sábado, 12 de septiembre de 2026

"Dame la libertad"

Juan Peña "El Lebrijano" (1941-2016) cantaba, acompañado por la Orquesta Andalusí de Tánger en 1987, «Dame la libertad», cuya letra compuso el poeta José Manuel Caballero Bonald (1926-2021). 
Viñeta de Ricardo Liniers Siri
 
 Dame la libertad del agua de los mares, 
Dame la libertad de la tormenta,
 Dame la libertad de la tierra misma,
 Dame la libertad del aire,
 Dame la libertad de los pájaros de las marismas,
 Vagadores de las sendas nunca vistas.
 
 De noche mi corazón
 conmigo mismo pelea
 si eso se llama vivir, 
que venga Dios y lo vea. 
 Al moro me fui a buscarte, 
en tu casa me metí, 
y ahora que estamos juntitos, 
a ver quién me aparta a mí. 
 
Dame la libertad del agua de los mares...

 Unos le rezan a Dios,
 y otros le rezan a Alá,
 y hay quién se queda callado,
 que es su forma de rezar 
 A ver si llega la hora, 
a ver si tú te das cuenta, 
que lo que está bien perdido, 
ni se busca ni se encuentra
 
 Dame la libertad del agua de los mares


Y esta es la versión que la cantaora Argentina hace del mismo tema en el homenaje que se le dedicó al Lebrijano en Sevilla en 2019.

 

 


viernes, 11 de septiembre de 2026

La bandera de España más grande del mundo

    Ondea la bandera rojigualda, que es el pendón nacional de las Españas, coronando el circuito de Madring (sic), en el recinto de la Institución Ferial de Madrid, más conocida por su acrónimo IFEMA, un consorcio dedicado a la organización de ferias, eventos, salones, congresos y demás saraos de ocio en el recinto habilitado a tal finalidad. 
 
    La bandera fue izada por primera vez a mediados de junio y permanecerá como elemento fijo del recinto más allá del fin de semana de la carrera como dábamos cuenta en De Madring al Cielo. No es una bandera cualquiera, es más que eso: es la bandera de España más grande del mundo mundanal. Ninguna otra enseña nacional izada de forma permanente sobre mástil alcanza esas descomunales dimensiones. Hasta ahora, la mayor rojigualda era la de la plaza de Colón, izada por primera vez el 12 de octubre de 2001, día de la fiesta nacional, pero esta de Madring, el 'loco' -mad- 'ring' -anillo-, la supera en superficie y en altura. 
 

    Este fin de semana, del 11 al 13 de septiembre, la villa y corte acoge el Gran Premio de España de Fórmula 1® 2026 -la erre encerrada en un círculo es abreviatura de Registered Trademark-, que devuelve a la capital el Mundial de los coches de carreras cuarenta y cinco años después de la última carrera celebrada en el recinto de El Jarama, en el Año del Señor de 1981. 
 
    El trazado semiurbano tiene veintidós curvas peligrosas que deberán sortear los pilotos alcanzado a veces velocidades punta por encima de los trescientos quilómetros por hora, con la curva peraltada de La Monumental como seña de identidad, desde la que ha declarado el alcalde de la ciudad, antes de experimentar el vértigo al volante de un automóvil, sin pisar el acelerador más de la cuenta, la parábola feroz de dicho peralte: "La curva es un espectáculo, solo ves el cielo". Hacía de algún modo verdad el regidor municipal aquello que reza el propio himno de la comunidad autónoma madrileña, ese político ensueño: «Y ése es mi anhelo, / que por algo se dice: / de Madrid, al cielo».
  
    Solo se ve el cielo desde esa curva, y ondeando en el cielo la espectacular e imponente bandera de las Españas coronando el horizonte del recinto. ¡Donde lo hay, que se vea!
 
    El filósofo controvertido, es decir, vuelto contra sí mismo y contra lo que salía por su propia boca cuando era más joven,  Fernando Savater, escribió esta preciosa reflexión sobre las banderas en su obra juvenil Las razones del antimilitarismo y otras razones (1984) : “Hoy todavía se nos presenta como el mayor mérito de las banderas el que mucha gente ha dado su vida por ellas y pocos se atreven a ver precisamente ahí la mejor razón para detestarlas”. Era una profunda crítica al nacionalismo, al militarismo y a la glorificación del sacrificio patriótico, que me parece oportuno recordar.
 
    Históricamente, el valor de una bandera o de una nación se medía por el heroísmo de quienes habían muerto defendiéndola, otorgándole de paso un significado a su propia vida que, sin esa muerte heroica, se vería privada de sentido. La sangre derramada se presentaba como el máximo símbolo de honor y devoción. Savater daba la vuelta a ese argumento sosteniendo que si una bandera (o la idea de patria que encarna) exige que la gente muera por ella, ese es precisamente el motivo más poderoso para rechazarla y aborrecerla. En lugar de ver el sacrificio como un mérito, lo ve como una tragedia innecesaria provocada por la manipulación ideológica que idolatra símbolos que solo sirven para justificar guerras, divisiones y, en definitiva, la pérdida irreparable de vidas humanas.
 
    En Contra las patrias, publicado ese mismo año, por Tusquets editores, Savater escribía: “La patria hay que sentirla”, “quien la discute no es un bien nacido”, “su unidad es sagrada”, etc., declaraciones rotundas destinadas a cerrar el paso a cualquier reflexión sobre una realidad cuya fuerza aunadora consiste en no soportarlas, en rechazarlas de antemano todas. Se mostraba en aquel libro, que dedicó a Rafael Sánchez Ferlosio “con el debido cariño y respeto”, calificándolo de “el menos nacional de los clásicos castellanos”, enemigo de todas las patrias, salvo de una, la que según él reveló el poeta Rainer María Rilke: “la única y auténtica patria del hombre es su infancia”. Razonaba allí Savater que si no hubiera enemigos no habría patrias y que quedaba por ver y saber si habría enemigos en el caso de no haber patrias... Y concluía con que la idea de patria era una noción vergonzosamente teológica, tanto más destructiva cuanto más imperiosamente monoteísta fuera la deidad que la animaba.

jueves, 10 de septiembre de 2026

El Reloj

    'The Watch' (El Relojes un cortometraje publicitario en blanco y negro que dura poco más de medio minuto, treinta y seis segundos exactamente, y que ha sido creado íntegramente mediante IA generativa por un tal J. Felipe Orozco en abril de 2026. El cortometraje ganó el Grand Prize / Commercial of the Year de los primeros Generated Awards, celebrados en Nueva York en mayo de este año. Un escolar que sufre acoso lleva un reloj analógico de pulsera de la marca ficticia "Knight" (caballeroy descubre que la corona funciona como una máquina del tiempo. Al girarla hacia delante o hacia atrás, puede hacer que su edad avance o retroceda. El supuestamente mismo individuo aparece sucesivamente y en orden creciente como niño, joven, adulto y anciano. Finalmente, el reloj pasa a una mujer mayor, que puede recuperar en orden cronológico decreciente momentáneamente su juventud y aun su niñez. Y al final aparece el eslogan publicitario: FOR EVERY VERSION OF YOU (Para cada versión de ti).
 
  
    Pero no es un anuncio publicitario en sentido estricto que una marca de relojes haya encargado a un publicista. Es una demostración, más bien, de lo que un publicista puede hacer con la herramienta de la Inteligencia Artificial generativa o creativa. Lo que hay detrás es muy sencillo: el reloj -y por antonomasia el tiempo- permanece mientras nosotros, las personas y las cosas, cambiamos. Aquí el reloj no sirve como cronómetro para medir el tiempo sino para viajar a lo largo de él. El sencillo acto de dar cuerda al reloj hace que avance y retroceda uno en el tiempo a su capricho. 
 
    Todo es artificial en esta pequeña producción cinematográfica: actores, escenarios, iluminación, movimientos de cámara, etcétera. Todo ha sido generado artificialmente. Todo es ficticio aquí: el reloj, la marca del reloj, los personajes, la historia, hasta la canción francesa melancólica y triste que habla de un abandono y se oye de fondo cantada por una voz femenina de una cantante inexistente que viene a decirnos en la lengua de Molière: «Tu as laissé ta tasse encore tiède sur l’évier. Un cheveu blond qui casse sur mon pull, des plis flous d’hier… Ton livre ouvert en travers d’une phrase soulignée. Rester, c’est parfois se taire. Tu l’as lu. Tu es parti quand même»; lo que viene a ser algo así como: Has dejado tu taza aún tibia sobre el fregadero. Un pelo rubio que se ha quedado en mi jersey, las arrugas difusas de ayer… Tu libro abierto de lado, una frase subrayada: Quedarse es, a veces, callarse. ¿Lo has leído? Te has ido de todos modos.
 

    Creada la canción también por la IA está, al parecer, teniendo cierto éxito comercial, por lo que está disponible en casi todas las plataformas. Se titula Quand même, algo así como “sin embargo” o “de todos modos”.
 
    ¿Qué anuncia, en definitiva, y qué nos está vendiendo este comercial publicitario si no es un reloj y un viaje en el tiempo?  Lo que hace no es otra cosa que publicidad indirecta de la propia IA que, bien guiada, puede llegar a emocionarnos y a convencernos creando cosas como este cortometraje, cuyo eslogan «For every version of you» dice más de lo que parece a primera vista, porque no dice: «For the person you are», para la persona que eres, sino para cada versión de ti, lo que supone que tú (o que yo, que para el caso es lo mismo) no eres una identidad fija, sino una sucesión de versiones de ti mismo. El niño, el adolescente, el adulto, el anciano no son cuatro personas: son cuatro versiones de una misma persona. 
 
    El reloj, concebido como máquina del tiempo de película de ciencia ficción, es lo único que tienen en común todas las versiones de uno mismo. Tiene la capacidad de hacer que el usuario adelante o atrase su edad, falsa publicidad que nos sugiere el viaje en el tiempo hacia un pasado y hacia un futuro inexistentes. Y he aquí la gran paradoja: el reloj, que es el instrumento que nos hace creer que el tiempo pasa, se convierte en aquello que permanece idéntico mientras los que pasamos somos nosotros, es decir, todas nuestras versiones originales. 
  

          Yo diría que no pasa el tiempo. ¿Qué es lo que pasa? Lo que pasa —lo que cambia, aparece, desaparece, envejece, se transforma— son las cosas y nosotros con ellas. Decimos «pasa el tiempo» porque nuestra experiencia del cambio necesita una especie de eje cronológico sobre el que ordenar los acontecimientos. Pero quizá estamos convirtiendo una relación entre acontecimientos en una cosa llamada «tiempo» que luego imaginamos en el espacio. Y quizá el reloj no cronometra o mide algo que pasa, sino que ordena que pase aquello que pasa. No pasa el tiempo, pasan las cosas. Y nosotros, mal que nos pese, somos una de esas cosas, los triviales e insignificantes homínidos que pasan. 
 
      El reloj funciona como testigo material de una identidad que se transforma sin dejar de ser reconocida como la misma. ¿Qué hace que el niño de cinco años y el anciano de ochenta sean el mismo? No su cuerpo, que ha cambiado completamente; tampoco sus pensamientos, sentimientos, recuerdos o deseos, que han cambiado como cambiaba, deteriorándose y reparándose, la nave de Teseo. Lo que llamamos «yo» parece consistir precisamente en esa extraña continuidad que atribuimos retrospectivamente a una sucesión de estados diferentes de un sujeto que necesita cambiar para ser el mismo.
 
    Hay un niño y un anciano relacionados por una cadena de transformaciones, y nuestra mente construye de esa cadena una identidad: lleva el mismo nombre, luego es el mismo hombre.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

"No quiero ir al cole" (y II)

  
   
    Para todo el mundo supone un duro palo el hecho de que hoy  sea el día que es, 9 de septiembre del año del Señor de 2026, cuando se publica esto, y que haya que volver al cole por lo tanto, una vez salvado el pequeño escollo del calendario gregoriano que nos impuso el papa Gregorio XIII en el siglo XVI para corregir el leve error de cálculo del juliano, que había decidido que el año duraba 365,25 días, con su correspondiente bisiesto cada cuatro años para redondear la edad del mundo, sin tener en cuenta que el año solar duraba unos once minutos menos. Once minutos, una insignificancia, pensaría cualquiera; pero, cuando esos minutos se acumulan anualmente durante siglos, hasta los minutos acaban pasando factura, y, sumados, se hacen horas, y las horas días. Así fue como aquel leve error llegó a convertirse en diez días de desfase respecto del año astronómico. De modo que, para poner las cosas en su sitio -porque el tiempo, al parecer, también necesita que lo pongan en su sitio, que es el espacio-, el 4 de octubre del año del Señor de 1582 no dio paso al 5, como habría sido de esperar, sino al 15 de octubre, comiéndose diez días de golpe y sopetón. 
 
    En el mundo 'educativo' hay un aspecto novedoso en esto de la vuelta al cole: cuadernos nuevos, lápices nuevos, aulas nuevas, profes nuevos, amigos que se reencuentran y otros nuevos que se hacen... La novedad puede hacer que algunos niños, pervertidos por el sistema, deseen la vuelta al cole y la rutina para liberarse temporalmente de sus padres entregándose a sus maestros. Pero la adaptación nunca será fácil en todo caso. Hasta ayer tenían verano: dormir sin despertador, la playa, jugar, días interminablemente largos sin la imposición de horarios establecidos. Y de repente vuelve el despotismo del reloj: "despierta", "vístete", "vamos, anda". Vuelta al colegio, leer, escribir, actividades, deberes, acostarse temprano, madrugar... Los progenitores suelen estresarse tanto como sus vástagos, y los profesores tanto como sus alumnos: "Tenemos que establecer un horario". "Tenemos que limitar el tiempo frente a las pantallas". "Tenemos que acostarnos más temprano." "Tenemos que poner un poco más de freno"...
 
 
    ¿Y qué hacemos los mayores cuando nuestras adorables criaturas nos dicen a veces con las lágrimas en los ojos: "No quiero ir a la escuela"? "Tienes que ir, hijo para ser algo el día de mañana y para ganarte la vida honestamente, como se decía antaño con la coletilla de la honestidad, que ahora ya no se dice, porque se ignora lo que es y porque lo que se quiere decir con lo de ganarse la vida es que la vida no es un don que se nos da gratis y con amor, sino que hay que trabajar duramente y sufrir para ganársela, convertida en dinero, dinero, como sea, equiparando lo uno con lo otro, la vida con el dinero.   
 
 
    Es duro porque es la voz del corazón la que nos está interpelando y diciendo que algo se revuelve en nuestro interior, porque nosotros hemos pasado también por eso, y la voz que oímos los adultos es el eco de nuestro niño interior. 

    «No quiero ir a la escuela» no es necesariamente un capricho, sino un mensaje que merece ser escuchado porque es nuestra propia voz la que nos habla y la que nos dice que no quiere volver a eso que llaman la "normalidad", que se confunde con la melancolía que suele acompañar al verano que concluye.

martes, 8 de septiembre de 2026

"No quiero ir al cole" (I)

    Septiembre, que era el séptimo mes, como su nombre indica, cuando el año se abría con el de marzo, dedicado a Marte, el dios de la guerra, antes de que se le pusieran por delante enero y febrero, y era el séptimo porque venía después del quinto, que pasó a llamarse julio enseguida, dedicado a Gayo Julio César, y del sexto, consagrado al emperador Augusto, que no quería se menos que su antecesor, significa que todo vuelve a empezar, que empieza un nuevo curso académico y también un nuevo curso político, después de las merecidas vacaciones de sus señorías y señoríos, desde el rey y la familia real en Mallorca y  el jefe del ejecutivo en Lanzarote hasta el último de sus vasallos en la playa, en el pueblo que lo vio nacer o en su propia o alquilada casa practicando el eufemismo de lo que se ha dado en llamar en la lengua del Imperio la staycation, consistente en quedarse en casa durante el período vacacional. 
 
 
    Deberíamos pararnos un poco a analizar el tópico que acabamos de soltar de “merecidas vacaciones”. Merecidas, etimológicamente significa “pagadas”, pero tiene también el sentido moral de que uno ha trabajado a fin de merecerlas, lo que implica que para tener derecho al descanso, a la desconexión, a la alegría o a la cada vez más lejana para algunos jubilación, el individuo debe haber pagado previamente un peaje infinito de sufrimiento, sumisión y esfuerzo laboral. 
 
Fotomontaje de Gabriel Pérez-Juana
  
    Traigo aquí a propósito la reflexión del imprescindible Rafael Sánchez Ferlosio, que analizó como nadie y criticó duramente la muletilla del "merecido descanso" (y, por extensión, de las "merecidas vacaciones") considerándola una muestra evidente de una ideología represora arraigada en lo más íntimo del lenguaje. Para el escritor y ensayista español, esta muletilla verbal -junto a otras como "una sana alegría" o "un honesto esparcimiento"- revela que nuestra sociedad contemporánea arrastra una profunda culpa moral frente al placer y el ocio. 
 
    Le daba la razón a Ferlosio la aplicación de la prueba inversa, que consiste en que a nadie se le ocurre anteponer “merecido” a sustantivos como “cansancio”, “tristeza” o aburrimiento”, por la sencilla razón de que aceptamos los estados negativos o de sumisión de forma natural y gratuita, mientras que los contrarios de bienestar y disfrute necesitan justificarse con nuestro previo sacrificio: hay que inmolarse para poder gozar de lo que uno se merece. 
   
 
    Pero volviendo a lo que íbamos al principio, que es la vuelta al colegio, no es que en septiembre empiece un nuevo curso político y académico, que se denominará 2026-2027 para que parezca distinto del precedente 2025-2026 y del consiguiente 2027-2028, sino que se renueva el viejo curso de siempre después del paréntesis estival, y se renueva asimismo el grito del niño cabizbajo, soñoliento y cargado con la mochila a sus endebles espaldas, así como el eco de  ese otro niño que todos llevamos dentro: "No quiero volver al cole", contra la dura y feroz realidad.      

lunes, 7 de septiembre de 2026

Corpus sanum?

     Rafael Sánchez Ferlosio escribió lo siguiente sobre el fomento del deporte en general y la educación física en nuestro sistema 'educativo':   

    Al lado de la espuria enseñanza de la historia como interés de Estado, hay que poner el cultivo escolar de los deportes, con mucha más acrisolada tradición de neto interés de Estado, agigantado hoy en día hasta un extremo nunca conocido. Una vez más, doña Esperanza Aguirre, en la ya repetida conferencia, reco­mienda el deporte en la enseñanza, encareciéndolo nada menos que como «una excelente escuela de vida», prime­ro porque «nos enseña a respetar un reglamento» y después porque «el deportista entrega siempre lo mejor de sí mismo sin escatimar esfuerzos ni sacrificios». Lo de que enseñe a respetar un reglamento bien se comprende en una adicta al liberalismo hayekiano, que no es capaz de imaginar más reglas que las de la pura y dura competen­cia, sin concebir que pueda haberlas no competitivas, como las de la lealtad, el socorro o la colaboración. Y en cuanto a que el deportista entrega lo mejor de sí mismo, ¿hay que pensar que lo mejor de uno mismo son las patadas, que es lo que entrega en el más popular de los depor­tes? Pero, además, ¡qué «humanidades», tanto ganar, ganar, ganar!, humano no es medirse con los otros hombres, sino ocuparse de las cosas. Finalmente, en lo que atañe a los esfuerzos y los sacrificios, siempre me ha parecido a medias incomprensible y a medias indecente que el vacío furor de ganar por ganar les lleve a algunos a tratar su cuerpo a latigazos, como si fuese su propio caba­llo de carreras. «Cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo mata moscas», dice el refrán; «Cuando el santo no tiene en qué pensar —parafraseo—, se desuella la espalda a zurriagazos». Y, sobre todo, tan sólo una mentalidad to­talmente aberrante puede considerar educativa y «de interés nacional» una asignatura que llega a dar lugar a si­tuaciones como la de «partido de alto riesgo». (Rafael Sánchez Ferlosio: “Borriquitos con chándal” en “Pedagogos pasan, al infierno vamos”, incluido en “La hija de la guerra y la madre de la patria”, editorial Destino, Barcelona 2002). 



    -¿Para qué, me pregunto yo,  tanta gimnasia, o educación física,  como se prefiere llamar ahora? ¿Para qué tanto gimnasio, que pululan como hongos por doquier últimamente -no hay población por muy pequeña que sea que no se enorgullezca de tener al menos uno, ya sea municipal o privado-? ¿Para qué tanto pilates que aúna el ejercicio físico con el control mental, basado en la respiración y la relajación mental? ¿Sirve todo eso para algo? ¿No sería mejor, dentro del sistema de enseñanza, dedicar ese tiempo a las matemáticas, a la lengua, al inglés o a cualquier otra asignatura o disciplina no vamos a decir que sea más útil para el día de mañana, que ese día no lo ha visto nadie todavía, sino para el día de hoy, a fin de desasnarnos?

    -Claro que sirve para algo, y no poco, sino mucho: la educación física, el ejercicio físico sirve muchísimo para el día de mañana tanto como las matemáticas, la lengua, el inglés, o la "espuria enseñanza de la historia como interés de Estado", que dice Ferlosio, porque su objetivo es lograr que los niños no se descuiden nunca, que se cuiden desde bien pequeños para que cuando sean mayores no dejen de ser votantes y contribuyentes sanos y saludables que harán ejercicio físico hasta que les llegue la hora en que llame la Parca a su puerta dando un sonoro aldabonazo o una patada, porque no se trata de esperarla uno sentado, llevando una vida sedentaria, sino un ritmo dinámicamente enérgico y activo. 

    La moderna preocupación por la salud corporal, tanto física como mental, se ha convertido en el síntoma enfermizo predominante de nuestra época, una obsesión similar a la búsqueda de la salvación del alma en la Edad Media, solo que ahora se busca la salvación del cuerpo de las llamas del infierno. De hecho la palabra latina salutem, de la que procede nuestra "salud", antes que salud, que en latín se decía sanitas o ualetudo, significaba “salvación”.


    Bertolt Brecht en el breve apólogo El esclavo de sus fines, incluido dentro de sus "Historias de almanaque", formula una tremenda pregunta retórica en relación con la educación física, la gimnasia y el deporte y, en general, con la poco saludable preocupación por la salud. Leámosla:

El señor K. formuló en una ocasión las preguntas siguientes: —Todas las mañanas mi vecino pone música en un gramófono. ¿Por qué pone música? Dicen que para hacer gimnasia. ¿Por qué hace gimnasia? Porque, según dicen, necesita fortalecer sus músculos. ¿Para qué necesita fortalecer sus músculos? Porque, como él mismo asegura, ha de vencer a los enemigos que tiene en la ciudad. ¿Por qué necesita vencer a sus enemigos? Porque, según he oído decir, no quiere quedarse sin comer. Tras enterarse de que su vecino ponía música para hacer gimnasia, hacía gimnasia para fortalecer sus músculos, fortalecía sus músculos para vencer a sus enemigos y vencía a sus enemigos para comer, el señor K. preguntó: —¿Y por qué come?

domingo, 6 de septiembre de 2026

Romance del Páramo de Masa

En el Páramo de Masa, 
allá en Castilla la Vieja, 
arrastra el viento el lamento
de un ánima siempre en pena. 
 
Sordas explosiones rompen
el silencio que campea.
Retumba, desierto, el yermo,
y estremecido retiembla. 
 
En la fragua de Vulcano 
que fabrica la tormenta
cientos de obreros trabajan
a sueldo para la empresa.
 
 Forjan armas explosivas 
de pólvora allí sin tregua, 
misiles de largo alcance...
-¡Que venga Dios y lo vea!
 
Razones geopolíticas
de estratégica defensa
-si uis pacem, para bellum-
esgrimen de su existencia
 
ante el estado del mundo
a fin de saldar las cuentas
de la Atlántica Alïanza
y de la Unión Europea.
 
El dinero mueve el mundo
y hace que medren las ventas; 
llena el Estado sus arcas
defendiendo sus fronteras. 
 
Llaman defensa a las armas
que preparan la contienda. 
En el frente de combate
las vidas ya se amonedan.
 
Se rearma Europa y baila, 
ebria, la danza guerrera
adorando al torvo Marte
que despliega  sus banderas.
 
  Paisaje deshabitado, 
Quintanilla-Sobresierra,
donde el viento aúlla y brama
desolación y tristeza. 
 
Cielo y tierra se confunden
 -Merindad del Río Ubierna-
en la llanura infinita 
de la desnuda meseta.
 
En el Páramo de Masa, 
allá en tierras burgalesas, 
munición para la paz, 
munición para la guerra.

sábado, 5 de septiembre de 2026

Hora certa, mors incerta

    Algunos relojes antiguos como este de Leipzig nos dicen en latín algo que parece que es verdad pero que bien mirado no lo es, a saber: MORS CERTA, HORA INCERTA: 'La muerte es segura, la hora insegura'. El adagio se refiere a la hora de la muerte: es seguro que vamos a morir, lo que no sabemos es cuándo. La frase se ha convertido en un tópico que, a la vez, es una sentencia que no deja de condenarnos a la muerte. 
 
Reloj de Leipzig 
 
    Parece que está tomada de Cicerón, que en su opúsculo De la vejez, le hacía decir al sabio Catón:  “Moriendum enim certe est, et incertum an hoc ipso die” (Ciertamente hay que morir, y es incierto si en este mismo día). Pero ya hemos dicho que eso no es verdad, porque la muerte no es segura hasta que se certifique y la hora de la muerte en particular y la hora en general es siempre insegura porque cuando decimos la hora precisa que marca el reloj en un determinado momento, la congelamos, la apresamos, la fijamos, y ella, entre tanto, ya ha dejado de ser la que era, ha huido de su definición: cuando decimos la hora que es, ya no es la hora que era. Como enseñaba Juan de Mairena a sus alumnos: Una hora bien contada no se acabaría nunca de contar.  Mientras que para muchos una hora es simplemente «el tiempo que tarda el minutero en recorrer la totalidad de la esfera de nuestros relojes», para Mairena la verdadera hora es inagotable, nunca se acaba de contar porque nunca se detiene, es "algo muy parecido a la eternidad", y como dicen otros relojes antiguos, y dijo antes el poeta Virgilio: fugit irreparabile tempus.
 
    Por eso es mejor invertir el tópico para que el lema del reloj,  diga precisamente por su función algo más enjundioso y verdadero. Invirtamos los adjetivos:  hora certa, mors incerta. La hora es segura, sabemos lo que es, podemos decirla, aunque nunca podamos acabar de contarla, mientras que la muerte es insegura y está como la espada amenazante de Damoclés en el aire. Si nos preguntamos qué hora es ahora, diremos la que marca el reloj. Pero una vez dicha resulta que ya no es esa hora porque la hora  -el tiempo- ha huido irreversible. Vivimos, sin embargo, con la convicción de que sabemos con certeza el día y la hora en la que vivimos, pero ese saber, que constituye la realidad, es esencialmente mentiroso.
 
  
    La muerte es algo inseguro porque ninguno tenemos una experiencia previa y propia de ella, podemos hacernos una idea, pero esta siempre, como todas las ideas, no tendrá nada o muy poco que ver con la realidad, por aquello de Heraclito de Éfeso de que a los hombres una vez muertos les (nos) aguardan cualesquiera cosas que no esperen ni se figuren, por lo que no hay ninguna hora de la muerte. 

viernes, 4 de septiembre de 2026

Pareceres CXXIII

605.- Vuelta al cole. Con septiembre llega la rentrée, es decir, la vuelta a la normalidad de lo mismo de siempre, la vuelta al tajo del curro y del cole tras el paréntesis vacacional. Hasta los políticos profesionales, que reivindican su derecho a descansar, como todo hijo de vecino, vuelven ahora a las andadas y retoman lo que los periodistas denominan el curso político. Pero centrémonos en el curso escolar y las instituciones académicas que están a punto de retomar también ellas su actividad y tratemos, con la ayuda de Schopenhauer (1788-1860) de no dejarnos engañar por las apariencias. Así escribía el filósofo a propósito: “Al observar la multitud de instituciones de enseñanza y aprendizaje, y la gran cantidad de alumnos y maestros, uno podría pensar que la humanidad está muy interesada en la sabiduría y la verdad. Pero las apariencias engañan. Los maestros enseñan para ganar dinero y no buscan la verdad, sino su apariencia y prestigio (Kredit, escribe él en la lengua de Goethe); los alumnos no aprenden para adquirir conocimiento y sabiduría, sino para charlar y darse aires de grandeza. Así, cada treinta años surge una nueva generación, un niño ingenuo, sin saber nada, que devora con avidez los frutos del conocimiento humano acumulado durante miles de años, para luego proclamarse más inteligente que todos los anteriores. Con este propósito, asiste a las universidades y busca libros, sobre todo los más recientes, como sus contemporáneos y compañeros. ¡Todo tiene que ser breve y nuevo, igual que él!”  
 
606.- Un fotomontaje artístico y apócrifo. Circula por ahí una foto de Lorca abrazado a Dalí que utilizó en sus redes sociales para una de sus campañas de concienciación la Dirección General de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI del gobierno progresista de las Españas con motivo del aniversario del fusilamiento del poeta granadino. La imagen es una manipulación de una foto histórica de 1933 de Salvador Dalí abrazando a Gala, su esposa. La foto es, efectivamente, un fotomontaje realizado por David Trullo en 2013 y perteneciente a una serie titulada Fauxtographies, cuyo nombre sugiere en francés que son falsas (faux, que se pronuncia 'fo') fotografías, aunque se pronuncie prácticamente igual que photographies. El citado organismo público utilizó la foto de Lorca y Dalí como si fuera real sin explicar que se trataba de una obra artística basada en una fotografía manipulada, y añadió el siguiente comentario que está basado en una cita amputada de Yerma, de García Lorca: «Hay cosas encerradas dentro de los muros que, si salieran de pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo». [El texto original dice: «Hay cosas encerradas detrás de los muros que no pueden cambiar porque nadie las oye. [...] Pero que si salieran de pronto y gritaran, llenarían el mundo».] Y añadía este comentario: “Hoy, en el 85 aniversario del asesinato de Lorca ya es hora de gritarlas y llenar las calles”.  La homosexualidad de Lorca es un secreto a voces, ampliamente documentada por testimonios y estudios biográficos. Dalí afirmó explícitamente que Lorca estaba enamorado de él y describió posteriormente aquella relación como una «pasión erótica muy fuerte». El citado organismo público, ignoro los motivos aunque puedo imaginarlos, retiró inmediatamente la foto y el texto. Sucedió hace ahora, que se cumple el noventa aniversario, cinco años. 
 
Lorca/Dalí (fotomontaje) y Gala/Dalí (foto original) 
 
 607.- Tatuajes rebeldes. Los tatuajes eran los estigmas vergonzosos de los esclavos fugitivos, de los forzados. Eran las marcas imborrables de los proscritos, los condenados, la canalla y los malditos. Muy lejos de eso, son la moda que se lleva ahora mismo entre los jóvenes que quieren dar una imagen propia un tanto inconformista de rebeldía, cuando sin embargo están subordinándose a los dictados del mercado y a los cazadores de tendencias y a la moda, sumisos y obedientes. La palabra viene de los indígenas aborígenes polinesios que se grababan en la piel, haciendo en ella punzadas en que introducían luego tintes colorantes bajo la epidermis, los dibujos y diseños indelebles con los que adornaban sus cuerpos. Recuerdo a un tío mío, que estuvo preso en Alemania, en un campo de concentración y de exterminio, que tenía el número tatuado en el brazo de prisionero todavía. Dar un paseo por la ciudad (y no digamos ya por cualquier playa) es ver en los cuerpos de la gente una variedad infinita de tatuajes de leones, lobos solitarios, frases en latín y lemas que prometen libertad, rebelión y singularidad. Si nos tomáramos en serio todo esto, tendríamos que concluir que vivimos en un mundo poblado por almas indomables y heroicas, aunque la realidad, terca como una mula, sea otra, exactamente lo contrario. La declaración de singularidad es una moda que revela todo lo contrario. Miles de antebrazos, piernas, pechos y espaldas lucen los mismos conceptos sobre «ser uno mismo» o «no seguir al rebaño». Se trata de una patética homogeneización disfrazada de anticonformismo. La frase grabada en la piel sirve para convencerse a uno mismo antes incluso que a los demás, para llenar con palabras grandilocuentes un vacío que, en realidad, no tiene fundamento. Multitudes que recitan la singularidad al unísono, que declaman la rebelión, que se afanan por demostrar que no se parecen a nadie utilizando las mismas frases y los mismos símbolos, resultando al fin y a la postre todos iguales, todos conformistas pese a sus tatuajes rebeldes. Patético resulta. 
  
608.- Rearm Europe. Nuestro gobierno progresista nos llenó de esperanza al entonar el “No a la guerra”. Pero acto seguido vimos que era un no selectivo: no a la guerra de Irán, pero sí a la guerra de Ucrania. Además, aumentaba el gasto en defensa. Criticó el término 'rearme' del plan “Rearm Europe” de la Unión Europea, afirmando que había que dirigirse a la ciudadanía de otra manera, es decir, que había que utilizar otras expresiones ya que no era conveniente llamar a las cosas por su nombre vulgar y corriente. Haciendo caso de esa recomendación, el plan de rearme europeo ha salido con el nombre de “Preparación 2030”, un cambio meramente terminológico. Al palacio de la Moncloa, que es la sede de nuestro gobierno, no le gustaba el término 'rearme' pero lo cierto es que España ha puesto en marcha el mayor proceso de rearme industrial y militar desde la profesionalización de las Fuerzas Armadas y desde que hay registros registrados. 
 
 
609.- Infosfera. Así como la biosfera es el entorno físico donde se desarrolla la vida biológica, la infosfera sería un neologismo formado sobre la esfera, que es el nombre de la pelota, la bola y el globo en griego antiguo y en latín, y que tanto se usa, desde Parménides, para describir el mundo -global, dicen que es, es decir, redondo y orondo como la tierra, aunque achatada por los polos como nos enseñaban en la vieja escuela-, que sería la esfera del entorno espacial, y el término información, es decir, el espacio vital de la era digital. Estaría constituida por internet, las redes sociales, las bases y centros de datos y los medios y pseudomedios, incluida la fachosfera, que es otro neologismo político de origen francés que designa a las derechas y ultraderechas. En la infosfera es donde se desarrolla gran parte de nuestra vida moderna, en la que se mueve como Pedro por su casa la Inteligencia Artificial omnipresente en toda ella. Giorgio Agamben escribía a propósito el 3 de agosto, remontándose a Averroes que la imaginación era lo que permitía decir “hic homo intellegit” (este hombre piensa) porque permitía que cada ser humano adquiriera el Intelecto Agente o separado; imaginación “de la que nuestros contemporáneos parecen carecer por completo”. En la hodierna Inteligencia Artificial “hic homo non intellegit”: el individuo o átomo personal moderno “renuncia a pensar y delega la más preciada de sus facultades a una máquina”. Si recuperáramos la imaginación perdida, deduce Agamben recobraríamos también el pensamiento y contrarrestaríamos el dominio de la IA (y en general de la infosfera, podríamos añadir), y no tendríamos necesidad alguna de ella ni del moderno oráculo de Delfos, que es el chat GPT, siglas que corresponden a Generative Pre-trained Transformer, o sea, en castellano Transformador Generativo Pre-entrenado, que, incapaz de decir algo que no haya sido dicho ya, miente más que político en campaña. 
 
Ilustración de Gabriel Pérez-Juana 

jueves, 3 de septiembre de 2026

Receta para cultiparlar en solo un día

    Con la venia de los manes de Quevedo, que escribió el soneto "Receta para hacer Soledades en un día" contra el pobre Góngora culterano, aquí va este otro soneto en hendecasílabos falecios, con estrambótica coda, contra la jerga políticamente correcta, culterana y críptica de políticos, periodistas afines, intelectuales orgánicos y demás ralea. 
 
  Quien quisiere ser culto en sólo un día, / jeri (apréndase) gonza la siguiente: / energética crisis, resiliente, / on line, cambio climático, empatía; / 
 
colapsado, precario, en gran cuantía, / código restringido y emergente, / algoritmo, infracción de ley vigente, / deflación, micro- y macro economía; /
 
vulnerable, cisgénero, global, / trans,  tarjeta de crédito, efectivo, / protocolo, incremento muy austero, /

virus, inteligencia artificial / y lenguaje sexista e inclusivo: / emisiones y tolerancia, cero.
 
  Y aquí va la estrambótica coda formada por dos heptasílabos y seis hendecasílabos falecios:
 
 
Que ya toda Castilla, / con correcta cartilla, / en palabros se abrasa babilones, / sin sentido común, a borbollones; / y en la Mancha, políticos expertos, / de ajos atiborradas las barrigas, / hacen, cultiparlando, buenas migas.