Dios ha muerto (Nietzsche) / Nietzsche ha muerto (Dios). La primera parte de esta proclama anónima y de índole pseudo-intelectual y pseudo-filosófica, que parece más bien en en realidad un ajuste de cuentas, es una afirmación que formula Nietzsche por primera vez en La Gaya Ciencia (1882) y que se hace más popular después en Así hablaba Zaratustra (1883).
En el aforismo 125 de La Gaya Ciencia, Nietzsche, en efecto, nos presenta a El Loco, un trasunto de Diógenes buscando al Hombre con su candil a plena luz del día: ¿No han oído hablar de aquel loco que, con una linterna encendida en pleno día, corría por la plaza y exclamaba continuamente: "¡Busco a Dios! ¡Busco a Dios!"? Como justamente se habían juntado allí muchos que no creían en Dios, provocó gran diversión. ¿Se te ha perdido?, dijo uno. ¿Se ha extraviado como un niño?, dijo otro. ¿No será que se ha escondido en algún sitio? ¿Nos tiene miedo? ¿Se ha embarcado? ¿Ha emigrado? Así gritaban y se reían al mismo tiempo. El loco se lanzó en medio de ellos y los fulminó con la mirada. -"¿Dónde está Dios?-, exclamó, ¡se lo voy a decir! ¡Nosotros lo hemos matado, ustedes y yo! ¡Todos somos unos asesinos! (...) ¡Dios ha muerto! ¡Dios está muerto! ¡Y lo hemos matado nosotros!" (...) Cuentan también que ese mismo día el loco entró en varias iglesias en las que entonó su Requiem aeternam Deo. Cuando lo echaban de ellas y le pedían que aclarara sus dichos, no dejaba de repetir: "¿Qué son estas iglesias sino las tumbas y los monumentos funerarios de Dios?"
La contrarréplica 'Nietzsche ha Muerto (Dios)', lo que hace es resucitar a Dios para enterrar a Nietzsche y certificar clínicamente su defunción. Dios reprende así al filósofo dándole un pescozón y diciéndole: Te equivocaste, el que ha muerto eres tú, chaval. Yo sigo vivo.
Para el creyente, Nietszche está bien muerto y enterrado, pero Dios no. La frase sobrevive porque hace a dos bandos, al creyente y al ateo.
Nietzsche, además de muerto, habría enloquecido, como si Dios mismo le hubiera castigado por su soberbia. La leyenda recurre al célebre y espurio episodio del caballo turinés como punto de inflexión. Un hecho que no es histórico, pero que funciona como mito y como leyenda dentro de su biografía, y que se presenta como un episodio decisivo en su vida, que hace que Friedrich Nietszche, en enero de 1889 y en la ciudad italiana de Turín, presencie cómo un cochero maltrata a su caballo azotándolo brutalmente, y corra hacia él a abrazarlo llorando y compadecido de su sufrimiento para, acto seguido, desplomarse y no volver a recobrar nunca ya su lucidez.
El pensador que había diagnosticado que la moral era una debilidad del cerebro y que no había cosas buenas ni malas, sino una interpretación moral de las cosas en esos términos maniqueos y que había que ir más allá del bien y del mal, se quiebra y se derrumba ante el sufrimiento ajeno, puro y duro de un ser vivo, en este caso de un pobre animal que hace su trabajo guiando un coche. Este episodio sirve para acallar una voz incómoda para siempre.
Es un hecho comprobado dentro de la biografía del filósofo el colapso mental que sufrió en Turín el 3 de enero de 1889. En los días siguientes escribiría las Cartas de la locura (Wahnzettel). Después sería trasladado a Basilea y a Naumburgo y nunca volvería a escribir una sola línea filosófica. Pero no hay ninguna constatación del episodio del caballo de Turín ni en su obra ni en su biografía por lo que se trata de un relato posterior, quizá malintencionado, sin base documental alguna, que se constituye sin embargo como mito biográfico moderno.
Lo que hace esa contraposición Dios/Nietzsche es resucitar a Dios donde Nietzsche lo había matado, reintroduciendo la teología y anulando la radicalidad del diagnóstico nietzscheano. Pero la muerte física de Nietzsche no refuta lo que afirmó.
La frase popular, en realidad un chiste malo, se ha impuesto sobre la otra porque nos protege de Nietzsche y por eso triunfa culturalmente haciendo que esbocemos una sonrisa sarcástica. Pero no refuta al filósofo, sino que lo domestica, lo caricaturiza, certifica su muerte clínicamente, lo que no refuta en absoluto su pensamiento, que sigue vive, sino que se limita a ocultarlo con ingenio. (La película El caballo de Turín (2011) del recientemente fallecido Béla Tarr, no muestra pero hace referencia al comienzo de la cinta al episodio de Nietzsche, imaginando la triste vida del caballo y de sus dueños, un padre y su hija que cuida de él, que viven en la miseria, como una alegoría del fin del mundo: el caballo deja de comer, el pozo del que obtienen el agua se seca, la brasa se consume y finalmente el sol se apaga).
406.- La pularda de los huevos de oro. Dice un proverbio en la lengua de Bocaccio: “Meglio un uovo oggi che una gallina domani”, lo que significa que es mejor un huevo hoy que una gallina mañana, o sea, que vale más el aprovechamiento presente de una pequeña ganancia que un lucro mayor pero incierto, derivado del actual, pero que está en el aire, bailando en la cuerda floja del futuro –porque el huevo podría convertirse en una gallina con tal de que no lo friamos en aceite hoy y lo comamos como un huevo frito rebañándolo con pan, si lo incubamos, criamos y dejamos crecer, esto es, si nos abstenemos de sacarle algún provecho aquí y ahora-, lo que no deja de ser una invitación perentoria del sentido común, que es como dijo el otro el menos común en el sentido de abundante de los sentidos, a disfrutar de lo supuestamente poco que tenemos, y a olvidarnos de lo mucho que podríamos acaparar mañana. La gallina de los huevos de oro no es la gallina del porvenir, sino la que ha puesto el huevo de hoy, ese es el que vale su peso en oro, el huevo cotidiano. Disfruta de lo que tienes ahora y no lo inviertas en planes de pensiones para el futuro, te lo dice la experiencia de la vida que acarrea uno, experiencia que es, como se dice vulgarmente, más puta que las gallinas, porque es zorra vieja, como la gallina de la fábula, que como dice este otro refrán en la lengua del Dante y Petrarca: “Gallina vecchia fa buon brodo”: Que la gallina vieja es la que hace buen caldo.
407.- Tolerancia. Los partidos políticos extraparlamentarios se llaman así no porque su campo de actuación sea la calle y lo que está fuera del parlamento sino porque todavía no han conseguido su representación en el circo –perdón, semicírculo o hemiciclo- parlamentario, por lo que no podemos confiar en que puedan hacer algo que no esté hecho, como tampoco confiamos en los que están dentro del parlamento. Todos nos prometieron el oro y el moro: que nos sacarían del estado crítico de la crisis en que nos halláramos, que nos subirían los salarios, que reducirían la jornada laboral o que no desmantelarían el Estado del Bienestar, cuando lo único que les interesa es el bienestar del Estado que genera nuestro malestar. Los altos índices de conformismo son el mejor aliado del sistema parlamentario y democrático de dominación vigente. No en vano, uno de los conceptos más esgrimidos por la clase política es el de tolerancia, que se ensalza como una virtud por encima de cualesquiera otras: es decir, el hecho de soportar, sufrir o sobrellevar. Sin embargo, sólo se refieren a lo malo, nunca a lo bueno. ¿Por qué será? Nos dicen que toleremos los males actuales para evitar “males mayores”. Pero yo me pregunto: ¿qué males puede haber mayores que los actuales? Yo, mirando a mi alrededor, no veo más que los males actuales. ¿Cuáles pueden ser peores? ¿Los futuros? ¿Los pasados? Menos lobos, Caperucita: no hay futuro ni pasado: sólo ahora.
408.- Gloria a Dios en las alturas. Se cita a menudo la frase de Dostoyesqui de “Si Dios no existiera, todo estaría permitido”, cuando en realidad es al revés: todo está permitido si existe Dios, porque lo perdona todo, porque Jesucristo va a morir para redimirnos del pecado original y de todos nuestros pecados en particular. Algunos se han apresurado a enterrar a Nietzsche, su particular bestia negra, porque dijo "Dios ha muerto", y afirman, poniéndolo en boca de Dios y no sin sarcasmo: "Nietzsche ha muerto". Pero Dios no ha muerto, está bien vivo, vivito y coleando en sus excelsas alturas, y podemos decir, como Epicuro decía de todos los dioses, que existe y se desentiende totalmente de los asuntos humanos, o sea, que es como si no existiera, para el caso. Pero nosotros no queremos la redención ni el perdón de nuestros pecados y los asumimos como tales, porque son nuestros, es más, porque son -se puede decir- lo único y más nuestro que tenemos. Que Dios, o Alá o Jehová, da igual cómo quiera llamarse el dios monoteísta, se quede en sus excelsas alturas, y que nos deje en paz aquí en la tierra a solas con nuestros pecados a los humanos seres, que no se empeñe en salvarnos, que no nos hace falta ninguna salvación, y que haya de una vez para todos nosotros, es decir, entre todos nosotros, paz, una paz que acabe con la guerra fundacional del mundo: Goria in excelsis Deo et in terra pax... a todos nosotros, tengamos o no tengamos la buena o mala voluntad que tengamos.
409.- ¡Calla, niño! Una copla o más propiamente serrana popular y por lo tanto laica, que quiere decir relativa y concerniente al pueblo, rezaba antaño así: Ya no dicen las madres / -¡Que viene el Coco!. / Que esta voz a los niños / asusta poco. / Si el caso apura, / les dicen: -“¡Calla, niño, / que viene el cura! En el estado aconfesional en que vivimos, en plena demotecnocracia, es preciso sustituir la mención de la figura anacrónica del cura –la conferencia episcopal está rabiosa porque ya no hay vocaciones- por la del psicólogo o psicagogo, conductor de almas. Si el psicólogo se define por estudiar el comportamiento de la mente humana, el psicagogo, igual que el demagogo o el pedagogo, se define por manipular la mente infantil. Detrás de la figura del psicólogo o psicagogo, como antes de la del cura, vemos el trasunto del viejo Coco de los cuentos infantiles: Ya no dicen las madres / -¡Que viene el cura! / Que esta voz a los niños / muy poco asusta. / Cambiando el Coco, / les dicen: -¡Calla, niño, / o te llevo al psicólogo!
410.- Non multa sed multum. Formulan estas cuatro palabras latinas un lema pedagógico bastante descuidado, que defiende que la verdadera cultura o quizá mejor la inteligencia de las cosas no consiste en acumular muchos conocimientos eruditos, porque no se basa en su cantidad, sino en su calidad: vale más poco pero a fondo que mucho pero sin la debida profundización: no hay que aprender muchas cosas, sino mucho, que no es lo mismo, porque “mucho” quiere decir en profundidad, y “muchas cosas” alude a una pluralidad superficial, lo que nos trae a la memoria enseguida aquel fragmento de Heraclito de Éfeso que dice que los muchos conocimientos -enciclopédicos y eruditos- no nos enseñan a tener inteligencia: πολυμαθίη νόον ἔχειν οὐ διδάσκει. Heraclito contrapone el concepto de polymathía o plurisciencia enciclopédica al de nóos o inteligencia de las cosas.
El domingo es, etimológicamente, el día del Señor, dominicus dies. Consagremos, pues, el descanso dominical de este día, ocho de junio del año del Señor de 2025, domingo, a Dios, Nuestro Señor, cantándole a modo de oración esta vieja canción de John Lenon, titulada precisamente 'God', Dios en la lengua del Imperio.
'God' es, en realidad, una preciosa canción de John Lenon sobre el descreimiento que desgraciadamente nunca llega a ser definitivo porque siempre nos aferramos, como veremos, a algún artículo de fe, a alguna creencia como a un clavo ardiente. Siempre encontramos alguna nueva manera de entonar el viejo "credo in unum Deum" niceno-constantinopolitano, sustituyendo el nombre de Dios por cualquier otro.
Acompañado al piano, el bajo y la batería, un sonido simple pero potente deja espacio a la melódica voz del ex beatle, que carga con el peso emotivo de la canción. Pertenece a su primer álbum de estudio como solista Jonh Lenon/Plastic Ono Band, publicado en 1970, y habla, como su título indica, de Dios, God en la lengua del Imperio.
Después de cantar que Dios es un concepto por el que puede medirse el dolor, hace una enumeración de artículos de fe en los que el que canta ha dejado de creer. Se mezclan nombres comunes y nombres propios, en los que de alguna manera ha depositado su fe en algún determinado momento pero en los que ha dejado de creer.
El grueso de la canción es una retahíla en la que enumera la magia, el I Ching, el tarot, el mantra, el yoga, libros sagrados como la Biblia o la Bagavad Gita, nombres propios de políticos como Hitler o Kennedy, divinidades como Jesús y Buda, para afirmar que no cree en los reyes en general, y en particular, entrando en el mundo de los ídolos musicales, en Elvis Presley, el rey del rock, ni tampoco en Zimmerman, que es el nombre propio de Bob Dylan, ni por supuesto en los Beatles de los que él había formado parte.
Después de este repaso en el que podrían incluirse muchos otros artículos de fe en los que se ha dejado de creer (por ejemplo Alá, Mahoma y El Corán, habida cuenta del incremento del islam en el mundo, y también la democracia y la ciencia en la que tanta gente cree con una fe ciega por esencia: la enumeración sería prácticamente interminable), y muchos otros nombres propios de ilustres personajes que han pasado a la Historia o están a punto de hacerlo en la actualidad, llega a la parte más decepcionante de la canción: Sólo creo en mí, en Yoko y yo, es decir, en su pareja, que era Yoko Ono, y en él mismo, que no dejan de ser otros artículos fantasmagóricos de fe tras los que se cobija el viejo Dios. Sin duda es algo que ya sospechaba el propio John cuando declaró en una ocasión: “Si hay un dios, todos somos Él” (If there is a God, we’re all it). Y también: “Creo en Dios, pero no como una cosa, no como un anciano en el cielo. Creo que lo que la gente llama Dios está en todos nosotros” (I believe in God, but not as one thing, not as an old man in the sky. I believe that what people call God is something in all of us).
Al decir que no cree en las religiones, los mitos, los ídolos, ni siquiera en los Beatles, pero sí cree en sí mismo y en Yoko, Lennon está colocando la verdad espiritual en el plano humano y cotidiano, no en lo sagrado institucionalizado, pero, al mismo tiempo, está sacralizando e institucionalizando el plano humano y cotidiano, con lo que no se libra, como pretendía, de caer en las redes del viejo Dios y de las creencias. Y esa es la realidad.
El sueño se ha terminado. Ayer.
Se define así mismo haciendo referencia a tres de sus canciones: la inolvidable Yesterday (Yo era un tejedor de sueños, pero ahora he renacido. Yo era la morsa pero ahora soy John). Y nos invita a nosotros a continuar descreyendo de todas nuestras certidumbres.
He aquí la letra completa en versión original y traducida: God is a concept / by which we measure / our pain (Dios es un concepto por el que medimos nuestro dolor)
I'll say it again (Lo diré otra vez).
God is a concept / by which we measure /our pain, yeah, pain, yeah, pain (Dios es un concepto por el que medimos nuestro dolor, sí, dolor, sí, dolor)
I don't believe in magic (No creo en la magia)
I don't believe in I-Ching (No creo en I-Ching)
I don't believe in Bible (No creo en la Biblia)
I don't believe in Tarot (No creo en el Tarot)
I don't believe in Hitler (No creo en Hitler)
I don't believe in Jesus (No creo en Jesús)
I don't believe in Kennedy (No creo en Kennedy)
I don't believe in Buddha (No creo en Buda)
I don't believe in Mantra (No creo en el mantra)
I don't believe in Gita (No creo en la Gita)
I don't believe in Yoga (No creo en el yoga)
I don't believe in Kings (No creo en reyes)
I don't believe in Elvis (No creo en Elvis)
I don't believe in Zimmerman (No creo en Zimmerman)
I don't believe in Beatles (No creo en los Beatles)
I just believe in me, Yoko and me (Sólo creo en mí, en Yoko y yo)
And that's reality (Y eso es la realidad)
The dream is over (El sueño terminó)
What can I say? (¿Qué puedo decir?)
The dream is over (El sueño terminó)
Yesterday (Ayer)
I was the dreamweaver (Yo era el tejedor de sueños)
But now I'm reborn (Pero ahora he renacido)
I was the walrus (Yo era la morsa)
But now I'm John (Pero ahora soy John)
And so, dear friends,/ you just have to carry on (Y así, queridos amigos,/tenéis vosotros que continuar)
The dream is over (El sueño se ha acabado).
336.- No hay guerra sin dinero. Antes del inicio de la guerra del Peloponeso entre las dos potencias rivales del mundo helénico antiguo que eran Esparta y Atenas, el rey lacedemonio Arquidamo hacía la siguiente consideración: “la guerra (…) no es tanto cuestión de armas como de dinero, gracias al cual las armas son útiles”. En Atenas, Periclés, por su parte, les decía a los atenienses algo parecido: “son las reservas monetarias, (...), las que sostienen las guerras”. En otro discurso, el ateniense les recordaba a sus compatriotas que las guerras se ganan no solo con estrategia y valor, sino sobre todo con abundancia de dinero, que es lo que las sostiene, como por otra parte es también lo que sostiene a los Estados que las emprenden. Hace más de dos mil cuatrocientos años que Tucídides, el historiador, escribió su Historia de la Guerra del Peloponeso, y recogió las palabras de aquellos oradores que, pese al paso del tiempo, siguen manteniendo su vigencia, porque, como cantó el poeta, hoy es siempre todavía. Viniendo a lo de hoy, que no deja de ser lo mismo que lo de ayer, el tío Sam democráticamente electo viene a decirnos que si Europa quiere más guerra, o más Defensa, con mayúscula honorífica e hipócrita, que se la pague de su bolsillo, que el tío de América no va a financiársela. Si queremos enviar soldaditos valientes ('tropas de paz') al frente de Ucrania, podemos empezar por mandar a nuestros propios hijos (e hijas, no vamos a excluirlas ahora que se impone la inclusión para lo bueno y lo peor).
337.- Resiliencia: ¿Por qué será que la palabra que más se escucha de un tiempo a esta parte es «resiliencia»? Quieren convencernos de que es la virtud suprema, una versión secular de la denominada antaño “resignación”, que se adjetivaba, para más inri, como “cristiana”. Se ha convertido así en la coartada perfecta de un sistema económico y social que descarga sus responsabilidades en sus súbditos. Ella, la resiliencia, que se originó como un concepto científico que describe la capacidad de un material para absorber impactos sin romperse, y que se aplicó a la psicología, para indicar la capacidad de afrontar y superar un acontecimiento traumático, se ha convertido en un imperativo moral que culpa a quienes no se «recuperan» lo bastante rápido de las dificultades. La resiliencia es lo mismo que la filosofía en su modalidad más estoica, que es otro disfraz de la vieja resignación: Hay que tomarse las cosas con resignación, con filosofía, y ahora, con resiliencia. Ya no es una cualidad personal, sino un imperativo moral. Si no puedes sobrevivir en un sistema económico depredador como este, el problema lo tienes tú, que no sabes adaptarte al medio camaleónicamente. Gracias al mantra de la resiliencia, los que mandan, que son los más mandados, se ganan nuestra sumisión.
338: Las dos tragedias: En “El abanico de Lady Windermere” (1892), obra dramática de Óscar Guail, el señor Dumby, le preguntaba a Lord Darlington si el amor que sentía por Lady Windermere, la protagonista del drama, había sido recíproco, a lo que este le respondía que no, que ella nunca lo había querido. Es entonces cuando Dumby le dice al lord: “Le felicito, mi querido amigo. En este mundo solo hay dos tragedias: Una es no conseguir lo que uno quiere, y la otra es conseguirlo. ¡La última es con mucho la peor, la última es una auténtica tragedia! Viene a dar este personaje secundario voz al sentido común que nos advierte de que la realización de los deseos y sueños que uno anhela que se cumplan es un éxito al mismo tiempo que un auténtico fracaso, porque la esencia de los sueños y los deseos no es su realización, que los convierte en trofeos, sino su pervivencia. Este aforismo, puesto en boca de un personaje secundario, no es una ocurrencia cualquiera, sino algo que puede razonar cualquiera que se ponga a pensar un poco y a soltarlo: una vez que he logrado lo que quería, ¿cómo sé que era eso, que ya he dejado de quererlo porque lo poseo, y no otra cosa lo que quería?
339.- Res ipsa loquitur. Es un latinajo jurídico, tomado al parecer de Cicerón, que significa “la cosa habla por sí misma”. El típico ejemplo suele ser el bisturí abandonado en el cuerpo de un paciente operado, que revela una negligencia médica. La cosa, en este caso, el bisturí está diciéndonos que él no tenía que estar depositado donde se halla... Pero al margen del uso jurídico, el latinajo puede decirnos algo más de lo que parece: Sugiere que no solo los seres vivos, humanos o no humanos, hablamos sino también las cosas del reino inerte. Las cosas nos hablan por sí solas y nos dicen, valga la redundancia, cosas, es decir, palabras que configuran la realidad, ese conglomerado que no se sostiene sin el lenguaje. Las cosas son los hechos y estos hablan por sí mismos. Ya nos advirtió el poeta Virgilio que las cosas albergan en su corazón lágrimas: sunt lacrimae rerum: lágrimas hay de las cosas. El poeta trata a las cosas como si fuesen personas porque ellas, como los hombres también lloran: las cosas ahora mismo están llorando porque, igual que nosotros, no quieren ser lo que son.
340.- El Estado y Dios. En Dios y el Estado (1882), Mijail Bakunin equipara a Dios y al Estado en la medida en que ambos representan, según su perspectiva, fuentes de autoridad opresiva del ser supremo que niega la libertad humana. Bakunin, como anarquista, rechaza toda forma de poder absoluto, ya sea divino o político, argumentando que la existencia de un Dios implica la sumisión del ser humano y que el Estado es una institución que perpetúa esa misma lógica de dominación. En este sentido, tanto Dios como el Estado son vistos como dos caras de la misma moneda. Hoy, un siglo y medio después de publicado ese libro, podríamos afirmar que el Estado es la moderna epifanía de Dios, dado que en una época teóricamente atea como la nuestra, viene a ser la reencarnación secular del viejo patriarca del Sinaí. La religión ha servido históricamente para justificar la obediencia y la sumisión, pero, a medida que el pensamiento racional y científico ha ido avanzando, el Estado laico ha venido a asumir ese papel, convirtiéndose en el nuevo ídolo que exige lealtad incondicional so capa de brindarnos protección a todos sus hijos como un padre bondadoso. Por eso escribió: "Si Dios existiese, sólo habría para él un único medio de servir a la libertad humana: sería el de cesar de existir". En cuanto al Estado, señala: "El Estado es la negación de la humanidad. Es la negación de la libertad. El Estado no puede ser otra cosa que el sacrificio del principio de la libertad en beneficio de la autoridad". En su visión, la secularización no ha eliminado la dominación, sino que ha transferido su justificación desde lo religioso hacia lo político que, por otra parte, no puede separarse de lo económico bajo el paraguas protector del Estado del Bienestar.
Una confesión judía se convirtió en cuatro siglos en la religión oficial del
imperio romano. Pasó de ser una secta perseguida a una religión
perseguidora. ¿Qué sucedió en esos cuatrocientos años de nuestra era,
una era que se llamaría cristiana? Que la explotación de los grandes
latifundios fue llevada a cabo no ya por los esclavos, que habían
alcanzado su libertad, sino por colonos, que eran trabajadores “libres”,
jornaleros que realizaban su tarea a cambio de un salario, un jornal.
¿Qué les obligaba a aquellos hombres libres a trabajar? La religión
cristiana, que se había convertido en la religión de los señores y que
santificaba, como luego haría el marxismo, el trabajo: "Ganarás el pan
con el sudor de tu frente".
oOo
¿Dónde estaba Dios en todo esto? Dios, cuya existencia no puede negarse
en realidad, se
transformaba, ajeno a las numerosas plegarias y maldiciones que recaían
sobre
Él, sufría una metamorfosis, como ha quedado claro a lo largo de estos
dos milenios de historia cristiana, no era otra cosa ya sino el viejo
ídolo
veterotestamentario, el propio Becerro de Oro idolatrado.
oOo
Ésquilo, el trágico griego, nos presentaba a Ares, el dios marcial de la guerra como si fuera un banquero o, con palabra más moderna, un
tiburón financiero, que intercambia muertos por monedas de oro: El coro de su tragedia Agamenón lo dice bien a las claras en los versos
438-445 que parafraseo en prosa: "Ares,
el dios marcial de la guerra, cambista de cadáveres (porque el precio del botín son los caídos, muertos, en
el frente) y el que en la batalla mantiene la balanza en el
fiel, manda desde Troya a los deudos de los combatientes, en lugar de
hombres, un penoso polvo incinerado que hace llorar con amargura
llenando las urnas funerarias dispuestas a ese fin con las cenizas de un
hombre".
Necrópolis de Douaumont, en memoria de los que fallecieron en la batalla de Verdún durante la Primera Guerra Mundial.
oOo
Apolo y Dafne: Uno no puede alcanzar impunemente lo que persigue, a
pesar del dicho popular de que "el que la sigue la consigue". El que la
sigue, la persigue y la persigue, como Apolo persigue a la ninfa Dafne,
de la que se había enamorado perdidamente, pero no la consigue: lo que
consigue no es la ninfa carnal que lo había enamorado, sino sólo su
nombre. El laurel de la victoria es su fracaso más estrepitoso. Dafne ya
no es Dafne, es sólo un ramo o una corona de laurel: su triunfo es el
más rotundo y estrepitoso de los fracasos.
Apolo dando alcance a Dafne, Bernini (1622-1625)
oOo
A
la foto del grupo escultórico de Barack y Michelle Obama, sita en la
plaza
Barack Obama de la estación de servicio de la localidad irlandesa de
Moneygall, que el señor Obama visitó en 2011 tras enterarse de que
su tatarabuelo era oriundo de allí, alguien le ha añadido el
plátano del artista italiano Maurizio Cattelan, el más caro del mundo,
no por ser plátano,
sino porque se ha convertido en una obra de arte, lo que, más allá de la
irreverencia de endilgárselo a la entrepierna de la señora Obama,
revaloriza considerablemente el valor de la pieza escultórica.
Mammón confiere al hombre una riqueza de la que nunca goza porque el gozo es una gracia, es decir, algo gratuito, que solo puede otorgar la gracia de Dios. Pero en el mundo reina la compraventa, la no-gracia o des-gracia de Dios.
No se puede ser fiel a ambos señores: ser fiel a uno implica ser infiel al otro. Se puede ser fiel a Mammón gestionando las riquezas y bienes del mundo, haciéndolas fructificar según la ley del dinero, haciendo el juego político y económico; y se puede hacer incluso con cierta moralidad. Se puede fomentar, por ejemplo, el comercio justo, pero el comercio, digan lo que digan, es esencialmente injusto.
"Esta subordinación no
está necesariamente restringida a la venta de esclavos o a la fuerza
de trabajo. Ocurre en toda transacción de venta, la cual
inevitablemente comienza una relación competitiva, destructiva
aunque la venta sea de un objeto ordinario. En todo caso, una persona
trata de establecer superioridad sobre otra. La idea de que la venta
puede ser un servicio es falsa; en verdad, lo único que se expresa
en la transacción es un deseo de poder, un deseo de subordinar la
vida al dinero. La relación de venta,
además, tiene otra característica, que deriva de lo que ya hemos
dicho: profana lo que es sagrado." (Jacques Ellul)
La adoración de Mamón, Evelyn de Morgan (1909)
La reacción de Jesús, sigue diciendo Ellul, contra los vendedores del Templo no es una reacción moralista contra un comercio poco honesto o poco justo, es la execración de los profanadores del Templo, los que han introducido el comercio o des-gracia de Dios en un lugar donde debería manifestarse la gracia de Dios, y representaban lo que se iba a cumplir pronto a manos de Judas: el sacrificio en el sentido de venta de una vida humana por treinta monedas.
Jesús expulsa a los mercaderes del templo, Alexander Bida (1885)
El dinero es una fuerza destructiva de la vida, y Dios representaba la resistencia contra esta fuerza agresiva y destructora.
Hay una convención tácita y un consenso de todos extraño, una confianza ciega, que conduce a los hombres a atribuir al dinero un valor que de por sí no tiene, porque carece per se de valor de uso y de valor de cambio. El dinero no tiene fuerza material si no se la atribuyen los hombres. En la medida en que los hombres se la conceden, el dinero se convierte en dueño y señor de los Estados, de los ejércitos, de las masas, de la inteligencia. No es una cuestión moral de buen o mal uso, sino espiritual. Crea el fenómeno de compraventa: todo lo que se hace se paga, todo se compra, incluido el hombre.
Mammón, G. F. Watts (1885)
Durante la Edad Media se puede hablar de un combate de la Iglesia contra el Dinero: prohibición del interés, exaltación de la pobreza a través del correspondiente voto, regulación del comercio, teoría del precio justo y salario justo, limosna franca... pero en la actualidad podemos afirmar que la Iglesia ha sido vencida por el Dinero.
Así que hoy día, habida cuenta del proceso histórico, debemos reconocer, como señala Agustín García Calvo en "De Dios" (pág. 107), que el Dinero ha venido a ser la Suma Realidad o Realidad de las realidades porque en Él se anulan todas las diferencias entre las cosas, y por lo tanto "Dios y Mamona son el mismo", y que es "Dios" el que va a convertirse en Nombre Propio de la Realidad de las realidades y del Objeto de la Fe, pues Mamona o Mammón, el dinero, no ha dado el paso a convertirse del todo, como 'Dios' en Nombre Propio entre nosotros para nombrar al Objeto Último de la Fe.
En el evangelio de Mateo (VI, 24) leemos: “Ninguno puede servir a dos señores: porque o tendrá aversión al uno, y amor al otro: o si se sujeta al primero, mirará con desdén al segundo. No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Y en el de Lucas, por su parte, otra versión de lo mismo (XVI, 13): “Ningún criado puede servir a dos amos: porque o aborrecerá al uno, y amará al otro: o se aficionará al primero, y no hará caso del segundo: no podéis servir a Dios y a las riquezas”.
El dicho final que transmiten ambos evangelistas (“No podéis servir a Dios y a las riquezas”) aparece a veces en otras versiones como “No podéis servir a Dios y al dinero”. Las
palabras “riquezas” y “dinero” son traducciones, a su vez de la palabra no latina
“Mammona”, que emplea Jesús y que proviene del arameo ܡܲܡܘܿܢ (māmōn),
que significa justamente "riqueza" o "dinero". El dicho advierte de la imposibilidad de ser leal a dos intereses contrapuestos, al espiritual, digamos, y al económico, porque son en principio incompatibles, aunque en realidad, como veremos más adelante, no lo sean tanto como parecían.
Su origen etimológico exacto no está del todo claro, pero generalmente se cree que deriva de una raíz semítica relacionada con términos de confianza o seguridad, indicando, por lo tanto, la fe o la confianza en la riqueza. La
etimología de Mammon, que Martin Achard toma de Hauck, es «Aman», raíz
que implica un sentido de estabilidad, de firmeza, y de la que derivan
los términos que significan: ser fiel, tener confianza- ser estable, durable -creer- y también verdad, fidelidad.
Mammón y su esclavo, Sacha Schneider (1896)
En
el poeta cristiano Prudencio(Hamartigenia u Origen del
pecado, v. 428) aparece el adjetivo mammoneus “que solo atiende al
lucro, interesado, codicioso, avariento” aplicado al sustantivo
fidem, en un hexámetro: mammoneamque fidem pacis sub amore
sequuntur, que quiere decir algo así como: Y por amor de la paz
siguen fe de Mamón lucrativa. En el latín cristiano fides,
traducción del griego πίστις, «designa el acto del espíritu
y el objeto al que este se aplica”, recogiendo el significado
religioso, propio del latín arcaico y perdido con el tiempo. A la
fides, que es en Prudencio la fe cristiana, le aplica el autor aquí un calificativo que la convierte en la fe heterodoxa que se pone en el dinero, como si
dijéramos, con palabra de la jerga económica, el crédito que se le da.
Con el tiempo Mamón se personificó en la literatura medieval como un demonio o divinidad pagana que representaba la codicia y la avaricia, lo que explica la variante popular “No podéis servir a Dios y al diablo”, salvo que se demuestre que, con el proceso histórico del devenir de los tiempos, han venido a ser lo mismo.
De hecho se llegó a decir que Mamón era el nombre de un demonio que subyuga a la humanidad, lo que probablemente está ya en Agustín de Hipona, quien en su Del sermón de la Montaña, II, 14 comenta el dicho
evangélico atribuido a Jesús de que no se puede servir a dos
señores, a Dios y a Mammona, que en hebreo, dice,
significa “las riquezas”. Y añade que corresponde también con
el nombre púnico o cartaginés ya que en esa lengua la ganancia se
dice “Mammon”. Y comenta a continuación, equiparando a Mamona
con el diablo: Quien sirve a Mamona (las riquezas) se somete a un
señor duro y pernicioso; en efecto, amarrado por la propia pasión,
está sometido al diablo y no le ama, porque ¿quién hay que ame al
diablo?, pero, sin embargo, le soporta.
Jesús lo personifica considerándolo una especie de divinidad, haciendo que el nombre común ascienda a la categoría de nombre propio. No es una divinidad pagana con la que Jesús quiera decir que hay que elegir entre el Dios verdadero y esta divinidad pagana.
En el Tárgum y en el Talmud, según el libro de Jacques Ellul "Dinero y poder” (originalmente “L'homme et l'argent', publicado en 1954), ya está personalizado. Es un pretendiente a la divinidad que forma parte de los elementos de este mundo que están llamados a desaparecer con la llegada del Reino de Dios.
Dios y Mammón están opuestos en la predicación de Jesús. Hay dos mundos: el de la compraventa y el de la gratuidad, radicalmente contrarios, extraños entre sí y contrapuestos El dinero no es un objeto sino un sujeto. Jesús no aconseja ganarlo honestamente o que haya que usarlo bien, como ha hecho la Iglesia con su limosna caritativa y su voto hipócrita de pobreza, sino que tiene un poder comparable al de Dios, que se constituye en dueño y señor del hombre, por eso cuando el hombre cree que puede servirse del dinero, se engaña totalmente porque es el dinero el que se sirve de él subordinándolo a sus fines y avasallándolo. No está en nuestras manos dirigir el uso del dinero, porque él -habría que escribir Él, con mayúscula honorífica reservada al Altísimo- tiene una potencia directriz, lo que le confiere un carácter sacrosanto.
Cristo expulsando del Templo a los cambistas, El Greco (1570)
"Así, cuando afirmamos que usamos el dinero, cometemos un gran error. Podemos, si estamos obligados, usar el dinero, pero es el dinero el que en realidad nos usa y nos convierte en sus sirvientes poniéndonos bajo su ley y subordinándonos a sus fines. No hablamos solamente de nuestra vida interior; nos referimos a nuestra situación global. No somos libres para dirigir el uso del dinero de un modo u otro, pues estamos en las manos de su poder controlador” (Jacques Ellul).
¿Qué
es ser mujer? Le preguntaron a la nueva ministra de la Mujer y la Igualdad del Reino Unido y dijo que había varias definiciones, y
dependía del contexto.
Qué
triste que haya tantas definiciones contextuales de “mujer”
y que ninguna sea válida siempre, cuando la tradicional es palmaria: "persona
de sexo femenino".
oOo
¿Votar o no votar?
¡Esa es la cuestión! Votar supone dejar que otros elijan en nuestro
lugar, mientras que no votar supone dejar que otros elijan por nosotros.
oOo
Profilaxis
efectiva: Si antes de cometer un delito, somos encerrados como
pre-delincuentes en prisión preventiva, evitaremos que se
cometa.¡Todos a la cárcel!
-"Podemos afirmar con orgullo
que somos hoy los más evolucionados
en materia de prevención del delito". Insuperable Joaquín Salvador Lavado Tejón (1932-2020), alias Quino, el dibujante argentino que hace que nos riamos del mundo y de nosotros mismos con una sonrisa compasiva. oOo
Preguntado el hoy primer
ministro británico si Israel tenía derecho a cortar el suministro
de energía y agua a Gaza, dijo que Israel tenía derecho a
defenderse.
oOo
Escribía san Agustín que Dios no podía morir ni pecar ni mentir
ni ser engañado, porque si pudiera hacerlo, entonces -he aquí la
paradoja- no sería omnipotente.
San Agustín de Hipona oOo
Dice literalmente el vídeo de la OMS, que vuelve a la carga, cansina como ella sola: "Si está usted en lugares abarrotados de gente con poca ventilación tales como los transportes públicos, póngase una mascarilla porque esta ayuda a mantenerlo a usted y a su comunidad a salvo de COVID-19, gripe y otras enfermedades respiratorias. Viva su vida y permanezca seguro y saludable".
Vuelve la Organización Mundial de la Salud a recomendarnos, erre que erre, el uso de mascarillas para prevenir la transmisión de la enfermedad del virus coronado cosecha del 19 (COVID19), la gripe o influenza y otras enfermedades respiratorias a pesar de que saben, lo sabemos todos, que dicho artilugio no impide la transmisión de virus. A pesar de ello la recomiendan y lo hacen porque su finalidad es fomentar y propagar la transmisión del virus terrorífico del miedo.
Escribe Agustín de Hipona, San Agustín (Ciudad de
Dios contra paganos, VII, 11-12), que a Júpiter, que era el nombre que
correspondería, mutatis mutandis, a nuestro Dios judeocristiano en la religión politeísta de la antigua Roma, una
religión sin embargo en vías de transición al monoteísmo dado
que entre los muchos dioses y diosas inmortales a los que se rendía
culto él era el padre de dioses y hombres y también su rey
omnipotente, a Júpiter, decía, también se le llamaba en la antigua Roma Pecunia, es
decir, Dinero. Se preguntaba, no obstante, el hiponense si no hubiera sido más adecuado llamarle Pecunio, con género gramatical masculino.
Un poeta republicano Valerio Sorano había definido a Júpier como "omnipotente" y "padre y madre" (progenitor genitrixque), de reyes, cosas y dioses, y al mismo tiempo como dios único y como todos los dioses a la vez. Varron, citado por san Agustín, ha transmitido su cita: Iuppiter omnipotens, regum rerumque deumque / progenitor, genitrixque deum, deus unus, et
omnes.
Horacio había ya dejado un hexámetro donde se refería al dinero no tanto como divinidad sino como rey, o más propiamente reina, del mundo: et genus et formam regina Pecunia donat, : "Dona linaje además de belleza la reina Moneda".
Moneda británica de medio penique con la inscripción inferior "DEA PECUNIA"
Ya entre los griegos Aristófanes había sacado una
comedia titulada Pluto ('riqueza', de donde deriva nuestra
“plutocracia”, traducida a menudo como 'Dinero'), donde se decía que era un dios ciego que
repartía dinero a troche y moche sin mirar a quién se lo daba, por lo
que la riqueza, y la felicidad consiguiente, estaba mal repartida. Cuando Pluto al final de la
comedia recupera la vista comienza a repartirlo justamente enriqueciendo a los pobres y empobreciendo a los ricos.
Pero se rebela el santo de Hipona contra esa denominación,
que le parecía de una gran bajeza y un insulto a la divinidad. Es cierto que gracias al dinero se pueden conseguir todas las cosas (eius sunt omnia, que nos recuerda al hemistiquio virgiliano y panteísta Iouis omnia plena, 'todo está lleno de Júpiter'), pero eso no le convierte en un dios bueno. Otro
gallo nos cantaría, propone él, si dijéramos que el verdadero
nombre de Dios es Riqueza, porque eso nos permitiría diferenciar
entre riqueza y dinero, y cambiar el significado de
rico, que ya no sería el que posee mucho dinero, sino el que
posee sabiduría, bondad y demás virtudes.
Ricos, en efecto, llamamos a los sabios, a los
justos, a los buenos, que tienen poco o ningún dinero; más bien son
ricos en virtudes, las cuales, aun en las necesidades de las cosas
corporales, les hacen sentirse satisfechos con lo que tienen ('nam
dicimus diuites sapientes, iustos, bonos, quibus pecunia uel nulla
uel parua est; magis enim sunt uirtutibus diuites, per quas eis etiam
in ipsis corporalium rerum necessitatibus sat est quod adest').
Y consecuentemente
también cambiamos el significado de 'pobres' que ya no son los que no
tienen dinero, sino por el contrario los que lo tienen y mucho pero, por eso
mismo, nadando en su misma abundancia, nunca estarán satisfechos con lo mucho que
tienen, que siempre se les hará poco porque siempre querrán más. Pobres, en cambio,
llamamos a los avaros, siempre ansiosos y necesitados; pues aunque
pueden tener mucho dinero, en su misma abundancia, por grande que
sea, no pueden por menos de estar necesitados ('pauperes uero auaros, semper inhiantes et
egentes; quamlibet enim magnas pecunias habere possunt, sed in earum
quantacumque abundantia non egere non possunt').
El santo de Hipona ha
hecho suya la paradoja realizando un cambio semántico en que ambas palabras han pasado a significar lo contrario de lo que significaban: los ricos son pobres y los pobres son ricos.
¿Qué es lo que ha trocado el sentido de estos términos? La
conformidad o sapientia con la realidad que tiene cada uno: los ricos son pobres
porque no se conforman con lo mucho que tienen. Los pobres son ricos
porque se conforman con lo poco que tienen. Es la religión del conformismo la que propone el obispo de Hipona.
San Agustín en su gabinete, Sandro Botticelli (1490-1495)
Por todo ello propone que
a Júpiter, o en nuestro caso a Dios, que para el caso viene a ser lo
mismo, no le llamemos Dinero, que es su verdadero nombre, sino Sabiduría (por no recurrir al nombre de la vieja diosa Minerva) o, mejor diríamos,
Conformidad o Conformismo con lo establecido, con la realidad tal como es, con Lo-que-hay (sat est quod adest), pero todos sabemos, porque lo sentimos en el fondo de nuestro corazón, que lo que hay no es lo mejor que podía haber.
oOo
Un chiste de ricos y pobres
Iba
una vez un pobre infeliz por el bosque, cuando de repente le sale un
enmascarado esgrimiendo la espada y gritándole:
-¡Alto ahí! Soy
Robin Hood de los bosques, el que roba a los ricos para dárselo a
los pobres.
Y el mendigo le contesta:
-Ay
de mi, yo soy el más pobre de todos los pobres, señor Hood.
-¿En
serio? -le pregunta Robin interesándose vivamente por su caso
personal- pues, si es así, ten, toma.
Y empezó a darle sacos y
cofres de oro y joyas del botín recientemente expropiado a los
ricos. Al poco rato, cuando se quedó solo, el mendigo empezó a dar saltos de
contento gritando como un loco:
-¡Albricias!
¡Soy rico! ¡Soy inmensamente rico!.
Y
en eso le asalta otra vez el enmascarado y le grita esgrimiendo la
espada y cargado de razón:
-¡Alto ahí, soy Robin Hood de los
bosques, el que roba a los ricos para dárselo a los pobres!
Escribía el obispo emérito de Santander, el señor Manuel Sánchez Monge, un artículo de opinión en El Diario Montañés el pasado domingo 18 de febrero titulado: El ecologismo ¿una nueva religión? Comenzaba reconociendo el significativo declive de las prácticas religiosas cristianas, aunque enseguida advertía de que no era tan fácil ser ateo y librarse de Dios, así, por las buenas, sobre todo porque el ecologismo, que es la nueva religión, ha convertido al cosmos, encarnado en el planeta, en una nueva divinidad, cuyos fieles abrazan a los árboles o adoran a las ballenas.
No en vano se habla hoy de santuarios (sic) de la biodiversidad, agricultores y consumidores conversos al culto de los productos bio-, anuncios apocalípticos del fin del mundo, que culpabilizan a la humanidad que debe expiar sus faltas y pecados por los efectos devastadores del cambio climático que ella misma ha generado provocando el calentamiento global, la obligación moral de reciclar los residuos, ahorrar energía, seguir, como hacen las grandes religiones, algunos preceptos dietéticos y alimentarios como evitar el aceite de palma, los productos que no son de temporada y de proximidad...
Pero esta nueva religión ecologista tiene un Santo Padre que la fomenta, Francisco Bergoglio (de Asís), vicario de Cristo, que en la encíclica “Laudato si', mi' Signore” (Loado seas, mi Señor ) escribió que el daño que la humanidad está haciendo al planeta ya no se limita al clima, al agua y al suelo, "sino que ahora amenaza la vida misma en la Tierra", que es la casa común. Allí el Papa acuñó el concepto de 'conversión ecológica', criticando a algunos cristianos que se burlan “de las preocupaciones por el medio ambiente”, o que, sin mofarse, “son pasivos, no se deciden a cambiar sus hábitos”. A todos ellos les hace falta convertirse a la nueva religión ecológica de proteger “la obra de Dios”, la creación, cosa que no es “algo opcional ni un aspecto secundario de la experiencia cristiana”, sino -no lo dice expresamente, pero se sobreentiende- algo obligatorio y primario en todo buen cristiano que se precie.
Esta nueva religión laica, que tantos paralelos tiene con el catolicismo, tiene su propio santoral en el que destaca la figura emblemática y beatífica de Greta Thunberg, que da lecciones a la humanidad cuando rompe en lágrimas a llorar desconsoladamente por el sombrío futuro del mundo que entrevé.
La ecología, escribe monseñor citando a Gavin Ashenden, “ha
pasado de ser una ciencia a un movimiento político y de ahí a una
religión”. Lo que no le parece muy bien al obispo emérito es que el ecologismo, convertido en religión, pretenda sustituir al cristianismo, y no compatibilizarse con él, como propone Su Santidad, porque la naturaleza ha sido creada y no se puede hablar de la creación y lo creado sin hablar del Creador, que es, huelga decirlo, Dios, nuestro Señor. No se le ocurre al obispo emérito, como se le ocurrió ingenuamente a aquella niña italiana de la que hablamos un día, preguntarse ¿quién ha creado a Dios?