lunes, 30 de marzo de 2026

¿Hay o no hay muerte?

     No hay muerte es el sugestivo y sugerente título, no poco impactante, de un artículo publicado por Félix de Azúa en The Objective. En su afán de destacar algunas frases o palabras, no sé si el autor o más bien el equipo editorial del periódico digital, las resaltan en negrita, como si quisieran subrayar así lo que consideran más importante y facilitar la optimización para los motores de búsqueda, la SEO (Search Engine Optimization, en la lengua del Imperio), atrayendo más tráfico y haciendo la güeb más fácil de entender para motores y usuarios que tienen prisa por asimilar las ideas principales en poquísimas palabras. 
 
Caricatura de Félix de Azúa, Luis Grañena (2020) 
 
    Pero lo primero de todo es el título, por supuesto, que ha de ser deslumbrante y sorprendente, y que se debe al autor del texto: “No hay muerte”. Me recuerda al clásico epicúreo de la incompatibilidad de los vivos y los muertos. ¿Cómo no va a haber muerte si es un hecho paradójicamente biológico, y es ley de vida, como dice a veces resignadamente la gente? Pues no la hay, escribe Féliz de Azúa, o, si la hay, es como si no la hubiera porque como Epicuro le escribe a Meneceo no nos atañe ya que, si nos alcanza, nosotros ya no somos nosotros: “Así pues, el más terrible de los males, la muerte, no es nada para nosotros, porque cuando nosotros somos, la muerte no está presente; y cuando la muerte está presente, entonces nosotros no somos”. El fiel discípulo de Epicuro que fue Lucrecio lo recoge en un hexámetro latino: "Nil igitur mors est ad nos neque pertinet hilum" (Nada es pues a nosotros la muerte y nada nos toca).
 
    Comienza el autor hablando de los niños “que en plena guerra, en espacios completamente destruidos, en basureros, siguen jugando. Cuatro palos, una chapa, y no necesitan más”, y compara a los infantes con los cachorros de tigres, caniches o caballos, que se combaten entre sí sin jamás dañarse. Aventura dos posibles explicaciones, inconsciencia y evasión de la realidad, que rechaza: “No me convence llamar 'inconsciencia' o ausencia de realidad a lo que para un niño es innegable, a saber, que la vida es eso y sólo eso, que el mundo es juego. Ni conocen otra cosa, ni tienen el menor interés por conocerlo”. 
 
    Cuando los niños entran en la edad adulta, haciendo uso de razón y entendimiento, es decir, de lenguaje, se impone la heroicidad, dice el autor, queriendo decir que se impone la idea de la muerte, y afirma: “En esa época la concurrencia, la oposición, la lucha, son despiadadas. Desaparece el elemento esencial del juego entre niños y cachorros que era la ausencia del tiempo. Ahora se está jugando la vida misma con urgencia, y sólo puede haber un ganador”. Lo más interesante que aporta desde mi punto de vista es la ausencia de la imposición del tiempo entre las tiernas criaturas humanas y las otras criaturas animales, y su reinado en los adultos humanos, así como la equiparación que hace más adelante del cristianismo -el alma es naturalmente cristiana, que decía Tertuliano-   y el socialismo -también podríamos aventurar que el alma es por naturaleza marxiana- que “no es sino el recurso de quienes temen perder o empobrecerse en la lucha heroica y buscan el amparo de un simulacro de dios, el Estado, al que consideran 'protector'”. 
  
    Lo que temen los adultos es perder lo que ya han perdido, la vida, por la imposición del tiempo muerto que es el futuro. Frente a eso propone Félix de Azúa el Arte o las artes, en plural, como el lugar donde se mantiene el espíritu del juego infantil, sin heroísmos absurdos. Dejando aparte las ideas del autor del Arte y  del héroe que equipara con el espíritu competitivo, y su afirmación de que los artistas no son “héroes”, sino “ejemplos”, podría decirse más sencillamente que la propia idea de muerte que el lenguaje nos impone y que los niños y los cachorros ignoran nos dice que sí que hay muerte, y que consiste en la imposición del tiempo cronometrado y convertido en una pista que nos conduce al futuro. 
 
    Concluye De Azúa enumerando algunos ejemplos literarios como la poesía de Esquilo o la de Mio Cid, que podemos leer porque son clásicos, es decir, porque aunque los autores hayan muerto siguen vivas sus palabras, son contemporáneas porque luchan contra la coacción del tiempo, y se hace eco del desconcierto que le provocaba a don Carlos Marx, al que califica como “el teólogo del neocristianismo capitalista”, que siguiéramos leyendo hoy en día a Homero o La Canción de Roldán, por ejemplo, que poco o nada tienen que ver con la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado.   
  
     Y lo más interesante es quizá la conclusión a la que llega: El arte comparte la eternidad, la anulación del tiempo, con los juegos infantiles, los cuales no se dan en la temporalidad, sino en un mundo sin muerte. Por eso comparten también su vitalidad indestructible.” Lógicamente los niños no saben todavía que son humanos y que todos los humanos son mortales y que, por lo tanto, según el silogismo aristotélico, van a morir, no saben lo que es la muerte, el futuro que les espera. En ese sentido se puede decir que no hay muerte para ellos. Estamos condenados a muerte los adultos que lo sabemos desde el momento en que somos conscientes de ello, desde que nos hacen saber nuestra sentencia a la pena capital; si lo ignoramos, como los niños y los cachorros, no hay condena: la condena es el saber.  Ya se encarga el Estado, Herodes, de recordárnoslo y suministrárnosla con la imposición del tiempo en su forma más pura, que es la del futuro. 

domingo, 29 de marzo de 2026

Falsos profetas

    El único profeta que nunca miente, como escribió, Arquíloco, es Zeus, o sea Dios, porque él formula la predicción y él hace que se cumpla su vaticinio: Zeus de los dioses el profeta más veraz, / [hace él la profecía] y la hace al fin cumplir (Ζεὺς ἐν θεοῖσι μάντις ἀψευδέστατος / [...] καὶ τέλος αὐτὸς ἔχει). 
  
     Pero en rigor no hay Zeus ni Dios que valga, por lo que no hay profetas tampoco verdaderos. El único que pudiera serlo es aquel que formulara la profecía y la hiciera cumplirse, como el que dice vas a morir y acto seguido va y te asesina haciendo que se cumpla la sentencia dictada de tu muerte. 
 
    Pero cada dos por tres hay una falsa alarma, es decir, una fementida llamada a empuñar las armas. ¿Hay motivos para preocuparse por lo que está sucediendo en el mundo? Sin duda alguna, la situación en algunos puntos del globo terráqueo es muy delicada. Cada conflicto puntual puede ser la chispa que encienda la Tercera Guerra Mundial, nos dicen. Y a la tercera, ya se sabe, va la vencida, que es definitiva.
 
    Cada dos por tres se declara una crisis para, a continuación, promulgar las medidas anticrisis que estaban previamente preparadas. 

    Y ya están los pájaros de mal agüero diciéndonos que hagamos acopio de provisiones -comida enlatada, básicamente, y agua, mucho líquido elemento, que guardemos el oro que cagó el moro y la plata que cagó la gata (la identificación del dinero y las heces es proverbial, ambas cosas son lo más genuinamente nuestro que poseemos) y nos hagamos generadores propios de energía a ser posible renovable. 
 
    La salvación está al alcance de la mano de cada uno que quiera salvarse. Solo hay que ser un poco espabilado. Llevo sesenta y tantos años, desde que aprendí a hablar y a escuchar, oyendo sistemáticamente siempre la idéntica monserga. 
 
    Es el estado de alarma permanente, la crisis, la catástrofe siempre inminente y siempre pospuesta, como el fin del mundo, que no llega porque este mundo no tiene ni principio ni fin, un horizonte apocalíptico que se posterga periódicamente como el espejismo del horizonte inalcanzable. 
  
    Si un influencer, nombre hoy del falso profeta, se equivoca en sus predicciones debería perder credibilidad, pero la cosa funciona al revés: cuantos más disparates lanza, más fólogüers consigue en sus retículas sociales, paradojas de la vida contemporánea moderna. 
 
    Mientras tanto el mundo real, sea lo que sea lo que esta expresión quiere decir, permanece en un segundo y discreto plano, confundido con el ruido de fondo de los que anuncian apocalipsis inminentes y catastróficos desastres.

sábado, 28 de marzo de 2026

'Mors Imperator'

    Mors Imperator (La Muerte es quien gobierna) es el título de un cuadro maldito de la pintora alemana Hermione von Preuschen que causó gran escándalo cuando se exhibió por primera vez en el año del Señor de 1887 en Berlín porque se interpretó enseguida como una alusión nada velada al emperador y antes rey de Prusia, Guillermo I, y una crítica política implícita y burlesca del anciano monarca que acababa de cumplir a la sazón noventa años.
  
 Hermione (1854-1918)

    Aparece el Kaiser (título que deriva, por cierto, del nombre propio Caesar de Julio César, que dio nombre a todos los emperadores venideros) como un esqueleto gigantesco envuelto en una capa de piel de armiño, que es un símbolo clásico de realeza, luciendo una corona de hierro dentada y apoyando una mano sobre un trono derribado y la otra sobre una espada, y un pie sobre el globo terráqueo. 
 
    El cuadro parece una alegoría que sugiere al espectador que los gobernantes más poderosos también están sujetos a la mortalidad como cualquiera de nosotros, como hacían las danzas medievales de la Muerte que invitaba a todos a bailar. Pero en las Danzas de la Muerte es ella la que saca a bailar tanto a los humildes como a los poderosos, siguiendo la intuición horaciana de que la pálida Muerte golpea con igual y justiciero pie los tugurios de los pobres y las torres de los reyes (pallida Mors aequo pulsat pede pauperum tabernas / regumque turris, que nuestro fray Luis de León tradujo: «Que la muerte amarilla va igualmente / a la choza del pobre desvalido / y al alcázar real del rey potente»), mientras que en este cuadro la propia Muerte es el Rey soberano, lo que sugiere también que el Poder es la muerte que mata las posibilidades que pudiera haber de vida. 
 
 Mors Imperator, Hermione von Preuschen (1887)
 
    El título latino, habida cuenta del género femenino de la palabra “mors” 'muerte' debería haber sido quizá Mors Imperatrix (Empeatriz la Muerte), pero resulta que en alemán Tod 'muerte' tiene género gramatical masculino (como en griego thánatos, a diferencia de las lenguas romances); acaso venga de ahí la confusión. 
 
    Aunque el propio emperador nonagenario dijo que no le molestaba la reflexión que proponía el cuadro, la obra fue censurada, y la Academia de Berlín la rechazó por posible “lesa majestad”. Von Preuschen, ni corta ni perezosa pero dolida por el rechazo,  alquiló un local en una céntrica calle de la ciudad para exhibir el cuadro, cobrando la entrada para verlo y ocultándolo tras unas cortinas para poder desvelarlo con gran espectacularidad. La exposición se convirtió en la comidilla de la capital y catapultó a la artista a la fama de la noche a la mañana. 
 
    Hay quien interpretó el cuadro como una premonición, porque Guillermo I falleció de hecho al año siguiente. Precisamente el año 1888 se conoce en Alemania como el «Año de los Tres Emperadores», porque cuando el hijo de Guillermo I, Federico III, ascendió al trono, padecía un cáncer terminal y falleció a los pocos meses, por lo que hubo un tercer Kaiser ese año: Guillermo II. 
 
     Pasado ya algo más de un siglo de aquello, el cuadro se exhibe ahora con todos los honores en la Alte Nationalgalerie de Berlín. Es una reflexión sobre el poder y la muerte: el poder es la muerte de la posibilidad de vivir que impone su monarquía. También puede sugerir que el poder es efímero, como las vanitates del barroco, y el memento mori. La originalidad del cuadro es que no es una calavera cualquiera la que nos apremia a gozar de la vida ante la llegada de la muerte, sino que es la propia Muerte personificada.
 
    Hay también un grabado de Ernst Barlach (1887-1938) con el mismo título.
  
 Mors Imperator, Ernst Barlach (1919)
 
     ¿Qué vemos en el grabado? En primer plano, un hombre yace muerto sobre una roca escarpada, envuelto en un largo manto, con las manos cruzadas sobre el pecho y la cabeza ligeramente reclinada hacia atrás. En el fondo, se desata una visión apocalíptica: un grupo de jinetes espectrales galopa violentamente entre nubes y viento huracanado, aludiendo vagamente a los cuatro jinetes del apocalipsis, y especialmente al cuarto, que es la Muerte. Uno de ellos levanta en alto un medallón, estandarte o quizá moneda que resplandece como un sol con una calavera claramente visible.

     El grabado está fechado en 1919, justo después de la Primera Guerra Mundial, en la que él mismo había participado como voluntario. La guerra transformó profundamente a Ernst Barlach: de un inicial entusiasmo patriótico pasó a un pacifismo radical y a una visión crítica de la destrucción masiva, por lo que su «Mors Imperator» es una denuncia clara de la guerra: la Muerte ya no es una figura neutral o inevitable, sino un emperador, un comandante supremo que dirige a sus tropas de jinetes apocalípticos y siega vidas humanas. El cadáver en primer plano representa al soldado desconocido caído en combate (o a la humanidad víctima), mientras que la cabalgata detrás simboliza la maquinaria implacable de la muerte organizada, la guerra moderna que avanza como un ejército sin rostro. No solo muestra la muerte de un hombre cualquiera, sino la muerte como poder político y militar que cabalga sobre la humanidad. En pleno periodo de entreguerras, Barlach advierte que la Muerte se ha coronado emperatriz y que sus ejércitos siguen galopando. 

Autorretrato, Ernst Barlach (1928)     

    En el lienzo de Hermione von Preuschen la imagen es monumental y teatral: la Muerte no es un ser pasivo que nos invita a bailar, sino un soberano activo que impone su poder absoluto, derrocando todo poder terrenal. El mensaje central es la transitoriedad del poder, la fama y los imperios: por muy grandioso que sea un trono o un emperador, la Muerte es el verdadero gobernante universal. Con el mismo título y con el mismo tema central, Barlach denuncia la muerte masiva organizada por el Estado y su maquinaria de guerra moderna. Ya no es un solo esqueleto emperador, sino un general al frente de un apocalipsis. 

viernes, 27 de marzo de 2026

Bagatelas

Te rompen las piernas y te venden unas muletas para poder caminar solucionando el problema que te han causado, y deberías, dicen, estarles encima agradecido.
 
Pasamos media vida haciendo planes para el porvenir y labrando un futuro para nuestros planes, y lo que pasa ahora, mientras tanto, se nos escapa de las manos.
 
Estos días azules y este sol de la infancia. Murió Antonio Machado, el poeta, pero quedan, vivas, sus palabras: el azul de los días, los soles de la infancia.
 
Jugando con las oposiciones fonológicas al modo del poeta Efraín Jara Idrovo se podría decir que el tiempo pasa, pesa, pisa, posa y pusa, sea esto lo que sea.
 
Perder el tiempo es un pecado grave según la ética protestante, porque el tiempo es dinero que cuesta trabajo ganar y sirve para generar un futuro en efectivo.
 
El fotógrafo, so pretexto de capturar el momento -detente, instante, eres tan bello, Fausto dixit- dispara una instantánea y mata con la foto al ave que volaba.
 
¿Como sabe el cerezo que ha llegado la primavera y que, por lo tanto, ha de florecer? ¿Cómo lo sabe el mirlo, que se ha puesto a cantar en la rama de repente?
 
Ahora que empieza en el hemisferio norte del globo terráqueo la primavera boreal, comienza simultáneamente en el hemisferio sur el otoño austral, y viceversa.
 
¡RENFE, la Red Nacional de Ferrocarriles Españoles, crea una filial de autobuses para cubrir por carretera incidencias debidas a obras o retrasos de los trenes!
 
El sistema, al igual que la cucaracha de la canción, ya no puede funcionar porque no tiene, porque le falta, dada la creciente escasez, combustible que quemar.
 
¿Orgullo de ser español? Más que vanagloriarse habría que avergonzarse de ser lo que se sea: no nacemos españoles, nos hacemos o, mejor, nos hacen a la fuerza.
 
El patriotismo según Samuel Johnson es el último refugio de un canalla. Dicen que se refería al falso. El verdadero consiste en odiar las patrias existentes.
 
La inmoralidad de la moralina consiste en decir no a la guerra ilegal, porque así se legaliza la idea de la guerra, se le da carta de naturaleza y justifica.
 
Habría que contrarrestar la Operación Furia Épica, la ofensiva militar lanzada por Estados Unidos contra Irán, con Furia Lírica, la ofensiva poética de Orfeo.
 
No voto porque albergo la íntima satisfacción de no tener que arrepentirme como la mayoría de la gente de lo votado, legitimando a más la dictadura democrática.
 
 
¿Cuál es la sustancia que da entidad a las cosas y a las personas? Sin duda alguna, el dinero, que hace que todo sea por su valor monetario intercambiable.
 
 No es políticamente correcto llamar gordo a un gordo, o negro a un negro, pero sí mujer a un hombre con pene y testículos que se autopercibe tal como mujer.  
 
A la mayoría democrática no le importa vivir engañada porque su única preocupación es que la vida cotidiana continúe como si no pasara nada, sin perturbaciones.
 
El Estado, que con sus poderes legislativo, ejecutivo y judicial es uno y trino como Dios, nos controla con el ojo panóptico de la Inteligencia Artificial. 

jueves, 26 de marzo de 2026

La canción de los cuatro poderes

    Merece la pena rescatar del olvido esta canción de los cuatro poderes (Pero al cuarto no) que Chicho Sánchez Ferlosio cantó a palo seco y en directo en un programa de televisión sobre los cantautores en 1993 presentándola de la siguiente manera: Esta es una canción sobre la división de poderes. Todo el mundo sabe lo de Montesquieu del poder legislativo, ejecutivo y judicial, y también todo el mundo sabe que se llama el cuarto poder a la prensa. Es una canción que hice hace un año y que bueno pues ahí está, yo no estoy descontento de haberla hecho aunque no se haya publicado. 
 
 
    Posteriormente la cantó con acompañamiento de piano y la voz de Rosa Jiménez en una actuación en directo, que ha acabado incluyéndose y publicándose en el disco póstumo “La última noche en el Círculo de Bellas Artes” (2022). 
  

    La letra muy oportuna entonces, cuando tanto se hablaba del conflicto entre los tres poderes del Estado, y de la libertad de expresión de la prensa, el cuarto poder, que podía contrarrestarlos, dice lo siguiente: Yo iba mirando la enciclopedia / y hallé una regla que no está mal: / separar el legislativo, / el ejecutivo y el judicial. / Y pensaba yo, y pensaba yo / que en mi tierra de alguna forma / la antigua norma se quebrantó. / Y el segundo acalló al primero, / amarró al tercero y al cuarto no, / pero al cuarto no, pero al cuarto no. / El segundo acalló al primero, / amarró al tercero y al cuarto no. / No me parece que vayan hacia / la democracia que yo soñé. / Solo siento mucho recelo, / poco consuelo, ninguna fe, / porque digo yo, porque digo yo / que al fundirse los tres en uno / quizá ninguno sobrevivió. / Y el segundo acalló al primero, / amarró al tercero y al cuarto no, / pero al cuarto no, pero al cuarto no. / El segundo acalló al primero, / amarró al tercero y al cuarto no. / Por eso busco por los diarios / y por las radios mi libertad / con cuidado de que en la tele / no se me cuele la autoridad, / porque ya se vio, porque ya se vio / que a despecho de tanta euforia / la vieja historia se repitió. / Y el segundo acalló al primero, / amarró al tercero y al cuarto no, / pero al cuarto no, pero al cuarto no... 
 
 
    ¡Qué lástima que el cuarto poder, contra lo que cantaba el inolvidable Chicho, haya sido también al cabo de los años acallado como el primero, y amarrado como el tercero por el segundo, por el ejecutivo, que no es tanto el gobierno democrático de turno que nos toque padecer en cada momento, que es bastante superficial y a fin de cuentas también es un mandado, como nosotros, sino por el ejecutivo supremo, que es realmente quien manda y gobierna por encima de todos los Estados! 
  
    John Swinton (1829-1901), periodista y editor de The New York Times, escribió esto sobre su profesión: El oficio de un periodista [neoyorquino, dice él, pero da igual el gentilicio que le pongamos] es distorsionar la verdad, mentir descaradamente, pervertir, vilipendiar, adular a Mammón y vender su país y su raza por su pan de cada día, o por algo parecido: su salario. Ustedes lo saben, y yo lo sé. ¡Y qué tontería brindar por una "prensa independiente"! Somos las herramientas y vasallos de los ricos que mueven los hilos entre bastidores. Somos marionetas. Ellos tiran de la cuerda y nosotros bailamos. Nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestras vidas, nuestras posibilidades, todo es propiedad de otros. Somos prostitutas intelectuales
 
    Si sustituimos el arcaico nombre arameo y bíblico de Mammón por el sistema político y económico que representa, esto es, el capitalismo, o más sencillo todavía, el Dinero, y prescindimos de la alusión a la venta del país y la raza por el pan de cada día, a saber lo que quiso decir Swinton con eso, nos explicaremos la actitud que la mayoría del gremio de periodistas mantuvo por ejemplo entre nosotros a lo largo y ancho de la pandemia del virus coronado, así como durante la invasión rusa de Ucrania que vino a sustituirla acaparando todos los titulares y medios de información, y el 'conflicto' actual interminable en Oriente Próximo, y la crisis del petróleo que conlleva y la exaltación ecológica de las energías renovables en medio del cambio climático. 
 
    El cuarto poder, la prensa, mantiene un discurso único y monocorde que tacha de “desinformación” (misinformation en la lengua del Imperio) y censura y acalla los pocos vestigios de crítica que pudieran asomar porque está hoy en día sometido a otro poder, al poder del Capital que la publicita y subvenciona. 
 
    En cuanto a la pandemia de Dios, habría que revisitar la hemeroteca para encontrar las mentiras sobre el origen, la letalidad, el contenido y eficacia de las milagrosas inoculaciones y su ausencia de efectos secundarios, es decir, de muertes y enfermedades que vinieron a corroborar aquello de que resultó mucho peor el remedio que la enfermedad que decía combatir. 
 
 

     Sobre las guerras y conflictos, los periodistas, que probablemente no creen en su fuero interno las mentiras de los políticos, las repiten sin embargo haciéndose eco de la propaganda gubernamental palabra por palabra, aunque según su código deontológico no deberían transmitir algo que saben intrínsecamente mentiroso. 
 
    Sobre la exaltación ecológica se nos dice y hace creer que nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes, somos responsables del calentamiento global por la "huella de carbono" que dejamos cuando respiramos, aunque la mayoría de la contaminación provenga de otro lado, y aunque el C02 sea la base de toda vida vegetal y las predicciones apocalípticas de los últimos cincuenta años como la desaparición de los casquetes polares y demás hayan resultado falsas, con lo que la ecología se ha revelado como una herramienta 'científica' de dominación. 
      Los medios de comunicación tradicionales ya no difunden información, sino la voz de su amo, son instrumentos de la sagrada comunión con ruedas de molino a modo de hostias consagradas. Transforman las narrativas oficiales en "hechos establecidos y consumados" y luego acusan de "desinformación" a todos los que cuestionan el relato oficial: cuando los medios de (in)formación apesebrados y los llamados verificadores de hechos distorsionan la calidad de la información contaminándola. La gente sabe perfectamente que los principales medios radiotelevisivos son parciales, por lo que muchos obtienen sus noticias principalmente de recursos alternativos, principalmente internet, surgido hace treinta años. De ahí el interés del poder ejecutivo por censurar las redes, acusándolas de máquinas de fango y bulos y restringir su acceso a los menores de edad, imponiéndonos a todos la identidad digital.  

miércoles, 25 de marzo de 2026

Oficio vespertino en Silos

    A veces conviene hacer una pausa pero no para que nos permita poder seguir adelante después impunemente como si no hubiera pasado nada, una vez recargadas las pilas como hacen los ejecutivos y funcionarios,  sino para dejar de avanzar por el mismo camino que llevábamos, extenuados como estamos de tantas informaciones cancerígenas de un mundo en el que a fin de cuentas no pasa nada que no sea la repetición de lo mismo de siempre, cuyo objetivo es saturarnos y mantenernos completamente desinformados a fuerza de tantas informaciones de noticias y opiniones (que son como los culos, ya se sabe, todo el mundo tiene uno), de tanto ruido y de tanta palabrería que ensordece nuestros oídos y que no nos deja escuchar el sonido de la música verdadera del silencio.

    Merece la pena acercarse hasta la abadía benedictina de Silos, en tierras de Burgos, aunque sólo sea para escuchar cantar a los monjes la liturgia monástica de las horas, huyendo del mundanal ruido, como hicimos no más de veinte personas, si llegamos a ser tantas, un día 2 de noviembre, conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, asistiendo al oficio de Vísperas, escuchando en absoluto silencio, arrobo y sosiego, el concierto de los monjes que, además de cantar como los ángeles, siguen la regla monástica de su fundador (ora et labora).
Ciprés de Silos 

    El oficio comenzó a las siete de aquella fría tarde de otoño. Antes estuvimos visitando el claustro del monasterio, cuyo guía nos explicó detalladamente los capiteles más significativos y los detalles más importantes de la historia de la abadía y de la orden allí establecida. Cuando llegamos al famoso ciprés que cantó Gerardo Diego, el  guía nos regaló con la recitación de su soneto “Enhiesto surtidor de sueño y sombra...”, que recordó de memoria y declamó con voz grave y solemne, sin afectación, sólo rota por los trinos de los pájaros, y que arrancó nuestros aplausos espontáneos. Igualmente visitamos la botica donde los frailes elaboraban los fármacos propios con hierbas y productos naturales. 

    A las siete en punto de la tarde, ya en la iglesia abierta al pueblo, las voces de los monjes entonaron en vivo y en directo, a capela, gratis et amore, con el fondo del órgano, los salmos gregorianos. En latín, por supuesto, como Dios y la tradición mandan.

    Tras la invocación inicial, entonaron un himno: Inmensae rex potentiae, Christe, tu Patris gloriam nostrumque decus moliens, mortis fregisti iacula: Rey de inmenso poder, Cristo, tú, fortaleciendo la gloria del Padre y nuestra dignidad, quebrantaste los dardos de la muerte. A continuación interpretaron la salmodia: tres salmos y un cántico precedidos y seguidos de sus respectivas antífonas. Luego uno de los monjes procedió a la lectura de la Biblia, y tras la breve lectura se entonó el Magníficat, precedido y seguido siempre de su antífona.


    Acto seguido, vinieron las preces, a las que siguió el Padre Nuestro (Pater Noster), y por último la oración final. La ceremonia concluyó con la procesión de los monjes cantando hasta la capilla del santo, donde se hallan supuestamente sus reliquias.

    La interpetación del Magnificat de los monjes de Silos, me trajo a la memoria esta desenfadada y roquera versión que hicieron las inolvidables Vainica Doble en uno de sus mejores discos: "Contracorriente" (1976). Cuando en España estábamos aburridos ya de tanta canción protesta, aparecieron de pronto ellas, frescas e irreverentes, musicalmente impecables, con sus nada ingenuas letras, cantando por ejemplo aquello de Déjame vivir con alegría... Con un dátil por alimentación, con un dátil inventé la democracia, con un dátil yo te gano el maratón, no me hace ninguna gracia, que me tengas compasión... Y un higo chumbo, y una aceituna, un nuevo mundo yo descubrí con Colón... "

    El último tema de aquel álbum era este Magníficat, donde  cantaban que su alma también proclamaba la grandeza del Señor que deposuit potentes de sede et exaltauit humiles; esurientes impleuit bonis et diuites dimisit inanes: derribó a los poderosos de su trono y enalteció a los humildes; a los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada.

martes, 24 de marzo de 2026

Animales políticos

    Escribía el filósofo español Heleno Saña un artículo titulado “La sociedad no es un mercado” en el núm. 51 de la revista La Clave, en abril de 2002, que veinticuatro años después después de escrito sigue, como suele decirse, de rabiosa actualidad. Tomo de él este párrafo, que proporciona una reflexión importante sobre la diferente concepción del ser humano en la antigüedad y en la actualidad:
 
 “Aristóteles fue uno de los primeros filósofos que se ocupó a fondo de la economía, pero subordinándola a la ciencia política, esto es, a la regulación de la vida de la 'polis' o ciudad. La economía queda restringida al recinto doméstico ('oikos'), y de ahí que el Estagirita no defina al hombre como animal económico, sino como «zóon politikón». Los demiurgos de la hora actual han invertido la terminología aristotélica y cometido la barbaridad de convertir el 'homo oeconomicus' en el eje central y caso único de la vida individual y colectiva, una transmutación de los valores que por si sola demuestra el grado de simplismo mental a que hemos llegado”.  
 
Que el hombre  -incluida la mujer- es un animal político ya nos lo dejó escrito Aristóteles según su célebre definición: ho ánthropos phýsei politikón zóon. Recurramos a la fuente del maestro (Política I, 2, 1253ª 2-3): Así pues, de lo anterior resulta claro que la sociedad ("polis") es una de las cosas que hay por naturaleza, y que el hombre es por naturaleza un animal político; y que el que carece de sociedad por naturaleza y no por una casualidad está por debajo o por encima del ser humano, como también el criticado por Homero(1) "sin clan, sin ley, sin hogar". Pues el tal por naturaleza es además codicioso de la guerra, exactamente como una pieza aislada en el tablero(2).
 
ἐκ τούτων οὖν φανερόν ότι τῶν φύσει ἡ πόλις ἐστι, καὶ ὅτι ὁ ἄνθρωπος φύσει πολιτικόν ζώον, καὶ ὁ ἄπολις διὰ φύσιν καὶ οὐ διὰ τύχην ἤτοι φαυλός ἐστιν ἡ κρείττων ἢ ἄνθρωπος, ώσπερ καὶ ὁ ὑφ᾽ ῾Ομήρου λοιδορηθείς ἀφρήτωρ ἀθέμιστος ανέστιος, ἅμα γὰρ φύσει τοιοῦτος καὶ πολέμου επιθυμητής, άτε περ άζυξ ὧν ὥσπερ ἐν πεττοῖς.
 
 (1) La cita completa de Homero es: Hombre sin-ley es aquél, sin hogar, sin trato-con-buenos, / que arda en armor de la guerra, heladora, peste de pueblos. Homero, Ilíada, IX, vv. 63-64, traducción de A. García Calvo.
 (2) Parece que es una especie de juego de damas sobre un tablero dividido en treinta y seis escaques y cruzado por una linea llamada sagrada, que deslindaba los dos campos, cuyas piezas están obligadas a combatir más cuando se quedan más aisladas las unas de las otras. 
 
 El dibujante griego Arcás, que no va a contradecir al filósofo, viene a decirnos ahora que, efectivamente, todos somos animales políticos -politiká zóa, en griego clásico y moderno a la vez, básicamente la misma lengua-, pero nos advierte el humorista, todo un referente ya dentro de los modernos, que no somos de la misma especie animal, ya que unos son políticos profesionales -el lobo- y otros, la inmensa mayoría democrática de la gente, los corderos.
 
 
 Este “simplismo mental a que hemos llegado”, que denunciaba Heleno Saña en su artículo, se refleja en el mundo de la enseñanza o, si se prefiere, de la educación, en la creciente promoción a la que venimos asistiendo desde hace años, dentro del llamado Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales, de la inclusión y sobrevaloración para la vida moderna de  una asignatura que se llama “Economía”. 
 
¿No sería más interesante otra asignatura que se llamara “Política”? Podría argumentarse en su contra el hecho de que una asignatura llamada “Política” sería un tanto peligrosa, ya que favorecería el adoctrinamiento político, como sucedía en los tiempos de la oprobiosa dictadura, y la manipulación de los estudiantes. Y sería muy probable, pero nadie parece alarmarse sin embargo demasiado del hecho de que se esté ya manipulando y adoctrinando religiosamente a los estudiantes con esta nueva fe y asignatura de la economía y con la promoción del consiguiente espíritu emprendedor, eufemismo de empresarial y capitalista, una nueva fe en el dios Dinero con la que se está imbuyendo a nuestros jóvenes del espíritu y la creencia, falsa como todas, de que la sociedad es un mercado donde todo se compra y se vende -hasta nosotros mismos a poco que nos descuidemos- y no puede ser otra cosa... ¡Si el Estagirita levantara la cabeza…!
 
 Y dado que todos los políticos profesionales mienten, porque su función es sostener la realidad, que es esencialmente falsa, llamarle a alguien político, sigue diciendo Arcás,  se ha convertido en un grave insulto.
  

lunes, 23 de marzo de 2026

Pareceres CV

512.- Therians, terianos o terios: Cualquier fenómeno natural o artificial como este helenismo que nos entra por la vía inglesa sirve para despertar una ola de opiniones personales que hacen que ardan las redes, como suele decirse. Últimamente se ha hablado mucho de los therians, terianos o terios (del griego θηρίον (thēríon), que significa literalmente “bestia feroz” o “animal salvaje”), un movimiento formado mayoritariamente por jóvenes que sienten una conexión o identidad interior con un animal, generalmente un lobo, zorro o felino, autopercibiéndose como tales psicológica- o espiritualmente y viviéndolo intensamente como parte profunda de su identidad. Quizá la identificación más apropiada de todos nosotros no sería con un felino o un cánido sino con un herbívoro rumiante, de la gran familia de los bóvidos y del género ovino: la oveja doméstica, común y corriente que se cría principalmente como ganado y que ejemplifica la obediencia ciega, la conformidad gregaria y la falta de pensamiento crítico, bajo el cuidado del buen pastor y del perro guardiánPara muchos es simplemente una forma de expresión personal y de búsqueda de comunidad. ¿Es una nueva forma de identidad juvenil? ¿Una simple moda viral? El debate está servido. 
 
 
Metamorfosis kafkiana 
  
513.- Copaganda o polipaganda. El poder de la policía no consiste solo en la fuerza bruta que representa la porra, sino también en la capacidad de producir un relato favorable a la institución encargada de sostener el orden social establecido, labor que llevan a cabo los gabinetes de comunicación de las fuerzas de seguridad, que han conseguido a través de series, películas, noticias y programas de TV trasladar puntos de vista, esquemas y narrativas policiales al público general, desde el célebre y periodístico "la poli reduce, la gente mata" hasta la última serie que visibiliza la entrada de la mujer en la institución, un pinkwashing que simboliza la verdadera democratización feminista del cuerpo policial. Se ha creado un neologismo que es 'copaganda', combinando la palabra inglesa cop que podríamos traducir por “poli” y propaganda, una simbiosis entre “policía” y “márquetin”. Podríamos muy bien denominarlo en czastellano polipaganda: propaganda policial, todo aquello que o bien es producido por las instituciones policiales o por medios de comunicación afines y pasa por los gabinetes de comunicación de las instituciones policiales y tiene como fin comunicar el punto de vista policial sobre la realidad. Nunca o casi nunca hay una crítica a la institución policial. Dentro del cuerpo siempre hay algún garbanzo negro, algún personaje que es corrupto, que es violento o racista, pero al final es neutralizado y la institución queda salvada. La policía no tiene mala prensa, de hecho tiene muy buena imagen. Prueba de ello es que no existe una crítica política que vaya más allá de denunciar ciertas violencias o cierta violación o vulneración de derechos. De hecho cuando hay un problema lo primero que piensa mucha gente es en llamar a la policía aunque ya se haya resuelto. Es muy útil para esta creencia en la policía como institución eficaz, justa y necesaria. 
514.- Una imagen y mil palabras. Como decía Horacio en su Arte poética (vv. 180-181) a propósito de las cosas que se ven en la escena teatral o en la pantalla, diremos ahora, que para el caso viene a ser lo mismo, y las que se oyen contar una vez sucedidas: segnius irritant animos demissa per aurem, / quam quae sunt oculis subiecta fidelibus, lo que quiere decir: lo que se deja caer al oído conmueve los ánimos más lentamente que lo que se representa ante los fieles ojos, esto es que las imágenes pueden conmovernos más rápidamente que las palabras que se digan, lo que no significa que lo hagan más intensamente. Quizá por eso el dicho de que una imagen vale más que mil palabras, por su inmediatez pero no es verdad: las imágenes atrofian la imaginación, y las palabras, que son de efecto más retardado, pueden dejar una huella más intensa en nosotros y sugerirnos muchas imágenes.  
 
 
515.- El oráculo de Delfos y el imperio persa. Heródoto pasa por ser el padre de la historia o, más propiamente, de la historiografía. Con “historia” designamos a la vez y ambiguamente lo acontecido y los testimonios: los hechos y los dichos. Hay un pasaje en sus Historias, (I, 53), que cuenta que Creso, el rey de Lidia, uno de los reyes más ricos de su tiempo, hasta tal punto ha pasado a la historia como tal ricachón que la docta Academia recoge el nombre común “creso”, y lo define como “hombre que posee grandes riquezas”, mandó consultar al oráculo de Delfos si debía atacar a Persia y a su enemigo Ciro el Grande. La respuesta de la pitonisa no se dejó esperar: Si emprende una guerra dirigiendo un ejército contra los persas, destruirá un gran imperio. Convencido del éxito de la empresa, Creso cruza el río Halis (actual Kızılırmak), un Rubicón que marcaba la frontera, y este hecho, efectivamente, destruyó un gran imperio, pero no fue el persa, como creyó el ingenuo monarca, sino el lidio que era el suyo propio.  El oráculo resultó verdadero, aunque engañoso o al menos ambiguo, es decir sibilino. Era inevitable que la guerra destruiría uno de los dos grandes imperios, aunque no se sabía cuál. ¿Sucederá lo mismo al tío Sam y al imperio americano? 
 Creso recibiendo el tributo de un campesino lidio, Claude Vignon (1629)  
 
516.- Opiniones personales.  Todo el mundo tiene las suyas, y aunque no todas son igualmente respetables, es muy respetable el derecho a tenerlas y a expresar cada uno la suya porque es como su huella dactilar, su ADN, la garantía de su individualidad personal, sus señas de identidad. Se respetan todas siempre y cuando se presenten como lo que son, como opiniones personales. Y la falacia sobre la que se funda la democracia moderna es que la opinión mayoritaria, fundada sobre la suma de opiniones personales debe prevalecer e imponerse a la totalidad, porque aunque se revela enseguida que una religión no sea más verdadera que otra según el número de fieles que tenga, actuamos como si lo fuera. Se suman los gustos y las opiniones personales, se aplica la estadística y se obtiene así la Mayoría. A fuerza de opiniones y de suma de opiniones, se consigue que no se oiga la voz del sentido común, por lo que pasa a ser, contra lo que su nombre indica, el menos común de los sentidos. Si alguna voz acierta a decir algo sensato, no se oirá en medio de la barahúnda de las opiniones personales y del ruido que provoca expresarlas en alta voz, como si por el hecho de alzar la voz y de gritar más se tuviera más razón. 

  

domingo, 22 de marzo de 2026

Lo fatal

    El hado (o los hados, si se prefiere decir en plural) es el nombre antiguo del destino. El expediente de la etimología puede ayudarnos a descubrir algo de su significado. Lo primero que surge de la investigación por esa vía es que la palabra latina fatum, de donde procede nuestro fatídico hado, se relaciona con el verbo fari, que significa 'hablar', 'decir', lo que abre un campo semántico inmenso que va desde la fábula, a la infancia, con prefijo negativo in-, la fama y lo infame, lo infando y lo nefando, y la afabilidad y lo inefable, que es lo que no puede ser dicho, como el individuo según el adagio medieval: indiuiduum est ineffabile
 
    En castellano fatum se conserva como cultismo en 'fatal' y 'fatalidad', y como palabra patrimonial en 'hado' y su femenino 'hada', sin olvidar el verbo 'enfadar' que propiamente significaría entregarse a la fatalidad, al aburrimiento que provoca hacer algo que ya está hecho, planificado, que ya se sabe en qué consiste antes de hacerlo. 
 
 Juguetes, Pawel Kuczynsky (2022)  
 
    La raíz indoeuropea que subyace es *bhā- que evoluciona en griego ático a φη-μί, con el paso de alfa larga a eta, con el significado de 'decir', 'hablar'... De ahí proceden algunos términos como 'afasia', 'disfasia', 'blasfemia', y por intermedio latino 'lastimar'. En griego, con vocalismo o y sufijo -nā tenemos φω-νή, el nombre de la voz, el sonido. De este término entran en castellano helenismos como: fonema, fonética, afonía, cacofonía, estereofonía, sinfonía, telefonía... 
 
    Nos encontramos, pues, con que lo “fatal” es lo que ha sido dicho, lo que está dicho, lo que ya se sabe antes de que suceda o también lo que va a suceder porque se ha dicho que va a suceder y por el simple hecho de decirlo ya está sucediendo de alguna manera. De ahí procede la expresión latina fata Sibyllina: los oráculos de la Sibila de Cumas, oráculos sibilinos como aquel IBIS REDIBIS NVMQVAM IN BELLO PERIBIS que le dijo al que iba a ir a la guerra y quería saber si volvería sano y salvo: 'irás volverás nunca morirás en la guerra', que según las pausas y entonaciones que se hagan puede entenderse en un sentido (irás, volverás, nunca morirás en la guerra) o en el contrario (irás, volverás ¡nunca!, morirás en la guerra). 
 
El triunfo de la muerte o Las tres parcas. Tapiz flamenco (siglo XVI).
 
     Como personificación fata son las Parcas o hadas del destino. Resultan curiosas las expresiones latinas FATO FVNCTVS: que ha cumplido su destino, que ha muerto, muerto, y como expresiones como FATO CEDERE/OBIRE “ceder/ir al encuentro de lo dicho” significan morir. Resulta curioso, decíamos, cómo se equipara el sino con la muerte: aquello que nos ha sido prometido a todos es que, efectivamente, nos vamos a morir: ése es, pues, nuestro destino irremediable. Moriremos: morir hemos, hemos de morir: vamos a morir. Una de las imágenes más relacionadas con las Parcas es precisamente la de la muerte. Identificadas con las Moiras griegas, se dice de estas hadas malignas que cada una preside uno de los acontecimientos más importantes en la vida del ser humano. Así una de las hermanas, Átropo, preside el nacimiento hilando el hilo de la vida humana, Clotó lo enrolla en el ovillo, patrocinando el matrimonio, y la tercera hilandera, Láquesis, la muerte, cortando el hilo cuando la correspondiente existencia llegaba a su término.
 
    Si nuestro fatum es la muerte, también se puede dar la vuelta a la frase y decirlo del revés: la muerte de una cosa es el fatum, o sea, el hecho de que se diga con palabras, que se sepa, que se convierta en idea. La idea es, pues, la muerte... de lo que se deduce que la muerte no es más que una idea, por otra parte, real, eso sí, como la vida misma.
 

     Lo fatal es, por consiguiente, que se sepa una cosa (porque ya está dicha) antes de experimentarla, que se planee algo antes de hacerlo.
 
    ¿A dónde nos lleva todo esto? La relación entre fatum, 'hado', lo dicho” y el futuro es más profunda de lo que parece a primera vista: ambos giran en torno a la idea de que el tiempo por venir está, de algún modo, ya pronunciado, lo que enlaza con la superstición de la futurología, que se pueda hacer un discurso supuestamente lógico sobre lo que va a suceder. Fatum no era originariamente destino en abstracto, sino “lo que ha sido dicho”. Algo ha sido enunciado previamente y por eso sucede. La palabra “hado” en español conserva esa raíz conceptual. El hado no es simplemente lo que ocurrirá, sino lo que ya está fijado, escrito, para que ocurra inevitablemente. No es futuro abierto, un libro en blanco, sino una agenda de lo que hay que hacer irrremediablemente. 
 
 Fotomontaje de Gabriél Pérez-Juana
 
    Aquí aparece la paradoja más interesante: el futuro, que es lo que no ha sucedido y que por lo tanto se desconoce, se entiende como pasado lingüístico, como algo que ya ha sido dicho, y, por lo tanto, en cierto sentido, algo que ya ha ocurrido en el mundo del que se habla, en el plano del lenguaje. El futuro se ve como un pasado, como algo que ya ha sido hecho o prescrito. La superchería popular cree que el futuro está escrito en las estrellas (astrología), en las rayas de la mano (quiromancia), en las cartas del tarot (cartomancia) y hasta en los posos del café, y que puede ser, por lo tanto, conocido por los adivinos o futurólogos: puede ser adivinado. De ahí la ambigüedad de la expresión, que es una contradicción en sus términos, “hechos futuros”: si son hechos son pasados; si son futuros no se han hecho todavía. Y lo dicho no puede desdecirse fácilmente. El lenguaje tiene una fuerza performativa y creadora: decir es, en cierto modo, hacer. En el caso del fatum, decir es hacer inevitable. Esto conecta con la tragedia griega en la que el oráculo nunca se equivoca. Edipo conoce el oráculo que predice su futuro, trata de evitarlo y, en su huida, lo cumple. El futuro, entonces, no es una página en blanco, sino una escrita que solo exige nuestra lectura.

sábado, 21 de marzo de 2026

Menudos mensajes, mensajes menudos

Uno siente pronto, desde su más temprana infancia, que si la vida es la ejecución de un programa previo a modo de guion dramático, no es vida verdaderamente. 
 
El futuro no es un libro en blanco, como bien nos gustaría, sino un memorándum o agenda planificada de cosas que hay que hacer, pendiente solo de realización.
 
Ejecutar -ojo a la connotación penal del verbo- un proyecto vital, como dicen algunos, es vaciar la vida de contenido al intentar paradójicamente lo contrario.
 
 Los influencers, nuestros modernos líderes, miden su importancia por el número de followers que tienen en la telaraña, consolidando una jerarquía tremebunda.
 
Nadie sabe a dónde vamos, lo solo que sabemos es que vamos a toda velocidad y sin frenos, dando pasos al frente, siempre adelante, "progresando adecuadamente".
 
Es muy importante mantener en la vida alto el índice de autoestima: si tienes baja la autoestima debes buscar ayuda acudiendo a terapia psicagógica profesional.
 

  In Bellonae hortis nascuntur semina mortis: En los jardines de la diosa romana Belona, hermana si no esposa inerte de Marte, nacen las semillas de la muerte. 
 
 Dice un senador yanqui: Esto no es una guerra declarada contra Irán, sino “a targeted, limited combat operation”: una operación de combate limitada y selectiva. 
 
Era previsible el impacto de la guerra actualmente televisada, la de Irán: sube el precio del petróleo y baja el de las vidas humanas, y la oferta disminuye.
 
La guerra de Irán, algo bueno tendrá que tener, ha venido quizá a salvar al planeta del Calentamiento Global que lo amenazaba antes de su bélico estallido.
 
 El presi dice 'no a la guerra' y le enchufa mil millones a la de Ucrania, y se queda tan fresco: hay guerras y guerras, justas e injustas, legales e ilegales. 
 
Las compañías petroleras aprovechan la excusa bélica para inflar los precios del crudo a fin de obtener mayor beneficio (añadir “económico” sería redundante).
 
Esta guerra, la guerra de Irán, sirve para que creamos que en el resto del mundo disfrutamos de paz y no veamos así la pacífica guerra doméstica que padecemos.
 
Se habla ya de evitar desplazamientos innecesarios, de racionamiento de combustible, y de la amenaza sobre el suministro mundial y abastecimiento de alimentos.
 

 En griego moderno no se pregunta a alguien cómo se llama, sino cómo lo llaman, lo que es muy revelador: son los demás los que le ponen a uno un nombre personal. 
 
 La tontería bobalicona pone a las borrascas nombres propios personales en orden alfabético, alternando género masculino y femenino, a fin de personalizarlas.
 
No lo hacen los meteorólogos para llamarlas por su nombre y amansarlas, sino para convertirlas en terceras personas y hablar de sus características individuales.
 
El antropónimo o nombre propio personal que imponen a las danas -depresiones aisladas en niveles altos- y borrascas les confiere una vaga noción de identidad.
 
Si los hechos pueden hablar y decirnos tantas o más cosas que las palabras, estas, por su parte, pueden llegar a hacer otro tanto o más incluso que los hechos.
 
El therian o terio más famoso que hay es el escarabajo, cucaracha , monstruoso insecto o lo que fuera de la metamorfosis kafkiana que Gregorio Samsa padeció.
 
 Escribe Ferlosio en alguna parte que la infantilidad y la feminidad son un invento para que los niños y las mujeres se queden en casa, y no salgan a la calle. 
 
Lucrecio nos recuerda (uitaque mancipio nulli datur, omnis usu: vida a nadie se da en propiedad sino a todos en uso) que no somos propietarios sino usuarios.