Circula por ahí, desde 2020 por lo menos, cuando hicieron estallar la pandemia, una frase sin dueño que se ha hecho viral, atribuida unas veces a Órgüel, otras a Huxley, y otras a Einstein para concederle el prestigio de la autoridad intelectual, que, sin embargo, no necesita porque lo que dice es de recibo y de sentido común, el menos común paradójicamente de todos los sentidos.
Dice, tal como me ha llegado a mí, lo siguiente. Lo importante es mantener a la población en estado de continuo MIEDO (sic, por las mayúsculas), por lo que las noticias se contradicen de un día para otro, así se mantiene un estado de emergencia nacional INTERMINABLE, justificando... cualquier ABUSO de las autoridades.
Frases de este jaez empezaron a difundirse masivamente en las redes sociales, muchas veces sin citar la fuente y otras con atribuciones apócrifas, como la susodicha, que decía: “Final del libro '1984' de George Orwell”.
La novela de Órgüel no acaba así, ni aparece tampoco esa frase por ninguna parte en esos términos. Sin embargo, aparecen otras mucho más contundentes, como la celebérrima previsión del futuro que nos espera desde siempre: Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente. En versión original: "If you want a picture of the future, imagine a boot stamping on a human face—for ever".
El personaje de O'Brien, en la misma novela, le dice a Winston Smith: El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo. (…) Y el objeto del poder no es más que el poder. ¿Empiezas a entenderme? En versión original: "Power is not a means; it is an end. (…) The object of power is power. Now do you begin to understand me?"
Y por supuesto, la cita más heraclitana y celebérrima de todas: La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza, que en versión original es: "war is peace, freedom is slavery, ignorance is strength", lema al que podríamos añadir más consignas: lo malo es bueno, la verdad es mentira, la salud es enfermedad, como veíamos en Más neolengua orgüeliana.
Otra de las citas que circulan por ahí contra el poder en su forma más democrática y actual, es la siguiente que suele atribuírsele a Huxley y citar como fuente su novela “Un mundo feliz” (Brave new world): La dictadura perfecta tendría la apariencia de democracia, una prisión sin muros en la que los presos no soñarían con escapar. Un sistema de esclavitud donde, a través del consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre. Es una cita espuria, aunque puede estar inspirada en algún fragmento de la novela, o puede estar sacada de algún prólogo de la misma, que como crítica literaria no deja de ser literatura sobre literatura. No obstante, y al margen de su anónima autoría, la cita tiene mucho de sentido común, como la citada atribuida a Órgüel.
En todo caso en Un mundo feliz leemos este párrafo original en el que podría estar inspirada: Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducirles a amarla es la tarea asignada en los actuales estados totalitarios a los ministerios de propaganda, los directores de los periódicos y los maestros de escuela.
Y también podemos leer esta constatación: En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino. Solo habría que añadir las redes sociales de internet para poner la reflexión al día y que cobrara más rabiosa actualidad.
Huxley no denuncia literalmente los estados democráticos, él habla de los estados totalitarios. Obviamente, la moderna forma del estado totalitario es la democracia, por eso se ha hecho viral la afirmación de que la dictadura perfecta tendría la apariencia de democracia, pero todavía no denuncia la esencia totalitaria misma de la democracia, sino solo la apariencia.
En 1991, el novelista peruano Mario Vargas describió a México como "la dictadura perfecta", porque era una dictadura camuflada. Y argumentó: Puede que no parezca una dictadura, pero tiene todas las características de una dictadura: la perpetuación, no de una persona, sino de un partido inamovible, un partido que permite suficiente espacio para la crítica, siempre y cuando esta sirva para mantener la apariencia de un partido democrático, pero que reprime por todos los medios, incluso los peores, cualquier crítica que pueda amenazar su permanencia en el poder. De ahí parece que surgió la frase atribuida en internet a Huxley de que la dictadura perfecta tenía la apariencia de democracia, sin atreverse todavía a afirmar que era la propia democracia.

































