lunes, 28 de febrero de 2022
"Me encanta ir a trabajar en bici"
domingo, 27 de febrero de 2022
¿Se demuestra el movimiento andando?
Diógenes Laercio atribuye a Zenón de Elea el argumento que anula el movimiento, que dice: “El móvil no se mueve ni en el lugar en el que está ni en el que no está”. (Diógenes Laercio, Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, IX, 72) Ζήνων δὲ τὴν κίνησιν ἀναιρεῖ λέγων, “τὸ κινούμενον οὔτ᾿ ἐν ᾧ ἐστι τόπῳ κινεῖται οὔτ᾿ ἐν ᾧ μὴ ἔστι”
A Sexto Empírico hay que agradecerle que nos haya transmitido este mismo argumento que él atribuye a Diodoro Crono, uno de los grandes lógicos de la escuela de Mégara “que exponía argumentos sofísticos en contra del movimiento así como en contra de muchas cosas.” El movimiento no puede según él darse en ningún sitio y, por lo tanto, en rigor es imposible. Diodoro Crono habría, pues, retomado y reformulado el razonamiento de Zenón contra el movimiento. En los Esbozos pirrónicos II, 242 lo presenta así: Si algo se mueve, o se mueve en el sitio en el que está o en el que no está. Pero ni en el que está, pues permanece, ni en el que no está, pues ¿cómo actuaría algo en donde de entrada no está? Luego nada se mueve. (En el texto original: “εἰ κινεῖταί τι, ἤτοι ἐν ᾧ ἔστι τόπῳ κινεῖται ἢ ἐν ᾧ οὐκ ἔστιν. οὔτε δὲ ἐν ᾧ ἔστιν, μένει γὰρ, οὔτε ἐν ᾧ μὴ ἔστιν· πῶς γὰρ ἂν ἐνεργοίη τι ἐν ἐκείνῳ ἐν ᾧ μηδὲ τὴν ἀρχὴν ἔστιν; οὐκ ἄρα κινεῖταί τι.”)
Un poco más adelante (II, 245) nos cuenta la réplica del médico Herófilo, que era contemporáneo de este Diodoro. Diodoro, a la sazón, se había dislocado un hombro y acudido a Herófilo para que se lo curara. El médico se burló de él diciéndole: “El hombro se ha dislocado o estando en el sitio en el que estaba o en el que no estaba; luego no se ha dislocado”. Era la manera que tenía Herófilo de decirle al sofista que se dejara de tales argumentos, que lo único que hacían era impedir que le aplicara el tratamiento médico para curarle su dolencia.
En la misma obra III 66 de Sexto Empírico, leemos la siguiente anécdota cuyo protagonismo atribuyen algunos a Diógenes de Sinope, el cínico, que se ha hecho bastante célebre dando lugar a la frase proverbial de “el movimiento se demuestra andando”, que no es ninguna demostración propiamente hablando porque no es lo mismo mostrar algo ante los ojos que demostrarlo mediante la razón. Nada más real, en efecto, que el movimiento y, sin embargo, nada más falso: (…) preguntado uno de los cínicos por el argumento del movimiento, no respondió nada, sino que se puso de pie y caminó estableciendo de hecho y mediante la evidencia que el movimiento era consistente realmente. (…) τῶν κυνικῶν τις ἐρωτηθεὶς κατὰ τῆς κινήσεως λόγον οὐδὲν άπεκρίνατο, ἀνέστη δὲ καὶ ἐβάδισεν, ἔργω καὶ διὰ τῆς ἐναργείας παριστὰς ὅτι ὑπαρκτή ἐστιν ἡ κίνησις.
En Esbozos pirrónicos III, 71 vuelve Sexto a presentar un poco más desarrollado el razonamiento: “Si algo se mueve: o se mueve en el sitio en el que está o en el que no está. Pero no en el que está, pues en él está quieto si de verdad está en él. Y tampoco en el que no está, pues una cosa no puede actuar ni sufrir efectos allí donde no está. Por consiguiente, nada se mueve.” He aquí el texto en la versión original griega que concluye diciendo οὗτος δὲ ὁ λόγος ἔστι μὲν Διοδώρου τοῦ Κρόνου: “Este es el argumento de Diodoro Crono”: εἰ κινεῖταί τι, ἤτοι ἐν ᾧ ἔστι τόπῳ κινεῖται ἢ ἐν ᾧ οὐκ ἔστιν. οὔτε δὲ ἐν ᾧ ἔστιν· μένει γὰρ ἐν αὐτῷ, εἶπερ ἐν αὐτῷ ἔστιν· οὔτε ἐν ᾧ μὴ ἔστιν· ὅπου γάρ τι μὴ ἔστιν, ἐκεῖ οὐδὲ δρᾶσαί τι οὐδὲ παθεῖν δύναται. οὐκ ἄρα κινεῖταί τι.
sábado, 26 de febrero de 2022
Sometidos a una identidad
viernes, 25 de febrero de 2022
Vargas Llosa y la muerte de Sócrates
Publicaba nuestro ilustre premio Nobel don Mario Vargas Llosa el domingo 20 de febrero de 2022 en El País una tribuna titulada La muerte de Sócrates. Decía que había leído recientemente el libro de Antonio Tovar La vida de Sócrates, que había comprado en los años ochenta porque le dijeron que era un libro magnífico, que lo es, pero que no había leído hasta ahora porque también le advirtieron de que su autor era “un franquista”, que probablemente lo fue.
A raíz de la reciente lectura de este libro, se aprovecha nuestro premio Nobel para publicar en el periódico oficial del Régimen un artículo donde reivindica la dignidad de la muerte de Sócrates. En el subtítulo que le pone sentencia de un plumazo que lo único que importa de Sócrates no es su vida, ni qué es lo que defendía o atacaba el filósofo griego, sino su suicidio, dejándonos perplejos a sus lectores.
En primer lugar, hay que decir que Sócrates no se
suicidó. Fue condenado a muerte por un tribunal democrático en el
año 339 antes de Cristo. Sentencia Vargas Llosa que su muerte es más
importante que su vida, y que de Sócrates lo que queda es su
ejemplo. Lo repite varias veces en su penoso artículo: Lo
realmente ejemplar en él tuvo que ver más con su muerte que con su
vida. Ese es el mayor ejemplo que nos ha dejado. Al final lamenta, no sé si haciendo uso de la ironía socrática, que no hayan seguido ese ejemplo muchos dictadores que en el mundo han sido, aunque se me escapa por completo la comparación de Sócrates con los déspotas de este mundo.
Sócrates había vivido setenta años cuando fue juzgado en Atenas de los cargos de corromper a los jóvenes y de no creer en los dioses de la ciudad. Se había dedicado toda su vida a preguntarse qué son las cosas, una pregunta que cuestiona la realidad y que cuando afecta a la política y al gobierno puede resultar muy molesta a los gobernantes, independientemente del régimen político.
La pregunta socrática de ¿qué es...? inicia un diálogo interminable con el que no se trata de responder al problema que plantea y dar por zanjado el asunto llegando a una conclusión y anulando la preguntacon el cierre en falso de la respuesta, sino haciendo que la interrogación viva y se renueve constantemente. Practicaba un diálogo filosófico, lo cual quiere decir que perseguía apasionadamente la verdad que no poseía y que, en consecuencia, tampoco creía poseer, lo que resultaba una provocación pública cuando chocaba como hacía habitualmente con los numerosos creyentes poseedores de ella.
Es cierto que una vez pronunciada la sentencia que lo condenaba a la pena capital podía haberse zafado de la muerte. Tuvo la oportunidad de
recurrir y proponer una contrapropuesta consistente en pagar una
elevada multa aceptando el dinero que le ofrecían sus jóvenes
discípulos a los que, a diferencia de los sofistas, que eran los
intelectuales de su época, nunca había cobrado un céntimo. Prueba
de ello era su pobreza.
Ya Jenofonte, que es una de las fuentes junto con Platón que tenemos sobre su vida, nos dice que Sócrates comparaba a los sofistas con prostitutos que vendían su sabiduría por dinero, lo que le parecía poco decente, tan poco honroso como vender la hermosura por dinero, como hacían algunos efebos, cuando lo decoroso era que un muchacho se entregara a su amante gratis et amore. No me entretengo ahora en el tema de la pederastia homosexual ateniense.
Sócrates, pues, rechazó el dinero de sus acaudalados discípulos en aquel trance como lo había rechazado durante toda su vida. El jurado seguramente lo hubiera aceptado. Pero él, en su discurso de apelación, proclamó que la ciudad, en cambio, debería pagarle una pensión como agradecimiento por sus servicios, lo que a la mayoría le pareció una provocación intolerable. Finalmente, se avino, para evitar la condena, a pagar una multa acorde con sus haberes, que eran pocos y que resultaba, por lo tanto, ridícula a oídos de sus jueces. La segunda y definitiva votación arrojó una mayoría mucho más aplastante que la primera a favor de la pena de muerte.
La muerte de Sócrates, Jacques-Louis David (1787)
Todavía en la cárcel, pues trascurrió un mes entre la sentencia de muerte y la ejecución consistente en la bebida de una pócima de cicuta, Sócrates siguió recibiendo a sus discípulos y charlando con ellos como si no pasara nada, preguntándose interminablemente por las cosas. Y claro está, preguntándose, cómo no, qué era la muerte a la que sus conciudadanos lo habían condenado, y reconociendo que “aquello que no sé tampoco creo saberlo”, como bien dice en su discurso de defensa ante el jurado que nos ha trasmitido Platón.
Conviene, por cierto, desmentir aquí aquello que todos hemos oído alguna vez que dijo Sócrates de “Sólo sé que no sé nada”. Comparándose con otros conciudadanos suyos, como, por ejemplo, con algún prestigioso sofista que cobraba y mucho por sus enseñanzas, Sócrates decía, que era probable que ninguno de los dos, ni él ni el otro, supiese nada de provecho “pero ése se cree que lo sabe, no sabiéndolo. Mientras que yo, así como no lo sé, tampoco me lo creo.” En ese pequeño punto podría decirse que Sócrates era el hombre más sabio, como había proclamado el oráculo de Delfos, no porque supiera mucho, ni siquiera porque sólo supiera, como se ha hecho proverbial, que no sabía nada, sino porque, sencillamente, no creía saber lo que no sabía. Saber, incluso que uno no sabe nada, es mucha presunción sapiencial. Por eso, en su último discurso ante el jurado, cuando ya conoce la sentencia condenatoria de los jueces, sus últimas palabras fueron: “Pero, sí, ya es hora de que nos marchemos, yo a morir, vosotros a vivir; pero cuáles de nosotros vamos a mejor negocio, cosa es oscura para todo ser, salvo si acaso para el dios”.
Sócrates, pues, no se suicidó. Su muerte, obligado a suicidarse, fue una ejecución. No puede ser, pues, ningún ejemplo para nadie. Afirma Vargas Llosa que sus ideas no convencerían a nuestros contemporáneos, pero ¿qué ideas tenía Sócrates, alguien que cuestionaba constantemente todas las ideas?, sin embargo todos, prosigue nuestro ilustre Nobel, reverencian cómo murió. Esa reverencia, señor Vargas Llosa, es una manera de renovar su condena a muerte, y solo sirve para certificar su defunción y desentenderse de su vida, que es lo único que importa.
Parece que está disponible en Youtube la espléndida película que Roberto Rossellini rodó en 1970 para la RAI sobre el proceso y la muerte de Sócrates, que le recomendaría ver al señor Vargas Llosa si no la ha visto. Hasta la fecha sólo disponíamos de la versión original italiana (nunca estrenada en España, a pesar de haber sido rodada en un pueblecito de Madrid, Patones de Arriba), pero ahora podemos verla en V.O. subtitulada en español.
También le ofrezco, por mi parte, aunque usted no va a leer esto probablemente porque tendrá cosas mucho más importantes que leer, el dossier que preparé en su día para los alumnos de segundo curso de bachillerato sobre la figura de Sócrates, donde aparece entre otros materiales el oportunísimo texto "¡Viva Sócrates!" que Agustín García Calvo publicó en El País en 1999, en el que, al contrario que usted, pretendía reivindicar la vida y no la muerte del último de los presocráticos.
jueves, 24 de febrero de 2022
Mensajería breve de textos
El zar ruso lanza una ofensiva militar, operación especial, dice él, a fin de “desmilitarizar y desnazifizar Ucrania”, tachando al régimen de Kiev de genocida.
Del amor posesivo. Cuando la persona amada se resiste a la posesión, aparece la denominada violencia de género: la maté porque era mía: a fin de que lo fuera.
La psiquiatría en colusión con la industria farmacéutica fabrica constantemente pacientes para el mercado so pretexto de curar el mal psíquico que provoca.
La infelicidad es psicológicamente un fracaso indivudal, y moral- y religiosamente, un pecado, por lo que no es un problema social sino un problema personal.
Anatomía de una epidemia: la tristeza. El consumo de psicofármacos ansiolíticos y antidepresivos sirve para hacer crónica la depresión en lugar de erradicarla.
No hay nación que carezca de mitos fundacionales que se remontan a los tiempos históricos de Maricastaña y le otorgan carta de naturaleza y supuesta dignidad.
La construccicón de una nación se hace no sin sangre por contraposición a las demás en el campo de batalla de la identidad en el que seguimos debatiéndonos.
La interpretación de la historia en función de los intereses políticos y económicos es la materia prima con que se construyen las naciones y los nacionalismos.
miércoles, 23 de febrero de 2022
Oh Canadá
lunes, 21 de febrero de 2022
Aprender a desaprender (y II)
Uno no se libera nunca definitivamente de la ilusión del engaño, y nunca llega, por lo tanto, a la verdad sobre sí mismo ni, huelga decirlo, sobre lo demás tampoco, primero porque no hay verdad (en la realidad) y segundo porque yo, como persona real que soy, soy conservador por esencia y también necesito creer que soy el que soy y que me llamo como me llamo, aunque en mi fuero interno sepa, como mi niño antiguo, que no soy ése, que no es verdad que yo sea el que soy
Declaran ilegales los discursos que incitan al odio y los penalizan para fomentar el amor al sistema, y para que el mensaje contestatario llegue al menor número de gente posible y puedan contener la infección.
domingo, 20 de febrero de 2022
Aprender a desaprender (I)
Infantilización: La publicidad nos trata como si fuésemos menores de edad en todos los sentidos de la palabra, incluido el de débiles mentales que necesitan la tutela del Gran Hermano. Si nos tratan como si fuéramos niños o preadolescentes, nosotros, por hipnosis sugestiva, tendemos a responder como tales. Eso es lo malo. Nos infantilizan y nosotros, encima, nos lo creemos.
sábado, 19 de febrero de 2022
Contra los profesores (y II)
Amós Comenio, en efecto, fue un obispo, teólogo y pedagogo del siglo XVII, uno de los fundadores y responsables de la moderna educación y su cacareado sistema educativo. Versado en el arte de la alquimia, aplicó el concepto de esta al proceso de la ilustración, hasta el punto de que la naturaleza religiosa de la educación y la fe que políticos y economistas depositan en ella, dedicándole enormes sumas de dinero público, es tan evidente que su carácter de piedra filosofal de nuestro sistema político, económico y social corre el peligro de pasar inadvertido. Su dogma fundamental, su idolatría, es que el proceso educativo aumenta el valor del ser humano, capitalizándolo y conduciéndolo hacia una vida mejor y un horizonte constante de progreso. No estamos hablando de la educación religiosa, sino de la naturaleza religiosa inherente a toda educación por muy laica que como ahora se pretenda.
viernes, 18 de febrero de 2022
Contra los profesores (I)
jueves, 17 de febrero de 2022
Del triunfo y victoria de la Ciencia
La ciencia progresa que es una barbaridad, como decía el otro, pero el progreso de la ciencia consiste en mejorar sus explicaciones con la pretensión de llegar a una explicación que sea definitiva y verdadera para lo que debe contradecirse constantemente, tarea inacabable. Las cosas necesitan explicaciones y de buscarlas se encarga la ciencia, pero esas explicaciones no se encuentran en las cosas mismas, sino en el lenguaje que habla de ellas. La causa -origen de nuestra palabra cosa- "es algo siempre escurridizo, que nunca deja de resbalar entre pertenecer a la esplicación (sic) de las realidades o pertenecer a las realidades que ella esplica (sic)", como dice Agustín García Calvo en los prolegómenos a su traducción de De rerum natura de Lucrecio. De ahí que se recurra a la multicausalidad, es decir, en lugar de buscar una única causa supuestamente verdadera se presentan varias causas que se saben esencialmente falsas para no dejar las cosas sin explicación. Pero el problema no reside en encontrar la causa, sino la cosa, que se da por supuesta, o sea, que suponemos que está ahí, independientemente de la palabra que la nombra y que la crea. Y eso es mucho suponer.
El triunfo de la Ciencia, Jordan Henderson
Jordan Henderson se hace eco en dos de sus obras del triunfo y de la victoria de la Ciencia, con mayúscula como corresponde a su apoteosis, ya que es la nueva Religión, sobre la libertad y la verdad respectivamente. En primer lugar, el Triunfo de la Ciencia, en el que una alegoría de la Ciencia, personificada como una mujer con bata blanca, mascarilla, guantes y gafas sanitarias y una espada ensangrentada ha cortado la cabeza a otra y la enarbola con su mano derecha recordándonos la escultura de Perseo con la cabeza de Medusa de Benvenuto Cellini.
La mujer, que yace decapitada en el suelo y que es pisoteada por la Ciencia, es, según el artista, Libertas, una vieja diosa romana que personifica la Libertad. El aura de luz que desprende su cabeza, ese sol luminoso, subraya la idea de triunfo. Un pie de la Ciencia triunfante pisa a la Libertad, que llevaba en la mano un bastón con un gorro frigio -de color rojo, como el de los libertos en la antigüedad, y los revolucionarios franceses en la edad moderna. Con el otro pie la Ciencia pisotea una serpiente que, enroscada sobre el báculo de Asclepio o Esculapio representa la vieja medicina curativa que también ha sido derrotada, al igual que la libertad. Un gato con el lomo erizado contempla, como nosotros, el horror de la escena.
La Victoria de la Ciencia, Jordan Henderson
En
segundo lugar, la
Victoria de la Ciencia. El
mismo motivo: una mujer con las mismas características que la otra,
sólo que ahora levanta su espada ensangrentada, pisotea a otra, a
la que ha decapitado, y que representa a VERITAS, la Verdad en
latín. Si alguien se pregunta por qué estas alegorías de la ciencia, la libertad y la verdad son mujeres, se debe sin duda a que en latín los tres términos eran de género gramatical femenino SCIENTIA, LIBERTAS Y VERITAS, género gramatical arbitrario que conservan en castellano. Un papel en sus manos lleva escrita la palabra TRUTH para que
no quepa duda de que lo que ha vencido la Ciencia es la verdad, por
lo que podemos reinterpretar esta alegoría como el triunfo de la
mentira. La Victoria resulta más macabra y terrorífica, si cabe, que el Triunfo porque no tiene como trasfondo un paisaje natural. La sangre también abunda más tanto en el suelo como en la bata blanca. La mujer con la bata blanca no sólo representa en ambos cuadros el triunfo y la victoria de la Ciencia, como dice el título de los lienzos, sino que sugiere además que el crimen se ha cometido en nombre de la medicina y la sanidad.
Viene a decirnos con estos dos óleos el artista que la Ciencia no es ni liberadora ni verdadera, sino todo lo contrario: se alza sobre los cadáveres de la Libertad y de la Verdad, que han sido asesinadas y son por ella pisoteadas. No tiene ningún sentido contraponer Ciencia y Religión, porque la Religión del siglo XXI es la Ciencia, y de la nueva fe religiosa se puede decir, como de la vieja, que es el opio del pueblo, y que en nombre de ella, como dijo Lucrecio, se han cometido "scelerosa atque impia facta", acciones criminales y despiadadas.
miércoles, 16 de febrero de 2022
El 'green pass' o la alegoría del semáforo verde.
Que lo verde sea lo autorizado y lo rojo lo que no lo está no deja de ser una convención como otra cualquiera, y es por lo tanto arbitraria como cualquier convención. Se cuenta que en China se trató durante la Revolución Cultural de invertir el significado y de hacer que la luz roja del semáforo diera paso libre y la verde prohibiera el paso a vehículos y peatones, basándose en que el rojo era el color del partido y de la bandera comunista y, por lo tanto, el color nacional, pero parece que el intento fue caótico porque la gente no sabía muy bien a qué atenerse, y unos, apegados a la tradición, funcionaban según la antigua convención, y otros, más jóvenes, seguían las directrices de las nuevas ordenanzas del Partido.
La fotografía de arriba muestra un hecho, hasta ahora insólito, como si fuera lo más normal del mundo. El comentario del periódico de donde está tomada, completamente falso, dice: “El certificado covid europeo muestra su utilidad para la salud y la economía.” El certificado covid europeo es el green pass de los italianos. Utilidad para la salud no le veo yo ninguna, porque los poseedores de dicho documento pueden contraer la enfermedad y contagiarla como todo quisque (o más). Que se le llame "pasaporte sanitario" entre nosotros tampoco tiene mucho sentido. Si sanidad es sinónimo de salud, cosa que dudo, no debería llamarse así, a no ser que entendamos lo de sanitario como “expedido por el Ministerio de Sanidad”: un certificado burocrático que dice que el poseedor ha recibido una o dos o tres inyecciones hasta la fecha, lo que no quiere decir que no sea contagioso y que esté sano o que esté más sano que alguien que no lo haya hecho, pero tiene acceso libre. Tampoco le veo yo la utilidad para la economía, por mucho que lo diga el periódico.
Tanto el nombre -pase, paso- como el color -verde- que evoca el green pass son una regulación del tráfico. Y ya sabemos lo que ocurre en las ciudades donde hay semáforos que regulan el tráfico: se organiza el caos sobre ruedas. Se preguntaba, a propósito de esto, Chicho Sánchez Ferlosio si se ha puesto el guardia a dirigir el tráfico a despecho de los semáforos porque se ha formado un embotellamiento fuera de lo común o se ha formado un embotellamiento fuera de lo común porque el guardia se ha puesto a dirigir el tráfico a despecho de los semáforos. Adivina la respuesta.
Lo que quieren los gobiernos es controlar nuestro paso como si fueran un semáforo. Controlan así nuestra obediencia, nuestra sumisión, y por eso utilizan esos colores: rojo prohibición, verde vía libre.
Quizá lo más sensato es que no hubiera semáforos reguladores del tráfico por respeto a los daltónicos, que no distinguen el color rojo del verde (por lo que no sé si la Dirección General de Tráfico que se encarga de organizar el caos en nuestras carreteras les concederá el permiso de conducir) o que, de haberlos en los lugares peligrosos, por ejemplo en los cruces de caminos, sólo tuvieran un color que no fuera ni el rojo ni el verde, sino el ámbar de la precaución, o, mejor dicho, del cuidado. Cuando uno llega a ese punto tiene que tener cuidado. Simplemente.












