miércoles, 22 de abril de 2026

Pareceres CVIII

527.- La gente no quiere la guerra. Ya hablamos de ello en De lo que dijo un jerarca nazi. Herman Göring dijo al psicólogo que lo entrevistó en la prisión de Núremberg que la gente común y corriente no quería la guerra, pero que los dirigentes podían arrastrarla si lograban convencerla de que estaba siendo atacada y al mismo tiempo presentaban a los pacifistas como una seria amenaza para la patria (y para la propia paz y seguridad), a lo que su interlocutor le respondió que eso no podía suceder en un régimen democrático donde el pueblo tiene voz indirectamente a través de sus representantes y puede expresar su oposición a la guerra. Göring insistió en que, con voz o sin ella, el mecanismo funciona igual si se le mete miedo a la gente. La fuerza de esta argumentación no consiste en quién la expresó, sino en lo que revela. No justifica nada. No absuelve nada, pero demuestra, con fría claridad, cómo el poder establecido utiliza el miedo a través del lenguaje y la idea de una amenaza externa para empujar a individuos y a poblaciones enteras a tomar decisiones que, en circunstancias normales, si no estuvieran embargados por el miedo, nunca habrían tomado. Meses después, el jerarca y criminal de guerra nazi puso fin a su existencia, pocas horas antes de su ejecución dictada por el tribunal. La frase ha permanecido, no porque la dijera quien la dijo, sino porque recuerda una verdad incómoda: las guerras no empiezan solo con armas, suelen empezar con palabras que preparan a la gente para aceptarlas. 
  
528.- De identitate. La identidad ya sea nacional, ya sea individual o personal es la superstición moderna más poderosa que hay, un fetichismo en el sentido etimológico de la palabra: el término 'fetiche' es un galicismo que, al igual que nuestro 'hechizo', procede del latín facticium, que significa artificial, inventado, imitativo, hecho adrede-, con el doble significado de culto irracional a seres o entidades sobrenaturales y admiración exagerada hacia algo a lo que se le otorgan unas virtudes extraordinarias que a todas luces no posee. La identidad es, por lo tanto, una cárcel, un encasillamiento y una trinchera en la que nos refugiamos y a la que nos aferramos como si fuera un chaleco salvavidas, lo que le permite al sistema clasificarnos a través de sus algoritmos y controlarnos. La identidad nos define y, por lo tanto, nos delimita. El siglo XXI se ha revelado como el siglo de los fanatismos identitarios: religiosos, étnicos, nacionales, sexuales... La libertad no consistiría en cambiar de identidad, en transitar de una identidad a otra, sino en no tener ninguna casilla que nos defina porque no somos lo que creemos ni lo que decimos ser. No somos lo que nos define y lo que defendemos. Somos, más bien, el resultado siempre inacabado de otras cosas. Bajo esos ropajes impuestos, todos somos iguales. Convertir la identidad en destino es una forma de renunciar a la vida. No hemos dejado de ser esclavos. Solo hemos cambiado de amo. Ahora se llama identidad. 
 
 529.- La traicionera pipa de Magritte: Estamos ante un imagen del pintor surrealista belga René Magritte: una pipa de fumador, un óleo. Y una anotación escueta en la lengua de Molière: Ceci n’est pas une pipe: “Esto no es una pipa”. Pertenece a la serie que tituló: “La traición de las imágenes”. De eso se trata. Desde Platón sabemos que la imagen miente necesariamente siempre. La imagen no es la cosa que representa, es otra cosa. La palabra tampoco. Si lo que pintó Magritte no era una pipa, la palabra “pipa” tampoco lo es. Ni la imagen ni la palabra son la realidad, sino una representación de ella, que la trastrueca. Si hubiera escrito “Esto es una pipa” estaría mintiendo porque no nos hallamos ante una pipa, sino ante una imagen sugerente o representativa de una pipa. La traición de las imágenes radica en que son representaciones. Si me miro en el espejo o en una fotografía no me veo a mí mismo, sino mi imagen, que no es lo mismo. Es lo mismo que sucede con las palabras. La palabra “pipa” tampoco es una pipa. Porque de eso se trata. Desde Platón. La imagen miente. Por necesidad. Siempre. Eso dispara la razón humana hacia la paradoja esencial de los signos. Ni la imagen, ni tampoco siquiera las palabras, dan la realidad. Dan siempre y necesariamente una representación de ella. Que la trastrueca. 
 
 530.- La pistola de Chéjov: La pistola de Chéjov es un recurso narrativo que dicta que cada elemento en una historia debe ser necesario, significativo y, por lo tanto, imprescindible; si no contribuye a la trama, debe eliminarse. Popularizado por el escritor ruso Antón Chéjov, establece que si un objeto se muestra (ej. un arma en la pared), debe usarse después, por lo que en una narración deben evitarse detalles irrelevantes que distraigan al lector o espectador de la trama principal. Si se menciona una pistola es como si se desenfundara, y si se desenfunda, debe más tarde o más temprano dispararse. Se evita con este recurso la inclusión en un relato de elementos superfluos de relleno, palabrería innecesaria que no sirve ni al desarrollo de la trama ni a la caracterización de los personajes. La paja -los rastrojos- debe eliminarse para facilitar la siembra. ¿Que efecto produce la frase "Se sentaron a negociar con el dedo puesto en el gatillo por debajo de la mesa" sobre el resultado de la negociación? 
  
531.- No hay salvador supremo. La frase en inglés americano "There is no supreme savior" se traduce al castellano como "No hay un salvador supremo". Su significado se centra en la idea de que nadie por encima de uno mismo en singular o de nosotros, en plural, puede solucionar los problemas individuales o colectivos que tenemos de manera mágica o externa, enfatizando la responsabilidad propia. Respecto al ámbito personal la frase sugiere que hay que aceptar que cada cual es responsable de su propio destino por lo que no debe buscar ningún gurú o mesías que resuelva sus problemas; y por lo que atañe a la política, la frase deriva de la letra de “La internacional”, que en una de sus estrofas fomenta la idea de que la clase trabajadora debe liberarse a sí misma, en lugar de esperar a líderes que la liberen. En la letra original francesa escrita por Eugène Pottier aparece esta idea: “Ni Dieu, ni César, ni tribun, (“Ni Dios, ni César, ni tribuno”, pero añade a continuación: “productores, salvémonos nosotros mismos”). Ni en dioses, reyes ni tribunos: está el supremo salvador; / nosotros mismos realicemos/ el esfuerzo redentor. El mensaje es esperanzador porque aunque no hay salvador sí puede haber salvación por debajo de nosotros. 
 

 

martes, 21 de abril de 2026

¿Quién lleva los pantalones?

“Que un jefe sea hombre o mujer no es algo que sea relevante”. Esto lo  declaró la primera fémina que alcanzó el grado de Teniente Coronel (“¿Tenienta Coronela?”) en el Ejército de España, que lucirá, por lo tanto, la estrella de ocho puntas en gorra y hombreras de su guerrera, recibiendo el tratamiento correspondiente, si todavía se estila, de Usía (“vuestra señoría”), y haciendo realidad así el mito de las amazonas de la antigüedad.

Y tiene razón la mujer (no recuerdo su nombre propio, pero tampoco viene mucho al caso: lo que dice ella podría decirlo cualquiera, y, por usar su misma expresión, "no es relevante" el autor del dicho, sino lo que dice y la razón que tenga): ya no importa el sexo biológico de quien ejerce el mando. Lo mismo da que da lo mismo que la jefatura la ejerza el macho que la hembra y viceversa. Como se dijo del reinado de los católicos reyes: “Tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando”.

Algunos feministas ven esto como un progreso. Y tienen razón en parte: es un progreso en la historia de la dominación del hombre (incluida la mujer en el mismo saco) por el hombre. Pero no se puede hablar de un progreso en el sentido contrario y libertario, en el de la lucha del pueblo por su liberación de la sumisión que le impone el Poder establecido, en la lucha contra esos yugos que, como cantó Miguel Hernández: “…os quieren poner, / gentes de la tierra mala, / yugos que habéis de dejar, / rotos sobre sus espaldas”.

¿Es un progreso en la igualación de los sexos? Sí, pero no se trata de una igualdad equilibrada, sino de una “masculinización” de la mujer y nunca de una “feminización” del varón,  como se ve en el mundo de la moda. Que las mujeres occidentales lleven pantalones  es lo más normal del mundo en la actualidad,  porque hoy es una prenda común unisex, protagonista de cualquier guardarropa,  pero no que los varones llevemos faldas: si nos las ponemos,  recaemos en la categoría de disfrazados y travestidos.  Y es significativo  precisamente que la expresión “llevar los pantalones” sea sinónima de “mandar”. 
Amazonomaquia, friso procedente del Mausoleo de Halicarnaso


En sus inicios los pantalones  estaban destinados al uso exclusivo de los varones. Los movimientos feministas reclamaron el derecho de la mujer a vestirlos. En la década de los sesenta del siglo pasado  era ya normal ver mujeres vistiéndolos. Una profesora mía contaba que en el año glorioso de 1968 un bedel no la dejó entrar en la facultad porque llevaba vaqueros; ahora lo raro es ver una mujer que no se enfunde unos pantalones y que vista faldas.

Pero el caso es que durante toda la antigüedad grecorromana los varones llevaron faldas más cortas o más largas, según las modas, túnicas o camisetas largas, digamos para entendernos con lenguaje de  hoy, y poco o nada absolutamente debajo, por lo que conquistaron el mundo con el culo y las verijas literalmente al aire. Sin embargo ahora, salvo algunas chilabas moras, pareos asiáticos o faldas escocesas, mejor dicho, kilts, los hombres y las mujeres actuales llevamos pantalones y eso no quiere decir que mandemos mucho ni los unos ni las otras, sino que somos, todos y todas, como dicen los políticos y las políticas, unos mandados y mandadas o, si se me permite la broma, unas bragazas y unos calzonazos.


Las faldas, sin embargo, son prendas cómodas, prácticas y fáciles de confeccionar, casi no llevan costuras. Tanto para las mujeres como para los varones resulta más cómodo llevar un faldón, túnica, pareo o sarong que unos pantalones. De hecho, los reyes, príncipes y sacerdotes mostraban antes con sus vestidos y sotanas cómo se podía disfrutar de la elegancia y el buen gusto a la hora de vestir.  Tanto los calzones como los pantalones, prendas bárbaras que nunca usaron griegos ni romanos, constriñen con sus costuras centrales nuestros genitales, y pueden llegar a ser un auténtico engorro a la hora de ir a hacer nuestras necesidades. Nuestras bisabuelas y tatarabuelas tampoco llevaban bragas. A ellas se debe el dicho: "A la que no está hecha a bragas, hasta las costuras le hacen llagas". 
 
Volviendo al principio, ya no es relevante que el jefe de la tribu o del Estado Mayor del Ejército tenga testículos o no los tenga. Es indiferente el timbre masculino o femenino de la voz de mando. Eso es un progreso. Lo que nadie pone en tela de juicio, y es una grandísima lástima, es que haya jefes, sean machos o hembras, ni nadie parece cuestionar que se sigan oyendo voces de mando y siga habiendo ejércitos en este mundo, y, además, mucho más modernos que antes, cuando existía el servicio militar obligatorio, mucho más profesionales  y perniciosos, y siga habiendo, por lo tanto, guerras,  aunque ahora se disimule su existencia bajo ridículos eufemismos como "misiones humanitarias de paz" o "lucha por la democracia y los derechos humanos". Si Órgüel levantara la cabeza... 

lunes, 20 de abril de 2026

Siete sonrisas de Massimo Cavezzali

En las siete viñetas del dibujante italiano Massimo Cavezzali que presento destacan, sobre todo, los bocadillos o "nuvolette", es decir las nubecillas que recogen los mensajes de lo que dice ese personaje suyo narigudo y de ojos saltones que parece constantemente indignado, y que es sin duda el alter ego del autor. 

Y lo que dice son unas reflexiones bastante lúcidas. Se trata de un humor serio o de una seriedad humorística, tanto da.

Y nos lo dice en ese otro romance o latín "degenerado" o "mal hablado" que es el italiano actual, su lengua madre, la lengua de la gran ópera, música pura. He aquí una muestra de algunas de sus ocurrencias que más han llamado mi atención:


"No todas las cosas del universo tienen  un sentido. 
¡Yo soy una de esas!". 

Uno, como persona, no deja de ser una cosa de las muchas que abundan en el universo mundo. Y como tal cosa o persona despersonalizada y cosificada no tiene ningún sentido, carece de un único y unívoco sentido determinado que rija su vida. Tiene, en todo caso, muchos y contradictorios sentidos, tantos que es lo mismo que si dijésemos que ninguno, lo que viene a ser lo mismo. 

"Si no encuentras obstáculos quiere decir que te has equivocado de camino".

 "Por la privacy no puedo conocerme a mí mismo".
 
Podríamos decir también que por la ley de protección de datos no podemos empeñarnos en seguir el consejo del oráculo de Delfos, aquel "conócete a ti mismo", y debemos seguir el contrario de desconocernos a nosotros mismos.

"Sin mí sería más libre de hacer lo que quiero".
 
Viene a decirnos el simpático personaje indignado que el mayor obstáculo de su libertad es su voluntad. Si cumple su voluntad, se somete a sus dictados, convirtiéndose ella en su propio tirano, por lo tanto no es libre. Mi mayor obstáculo soy yo mismo como individuo personal.


"A veces quisiera ser yo mismo sin ser yo mismo".
 
Estupenda contradicción: quiero y no quiero ser yo mismo: un ser original distinto de los demás, cuando, al mismo tiempo, quiero ser uno más como los demás.
 
"Perdona... ¿No has visto por ahí mis opiniones? Las había dejado aquí sobre la mesita... ¡Han desaparecido!"

Nuestras opiniones personales son tan nuestras que podemos perderlas al menor descuido como quien olvida una cosa o un dato sin importancia en cualquier sitio. 


"Antes era egocéntrico, ahora soy egoperiférico"

domingo, 19 de abril de 2026

'Canta el reloj'

Un poema inédito de ocho versos escrito presumiblemente en 1933, hace 93 años, y perdido, atribuido a Federico García Lorca, ha sido hallado en el reverso de un manuscrito del poema Gacela de la raíz amarga del poeta y dramaturgo andaluz, que el cantaor flamenco y entusiasta de Lorca, Miguel Poveda, compró a un anticuario alemán.
 
  El poema había pasado desapercibido hasta ahora por estar garabateado en el reverso de otro poema, pero la letra es la de Lorca y, por lo que atañe al contenido, no deja de reflejar la importancia que el concepto de tiempo tenía para el poeta.
 
 
Canta el reloj
Cuento 
maquinalmente las horas.
Y es lo mismo 
las siete que las doce.
Yo -no estoy aquí 
Es la (mayor) señal de carne
que yo dejé, al irme
para saber mi sitio     
                                             al regresar... 
 
 
Destaco dos versos tachados que el presentador de RTVE que los recita no ha leído: Y es lo mismo / las siete que las doce. Considero que son importantes y que quizá el poeta los ha tachado porque los considera poco poéticos. Son sin embargo un descubrimiento lógico que debe tenerse en cuenta. Efectivamente, es lo mismo una hora cualquiera del reloj que otra. Todas hieren, como dice el adagio latino, y todas, no solo la última, matan de alguna manera.  Pudo resultarle poco lírica la constatación al poeta. Sin embargo era la razón la que hablabas por su boca. El cantaor flamenco Miguel Poveda, deseoso de conservar todo el poema, canta ese verso lógico después de Cuento maquinalmente las horas, que él acompaña de un expresivo tic-tac, al final del siguiente vídeo que emitieron los servicios informativos del Ente Público:
 
  
He aquí la reseña que ofrecía The Guardian  el otro día para su público lector, haciéndose eco del importante hallazgo: "El escritor gay y progresista (sic) —cuyas obras incluyen Romancero Gitano, Poeta en Nueva York, Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba— fue fusilado por un escuadrón de la muerte de extrema derecha en agosto de 1936, convirtiéndose quizás en la víctima más destacada de la guerra civil española, que duró tres años. Su cuerpo nunca ha sido hallado y se cree que yace en una fosa poco profunda al pie de una ladera cerca de Granada".

sábado, 18 de abril de 2026

El sueño de Ulises

Uno de los fragmentos más bellos de la Odisea de Homero que conozco es el episodio en que el sueño vence al sufrido héroe Odiseo, más conocido por su nombre latino como Ulises, cuando está a punto de arribar a Ítaca (Odisea, rapsodia XIII, vv. 73-92), un sueño (hypnos, que lo arrebata como por arte de magia)   dulcísimo y reparador que se asemeja a la muerte  (thánatos). La nave va viento en popa, de vuelta a casa, al cabo de veinte años, por fin. El poeta compara la velocidad del navío con la de una cuadriga de caballos de carrera que corre en el hipódromo a todo galope  y con el vuelo veloz como una flecha de un halcón peregrino.  

La nave surca el mar (thálassa) que resuena, dejando una larga estela a su paso. Un mar que Homero siempre tiñe de rojo: rojo de vino, rojo de sangre, rojo de la aurora de dedos rosáceos o del sol que se pone al atardecer. Y el viajero que va en la nave es ante todo un hombre  (andra, la primera palabra del poema) pero un hombre que tiene mucho de divino (theós), un hombre que ha sufrido mucho, que conoce el pathos del sufrimiento y la nostalgia en la guerra (ptólemos) inevitable y en la mar, un hombre que ahora, cuando está a punto de regresar a casa, se abandona y se olvida de todo y de todos, incluso de sí mismo, y se sumerge en ese sueño reparador y dulcísimo que se asemeja a la muerte.

κὰδ δ᾽ ἄρ᾽ Ὀδυσσῆϊ στόρεσαν ῥῆγός τε λίνον τε
νηὸς ἐπ᾽ ἰκριόφιν γλαφυρῆς, ἵνα νήγρετον εὕδοι,
πρυμνῆς· ἂν δὲ καὶ αὐτὸς ἐβήσετο καὶ κατέλεκτο
σιγῇ· τοὶ δὲ καθῖζον ἐπὶ κληῗσιν ἕκαστοι
κόσμῳ, πεῖσμα δ᾽ ἔλυσαν ἀπὸ τρητοῖο λίθοις.
εὖθ᾽ οἱ ἀνακλινθέντες ἀνερρίπτουν ἅλα πηδῷ,
καὶ τῷ νήδυμος
ὕπνος ἐπὶ βλεφάροισιν ἔπιπτε,
80νήγρετος, ἥδιστος,
θανάτῳ ἄγχιστα ἐοικώς.
ἡ δ᾽, ὥς τ᾽ ἐν πεδίῳ τετράοροι ἄρσενες ἵπποι,
πάντες ἅμ᾽ ὁρμηθέντες ὑπὸ πληγῇσιν ἱμάσθλης,
ὑψόσ᾽ ἀειρόμενοι ῥίμφα πρήσσουσι κέλευθον,
ὣς ἄρα τῆς πρύμνη μὲν ἀείρετο, κῦμα δ᾽ ὄπισθε
πορφύρεον μέγα θῦε πολυφλοίσβοιο
θαλάσσης.
ἡ δὲ μάλ᾽ ἀσφαλέως θέεν ἔμπεδον: οὐδέ κεν ἴρηξ
κίρκος ὁμαρτήσειεν, ἐλαφρότατος πετεηνῶν.
ὣς ἡ ῥίμφα θέουσα θαλάσσης κύματ᾽ ἔταμνεν,
ἄνδρα φέρουσα θεοῖς ἐναλίγκια μήδε᾽ ἔχοντα:
ὃς πρὶν μὲν μάλα πολλὰ
πάθ ἄλγεα ὃν κατὰ θυμὸν
ἀνδρῶν τε
πτολέμους ἀλεγεινά τε κύματα πείρων,
δὴ τότε γ᾽ ἀτρέμας εὗδε, λελασμένος ὅσσ᾽ ἐπεπόνθει.

 

Podemos escuchar como música de fondo la cantata profana Le sommeil d'Ulysse de la compositora barroca francesa Élisabet Jacquet de la Guerre (1665-l729) que narra cómo Atenea, la diosa de la sabiduría, protege al héroe sumergiéndolo en un profundo sueño.

 
 
Reproduzco en la traducción el ritmo dactílico del hexámetro de Homero, que hace que a una sílaba marcada rítmicamente le sucedan una o dos no marcadas  a lo largo de los seis pies con los que camina pausadamente (o galopa) cada verso.
 
Luego tendieron un lecho a Ulises de lienzo y cobija
porque en paz se durmiera, en cubierta de nave pulida
sobre la popa; y él se embarcó y se acostó con tranquila
calma en silencio; sus hombres su banco ocupaban por fila
y orden, y amarra soltaron del barco, y doblando la espina
ya comenzaban a herir con los remos las aguas marinas.
Y a él un sueño profundo en los párpados se le escurría
hondo, muy dulce, a la muerte muy mucho que se parecía.
Y como cuatro caballos en llano de briosa cuadriga
todos a una al galope a fuerza de látigo viva,
arrebatados al aire se abren camino de prisa,
tal se erguía la nave de proa, y estela que brilla
iba de sangre, alargada, dejando de mar que gemía.
Y navegaba segura y tenaz; ni halcón cuando gira,
la más veloz de las aves, alcance darle podría.
Rauda bogando la nave surcaba las olas marinas;
a hombre llevaba a bordo de traza semidivina
que antes muy muchas pasó pesadumbres en su alma y fatigas
de hombres sufriendo la guerra y embates de olas bravías;
iba dormido ya en paz, olvidado de todas sus cuitas.

viernes, 17 de abril de 2026

Adán (y Eva) sin infancia

Publica Giorgio Agamben una valiosa columna titulada L'infanzia di Adamo que reproduzco aquí traducida al castellano:
 
La infancia de Adán 
  
No se comprende la concepción que nuestra cultura tiene del ser humano si no se recuerda que en su base se halla un hombre sin infancia: Adán. Según el relato del Génesis, el hombre que el Señor crea y coloca en el jardín del Edén es un adulto, al que Él habla y da órdenes, y para quien crea una compañera para que no esté solo. Y solo un adulto, y desde luego no un niño (un in-fante, etimológicamente uno que no habla), podía dar nombre a todos los animales del jardín.
 
No extraña que un ser sin infancia no pueda permanecer inocente y esté fatalmente destinado a la culpa y al pecado. Quizás el pesimismo que condena al Occidente cristiano a posponer siempre al futuro la felicidad y la plenitud provenga de esta singular carencia, que hace de Adán un ser constitutivamente desprovisto de infancia. Y quizá sea por esta carencia, más original que cualquier pecado, por lo que, por un lado, la infancia es para cada uno de nosotros el lugar de la nostalgia de la imposible felicidad y, por otro, en la organización social, una condición defectuosa que hay que disciplinar y amaestrar a toda costa. Y si el psicoanálisis ve en el niño al sujeto oculto de toda neurosis, quizá sea precisamente porque en algún lugar de nosotros actúa el paradigma adámico de un hombre sin infancia.
 
Esto significa que la curación de la enfermedad de Occidente —es decir, de una cultura adulta que, al reprimir la infancia, acaba condenándose a la puerilidad— solo será posible si somos capaces de devolverle a Adán su infancia. 
 
Quiero ponerla en relación con el artículo de Fabio Vighi When images judge uns, que me envía un amigo, motivado por la contemplación de un breve videoclip de una niña palestina vestida con harapos que hambrienta va en pos de algo de pan y que nos mira y nos juzga sin palabras. 
 
Escribe Vighi que este vídeo que se ha vuelto viral, es decir, que se ha viralizado como un virus prioriza el afecto, o sea, el sensacionalismo sobre el pensamiento. No es nada nuevo. Es algo que pueden hacer las imágenes, animadas o no: Se anima al espectador a sentir una intensa lástima, pero esta lástima funciona como una pantalla. Al llorar por la niña, el espectador lleva a cabo un ritual moral que descarga la mirada. La "mancha" se limpia; la niña se transforma de una "mirada que juzga" en una "imagen que conmueve"
 
La imagen ha dejado de juzgarnos a los espectadores para solo conmovernos y que exclamemos: ¡Pobre niña! Y añade Vighi: Se nos anima a sentir lástima precisamente para evitar sentir vergüenza. La lástima es vertical y condescendiente, sitúa al espectador por encima del que sufre. La vergüenza es horizontal, derrumba la jerarquía e implica al espectador dentro de la misma estructura. Como señaló Susan Sontag en Sobre el dolor ajeno, esas imágenes pueden convertirse en una forma de anestesia. El espectáculo convierte la agonía en "pornografía patética": algo que nos hace llorar y luego ignoramos. 
 
Pero quizá esta niña palestina no nos pide compasión ni piedad ni siquiera empatía, como se dice ahora abusando de un término que no significa gran cosa y que pide que nos pongamos en el lugar del otro, que nos metamos en su sufrimiento, ni siquiera que la miremos a ella, es ella la que nos mira a nosotros y juzga nuestra indiferencia. 
 
Pero vayamos un poco más allá y no nos dejemos engañar por las noticias y las imágenes que nos venden los medios todos los días, con las que nos desayunamos, almorzamos y comemos y cenamos, porque son nuestro alimento, el combustible que hace que funcione la maquinaria. Estas guerras de las que nos informan son guerras falsas que se realizan precisamente para sostener el tinglado. Son reales, sí, no podemos negarlo, tanto aquellas de las que nos dan cuenta puntualmente todos los días, como las que silencian a conveniencia, pero su misión es ocultar que hay una guerra más profunda, una guerra verdadera de verdad, valga la redundancia en la que estamos metidos todos hasta las trancas, que es la guerra contra la realidad, una guerra que no admite paz ni alto el fuego ni tregua que nos valga. 
 
 
Es la guerra, por decirlo con palabras menos abstractas y más concretas, y más políticas, del Estado contra el pueblo. Es mucho más que un genocidio, es un democidio, el crimen de Estado, de cualquier Estado, contra la gente, un sustantivo este de 'gente', que, a diferencia de 'pueblo', no admite gentilicios. Hablamos, en efecto, de pueblos, en plural, y nos referimos al pueblo español, o al iraní, o al norteamericano, mientras que la gente viva que hay por debajo de esos pueblos -la gente viva que hay por donde quiera que uno va, como decía la vieja canción, ese singular colectivo que no necesita plural- no admite ni esos ni ningunos otros gentilicios. 
 
Es, en otros términos también, volviendo a Agamben, la guerra de la sociedad adulta contra la infancia y el niño asesinado que todos llevamos dentro, vestido si se quiere con harapos y hambriento como la niña palestina,  la guerra que nos priva de la infancia como a nuestros primeros padres en el paraíso, y que, paradójicamente, nos infantiliza. 

jueves, 16 de abril de 2026

Tres cuestiones judías

1ª.- ¿Cristiano? El último cristiano que en el mundo ha sido murió en la cruz, condenado a muerte, hace dos mil años –Nietzsche dixit. Dijo "el último", pero quizá debería haber dicho "el único" cristiano; y ni eso, porque ni siquiera Él era cristiano, sino judío. 
 
Ilustración de Bob Moran (2025)

2ª.- De cómo la condición de víctima es reversible y complementaria de la de verdugo. Así los judíos, que históricamente han sido las víctimas de los nazis se convierten ellos mismos ahora en los nazis, es decir, los verdugos, de estos nuevos “judíos de los judíos”, como los denomina con acierto el escritor libanés Elias Khoury, que son los palestinos. 
 
3ª.- Los judíos israelíes sionistas nos están dando una lección de dominación y nos están enseñando cómo se escribe la Historia Universal y, en concreto, cómo se construye un moderno Estado democrático y liberal en Oriente Medio entre tantas teocracias machistas musulmanas, con guetos como el de Varsovia en la Franja de Gaza, con un vergonzoso muro segregacionista en Cisjordania, con una guerra que ni siquiera se llama así, sino lucha antiterrorista, con la matanza y la muerte de los palestinos que originariamente vivían en esos territorios, todo bajo la atenta mirada de un dios justiciero, pendenciero y veterotestamentario como Él solo, un dios de la guerra, Jehová, que designa a Israel como Su pueblo elegido para la gloria: ad maiorem Dei gloriam. El mismo Dios, por cierto, en el que confían los Estados Unidos de América.

miércoles, 15 de abril de 2026

Guerras y ecología

Las guerras son muy malas por la pérdida de vidas humanas que comportan, pero también porque destruyen el medio ambiente y aceleran la crisis climática global.
 
Tanques, aviones y buques de combate consumen enormes cantidades de combustibles fósiles, por lo que las guerras, además de matar y destruir, nos contaminan.
 
Las guerras contaminan el aire, el suelo y el agua, destruyendo los ecosistemas. Sus efectos perniciosos se extienden mucho más allá de los campos de batalla.
 
De los desastres de la guerra hay que tener en cuenta, nunca mejor dicho, las consecuencias económicas, que, además de graves per se, pueden ser muy duraderas.
 
Los desastres de las guerras para el medio ambiente, poco visibles al principio, pueden perdurar durante décadas amenazando la salud y la vida de las gentes.
 
El daño a la naturaleza no acaba necesariamente con el fin de los conflictos, ya que estos dejan tras de sí ciudades destruidas y heridas que son irreversibles.
 
Las guerras emiten, como si no tuviéramos ya un grave y preocupante problema con el cambio climático en la atmósfera, cantidades ingentes de dióxido carbónico.
 
Tenemos en la actualidad ya tres zonas en el planeta, que son Irán, Ucrania y Gaza, más sus áreas adyacentes, que se han visto ambientalmente muy perjudicadas.
 


Se estima que solo el ejército estadounidense emite entre cincuenta y sesenta millones de toneladas anuales, mucho más que algunos países, de dióxido carbónico.
 
No puede decirse que las guerras sean, por supuesto, la causa principal del cambio climático, pero contribuyen a la crisis dificultando su solución sobremanera.
 
Las guerras provocan incendios y deforestación; los árboles de los bosques carbonizados dejan de absorber el dióxido de carbono pasando a liberar el almacenado.
 
 Durante la Primera Guerra del Golfo en Kuwait se quemaron entre cinco y seis millones de barriles de oro negro al día, provocando así una enorme contaminación.
 
La guerra ruso-ucraniana está acelerando, según los expertos, la crisis climática global habiendo provocado enormes emisiones de gases de efecto invernadero.
 
Hay que tener en cuenta que las emisiones derivadas de las guerras no suelen registrarse por completo, lo que hace que el problema se subestime con frecuencia. 
 
La ciudad de Teherán, con sus diez millones de almas, sufre niveles tan altos de contaminación que la hacen "muy perjudicial para la salud", como el tabaco.
 
No hay que olvidar entre los desastres de las guerras, además de explosiones e incendios, las sustancias tóxicas y armas químicas que envenenan los acuíferos.
 
 
La destrucción de infraestructuras como plantas de tratamiento de aguas residuales y redes de abastecimiento de agua, propicia la propagación de enfermedades.
 
Una Oenegé ecologista se plantea como su principal objetivo hacer que se vea, visibilizar, dicen, que el medio ambiente es la víctima silenciosa de la guerra.
 
El smog, fusión de smoke 'humo' y fog 'niebla', es la polución atmosférica formada en las ciudades y zonas industriales, mala para el medio ambiente y la salud.
 
Los arsenales de armas convencionales también causan graves riesgos ambientales, no solo por el uso de sus armas para el ataque, sino cuando son ellos atacados.
 
La contaminación marina en el Golfo Pérsico se perfila ya como una de las consecuencias ambientales más preocupantes de la furia épica estadounidense-israelí.
 
Los compuestos químicos tóxicos pueden crear irritación en los ojos y la piel, cuya gravedad depende de su concentración y de lo que pueda durar la exposición.
 
Los desastres de la guerra conllevan, a más de la lamentable pérdida de vidas humanas, la degradación del equilibrio ecológico que debería reinar en el planeta.
 
Las guerras, una vez acabadas, siguen repercutiendo en la calidad del aire, agua y suelo, en detrimento de la la salud de las futuras, si las hay, generaciones.
 
Familiares de militares españoles en el Líbano se indignan, como si el ejército fuera una Oenegé: “Están en guerra y fueron a una misión de paz humanitaria”.

martes, 14 de abril de 2026

NO (Y SÍ) A LA GUERRA

España, o, mejor dicho, el Ente Público de RTVE decidió no participar en el Festival de Eurovisión que se celebrará, si nada ni nadie lo remedia antes,  en la capital de Austria el día 16 de mayo de 2026, Dios mediante, después de que la UE de Radiodifusión votara en su asamblea general a favor de la permanencia de Israel en el certamen. El Consejo de Administración de nuestro Ente Público acordó en septiembre que España se retiraría del macro evento del eurofestival si el estado hebreo participaba como de hecho amenaza, en señal de protesta por el genocidio en Gaza y por el incumplimiento sistemático de las resoluciones de la ONU y de las normas del propio concurso contrarias a su politización.
 

Recordemos también cómo a propósito del evento deportivo de la ronda ciclista a España se organizaron varias protestas contra la participación del equipo israelí, que fue alentada por el Jefe del Ejecutivo español, quien en una alocución a sus fieles mostró su “admiración” por los abucheos y pitadas contra el genocidio palestino del Estado sionista y contra la presencia del equipo israelí que marcaron la cancelación de la última etapa de la vuelta, gritando con ínfulas chovinistas: “España brilla como ejemplo y con orgullo. Da un paso al frente en la defensa de los derechos humanos” y concluyendo: "¡Viva el pueblo español!".

Viniendo a lo de ahora y abundando en lo mismo, el director del Diario Sabemos, publica un artículo titulado “Orgullosos de ser españoles”, congratulándose de la propuesta de la nueva estrella rutilante de la izquierda española que es el Jefe del Ejecutivo, que se proyecta globalmente condenando las flagrantes violaciones del derecho internacional humanitario de Israel en el Líbano, donde está organizando una nueva gazería... 
 
 
El Puto Amo, como lo definió uno de sus ministros, ávido de proyección internacional, nos distrae con su política exterior de la corrupción inherente a la política interior de su gobierno. El director del periódico susodicho afirma que estamos en el “lado correcto de la historia”, una frase que nos halaga y tranquiliza a todos al considerar que los equivocados son los demás, ya que no van con el progreso progresista de los tiempos.

Pero hay guerras y guerras, y no son todas iguales. Las hay legales e ilegales. Y hay muchas de las que ni siquiera se habla, como si no existieran. Y hay otras de las que se habla a todas horas. Y hay guerras que se desaprueban gritando NO A LA GUERRA, como en el caso de la de Iraq y ahora la de Irán, y otras, como la de Ucrania, que se consideran legales porque son exclusivamente(?) defensivas, que se subvencionan y patrocinan económicamente y se justifican moralmente al amparo del engendro de la Unión Europea, para la que el Jefe del Ejecutivo español pide, no nos lo perdamos, la creación de un “ejército europeo común”, diciendo que España -¿quién es esa señora tan enseñorada que siempre va a misa y nunca está callada?- está lista para algo que no debe posponerse: "No en diez años, no en dos años, sino ya, mañana mismo, si me permiten la expresión coloquial", afirmando además que se equivocan quienes consideran que la creación de un ejército europeo es opcional. Avanzar "mañana mismo" hacia la creación de un ejército europeo común es según nuestro pacifista primer ministro la única forma de que la Unión Europea se haga valer en materia de seguridad.

 

 La BBC, por cierto, nos ha informado recientemente de que unos científicos han encontrado en un grupo de chimpancés una sangrienta “guerra civil”, cuya violencia podría explicar el origen de los conflictos bélicos humanos, lo que vendría a demostrar indirectamente que la guerra entre especímenes, en lugar de ser un fenómeno exclusivamente social y humano, demasiado humano y hasta humanitario, sería algo natural de alguna manera. No está claro, dicen los investigadores, por qué la comunidad de casi doscientos chimpancés Ngogo del Parque Nacional Kibale de Uganda, que durante varias décadas habían vivido en armonía y se tomaban de la mano, ahora no se pueden ni ver y se dedican a matarse entre ellos. Estos animales se polarizaron, como se dice ahora, en dos grupos, que los investigadores llaman Occidental y Central. Los miembros de la facción Occidental comenzaron a atacar a los chimpancés del bando Central. Si los chimpancés, una de las especies más cercanas a los humanos genéticamente, se matan entre sí sin que medien entre ellos creencias religiosas, prejuicios racistas e ideologías políticas, ¿cómo no íbamos a polarizarnos y hostigarnos nosotros, que descendemos de los monos y tenemos además nuestras mochilas sobrecargadas de creencias, prejuicios e ideologías? 


lunes, 13 de abril de 2026

Mucho ruido y pocas (y vanas) nueces

    Como dijo Chesterton, en los tiempos que corren -ay, que son los nuestros porque siguen corriendo todavía, malos tiempos para la lírica- "no importa lo que digas mientras lo digas con palabras largas y cara larga". Y es que los políticos, periodistas, tertulianos, intelectuales orgánicos y demás pedantes de vario pelaje que por el mundo pululan nos apabullan con polisílabos que meten mucho ruido y que no dicen prácticamente nada que no hubiera podido decirse mejor en la lengua de Cervantes con más economía de sílabas, y sin esas caras largas que suelen poner cuando hacen declaraciones por la tele, como si estuvieran diciendo cosas de hondísimo calado y fueran el mismísimo oráculo de Delfos.

    Estas palabras largas como un día sin pan suplantan a otras más cortas: tutorización (cinco sílabas) en vez de tutoría (4 sílabas) o tutela (sólo 3);  finalización (5 sílabas) en vez de final (sólo dos sílabas) o fin (que es un monosílabo bien mono). Antes se decía que la excepción (tres sílabas) confirmaba la regla, ahora se prefiere decir la excepcionalidad (seis sílabas, el doble), porque suena más culto, quizá más trascendente, como si el tamaño de la palabra fuera realmente importante. En lugar de una palabra bisílaba y llana como bancos, prefieren la perífrasis "entidades bancarias", mucho más sonora y aparatosa.

    Y, si nos descuidamos, hasta la vieja fe monosilábica, que era una de las tres virtudes teologales, junto con la esperanza y la caridad, según el viejo catecismo, nos la cambian ahora y reconvierten en "cré-di-to", que es su cara económica,  "cre-du-li-dad" o “cre-di-bi-li-dad”, que no es lo mismo pero da igual. Los políticos y las políticas ya no nos piden en su jerga incomprensible que tengamos fe en ellos y ellas, sino que les prestemos crédito y credibilidad, lo que resulta increíble pero cierto.
    La lista podría ser interminable porque cada vez se habla peor, porque los pedantes de los que hablábamos al principio, creen que por usar estos palabros tan largos dicen cosas más finas e importantes que si emplearan los más cortos; lo único que hacen es mucho ruido, meten mucho barullo pero las nueces son pocas y vanas. Lo que se trasluce de su mal uso del lenguaje es que no tienen nada que decir más que lo consabido, que es aquello que ya está dicho y redicho, que ya se sabe y que ellos repiten hasta la náusea por si no nos hemos enterado.

    Y así son capaces de convertir una frase tan bonita y tan poética como “lo que pasa en la calle”, como decía el entrañable Mairena, en “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”, o, como decimos ahora con expresión más políticamente correcta todavía y más hodierna, en “...que acontecen en la vía pública”, porque lo de “rúa” ya resulta arcaizante, rural de la España vaciada e incomprensible para las nuevas generaciones, o sea, para los jóvenes y sólo tiene dos sílabas.
    Lo malo es que esta mala costumbre puede llegar a extenderse a la gente de a pie y de abajo, y podemos acabar  hablando nosotros mismos, sin querer, la jerga político-económica y pseudopsicológica de los políticos del Estado y el Capital, tanto monta,  por la mala influencia de los medios de (in)formación de masas, y regurgitando cosas como que tenemos mucha estimación a alguien, en vez de estima o cariño, que es más bonito. ¿Acaso sería más la estimación que la estima? Desde luego que no. Simplemente, es un palabro con una sílaba innecesaria de más, que hemos remarcado con tilde y acento agudo, como para hacerla más sonora como si de una ventosidad horrísona se tratara. Y efectivamente, suena mucho, resuena en los tímpanos igual que un pedo que se tire uno en una botija vacía, como diría Ferlosio, para que retumbe.