Patti Smith acaba de ser galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026 "por -a decir del jurado- su impetuosa creatividad, que conecta el rock, la poesía simbolista y el espíritu de la contracultura con una gran potencia expresiva". El acta reza así: "Intérprete de estilo vigoroso, ha plasmado la rebeldía del individuo en la sociedad en canciones palpitantes, algunas de las cuales ya son iconos de la música popular de nuestro tiempo". Aunque sus éxitos más comerciales han sido Because the Night y People have de power, su obra culminante fue su primer elepé, Horses, publicado en 1975, que ya ha cumplido la friolera del medio siglo, que se abría con una versión del Gloria de Van Morrison, que Smith retituló Gloria (in excelsis Deo), con un alarde lésbico de amor hacia una chica llamada Gloria y una declaración solemne de rebeldía, enseguida asimilada por el sistema que ahora premia su carrera: “Jesucristo murió por los pecados de alguien, pero no por los míos”.
El galardón español, primero de los ocho que convoca anualmente la Fundación Princesa de Asturias, dotado con una escultura de Joan Miró, diploma, insignia y 50.000 euros, se interpreta políticamente como un premio hacia su labor en favor del partido demócrata y la democracia en general en los Estados Unidos, en contra de las políticas del actual mandatario republicano.
Una de las peores canciones para mi gusto de Patti Smith que conozco, si no es la peor de todas, es, en cuanto
a su letra, ese himno que ahora tanto se corea, por algo será: "People have the power" (El pueblo
tiene el Poder) que sacó en 1988 en su álbum Dream of life, y que
enseguida se convirtió en un éxito mundial que consagraba la vuelta
a los escenarios de la poetisa roquera y madrina del punk contestatario asimilado en olor de multitudes. Es un himno a la democracia,
y, por lo tanto, un ditirambo al sistema de gobierno predominante en el mundo occidental. Es, además en los Estados Unidos, un himno del Partido Demócrata,
obviamente, con el que la cantante no dudó en apoyar la campaña de
Obama, el Mesías negro que iba a redimir el mundo del pecado original.
La confusión que celebra el título
de la canción es la creencia de que el pueblo puede tener el Poder,
cuando es, al revés, el Poder el que tiene siempre bien sujeto, es decir, el que puede
al pueblo en el ejercicio del Poder. Sin embargo, la canción funciona a veces como un himno libertario cuando dice que el pueblo tiene el poder (con minúscula) de soñar, de cambiar el rumbo del mundo, de detener la revolución de la Tierra... de ser libre, en definitiva, y aun de gobernar, algo que solo puede entenderse en sentido negativo. Si, como canta la madrina del punk, el pueblo tiene el poder de gobernar (power to rule), eso quiere decir que tiene el poder de no ser objeto de gobierno, de no ser gobernado. De ese genérico "people" se pasa a la identificación con "we" (nosotros), y entonces el estribillo se convierte en "we have the power": nosotros tenemos el poder de vivir, de soñar, de ser libres en definitiva... Es aquí donde se confunde el poder de... y sus infinitas posibilidades, con el Poder, es decir, con el gobierno que anula todas las posibilidades, lo que explica el éxito del mensaje ambiguo de la canción: cómo un himno a la soberanía del pueblo se convierte en una apología del sistema de dominio del pueblo, democrático, vigente.
No se puede identificar al
pueblo con ningún partido, pese a que muchos partidos se llamen
Populares o Demócratas, palabra griega que funde en uno dos
conceptos opuestos el pueblo -demos- y -cratos- el gobierno del Estado.
Recuerdo
un eslogan ácrata de la transición española que viene al caso y decía con muchísima razón: "El pueblo unido funciona sin partidos". Contraponía las palabras "unido" y "partido", que
como salta a la vista se contradicen: el pueblo es un conjunto que en cuanto se parte queda dividido, y que por lo tanto no puede ser representado -aunque sí gobernado, pero ese es otro cantar- por ningún partido político que sea.
Hay en la letra que se presenta como un sueño que se hace realidad algunas
imágenes poéticas sugerentes -los valles resplandecientes, el aire
puro, la alusión bíblica del leopardo y el cordero yaciendo juntos,
los ejércitos dejando de avanzar, fuentes que manan en los
desiertos...- como en la mayoría de las canciones de esta mujer,
pero el mensaje político es bastante conformista y nauseabundo, la verdad.
Hace
diez años pudimos verla en Oslo, cuando acudió en nombre de Bob Dylan a
recoger el premio Nobel de Literatura de 2016 que la academia sueca le
había concedido a este último, interpretando “A hard rain's a-gonna
fall” en su
homenaje, en una actuación memorable, acompañada de orquesta y guitarra, en la que cometió un lapsus por su nerviosismo en mitad de la interpretación que el público le perdonó enseguida con una calurosa ovación.