sábado, 1 de agosto de 2026

Contra el cambio climático y otras contrariedades

 ¡Qué horrible sería la vida, creen algunos, si la ultraderecha llegase al Poder! Pero no hace falta que llegue porque ya gobierna: el Poder es la ultraderecha.

A las 'personas mayores' entradas en la tercera edad que este verano sea el más caluroso de la historia nos suena sin remedio a disco rayado de vieja cantilena.

 Sus señorías y señoríos se van de veraneo durante el mes de agosto, no vaya ser que les dé un golpe de calor en sede parlamentaria que les derrita la sesera. 

Este es el estío, sin duda alguna, más caluroso que todos los demás habidos y por haber, por la sencilla razón de que es el que ahora mismo nos toca padecer.

Si alguien dudaba aún del cambio climático, dicen, creerá en él tras este verano, como si la duda fuera -y no la creencia- el mayor síntoma de humana estupidez.

  Hace no tanto el calentamiento global iba a depararnos grandes sequías. Ahora, tras las lluvias primaverales, hablan de cambio de clima, y huele a chamuscado.

Viñeta de Ramón

Si la mayoría de los incendios los provoca el hombre, ya sea accidentalmente o adrede, ¿de qué sirve convencernos de que el cambio climático es el responsable?

Como ha llovido mucho este año, no hay agoreros de embalses semivacíos que tardarían años en volver a llenarse, ya que hubo que abrir las compuertas de desagüe.

¿No es hora ya de que detengan al Cambio Climático, lo sienten en el banquillo, y lo juzguen y condenen por asesinato con alevosía y premeditado ensañamiento? 

Habrá que ver, dijo el ciego, el eclipse de Dios con las gafas homologadas de cristales ahumados, igual que los incendios forestales que nos echan por la tele.

 Hemos asistido a muchos veranos tórridos antes que este. Recuerdo alguno madrileño que yo intentaba apagar en vano con cerveza, horchata y granizado de limón.

No ha concluido una ola de calor cuando ya se inaugura otra que viene rauda y veloz a superponerse a esa. ¿Otra? ¿Nueva? ¿No será la misma de todos los veranos?

 El turisteo se hace no por amor al viaje (ya no hay viajeros, solo turistas), sino para poder decir y documentar que uno, como Dios manda, se va de vacaciones.

 Los incendios forestales, retransmitidos por todos los medios, plataformas y canales, hacen que cunda el pánico y suban irremediablemente las temperaturas.

El rey troyano Príamo cuando recuperó a su hijo Paris exclamó alborozado: “¡Que arda Troya!” Y Troya ardió, pero una nueva Troya, Roma, resurgió de sus cenizas.