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viernes, 19 de junio de 2026

Hombre a medida

    Releyendo el otro día ¿Qué es lo que pasa? de ¿Agustín García Calvo?, edit. Lucina, 2006, me sorprendió la traducción que daba del axioma de Protágoras (Platón, Teeteto, 152 a) : De todas las cosas es medida el hombre, de las que son lo que sean en cuanto que él es lo que es, y de las que no son lo que no sean en cuanto que él no es lo que no es
 
    En la primera parte de la frase, que es la más conocida y citada, no hay ningún problema de traducción ni de interpretación. Todas las versiones consultadas coinciden en lo mismo: Πάντων χρημάτων μέτρον ἐστὶν ἄνθρωπος: El hombre es la medida de todas las cosas. Se ha entendido siempre como que no hay valores o verdades universales válidos para todos: lo que es bueno para algunos puede no serlo para otros, ya que la experiencia de cada cual constituye el criterio de verdad por la propia percepción de la realidad. 
  
  
    La traducción de García Calvo de la segunda parte de la frase sorprende por su carácter de glosa que alarga quizá innecesariamente la frase: de las que son [lo que sean] (τῶν μὲν ὄντων) ... y de las que no son [lo que no sean] (τῶν δὲ οὐκ ὄντων). Las traducciones consultadas en varias lenguas se limitan a decir: de las que son y de las que no son. Los añadidos del traductor “lo que sean” y “lo que no sean” están implícitos en los participios, por lo que podemos considerarlos innecesarios por superfluos, una paráfrasis más que una traducción literal. 
 
    Pero lo que me llamó la atención de la versión propuesta es la interpretación del ὡς ἔστιν,  que se traduce, en el primer caso, “en cuanto que él (sc. el hombre)  es lo que es”, y del ὡς οὐκ ἔστιν, en el segundo, que es su negación: “en cuanto que él no es lo que no es”. Es ahí donde radica la mayor diferencia con las traducciones consagradas, que interpretan que el sujeto de este verbo no es el hombre de la primera frase, sino “las cosas que son”, por lo que vierten así su contenido: 
    -«El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto que no son».
    -«L'homme est la mesure de toutes choses, de celles qui sont pour ce qu'elles sont et de celles qui ne sont pas pour ce qu'elles ne sont pas». 
    -«Man is the measure of all things, of the things that are, that they are, and of things that are not, that they are not». 
    -«Der Mensch‚ das Maß aller Dinge‘ sei‚ derjenigen, die sind, so wie sie sind. Derjenigen, die nicht sind, so wie sie nicht sind». 
    -«L'uomo è misura di tutte le cose: di quelle che sono, in quanto sono, e di quelle che non sono, in quanto non sono».
 
 
    La interpretación de García Calvo considera, a modo de lectio facilior, que si el verbo está en singular su sujeto puede ser perfectamente el hombre. Tradicionalmente se ha preferido la lectio difficilior que considera que el sujeto es el plural neutro “los seres, las cosas que son” τὰ ὄντα (ta onta). Sin embargo, más adelante, en el mismo libro, García Calvo ofrece otra versión introduciendo anacrónicamente, como reconoce él, el verbo “existir”, e intentando recoger ambas lecturas posibles en una sola: “El Hombre es metro o medida de las cosas todas, de las que existen en cuanto existen y él existe, y de las que no existen en cuanto no existen y él no existe”. 
 
    Quizá no debamos, sin apartarnos de la traducción tradicional, despreciar el añadido de García Calvo. Podemos entender que, en efecto, el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son (y él es una de ellas de las que es medida)  en cuanto son y de las que no son (y él es una de ellas de las que es medida) en cuanto que no son”. Como comenta el autor en la obra citada, no hay que interpretar en todo caso la frase de una forma positiva, como suele hacerse ordinariamente, en el sentido de que el hombre es el rey de la creación o algo así, sino negativamente, como una declaración de que nosotros, el Hombre, no podemos entender lo que pasa con la Realidad porque la tenemos que tomar reducida al nivel de nuestra medida, tomando nuestro tipo de lenguaje, el humano, como si fuera la lengua o razón misma. La gran dificultad de toda filosofía o ciencia consiste en que está siempre demasiado bien ajustada a la medida humana; hasta las teorías más sutiles que esploran (sic, como se pronuncia) los enredos de la 'medida' son también demasiado humanas; y así no se puede ir muy lejos en cuanto a descubrir la falsía de la Realidad; pero ello es que 'el Hombre' no es más que un caso de las cosas, y “todas las cosas hablan”, cada cual a su manera.
  
    No puedo, sin embargo, pasar por alto la valiosa sugerencia del poeta francés Paul Valéry sobre el problema del homo-mensura u “hombre-medida”, a quien le parecía oscuro el final de la frase y por eso mismo digno de interés, y en sus Cuadernos (C. XV, 415) escribía: No es el verdadero texto según me parece. Yo cambiaría los “evaluadores” y lo diría al revés: τῶν μὲν ὄντων ὡς οὐκ ἔστιν, τῶν δὲ οὐκ ὄντων ὡς ἔστιν. Es decir aplica la negación a las cosas que son y la afirmación a las que no son, afirmando el no ser y negando el ser. Y añade “pues tal es la fuerza extraña del hombre que da a lo que no es poder y efectos de existencia (en un sistema o dominio que es por lo tanto recíproco) y elimina o rechaza a lo que es sus caracteres. A primera vista esta permutación de los evaluadores que propone Valéry invierte totalmente el sentido de la fórmula, de la que cree así haber encontrado su sentido original. Las cosas que no son serían las cosas que no son reales, y serían todas las construcciones imaginarias del hombre en general y, en particular, las del artista. Para Valéry las cosas que son no pueden conjugarse en presente, porque nada es lo que es, es decir, lo que parece.

miércoles, 10 de junio de 2026

¿Qué es el Estado?

    Se ha publicado en castellano a cargo de Ediciones El Viejo Topo, 2026 el ensayo de Paolo Botta titulado ¿Qué es el Estado? (traducción de “Cos' è lo Stato", Rogas Edizioni, 2025), que lleva como subtítulo en castellano “capitalismo, democracia y socialismo en el siglo XXI”.
 

    Después de preguntarse qué es el poder y qué es la política, aborda en el capítulo tercero la pregunta que da título al ensayo: ¿Qué es el Estado? La primera definición que ofrece es que es una organización, algo evidente, pero necesario decirlo. Afirma: No es una entidad abstracta que se esconde en los cielos o en un fantástico hiperuranio (donde residen las ideas de Platón). El Estado es una organización formada por hombres de carne y hueso, funcionarios, empleados, policías, militares, etc. El Estado es una realidad. Recuerda a Max Weber que ponía al Estado en el centro del poder porque detiene el monopolio de la fuerza y de la violencia legítima en el ámbito de un territorio determinado y que se funda sobre la utilización del ejército y de una amplia burocracia que gestiona su complejidad organizativa basándose en las leyes y el derecho. Resulta interesante la observación que hace de que no son los Estados quienes deciden los destinos de la humanidad, sino los pueblos en el ejercicio de su soberanía. Ciertamente, así debería ser, pero los pueblos han «delegado» de hecho en los Estados su gobierno.
 
    Todo ello hace necesario, según el autor, un gobierno y en consecuencia una entidad organizativa que pudiera desplegarse por el territorio para ofrecer servicios, asistencia, pero también instrumentos de coerción cuando son precisos, aunque también para obtener el consenso de la gente a través de la propaganda ideológica y de la educación. 
 
 
    Afirma Botta que el Estado es el corazón y el alma de la política, algo que ya estaba implícito en esta última palabra, derivada de polis, la forma griega de la ciudad-estado. La pluralidad de Estados -en el mundo hay cerca de doscientos- se complica con la existencia de diversas entidades u organismos supraestatales. Sin embargo, el Estado nacional no está en decadencia, como creen algunos, sino que simplemente ha reconfigurado su soberanía y protagonismo, a menudo ocultados tras las narrativas ideológicas de la globalización y el neoliberalismo. Concluye diciendo que los Estados existen, y que no están en crisis como afirma una retórica poco convincente, sino todo lo contrario.
  
    Paolo Botta había publicado, como adelanto de su libro, el artículo "Del occidente en crisis al modelo chino: el camino socialista en el siglo XXI",  cuyo título ya lo dice todo: pone a China como ejemplo concreto de un socialismo del siglo XXI capaz de generar crecimiento, innovación y estabilidad.
 

    El ensayo de Paolo Botta «¿Qué es el Estado?», desde una óptica neomarxista y geopolítica, analiza las nuevas formas de socialismo, centrándose en la experiencia china como paradigma alternativo de la crisis occidental. Pone en evidencia las diferencias notables entre el modelo occidental y la relación con China, cuyos caracteres generales no son asimilables absolutamente al capitalismo tout court, “sino que contienen elementos típicos de una fase de transición hacia el socialismo, en un contexto de gran originalidad por la presencia de elementos que hunden sus raíces en la tradición china”. Ahora tendríamos que adjudicarlo al actual Estado chino, esa república popular, monárquica y comunista, que va camino de ser la primera potencia capitalista del siglo XXI.
 
    A Marx le gustaba el capitalismo por su eficiencia económica en el desarrollo tecnológico y de la industria; imaginaba lo que eso sería en manos del proletariado; pero el Estado le gustaba poco, solo por el tiempo imprescindible; pensaba que tanto el Estado como el Capitalismo serían necesarios en los primeros tiempos de la revolución comunista, pero que a la larga, una vez consolidado el desarrollo capitalista bajo la dictadura del proletariado, sería necesario abolir el aparato del Estado, por ser este incompatible con la desaparición de las clases y la emancipación humana (objetivo último de la revolución). Sin embargo, no se sabe de ningún partido marxista, ni neomarxista, que a día de hoy suscriba tal intención de abolir el Estado, ni pronto ni a la larga, como tampoco se sabe de ninguno que reclame la abolición de la propiedad privada y del trabajo asalariado, que serían las medidas más básicas de cualquier proyecto realmente anticapitalista.
 
    El ensayo de Botta me trae a la memoria el homónimo de Agustín García Calvo Qué es el Estado que publicó la Gaya Ciencia en 1977, recogido en 1980 por el autor y publicado en Actualidades, editorial Lucina, sin las ilustraciones de la edición original, con unas pocas correcciones y la adición de un párrafo, y reeditado en 2019 por Ediciones El Salmón. Sin embargo, no tiene nada que ver el uno con el otro. Botta no se limita, como el título indica, a preguntarse qué cosa sea el Estado, sino que, dándolo por bueno, aboga por la defensa de un Estado-nación presuntamente anticapitalista. Mientras que García Calvo escribe una diatriba contra el Estado. Al preguntarse qué es, destruye la idea que lo sustenta. 
 
    Sería interesante que se reeditara el Qué es el Estado de García Calvo en 2026, quien sostenía que Estado y Capital eran la misma cosa y que funcionaban como las dos caras de una misma moneda para disimular su dominio unificado sobre la sociedad, manifestándose en elementos de la vida cotidiana como la burocracia, los impuestos, las estadísticas, los documentos de identidad, la educación obligatoria, las fronteras y las leyes.  
 
    Todo Estado es capitalista, y está en la esencia del Estado el ser capitalista, por la razón de que todo Estado es totalitario y es esencia del Estado el ser totalitario. El Estado es totalitario porque es la forma perfecta o cerrada de organización política, en la cual el proyecto de organización, el proyecto de un Orden establecido por el saber humano y funcionando según el Plan de la Autoridad, sólo podrá cumplirse si ese Orden se refiere a un conjunto definido y numerable, a un verdadero Todo. Particularmente novedoso era su descubrimiento de la relación entre el Estado y el individuo personal, que puede afirmar de alguna manera no solo 'el Estado soy yo', sino también 'yo soy el Estado'. Definía la función esencial del Estado como “administración de la muerte”, diferenciándolo de “pueblo” que es una entidad sin voluntad de matar. Criticaba la idea de que el Estado evita el caos, ya que el orden estatal no se impone sobre el vacío, sino sobre un orden previo más sabio nacido de las relaciones comunes. Sin embargo, se hace para mucha gente una entidad necesaria y aun querida por temor a lo desconocido. E invitaba finalmente a las mujeres a liberarse de la Mujer y a liberar a los hombres del Hombre, de Dios y del Estado que es Su Casa más perfecta, equiparando a Dios con el Estado, como hiciera Bakunin.


viernes, 8 de mayo de 2026

La partícula de Dios

    Publicaba Alberto Montt una simpática viñeta sobre el bosón de Higgs, la llamada partícula de Dios, en su página electrónica, una viñeta que quiere hacernos reflexionar provocándonos a la vez una escéptica sonrisa, como es costumbre en el dibujante chileno. Se puede ver al demonio a la izquierda preguntando a unos cuantos dioses a la derecha con un significativo y gracioso juego de palabras, de quién de ellos, particularmente, es la susodicha partícula.

 

    Vemos, empezando por la izquierda, a Dios, el dios cristiano con el triángulo en la cabeza que representa la sagrada trinidad, el dios por antonomasia, cuyo nombre propio es el nombre común "dios" escrito con mayúscula "Dios",  seguido de Mercurio (Hermes para los griegos), que es el mensajero de los dioses olímpicos;  detrás de él distinguimos a Ganesha, el dios de cabeza de elefante, maestro de la inteligencia y patrón de los artistas y escritores del panteón hindú, seguido de Anubis, el dios con cabeza de chacal o de perro, el conductor de las almas, el intermediario y el mensajero entre el mundo de los vivos y el más allá dentro de la religión del antiguo Egipto, y finalmente al dios nórdico Odín a la derecha, maestro de la sabiduría y las ciencias ocultas, si no es su propio hijo Thor. 

    Nos bombardearon durante aquellos ya lejanos días con noticias de divulgación científica acerca del bosón de Higgs, la partícula divina, y de cómo la Ciencia, esa nueva religión, estaba a punto de descubrir el origen del universo y la verdad definitiva. Pues bien, estamos como estábamos después del costosísimo experimento en términos económicos del acelerador de partículas que tanto ha dado que hablar a los medios de masificación: al fin y a la postre, sólo sabemos, more Socratico, que no sabemos nada.

    El dibujante El Roto caricaturizaba la "partícula divina" como si fuera una hostia consagrada para la comunión de los fieles de esa nueva religión que es la ciencia -que si no nos exige fe, como la vieja religión,  lo que sonaría muy arcaico, precisa, sin embargo,  y mucho, de nuestra "credibilidad"- , con la aureola de santidad de lo divino,   en esta impagable viñeta titulada "La consagración",  que el diario independiente de la mañana  publicaba el 23 de julio de 2012.


    Seamos "de letras" o "de ciencias" -distingo bastante inepto que nos colgamos a veces como si de un sambenito se tratara para clasificarnos-, esto es algo que nos concierne a todos, que afecta a todo el mundo, de vital importancia, algo que todos nos hemos cuestionado alguna vez: estamos hablando del origen del universo y de la falsedad de la realidad del mundo. Si no nos preocupa esto, ¿qué nos preocupa?

    A este propósito merece la pena reproducir aquí el artículo, cuyo recorte conservo, de Agustín García Calvo,  que publicaba en El Periódico Global(ista), alias El País,  el 14 de julio de 2012, que quiere hacernos pensar sobre todo ello en contra de la communis doctrina, mainstream o pensamiento único  dominante, que se titulaba: Tampoco el bosón de Higgs era verdad.  

Tampoco el bosón de Higgs era verdad.

   Y sin embargo las mayorías de los fieles se lo han creído, que la Ciencia venía por fin a darles la solución del problema del Universo que tanto los angustiaba, o por lo menos han estado a punto de creérselo.

   No es nada del otro mundo: la necesidad de fe y de diversión es siempre mucha; pero es cada vez más notable que, después de tantos desengaños, algo tan simple y consabido como esta noticia pueda servir para el caso: porque ello es que el problema sigue tan vivo como nunca, y basta con que algunos ignorantes nos asomemos a la Red (mejor que a los libros y desde luego a las aulas) para darnos cuenta de lo vivas que siguen las discusiones entre físicos y matemáticos más o menos en ciernes o jubilados acerca de las cuestiones y los términos fundamentales de la teoría y cálculos físicos (esto es, lógicos acerca de universos o realidades), y sorprende así que tenga todavía ese relativo éxito la presentación de ideas como ‘corpúsculo’, ‘masa’ y demás que llevan ya unos cuantos siglos de desmentimiento: es como si se contara cada vez más con una infantilidad en la gente que se ha sometido a la Enseñanza y los Medios del Progreso.

   No han faltado tampoco a lo largo de estos siglos algunos sabios, y, lo que más importa, honrados, que, liberados ya de temores por su promoción, se han atrevido a declarar para la gente la verdad de las mentiras de la Ciencia; así habréis leído más de una vez cómo el propio Einstein declaraba una vez que las ideas o teorías que se refieren a la realidad no son ciertas (sicher), y, si son ciertas, no se refieren a la realidad. Claro que para decir cosas cono ésas, si uno está todavía preparando su Tesis Doctoral o su subida a las Cátedras del mundo…

   Pero era inevitable: hacía ya muchos años que se había montado el acelerador más largo y más caro del mundo para que, tras tantas incertidumbres y falta de noticias, no se nos ofreciera al fin una información de luz y de esperanza correspondiente a los enormes gastos y trabajos de miles de empleados del que había de ser acelerador, si no de partículas, de informaciones; y así se ha sacado de entre los restos de especulación física algo que pudiera servir para entretener un rato la espera del personal.

   Pues bien, amables lectores, dejaos oír (no hace falta que creáis a cambio nada) lo que los restos de sentido común de los menos creyentes os dicen bien claro: no era tampoco verdad, no ha habido tal cosa como un acercamiento a la solución definitiva: el problema está tan vivo y floreciente como desde que se inventaron las teorías sobre el Mundo. No puede ser que se descubra una solución, teoría, filosofía o ciencia dentro de la realidad, que, valiéndose de términos del vocabulario real, trate de dar con la esplicación de todo; porque,  entonces, la esplicación misma entraría a formar parte de la realidad y no podría decir nada nuevo y desmentidor acerca de ella. 

   He ahí lo más sencillo que tendríamos que haber descubierto: que la realidad no es todo lo que hay; que es una guerra o contradicción entre la pretensión de imposición de ideales o de un lenguaje matemático cerrado, y la resistencia siempre viva contra esa imposición; la de las cosas nunca del todo terminadas contra los números y el fin: por ejemplo ‘masa’, cuando más, sería esa resistencia, siempre espesa, que, no habiendo ‘todo’, no puede ser 4% de nada.

   Pero eso al Poder no le importa: Él tiene que ofrecer soluciones, es decir, evitar descubrimientos que puedan entorpecer la marcha del Capital, y así, entre otras mil historias, os ofrecen un bosón para calmar la impaciencia, matar el Tiempo.

    Claro que  no os dirán que ahí ha terminado todo, que eso es la solución definitiva: quedan siempre algunos pormenores que aclarar, algunos cálculos que mejorar; porque eso, si no, sería justamente libraros del Futuro, que es arma esencial del Poder, y que ya no tenéis nada que hacer, ni trabajar, ni buscaros un título en las universidades; y, sin Futuro, os encontraríais en un mundo vacío y muerto.

   Sería como si a algún financiero malaconsejado se le ocurriera montar sus teorías proclamando que con ellas se va a terminar con la Crisis Económica de una vez y para siempre.

Agustín García Calvo es catedrático emérito de Filología Clásica de la Universidad Complutense de Madrid.

 

    Una semana después de la publicación de este artículo, en una carta al director del mismo diario, un lector indignado defiende a capa y espada "el posible hallazgo del Bosón de Higgs". Se trata de Manuel Lozano Leyva, Catedrático de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la  Universidad de Sevilla. He aquí su carta: 

     Haciendo uso de razonamientos de estética filosófica, o algo así, el profesor Agustín García Calvo menosprecia el posible hallazgo del bosón de Higgs. Aunque sea curioso el uso que hace de su derecho a opinar lo que se le ocurra con argumentos pintorescos, considero inquietante que sostenga que algunas conquistas de la ciencia (de su artículo quizá podría deducirse que todas) sirvan para saciar la “necesidad de fe y diversión”. Esas intenciones las tienen otros, no los científicos. La pose supuestamente sublime de desdén hacia la ciencia la suelen ostentar, aparte de los que les atrae el siniestro poder que da la religión, aquellos intelectuales incapaces de desarrollar la creatividad del arte, la fuerza de la literatura o el portentoso desafío de escudriñar científicamente la intimidad de naturaleza. O sea, aquellos que se encuentran a gusto instalados permanentemente en la más absoluta irrelevancia.

    Se trata de una defensa corporativista y acérrima de la ciencia y de los científicos y de su progreso en pos de una verdad absoluta que no poseemos contra el ataque perfectamente lógico y de sentido común de García Calvo, que algunos humoristas como Montt y El Roto, que citábamos al principio, que haciéndose eco del sentir popular, ya habían satirizado y ridiculizado la pretensión de que el susodicho bosón fuera la partícula divina, precisamente como un 'acto de fe y diversión' motivado por "el siniestro poder que da la religión" porque no olvidemos que el humor es la mejor crítica contra la seriedad de los que creen "escudriñar científicamente la intimidad de naturaleza". 

domingo, 22 de febrero de 2026

La mente, la vasija y el fuego.

    Me sorprendió en la librería londinense Hatchards una máxima atribuida a Plutarco enmarcada en un cuadro y escrita con hermosa caligrafía sobre un montón de libros pestilentes de autoayuda. Decía así en la lengua de Chéspir: The mind is not a vessel to be filled but a fire to be kindled, cuya traducción viene a ser algo como “la mente no es una vasija que haya que rellenar sino un fuego que encender”.
 
 
    Buscando la fuente de la máxima supuestamente plutarquea (o plutarquiana) encuentro que efectivamente es una paráfrasis abreviada de una frase suya que se encuentra al final del tratado moral “Sobre cómo se debe escuchar” (retitulado en latín De recta ractione audiendi o simplemente también De auditu). 
 
    Leyendo el breve opúsculo de Plutarco dedicado a su joven amigo Nicandro se da uno cuenta de la importancia que tenía la transmisión oral de toda la cultura griega antigua, basada en unos textos que hasta la época clásica corrían de boca en boca sin que mediara ningún soporte escrito como el libro de Plutarco donde encuentro yo la cita. Es muy significativo de lo mucho que ha cambiado el mundo el hecho de que hagamos una reflexión como esta en una librería de esas que por otro lado cada vez quedan menos porque sus dueños echan el cierre del negocio.  
 
    De ahí que fuera importante en la antigüedad el arte de la escucha, destacándose que siempre es más provechoso oír que hablar, siendo el silencio una de las virtudes que más pueden adornar al joven. Por eso el propio Plutarco nos recuerda aquello que suele atribuírsele en otra parte a Zenón de Cicio de que la naturaleza nos dio a cada uno de nosotros dos orejas y en cambio una sola lengua para que hablemos menos y escuchemos más, porque es más importante la escucha activa que la locuacidad y el, como se dice a veces, hablar por hablar que se reduce a expresar meras opiniones personales a tontas y a locas, o el hablar por no callar.
      La frase plutarquiana (o plutarquea) dice literalmente en su versión original: οὐ γὰρ ὡς ἀγγεῖον ὁ νοῦς ἀποπληρώσεως ἀλλ᾽ ὑπεκκαύματος μόνον ὥσπερ ὕλη δεῖται, ὁρμὴν ἐμποιοῦντος εὑρετικὴν καὶ ὄρεξιν ἐπὶ τὴν ἀλήθειαν. Y en román paladino, traducido por José García López reza así: “Pues la inteligencia no necesita de relleno como un vaso, sino como la madera sólo de alimento, que crea impulso investigador y deseo hacia la verdad”. El término griego que el traductor ha vertido como 'alimento', a saber, ὑπέκκαυμα, significa, materia combustible, todo aquello que sirve para encender el fuego y, por extensión, para calentar el cuerpo y alimentar el deseo de saber. 
 
    Esto nos lleva inevitablemente a establecer dos conexiones con Heraclito de Éfeso: la primera es la crítica de la polimatía o sabiduría que abarca conocimientos diversos -Heraclito dijo que la diversidad de conocimientos no enseñaba a tener seso-, y la segunda es la metáfora de la razón como fuego siempre vivo que destruye las ideas concebidas que nos dominan, un fuego que alimenta la actividad de un pensamiento crítico que no se somete ni a la ciencia ni a la filosofía ni a quedarse nunca estanco.
 
    Relaciono enseguida yo la máxima de Plutarco con la mayéutica socrática. La mayeútica es literalmente, como se sabe, el “arte de la partería” que Sócrates, decía irónicamente, habría heredado de su madre, que fue comadrona. Plutarco en esa frase presenta la mente o la inteligencia (ὁ νοῦς) no como depósito de contenidos, sino como potencia latente que debe ser estimualda para que ardan dichos contenidos. Sócrates, en los diálogos juveniles de Platón que conservamos, nunca enseña contenidos positivos ni transmite doctrina alguna. Interroga y con sus preguntas desestabiliza las certezas de su interlocutor, al que lleva a reconocer que no sabía lo que creía saber.
  
    La verdad es combustión interior, o en palabras del prólogo aquel de Agustín García Calvo a la traducción de sus “Diálogos socráticos”:[Estos diálogos, -la Apología, Teages, Los enamorados, Cármides y Clitofonte-] dejarán siempre insatisfechos y quejosos de su inutilidad y falta de fin y de soluciones a todos los que crean todavía que lo eficaz -Dios sabrá para qué- es adquirir ideas y verdades, y no ver la mentira de las ideas que ya tenemos. 
 
    La verdad que se da a luz gracias al arte de la partería u obstetricia no es un saber positivo, sino la constatación de que lo que se sabe no es verdad, cuyo elemento clave es la aporía, el callejón sin salida, el momento en el que la inteligencia se ha encendido y ha prendido fuego a todas sus certezas. La aporía sería la chispa que prende el fuego de la razón. Aquí viene Plutarco a sugerirnos que llenar la mente de certezas impide que arda y cumpla su función combustible.

lunes, 10 de noviembre de 2025

El cáncer como metáfora (y II)

    Tenemos un gobierno plagado de buenas intenciones que, antes que invertir en curar o paliar el cáncer, gasta energías y recursos en declarar políticamente incorrecta la palabra cáncer por respeto, dice, a los pacientes que la sufren, que no deben ser estigmatizados. No impulsa avances médicos ni refuerza la sanidad pública, ni resuelve ningún problema estructural, siguiendo, no se si a sabiendas o no, la tesis de Susan Sontag, limitándose a declarar incorrecta la palabra. 
 
    No es la primera vez que en la refriega política profesional se acusan unos a otros de ser un cáncer para España o para la sociedad en general, aludiendo a la enfermedad que no debe ser nombrada fuera del ámbito médico-sanitario, por eso, desde el gobierno, se considera que "es urgente abandonar su uso como metáfora o sinónimo de insulto o descalificación", porque es una metáfora muy poderosa.

     Ya desde san Isidoro de Sevilla, entre nosotros, en sus Etimologías libro IV, capítulo VIII, §14 se leía que el cáncer -se refería el santo, siguiendo a Celso, a las enfermedades que aparecen en la superficie del cuerpo- era una enfermedad incurable -vulnus, sicut medici dicunt, nullis medicamentis sanabile-, que había que extirparlo como fuera para retrasar  la muerte inevitable del enfermo, que, aunque más lenta, acabará viniendo sin embargo como consecuencia -at ergo praecidi solet a corpore membrum ubi nascitur, ut aliquantum diutius vivat-,  una creencia que la exégesis cristiana posterior ha demonizado e interpretado como una metáfora del castigo divino por el pecado que corroe el cuerpo y el alma.  Hoy se piensa que algunos al menos -pues no hay un solo cáncer, sino muchos tipos de cánceres- son tratables y curables, pero la metáfora sigue siendo muy poderosa, y aunque haya una clasificación moral de cánceres benignos y malignos, por lo bajo se sigue pensando que no hay ninguno bueno.  
 
      Se preguntaba hace años Agustín Gacía Calvo en Información y cáncer, publicado en el Periódico Global(ista) a comienzos del año del Señor de 1989, lo que ha llovido, madre mía, desde entonces acá pese al Cambio Climático, cuál era la enfermedad que en el mundo actual amenazaba más tétrica- y aciagamente nuestras vidas. Y la respuesta no podía ser otra que “eso que llaman cáncer”, una enfermedad que estaba de moda hacía un siglo y que se burlaba de los millonarios esfuerzos de la Ciencia a la hora de descubrir sus mecanismos, lo que, según él, podía deberse a que “hay algo en los supuestos mismos de la Ciencia que no marcha”. 
      Y ponía en relación la enfermedad que no debe ser nombrada con la plaga moderna que azota nuestras ciudades y campos, que es la información. Si nos pusiéramos como un extraterrestre a describir esta plaga veríamos informaciones por doquier tanto visuales como auditivas como ambas cosas a la vez con noticias y propagandas varias: “una cuantía de información que se come literalmente los muros, calles, pieles, aires, ojos”, y que, en definitiva, nos come a nosotros mismos. 
 
    Si ponemos en relación ambas plagas, descubrimos que el cáncer es información, y la información es un cáncer, pero no solo metafóricamente, sino real- y dialécticamente, ya que el cáncer moderno con metástasis puede definirse como “proliferación desordenada de ciertas células del organismo”. Tanto la organización de nuestra sociedad como la de nuestro cerebro están sometidas a un exceso evidente de información inútil, que no responde a ninguna necesidad, deseo o utilidad, lo que lógicamente produce un trastorno y malfuncionamiento por su acumulación. 
 
    Nuestro cerebro, por así decirlo, transmite a las células excesivas instrucciones, mal reguladas, que son las que se manifiestan como cáncer.  
     Ya Susan Sontag (1933-2004)  en La enfermedad y sus metáforas (1978)  había sostenido que el cáncer -al igual que antes la tuberculosis- había sido rodeado por un lenguaje metafórico que cargaba la enfermedad de significados morales, psicológicos y sociales dañinos, lo que no sólo distorsionaba su comprensión médica, sino que también culpabilizaba al enfermo, al sugerir que era de alguna manera responsable de su padecimiento, por lo que la autora proponía liberar la enfermedad de esas metáforas: pensar el cáncer de manera literal, clínica, sin simbolismos, para así disminuir el estigma y permitir una relación más racional y compasiva con la enfermedad.

    La propia Sontag padeció la enfermedad tres veces, o mejor dicho, padeció tres cánceres distintos: cáncer de mama en los años setenta (que inspiró La enfermedad y sus metáforas), luego sarcoma uterino en los ochenta, y finalmente la leucemia que causó su muerte. A lo largo de su vida defendió que no debía pensarse el cáncer como un enemigo moral o un castigo, sino como un hecho biológico que debía afrontarse sin carga simbólica.

    El uso metafórico o peyorativo, sin embargo, de la palabra 'cáncer' no estigmatiza la enfermedad ni a los pacientes. No se podrá decir, por ejemplo, que el régimen político democrático es un cáncer o el congreso mismo de los diputados y diputadas es un cáncer, porque estaríamos estigmatizando la enfermedad y a los pacientes. No vamos a poder decir, por ejemplo, que los partidos políticos y los políticos profesionales, sean del signo que sean, son unos cánceres de la sociedad, porque el uso de la palabra 'cancer' es políticamente incorrecto, podremos decir que son unos parásitos, o unos cáncanos.
      Se busca que la palabra no se use para describir cosas que se consideran negativas o destructivas, reconociendo que es una enfermedad grave pero tratable y, en muchos casos, curable, por lo que se aconseja evitar metáforas bélicas como "lucha", "batalla", “guerra” y de utilizar los verbos "ganar" y "perder" en ese contexto, ya que se carga a los pacientes con la responsabilidad de la curación de su enfermedad. 
     
       La metáfora bélica de guerra, lucha, batalla contra el cáncer hace al paciente responsable de ella, cuando no lo es, como si él fuera decisivo a la hora de ganar o perder ese combate mortal con la enfermedad. 

sábado, 1 de noviembre de 2025

La última lección del curso


Crónica de la conferencia -o charla como preferiría llamarla el Maestro- que iba a impartir en el Instituto de Educación Secundaria para inaugurar el curso escolar, y que hubiera dado pie a un animadísimo debate. 

«Vengo aquí a hablar en contra de lo que os enseñan todos los días en todas partes, en este mismo Instituto, por ejemplo, y en vuestras casas y en la televisión, en contra de la fe que os inculcan y de la atención que debéis dispensar al futuro, a vuestro porvenir. Porque vamos a hablar de lo que os dicen que más importa, de lo único que importa, de vuestro futuro.” 

La voz profunda del viejo profesor, un octogenario pletórico de vida, irrumpe en el auditorio del Instituto y suena solemne captando enseguida la atención del público adolescente. Habla la voz de la experiencia frente a una masa de alumnos de primero y segundo de Bachillerato, que se preparan para afrontar los exámenes de fin de curso, la transición inventada hacia ese mañana predicado que nunca se alcanza.

El Maestro, no poco bohemio a juzgar por su aliño indumentario un tanto hippy,  no sólo lanza mensajes antisistema a los jóvenes hambrientos de rebeldía sino que consigue que calen en sus cerebros, incluso un viernes a esa última hora de clase de la semana que es la más difícil de impartir. 

Dicen que es un poeta y un filósofo presocrático, y un filólogo y un dramaturgo y un catedrático de latín que fue expulsado por Franco de la Universidad,  y no se sabe cuantas cosas más, toda una eminencia...

Su sermón del predicador laico no es nuevo, pero logra azuzar las mentes de la concurrencia. Se dirige a los «no estúpidos, a los disidentes e incrédulos, al que duda aunque sea con el miedo irracional de no saber dónde apoyarse". 

A mitad de su intervención, se abre un turno de coloquio. Una alumna de 2º de Ciencias levanta la mano y lamenta: «Sabemos que estamos haciendo lo que nos dictan pero no tenemos alternativa. De una manera o de otra siempre vamos a estar dentro del sistema, del que no puede salirse uno». «Intentar matar la fe es difícil, pero a veces basta con quebrantarla un poco», le contesta el viejo profesor, que comienza a despotricar a continuación contra la Democracia, el régimen actual de «administración de la muerte», según sus propias palabras. "La democracia mata al pueblo, porque parte de una idea falsa: se basa en el voto y eso presupone fe en que uno sabe lo que quiere y adónde va, y en que el  sufragio universal  es la expresión de ese saber". 

"¿Pero no es cierto, señor García Calvo, que usted luchó contra la Dictadura de Franco, apoyando al movimiento estudiantil de los años sesenta del siglo pasado junto con Tierno Galván y Aranguren, en favor de la Democracia?" Le interrumpe un profesor joven que acompaña a sus alumnos. 

"Es cierto lo primero,  la parte negativa de tu pregunta, que aquello fue una lucha contra la Dictadura, pero no lo segundo, la parte en la que afirmas que fue "en favor de la Democracia", es más, la Democracia es el nombre del régimen actual de administración del futuro, o sea, de la muerte, que padecemos, es decir, la Dictadura contra la que lucha ahora el pueblo, o lo que quede en nosotros de pueblo que no existe." Asevera el Maestro, dejando más que pensativo a todo el auditorio con la paradoja que acaba de lanzar de que la Democracia es la nueva Dictadura, por eso el ha apoyado también el Movimiento 15-M, como saca a relucir, desde el principio, asistiendo todos los jueves a la Puerta del Sol. 

Su razonamiento se cuela por las rendijas de la cotidianidad de los muchachos de forma inmediata. «El instituto, los padres, los exámenes, los medios de comunicación, os van matando, comiendo la posibilidad de curiosidad, de vivir, porque todo está con las miras puestas en aprobar, en tener un título universitario, conseguir un puesto de trabajo y traer hijos para la gloria», argumenta.


«¿Dice entonces que asumamos el "carpe diem"?», se cuestiona una estudiante de 1º de Humanidades, que cita el verso de Horacio. Pero ese es para el filósofo otro error en el que suele tropezar la sociedad actual. «Nadie es dueño de pasárselo bien, ni siquiera de saber lo que va a pasar. Sólo somos dueños del ¡no!».

El debate «contra el futuro» empieza a animarse en la Biblioteca del Instituto con numerosas intervenciones. Salen a relucir múltiples temas como la profilaxis, el poder establecido, el sentido de la vida o el hastío. El abuelo se siente cómodo frente a un público virgen de esquemas, colmado de inquietudes. «Al luchar contra la fe estamos quitando estorbos para que las posibilidades sean infinitas e imprevistas», sentencia, citando a Machado: "Caminante,  no hay camino, /  se hace camino al andar".

Con sus ochenta y seis años, el Maestro al igual que cuando tenía 40, detesta el concepto de la espera. A los discentes, con 17, les aguarda un futuro «incompatible» con el vivir. «Es la mentira principal y el arma fundamental que el régimen emplea para someteros, para que no pase nada inconveniente», subraya el catedrático.

Pero se acerca el final y la última lección suena como un bálsamo reparador: «El Poder, para alegría nuestra, nunca lo puede todo, nunca lo consigue del todo. El proyecto mortífero no siempre fructifica. Hay voces que saben decir que no.”

El mundo contemporáneo subraya las exclamaciones, pero se olvida con demasiada frecuencia de los interrogantes. Son pocos los que se cuestionan las cosas. Los niños que preguntan, cada vez más escasos, son de oro.  Y es cierto que preguntarse es, por supuesto, más difícil que dar una respuesta cualquiera, pero contestar a la pregunta reconociéndose casi de inmediato en una respuesta no hace más que matar la pregunta. "Y precisamente es la pregunta lo que importa, lo que no debe morir nunca, lo que debe vivir".

Agustín García Calvo, el más joven de todos los viejos profesores, murió a los ochenta y seis años en su Zamora natal el día de Todos los Santos de 2012. No llegó a impartir la conferencia o charla, como él hubiera preferido, de la que acabo de ofreceros la crónica.  Sus palabras, sin embargo, están vivas porque,  como dijo muchas veces, en la lengua, que es del pueblo, no manda nadie, ni  siquiera Dios, ni tampoco la muerte, esa que se lo llevó a él, esa que "nadie la llama y viene, como el viento;  saberla,  nadie la sabe,  porque no tiene nombre ni mandamiento".

Amancio Prada canta en este vídeo uno de los poemas más bellos de Agustín García Calvo: "Tú,  cuya mano", al que puso música Chicho Sánchez Ferlosio.

 

domingo, 12 de octubre de 2025

¡Carabelas de Colón, todavía estáis a tiempo!

    Nada mejor que una canción para celebrar el acontecimiento que hoy se conmemora. Agustín García Calvo es el autor de la letra de "Atrás, a contratiempo", que compuso basándose en una ocurrencia de su amigo Rafael Sánchez Ferlosio, que le ofreció los dos primeros versos (Carabelas de Colón, / todavía estáis a tiempo) y que canta con gracia y desgarro Chicho Sánchez Ferlosio, hermano del escritor, que compuso la música,  animando a las carabelas de Cristóbal Colón a que como monjitas arrepentidas den marcha atrás y vuelvan al puerto del que partieron sin descubrir América, un alegato contra la Historia, y contra lo que se pretende celebrar el día 12 de octubre, que se convirtió entre nosotros en el Día de la Hispanidad, de la españolidad o de la españolez, como decía don Rafael, y en nuestra Fiesta Nacional en el año del Señor de 1987  "con la intención de recordar de forma solemne momentos de la historia colectiva que forman parte del patrimonio histórico, cultural y social común, asumido como tal por la mayoría de los ciudadanos".

    Dicen que fue Rodrigo de Triana, por cierto, el marinero que gritó alborozado el primero en el viaje de Colón después de casi dos meses y medio de ardua navegación desde la carabela La Pinta:   "¡Tierra! "¡Tierra a la vista!"


    Sobre la cuestión de la lengua no hay nada que objetar: es una maravilla que podamos entendernos muchos americanos y españoles hablando y escribiendo en esta lengua en la que lo hacemos, cosa que no hubiera sido posible sin el descubrimiento de América. Pero lo que no parece tan bien del "descubrimiento" fue la colonización y la imposición de nuestro modelo. Hubiera sido mejor, la verdad, que el Nuevo Mundo no se hubiera convertido, como se convirtió enseguida, en un espejo de este Viejo Mundo. ¡Ojalá hubiera seguido virgen! No es que creamos aquí en el mito del buen salvaje, pues cada vez creemos menos en menos cosas, pero si en algo creemos poco, mucho menos todavía que en el buen salvaje de Rousseau, es en el mito del buen civilizado y el cuento chino de la civilización.

  

         He aquí la letra de la canción que interpretaba Chicho: Carabelas de Colón, / todavía estáis a tiempo. / Antes que el día os coja, / virad en redondo presto, / presto. / Tirad de escotas y velas, / pegadle al timón un vuelco, / y de cara a la mañana / desandad el derrotero. / Atrás, ¡a contratiempo! / Mirad que ya os lo aviso, / mirad que os lo prevengo: / que vais a dar con un mundo / que se llama el Mundo Nuevo, / nuevo; / que va a hacer redondo el mundo, / como manda Tolomeo, / para que girando siga / desde lo mismo a lo mesmo. / Atrás, ¡a contratiempo! / Por delante de la costa / cuelga un muro de silencio; / si lo rompéis, chocaréis / con terremotos de hierro, / hierro. / Agua irisada de grasas / y rompeolas de huesos, / de fruta, de cabecitas / veréis los árboles llenos. / Atrás, ¡a contratiempo! / ¡A orza, a orza, palomas!, / huid a vela y a remo. / El mundo que vais a hacer, / más os valiera no verlo, / verlo. / Hay montes de cartón-piedra, / ríos calientes de sebo, / arañas de veinte codos, / sierpes que vomitan fuego. / Atrás, ¡a contratiempo! / Llueve azufre y llueve tinta, / sobre selvas de cemento, / chillan colgadas en jaulas / crías de monos sin pelo, / pelo.  

                                            Los indios pata-de-goma, / acorazados de acero, / por caminos de betún / ruedan rápidos y serios. / Atrás, ¡a contratiempo! / Por las calles trepidantes / ruge el león del desierto. / Por bóvedas de luz blanca / revuelan pájaros ciegos, / ciegos. / Hay un plátano gigante / en medio del cementerio / que echa por hojas papeles / marcados de cifra y sello. / Atrás, ¡a contratiempo! / Sobre pirámides rotas / alzan altares de hielo / y adoran a un dios de plomo / con dientes de oro negros, / negros. / Con sacrificios humanos / aplacan al dios del miedo, / corazoncitos azules / sacan vivos de los pechos. / Atrás, ¡a contratiempo! / Trazan a tiros los barrios, / a escuadra parten los pueblos. / Se juntan para estar solos, / se mueven para estar quietos, / quietos. / Al avanzar a la muerte / allí lo llaman progreso. / Por túneles y cañones / sopla enloquecido el Tiempo. / Atrás, ¡a contratiempo! 


                                                                            Por eso, carabelitas, / oíd, si podéis, consejo: / No hagáis historia, que sólo / lo que está escrito está hecho, / hecho. / Con rumbo al sol que os nace, / id el mapa recogiendo, / por el Mar de los Sargazos / tornad a Palos, el puerto. / Atrás, ¡a contratiempo! / Monjitas arrepentidas, / entrad en el astillero. / Os desguacen armadores, / os coman salitre y muergos, / muergos. / Dormid de velas caídas / al son de los salineros / y un día de peregrinas, / id a la sierra subiendo. / Atrás, ¡a contratiempo! / Volved en Sierra de Gata / a crecer pinos y abetos,  / criar hojas y resina / y hacerles burla a los vientos, vientos. / Allí el aire huele a vida, / se siente rodar el cielo, / y en las noches de verano / cantan grillos y jilgueros. /
Atrás, ¡a contratiempo!


        Pero no sólo es el día de la Fiesta Nacional, la Iglesia celebra el día de la Virgen del Pilar, en el que la virgen María se le apareció supuestamente al apóstol Santiago a la orilluca del Ebro a su paso por Zaragoza.

    Y es también el día de las Fuerzas Armadas, "un día de orgullo, de satisfacción, de sentirnos más unidos que nunca, teniendo en cuenta que somos miembros de un gran país como es España", según declaraba hace unos años la actual ministra de la Guerra con motivo de esta efeméride o acontecimiento notable que se recuerda en su aniversario, que en su alocución enviaba un recuerdo cariñoso "a las familias que han perdido a sus familiares este año. Siempre estarán en nuestros corazones. Su acto de servicio no lo olvidaremos nunca". Consideraba significativamente la señora ministra que la muerte es un acto de servicio. Y, más adelante, en su breve y atropellada alocución afirmaba que "es un día muy importante para España y es un día importante para las fuerzas armadas, esas fuerzas armadas generosas, esas fuerzas armadas que están siempre en todos los lugares más difíciles y más complicados en el extranjero y en España; (...) los hombres y mujeres de las fuerzas armadas están siempre presentes con voluntad de servicio y de amor a España".

"Su acto de servicio no lo olvidaremos nunca"
    
     La ministra, delante de la bandera rojigualda española, se encuentra flanqueada por la de la Unión Europea, azul con sus doce estrellas marianas, y la de la NATO/OTAN, aquella organización a la que de entrada le habíamos dicho que no y en la que acabamos entrando de cabeza con todas las consecuencias, de color también azul marino como el Océano Atlántico y con la rosa de los vientos que es la brújula que nos marca el Norte.  Por cierto, antes de que nos expulsen de la NATO/OTAN como ha amenazado el déspota estadounidense que quiere engrandecer a América, no estaría mal por nuestra parte y sería un gesto digno de elogio, marcharnos nosotros por nuestro propio pie voluntariamente.   Ahí queda la sugerencia para la coalición de gobierno progresista.
 
    La ministra de la Guerra, en otras declaraciones, afirmaba que había que "trabajar pensando en la industria de Defensa" porque esa industria creaba "puestos de trabajo".  Y citaba a modo de ejemplo las fragatas F-110, los submarinos S-80, los vehículos 8 por 8 y un largo etcétera que es clave para la modernidad de las Fuerzas Armadas y la modernización de la industria de Defensa "porque crea muchos puestos de trabajo".  Ese mismo argumento podría llevarnos a la peligrosa defensa de la prostitución, ahora que dicen que España es el principal consumidor (sic) de prostitución en Europa y el tercero a nivel mundial, porque, al igual que la industria de Defensa, genera muchos puestos de trabajo en puticlús de alterne y en las esquinas a la luz de las farolas. 

martes, 26 de agosto de 2025

Ilusiones fotográficas

    Un artículo de Todd Hayen sobre las ilusiones fotográficas, publicado el 23 de agosto en Off-Guardian titulado Photo Illusion (La ilusión fotográfica), pone de relieve que estamos a punto de volver gracias a la IA a la era pre-fotográfica, es decir a la época anterior a la invención de la fotografía, cuyo descubrimiento probablemente data de 1822 por el francés Nicéphore Niépce, por lo que no hay documentación fotográfica del mundo anterior a esa fecha. Antes de la invención de la fotografía, la humanidad vivió sin representación fotográfica fidedigna de la realidad objetiva, suponiendo, lo que es mucho suponer, que alguna vez la fotografía haya sido algo más que lo que dice la palabra: escritura de la luz.
 
    Hayen afirma literalmente: “Nunca hemos podido determinar con certeza si una fotografía representaba la realidad”. Esta afirmación no se refiere solo a los obvios retoques fotográficos, cuando había que revelar las fotos en el cuarto oscuro con productos químicos, sino también al encuadre fotográfico, que, reflejando un fragmento de la realidad, no nos deja ver y oculta lo demás. 
   
 
    Antes de la fotografía disponíamos de la pintura, que era otro intento de captar la realidad -la luz y el color-, y disponíamos también del espejo que nos ofrecía, al rebote de la luz y vuelta a nuestros ojos, una imagen de nosotros mismos que no éramos, sin embargo, nosotros mismos, sino una imagen virtual que interpretamos como nosotros mismos. La pintura, los espejos y las fotografías tenían en común ser representaciones y, por lo tanto, falsificaciones de la realidad, todas ellas falsas habida cuenta de su pretensión de ser verdaderas pero reales ellas mismas. Con el tiempo y la aceleración del progreso se ha logrado mayor fidelidad a la realidad, pasando de la high fidelity, la alta fidelidad, a la wireless fidelity, la fidelidad inalámbrica, pero eso se traduce no en más veracidad, sino en todo lo contrario: "(Las imágenes fotográficas son) mucho más mortíferas cada vez, mucho más falsas cuanto más fieles a la realidad", como escribe A. García Calvo en ¡Adiós, fotografías, mentirosas!, incluido en "37 Adioses al Mundo" (Edit. Lucina, Zamora, 2000).
      
    Por no hablar de las falsificaciones puras y duras, que ha habido muchas, como el caso que menciona Hayen de las hadas de Cottingley, de lo que hay información en la inevitable Güiquipedia: ocurrió en 1917 y afecta al famoso escritor Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes, que creyó, pero muchos otros también lo hicieron, que las dos niñas tuvieron encuentros con hadas reales y les tomaron fotos. Entonces se consideraba que la fotografía era la prueba irrefutable de la existencia de algo, tan fiable como el hecho de ver algo con los propios ojos: había que ver para creer, había que ver para creer y la televisión nos hizo televidentes y, a la vez, telecreyentes. Hoy en día nadie lo creería. Las fotos de Cottingley son hadas recortadas en papel, pero los que las vieron creyeron que eran hadas de verdad y que, por lo tanto, las hadas existían.
  
 Las hadas de Cottingley (1917)
 
    Al caso de las hadas que menciona Hayen puede también añadirse el del monstruo del lago Ness, conocido cariñosamente como Nessie, con la fotografía del cirujano de 1934, la supuesta foto más famosa de la criatura, y la primera en mostrar su cabeza y cuello que, se sabe ahora, fue un engaño atribuido a R. K. Wilson. El Daily Mail publicó la foto en exclusiva y una entrevista a Wilson, que declaró que estaba mirando al lago cuando vio al monstruo, tomó su cámara y le sacó las fotos.
 
    Todo esto demuestra que la gente confiaba en la fotografía y aún más en las imágenes en movimiento que surgieron enseguida con la aparición del cinematógrafo de los hermanos Lumière. En general, estos dos medios, fotografía y cinematografía, eran fiables, a menos que se presentaran intencionadamente como falsos o como magia cinematográfica para entretener a las masas. Y todo el mundo tenía su álbum de fotos y sus vídeos familiares para recuerdo. Pero eso se acabó.
 
  Fotografía de Nessie, R.K. Wilson (1934)
 
    Con la irrupción de la IA (Inteligencia Artificial) es casi imposible para el espectador actual discernir la precisión de una foto o película en su intento de representar la realidad. La IA es el punto de inflexión que ha hecho que volvamos a la era pre-fotográfica de 1822. Escribe Hayen: “En este gran truco de ilusionismo llamado progreso, la IA no solo difumina las líneas, sino que las borra por completo, dejándonos navegar por un mundo donde cada imagen es un cuento de hadas a la espera de ser desmentido”.
 
    A estas alturas todos hemos visto fotos del pasado manipuladas mediante IA, añadiendo movimiento a fotos fijas o simplemente imágenes fotográficas de eventos y objetos que nunca existieron. Nuestro pasado, gracias a esta tecnología, tal como fue documentado por la fotografía, será destruido, al igual que nuestro presente.
 
    Cuando se inventó, la tecnología de la fotografía resultó útil para documentar el presente (al menos esa era su intención), permitiéndonos guardar registro del pasado. Ahora ha perdido esa función. No solo deja de ser una fuente fiable para presentar la realidad del presente, sino que también resultará inútil para documentar el presente a los ojos de futuras generaciones.
La mesa puesta, primera fotografía de Niépce (1822)
 
    Es posible, apunta al final de su artículo Todd Hayen, que todas las fotografías tomadas durante los últimos doscientos años, una vez digitalizadas previamente, sean manipuladas por IA, lo que le quitará autenticidad a su intención original de documentar la realidad en el momento en que fueron tomadas.
 
    Algo bueno, sin embargo, puede depararnos, escribe Hayen, esta situación: redescubrir el antiguo arte del escepticismo, ese fiel compañero de la época en que los cuentos se tejían a la luz del fuego y las palabras se verificaban de boca en boca.  Al perder el sostén de nuestras muletas fotográficas ('photographic crutches'), podríamos descubrir algo mucho más encantador: “el asombro sin filtro de nuestros propios ojos poco fiables, demostrando una vez más que la realidad siempre ha sido el mayor engaño de todos ('reality has always been the greatest hoax of all')”.