miércoles, 4 de marzo de 2026

¿Civilización occidental o barbarie?

    Puestos a elegir intereses, que es de lo que se trataconviene estar del lado de la civilización occidental y no de la barbarieescribía el otro día Jano García en su columna de 'El Debate', titulada La realidad que no queremos ver
 
    Parece, a primera vista, una frase impecable, muy razonable y sensata, salvo que no está claro cuál es la definición de 'barbarie' y qué es lo que entendemos por tal término, ya que, podría resultar, que la barbarie no fuera algo muy distinto de la civilización occidental, de la que, en cambio, no hace falta hablar mucho porque salta a la vista que es la nuestra y que la conocemos bien y padecemos.
 
    Me recordaban a mí, mutatis mutandis, las palabras de aquel Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, de cuyo nombre propio no voy a hacer mención, recogidas en El jardín y la jungla: "Europa es un jardín. Pero la mayor parte del resto del mundo continúa siendo una selva, y la selva podría invadir el jardín..." Jugaba con la contraposición jardín cultivado, creo recordar que decía 'francés', frente a selva, donde como se nos ha hecho creer desde siempre impera la ley de la jungla.
      Viñeta de Daniella Martín

     Comenzaba Jano García su columna diciendo que era imposible explicar en un artículo la guerra que se está desplegando en la actualidad en nuestras pantallas entre Irán, Israel y Estados Unidos, para concluir que  obedecía a una cuestión de intereses, se sobreentiende que económicos. 'Por el interés te quiero, Andrés', como dice a veces la gente para dar a entender que lo que realmente importa en la vida es el dinero porque él y solo él es capaz de crecer y multiplicarse a sí mismo, siendo como es lo que está (est) en medio (inter) del capital presente y del futuro, que es su más lograda creación económica, habida cuenta de la ecuación reversible de que tiempo es igual a dinero, y viceversa; por eso se dice a veces también que que hay que -necesidad obliga- ganarse la vida, y se hace el término 'vida' sinónimo de 'dinero' y de 'futuro'. 
 
    Pero no hay que olvidar, volviendo a la actualidad, que las noticias sobre la guerra sirven para blanquear la paz, es decir para que creamos que la guerra real, de la realidad, entre las cosas y las ideas, que se desarrolla todos los días ante nuestra incrédula mirada es una forma no beligerante y no bélica de paz.
      
    Después de reconocer que “no se puede abordar la geopolítica (¿por qué no a secas 'la política' sin distingos entre nacional e internacional?) desde la moral, pues solo un insensato puede creer que la geopolítica posee un mínimo de humanidad” viene a decir que si no sobornamos nosotros, otro vendrá y lo hará en nuestro lugar, cosa que es injusta e inmoral, reconoce, pero concluye “la realidad no entiende de ensoñaciones”.
 
  
    Pone a continuación el ejemplo de Francia, el país vecino, que en su apuesta por el laicismo arrancó los crucifijos, y ahora se ve invadida por la media luna y “baila(n) al son del islam”. No saca la conclusión evidente de que la apuesta del país vecino por el laicismo ha sido un clamoroso fracaso, habida cuenta de que solo se ha combatido desde las altas instancias una religión, la cristiana, mientras que se ha sido tolerante hasta la hez con la musulmana y con la no menos importante religión laica del capital, que es la más perniciosa de todas.
 
    Y es entonces cuando saca a relucir al Tío Sam que va a “tratar de detener la espiral de decadencia que atraviesa Occidente de la misma forma en la que Occidente forjó su grandeza a través de la dominación mundial”. Le molesta al joven articulista la pereza de la población occidental que no se anima a luchar “por la dominación mundial” porque "es desagradable, impopular, cuesta dinero, y sobre todo, vidas humanas, pero lo contrario es la derrota en todos los ámbitos". 
 
 
     Necesitamos que vengan a mostrarnos lo desagradable que es, a veces, la realidad, como si no lo viéramos con nuestros propios ojos todos los días. De ahí saca el autor la conclusión errónea de su análisis demasiado realista, que nos fuerza a elegir entre civilización occidental y barbarie, como si no fueran lo mismo.

martes, 3 de marzo de 2026

Mono- y politeísmo

    En la Biblia la serpiente le susurra a Eva que si ella y Adán comen del fruto del árbol prohibido que crece en mitad del jardín del edén, al que Dios les ha dicho que no se arrimen so peligro de muerte, no sólo no morirán, como les había dicho Dios, sino que se les abrirán los ojos y serán, atención, como dioses, conocedores del bien y del mal. El texto latino reza literalmente así: Scit enim Deus quod in quocumque die comederitis ex eo, aperientur oculi vestri, et eritis sicut dii, scientes bonum et malum.

Adán y Eva, Lucas Cranach el Viejo,  entre 1520 y 1525

    ¡Ay!, ahí hay una treta diabólica. A nadie se le oculta que la serpiente que tienta a Eva es el mismo demonio. La argucia dialéctica que emplea el Maligno no consiste sólo en desmentir a Dios asegurándoles que no van a morir o en utilizar una metáfora como “se abrirán vuestros ojos”, cuando ni Adán ni Eva eran ciegos: lo que la diabólica serpiente está haciendo, y no sólo diciendo sino haciendo con su decir, es algo inaudito y realmente prohibido como es declinar la palabra Deus (Dios) en plural dii (dioses).

    La serpiente le está enseñando algo insólito en un mundo abocado al monoteísmo patriarcal judío, cristiano e islámico, poniendo el primer fundamento del arte de desobedecer al negar la singularidad del único dios verdadero. Y no sólo eso: el diablo no sólo admitía la posibilidad de que hubiera otros muchos dioses, sino que, mucho más importante, estaba convirtiendo un nombre propio (Dios) en nombre común (dios), invirtiendo el proceso recorrido por la palabra que en principio fue un nombre común (dios) que se convirtió en propio (Dios) y pasó a escribirse entre nosotros con inicial mayúscula, como todos los nombres propios.

    Al parecer el dios del Antiguo Testamento era “elohím”, un antiguo nombre común y plural que significaba algo así como “espíritus divinos”, que pasa a identificarse enseguida desde los escritos más antiguos con el tetragrámmaton  יהוה (YHWH: Yod, He, Waw, He), en realidad impronunciable por la falta de sonidos vocálicos, que suele leerse como Yahvé o Jehová, ya convertido en nombre propio y singular. De varios y muchos seres divinos indefinidos pasamos a uno solo bien definido. 
 
    No se trata del paso del politeísmo al monoteísmo todavía, sino de algo previo: se pasa de nombre común a nombre propio. El nombre común nos remite al significado de la palabra y al número de casos a los que se aplica ese significado en la realidad, mientras que el nombre propio carece de significado en principio –el hecho de que haya mecenas en el mundo es posterior a la existencia de Gayo Cilnio Mecenas, que dio un significado a su nombre y un sentido a su vida patrocinando a los poetas y artistas- y de número, pues ni siquiera podemos decir que se trata sólo de un caso singular y único, sino del único caso singular y único (Dios). 

Adán y Eva en el jardín del Edén, Gustave Courtois (1899)

    Esto es lo que comentaba, escandalizado, el piadoso y benedictino Pedro Damián al respecto en el siglo XI: 'Ahí lo tienes, hermano, ¿quieres aprender gramática? (Ecce, frater, uis grammaticam discere?) Aprende a declinar Dios en plural. (Disce Deum pluraliter declinare). El taimado maestro, en efecto, al fundar nuevamente el arte de la obediencia, introduce en el mundo una regla inaudita de declinación a fin de adorar también a muchísimos dioses (Artifex enim doctor, dum artem obendientiae nouiter condit, ad colendos etiam plurimos deos inauditam mundo declinationis regulam introducit)'.

    Por cierto, la traducción que tengo a mano de la Biblia, la de Nácar-Colunga (trigésima edición, 1975), dice: “Seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”. No debió parecerles bien a don Eloíno Nácar Fuster y a don Alberto Colunga Cueto, sus traductores, así como a la censura eclesiástica que revisó la traducción, que se declinara Deus en plural, y que además se escribiera, como nombre común, con minúscula, como hacía la serpiente, y que por lo tanto se tradujera: “Seréis como dioses”. No vaya a ser que introduzcamos nuevamente el politeísmo en un mundo donde ya tenemos bastante con los diversos dioses monoteístas que aspiran a ser el único y verdadero: Yahvé, Dios y Alá.
 
    La Biblia de Torres Amat, traducida de la vulgata latina al español en 1823 teniendo presentes los textos originales hebreo y griego, que realizó el obispo Félix Torres Amat, es más literal y dice: "Sabe empero Dios que en cualquier tiempo que comiereis de él, se abrirán vuestros ojos; y seréis como dioses, conocedores de todo del bien y del mal". Y en nota aclara: "Puede traducirse: Seréis como Dios".
     
    Sacaba el otro día Félix de Azúa un artículo titulado “El gran libro” en el que hablaba de las religiones “del libro”: el judaísmo, el cristianismo y el islam, cada una hija de la anterior, en ese orden, Escribe Azúa: “Que un libro (al que llamamos la Biblia, porque quiere decir “el Libro” -en realidad apostillo yo es un plural griego: 'los libros', por lo que a veces se ha denominado el libro de los libros-) sea el fundamento de las tres últimas religiones conocidas es algo difícil de explicar. Es el magno secreto”. 
 
     La primera traducción de la Biblia al español, en realidad judeo-español o ladino, data de 1533 y es la Biblia que se editó en Ferrara, llamada biblia de los conversos o de los sefardíes. Está traducida directamente del hebrero por judíos sefardíes que buscaban una fidelidad literal al texto original. Al parecer su divulgación no fue muy extensa porque no coincidía exactamente ni con el sefardí ni con el ladino, al tratarse de un español hebraico o judaizante absolutamente original. Así comienza, tomo el dato del artículo de Félix de Azúa, el comienzo del Génesis, el libro que abre la Biblia: «En principio crió el Dio a los cielos y a la tierra. Y la tierra era vana y vacía, y escuridad sobre faces de abysmo, y espíritu del Dio se movía sobre faces de las aguas». 

    La primera frase en hebrero es Bereshit bará Elohim et hashamayim ve'et ha'aretz בְּרֵאשִׁית בָּרָא אֱלֹהִים אֵת הַשָּׁמַיִם וְאֵת. Dios se dice en hebrero Elohim (אֱלֹהִים), un plural con sentido de majestad que lleva el verbo en singular, como si dijéramos “el conjunto de dioses creó”, que podría entenderse como 'espíritus divinos, divinidades'.

    Traducían los judeo-españoles Elohim “el Dio”, a la italiana, porque “Dios”, acabado en -s, les sonaba a plural (que no lo es en latín, Deus) y eso les parecía que era poco adecuado porque querían subrayar su singularidad. Y comenta De Azúa: “El suyo era un monoteísmo férreo y militante, como todo lo de este país”.
 
    Pero hay otra cosa que podemos comentar y es -al margen de la inicial mayúscula- el uso del artículo: el Dio, que revela que todavía no se ha consumado el paso de nombre común a nombre propio: el paso de “el dios” a “Dios”, un paso que, por cierto es muy similar, al de Biblia, originalmente nombre común y plural -los libros- que se convierte como por arte de magia y excelencia en El Libro, el libro sagrado, el libro de los libros. 

lunes, 2 de marzo de 2026

Pareceres CII

497.- Griego antiguo. Llevo años escuchando las mismas monsergas y pamplinas sobre la inutilidad del estudio del griego antiguo en los institutos, porque, vamos a ver, «¿para qué sirve?». Según los desorientados orientadores de los Departamentos de Orientación el griego antiguo es simplemente una lengua más que aprender, entre tantas otras, como el inglés, con la desventaja de que ya no se habla -o lo que se habla, que es el griego moderno, se habla tan poco que resulta insignificante- y la ventaja de que el inglés es una lengua viva y se habla a lo largo y ancho de todo el mundo. Pero no es así. El griego antiguo es mucho más que una lengua. Quien haya traducido a Platón sabe lo que significa perseguir una subordinada dentro de otra subordinada, suspendido en el vacío del significado, hasta que de repente todo se ilumina. Los mitos griegos no son cuentos para entretener a los niños. Son las primeras e insuperables cartografías del alma humana: la hybris o soberbia, la némesis, y el destino que se cumple precisamente al intentar evitarlo: Ningún manual de psicología ni de autoayuda al uso puede sustituir a Edipo, Prometeo, Antígona, Sísifo... Pero qué importa, lo importante hoy en día son las «competencias curriculares» orientadas a preparar al futuro currante/parado para el mundo del trabajo y a la prostitución del 'mercado laboral'. Todo debe ser «útil», y tender a eso. Y, desde luego, el griego no sirve para nada de eso. 
   498.- In the army now.  Los gobernantes europeos siguen erre que erre insistiendo en la guerra contra Rusia. En algunos países del viejo continente ya ha comenzado el reclutamiento para un conflicto inminente. Hasta hace poco, las naciones escandinavas eran idealizadas como lugares modernos y progresistas ideales para vivir. Su población, con un alto nivel cultural y económico, abrazaba los valores liberales y rechazaba el patriotismo etnocéntrico abriendo sus puertas a los inmigrantes, en particular a los musulmanes. Solo contaban con ejércitos simbólicos que impulsaban políticas de diversidad e igualdad. Pero se acabó el pacifismo: Suecia y Finlandia, tras décadas de neutralidad, se han unido a la OTAN. Sus ciudadanos se enfrentan al alistamiento para una posible guerra, que incluye a las mujeres, porque ahora el reclutamiento se plantea con perspectiva de género, por mor de la plena igualdad. ¿Se extenderá por toda Europa el servicio militar obligatorio? Para calmar la preocupación, el gobierno español afirma que no es necesario... de momento por ahora. Pero los gobiernos, como se vio durante la pandemia del virus coronado y las campañas del Cero Neto, no pintan gran cosa a la hora de tomar las decisiones que más nos afectan, sino Don Dinero, el más poderoso de todos los caballeros.
 
Señales, Chelo (2025)
 
499.- Libertad de elección. Hay quien confunde posibilidad de elección con libertad, y cree que somos libres porque podemos elegir democráticamente entre varios partidos políticos que nos gobiernen.¡Qué ingenuidad! Cuando elegimos entre varias opciones, nos sometemos a la tiranía de la oferta previa que hay en el mercado. Y eso no es libertad, sino sumisión. La libertad se definiría negativamente cuando no hubiera mercado ni oferta previa que condicionara nuestra elección, sino un verdadero mar de posibilidades en el que poder naufragar, y que, por lo tanto, nuestras opciones no dependieran de los intereses económicos, a los que suele responder la demanda de nuestra voluntad supuestamente libre y nunca más sumisa que cuando se plantea qué elegir en una espiral o círculo vicioso en que la serpiente se muerde la cola y ya no sabemos si es la oferta la que genera la demanda o la demanda la que crea la oferta. La acción de elegir aumenta la ceremonia de la confusión, porque en lugar de mostrar así nuestra libertad, fortalecemos la voluntad individual y personal, creando nuestro ego, ese fetiche que se convierte en nuestro carcelero, esa fragilísima burbuja de cristal en la que vivimos, esa ilusión, falsa como todas las ilusiones, de libertad. 
  
500.- Novela: Ante la imposibilidad de definir lo que es una novela con una definición que incluya todos los especímenes de ese género literario que acabó engullendo todos los demás géneros, carente de musa a diferencia de la tragedia (Melpómene), la comedia (Talía), la poesía lírica (Érato) o la Épica (Calíope) porque fue históricamente el último que surgió y el único que ha sobrevivido, Baroja optó por decir que era un saco en el que cabía todo.  Cela, por su parte, le puso la puntilla afirmando que novela es «todo aquello que, editado en forma de libro, lleva debajo del título y entre paréntesis la palabra "novela"». Ontológicamente la definición de Cela es impecable: una cosa es lo que se vende como tal cosa en el mercado bajo esa etiqueta. Y no hay mucho más que hablar.
 
  
501. - ¿Quién lava más blanco? Resulta curioso el repertorio de significados que atribuye la docta Academia al término blanquear, desde poner blanco algo, con sinónimos como blanquecer, enjalbegar, albear, enyesar, mostrar la blancura que tiene una cosa, hasta 'ajustar a la legalidad fiscal el dinero negro'. Es esta última expresión la que nos interesa porque contrapone el dinero blanco al dinero negro. Hay un dinero 'negro' que puede hacerse 'blanco' es decir, un dinero 'malo' que puede volverse 'bueno', porque estos colores son la metáfora moral y maniquea del bien y del mal. Y es curioso el uso que hacen los políticos, que no dejan de ser economistas, de la expresión 'blanquear', que los progresistas utilizan para la dictadura, que es intrínsecamente perversa y, critican a los nostálgicos que quieren blanquearla, es decir, presentarla como buena a los ojos de las nuevas e incautas generaciones. Quizá no deberíamos usar ningún detergente para blanquear el franquismo, o sea, la dictadura que padecimos en España, pero tampoco deberíamos blanquear la democracia que padecemos ahora en contrapartida y sus instituciones, a saber, las Comunidades Autónomas, el Estado Central, el Congreso, el Senado, el Ente Público de TVE y de Radio Nacional, RENFE, el CIS, la Casa Real, el Gobierno, el INI, o cualesquiera oras de las siglas con las que nos bombardean todos los días. Hay muchos jóvenes frustrados cuya rabia contra el sistema se encauza hacia el nazismo, el racismo y las organizaciones de ultraderecha, no por lo que afirman, que es algo completamente vil y despreciable, con lo que no se puede estar cabalmente de acuerdo, sino por lo que niegan, ya que se oponen radicalmente al sistema democrático vigente de dominación, no menos vil y despreciable. 
 

domingo, 1 de marzo de 2026

Se alza el telón

    Acaba de estrenarse en Francia Katte, la tragedia del amante del príncipe de Prusia, publicada en 2024 en cinco actos y escrita de cabo a rabo en francés y alejandrinos pareados. Su autor, Jean-Marie Besset (1959-...), dramaturgo de larga trayectoria cuyo compromiso con la lengua y con la escena le valió el Gran Premio de Teatro de la Academia Francesa en 2005, renueva así la tradición del gran teatro clásico francés que se había visto interrumpida desde el Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand, hace casi 130 años, volviendo al teatro en verso y redescubriendo así la majestuosidad y la impecable fuerza del gran verso alejandrino de catorce sílabas y dos hemistiquios de siete cada uno, así como la forma dramática absoluta de cinco actos, predilecta de Corneille, Molière y Racine, y posteriormente retomada por Hugo y el drama romántico.
 
 
     En un momento en que lo invaden todo las plataformas angloamericanas de televisión, los guasapes de los teléfonos móviles supuestamente inteligentes con faltas de ortografía y emoticones que nos retrotraen al lenguaje jeroglífico resulta alentadora esta propuesta radical de reencontrarse con la gran tradición teatral de Melpómene, la musa de la tragedia. El lenguaje en verso de los actores que están en escena y facilita su memorización hace posible que se digan muchas cosas en pocas palabras, como en un epigrama. Por ejemplo: «Pour que Frédéric règne, il faut que Katte meure » (Para que reine Fritz, Katte tiene que morir). 
  
    ¿Quiénes son estos Fritz (Federico) y Katte? Katte es el apellido de Hans Hermann von Katte, teniente de la Guardia Real de Prusia. En 1730, en el recién creado reino de Prusia y su nueva capital, Berlín, el rey Guillermo, padre del príncipe Federico, desde su palacio de Postdam impone su desmesura marcial a todo el Estado y siembra el terror en su propia familia. Para situarnos en el meollo de la acción conviene recordar lo que decía Mirabeau: «Prusia no es un estado que posea un ejército, es un ejército que ha conquistado una nación». 
 
    El público comprende enseguida que las cosas no podían ir nada bien entre un padre que solo se interesaba por la guerra y la caza, y un hijo, el príncipe, que solo quiere tocar la flauta y leer a los poetas franceses, y que entre otras cosas dice en un guiño anacrónico al poeta adolescente Arthur Rimbaud: on n'est pas sérieux quand on a dix-sept ans ('No se puede ser serio a los diecisiete años').
  

  Ante la creciente brutalidad del rey, el joven príncipe Federico encuentra como aliado, además de a su hermana mayor Mine, que era su confidente de siempre, al apuesto oficial de la guardia real, Hans-Hermann von Katte, que da título a la obra, del que se enamora. Cuando el rey descubre la relación amorosa prohibida entre su hijo Federico, y el teniente de la Guardia Real, golpea y humilla públicamente a su hijo, que decide entonces huir a Francia con su amigo. 
 
    El rey, cuya ira es terrible, ordena atrapar a los fugitivos, y pese a las súplicas de la reina, de la princesa Mine y de todas las cortes europeas, hace decapitar a Katte ante los ojos horrorizados de Federico. 
 
    Se cumple así la catarsis trágica y aquel alejandrino oracular de que Katte debía morir para que reinara el príncipe, mostrándonos cómo la Historia se escribe con sangre: el teniente de la Guardia Real Hans-Hermann von Katte muere para que Federico suceda a su padre y sea rey, como en efecto fue, coronándose como Federico II, el modelo de monarca ilustrado, amigo de Bach y de Voltaire, que reinará durante cuarenta y seis años.
 
     Lamenta Jean-Marie Besset que el teatro actual esté constreñido a la prosa y a que solo trate temas de actualidad políticamente correctos como la lucha de clases, el antirracismo, la exclusión, la victimización, el descolonialismo, el MeToo, y que los estudiantes de secundaria no hayan asistido nunca a una representación teatral, ni leído siquiera una de las obras de su literatura... 
 
     El que los personajes hablen en verso, es decir, en un lenguaje rítmico pone de relieve lo prosaico de la prosa cotidiana, valga la redundancia. Someter el lenguaje, en cambio, al yugo de las sílabas contadas y de las alternancias rítmicas, con los ecos de las rimas que señalan el final de los versos, es un ejercicio que, a parte de facilitar la memorización del texto por parte de los actores, provoca en los oyentes un placer inmenso. Cuando hablamos en prosa hacemos sermo pedester o discurso pedestre, como decían los antiguos, descuidando el ritmo del lenguaje, la alternancia de sílabas tónicas y átonas, pero cuando oímos hablar a los actores del teatro en verso, el discurso se vuelve ecuestre, sermo equester, cabalgamos a caballo, con un ritmo preciso, elegante y cuidado, produciendo unas fórmulas exactas, como hace la poesía, que pueden quedar grabadas en los oídos y corazones de los oyentes. 
 

    Cuando oímos hablar en verso en el teatro, nos percatamos enseguida con asombro de que ese lenguaje es y no es el nuestro, nos sucede un poco lo que le sucedió al señor Jourdain en El Burgués Gentilhombre de Molière, descubrimos que hemos estado hablando en prosa toda la vida sin saberlo, y que hay otra forma de hablar, mucho más artística y graciosa, que es hablar en verso. Nosotros no hablamos así con esa precisión y esmero, no porque no utilicemos esas mismas palabras que oímos, sino porque no lo hacemos con ese ritmo, encapsuladas en metros y versos, con rimas al final del verso que producen resonancias.
 
     La prosa era el sermo solutus, el discurso suelto o liberado, mientras que el verso era el sermo vinctus o discurso atado. La soltura de la prosa hacía que las palabras se perdieran en el aire, mientras que el verso podía quedar atado a la memoria del oyente a través del ritmo y de la rima. 
 
     En una entrevista Jean-Marie Besset comenta la paradoja de que el autor dramático haya sido reemplazado por el director de la puesta en escena y dice: Matamos al Rey y tenemos a Robespierre, en Irán se persigue al Sha, y viene el Ayatolá... Solo importa actualmente una puesta en escena espectacular, por eso es importante la figura del director, pero para Besset el teatro es ante todo un gran texto, en verso mejor que en prosa, y unos buenos actores para encarnarlo.

sábado, 28 de febrero de 2026

Mensajitos

Mensajitos, mensajillos, mensajicos, mensajinos, mensajines, mensajiños, mensajucos... Si añadimos una sílaba a “mensajes”, indicamos brevedad epigramática.
 
La desclasificación y publicación de los archivos secretos solo sirve como distracción, entretenimiento y cortina de humo: la verdad es que no existe la verdad.
 
Estamos viviendo uno de los inviernos más cálidos desde que hay registros en la historia universal. Aunque a menudo parezca que hace frío, es frío asintomático.
 
-¿Cómo se llamaba antaño, cuando la ciencia meteorológica no estaba tan desarrollada como está hoy día, a la ciclogénesis explosiva? -Mal tiempo que te cagas. 
 
Un efecto secundario de la vacuna del herpes zóster es ralentizar el proceso de envejecimiento. Quizá su objetivo sea justamente que no llegue uno a envejecer.
 
  Levantaron un muro para protegernos, se dijo, de la entrada del enemigo, mas pronto comprendimos que la muralla se alzaba para impedir que saliéramos nosotros.
 
Ojo con los piropos machistas y sexistas en general, y con este en particular: -Estás como un tren. En España significa que tienes un retraso muy considerable. 
 
Un famoso actor se quita la máscara y se pregunta lo que todo el mundo: ¿Quién soy yo sin mi nombre propio, mi estatus, mi cuenta corriente y sin mi profesión? 
 
El Estado existe porque creemos en él. Su secreto mejor guardado es que no se desmorona a pesar de la fragilidad de los pies de barro de la fe que lo sostiene.
 
La mayor fuerza del Estado no radica en la violencia, a la que siempre puede recurrir sin embargo, sino la creencia de que su existencia es justa y necesaria.

El secreto oficial mejor guardado es que el poder del Estado no administra solamente leyes y ejércitos, sino también relatos: su poder es ante todo narrativo.
 
El miedo ha dejado de ser en los últimos años una emoción para convertirse en programa y recurso político que los gobiernos organizan, dosifican y administran.

 El terror es un poderoso motor mercantil de recursos económicos: gastos de defensa y tecnologías de control, alarmas de seguridad... todo un próspero negocio.
 
Los numerosos medios de entretenimiento y distracción están diseñados concienzudamente para impedir que prestemos atención a lo que ocurre a nuestro alrededor.
 
Poco a poco van desapareciendo los cajeros automáticos y los billetes de quinientos, doscientos y cien euros, ya que la mitad de los pagos se hacen con tarjeta.
  ¿Quiere usted más vigilancia, fronteras estrictas, leyes más duras, restricciones más severas? Todo, por excepcional que parezca, se normaliza, no se preocupe.
 
Nuestra sociedad está hasta tal punto embrutecida y adoctrinada que cualquiera que plantee un pensamiento crítico es considerado un teórico de la conspiración.
 
Creo que fue Woody Allen quien dijo que la vida era una enfermedad mortal de transmisión sexual, a lo que se puede añadir que para la salud es muy perjudicial.
 
Precauciones de uso del Parque Municipal de Mayores: No se fatigue con los ejercicios, Deténgalos si siente dolor, Si no tiene buen equilibro, vaya acompañado.
 
Cuando comprendes que eres un actor que desempeña un papel en escena y que tu personalidad real es, por tanto, impostada, descubres la falsedad de la realidad.
 

viernes, 27 de febrero de 2026

A vueltas con los nombres propios

    Un viejo lema heráldico castellano encapsulado en una cuarteta octosilábica reza: “Antes que dios fuera Dios, / y los peñascos, peñascos, / los Quirós eran Quirós, / y los Velascos, Velascos”.

    Mucho ha dado que hablar la frase, especialmente por la primera parte, ya que parece inapropiado hablar de un tiempo anterior a Dios, que es el creador del tiempo y de todas las cosas que en él se desarrollan… ¿Ante qué nos hallamos? Ante algo que no sé yo muy bien cómo pudo dejarlo pasar la Santa Inquisición. Es verdad que hay otra versión menos irreverente, que reza, sin mencionar al Ser Supremo: Antes que el sol fuera el sol y los peñascos peñascos, y, como figura en la oficina de correos de Ciudad Rodrigo (Salamanca), corrigiendo la blasfemia heráldica: "Después de Dios, la casa de Quirós" y "Después de Dios, antes (de) que el sol fuera el sol y los peñascos peñascos, los Quirós eran Quirós y los Velascos Velascos".

     En su segunda parte se mencionan los nombres propios de las familias Quirós (o Muñoz, en otras versiones) y Velasco, cuyos linajes eran de un abolengo tan rancio que serían anteriores a la existencia de los nombres comunes y a las cosas mismas que mencionan, tales como los peñascos o el sol, o el dios, con anterioridad a que su nombre se convirtiera en nombre propio y triunfara en el mundo el monoteísmo sobre el politeísmo pagano que rendía culto a dioses y diosas.

    Cierto es que los nombres propios carecen de significado, a diferencia de los comunes, pero tienen una utilidad muy grande en nuestro mundo: sirven para marcar hitos tanto en el tiempo (cronónimos como enero, febrero, lunes, martes...) como en el espacio (topónimos como Murcia o Francia o Creta... ), así como para bautizar a las personas y de ese modo individualizarlas (prosopónimos o antropónimos) y a los animales que domesticamos y que responden así a la llamada de nuestra voz de mando. 

    El nombre propio no deja de ser una marca comercial, y, en cierto sentido, es anterior y extraño o ajeno a los nombres comunes, que son palabras con significado, que forman parte del diccionario o vocabulario de la lengua. Los nombres propios pertenecen al acervo cultural, aunque hay interferencias entre unos y otros. 

    Los nombres comunes, a diferencia de los nombres propios, admiten fácilmente moción de número y género, lo que no impide el hecho de que algunos nombres propios se hayan convertido en nombres comunes y adquirido significado, como por ejemplo César, que era el sobrenombre de Gayo Julio César, y que se convirtió entre nosotros en sinónimo de emperador, y por lo tanto a raíz de eso admite la moción de número: los césares.

    Y si el nombre propio se puede convertir en común, también puede suceder lo contrario, que el nombre común se convierta en propio y pasemos a escribirlo con mayúscula, aunque eso es algo trivial y propio de la escritura, no de la lengua hablada. Es lo que sugiere el verso con el que arranca la cuarteta: “Antes que dios fuera Dios”, en el que se anula la oposición nombre común/nombre propio en el monoteísmo triunfante. Anteriormente había una moción de género (dios/diosa) entrecruzada con la de número (dioses/diosas), pero desapareció con la ascensión del nombre común masculino singular a la categoría de nombre propio.

    En las religiones monoteístas, en efecto, la divinidad no se distingue por tener un nombre propio, sino por un nombre común ascendido de categoría. Como dice Minucio Félix (Octauius, 18,10): No le busques un nombre propio a dios: su nombre es “dios”. Solo hay necesidad de nombre propios cuando hay que distinguir una multitud por sus individuos mediante los signos distintivos de las apelaciones; para “dios”, que es único, el nombre “dios” es el absoluto.

      De ahí viene la dificultad de traducir los nombres propios, esencialmente intraducibles: La divinidad llamada por los musulmanes “Alá” es la misma que los cristianos llaman “Dios”: como nombre común puede traducirse: “el Dios”, pero como nombre propio es intraducible: “Alá”. De hecho, cuando un musulmán pronuncia el takbir como profesión de fe: Allāhu ʾakbar suele decirse que significa: Alá es (el más) grande, y no traducirse como Dios es (el más) grande. Como dice Maurizio Bettini en su “Elogio del politeísmo” (Alianza Editorial, Madrid, 2016, pág. 72): El carácter único y exclusivo de la divinidad hace que el nombre común que la designa asuma el estatus de un nombre tan “propio” que no tiene equivalentes fuera del lenguaje compartido por el grupo que la venera.

jueves, 26 de febrero de 2026

Micropoemas (V)

Voz de mando / predicando / contra el odio, paz y amor. / ¡Odio eterno / al gobierno, / y abajo el predicador! 
 
El hembrismo / y el machismo / son lo mismo del revés; / feministas / y machistas, / yerran de cabeza a pies. 
 
Ya es oriente / occidente, / diferencia no hay real; / ya no hay este / ni hay oeste, / sino un punto cardinal. 
 
Dios lo hizo / futurizo / al presunto porvenir; / zanquilargo, sin embargo, / sale siempre a relucir. 
 
Viñeta de Pawel Kuczynsky 
 
El creyente, necio y fidedigno, pronunció / la última palabra del credo, que es “amén”. 
 
Ahora tiene el resto de su vida a fin / de desaprender y de olvidar lo que aprendió. 
 
Estamos fuera de servicio temporal / desafiando el orden establecido y ley social.
 
 “Yo siempre miento”: si es verdad, habrá de ser / mentira, y si es mentira, habrá de ser verdad. 
 
El mapa no es el territorio, como no es / la cosa el nombre ni es el plano la ciudad. 
 

 Resplandece al sol / la explosión rosa y albar / del magnolio en flor; / el ciruelo japonés / a destiempo floreció. 
 
El tomillo en flor / entre jaramagos de oro, / romero y eneldo; / los gorriones, alboroto; / las golondrinas, revuelo.
  
Señala el maestro / al discípulo la luna, / mas él mira el dedo: / quiere saber lo que esconde / el dedo Dios sabe dónde. 
 
Mirando la luna /que resplandece en el cielo / me pregunto si es / la misma que vio una vez / el niño aquel que era yo. 
 
   Prímulas, las primeras / flores silvestres / del año, en el invierno, / libres, florecen / sin que las planten, / igual que las violetas, / siempre de balde. 
 
Ni risueño Demócrito / siempre sonriente / ni Heraclito tristón / llorando siempre; / ni el optimista / ni, todo lo contrario, / el pesimista. 
 
¿Dónde está el Bar de Gayo / que ya no está / en Boo de Guarnizo? / ¿Dónde estará? /¿Bajo el escombro? / ¿Dónde aquel emparrado? / ¿Dónde nosotros?
  
Tengo mi nombre propio, / título, casa, / y una cuenta en el banco: / no tengo nada. / ¿Quién soy? La celda / y el triste prisionero / que habita en ella. 
 
Al corzo atropellado, / le despellejan / los buitres las costillas / en la cuneta. / Roído el hueso, / un reguero de sangre / y hedor a muerto.
 
Mis penas no son mías, / son las de tantos. / Yo soy como cualquiera, / me llamo Tántalo. / Estoy sediento: / me llega al cuello el agua, / de sed me muero. 
 
 Amanece ya / mañanita de rocío / que se bebe el sol.. 

Señora,ha llegado / el chatarrero; se compra / y se vende todo.

No sé, la verdad, / qué iba a hacer yo sin mí: / sería feliz. 

El mismo cantar, / siempre la misma canción, / canta el ruiseñor. 


"Traten otros del gobierno / del mundo y sus monarquías..." (Góngora)
 
No hay izquierda que valga ni derecha, / cara y cruz de una única moneda. 
 
Nadie usurpe el poder del pueblo llano: / sea Nadie su solo soberano. 
 
Solo conservador de lo valioso: / poca cosa, quizá la infancia solo.  

miércoles, 25 de febrero de 2026

Abatir y reducir, dos verbos políticamente correctos

Ya nos advirtió Ferlosio en un pecio de su imprescindible “Campo de Retamas” (Random House,  2015) titulado “Última hora”: La gente mata, la poli abate.

ABATIR.- Sólo dos titulares periodísticos de los periódicos que leía yo en la Red el 22/08/2017, utilizaban el verbo “matar” para llamar al pan pan y al vino vino y reportar la muerte del terrorista de las Ramblas: El diario digital Público: Los Mossos matan al terrorista en Barcelona y mantienen abierta la operación. Y El País, el antaño periódico “independiente” y hoy "global(ista)": Los Mossos matan en Subirats al autor de la masacre de Barcelona

Sin embargo, en el editorial del mismo rotativo titulado “Elogio de los Mossos” se utilizaba el socorrido y políticamente correcto “abatimiento”: La confirmación del abatimiento (sic) ayer en la localidad de Subirats del que parece ser el último terrorista huido, Younes Abouyaaqoub, representa el broche de una operación policial extremadamente compleja, que ha mantenido abiertos múltiples frentes en diferentes localidades de forma simultánea y en la que los agentes de este cuerpo han tenido que emplearse a fondo en varias ocasiones, arriesgando sus vidas sin dudarlo cuando ha sido preciso

El resto de los diarios empleaba diversos eufemismos no para minimizar la acción de los Mossos, que todos elogian, sino para evitar o camuflar la crudeza de la muerte del presunto terrorista, condenado a muerte sin juicio previo, que podía parecer accidental, natural y fruto de la refriega, evitando calificarla como asesinato u homicidio. ABC, el decano monárquico de la prensa nacional, utilizaba el eufemismo “acabar”: Los Mossos acaban con Younes, el autor del atropello de las Ramblas. Así también titulaba Eldiario.es, que ponía en primer término un precioso “desarticular el comando”: Los Mossos dan por desarticulado el comando tras acabar con el último terrorista a 40 kilómetros de Barcelona. El Diario Montañés, decano de la prensa de Cantabria, titulaba por su parte poco originalmente: Los Mossos abaten a Younes Abouyaaqoub, autor del atentado de Barcelona. Infolibre también se inclinaba por el mismo verbo, que es estadísticamente el más empleado por lo que se ve: Los Mossos abaten al terrorista de La Rambla y dan por desarticulada la célula yihadista. El Mundo, por su parte, usaba un verbo cinegético, como si el terrorista fuera una presa: “La ayuda de una mujer permite cazar al yihadista de La Rambla”.


Un policía "reduce" a un manifestante 

REDUCIR.- El periódico "independiente de la mañana" y "global(ista) de noticias en español", que es el de mayor tirada en España, o sea El País, en su edición impresa de 17 de diciembre de 2009 sacaba en la portada, a propósito de la Cumbre del Clima de Copenhague, la fotografía de arriba a todo color, que he tomado de la edición digital. Al pie de la imagen podíamos leer el siguiente comentario superfluo e innecesario, porque la foto hablaba, como suele decirse, por sí misma: Un policía reduce (sic) a un manifestante junto a la sede de la Cumbre del Clima en Copenhague. ¿Qué hubiera dicho el periódico si hubiera sido el manifestante el que hostiara al policía? “¿Un manifestante reduce a un policía…?” Seguro que no, ¿verdad? Hablarían de “agresión física, violencia callejera, bandas incontroladas de jóvenes antisistema, terrorismo, atentado contra la autoridad…” El lenguaje que emplean, y que pretende ser objetivo, imparcial y neutro, como corresponde a un periódico serio y respetable, no es tal como puede comprobarse en estos dos sencillos ejemplos propuestos.

Noto además otra característica del lenguaje periodístico, que comparten, no hace falta decirlo, las noticias de las redes sociales, que pone en segundo plano la actuación de la policía y de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado en general, que nunca mata, sino que abate, y es que casi siempre suele hacerlo en voz pasiva, nunca en activa. Tomando, por ejemplo, un caso de la actualidad leemos que el narcotraficante fue abatido (se sobreentiende, porque no hace falta expresarlo, el complemento agente: la policía, o en el caso que nos ocupa, el ejército de México). Una excepción, en este caso, es la noticia de la BBC: "El ejército de México mata a "El Mencho", el narco más buscado y poderoso líder del Cartel Jalisco Nueva Generación, desatando enfrentamientos".  
 

 El Periódico Global(ista) por su parte sacaba así el titular de la noticia, en voz activa pero con un sujeto agente muy significativo, el nombre propio del Estado:  México abate a El Mencho, el narco más buscado (y las consecuencias son imprevisibles). Publicaba la foto de la cara del narcotraficante matado y comenzaba la noticia diciendo: "El ejército mexicano ha abatido este domingo a Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho...
 
Imitando el pecio de don Rafael Sánchez, podríamos escribir: La gente agrede, la poli reduce.

martes, 24 de febrero de 2026

El dedo y la luna

    Una vieja parábola budista de origen zen, muy difundida en la tradición oriental, cuenta que un maestro señaló la luna con el dedo a su discípulo para que la contemplara. El discípulo, en lugar de mirar hacia el cielo, se quedó observando embelesado el dedo índice del maestro. Entonces el maestro le amonestó dándole un bastonazo para que prestara atención, recriminándole que cuando alguien nos muestra algo con el dedo, no hay que mirar el dedo como hacen los necios sino lo que señala. 
 
    Pero hay otro discípulo, mucho más avispado, podríamos argüirle al maestro de la parábola, que mira de reojo la luna y repara en el dedo que la señala porque desconfía del maestro. Por eso cuando este le señala a la blanca y resplandeciente Selene, musa de lunáticos y poetas, se pregunta qué le estará ocultando ese dedo subrepticio por detrás. 
Viñetas de Pol Leurs (Poleurs)  
    
     Esto último es lo que hace a fin de cuentas la industria muy avispada ella de fabricación de noticias, ávida de novedades que nos impidan ver la constatación del Eclesiastés de que no hay nada nuevo bajo el Sol, una actividad tan importante que ha llegado a denominarse “el cuarto poder”. 
 
    Frente a los tres poderes tradicionales del Estado (legislativo, ejecutivo y judicial) hay un cuarto poder fáctico y no menos importante que es el informativo, que consiste en señalar unas determinadas noticias en detrimento de otras para configurar la actualidad, es decir, la ilusión de que pasan cosas en un continuo carrusel de novedades que se solapan las unas con las otras. 
 
  
    El señalamiento conlleva a veces algo más: la fabricación del suceso que se quiere indicar. Es decir se provoca la noticia: el hecho y la palabra que da cuenta de él. Los hechos hablan por sí solos, pero las palabras también son acciones contantes y sonantes, de modo que no pueden separarse cabalmente los unos de las otras. 
 
     Algo de esto discurríamos por aquí en El rabo del perro de Alcibíades o la estrategia de la distracción, a propósito de la anécdota que cuenta Plutarco. ¿Pero vamos a desconfiar de un maestro que quiere abrirnos los ojos y enseñarnos a ver una luna que, resplandeciente en el cielo de la fría noche estrellada, nos sugiere que la palabra no es la cosa, que el mapa no es el territorio, que la existencia no es la vida? ¿Desconfiaremos, por ejemplo, de un poeta como Paul Valéry que nos dice que ver es olvidar el nombre de la cosa que se ve («Voir, c’est oublier le nom de la chose que l’on voit»), y que hay que desprenderse, por lo tanto, de la palabra y de la idea que pesa como la losa de una lápida fúnebre sobre la cosa?
 
 
 

lunes, 23 de febrero de 2026

Revocación de la orden de destierro del poeta Ovidio

    ¿Cómo íbamos a recibir la noticia no poco surrealista de que dos mil años después de ser desterrado de Roma el poeta  Ovidio fuera rehabilitado hace ahora nueve años por el ayuntamiento de la capital italiana y revocada la orden de exilio que dictó contra él el emperador Augusto? Obviamente, con irónica sonrisa y no poca alegría, porque así se ve aquello de don Antonio Machado de que "hoy es siempre todavía", y porque, como dice el adagio popular, más vale tarde que nunca, y, también, nunca es tarde, aunque hayan pasado más de dos mil años, si la dicha es buena. 

 Vista de Sulmona en la actualidad

    Publio Ovidio Nasón había nacido en Sulmona en el año 43 antes de Cristo, la misma y, sin embargo, no la misma Sulmona que se alza todavía hoy, en la provincia actual de L’Aquila, en la región de los Abruzos, y  muerto quizá a los cincuenta y nueve años de edad en el año 17 del Señor -no se sabe con exactitud si poco antes o poco después- en el Ponto Euxino, que así llamaban los griegos apotropaica- o irónicamente al Mar Negro, por lo inhóspito que resultaba precisamente para la navegación, no siendo buen anfitrión, ya que “euxino” quiere decir bien hospitalario en la lengua de Homero. 

    En el año 2017 se quiso celebrar el bimilenario de la muerte del poeta, que murió efectivamente en el exilio, resucitando los restos mortales de su nombre propio y revocando la orden de destierro que contra él dictó uno de los príncipes de este mundo, como si eso pudiera reparar a estas alturas la injusticia, es decir la acción de la justicia entonces vigente, del daño que sufrió el poeta. 

 
 Ovidio desterrado de Roma, William Turner (1838)

    En el año 8 de nuestra era, en efecto, el poeta latino Publio Ovidio Nasón, cantor del amor y célebre sobre todo en la literatura y el arte universales por la trascendencia de su obra Metamorfosis, fue condenado al exilio en Tomis, la ciudad que después se convertiría, andando el tiempo, como suele decirse,  en la Constanza actual, en el otro extremo del imperio romano, en Rumanía, de donde no pudo regresar ni siquiera tras la muerte de Augusto. ¿Por qué murió tan lejos de su Sulmona natal y de su querida Roma donde residía? No se sabe muy bien a fecha de hoy todavía cuál fue la razón concreta de su destierro ni si está relacionado con su vida, con su obra o con ambas.

    El caso es que, según se leía en la prensa de aquellos días, un partido político italiano presentó una moción que fue aprobada en el Ayuntamiento de Roma con el fin de «reparar el grave daño sufrido por Ovidio, procediendo a revocar el decreto por el que Augusto lo mandó al exilio». El ayuntamiento de Roma, regentado a la sazón por la abogada Virginia Raggi, se arrogaba así la representación ideal de la continuidad histórica del Senatus PopulusQue Romanus (SPQR), es decir, del Senado y del Pueblo de Roma,  y decidía restituir «la dignidad del poeta, injustamente enviado al exilio». El vicealcalde y asesor de Cultura de dicho consistorio declaraba además que «la rehabilitación de Ovidio es un símbolo importante, ya que habla del derecho de los artistas a expresarse libremente en la sociedad». 

 Estatua de Ovidio en Constanza (Rumanía)

    La injusticia que se cometió con Ovidio, la promulgación de la orden que decretaba su exilio, no se repara con otra orden que la anule dictada como la anterior desde Arriba: la única reparación posible sería no decretar ninguna orden ni ley que privara a nadie de su libertad ni del derecho a vivir donde le plazca, para lo cual lo primero de todo sería necesario que no existiera ningún Estado o régimen político heredero de aquel otro que pretendiera mostrar su nueva cara democrática y liberal, como el policía bueno, intentando reparar el daño causado por el policía malo, en este caso por el Príncipe Octaviano,  quien todavía no osaba llamarse Emperador, pero que aceptó encantado el título de Augusto que le confirió el Senado romano; "bueno" y "malo", además, no son sino las dos caras, amable una y arisca la otra, de la misma moneda, ya se trate del policía o de cualquier forma de Estado o régimen político dominante.

    En todo caso de poco le puede servir al poeta, dos mil años después de su muerte, que el Ayuntamiento de Roma quiera desquitarse ahora anulando aquel decreto de destierro. Hay una sola forma de hacer que vuelva de su exilio y olvido el poeta y devolverle así la libertad de expresión que merece, que es leyendo sus versos, y para eso no hace falta que ningún poder ni autoridad lo autorice ni revoque la orden de destierro que ese mismo poder, el mismo y, paradójicamente,  no el mismo, decretó en su momento. 

Ovidio en el exilio,  Ion Theodorescu-Sion (1915)

    La dicha sería buena, como decíamos al principio,  si se leyeran todavía algunos de sus versos y resonaran en nuestros oídos. Ese sería el mayor tributo y homenaje que podríamos rendirle, pues era tal la pasión por el ritmo del lenguaje y la poesía de Publio Ovidio Nasón que cuando su padre le prohibió en su juventud dedicarse al arte de las Musas porque no era rentable económicamente hablando, haciéndole jurar que no escribiría más versos,  no pudo menos él, como hijo complaciente y al mismo tiempo poeta rebelde e impenitente que era, que  prometerle, en verso, que así lo haría. Afortunadamente para nosotros no cumplió su promesa. Así nos lo cuenta él mismo en unos dísticos autobiográficos: 

Saepe pater dixit: "Studium quid inutile temptas?
Maeonides nullas ipse reliquit opes".
Motus eram dictis, totoque Helicone relicto
scribere conabar uerba soluta modis.
Sponte sua carmen numeros ueniebat ad aptos,
et quod temptabam dicere uersus erat.
(Ovidio, Tristezas, IV, 10, 21-26)

Siempre me dijo mi padre: "¿Por qué te agrada lo inútil?
Mira a Homero, que ni un     mal dividendo ganó."
Me convencía lo dicho y, dejando de lado las Musas,
yo intentaba escribir     prosa corriente y vulgar.
Pero de suyo venía el ritmo a su metro preciso,
y era lo que iba a decir     verso medido y cabal.