parece que reconoció que no estaba en un foro académico para decir lo que dijo, ya que, como ella misma advirtió en aquel programa: Probablemente, haya gente que se revuelva en el sofá cuando lo escuche
 
    Pero la verdad es la verdad, y es lo que ella había dicho, se diga en el foro o ágora que se diga. Lo que sucede es que una mentira cuando se repite insistente- y periódicamente como se ha reiterado esta durante tanto tiempo se convierte, sin dejar de ser lo que es, una hiperbólica trola, en noticia y periodismo. Y decir ahora que el león no era tan fiero como nos lo pintaron, cosa que es verdad, pone en el punto de mira directamente enseguida a los que así nos lo pintaron por alguna razón inconfesable. 
 

 "No es que os tomemos por tontos, es que lo sois".

     La verdad, en este caso, la denuncia de la mentira, no depende del lugar donde se diga. Pero sostener esta verdad científica sería, al parecer, una falta de empatía y de respeto imperdonable hacia las víctimas, que según los registros oficiales serían cientoveintemil  en las sufridas Españas. Pero vayamos a los datos oficiales mundiales y no nos dejemos embaucar por los números: habrían muerto siete millones de personas como resultado de la pandemia en el universo mundo en cinco años, lo que no es tan grave, en efecto, si tenemos en cuenta que cada año mueren en el planeta dos millones y medio de víctimas de neumonía corriente y moliente, y no pasa nada: no nos confinan ni se declaran estados de alarma inconstitucionales. Si multiplicamos este último dato por los cinco que llevamos, han muerto doce millones de personas de neumonía en el mundo. Por no hablar de los ocho millones que mueren cada año por enfermedades causadas por el tabaquismo, cuyo producto se sigue vendiendo impunemente en los estancos y lugares de alterne a los mayores de dieciocho años sin más restricciones que la advertencia: "Fumar mata". 
 
    Pero no perdamos de vista que ese dato oficial de los siete millones de víctimas de la enfermedad del virus coronado de la cosecha del 2019 no es una cifra cierta, porque muchos de ellos murieron por otras causas, pero como según una prueba fraudulenta de PCR tenían positivamente el virus, fueron contabilizados como víctimas del virus, y no es una cifra cierta porque muchos de ellos murieron  por la aplicación de los protocolos hospitalarios y de las residencias de ancianos donde se les dejaba morir, y víctimas del confinamiento que obligaba a los enfermos a quedarse en casa para salvar vidas y no saturar hospitales, por no hablar de las víctimas de la salvífica vacuna, que ese es otro cantar.  Y eso sí que ha sido grave, pero claro, nadie les obligó a ponérsela, como dice la ministra.
       El caso es que la Directora General ha dimitido por decir la verdad donde precisamente no podía decirse: en un programa de televisión. Al parecer, quitar hierro a la pandemia es cosa de negacionistas de ultraderecha. Este vocablo de "negacionista" se usa despectivamente para descalificar a quien se atreve a cuestionar la versión oficial de un determinado fenómeno. Pero lo cierto es que no fue tan grave la epidemia como la desastrosa gestión sanitaria y política que se hizo de ella.
 
    Mucho más grave fue que la dimisionaria Directora General reconociera hace cinco años que la decisión de su Comunidad Autónoma de suministrar la vacuna tetravalente antimeningocócica, adelantándose a las restantes dieciséis Españitas, fue tomada, a demás de por razones técnicas, por condicionamiento electoral. "Hay quien dice que la medida es electoralista... ¡Pues claro que sí!", reconoció entonces, opinando que no debería ser así, pero asegurando para curarse en salud que "la justificación, desde un punto de vista técnico, es abrumadora". La torpeza política de esta mujer parece que consiste en decir la verdad. Pero se agradece.

domingo, 23 de febrero de 2025

Ominosa OMS

El discurso del Jefe del Ejecutivo Progresista critica a aquellos otros jefes que no hacen como él, sino que abandonan la Organización Mundial de la Salud. Por lo que yo sé, se refiere en primer lugar a Estados Unidos de América, a Argentina y a Italia en el viejo continente. No sé si llega a decirlo pero se desprende de su afásico discurso: son gobiernos de Extrema Derecha, contra los que arremete, y, por lo tanto, no son gobiernos progresistas como el que él regenta. Su actitud no está lejos del fariseísmo de “nosotros no somos como ellos”. 
 

Según su discurso, gracias a la OMS y a la solidaridad internacional (?) “pudimos entre todos salir adelante, gracias a la ciencia, a la vacunación, y creer en el servicio público que representa la sanidad”. La Organización Mundial de la Salud sería la que nos ha salvado de una pandemia que ella mismo inventó para poder salvarnos de ella con la milagrosa pócima de la vacunación, de cuyos efectos secundarios no se responsabiliza nadie, ni los gobiernos que la compraron ni los laboratorios que la fabricaron, porque, según nuestro ministerio  sanitario, nadie nos obligó a vacunarnos. Y estábamos, además, informados (?) de los riesgos que corríamos... 
 
A la OMS no debemos agradecerle nada, sino todo lo contrario. Es ella la que debería agradecer a España los sesenta millones de euros que le ha inyectado, al servicio como está de la industria farmacéutica esa que hace sentir enfermas a personas sanas, declarándolas enfermas asintomáticas, o potencialmente enfermas, a cambio de colocar en su Consejo Ejecutivo a nuestra impresentable ministra sanitaria, que se autodefine como Médica y Madre, formando parte así del consejo de gobernanza en representación de Europa, con el objeto de favorecer la implantación del tratado internacional de pandemias. Una ministra que, incorporada a la OMS, el 30 de octubre pasado, declaró que pretendía impulsar a nivel global lo que ya estaba haciendo en su ministerio: “la atención primaria como corazón de los sistemas de salud, cuidar a los profesionales, señalar la importancia del cambio climático para la salud (?), promover la equidad de género en salud (?) y trabajar contra la obesidad infantil a través del deporte, la alimentación saludable y los determinantes sociales de la salud”. Algunas de estas intenciones parecen razonables, otras demenciales. 
 
 
En cuanto a “cuidar a los profesionales”, no parece que estén muy contentos con la falta de personal que hay en los hospitales tanto de médicos como de enfermeros en nuestro país, con las guardias de veinticuatro horas y demás condiciones laborales que tienen que afrontar. Sobre el Tratado Internacional de Pandemias, es a eso a donde “tenemos que ir”, para empoderar a la Organización al servicio de la Gran Farmacopea, una organización privada bastante lucrativa. 
 
Los secuaces del Puto Amo aplauden. No lo hacen con mucho entusiasmo. Algunos, de hecho, no aplauden. Según él, España es un país que en 2020 sufrió la pandemia, como si hubiera sido el único, cuando lo que sufrió fue una gestión deplorable y un estado de alarma que fue declarado inconstitucional, pero que se llevó a cabo con toda impunidad con encierros, toques de queda, pasaportes covid y demás medidas draconianas, cuyas mayores víctimas, como denuncia Mónica Lalanda en este impagable vídeo, fueron los niños, nuestras tiernas criaturitas.
 
 
Y sobre todo dice que pudimos salir adelante “gracias a la ciencia, a la vacunación”, estableciendo una ecuación que no se la cree ni él ni sus secuaces. Lo que él denomina vacunación no era ciencia, era un experimento tóxico al que nos obligaron a prestarnos sin obligarnos, engañándonos diciéndonos que era segura y eficaz, que suponía nuestra libertad... Y sobre todo, dice que gracias a la OMS pudimos “creer en el servicio público que representa la sanidad”. Su claque aplaude sin mucho convencimiento, como con desgana, su huera retórica. Lo más lamentable de todo es que, como escribe Lalanda, todo el daño que causó no la pandemia, sino la gestión gubernamental de la pandemia, que consideró a niños y ancianos ciudadanos de ínfima categoría, que en otros países está conllevando críticas e incluso juicios, aquí, en esta España de María santísima, no se tiene en cuenta ni contempla: pasó sin más, y nadie quiere acordarse de ello.

miércoles, 9 de octubre de 2024

Pareceres LIX

286.- ¿Y tú me lo preguntas? La novela, género literario que surgió el último en la antigüedad clásica, tan tardío que ni siquiera tiene asignada una musa propia, y que por eso lleva en su nombre el recuerdo de la novedad (del italiano novella, 'noticia novedosa'), no solo es el género literario que más se vende en la actualidad, sino prácticamente el único existente y exitoso, que además, estando como está en constante producción y necesitando renovarse para no morir, es el más difícil de definir, como demuestra, por ejemplo, esta página de crítica literaria Una definición de la novela en 30 voces de la generación inexistente, donde se dan treinta definiciones diferentes. Ninguna de ellas puede cuadrar a todas las novelas históricas, experimentales, policíacas, de misterio, y un larguísimo etcétera que hay, habidas y por haber, por lo que se ha hecho proverbial la que dio  Camilo José Cela a propósito de la novela : «He coleccionado definiciones de novela, he leído todo lo que sobre esta cuestión ha caído en mis manos, he escrito algunos artículos, he pronunciado varias conferencias y he pensado constantemente y con todo el rigor de que pueda ser capaz sobre el tema y, al final, me encuentro con que no sé, ni creo que sepa nadie, lo que, de verdad, es la novela. Es posible que la única definición sensata que sobre este género pudiera darse fuera la de decir que novela es todo aquello que, editado en forma de libro, admite debajo del título, y entre paréntesis, la palabra novela». Lo mismo podríamos decir de 'poesía', y de todas las artes en general: son lo que se vende como tal y como tal se expone en las ferias de arte contemporáneo y en las vitrinas de los escaparates de las pocas librerías que nos quedan.

 
287- Niégate a ti mismo. Frente al negacionismo cristiano del “abnega te ipsum”, los libros de autoayuda y los coaches personales enarbolan ahora un afirmacionismo que se refuerza con la jerga psicológica de la autorrealización.  ¿Cómo va a negarse a sí mismo el self made man (or woman), el hombre (o en su defecto la mujer) que se ha hecho a sí mismo, que se ha realizado o se halla en vías de desarrollo? El afirmacionismo utiliza muchas veces un lenguaje económico con expresiones como “gestionar las emociones, rentabilizar las crisis, sacar provecho de la inteligencia emocional” que apelan más a lo emotivo que a lo racional y que señala al individuo como responsable -o culpable- de los males que lo aquejan, por lo que debe ser reconducido por el profesional. La sociedad, renunciando a mejorar las condiciones de vida, nos ofrece la promesa de la terapia psicofarmacológica para sobrellevar del mejor modo posible -resignadamente o, si se prefiere, resilientemente- los problemas que genera la propia sociedad. Pero frente a esta mística de la realización económica, el cristianismo proponía la negación de uno mismo, que se desdoblaba así en dos: Si alguien quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame. (Si quis uult post me uenire, abneget semetipsum, et tollat crucem suam, et sequatur me). 
 
 
288.- Devocionarios. Hay pedagogos modernos que defienden que ya no es necesario como era antaño el aprendizaje memorístico porque todo está en internet, a donde accedemos con nuestro devocionario, que nos está usurpando nuestra memoria. Es tal el cúmulo de cosas que manejamos con nuestro teléfono supuestamente inteligente que no nos percatamos de cómo nos maneja él a nosotros, sus devotos. Los móviles, en efecto, son los modernos devocionarios que contienen varias oraciones -aplicaciones prácticas- para uso de los fieles, ahora llamados usuarios. Las aplicaciones prácticas, como antaño las oraciones, sirven para varias circunstancias, y se completan con la vida y milagros de varios santos y santas. Centran nuestra atención y nos obligan a bajar la vista perdiendo la visión del horizonte y de los prójimos, y hacen que nuestras manos estén ocupadas como si estuviésemos manejando constantemente las cuentas de un rosario. La postura de la devoción nos obliga a ir por la calle encorvados, iluminando nuestro pálido rostro en la oscuridad con un aura luminosa de santidad. Le confiamos nuestros datos y secretos: números de teléfonos, direcciones, mensajes, y, como se ha dicho muchas veces, nos comunica con los que están lejos y nos incomunica y aísla con los que están a nuestro lado, exigiendo cada vez más atención, más horas de piadosa consulta y devoción.
 
 
289.- El cuarto poder. Los medios de comunicación -en realidad de información en el sentido de formación y conformación de los hombres-masa- no son el cuarto poder, como señaló Edmund Burke en el debate de apertura de la Cámara de los Comunes del Reino Unido en 1787, según la inevitable Güiquipedia, refiriéndose a los tres poderes presentes en el parlamento británico, que eran el clero, la nobleza y el pueblo llano representado por sus políticos, señalando la tribuna de la prensa, que era donde se asentaba el cuarto y para él más poderoso estamento. Hay quien cree, sin embargo, que, pese a la Güiquipedia, lo del cuarto poder se debe a que es un añadido a la doctrina de los tres poderes del Estado que estableció el barón de Montesquieu a finales del siglo XVIII: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. En el siglo XIX, el término "cuarto poder" (inglés fourth estate) pasó a referirse exclusivamente a la prensa, y ahora se aplica a todas las ramas de los medios de (in)comunicación. Sea como fuere, los media hoy tienen el máximo poder, capaces de hacer ver lo blanco negro y lo negro blanco, lo bueno malo y lo malo bueno, y a los inocentes presentarlos como culpables y a los culpables como inocentes según su conveniencia. Crean la Opinión Pública, que no es más que un monstruo que se le impone a la gente para controlar su mente basándose en la implantación de opiniones mayoritarias que fomentan el espíritu gregario de rebaño. 
 
 
290.- De aquellos polvos estos lodos. Como consecuencia de la dictadura sanitaria implantada ad maiorem technocratiae gloriam en 2020 (pseudopandemia o fake pandemics), que llevó al arresto domiciliario y toque de queda, al cierre de las escuelas y escolarización de los hogares, al distanciamiento social, al uso de bozales, a los pasaportes sanitarios, a exigir inoculaciones sin saber el contenido de las mismas, y a seguir solícitos las órdenes emanadas de los autoridades sanitarias y militares, la sociedad comenzó a comportarse como niños pequeños que aplauden a los títeres del guiñol. Familias enteras se asomaban a balcones y ventanas, para aplaudir desde su encierro la tragicómica farsa puesta en escena, con un infantilismo rayano en el delirio. No es raro que de entonces para acá en estos cuatro años haya aumentado la violencia institucional, estructural e individual, la ingesta de antidepresivos, ansiolíticos y drogas en general, incluido el alcohol, el aumento de suicidios y el descenso de la tasa de natalidad, hasta el punto de que las parejas jóvenes se ponen a criar animales de compañía en lugar de hijos y se alejan de las relaciones personales, sustituidas por las virtuales, instalándose en un complejo de Peter Pan masivo, en un infantilismo etimológico de no querer ver lo que pasó -venda en los ojos-, no querer escuchar ni oír hablar de ello -tapones en los oídos- y no querer hablar -mordaza de la autocensura en la boca- y reconocer nuestra complicidad necesaria -nadie te obligó a inocularte, te dicen ahora, así que jódete- porque lo que se quiere es pasar página enseguida, olvidar, actuar como si no hubiera pasado lo que sí pasó. Hay un proverbio inglés que reza fool me once, shame on you; fool me twice, shame on me, que podemos traducir como: engáñame una vez, la culpa es tuya; engáñame otra vez, la culpa es mía (dejándome embaucar).
 

martes, 17 de septiembre de 2024

Pareceres LVIII

281.- Prevención de riesgos potenciales:  La medicalización o medicación innecesaria de la sociedad, que va pareja al proceso de infantilización general, no hay quien la pare, fomentada como está por la industria farmacéutica que encuentra curas para males que no existen todavía. Nos hemos convertido todos de la noche a la mañana en el enfermo imaginario de Molière, y ya solo estamos sanos si nos lo certifica una analítica de un laboratorio sin asteriscos de color rojo, que son cada vez más numerosos habida cuenta de la constante modificación de los parámetros a fin de que la normalidad sea cada vez más anormal. Es el concepto de new normal. Hacer creer a la gente que tiene una enfermedad que no tiene es una sustanciosa fuente de ingresos para los profesionales de la salud y la farmacia. Se medicalizan la vejez, el embarazo, la menopausia, los problemas personales y sociales, y se venden como enfermedades meros indicadores de riesgo, no siempre fiables, como la hipercolesterolemia o la osteoporosis... Bajo el dominio del doctor Knock, no hay personas sanas, en buen estado de salud, porque todos somos enfermos en potencia aristotélica, la mayoría de las veces ignorantes de los males lavados o latentes que presuntamente nos aquejan, pero la enfermedad no es otra cosa más que la conciencia que tenemos del propio cuerpo, de que el cuerpo es propiedad nuestra y, por lo tanto, podemos donarlo a la Ciencia. La medicina preventiva es una aberración que va en detrimento del carácter curativo que debería tener el oficio hipocrático. Los reconocimientos médicos a personas sanas deberían desaparecer de la faz de la tierra porque apenas aportan nada. Hacen más mal que bien, pero de eso se trata. La medicina ya no tiene como lema el primum non nocere, sino solo el nocere, el hacer daño para poder luego si acaso remediarlo.


282.- La predicción del oráculo para los próximos 25 años: La predicción del sibilino Bill Gates para los próximos 25 años, que estrenará una miniserie en Netflix de cinco capítulos que se titulará: What's next? ¿Y ahora qué? El futuro según Bill Gates, es, atención, porque sabe de lo que habla: Una gran guerra u otra pandemia, Comenta, además, que el problema número uno al que se enfrentan los jóvenes es la desinformación. Le preocupan al filántropo milmillonario las tensiones vividas en muchas regiones del mundo tales como la invasión rusa de Ucrania o la israelí de Gaza, así como los conflictos comerciales entre Estados Unidos, la vieja Europa y la pujante China, tensiones que pueden derivar en un conflicto armado a gran escala en los próximos años. En concreto utiliza la expresión “gran guerra”, en clara alusión a las dos guerras mundiales acontecidas en la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, en caso de que se evite el enfrentamiento armado, el futuro no será mucho mejor, según el magnate. Lo dice bien claro. Sabe de lo que habla: “Incluso si evitamos una gran guerra... habrá otra pandemia, muy probablemente en los próximos 25 años”. No hay que olvidar que Bill Gates escribió y publicó un libro en 2022 titulado Cómo evitar la próxima pandemia. En él criticó a varios gobiernos y presentó una serie de recomendaciones que podrían frenarla como invertir en el seguimiento de enfermedades, impulsar la investigación y el desarrollo de vacunas y establecer políticas de cuarentena mucho más estrictas. 
 
 283.- La Corona. Un titular del periódico monárquico ABC dice: “La Corona se consolida entre los españoles”. La sinécdoque hace que enseguida entendamos que se refiere a la monarquía. Es una noticia, basada en una encuesta que revela que el 54% de los españoles creen que el Rey ha fortalecido la Monarquía (con mayúscula). Al leer el titular sentimos enseguida que la mayoría de los españoles apoya la monarquía, es decir, el régimen establecido, por lo que si uno no la apoya siente enseguida que está equivocado y tiene que aceptar democráticamente, la opinión mayoritaria, porque es la que se impone democráticamente, aunque sea por muy poca diferencia, se nos hace creer que lo que la mayoría quiere es lo que quiere el pueblo, y eso es mentira: creemos lo que nos dicen que creamos. Las encuestas no reflejan la opinión que la gente tiene, sino la que tiene que tener. 
 
 
 284.- Gasto militar español. El gasto militar del gobierno español ha pasado de unos dieciochomil millones (18.000.000.000) de media anual con el gabinete conservador, a veinticincomil millones (25.000.000.000) durante 2022 y veintiochomil millones (28.000.000.000) durante el año pasado 2023 con el gobierno que se autodefine como “el más progresista de la historia”, desde que hay registros, obviamente. Pero es más que probable que el gasto militar real sea muy superior al reconocido. Hay gasto militar, en efecto, oculto en otras partidas paramilitares, lo que hace que el gasto efectivo sea muy superior al oficial declarado del Ministerio de Defensa. Por ejemplo el gasto concerniente a la Guardia Civil, que no depende del Ministerio de Defensa, sino del de Interior; las pensiones de jubilación de los militares, que otros países occidentales registran como gasto militar, en nuestro país se consideran un gasto social. El Ministerio de Asuntos Exteriores se encarga de financiar las operaciones en el extranjero de nuestras tropas, y eso no se considera gasto militar estricto porque no va al presupuesto de Defensa sino de Asuntos Exteriores. El gasto militar español, muy superior al que se declara, que ya resulta escandaloso, es como un iceberg: lo que se ve es solo la punta, mientras que el grueso se oculta a la vista. ¿Cómo se justifica este considerable aumento? Se recurre al argumento del ambiente prebélico que se respira a raíz de la guerra de Ucrania, pero antes de la invasión rusa, iniciada a últimos de febrero de 2022, el gasto militar ya se había disparado argumentando que había que modernizar y profesionalizar nuestros ejércitos, un argumento muy peligroso porque nunca se acaba de modernizar en sentido estricto, porque lo que hoy es moderno, mañana ya no lo es, es una antigualla que se ha quedado atrás. La modernización tiene que ser, por lo tanto, permanente, creciente como el gasto, que le va a la zaga. 
 
 285.- El clúster del Maestrazgo. El pasado martes 23 de julio el Consejo de Ministros y Ministras aprobó la autorización para construir el conocido como Clúster del Maestrazgo. Clúster es un término inglés que podría expresarse en castellano con una palabra propia equivalente de la índole de «agrupación», «conglomerado», «agregado», «(a)cúmulo», «haz», «racimo», «brote», pero el anglicismo oculta mejor el significado... Y el Maestrazgo es una comarca aragonesa situada al este de Teruel. Este es el macroproyecto eólico que surcará las comarcas turolenses del Maestrazgo y Gúdar-Javalambre y se coloca a su vez como uno de los mayores parques eólicos de España. El proyecto, que se desarrollaría en uno de los espacios naturales de mayor envergadura de España, supondrá la implantación de 20 parques eólicos. Entre todos ellos sumarían 125 aerogeneradores de unos 200 metros de altura, siendo de los más grandes existentes. Además, se sumarían 173 quilómetros de líneas de alta tensión y 327 quilómetros de carreteras. En total se afecta una superficie total de cerca de 72.000 hectáreas. Son más altos que las torres del Pilar de Zaragoza, y van a colocarse, si nadie lo remedia, en el Maestrazgo. Podemos imaginar el destrozo ambiental que van a suponer en una de las zonas más privilegiadas de Teruel y de todo Aragón, que el gobierno de las Españas vende a las empresas de energías macrorrenovables. Los propios macroproyectos de energías renovables aseguran el deterioro medioambiental, con esa inevitable 'predisposición', recurrente y renovada con su afán modernizante, de los grandes proyectos empresariales.
 

viernes, 14 de junio de 2024

"Como mucho, uno o dos casos"

    Un informe del televisivo director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, cuyo nombre propio no merece más que piadoso olvido, al que recientemente se vio acompañando en Ginebra a la Ministra de Sanidad que se postulaba para entrar en el Consejo Ejecutivo de la OMS(1),  'tranquiliza' a la población española sobre la gripe aviaria que se avecina diciendo: “El riesgo es muy bajo”. 
 
 
     Aunque probablemente tenga razón y el riesgo de contraer la gripe aviar sea muy bajo o nulo, todos recordamos que al comienzo de la pasada pandemia universal de la enfermedad del virus coronado también dijo el citado personaje que el riesgo era muy bajo. “Como mucho habrá 1 ó 2 casos”, pronosticó literalmente, y ya vimos el chaparrón que se nos echó encima: los casos se multiplicaron por doquier al aumentar los ciclos de la prueba diagnóstica que falseaba la realidad y detectaba lo que no había, nos confinaron a todos, nos amordazaron con la mascarilla o mascareta, como prefieren los catalanes, redujeron nuestra libertad de movimiento y nos impusieron las banderillas en los ruedos ibéricos de los vacunódromos y el pasaporte sanitario para viajar y asistir a los eventos públicos... ¡Y la gente, encima, salía a aplaudir a las autoridades que nos 'salvaban' así la vida a las ventanas y balcones a las ocho de la tarde!
 
      Así que aunque ahora diga que el riesgo es ínfimo, por más que tenga razón, no nos tranquiliza a nadie, sino todo lo contrario, nos echamos a temblar temiendo la próxima que nos están cociendo en las alturas, de donde nunca cae nada bueno, y máxime, además, cuando leemos que la Unión Europea se gasta otra vez el dinero de sus contribuyentes en adquirir por lo pronto 665.000 dosis para abastecer a granjeros y veterinarios de los Estados miembros. 
 
 
 
     Dicen los expertos que el virus ya está aquí, y vaticinan que solo es cuestión de tiempo que acabe transmitiéndose entre personas. Y cuando esto ocurra podríamos enfrentarnos, Dios no lo quiera, a una nueva pandemia originada por un virus respiratorio transmisible como el coronavirus o cualquier otro virus gripal, provocando desde casos asintomáticos -contradicción en los términos a la que tontamente nos hemos habituado- hasta síntomas que irían desde muy leves (conjuntivitis, rinitis, tos, mucosidades y afecciones respiratorias varias) a graves como la neumonía que requiere hospitalización, y la muerte inevitable. 
  
    El contrato firmado por la UE incluye inicialmente más de medio millón de dosis de vacunas, como queda dicho, así como la opción de adquirir hasta cuarenta millones más de dosis si la situación lo requiriera. No se sabe cuánto tiempo tardará este virus en convertirse, merced a la OMS, en pandemia universal. Pero sí se sabe que el H5N1, que es su nombre técnico, ha progresado mucho, y evolucionado, según cuentan, una auténtica barbaridad. 
 
    La influenza aviar, pese a tantos influencers e influyentes medios de comunicación que son los que la inoculan como entre nosotros El Diario Global, alias El País, y tutti quanti, no es un riesgo para los mamíferos, incluidos nosotros, los humanos. Y eso lo sabe la comunidad científica desde hace décadas. El virus, pues, no representa ningún peligro a no ser, claro está, que hayan soltado o se les haya escapado accidentalmente, vaya usté a saber, alguna cepa modificada genéticamente suya que a todos nos contagie. 
 
 (1) La ministra de Sanidad española presentó “con la mirada puesta en la sanidad pública y el bien común” su candidatura en la 77ª Asamblea Mundial de la Salud para formar parte del Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el período 2025-2028. En sus redes sociales se autodefine como ministra “con la misma vocación de servicio público que me ha acompañado todos los días de mi vida, dentro y fuera del quirófano”.

domingo, 24 de marzo de 2024

Covid(iocia) persistente

    Hace cuatro años, que por marzo era por marzo, en un año también bisiesto como este, en 2020, el planeta fue invadido por un bicho que soltaron los medios masivos de (in)formación y nos lo metieron en todos y cada uno de los hogares, obligándonos, gracias a la mala gestión gubernamental, a permanecer confinados, decían finamente, para no decir encerrados bajo arresto domiciliario tragando informaciones del virus por un tubo día y noche y cumpliendo ridículos protocolos y ordenanzas.

    ¿Eran necesarias tantas medidas y tantas restricciones como nos obligaron a tomar? Para nosotros desde luego que no. Sí para los que organizaron la pantomima enmascarada. Fueron unos días de terror distópico y de calma espeluznante y preciosa que vivimos acojonados. ¿Y qué nos queda de todo esto? ¿De verdad hemos salido mejores como cacareban algunos que íbamos a salir y que todo iba a ir bien? ¿Cambió todo o nada en absoluto? ¿No hemos participado sin querer en un proceso de hipnosis colectiva que nadie ahora quiere recordar?

 

  Cuatro años después, esos días parecen lejanos y débiles como una pesadilla medio olvidada y brumosa, y sólo unos pocos los recordamos como lo que fueron: la aplicación de un programa de encarcelamiento forzoso, de exclusión de los que no nos sometimos al proceso de vacunación y de control social general. El gobierno de las Españas, por su parte, alardea de que el día que se decretó el Estado de Alarma fue el día "que aprendimos a vencer". 

    Aquí y allá se ve gente todavía paseando con mascarillas sanitarias pero su uso no se ha generalizado tanto como muchos vaticinaban. No era tan fiero el león como nos lo pintaban. Nunca, de hecho, el león es como nos lo pintan y como nos lo imaginamos en nuestro deseo o temor. Pero algo sí ha sucedido: La homogeneización es más intensa, las colas más largas, los establecimientos de comida y entretenimiento más llenos, los prejuicios, la paranoia y la incomprensión que ya entonces caracterizaban la comunicación de las personas en las redes sociales han aumentado considerablemente.

      Las multitudes han vuelto pero, extrañamente, la multitud parece más minoritaria.Y también más ansiosa y más cansada, pero esto puede deberse en parte al efecto que ha tenido en millones de personas el llamado long convid o covid persistente o de larga duración que hace por ejemplo a una asturiana de cuarenta años, relativamente joven, que salía en la prensa decir que sufre persistentemente desde hace cuatro años esta extraña enfermedad: "El Covid cambió mi vida. A veces me quedo totalmente paralizada. No puedo ni hablar". No puede trabajar pero la Administración no reconoce su enfermedad, una enfermedad que a fecha de hoy nadie sabe muy bien exactamente en qué consiste, pero que ha dejado una huella indeleble a esta mujer a la que le ha destrozado (o “jodido” como dice ella misma) la vida, que afirma que no puede llevar una existencia normal ni siquiera para el día a día en casa. 


 

   

domingo, 17 de marzo de 2024

Más trinos del demonio

El demonio me susurra al oído que Su Santidad el Papa también a veces en su fuero interno, como todo el mundo, se caga en Dios y en todo lo que hay alrededor.
 
 
 
Dice en algún sitio Freud que el derecho en su origen no era más que violencia bruta, por lo que no puede dejar de renunciar al apoyo esencial de la violencia.
 
Tucídides en La historia de la guerra del Peloponeso llama a la guerra “severa maestra” (o “maestro”, porque pólemos es masculino en griego): didáscalo brutal.
 
Un agencia de viajes oferta destinos cercanos y asequibles para no quedarse en casa en Semana Santa a quienes creen que yéndose se van a librar de sus cadenas.
 
El jefe del gobierno teutón instó a los países europeos a producir material militar masivamente a raíz de la amenaza duradera, según él, que Rusia representa.
 
Las relaciones digitales, que acercan a las personas que están lejos pero alejan a las que están cerca, aíslan a los individuos, si cabe, más de lo que están.
 
 
A la sociedad feudal tripartita de laboratores, bellatores y oratores se han sumado ahora, so pretexto de liberación, las laboratrices, bellatrices y oratrices.
 
 Toda decisión, etimológicamente, es tajante dado que decidere significaba en latín 'cortar de un hachazo, guillotinar hasta degollar a la víctima sacrificial'.
 
Alerta de la Agencia Estatal de Meteorología ante la previsible amenaza de una intensa ciclogénesis explosiva: confinamiento domiciliario: quédate en tu casa.
 
 La Unión Europea y la comunidad científica, según el Periódico Global, “trabajan en la prevención para el futuro”: prevenir el futuro es hacer que se presente.
 
 
Confesémonos, por lo que pueda acontecer, antes de cometer el pecado que vamos a ejecutar irremisiblemente a fin de que Dios, Nuestro Señor nos coja confesados.
 
 Memoria histórica: Planteémonos esta cuestión: ¿por qué nos obligaron a llevar mascarilla durante la pandemia si no había evidencia científica que lo avalara?

No es que os tomaran el pelo con el bozal pandémico, ni que la pandemia toda fuera la sarcástica tomadura de pelo que fue, sino que fue peor: os lo creísteis.

Un idiota es un idiota. Dos idiotas son dos idiotas. Diez mil idiotas son un partido político”. Aunque no lo escribió Kafka, no deja de ser cierto sin embargo.

 Net zero emissions. ¿Emisiones cero neto para un futuro sostenible? ¡Toma futuro que se sostenga! Dijo el demonio soltando un fétido pedo infernal insoportable.

lunes, 11 de marzo de 2024

Los trinos del demonio

El sueño de Tartini, Léopold Boilly (1824)
 
Son 'antifascistas' porque el fascismo es ya un adversario-comodín que les permite no rebelarse contra el capitalismo neoliberal, el único y auténtico enemigo.
 
 Cuando el fascismo es un fantasma del siglo pasado, organizan unas jornadas antifascistas que culminarán en una manifestación a guisa de exorcismo religioso.
 
 Las redes sociales y la conexión continua a la Red Informática Universal intentan paliar un sentimiento de soledad a la vez que, paradójicamente, lo fomentan.
 
 No solo algunos desaprensivos hicieron negocios con la pandemia, sino que la pandemia, calificada popularmente de 'plandemia', fue el mayor negocio programado.
 
 Amor conyugal: La etimología subyacente de la palabra 'cónyuge' revela una imagen terrorífica: la del yugo que empareja a los dos bueyes, los unce y los subyuga.
 
 Lo que le preocupa al Gobierno actual (y a todos los gobiernos habidos y por haber) es la continuidad de su negocio, España, por ejemplo, y su gobernabilidad.
 
 Europa, la princesa que dio nombre a nuestro continente, seducida, arrebatada y violada por el toro de Zeus, está a punto de dar a luz un monstruo horripilante.
 
 La paz se define siempre en relación con la guerra, y si se acabó la posguerra, como ha declarado un analista político, es porque estamos viviendo la preguerra.
 
 La máquina de propaganda gubernamental de las altas instancias no deja de funcionar, tratando ahora de legitimar una posible “guerra preventiva” contra Rusia.
 
 Si Europa va como Mambrú a la guerra a la que la empujan sus dirigentes -¡qué dolor, qué dolor, qué pena!- no volverá viva sino muerta que llevan a enterrar.
 
 ¿A quién le interesa dividirnos entre nacionales y extranjeros, cristianos y musulmanes, creyentes y agnósticos, izquierdas y derechas, sino al Poder ejecutivo?
 
 La catástrofe no es que todo se venga a bajo de repente, como suele pensarse, sino que, como pontificó Walter Benjamin, todo siga igual: eso es lo catastrófico.
 
 La rebeldía contra la imposición de una identidad sexual no consiste en ser cisgénero ni tampoco trasgénero, posturas que no hacen sino reforzar la identidad.

miércoles, 29 de noviembre de 2023

Expertos virólogos

    La enfermedad que supuestamente trajo el virus coronado cosecha del 2019 ha sido la primera gran pandemia del siglo XXI pero no será la única según expertos virólogos, que ya saben o creen saber más bien cómo será la siguiente, que llegará antes de lo que imaginamos, y, aunque no esté bien hablar del futuro cuando no está presente, nos advierten de que puede aparecer en el momento menos pensado, ahora mismo por ejemplo, cuando más descuidados estamos, ya que el aumento de la movilidad viajera por el mundo -todo el mundo es un culo inquieto que quiere moverse para creer que el movimiento existe y se demuestra andando de la ceca a la meca frenéticamente- puede dar como resultado que una enfermedad se expanda rápidamente habida cuenta de la promiscuidad del género humano, poco amigo de la anacoresis. 
 
    Hemos visto cómo la enfermedad del dichoso virus entronizado que al principio tenía una letalidad alta en China fue perdiendo fuelle a medida que se extendía y ganándolo a medida que más se hablaba de él y era más real, pero los expertos creen que la próxima no será tan benigna como la vivida, sino todo lo contrario: será brutal, absolutamente letal, y no quedará vivo ni Dios sobre el planeta. 
 
 
 
   En vista de lo visto, los expertos calculan que China puede ser otra vez el escenario donde vuelva a hacer su aparición estelar el nuevo virus, dado que es una zona del mundo densamente poblada, en la que cualquier virus puede expandirse rápidamente y pasar cualquier cosa. 
 

    Los medios occidentales, de hecho, ya han propagado la noticia de que una nueva y misteriosa enfermedad, una neumonía desconocida, barría las escuelas chinas, y que los niños eran esta vez los más afectados. De hecho la OMS ya se frotaba las manos instando al país a restablecer la imposición de mascarillas y la distancia social ante lo que se pensaba que iba a ser la nueva versión de COVID-19, la 2.0. 
 
    El pobre Tedros, el taumaturgo que quiere dejar de ser nuestro consejero espiritual sanitario porque nos quiere gobernar a todos, ya se frotaba las manos ante la posibilidad de poder sacarse de la manga otra pandemia como aquella que vivimos peligrosamente, pero resulta que van los chinos y le dan en los morros diciéndole ahora que el aumento de enfermedades respiratorias que se está produciendo ahora mismo en ese gran país se debe a gérmenes estacionales y no a “patógenos inusuales o nuevos”, según quería el director general de dicha Organización. 
 
    ¡La cara de tonto que se le habrá quedado al pobre Tedros! Pero no nos preocupemos: las vacunas y los nuevos protocolos de seguridad que ya está diseñando la OMS y sus expertos nos salvarán, como salvaron tantas vidas... 
 
 

 
    Cuando alguien hace afirmaciones supuestamente científicas que no pueden comprobarse empíricamente como esta que acabamos de formular y las damos como verdades absolutas, reconocemos enseguida que es un político, es decir, un mentiroso: que está mintiendo, porque está gobernando y porque gobernar es mentir. Me refiero a afirmaciones como: "Las vacunas han salvado millones de vidas". Nunca sabremos qué hubiera pasado sin las presuntas vacunas, pues no ha ocurrido, por tanto no es comprobable, pero sí sabemos lo que está pasando: que la gente joven ¡y vacunada varias veces! que no tenía que morirse todavía porque las parcas no habían cortado el hilo de sus vidas, se muere, se sigue muriendo inexplicablemente de repente...

lunes, 16 de octubre de 2023

Las calles

    Durante la pandemia era desolador contemplar el vacío de las calles, la soledad de las calles, la desolación de las calles: vacío, soledad, desolación. La calle, el espacio público, se había convertido de la noche a la mañana en una fuente de contagio. Se nos recluía en nuestra privacidad bajo arresto domiciliario y las autoridades sanitarias decían que era por nuestro propio bien. Era  como un castigo, como cuando de pequeños nuestros padres nos castigaban sin salir de casa, sin poder ir a jugar, sin poder echarnos a la calle...
 
    Fuera había peligro de muerte. Estaba en el aire, que así se volvía irrespirable. La consigna más coreada era "Quédate en casa". Si por alguna razón había que salir para hacer acopio de víveres o por cualquier otra necesidad, había que hacerlo con la debida justificación enmascarado y guardando la distancia de seguridad establecida con los otros. El virus eran los otros, y los otros éramos nosotros.
 
    Al mismo tiempo, se instauraba la vigilancia del vecindario desde las ventanas y balcones. Se denunciaba a quien osaba romper el confinamiento. Las cámaras de vigilancia, silenciosas, hacían su labor. 
 
  
    La calle, que había constituido hasta entonces la red social y había sido el ágora y el foro en el que se hablaba, se encontraba uno callejeando con los demás y quizá también consigo mismo al dejar que los demás lo encontraran a uno, se caminaba, se paseaba, se soñaba, se trabajaba o se sufría, se hallaba por orden gubernamental deshabitada. 
 
    En otros tiempos las calles y los parques estaban llenos de vida, eran la segunda vivienda de la gente, que pasaba gran parte de su tiempo en la calle, fuera de su casa. Ahí jugaban niños y niñas, ahí se tomaba la fresca en verano, se charlaba y se compartían las noticias de lo que ocurría. 
 
Ni un alma en las calles
 
     La calle era también un espacio de subsistencia, donde las gentes con menos recursos o sin trabajo temporalmente se buscaban la vida a través de la venta ambulante (siempre perseguida tanto entonces como ahora), la recogida de chatarra, el afilado de cuchillos, la venta de pequeños hurtos o la prostitución de quienes tenían que "hacer la calle". 
 
    Pero las calles se han convertido en carreteras para el tráfico rodado. Los coches se han apoderado de ellas, tanto para circular como para su estacionamiento. Las calles ya no son un lugar de encuentro ni de juegos infantiles en las ciudades.
 
 
    Y las calles, los espacios públicos, se convertían en espacios publicitarios: las grandes marcas comerciales y los partidos políticos las ocupaban con sus mensajes que incitan al consumo compulsivo de inutilidades y con consignas propagandísticas durante las «fiestas electorales». 
 
 
 
       Finalizado el experimento de la pandemia, se diría que las calles han vuelto a ser lo que eran, pero no es verdad, porque la gente ya no es como era: hemos cambiado mucho. No hemos salido ilesos y sin magulladuras. Poco a poco, la gente se ha ido retirando de las calles, refugiándose en su casa y en la virtualidad de las redes sociales y en los seriales televisivos que nos distraen de la realidad. 
 
    Pero es que hay más: Sin duda, la calle se ha convertido en un espacio de control y disciplina gracias a las cámaras de vigilancia, los guardias de seguridad privados en la entrada de bancos y grandes almacenes, y gracias a la policía, que ahora denomina a su labor d entro del estado policial "hacer pedagogía".