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jueves, 5 de noviembre de 2026

¿Elecciones democráticas?

Publica Giorgio Agamben en su página habitual una reflexión importante para el día de las elecciones democráticas que los españoles convocados a las urnas y bombardeados por todos los medios en la actualidad por los sondeos que dan la mayoría a los unos o a los otros no deberíamos dejar de plantearnos: ¿Elecciones políticas o encuestas de opinión? (Los subrayados en negrita son míos).
 
Que lo que seguimos llamando democracia ha perdido su sentido queda demostrado por el uso indiscriminado de las encuestas, que ponen de manifiesto el hecho, ya evidente, de que las elecciones no son más que una encuesta de opinión y no la expresión de una voluntad política.
 
Las encuestas, al mostrar cada día, a través de las variaciones de las opiniones de los encuestados, la consistencia numérica de los partidos, crean una especie de elección continua, que nadie controla y que, por lo tanto, puede, como de hecho ocurre, ser manipulada para influir a su vez en la opinión de la que debería ser la expresión.
 
 
Llamamos democracia a un gobierno de la opinión pública, es decir, de algo políticamente totalmente inconsistente, que no tiene otra realidad que las encuestas, las cuales, en el mismo momento en que parecen registrarla, la crean, la alteran y la manipulan sin cesar. 
 
El proceso mediante el cual la «voluntad general» de Rousseau, que no puede cuantificarse, se ha ido transformando en la opinión pública, que no es más que una cuestión de números, define el destino de las democracias occidentales. 
 
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Sobre la libertad de elección, por nuestra parte, ya trajimos aquí, a propósito de un verso de Virgilio, una cita de Theodor W. Adorno que merece la pena recordar y que contrapone "libertad" y "elección": La libertad consiste no en elegir entre blanco y negro, sino en escapar de toda alternativa preestablecida.
 
Y también en otra ocasión la siguiente reflexión: Hay quien confunde posibilidad de elección con libertad, y cree que somos libres porque podemos elegir democráticamente entre varios partidos políticos que nos gobiernen. ¡Qué ingenuidad! Cuando elegimos entre varias opciones, nos sometemos a la tiranía de la oferta previa que hay en el mercado. Y eso no es libertad, sino sumisión. La libertad se definiría negativamente cuando no hubiera mercado ni oferta previa que condicionara nuestra elección, sino un verdadero mar de posibilidades en el que poder naufragar, y que, por lo tanto, nuestras opciones no dependieran de los intereses económicos, a los que suele responder la demanda de nuestra voluntad supuestamente libre y nunca más sumisa que cuando se plantea qué elegir en una espiral o círculo vicioso en que la serpiente se muerde la cola y ya no sabemos si es la oferta la que genera la demanda o la demanda la que crea la oferta. La acción de elegir aumenta la ceremonia de la confusión, porque en lugar de mostrar así nuestra libertad, fortalecemos la voluntad individual y personal, creando nuestro ego, ese fetiche que se convierte en nuestro carcelero, esa fragilísima burbuja de cristal en la que vivimos, esa ilusión, falsa como todas las ilusiones, de libertad. 

miércoles, 7 de octubre de 2026

Pareceres CXXVIII

630.- La profecía del poeta: El vaticinio, nunca mejor dicho, del poeta norteamericano Charles Bukowski (1920-1994), llama la atención sobre el aislamiento producido en nuestra vida por la irrupción de la tecnología, que es el arma de la tecnocracia imperante para controlarnos. Se trata de una profecía incluida como estrofa sexta de su poema This flag not bondly waving, algo así como 'Esta bandera que no ondea con cariño', incluido en su poemario The continual condition ('El padecimiento continuo'), que apareció a título póstumo en 2009, en plena era internetera, pero formulada mucho antes, habida cuenta del fallecimiento del poeta en 1994 que se ha visto cumplida y que nos retrata con acierto y sin piedad: ahora todo son ordenadores y más ordenadores / y pronto todo el mundo tendrá uno, / los niños de tres años tendrán ordenadores / y todo el mundo lo sabrá todo / sobre todos los demás / mucho antes de conocerlos / y por eso no querrán conocerse. / nadie querrá conocer a nadie / nunca más / y todo el mundo será / un recluso / como lo soy yo ahora. 

  
631.- O yo o la ultraderecha. El jefe del ejecutivo carpetovetónico, expresión que alude al presidente del gobierno, o primer ministro, como se dice en el extranjero, de las Españas, acaba de anunciar que convoca elecciones generales para el día, creo, 29 de noviembre, y lo ha planteado al modo de la viñeta de Ramón en la que un político, desde la tribuna, le dice al pueblo: ¡O nosotros o el caos! Y el pueblo, harto de ese gobernante, responde: ¡El caos! ¡El caos! A lo que el político refunfuña: Es igual, también somos nosotros. Solo hay que cambiar el caos por la ultraderecha (“la ola ultraderechista que involuciona allí donde gobierna”). El fucking master les pide a los españoles y a las españolas que elijan el futuro que quieren, porque depende, les dice, “de vosotros y de vosotras”, si queréis “retroceder o continuar avanzando” no se sabe a dónde. Apela a los ciudadanos y a las ciudadanas, en suma, a la “gente de a pie” para que vote al gobierno de coalición progresista que ha convertido a España “en un referente mundial de paz, feminismo y prosperidad”, a fin de seguir en el lado correcto de la Historia. Y la ciudadanía sabe que, en el fondo, da igual, que el gobierno de coalición progresista es, mutatis mutandis, lo mismo que la extrema derecha o ultraderecha, las élites tecnoligarcas y los buitres carroñeros con los que nos meten miedo. 
 
  
632.-Votar no sirve para nada. Es un historiador, periodista deportivo, teólogo y filósofo comunista a la vieja usanza, al que invitan a las tertulias televisivas por sus discursos contundentes en defensa de la clase obrera y sus críticas frontales al sistema capitalista existente. En sus intervenciones denuncia la precariedad de la vivienda, la pérdida de derechos laborales y la "comedia de la clase media", instando a quienes viven de un salario a reconocerse como proletarios. Se ha hecho viral enseguida su comentario sobre las elecciones generales -democrático burguesas, dice él- recientemente convocadas. Hace gracia su vehemencia porque, reconoce la gente, tiene razón. Esto  es lo que grita en el vídeo adjunto: Si la gente piensa, de verdad, y lo digo sinceramente, si la gente piensa que metiendo una papeleta en una urna el día las elecciones, se va cambiar algo del sistema, y la vida le va ir mejor a ustedes, viven ustedes en la inopia. Antes verán a Dios, y se les aparecerá Dios, se les aparecerá Jesús, y se les aparecerá el Espíritu Santo, que querer cambiar el sistema. Porque votar en unas elecciones democrático-burguesas no sirven absolutamente para nada. (Habría que corregir un poco su soflama: votar no sirve absolutamente para nada a la hora de cambiar el sistema, pero sí a la hora de mantenerlo como está, procurando que cambien los gobiernos para que todo siga igual. Pero no nos hagamos ilusiones: no votar tampoco sirve absolutamente para nada a la hora de cambiar el sistema. Habrá que hacer otra cosa. A saber qué.
 
  
633.- Huelga general. Los sindicatos mayoritarios (y subvencionados por el Estado) convocarán su primera huelga general en catorce años, siguiendo la demanda del Sindicato de Inquilinas, así denominado para visibilizar -ojo al verbo- que la precariedad laboral de la vivienda afecta de forma especial y desproporcionada a las mujeres y, sobre todo, para romper con la norma lingüística hegemónica del masculino gramatical genérico, y adoptar una perspectiva feminista de género (sic). Hay quienes dicen que este femenino es también genérico, si se sobreentiende el sustantivo “persona”, gramaticalmente femenino, y sería el Sindicato de (personas) inquilinas. En todo caso, se ve que hemos pasado de ser un país de propietarios a ser mayoritariamente un país de inquilinos, es decir, de gente que vive de alquiler, o, si pudiera pronunciarse de *inquilinxs, donde la "x" es la incógnita matemática. No se olvide aquel profético lema del Foro Económico Mundial: No poseerás nada y serás feliz. La propiedad privada de la vivienda no ha desaparecido, ni los propietarios, a quienes se denomina buitres carroñeros, por muy pequeños propietarios que sean. La reclamación del sindicato va en el sentido de abaratar los costes, no de acabar con el capitalismo, cosa que no le interesa a nadie. En todo caso, parece que esta huelga general domesticada la convoca el gobierno, que no solo no ha resuelto el problema de la vivienda, sino que lo ha agravado y que aún pretende seguir gobernando para “solucionarlo”... en el futuro. 
 
 
 634.- El reto demográfico. Uno de los ministerios del gobierno progresista de coalición central de las diecisiete españitas y dos ciudades autónomas se denomina rimbombantemente: Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Lo de la transición ecológica ya sabemos más o menos lo que es a fuerza de paneles solares y molinos de viento. Lo que no nos queda claro es en qué consiste el Reto Demográfico. Parece ser que según el propio ministerio consiste en “Garantizar la igualdad de derechos, oportunidades y servicios en los territorios menos poblados de nuestro país”, un objetivo muy loable. Los territorios menos poblados son la España vaciada, generalmente rural y caracterizada por el éxodo hacia las grandes ciudades, lo que nos da a entender que esos territorios no solo se vacían de gente, sino que se convierten en residencias de ancianos y centros de la tercera edad, porque la poca gente que queda se dedica a envejecer y a morir, y no sigue el consejo del nonagenario actor de Jólivuz de que no había que dejar entrar al viejo en casa (Don't let the old man in). De todas formas, me da la sensación de que el mayor peligro no reside en el aumento de la población anciana en los territorios menos poblados, sino en el «envejecimiento» psicosocial de la población juvenil en general, cada vez más infantilizada y, paradójicamente, envejecida al mismo tiempo. 
 
   

domingo, 31 de agosto de 2025

Votar a los dieciséis

"Son lo suficientemente mayores para trabajar y pagar impuestos y, si contribuyen, deben tener voz [a la hora de elegir a los representantes que decidan por ellos] en cómo se invierte su dinero". Si contribuyen, deben tener voz y voto. Y si votan contribuyen a la democracia. Eso y no otra cosa es la política: inversión  del dinero. Así defendió recientemente el primer ministro británico, la reforma de la ley electoral anunciada por su gabinete hace unas semanas. Por primera vez, los jóvenes británicos de 16 y 17 años podrán acudir a los colegios electorales a depositar su voto en las urnas, cosa que ya hacían en comicios regionales de Gales y Escocia, y que ahora se amplía a todo el Reino Unido de la Gran Bretaña, donde la participación no llegó a alcanzar en las últimas elecciones el 60% del pueblo convertido en electorado. 
 
El rey-no de las Españas va, aunque en esa misma dirección, rezagado todavía. Aquí los dieciséis- y diecisieteañeros pueden trabajar, pueden cotizar, pueden contribuir a las pensiones, pueden asumir responsabilidades penales como ir a la cárcel… pero todavía no pueden votar. Pero el asunto está en la agenda ministerial.
 
 
Los argumentos que se esgrimen a favor de que voten son que muchas de las personas que actualmente van a depositar la papeleta, dada su provecta edad, ni siquiera vivirán las consecuencias de las políticas que votan, por lo que el voto juvenil se torna imprescindible para construir el trampantojo del futuro.
 
La medida trata de beneficiar a la democracia, es decir, a la definición de “demo”, rebajando la mayoría de edad a los dieciséis años, aunque podría discutirse una mayor rebaja, incluyendo a los catorce- y quinceañeros, por ejemplo, a los que habría que adoctrinar políticamente -ya se encarga de eso el nuevo servicio militar que es la Educación Secundaria Obligatoria- para que ejercieran ese derecho. 
 
En 1931 había muchos hombres y mujeres que no creían en el voto femenino, cuando las mujeres no tenían reconocido ese derecho, pero no por eso dejó de reconocérseles. E Incluso había muchas mujeres de izquierdas como las diputadas Margarita Nelken o Victoria Kent (porque la mujer tenía sufragio pasivo, es decir podía ser elegida pero no elegir) que se opusieron al sufragio activo femenino porque consideraban que el voto femenino, muy influenciado por la Iglesia, iba a escorarse a la derecha. 
 
Voto femenino, portada de ABC de 1933
 
Estos jóvenes, dicen algunos detractores, que no faltan, todavía no han “diseñado su proyecto de vida”, son inmaduros por lo que no saben aún lo que quieren. Pero puede dársele la vuelta a este argumento, dicen los defensores: rebajar la edad de voto podría ayudarles a madurar antes. Muchos votarían, según las encuestas, a la extrema derecha... Pero, claro está, no puede cuestionarse la concesión de un derecho en función del beneficio electoral en clave de partido político o ideología. 
 
Reducir la edad de voto a los dieciséis añadiría casi un millón más de votantes al electorado  y haría que los partidos políticos se preocuparan más de este 'nicho de mercado', corroborando la salud del sistema democrático. Muchos adolescentes no apoyan la democracia como sistema político. Por tanto, es necesario mejorar los canales de participación para reenganchar a esos jóvenes y hacerlos adictos al sistema político y económico vigente en el que están inmersos. 

Ampliar el derecho a voto, recalcan los expertos, mejoraría, además, la práctica democrática: un joven que empieza a votar pronto y se ejercita en ello tiene más probabilidades de continuar haciéndolo durante el resto de su vida, con lo que se combatiría la desafección creciente hacia la clase política y el también creciente abstencionismo electoral. Se lograría, además, la politización y por lo tanto la polarización izquierda/derecha que tan útil le resulta al capitalismo democrático de los jóvenes (o de las personas jóvenes, como prefieren decir los políticamente corregidos). 
 
Los jóvenes son tan responsables o irresponsables como los adultos para formar sus propias ideas y para decidir si votan o no votan, y en el primer caso para decidir en qué urna o papelera de qué partido depositan su sufragio.
  

miércoles, 6 de noviembre de 2024

Pareceres LXI

296.- El excesivo prestigio de la revolución. Dijo en alguna parte Cioran que la rebelión gozaba entre nosotros de un privilegio indebido. Tal vez sea, digo yo, porque le inyecta nueva savia a la vieja maquinaria del sistema de forma que el cambio provocado por la rebelión hace que las cosas sigan exactamente igual que si no hubieran cambiado, mientras que nosotros las percibimos de otra manera como si lo hubieran hecho: lo que cambia es nuestra percepción de la realidad, no la realidad misma, que sigue siendo igual: los mismos perros con collares diferentes: lo que sucedió en España en la llamada "transición". La revolución es cosa de los revolucionarios, de los que quieren que todo cambie para que siga todo igual; revolucionarios como Fidel Castro o Ernesto Ché Guevara, tantos que en el mundo han sido, que se rebelaron contra lo establecido, y eso les honra, pero fundaron su propio establecimiento. ¿Quién se rebelará ahora contra el establishment que ellos establecieron? 
 
297. - Lo que vale el oro. En el corazón de la ciudad se han abierto muchos establecimientos, generalmente pequeños y cutres, en los que se tasa y se compra oro al mejor precio.  Así dice un anuncio bastante significativo de uno de ellos: "Todos sabemos el dolor que produce desprenderse de objetos personales como son las joyas que hemos heredado o que hemos ido atesorando a lo largo de nuestra vida, al igual que SOMOS CONSCIENTES DEL DIFÍCIL MOMENTO QUE VIVEN MUCHAS FAMILIAS EN ESPAÑA, YA QUE ESTA CRISIS NO ENTIENDE DE CLASES SOCIALES (¡!sic, literalmente). Por eso queremos que Vd. reciba el mejor de los tratos posibles, valorando sus joyas con la tasación más alta." Uno sólo se desprende de sus joyas cuando está arruinado, cuando no tiene dinero o, como ahora, cuando el dinero que tiene no vale lo que tenía que valer, es decir, su valor en oro, porque está devaluado, porque los billetes de papel del banco casi no tienen más valor que el papel higiénico. Hay que decir sin cansarse de repetirlo, que, aunque no lo parezcan, todos los billetes son falsos, que no hay uno solo verdadero en curso. Hay que decir que el oro, que es el más maleable y precioso de todos los metales, es lo que oro vale, como dice un refrán, lo que quiere decir que el valor de las cosas no lo representa exclusivamente el dinero. Ya lo dijo don Antonio Machado: Todo necio, confunde valor y precio. El oro vale lo que vale el oro. O lo que es lo mismo. el metro mide lo que mide un metro. Pero ¿cuánto mide un metro de verdad? ¿Cuánto exactamente? ¿Cuánto vale un lingote de oro de verdad? ¿Lo sabe alguien? 
 
 
298- Tres síntomas. A poco que pasee uno por las barriadas que rodean a las grandes ciudades, esos suburbios que se extienden como tumores cancerígenos alrededor de los centros históricos gentrificados para pasto del turismo, hay tres cosas que saltan a la vista enseguida: la abundancia de farmacias, que revelan el alto grado de medicalización de la población hasta el punto de que toda la existencia humana desde la cuna hasta la sepultura está supeditada a la gran farmacopea, lo que demuestra el obsesivo auge de la medicina preventiva -en detrimento de la curativa y de los centros hospitalarios que se dedican a curar los males presentes-, así como el recurso constante a la automedicación de fármacos ante cualquier mínimo problema o inconveniente que se presente; la abundancia de clínicas veterinarias y de tiendas de mascotas y de complementos para ellas -comida, atrezzo, juguetes, golosinas...-, así como de perros paseados por sus dueños, lo que revela la necesidad de animales de compañía que tiene la mayoría de las personas, habida cuenta de la inconfesable epidemia de soledad no deseada; y, last but not least, la escasez de niños en las calles y en los parques, lo que pone de relieve el actual declive demográfico, y la tristeza de que los pocos niños que vienen al mundo estén encerrados en sus domicilios o en centros escolares o ludotecas, ausentes de las calles, con pocos espacios libres y disponibles para ellos, alejados del juego en libertad en una sociedad cada vez más aséptica, controladora y controlada, que prefiere enviarlos a lugares confinados para que realicen actividades limitadas en lugar de dejarlos experimentar la vida al aire libre. 
 
299.- ¿Libertad de expresión contra censura? En nuestros días, la sacrosanta libertad de expresión es la nueva y más peligrosa máscara de la Inquisición: no consiste en que se nos prohíba decir algo, pues se ha hecho realidad la aspiración sesentayochesca del prohibido prohibir, sino en todo lo contrario: Torquemada, el Gran Inquisidor, permite ahora decir cualquier cosa, tantas tonterías como a uno le vengan en gana, hasta tal punto que resulte trivial cualquier cosa que se diga, reducida por el mero hecho de que la diga alguien a simple opinión personal o idiotez consabida y respetable de ese alguien,  como todas las opiniones, con las que se puede estar de acuerdo o no, por supuesto, pero ajena por lo tanto al sometimiento crítico al análisis del sentido y la razón comunes, dado su carácter privado de ocurrencia personal y blindada respetabilidad: no es más que un voto particular, un grano que, ya se sabe, no hace granero. Si alguien acierta a expresar algo razonable, corre el peligro de que no se lo reconozcan, porque es peligroso darle la razón al pensamiento, y le digan que esa es su opinión personal, respetable como todas las opiniones e ideologías pero que no hay por qué compartir, porque al fin y al cabo cada uno tiene la suya.  A fin de cuentas, como dicen los gringos, todos tenemos una opinión, la nuestra, lo mismo que un asshole u ojete del culo. Ha desaparecido la censura externa, lo que quiere decir, ni más ni menos, que la hemos interiorizado.  Ahora nadie dice nada que no sea Politically Correct: la censura más eficaz es la autocensura interiorizada, el tribunal inquisitorial de la propia y santísima conciencia. Cuando los censores comprobaron que prohibir era contraproducente, porque conseguían atraer la atención del público levantando la liebre del deseo sobre lo que prohibían, decidieron cambiar de estratagema permitiéndolo todo. Pero ¿de qué le sirve la libertad de expresión a un pensamiento prisionero?
 
300.- En busca del voto decisivo. ¿Cuál será el voto que decida la inclinación de la balanza? ¿Cuál será el grano que haga que un montón pese más que el otro? Porque no nos engañemos, no todos los votos son iguales, como se revela en el cómputo: hay un voto que vale más que los demás, es el último que se cuenta, el que decide el empate o desempate: es el voto decisivo que buscan los candidatos a los que acompaña la incertidumbre hasta el final de la campaña, una de las más reñidas e igualadas que se recuerdan, en la que los electores deben elegir entre la peste y el cólera. ¿Y qué sucede si hay empate? ¿hay algún voto de calidad? Los candidatos llegan igualados a la recta final de una campaña electoral marcada por un clima de altísima tensión. Cuando la contienda está extremadamente reñida, resulta que hay un voto decisivo que los candidatos buscan con afán. ¿Será el suyo propio? ¿Puede producirse un empate técnico? Teóricamente es posible.  ¿Qué sucedería en un caso hipotético de empate? ¿Quién dirime el lado hacia el que se inclina la balanza? Se habla de la existencia de un voto de calidad, cuya importancia no es cuantitativa, sino cualitativa, que es el voto del presidente, director o mandamás, lo cual da a entender enseguida que no todos los votos son iguales, que no todos tienen el mismo peso específico, que hay al menos un voto que es el de “calidad”, el que más vale, el que decide el desempate. 
 
La elección del pueblo, Jordan Henderson (2024) 

jueves, 8 de agosto de 2024

Variedad de variedades

El eterno femenino es el misterio, el uarium et mutabile semper femina de Virgilio, que no es un reproche de la volubilidad femenina, sino un intento desesperado de definir lo indefinible, porque no tiene definición que valga. ¿Qué es una mujer? ¿En qué consiste el eterno femenino? ¿En qué consiste ser mujer?

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Ya tengo mi terruño donde caerme muerto,

Al fin soy propietario de un poco de terreno.


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-Papá, cuéntanos un cuento.

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Crates de Tebas

Diógenes en su tonel y su discípulo Crates tirando sus riquezas al mar.
 

"No sabes el poder que tiene mi zurrón,

la ración de chochos y mi despreocupación." 

 

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“Tengo una enorme obsesión por que se incorporen más mujeres a las Fuerzas Armadas”, declara a la prensa la Ministra de la Guerra del Ejecutivo progresista.

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España ha registrado un total de setecientas setenta y una muertes en el mes de julio atribuibles al calentamiento planetario provocado por el virus del calor.

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La OMS inicia su precampaña de otoño-invierno alertando del incremento de casos de COVID-19 y del riesgo de aparición de nuevas variantes más graves todavía.

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La sospecha de fraude en las recientes elecciones venezolanas debería hacernos ver que cualquier democracia es un embeleco y crimen del pueblo de lesa majestad.

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Cada vez hay más gente que no puede irse de vacaciones como hace la mayoría pudiente y “escapar” de su residencia permanente debido a limitaciones financieras.

jueves, 11 de julio de 2024

Ensaladilla mixta

¿Qué es ser mujer? Le preguntaron a la nueva ministra de la Mujer y la Igualdad del Reino Unido y dijo que había varias definiciones, y dependía del contexto.

Qué triste que haya tantas definiciones contextuales de “mujer” y que ninguna sea válida siempre, cuando la tradicional es palmaria: "persona de sexo femenino".

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¿Votar o no votar? ¡Esa es la cuestión! Votar supone dejar que otros elijan en nuestro lugar, mientras que no votar supone dejar que otros elijan por nosotros.
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Profilaxis efectiva: Si antes de cometer un delito, somos encerrados como pre-delincuentes en prisión preventiva, evitaremos que se cometa.¡Todos a la cárcel!

-"Podemos afirmar con orgullo 
que somos hoy los más evolucionados 
en materia de prevención del delito". Insuperable Joaquín Salvador Lavado Tejón (1932-2020), alias Quino, el dibujante argentino que hace que nos riamos del mundo y de nosotros mismos con una sonrisa compasiva. oOo
 Preguntado el hoy primer ministro británico si Israel tenía derecho a cortar el suministro de energía y agua a Gaza, dijo que Israel tenía derecho a defenderse.

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Escribía san Agustín que Dios no podía morir ni pecar ni mentir ni ser engañado, porque si pudiera hacerlo, entonces -he aquí la paradoja- no sería omnipotente.

San Agustín de Hipona
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Dice literalmente el vídeo de la OMS, que vuelve a la carga, cansina como ella sola: "Si está usted en lugares abarrotados de gente con poca ventilación tales como los transportes públicos, póngase una mascarilla porque esta ayuda a mantenerlo a usted y a su comunidad a salvo de COVID-19, gripe y otras enfermedades respiratorias. Viva su vida y permanezca seguro y saludable". 


Vuelve la Organización Mundial de la Salud a recomendarnos, erre que erre, el uso de mascarillas para prevenir la transmisión de la enfermedad del virus coronado cosecha del 19 (COVID19), la gripe o influenza  y otras enfermedades respiratorias a pesar de que saben, lo sabemos todos, que dicho artilugio no impide la transmisión de virus. A pesar de ello la recomiendan y lo hacen porque su finalidad es fomentar y propagar la transmisión del virus terrorífico del miedo.

miércoles, 26 de junio de 2024

SFD "Síndrome de Fatiga Democrática"

    ¿Padece usted acaso lo que David van Raybrouck, historiador cultural y arqueólogo belga, autor del libro "Contra las elecciones" de muy recomendable lectura, ha dado en llamar el “síndrome de fatiga democrática”, o todavía aguanta estoicamente con resiliencia, como Dios o la corrección política mandan, la farsa demagógica basada en la santificación del sistema representativo electoral que reduce la democracia a las elecciones de unos representantes que no nos representan? ¿Su actitud ante la convocatoria de unas elecciones municipales, autonómicas, nacionales o europeas, se mantiene en el sano escepticismo popular o padece ya una reacción alérgica de considerable intolerancia? 
 
 
    ¿No está de acuerdo con la reflexión de Rousseau de que el pueblo inglés (y para el caso el suyo al que pertenezca también) piensa que es libre y se engaña, porque sólo es libre para la elección de los miembros del parlamento, ya que tan pronto como los ha elegido vuelve a ser esclavo? ¿No ha pensado alguna vez que mientras haya elecciones y los gobiernos cambien, el debate electoral es un espectáculo rigurosamente controlado y dirigido por unos grupos rivales que se dedican a persuadirle abordando solamente una pequeña gama de cuestiones sociales previamente seleccionadas por esos grupos, y que usted representa solo un papel pasivo, inactivo e incluso apático respondiendo sólo a las preguntas que se le formulan? 
 
    ¿No ha sospechado nunca que más allá de este espectáculo del juego electoral, la política se desarrolla entre bambalinas mediante la interacción entre los Gobiernos elegidos y unas élites que, de forma abrumadora, representan los intereses de las empresas?   
 
 
    ¿No cree que lo que se podría llamar el "Síndrome de Fatiga Democrática", según David Van Raybrouck, no está provocado tanto por los votantes, los políticos o los partidos, sino en gran medida por el propio proceso electoral que se reduce al voto y a la caza del voto por los profesionales?
 
    ¿No ha pensado que las llamadas elecciones democráticas no son un medio de participación de la gente, sino un fin en sí mismo, un dogma de fe con un valor inherente e inalienable? ¿No ha dicho alguna vez que la democracia no puede reducirse a lo que de hecho se reduce: a la consulta periódica cada cuatro o cinco años a un electorado que debe decantarse entre las opciones previas que se le dan, y se acabó, y que si sus elegidos no representan su voluntad, olvídese del asunto y no vuelva a votarles en las siguientes elecciones? 
 
    Todas estas preguntas se las hace Van Raybrouck y frente al problema de que nuestros representantes no nos representan, propone un remedio muy antiguo: la reactivación del sistema de lotería, como se hacía en la antigua Atenas. Algo que entre nosotros ya había propuesto Ángel Cappelleti, como dimos cuenta en su momento, que abogó por que en lugar de realizar costosas campañas electorales se sortearan los cargos públicos como los premios de la lotería, reactivando la ticocracia ateniense, neologismo compuesto de τύχη (týche "suerte, azar") y κρáτος ("dominio, poder"), facultándoseles para estudiar un tema particular como representantes aleatorios de toda la comunidad.   Este procedimiento no deja de tener un fundamento racional, si se supone que todos los hombres somos iguales e igualmente aptos (o ineptos, según se mire) para gobernar.    
    
   
     Lo peor y lo mejor (según se quiera ver)  del libro de Van Raynbrouck, publicado originalmente en neerlandés en 2013 con el título Tegen verkiezingen: 'Contra las elecciones',  y entre nosotros por Taurus en 2017, traducido por Marta Mabres Vicens, es la portada iconoclasta y paradójica de la edición española, que pretende "salvar la democracia" destruyendo el sistema electoral.
 
   El movimiento Occupy Wall Street, inspirado en el 15M madrileño, hizo suyo el eslogan “Somos el 99 por ciento”. Los occupiers mostraban su descontento con la democracia representativa: "En el Congreso afirman que su objetivo común es servir al pueblo estadounidense, pero en realidad se trata lucha de poder entre partidos políticos. Nuestros representantes elegidos [...] solo representan la perspectiva de las personas que pertenecen a su adorado partido y la de la élite acomodada que les llena los maletines durante las campañas, naturalmente en orden inverso de prioridad. Esto nos lleva a la denuncia más importante del 99 por ciento: «Nuestros representantes no nos representan»".  

    Aquí, mientras esté disponible el vídeo en la plataforma que lo aloja, se puede escuchar en inglés la conferencia del autor "¿Por qué las elecciones son malas para la democracia?"  presentando la traducción inglesa de su obra en el Hannah Arendt Center Bard College. 

sábado, 12 de agosto de 2023

Marginalia (comentarios breves al margen, 2)

 De meteorología y alarma climática: 

 Con el nombre de las últimas oleadas de calor quieren acojonarnos: Cérbero, el perro tricefálico guardián del infierno, y Caronte, el barquero de los muertos.
 
Julio de 2023 fue el mes más caluroso desde el surgimiento de nuestra civilización según la prestigiosa revista National Geographic: una sandez sin paliativos.
 

El secretario general de la ONU ha declarado que se acabó la era del calentamiento y entramos en la de la ebullición global, empezando a hervir en el puchero.
 
Un titular periodístico: Cambio climático y calentamiento global: una realidad incuestionable. Y yo me pregunto qué realidad es ésa que no se puede cuestionar.
 
 El Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico son un sopicaldo que hierve por el calentamiento planetario: llegan a nuestras playas miles de carabelas portuguesas.
 
De las elecciones democráticas: 
 
¿Hubo fraude electoral en los pasados comicios? Por supuesto, pero no tanto por el caso concreto, como por que todas las elecciones son un engaño fraudulento.

Las elecciones son siempre un engañabobos porque la mayoría elige siempre lo que está mandado, y el pueblo no quiere elegir gobierno sino que nadie lo gobierne.

  Igual que el personaje de don Juan de Lord Byron, cualquiera de nosotros podría exclamar aquello de: But I am sick of politics: pero harto estoy de la política.
 
De las humanidades: 
 
El estudio del latín y el griego es completamente inútil; su inutilidad práctica debería ser la razón para incluirlas como materias obligatorias de enseñanza.
 
Cualquier instituto o facultad universitaria debería impartir clases de griego y latín, materias gloriosamente inútiles e infructuosas que no sirven para nada. 
 
Cicerón en su tratado De la república le hacía decir a Escipión que no hay peor Estado que aquel en que se considera a los más ricos los mejores ciudadanos*. 
 
 *nec ulla deformior species est ciuitatis quam illa in qua opulentissimi optimi putantur.
 
 De varios: 
 
Dice el refrán: No hay mal que por bien no venga, queriendo decir “...que para bien no venga”, pero, por otro lado, no hay mal que no nos lo vendan como bien.
 
Escribe angustiado Soren Kierkegaard que hay que tener la precaución del médico al tomar el pulso de no tomar nunca el propio en lugar del pulso del paciente.
 
La digitalización nos quiere alineados, que estemos siempre en línea (on line, en la lengua del Imperio), habría que procurar estar más off line des-alineados.
 
¿Señora o señorita? ¿Por qué se distingue 'señora' de 'señorita' en el caso de las mujeres y no se hace algo parecido en el de los varones: señor o señorito?
 
 Si solo hay una raza humana, solo debería haber un género, el humano, sin hacer distingos como hacían los sabios de Bizancio con sus disquisiciones bizantinas.
 
En la puerta vieja del cementerio, divinas palabras: Beati mortui qui in domino moriuntur: Dichosos los muertos... Solo las dos primeras palabras me interpelan.
 
La desconfianza puede ser un mecanismo de defensa frente a las mentiras del poder, y una barrera protectora en muchas ocasiones frente al poder de las mentiras.
 
Suma y sigue, cuando parecía que se había acabado la pesadilla: Cantabria cuenta 26 hospitalizados por Covid, uno en la UCI, mientras crecen casos e incidencia. 
 
 

viernes, 16 de junio de 2023

Resultados electorales

    No hace falta ser pitoniso ni futurólogo para predecir quién va a ganar (quién ha ganado ya) las elecciones antes de que se celebren, y no sólo las españolas sino las de cualquier país y en cualquier momento de su coyuntura histórica. Gane quien gane, pierde siempre el pueblo. Resulta indiferente que gane la derecha, la izquierda, el centro o las extremidades de ese falso espectro político: se trata de la misma bestia, Leviatán. 
 
    Dicen que hay un voto conservador que se opone a otro supuestamente progresista. Yo no lo creo. Todos los votos son conservadores en esencia. Si votar sirviera para cambiar las cosas y no para lo que sirve, que es lo contrario, estaría prohibido.  
 
    Dicen que la democracia es el gobierno del pueblo, pero el pueblo no quiere ningún gobierno. Son los gobiernos los que quieren que haya un pueblo que los elija, que los apoye, que los sustente sometiéndose al dictado mayoritario  de las urnas.



    Nos dicen que tengamos fe en el sistema y en el futuro. O para evitar las resonancias religiosas de la palabra "fe", la sustituyen por "confianza", que es término más laico y neutro, pero es lo mismo. El sistema y el futuro son lo mismo, porque el futuro es la muerte y el sistema no está nunca hecho hasta que no ha alcanzado su fin, su muerte siempre futura. Pero ¿por qué hay que tener confianza en algo tan evanescente como el futuro, un embeleco de curas y políticos para meternos el veneno de la esperanza en el alma?

    Los mandamases, desde el mandarín de China hasta el presidente del gobierno de cualquier tribu, los que más mandan en este mundo  son los más obedientes, los que más obedecen, los más mandados, los que más fe -o confianza-  tienen en Dios, es decir, en el Orden supremo establecido que se nos impone desde arriba: en el Dinero. Y lo que se nos impone desde lo alto es la fe o confianza o crédito, por usar el término económico, en uno mismo y en el futuro, ad maiorem gloriam Dei, para mayor gloria del Estado y del Mercado que son el Jano bifronte de la bestia monoteísta actual.


     Me alegraría mucho que siguiera viva la mecha de la rebeldía que alguna vez prendió. Pero sé que muchos de los que se indignaron antaño acudieron a votar religiosamente, cumpliendo con su deber cívico, lo que no ha dejado de entristecernos a algunos profundamente y aun de indignarnos. Si para algo sirven las elecciones es para desactivar la protesta, para que haya pueblo sometido, convertido en electorado, reducido a su condición de votante y contribuyente, para que todo cambie a fin de poder seguir igual.

    A los indignados les dijeron: "Si queréis que os tomemos en serio, presentaos a las elecciones, y dejad de ser un hatajo de mastuerzos". Y ellos, tontos de ellos, se presentaron a las elecciones y enterraron en las urnas su indignación entrando por el aro como domadas fierecillas.
 
    Si para luchar contra el capitalismo, porque nos declaramos de algún modo anticapitalistas, adoptamos la estrategia de adaptarnos al marco político capitalista y democrático dominante, acabaremos, en el mejor de los casos, gestionando “un poco mejor” el capitalismo, y, lo peor de todo, reforzándolo.


martes, 13 de junio de 2023

El error del pueblo, votar (del Partido Inexistente)

    Hace ya años, en 1977, cuando el Partido Comunista Griego quedó fuera del Parlamento de su país al no obtener los votos necesarios para ello, su secretario general Babis Dracópulos hizo unas declaraciones muy significativas:  “el pueblo también tiene derecho a equivocarse”. El pueblo griego, convertido en electorado, se había equivocado no votando a su partido, y excluyéndolo del Parlamento. Tenía razón el secretario general, pero no porque no hubiera sido elegido su partido, sino porque el pueblo que vota siempre se equivoca, sea lo que sea lo que vote; gane quien gane el pueblo siempre pierde.

    Más modernamente, en 2020, vino a decir algo parecido, si no era lo mismo, José, alias “Pepe”, Mújica, que fue presidente de Uruguay, a propósito de la elección de Bolsonaro con un apoyo popular importante en el Brasil: “No debe sorprendernos, entonces, que nuestros pueblos a veces acierten y a veces se equivoquen. Tienen todo el derecho a equivocarse”. La equivocación del pueblo brasileño consistía, según el exdirigente uruguayo, en haber votado al tal Bolsonaro. Pero hubiera dado igual que hubiera votado a su rival. No por ello habría dejado de equivocarse, porque el error es votar.

    Mucho antes que ambos ya lo había formulado otro político, como ellos, del derechas, Jose Batlle y Ordóñez (1856-1929), que fuera presidente del Uruguay antes que Mújica precisamente: “No es que el pueblo nunca se equivoque, sino que es el único que tiene el derecho de equivocarse.” Parece que más que un derecho es un deber el de equivocarse, como el voto, que se considera ambas cosas contradictorias. ¿Cómo no va a equivocarse el pueblo si elige delegar su soberanía?

    Lo que vienen a decirnos estas declaraciones de diversos políticos es que equivocarse es característico del pueblo. Podríamos decirlo en latín en tres palabras: errare populi est. En seguida se nos revela que este latinajo inventado sería una variante de aquel otro, tantas veces reiterado, que dice en su primera parte: errare humanum est..., y que en su segunda parte se muestra enseguida como cristiano por la mención del demonio: ...perseuerare autem diabolicum: Equivocarse es humano, pero perseverar es diabólico. Este dicho está inspirado en Cicerón, quien en una de sus filípicas sentenció: cuiusuis hominis est errare, nullius nisi insipientis perseuerare in errore: es propio de cualquier ser humano equivocarse, perseverar en el error sólo es propio del necio.

    Otro adagio latino que nos viene a las mientes reza: uolgus uolt decipi: el vulgo quiere ser engañado. Es la voluntad (uolt) del pueblo (uolgus) que lo engañen (decipi). Hay una variante que sustituye el pueblo por el mundo que viene a decir lo mismo: mundus uolt decipi, ergo decipiatur: El mundo quiere que lo engañen, pues que sea engañado.

     Tanto el pueblo o el mundo como el hombre, en efecto, tienen derecho a equivocarse, cada cierto tiempo, una y otra vez y todas las veces que haga falta. En el caso del pueblo convertido en electorado suele ser ordinariamente cada cuatro o cinco años, como está establecido, cuando se le concede la gracia de perseverar en el error.

    Pero como también reza otro refrán, el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, lo que podría aplicársele sin mucho empacho al pueblo, cuando vuelve a elegir, como si supiera lo que quiere, expresando su voluntad mediante un voto de confianza. Y ahí es donde el pueblo soberano se equivoca porque cree saber, y no reconoce que no sabe lo que hace.

    Siempre que vote perseverará en el error -eso es lo único diabólico- delegando su soberanía en un individuo personal, sea quien sea, porque los cabezas de listas o jefes ilustres, cuyos nombres propios e imágenes y declaraciones cacarean a todas horas los medios de (in)formación de masas -y las masas democráticas son los electores censados- son los santones que en las ocasiones solemnes de los mítines -y no hay nada más litúrgico, fascista y religioso en el peor sentido de la palabra que un mitin político, que tanto se parece a la celebración de la eucaristía donde los fieles repiten de memoria las consignas y oraciones del misal como papagayos y no pueden objetar nada a lo que dice el sacerdote porque es palabra de Dios y enseguida serían expulsados por el servicio de orden- ofician en traje de ceremonial etiqueta para conseguir los votos del pueblo, es decir, que el pueblo se someta al sacrificio declarando su voluntad de ser el rebaño del buen pastor. 

 

    El error es consustancial al pueblo que vota y al ser humano siempre que haga una elección. Cualquier decisión de delegación política de su soberanía será errónea. El sistema se encargará, sin embargo, de defender su derecho a equivocarse, eligiendo soberano, pero podría no hacerlo si se niega a elegir, como propone el Partido Inexistente, o eligiendo al único candidato que no le defraudará: Nadie.

     Como escribía Martínez Ruiz en La voluntad a propósito de los políticos profesionales que se presentan a la feria y farsa electoral: "No hay cosa más abyecta que un político; un político es un hombre que se mueve mecánicamente, que pronuncia inconscientemente discursos, que hace promesas sin saber que las hace, que estrecha manos de personas a quienes no conoce, que sonríe siempre con una estúpida sonrisa automática… Esta sonrisa, Azorín la juzga emblema de la idiotez política."