martes, 31 de agosto de 2021

Se acaba lo bueno y poco que se daba

    Si se te terminan o falta poco y están a punto de finalizar las augustas vacaciones estivales, enfréntate con positividad a la vuelta al trabajo o al cole y a su rutina, aconsejan los modernos doctores y prestigiosos psicagogos (pedopsicagogos o psicopedagogos, tanto monta), de la Universidad de Masachuses, considerada una de las veinte mejores del mundo. 

    La reincorporación tras las vacaciones a los centros laborales o estudiantiles -¡qué tiempos aquellos en los que STVDIVM era sinónimo de ocio y de algo que se hacía por devoción y no de trabajo y de hacer algopor obligación!- implica, según dichos expertos en psicagogía, tener que poner otra vez en marcha el despertador y someterse a horarios fijos preestablecidos e irracionales, vuelta al redil de las obligaciones y las responsabilidades y a dejar atrás unos días sin ataduras ni presiones, lo que genera una cantidad ingente de murria, esa especie de melancólica tristeza que arrastramos y nos hace andar cabizbajos y atrabiliarios, nostalgia del paraíso vacacional perdido, apatía, irritabilidad, malhumor, falta de energía, motivación y concentración,  taedium uitae o hastío existencial y vital,  que se traduce en un deprimente esplín, disminución del rendimiento tanto físico como psíquico, arritmias y taquicardias e incluso graves perturbaciones del sueño como el insomnio o las recurrentes pesadillas relacionadas con la fábrica, oficina o institución académica correspondiente, y alteraciones de la alimentación, síntomas todos ellos que caracterizan el proceso de adaptación a lo malo y conocido (que nunca valdrá más, pese al desafortunado refrán, que lo bueno por conocer, que son las próximas y lejanas vacaciones o la más distante y casi inalcanzable jubilosa jubilación). 


    La vuelta al curro provoca ansiedad, estrés y hasta depresión postvacacional, como reconoce la Organización Mundial de la Salud, que ha registrado ya como enfermedad laboral el "síndrome" que te entra al acabarse las vacaciones en su afán de patologizar todos los aspectos de la vida cotidiana, cada vez más enfermiza gracias a los diagnósticos que la hacen enfermar, pero si cambiamos la manera de enfrentarnos emocionalmente a la dura realidad, podemos hacer que no sea tan difícil el retorno a la normalidad sin perjudicar nuestro bienestar. 

    No se trata tampoco de engañarse mucho uno mismo y de verlo todo de color de rosa y no experimentar emociones negativas, sino de aprender a gestionarlas, como dicen los políticos y economistas, de una manera objetiva y no subjetiva, lo más realista posible, para convivir con dichas malas vibras y poder seguir adelante, siempre adelante sin volver la vista atrás fija en la zanahoria delantera.

    Se trata, según estos doctores en psicagogía  de la Universidad de Masachuses, de cambiar el enfoque pesimista de la realidad, y de recargarse con pilas de energía positiva. Pero, en caso de depresión aguda, no hay que confundirse ni llevarse a engaño, nos advierten los psicagogos, recurramos sin pensarlo más a la ayuda profesional psicofarmacológica. 

    Así pues hay que apostar por la vieja fórmula de buscar el lado positivo de las cosas, centrando el foco de atención de nuestra mirada en aquello que nos pueda reportar satisfacción y motivación, ya sea intrínseca e inmediata, como la de sentirnos autorrealizados al desempeñar profesional- y estupendamente nuestras funciones, para lo que a veces es preciso autoengañarse uno piadosamente un poco, y/o motivación extrínseca y con miras puestas en el porvenir que, por definición, no existe, como el estimulante acicate salarial (por no hablar del infame salario emocional) de la razón económica que nos reporta dinero que nos permitirá otros objetivos más halagüeños... el día de mañana, es decir, nunca o, mejor dicho, cuando yazcamos en el cementerio o se dispersen nuestras cenizas a los vientos.

    Hay que seguir una serie de consejos bienintencionados dentro del marco general de mantenimiento de una actitud realista que no quiere ser ni estúpidamente optimista ni tampoco pesimista, como dormir ocho horas diarias como mínimo, no consumir tanta cafeína entre semana y alcohol los fines de semana para olvidar, practicar alguna actividad que nos guste y distraiga dentro del poco ocio que va a quedarnos cuando volvamos al laburo, hacer ejercicio para liberar endorfinas, y, sobre todo, fomentar los aspectos positivos -el lado bueno de las cosas- y evitar los pensamientos recurrentes negativos que en el peor de los casos nos invitan al suicidio. Ya lo cantaron hace unos años en la Vida de Brian los geniales Monty Python: Always look on the bright side of life!

 

lunes, 30 de agosto de 2021

La visión del Infierno en el Hortus Deliciarum

  Herrada de Landsberg o más propiamente de Hohenburg (1125/30-1195) ingresó a temprana edad en la abadía de Hohenburg, en los montes Vosgos, de la que llegó a ser abadesa. Durante diez años embarcó a las sesenta monjas en la elaboración de un voluminoso manuscrito titulado Hortus deliciarum (El jardín de las delicias o deleites), enciclopedia del saber y las creencias existentes con numerosas ilustraciones, la primera de la que se tiene constancia que fue escrita por una mujer. 

    El manuscrito original, cuya mayor parte estaba como era habitual en el siglo XII en latín con glosas en alemán, se perdió en el incendio de 1870 de la Biblioteca de Estrasburgo durante la guerra franco-prusiana, pero se han conservado algunas copias que se hicieron de él por su valor didáctico y artístico de sus textos y miniaturas, lo que ha permitido su reconstrucción.

    La artista, que ha dado rienda suelta a su poderosa imaginación, pretende con esta miniatura aterrorizar a las monjas y novicias de Hohenburg a fin de alejarlas de vicios y pecados. Lo que representa es el castigo eterno de los malditos que en el Juicio Final serán colocados a la siniestra del Juez Soberano, no como los fieles colocados a su diestra, que gozarán eternamente de la recompensa celestial. Lo que presentamos es la copia del original que realizó Christian Moritz en 1818


     El infierno está formado por una serie de cavernas en llamas donde aparecen en muy diversas posiciones los condenados. Los torrentes de fuego dividen la escena en cuatro zonas o niveles. En la planta baja o zona inferior encontramos a Satanás, a quien en la miniatura previa los ángeles del señor encadenaron y arrojaron al lago de fuego. Ahí está como el rey de este horrible reino, como el príncipe de todos los demonios que atormentan a los condenados. Sobre él se lee el texto de “Lucifer ut Satanas”, es decir “Lucifer como Satanás”, el denominado vulgarmente en España Pedro o Pero Botero. 
 

     Tiene el cuello encadenado al río de fuego que enmarca la cámara especial donde se asienta. Su trono está formado por dos monstruos que engullen a los condenados, cuyos pies agarran y cuyas cabezas aplastan. En su regazo Satanás sostiene una pequeña figura, junto a la cual se lee: "El Anticristo". El Anticristo, según las Escrituras, es ciertamente el primogénito de Satanás, la personificación más completa de su maldad y poder, el mayor adversario de Jesucristo, como su nombre indica, por lo que su lugar se encuentra bien en el regazo del Padre de la mentira. A su izquierda vemos un demonio que conduce a un monje. No hacía falta que nos dijera quién era (monachus, calco semántico latino del μοναχός griego, que significa 'solitario') porque el hábito lo delata, que lleva una bolsa llena de dinero, y a continuación ese mismo demonio vierte en la boca abierta del mismo fraile ahora desnudo gran cantidad de monedas que le hace tragar porque el hábito no hace al monje, sino al revés: el monje al hábito; el desgraciado se ha perdido por avaricia. 
 

     En el primer piso (que sería el segundo si considerásemos a la planta baja el primero) vemos dos grandes calderas u ollas: en una, los demonios hierven judíos, reconocibles por sus sombreros puntiagudos, y por la inscripción latina “iudei”, en la otra, caballeros cubiertos con sus armaduras, “armati milites”: soldados armados. Si también ha colocado allí a nobles caballeros, a los que llama brazos de la Iglesia, es sin duda porque algunos caballeros no tuvieron reparos en saquear y devastar los bienes de la abadía, y quizá violar a las monjas.
 

    En el segundo piso, vemos primero a una mujer elegantemente vestida que devora a un niño desnudo, la madre que come a su hijo, luego a una cortesana suspendida por las manos entre dos demonios que la ajustan y le ayudan en su aseo; en el centro, un demonio le corta las orejas a uno que escuchó de buen grado a los aduladores y a los delatores; otro condenado derribado por el suelo es sujetado por la horca de un demonio, mientras su lengua, que está sacando en toda su longitud, es mordida por un sapo, como castigo quizá por haber proferido alguna blasfemia. El último de la derecha es un usurero que tiene un demonio encaramado sobre sus espaldas que derrama oro ardiente en sus manos.

 


    Por último, en el tercer y último piso, aparece primero un desgraciado que se suicida clavándose un puñal, luego tres personas 'impuras' que son heridas y mordidas por serpientes: las dos primeras son dos hombres que parecen sodomitas, la tercera es una mujer -Miguel Ángel utilizará el mismo símbolo de las serpientes en la decoración de la Capilla Sixtina-, y después tres personas engreídas que, como castigo a su orgullo, están colgadas boca abajo y son el juguete de unos diablejos. El primero está contrapesado por una gran piedra sobre la que está sentado un demonio; los otros dos están suspendidos de pies y manos de los dos extremos de una cuerda; entre los dos se baja la cuerda y se ve a un demonio que se balancea sobre ella como si estuviera en un columpio, mientras otros dos espíritus infernales les tiran a los orgullosos de los pelos. Los distintos vicios se representan así con su castigo especial, y Herrada es así una predecesora del Dante y su Divina Comedia. Encima de la fila superior de este terrible cuadro se encuentra el no menos terrible texto bíblico: Vermis impiorum non morietur et ignis illorum in sempiternum non extinguetur. Isaías LXVI, 24: El gusano roedor de los impíos no morirá, y el fuego de aquellos no se apagará en toda la eternidad. 

 


 

domingo, 29 de agosto de 2021

Un montón de mentiras

    En el cuento "7 de marzo de 1936" de Henry de Montherlant incluido en su libro de ensayos "El equinoccio de septiembre" un muchacho que puede ser movilizado en cualquier momento y partir a la guerra dialoga con su padre.

    El hijo ustedea a su padre, como era costumbre entonces cuando aún no se había generalizado el tuteo entre los hijos y sus progenitores. (Recuerdo que mis padres mismos me contaron que ellos habían tratado de usted a los suyos cuando eran jóvenes, cosa que los de mi generación, que empezamos a tutear a los nuestros, no entendíamos).

    Oigamos parte de su diálogo en el que el hijo se extraña de que su padre no tenga noticias de la movilización: -¿No lee usted entonces los periódicos? -¡Nunca! Un día sin periódicos es un día purificado, liberado, despejado. -Sin embargo en tiempos turbulentos... -Precisamente en tiempos turbulentos es cuando no hay que leerlos. 

 


    El hijo, que tiene diecinueve años pero parece más joven, no se queda a cenar con su padre porque ha quedado con su novia. El padre no se lo reprocha. Lo comprende. El hijo no sabe si podrá volver al día siguiente o tendrá que partir antes al frente. El padre no le da un beso cuando se despiden. No porque no quiera a su hijo, sino porque está convencido de que no hace falta ninguna manifestación externa de sus sentimientos: Por un momento, el hombre se preguntó si besaría a su hijo. Pero no. Su hijo sabía que lo quería. Cuando se quiere de verdad a alguien, no hay necesidad de besarlo, no hay necesidad de decírselo. Solo las mujeres tienen esta pasión de sentirse infinitamente tranquilizadas.
 
    Al día siguiente, su hijo no fue a almorzar. Y el hombre supuso que habría sido movilizado. Salió a la calle. Compró tres periódicos y buscó la confirmación de lo que temía: Odiaba los periódicos. A veces pasaba quince días sin abrir uno. Ahora tenía tres entre sus manos, que leía, detenido en medio de la calzada. Todo lo que había eran mentiras, y él se atiborraba de ellas, sabiéndolo. El despacho de la agencia que había leído en un periódico, lo releyó de cabo a rabo en los otros dos.
 
 
  
    Hoy ya casi nadie lee periódicos de papel. Sus ventas han descendido notablemente. Ahora los periódicos se reinventan en las pantallas de la red con todo lujo de imágenes a color fijas y en movimiento y documentos sonoros, mediante suscripciones de pago que se hacen, como casi todo en esta vida virtual, on line
 
    Ahora ochenta y cinco años después, los periódicos digitales siguen mintiendo y publicando “un tas de mensonges”, o sea, un montón de mentiras, como diría Montherlant. Y nada más que eso; mentiras y más mentiras. No cuentan ni la mitad de las cosas que pasan, y no es verdad la mitad de las cosas que cuentan. Los periodistas son los terroristas, los que viralizan el terror haciéndolo crónico: la información es publicitaria propaganda. 
 
 
    Cuando parece que se agota el miedo al virus coronado, decadente ya y nunca tan letal como pronosticaron torticeramente, remozan otras remesas de miedos que sacan enseguida a relucir a la palestra mediática: miedo a la guerra de Pallaquistán y al Imperio que contraatacará, miedo al fundamentalismo religioso, miedo al cambio climático, miedo a una nueva recrisis económica que provocará desabastecimiento de suministros, hundimientos de las Bolsa y los mercados, miedo a un apagón digital que nos sumirá en la oscuridad de la noche informática planetaria... –no fuera malo esto último, como decimos por aquí abajo, pero no caerá esa breva porque si cae la breva luego no cogeremos el higo, y habrá que recomenzar el ciclo al revés: de higos a brevas y vuelta a comenzar.

sábado, 28 de agosto de 2021

¿Qué es eso de la ESO?

    Tres citas, para empezar: “Mi abuela quería que yo tuviera una educación, por eso no me mandó a la escuela” (Margaret Mead, antropóloga); "Yo era inteligente hasta que llegué a la escuela" (Facundo Cabral, cantautor); y “¿Cómo no despreciáis esa educación de ahora y no buscáis quienes pongan fin a vuestra ignorancia?” (Platón pone la pregunta en boca de Sócrates en su diálogo "Clitofonte").


    Lamenta Sócrates en la cita de Platón que los padres, que ponen tanto empeño en "ganarse la vida", es decir, en ganar dinero, como si ambos términos 'dinero' y 'vida' fueran sinónimos y no antónimos, no se preocupen de los hijos que van a heredar sus bienes adquiridos con dinero, y se conformen con ofrecerles la educación reglamentada que ellos mismos han recibido y que para la época consistía en γράμματα, es decir, letras y números, μουσική música y γυμναστική o educación física, con término más moderno, sin plantearse qué era esa educación y para qué les había servido su recepción. 
 
    Nadie se cuestiona lo que considera perfecto. Nadie se plantea adónde lo ha llevado la paideia y adónde, por lo tanto, llevará a sus hijos el día de mañana, como suele decirse. Nadie se pregunta tampoco cuál es el sentido de la vida que está llevando, centrada básicamente en torno a τὰ χρήματα, lo crematístico, es decir, con palabra corriente y moliente, el dinero, el arte de ganar dinero, y de convertir no sólo todas las cosas en dinero, sino también la propia vida que así se prostituye al vil metal. 


    Había ya comenzado en la Atenas de Periclés el precio de las cosas a sustituir a su valor, convirtiéndose el dinero en el único dios verdadero y demiurgo del mundo, como ya denunció Aristófanes en su comedia "Pluto", despojando a los seres humanos de su humanidad y valores propios. Y había ya empezado a entronizarse la economía, la palabra es invento griego igual que la democracia, y a confundirse con la política, a la que acabará desbancando, incluyéndose en el propio currículo de la educación como materia indispensable para la formación de la ciudadanía. Lamenta Sócrates que los atenienses pongan todo su empeño en conseguir dinero y no en preguntarse qué es el dinero, ver para qué sirve y cuál es la calificación moral de su uso.

    La educación nada tiene que ver con los grados que establecen los adjetivos ordinales de “primaria” y “secundaria”. Esos adjetivos pueden cuadrarle más al aprendizaje o a la enseñanza, pero no a la educación, que no los admite, como tampoco admite el epíteto de “obligatoria”, como sucede en el ominoso y abominable acrónimo español de ESO (Educación  -que no Enseñanza, ojo- Secundaria Obligatoria). 
 
    Quizá haya que decirlo para que nadie se llame a engaño: La escuela -incluyendo todas las instituciones académicas en la denominación genérica- no tiene nada que ver con la educación, salvo que digamos que la educación es lo que se imparte y se aprende en la escuela, cosa que es mentira, y entonces deberíamos preguntarnos qué es lo que se aprende en la escuela, en qué consiste el currículo oculto, no tanto los programas, que sólo sirven para que aprendamos las respuestas antes de que se nos ocurra formular las preguntas.


    Ya hace tiempo Iván Illich escribió que había que liberar a la educación de la escuela, para poder aprender fuera de sus rígidos compartimentos estancos espaciales, que son las (j)aulas, y las celdas temporales, que son los horarios y calendarios escolares, y fuera de sus planes de estudios, programas o currículos saturados de información "que hay que saber". Aunque la exigencia memorística ya no forme parte de la escuela moderna, los nuevos modelos educativos no han cambiado la filosofía que los inspira, que es el funcionamiento de la máquina examinatoria que expide y expende, digo bien, títulos baratos.

    Los niños nacidos en este tercer milenio, los llamados mileniales son maleducados por los medios de formación de masas, por las redes sociales cibernéticas, por los juegos electrónicos, por su familia y por su grupo de amigos, y no tanto ya por los medios de formación de masas tradicionales como la televisión, aunque todavía sea uno de los más influyentes, pero son maleducados sobre todo por la educación primaria y secundaria obligatorias que reciben y que algunos consideran incluso que son una necesidad ineludible sin plantearse para qué ni para quién. 
 
    La escuela que conocemos y padecemos hoy, fruto de una sociedad basada en la engañifa del mito del progreso y de la explotación ilimitada de la naturaleza, incluidas todas las cosas y personas, burocratizada hasta la extenuación, no deja de ser una fábrica de producción de alumnos para el consumo y de funcionarios llamados maestros y profesores.

    La escuela no ha muerto, como soñó Everett Reimer en su libro publicado entre nosotros en 1974, donde recogía sus conversaciones con el pensador austriaco Iván Illich. En la "Escuela ha muerto. Alternativas en materia de educación" (Barral editores, Barcelana 1974) escribía: "La única forma de corregir esto es liberando la educación de las escuelas, de forma que la gente pueda aprender de verdad sobre la sociedad donde vive". 

    Sócrates, si es verdad que ha muerto porque era mortal como postulaba el célebre silogismo que lo condenó a la pena capital para toda la eternidad (aquel peripatético 'todo hombre es mortal, Sócrates es hombre, luego Sócrates es mortal'), sonreiría satisfecho oyendo estas palabras desde su tumba.

viernes, 27 de agosto de 2021

Presentación de "Fragmentos de la Doctrina Secreta"

    Mi interés por estos "Fragmentos de la Doctrina Secreta" que presento a modo de prólogo procede, en primer lugar, de la fascinación que ejerció sobre mí la visión de la película “Knock” de Guy Lefranc (1951), interpretada magistralmente por Louis Jouvet, actor de teatro que tantas veces había encarnado al doctor sobre la escena desde que la comedia en tres actos de Jules Romains “Knock o El triunfo de la medicina” se estrenó en París en 1923, con notable éxito de público y de crítica.

    Llegué a la película a través de la siguiente sinopsis leída en una revista cinematográfica: El Doctor Knock aterriza en una pequeña ciudad de provincias francesa como sustituto del médico local. Alarmado ante la envidiable salud de sus habitantes, urde una trama para convencerlos de que, de una forma u otra, todos están enfermos y, así, poder enriquecerse. La película ofrecía mucho más que eso: unas claves muy interesantes para entender lo que está pasando en la actualidad y estamos, ay, desgraciadamente viviendo por aquello de que “hoy es siempre todavía”, casi un siglo después del estreno de la pieza teatral.

 

    Como una cosa lleva a la otra, la película me condujo a la obra de teatro, que leí en francés y traduje al castellano, no porque no hubiera versiones disponibles en nuestra lengua, que las había, sino porque las traducciones de las que disponíamos estaban agotadas y eran difíciles de conseguir si no se recurría a librerías de viejo o bibliotecas públicas, versión que publicaré próximamente en la Red en abierto para que sea asequible a todos los lectores.

    El argumento de la película y de la obra escénica, que es más una farsa trágica que una comedia, puede resumirse en unas pocas líneas: Un galeno llega a un pueblecito perdido de Francia a ocupar la plaza del antiguo médico que ha permutado por la suya. Va a intentar metódicamente subyugar a la población y convertir a sus habitantes, que considera atrasados y que gozan de una según él sospechosa buena salud, a la religión verdadera de la ciencia médica que él encarna. Se aplicará a buscarse aliados entre la élite del pueblo, el maestro y el boticario, transformando radicalmente la vida de los pueblerinos, de los que se convierte en poco tiempo en dueño y señor. 

Litografía de Paul Colin (1949) para "Fragmentos de la Doctrina Secreta"

    Aunque es un médico, Knock se comporta más como un estratega militar que prepara y ejecuta una campaña de invasión, conquista y ocupación, y, a la vez, como el jefe de una iglesia científica o secta religiosa, encarnando el lugar del sacerdote que brilla por su ausencia en ese pueblo y que predica que es la enfermedad y no la salud lo que constituye el estado normal y aun deseable de los seres humanos. Knock se impone como un jefe carismático, que hace uso de un poder de sugestión hipnótico; no es un simple misionero que predica una nueva religión, sino un iluminado charlatán que cree que aporta una forma superior de civilización.

    La traducción de la obra de teatro me llevó a interesarme por el autor, y a descubrir cómo al cabo de los años Jules Romains, pseudónimo literario de Louis Henri Jean Farigoule (1885-1972), volvió sobre el personaje que había creado, y publicó en 1949 estos “Fragmentos de la Doctrina Secreta” con la colaboración del cartelero Paul Colin, que hace un estupendo trabajo de ilustración del texto con 18 litografías. Lo primero que me llamó la atención de este descubrimiento fue su título, y lo segundo el autor que figura en primer término que no es Jules Romains sino el propio doctor Knock. 

    No me resultó difícil hacerme con un ejemplar de la obra, cuya única edición corrió a cargo del editor Manuel Bruker, y que conseguí a través de la Librairie de l'Avenue de Henri & Laurence Veyrier, a la que expreso mi agradecimiento desde aquí, en el célebre y entrañable Marché aux Puces de Saint-Ouen.


Litografía de Paul Colin (1949) para "Fragmentos de la Doctrina Secreta"

     Resulta paradójico que con el éxito que tuvo “Knock o El triunfo de la medicina” en el país vecino, donde es todo un clásico de la literatura francesa del siglo XX, la publicación un cuarto de siglo después de este tratado, haya pasado totalmente desapercibida. Bien es verdad que la edición, que es la única por ahora que hay, fue bastante minoritaria, reducida a 2.500 ejemplares, y elitista en cuanto reservada “exclusivamente al cuerpo médico y farmacéutico”, y bien es cierto también que el teatro y el ensayo son dos géneros literarios muy distintos, por lo que no puede compararse una obra teatral, representada de viva voz en numerosos escenarios del mundo -y llevada varias veces al cine con desigual fortuna, la última vez, la adaptación más lamentable, en 2017 bajo el título deplorable de “Knock, el doctor de la felicidad”-, con un opúsculo minoritario no exento de cierto sarcasmo satírico y que tiene el marchamo de lo clandestino, un texto que no está destinado al gran público, sino a un lector especializado, digamos, y amante de libros raros e ilustrados.

      A continuación del título “Fragmentos de la doctrina secreta” y de la atribución inicial de su autoría al doctor Knock figura el subtítulo a modo de comentario de que los citados fragmentos han sido “recogidos por Jules Romains”, que se presenta así como el compilador de la doctrina secreta reservada a los iniciados, cuya transmisión ha sido exclusivamente oral, como la de los grandes fundadores de religiones y maestros del pensar. Precisamente ese carácter iniciático y semiclandestino explicaría un poco la alusión a la doctrina secreta, un guiño literario a Madame Blavatsky, autora de “The Secret Doctrine”, síntesis de ciencia, religión y filosofía, publicada en 1888. Helena Petrovna Blavatsky, en efecto, fue cofundadora de la Sociedad Teosófica y autora de otras obras famosas, como “Isis sin velo” (1877), en la que describe los pormenores de una religión de su propia creación. Madame Blavatsky, la afamada ocultista, ocultaba su impostura detrás de una supuesta doctrina reservada a los iniciados y utilizaba el engaño para aprovecharse de la ignorancia y la credulidad de la gente. No otra cosa hace el doctor Knock, este émulo de madame Blavatsky. 


    Jules Romains, el compilador que no quiere presentarse a sí mismo como autor, distanciándose así del maestro al que sin embargo admira, ha creado un personaje universal. De algún modo le ha dado tanta vida a este personaje que se ha independizado de su autor, que nos lo presenta ahora, un cuarto de siglo después, con un éxito arrollador. Comenzó como médico rural de un pueblecito francés y ahora es toda una eminencia científica, vive en Nueva York y está trabajando desde allí en el proyecto de globalizar la exitosa experiencia local que llevó a cabo en Saint-Maurice haciéndola extensiva a todo el mundo. Es decir, quiere instaurar una iatrocracia universal o gobierno de la casta médica y farmacéutica. Sin embargo, el doctor Knock ya no es aquí el médico rural que con la ayuda del maestro y del boticario consigue hospitalizar a toda la población de Saint-Maurice, y lucrarse con el desempeño de su fraudulenta profesión. 

    Ahora es todo un personaje de renombre internacional, una suerte de doctor Mengele, que no pretende tanto matar a sus pacientes como el siniestro Ángel de la Muerte, sino prolongar su existencia cuantitativamente convirtiéndolo en paciente crónico a costa de anular cualitativamente su vida, con lo que finalmente acaba dándoles la muerte en vida sin llegar a quitársela del todo. Han transcurrido veinticinco años, y el doctor ha llegado muy lejos, pero aún pretende llegar más lejos todavía, con su proyecto de iatrocracia y de creación de la OMU, la Organización Médica Universal, una especie de Organización Mundial de la Salud, que será la encargada de imponer la gobernanza mundial con la inducción y declaración de la misteriosa epidemia 235. ¿Estamos ante un ligero divertimento literario o se trata de algo más, acaso una sátira despiadada? ¿Es una mera ficción o un fiel reflejo de la realidad? ¿Se trata de una profecía que tres cuartos de siglo después de escrita se ha visto cumplida? 

 

Fotograma de 'Knock' de Guy Lefranc (l951)

     De alguna manera el doctor Knock está prefigurando el moderno concepto de disease mongering o el lucrativo negocio para la industria farmacéutica de la promoción de enfermedades y de los enfermos imaginarios, convertidos primero en pacientes y finalmente en clientes, a los que suministrarán sus medicamentos. La propagación de enfermedades, impulsada por poderosas estrategias publicitarias de márquetin, convierte a las personas sanas en enfermos, desperdicia recursos valiosos y causa daños iatrogénicos, transformando problemas benignos en patologías graves, alarmando a la población mundial con pronósticos catastrofistas, exagerando la prevalencia de los problemas por descenso de los valores normales, y la redefinición de las vicisitudes de la existencia, por ejemplo de la vejez, que es un proceso natural, como patologías que hay que tratar.

    Jules Romains ha puesto de manifiesto los mecanismos que mueven el mundo, la creación de necesidades para el consumo de fármacos, en este caso, para lo que es fundamental en principio informar y adoctrinar a las masas y a los individuos a fin de que se conciencien de los peligros que corren y se consideren enfermos, si no es efectivamente en acto, al menos en potencia aristotélica. Para eso doctores tienen la Iglesia y la Ciencia, que es la nueva religión, con sus cohortes de expertos científicos, biólogos,  virólogos, epidemiólogos... Ya nos había advertido el nuevo médico rural de Saint-Maurice de que no había nada más sospechoso médicamente hablando que un hombre sano y nada más peligroso que el estado de buena salud, ya que en su seno dormita como la bella durmiente del cuento infantil la enfermedad, que es preciso despertar para tratarla convenientemente, para lo que el doctor se granjea la complicidad del boticario, que en pequeña escala representa el gigante colosal de la moderna industria farmacéutica. 

Fotograma de 'Knock' de Guy Lefranc (l951)
 

    Me planteaba yo hasta qué punto esta obra podría interesar hoy a un público más amplio, y si valdría el esfuerzo de traducirla, publicarla y rescatarla del olvido de su hasta ahora única edición, y creo que, al igual que la pieza de teatro, merece mucho la pena porque de alguna manera estamos asistiendo a lo que en ambas se vaticinaba: la expropiación de la salud a la que Iván Illich se refería en su “Némesis médica” (1975), cuando decía, por ejemplo, denunciando la pandemia iatrogénica en el prefacio: “La medicina institucionalizada ha llegado a ser una grave amenaza para la salud”.

    Estamos ante un texto que podrá ser tachado de alimentar una teoría de la conspiración, pero lo que hace es precisamente todo lo contrario. No inventa una conjura, sino que denuncia la de la casta fármaco-médica que existe realmente y viene de muy lejos, y que, en aras de lo que podríamos llamar la Sanidad, sacrifica la salud y por lo tanto la vida de la gente. Se trata, sin duda, de un texto subversivo que revela la existencia de una doctrina secreta de carácter iniciático que como la alquimia medieval nos promete el Magnum Opus, la piedra filosofal de la eterna juventud que venza a la mismísima muerte con los fármacos experimentales de las vacunas antitanáticas, cuya mentira y fracaso se revelará al final estrepitosamente. 

    La traducción se puede descargar clicando sobre la imagen:


jueves, 26 de agosto de 2021

El específico antes que la enfermedad

Suele decirse que no hay que “poner la venda (o la tirita) antes que la herida”. En el mundo anglosajón se dice if it ain't broke, don't fix it, o sea que si no está roto, no lo arregles, o lo que es lo mismo no hay que complicar las cosas o complicarse uno la vida complicando las cosas, que suelen ser bastante sencillas, sin necesidad. Este dicho ha alcanzado nueva vida poniéndose en latín según la ocurrencia de Henry Beard, que en su libro "Latin for all occasions" y su secuela "Latin for even more occasions", lo latinizó así: "Si fractum non sit, noli id reficere".

Algo así podríamos hacer nosotros un poco más vulgarmente con nuestro dicho: "No te limpies el culo antes de cagar". Como suena un tanto brusco por la referencia escatológica a la defecación y a la parte de nuestra anatomía donde la espalda pierde su digno nombre, como se solía decir, podemos expresarlo en latín, que resulta más fino: "Noli podicem detergere, priusquam cacaueris" o "... cacaris" con síncopa coloquial de perfecto.

Es importante diferenciar prevención y cura previa. Puedes ponerte un casco para no romperte la cabeza, pero no vendarte la cabeza como si ya la tuvieras rota. Puedes hacerte un torniquete si te ha picado una víbora, pero no hacerte uno cuanto todavía no te ha picado. Esa es la diferencia entre la prevención del accidente, que es algo en principio muy sensato, y la anticipación de la cura, que es la precaución llevada hasta el paroxismo de la paranoia. En efecto, no resulta muy sensato anticiparse tanto como para pretender poner remedio a lo que todavía no ha sucedido.


 Pero sobre la prevención de accidentes de tráfico podemos decir algo más aquí recordando lo que apuntaba Iván Illich. No basta con las limitaciones de velocidad, los semáforos, La prohibición de drogas y alcohol al volante, los cinturones de seguridad, los cascos para las motos para reducir los accidentes de tráfico; habría que reducir el tráfico a lo imprescindible, que sería el transporte de mercancías y no tanto el de personas, que disponen para sus traslados naturalmente de sus extremidades inferiores. Hasta tal punto nos hemos dejado esclavizar por los vehículos que hemos renunciado al uso de nuestros propios pies, con las nefastas consecuencias que eso conlleva para nuestra salud.

Ya que he mencionado aquí al llorado Iván Illich, recordemos su triple caballo de batalla: Si la gente se hace cada vez más cautiva de una velocidad que la retrasa, de una instrucción que la embrutece y de una medicina que le desequilibra la salud, es porque más allá de cierto umbral de intensidad la dependencia de bienes industriales y de servicios profesionales destruye la potencialidad del hombre, y la destruye de una manera específica. (Párrafo entresacado de su ensayo 'La convivencialidad'). Triple paradoja: velocidad que retrasa, instrucción que embrutece y medicina que nos enferma convirtiendo a todas las personas en pacientes sin estar enfermas. 


 Me viene como anillo al dedo esta viñeta del tebeo En Patufet, núm. 1699, publicado en Barcelona en catalán que vierto al castellano, que no dejan de ser dos lenguas hermanas e hijas del latín, el 6 de noviembre de 1936. Se trata de un diálogo entre un científico 'loco' que dice "-Mire, acabo de inventar un específico que me hará ganar una fortuna". Un paisano le pregunta: -¿Y qué enfermedad curará ese específico?" Y el científico despistado, que se da cuenta de que ha puesto el carro antes que los bueyes, reconoce: -"¿Eh? Ah, la enfermedad no la he inventado todavía."


 

miércoles, 25 de agosto de 2021

Pecunia non olet o el dinero inodoro.

    El emperador Vespasiano, según cuenta Suetonio en sus Vidas de los doce césares (VIII, 23, 3), puso un impuesto al uso de las letrinas públicas en Roma. Así lo cuenta en la biografía que le dedica a este emperador: reprehendenti filio Tito, quod etiam urinae uectigal commentus esset, pecuniam ex prima pensione admouit ad nares, sciscitans num odore offenderetur; et illo negante: 'atquin,' inquit, 'e lotio est.' Al reprocharle su hijo Tito que hubiera ideado hasta un impuesto sobre la orina, le puso ante las narices las monedas de la primera recaudación, preguntándole si le ofendía su olor; y al responder aquel que no, "Y sin embargo, le dijo, es de la orina".

    Al parecer, según la inevitable Güiquipedia, en la antigua Roma, era común que la orina recogida en las letrinas públicas se aprovechase con fines industriales. El ácido úrico era muy apreciado por los curtidores de pieles, que lo usaban para adobar sus cueros, y por los bataneros que golpeaban los paños en el batán para desengrasarlos y enfurtirlos, así como por los lavanderos, quienes por su contenido en amoníaco lo empleaban como detergente de las manchas de grasa y para blanquear las togas de lana. Probablemente Vespasiano les hizo pagar un impuesto por el derecho de colocar recipientes en los urinarios públicos y vaciarlos después. 

Letrinas públicas de Ostia antigua.

    La frase como tal "(pecunia) non olet" no aparece en la narración de Suetonio, pero se trata de una glosa. Cuando Vespasiano le pregunta a su hijo si le ofende el olor del dinero recaudado, él dice que no, lo que sería algo así como: "Non olet". No huele, es decir, no huele mal -hay que sobreentender. Se da a entender que no hay que preguntarse por la procedencia del dinero, si es blanco o negro, dado que de cualquier forma es válido, significando que el dinero vale lo que vale, independientemente de su procedencia. Me recuerda a aquel proverbio chino que nos trajo de la China el expresidente del gobierno español don Felipe González: "Gato blanco o gato negro, no importa; lo que cuenta es que cace ratones", con el que quedó retratada su catadura ética y moral no sólo como persona sino como gobernante que ha sacado provecho de leer a Maquiavelo.

    Hay dinero negro, que escapa al control fiscal. Y dinero sucio, que suele ser dinero negro obtenido por medio de actividades ilícitas. Las expresiones dinero “negro” y “sucio” son perversas, porque dan a entender implícitamente que hay otro dinero “blanco” y “limpio”, que sería el que ganamos honradamente con el sudor de nuestra frente. 

    Hay quienes hacen dinero: y se hacen ellos mismos dinero, pudriéndose en el vil metal, como el rey Midas, prototipo de los modernos banqueros, quien todo lo que tocaba lo convertía en oro, es decir, en mierda, como en numerosos cuentos populares. La expresión “dinero falso” también es intrínsecamente perversa porque da a entender que hay un “dinero verdadero” que sería el de curso legal, cuando todos en el fondo sabemos que todos los billetes que hay en realidad son falsos, y el dinero la más falsa y abstracta de las monedas, pero no por ello menos real, sino realísima realidad de realidades. 

  
    La paulatina desaparición del dinero físico y su sustitución por el digital, numérico, electrónico, virtual o plástico -aún no dispone de un nombre comúnmente aceptado-, lejos de suponer el fin del dinero o una metamorfosis esencial, pone en evidencia no una nueva forma, sino su forma verdadera, lo que era y es su esencia misma: deuda numérica que hemos contraído.

    Sin duda, nos encaminamos hacia una sociedad sin dinero en metálico y a un dinero líquido efectivamente inodoro, incoloro e insípido como el agua, pero no por ello menos real que el metálico que conocemos desde la acuñación de la primera moneda en la antigüedad. La pandemia nos ha enseñado que el dinero en efectivo es malo para el medio ambiente y además está contaminado con gérmenes y virus al pasar de mano en mano, al estar estas a menudo sucias o no desinfectadas con los geles hidroalcohólicos apropiados. Ya se da por hecho consumado un futuro sin cash, por decirlo en la lengua del Imperio. Hasta algunas parroquias y mendigos y músicos callejeros pasan ya en lugar de la gorra para que les echemos la limosna de la calderilla, un código de Quick Response. El objetivo de la eliminación del dinero físico no es otro que aumentar el control social, y es algo que ya lleva tiempo en marcha, si bien se ha acelerado con la propagación del virus coronado a raíz de la declaración de la pandemia.

 

Vespasiana callejera
 
     En lengua francesa se denomina "vespasienne" (vespasiana) a los urinarios públicos para hombres que instaló el prefecto Rambuteau en los años 1834-1835 en París, de donde se extendieron a otras ciudades, tomando el nombre del emperador Vespasiano que había gravado los urinarios con el impuesto susodicho.

lunes, 23 de agosto de 2021

Siete estampitas

 

El alcalde de Madrid pide a la Virgen de la Paloma que acabe con la maldita pandemia y le reprochan que no se encomiende a la Ciencia, que es la nueva religión.

 

Cantabria registra dos nuevos fallecimientos: una mujer de 89 años y un varón de 84, víctimas ambos de la enfermedad de la que se habían al parecer inmunizado.

 

El comediante, director y autor británico recibió la comunión de la dosis de la Santa Vacuna en la abadía de Westminster y declaró que fue "maravilloso".

 

Algunos directores de colegios alemanes compasivos establecen Atem-Ecken, rincones del aula donde los niños pueden quitarse un ratito la mascarilla y respirar.

 

¡Bienvenidos al CIRCOVID! Todos los días desde hace año y pico triple sesión matutina, vespertina y nocturna: el mayor espectáculo del mundo. Éxito de público. 
 
 

Cuatro policías franceses controlan, a falta de cosa mejor que hacer, que los que toman algo en una terraza tengan pase 'sanitario' que acredite su inoculación.

 

 

MAÑANA: tiempo ideal e intangible, siempre futuro, en el que creemos que van a poder cumplirse todos nuestros sueños y vamos a ser felices, ilusos de nosotros.

domingo, 22 de agosto de 2021

El mito de Europa

No sólo los antiguos creían en los mitos. También los modernos creemos en ellos, otros mitos pero mitos al fin y a la postre. El problema es que muchas veces nos pasa desapercibido el carácter mítico de nuestras propias creencias, de nuestras supercherías; tan nuestras que son y tan firmes y arraigadas como las tenemos, no somos capaces de verlas en primer lugar y de cuestionarlas mínimamente con sentido crítico en última y no menos importante instancia. 


El rapto de Europa  Max Beckmann (1933)

Un buen ejemplo puede ser el mito de Europa, de la que tanto se oye hablar últimamente a propósito de la Unión Europea. Para los antiguos, Europa era una princesa fenicia de la que se enamoró Zeus o Júpiter, que le decían los romanos,  cuando la vio jugando con sus amigas en la playa de Sidón, o de Tiro, según otras fuentes. El dios, enardecido de amor por la belleza de la muchacha,  se transformó en un toro de resplandeciente blancura y cuernos en forma de luna creciente -"media Luna los cuernos de su frente", que cantó Góngora-; y se tumbó  mansamente a los pies de la doncella. Ella, asustada al principio, cobró ánimo y acabó confiándose, acariciando al toro y sentándose sobre su lomo, momento en el que la bestia aprovechó para lanzarse al mar y llevársela consigo. 

La travesía, rumbo a Occidente, acabó en la isla de Creta, donde el dios -el "mentido robador de Europa"  según el verso gongorino o el "engañoso toro" según el hendecasílabo de Lope- que la raptó se une carnalmente a la virgen, y, como recompensa, otorga el nombre propio de la princesa a esa parte del mundo donde se había producido su unión: había nacido Europa como fruto de un rapto y de una violación.

El rapto de Europa, Tiziano (1562)

El toro, cuya forma había adoptado Zeus se convirtió, posteriormente, según la leyenda, en una constelación que fue colocada entre los signos del zodíaco y que conserva, como cultismo, su antiguo nombre: tauro.

Así canta el poeta Horacio, en su Oda III, 27, versos 25-76 la historia en estrofas sáficas (tres hendecasílabos al modo de Safó de Lesbos y un adonio, que es la continuación del tercero con un pentasílabo dactílico):  Tal Europa blanco el costal al falso / toro le confió, y ante el mar preñado / de alimañas palideció la osada, y entre peligros. / Ávida hace poco de flor en prados / y del ramo artífice grato a ninfas, / nada vio en la noche difusa, salvo olas y estrellas. / Y ella, cuando a Creta arribó, notable /  por cien villas, díjole: “Padre, oh nombre / de hija que he dejado y piedad vencida por mi arrebato, / ¿desde dónde a dónde llegué? Es la muerte / poco a error de virgen. ¿Lamento en vela / torpe acción, o búrlame de pecados libre, la imagen / vana, que al salir por la marfileña / puerta trajo el sueño? ¿Mejor ha sido / ir por vastas mares o hacer de flores frescas manojo? / Si alguien hoy me diera al infame toro, / irritada yo intentaría herirlo / a cuchillo y cuerna romper al monstruo antes bienquisto. / Sin pudor dejé la paterna casa. / Sin pudor retraso mi muerte. Oh, si uno / de los dioses me oye, que entre leones yo ande desnuda, / antes que una torpe vejez arrugue / frescas mis mejillas y el jugo huya / de esta tierna presa, ser pasto hermosa quiero de tigres. / ¡Vil Europa, te urge tu padre ausente!  / ¿Qué, a morir esperas? De fresno puedes / tal colgar tu cuello con ceñidor que bien te acompaña. / O si gustas para morir escollos / y arduas rocas, ea, a borrasca date / ya veloz; si hilar la servil tarea, sangre de reina, / no prefieres, y a ama extranjera darte / concubina.” Venus se hallaba al lado / de quejosa riéndose en falso, y su hijo, / su arco depuesto. / Luego, habiendo mucho reído, dijo: / “Te abstendrás de iras y bruscas riñas, / cuando el toro que odias te dé sus cuernos / que quebrarías. / Ser la esposa ignoras de Jove invicto; /  deja tu sollozo, a llorar aprende / bien tu gran fortuna: tendrá tu nombre parte del mundo”. 


 Europa, fotografía de Madame Yevonde (1935)

En la oda de Horacio que hemos leído, Europa no ha sido totalmente abducida, sino seducida por el toro bravo, lo que explica sus sentimientos de culpabilidad, como si ella misma fuera responsable de haberse dejado arrastrar por la fuerza descomunal del deseo en forma de poderosa y bravía res.  

 
En la literatura española son muchos los tratamientos de este tema, podemos tomar como ejemplo el soneto núm. 87 de Lope de Vega “De Europa y Júpiter” que da voz a Europa quien, una vez desvirginada, derrama lágrimas (perlas) y lamenta la pérdia de su virginidad (“¡perdí las flores!”): Pasando el mar el engañoso toro, / volviendo la cerviz, el pie besaba / de la llorosa ninfa, que miraba / perdido de las ropas el decoro. / Entre las aguas y las hebras de oro, / ondas el fresco viento levantaba, / a quien con los supiros ayudaba / del mal guardado virginal tesoro. / Cayéronsele a Europa de las faldas / las rosas al decirle el toro amores, / y ella con el dolor de sus guirnaldas, / dicen que lleno el rostro de colores, / en perlas convirtió sus esmeraldas, / y dijo: «¡Ay triste yo!, ¡perdí las flores!».

Son muchos los pintores, además, que han plasmado en sus lienzos el rapto de Europa en todos los tiempos, desde Tiziano, como hemos visto arriba, hasta Picasso, por ejemplo, o Botero entre los contemporáneos. Ellos han alimentado el mito del que luego se han aprovechado los gobiernos para dar vida al fetiche político y económico, tanto monta, de una entidad fantasmagórica.  

El rapto de Europa, Maarten de Vos (1590)

El simbolismo de esta princesa fenicia, por otra parte, está abierto a toda clase de sugerencias e interpretaciones: "ex Oriente lux" dice el proverbio latino, que significa que de Oriente nos viene la luz del sol, como vienen de Oriente los Reyes Magos, en la tradición cristiana, a adorar al recién nacido... Y de Fenicia, en concreto, tomaron los griegos algo tan importante y crucial para nuestra cultura como el alfabeto, que es el origen del abecedario latino que empleamos hoy casi universalmente.  Así que de Oriente nos vino, al menos, la escritura alfabética, y con ella el comienzo de la historia humana propiamente dicha.
 
 
Europa, Valentin Serov (1910)

Los mitos modernos, tales como el Progreso, Europa, la Democracia, los Mercados, la Ciencia... y un larguísimo etcétera son mucho más prosaicos que los antiguos, como podéis comprobar, pero no menos poderosos y más dogmáticos, por lo que no es mal ejercicio desmitificarlos, es decir, analizarlos, disolverlos como si de un análisis químico se tratara. Nos exigen no sólo la fe ciega de que creamos en ellos sin ponerlos nunca en tela de juicio, como antes hemos dicho, sino también  que hagamos algún sacrificio que otro en sus altares,  sacrificio que a veces consiste en nuestro propio holocausto.

 Rapto de Europa, Botero (1995)

"Somos conscientes de los sacrificios exigidos para fortalecer Europa", ha dicho recientemente un prohombre del Estado y político de las finanzas elegido democráticamente. Lo ha dicho en pleno siglo XXI de la era moderna. Ha querido decir que hay que fortalecer el dogma de un artículo de fe, un mito ("Europa"), que hay que darle credibilidad -ahora no dicen "fe", que suena a religión, sino "credibilidad", que es lo mismo pero parece más moderno y distinto porque,  frente a la monosilábica "fe",  la "credibilidad" tiene nada más y nada menos que el empaque de cinco sílabas, lo que le da mucha más enjundia a la palabra. Hay que fortalecer a Europa, ha dicho,  aunque exija en sus aras y a tumba abierta  el sacrificio de todos los europeos.


En la moneda griega de dos euros figura hoy, qué paradoja, el rapto de Europa, dando a entender mucho más de lo que parece que representa. ¿No será acaso el toro bravo hoy en día una metamorfosis no ya del obsoleto Júpiter o del no menos rancio Zeus, sino del propio Euro, la "moneda única" que es la última epifanía del poderoso caballero Don Dinero (Quevedo dixit), o Das Kapital, que diría don Carlos Marx, el nuevo, único y moderno dios verdadero que rige los destinos no sólo de la llamada comunidad o Unión Europea,  que necesita estar constantemente fundándose y refundándose,  sino también del mundo mundial entero? 
 

Una muestra del humor genial de Forges abunda sobre el mismo tema, muestra el moderno "rapto" de Europa.