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domingo, 31 de mayo de 2026

Análisis irrelevantes de titulares periodísticos

Más de 2.500 personas protestan entre petardos, campanos y bengalas contra los despidos en la fábrica de Nestlé de La Penilla de Cayón (Cantabria): "Somos personas, no números” Sin embargo, los manifestantes han sido computados a ojo de buen cubero numéricamente por el periodista. Son dos mil quinientas personas las que protestan por los despidos que van a producirse en la fábrica y que van a afectar a los trabajadores y a sus familias. Cuantos más numerosos sean los que protestan, más consideración tendrá su protesta, aunque precisamente lo que tratan de decirnos es que no son números, sino personas, que no importa la cantidad sino la cualidad. Lo cierto es que las personas, desgraciadamente, somos,  por lo pronto, tres números: el de nuestro Documento Nacional de Identidad (o Pasaporte, en su defecto), el de la Cuenta Bancaria por la que recibimos los emolumentos, y el de nuestro Teléfono Móvil. Da igual, por lo tanto, que seamos unos pocos que millares. 
 
 
Miles de personas exigen que bajen los precios del alquiler: «Trabajamos para vivir, no para pagar» Manifestantes en Madrid, Zaragoza, Teruel y Badajoz se unen ante los elevados alquileres, que obligan a los inquilinos a destinar gran parte de su sueldo a la vivienda. Miles de personas protestan ahora en varios puntos de la geografía nacional afirmando que trabajan para vivir (porque no quieren reconocer que, en realidad, viven para trabajar, condenados como estamos por la maldición divina veterotestamentaria desde la bíblica expulsión del jardín del edén: “Mediante el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra de que fuiste formado: puesto que polvo eres, y a ser polvo tornarás”). Dicen que trabajan para vivir, no para pagar, como si no fueran la misma cosa, porque vivir consiste, entre otras cosas, en pagar una vivienda, ya sea en propiedad o en alquiler, es decir, un nicho funerario. 
 
 
 
Europa se asfixia con una “cúpula de calor” histórica para un mes de mayo. Los termómetros se han disparado por encima de los 30 grados en ciudades como Londres o París. No estamos ante la típica ola de calor, sino ante otra cosa: una cúpula o domo de calor (traducción del inglés 'heat dome'), que no es lo mismo. No hay que confundir la causa con el efecto: la cúpula es la causa, y la ola el efecto. Dos metáforas meteorológicas que nos regala la agencia estatal de meteorología. Un sistema de altas presiones se estanca sobre una región, como la tapa gigante de una olla. Esta presión actúa como un escudo que disipa y evita la formación de nubes, lo que permite que la radiación solar golpee directamente el suelo sin filtro, elevando los termómetros día tras día, y achicharrándonos a fin de que nuestros gobernantes puedan predicar: “La Ciencia lleva décadas avisándonos sobre las consecuencias que trae consigo la emergencia climática”. Y una vez declarada una emergencia, ya sea sanitaria, bélica, climática o de la índole que sea, ya están ahí los papás Estados y sus gobiernos para protegernos y 'resolver' la papeleta.
 
 
La popularidad del canciller alemán está en caída libre: su partido político, XYZ, debate sobre su sucesor. Para un gobernante democrático no hay nada peor que perder la popularidad, es decir, la aceptación y el aplauso, o al menos el reconocimiento, que tiene entre el pueblo. 
 
 
La NASA seguirá adelante con sus planes para una base lunar habitable. La agencia espacial estadounidense planea construir una estación en la Luna donde los humanos puedan vivir permanentemente. Para ello, se enviarán vehículos exploradores y drones. Se espera que, a partir de principios de la década de 2030, la estación lunar -que podría abarcar cientos de kilómetros cuadrados- sea habitable de forma permanente para asegurar la presencia humana, como si no viviéramos ya en la más loca de todas las lunas, que es esta Tierra. 

domingo, 29 de agosto de 2021

Un montón de mentiras

    En el cuento "7 de marzo de 1936" de Henry de Montherlant incluido en su libro de ensayos "El equinoccio de septiembre" un muchacho que puede ser movilizado en cualquier momento y partir a la guerra dialoga con su padre.

    El hijo ustedea a su padre, como era costumbre entonces cuando aún no se había generalizado el tuteo entre los hijos y sus progenitores. (Recuerdo que mis padres mismos me contaron que ellos habían tratado de usted a los suyos cuando eran jóvenes, cosa que los de mi generación, que empezamos a tutear a los nuestros, no entendíamos).

    Oigamos parte de su diálogo en el que el hijo se extraña de que su padre no tenga noticias de la movilización: -¿No lee usted entonces los periódicos? -¡Nunca! Un día sin periódicos es un día purificado, liberado, despejado. -Sin embargo en tiempos turbulentos... -Precisamente en tiempos turbulentos es cuando no hay que leerlos. 

 


    El hijo, que tiene diecinueve años pero parece más joven, no se queda a cenar con su padre porque ha quedado con su novia. El padre no se lo reprocha. Lo comprende. El hijo no sabe si podrá volver al día siguiente o tendrá que partir antes al frente. El padre no le da un beso cuando se despiden. No porque no quiera a su hijo, sino porque está convencido de que no hace falta ninguna manifestación externa de sus sentimientos: Por un momento, el hombre se preguntó si besaría a su hijo. Pero no. Su hijo sabía que lo quería. Cuando se quiere de verdad a alguien, no hay necesidad de besarlo, no hay necesidad de decírselo. Solo las mujeres tienen esta pasión de sentirse infinitamente tranquilizadas.
 
    Al día siguiente, su hijo no fue a almorzar. Y el hombre supuso que habría sido movilizado. Salió a la calle. Compró tres periódicos y buscó la confirmación de lo que temía: Odiaba los periódicos. A veces pasaba quince días sin abrir uno. Ahora tenía tres entre sus manos, que leía, detenido en medio de la calzada. Todo lo que había eran mentiras, y él se atiborraba de ellas, sabiéndolo. El despacho de la agencia que había leído en un periódico, lo releyó de cabo a rabo en los otros dos.
 
 
  
    Hoy ya casi nadie lee periódicos de papel. Sus ventas han descendido notablemente. Ahora los periódicos se reinventan en las pantallas de la red con todo lujo de imágenes a color fijas y en movimiento y documentos sonoros, mediante suscripciones de pago que se hacen, como casi todo en esta vida virtual, on line
 
    Ahora ochenta y cinco años después, los periódicos digitales siguen mintiendo y publicando “un tas de mensonges”, o sea, un montón de mentiras, como diría Montherlant. Y nada más que eso; mentiras y más mentiras. No cuentan ni la mitad de las cosas que pasan, y no es verdad la mitad de las cosas que cuentan. Los periodistas son los terroristas, los que viralizan el terror haciéndolo crónico: la información es publicitaria propaganda. 
 
 
    Cuando parece que se agota el miedo al virus coronado, decadente ya y nunca tan letal como pronosticaron torticeramente, remozan otras remesas de miedos que sacan enseguida a relucir a la palestra mediática: miedo a la guerra de Pallaquistán y al Imperio que contraatacará, miedo al fundamentalismo religioso, miedo al cambio climático, miedo a una nueva recrisis económica que provocará desabastecimiento de suministros, hundimientos de las Bolsa y los mercados, miedo a un apagón digital que nos sumirá en la oscuridad de la noche informática planetaria... –no fuera malo esto último, como decimos por aquí abajo, pero no caerá esa breva porque si cae la breva luego no cogeremos el higo, y habrá que recomenzar el ciclo al revés: de higos a brevas y vuelta a comenzar.