Releyendo el otro día ¿Qué es lo que pasa? de ¿Agustín García Calvo?, edit. Lucina, 2006, me sorprendió la traducción que daba del axioma de Protágoras (Platón, Teeteto, 152 a) : De todas las cosas es medida el hombre, de las que son lo que sean en cuanto que él es lo que es, y de las que no son lo que no sean en cuanto que él no es lo que no es.
En la primera parte de la frase, que es la más conocida y citada, no hay ningún problema de traducción ni de interpretación. Todas las versiones consultadas coinciden en lo mismo: Πάντων χρημάτων μέτρον ἐστὶν ἄνθρωπος: El hombre es la medida de todas las cosas. Se ha entendido siempre como que no hay valores o verdades universales válidos para todos: lo que es bueno para algunos puede no serlo para otros, ya que la experiencia de cada cual constituye el criterio de verdad por la propia percepción de la realidad.

La traducción de García Calvo de la segunda parte de la frase sorprende por su carácter de glosa que alarga quizá innecesariamente la frase: de las que son [lo que sean] (τῶν μὲν ὄντων) ... y de las que no son [lo que no sean] (τῶν δὲ οὐκ ὄντων). Las traducciones consultadas en varias lenguas se limitan a decir: de las que son y de las que no son. Los añadidos del traductor “lo que sean” y “lo que no sean” están implícitos en los participios, por lo que podemos considerarlos innecesarios por superfluos, una paráfrasis más que una traducción literal.
Pero lo que me llamó la atención de la versión propuesta es la interpretación del ὡς ἔστιν, que se traduce, en el primer caso, “en cuanto que él (sc. el hombre) es lo que es”, y del ὡς οὐκ ἔστιν, en el segundo, que es su negación: “en cuanto que él no es lo que no es”. Es ahí donde radica la mayor diferencia con las traducciones consagradas, que interpretan que el sujeto de este verbo no es el hombre de la primera frase, sino “las cosas que son”, por lo que vierten así su contenido:
-«El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto que no son».
-«L'homme est la mesure de toutes choses, de celles qui sont pour ce qu'elles sont et de celles qui ne sont pas pour ce qu'elles ne sont pas».
-«Man is the measure of all things, of the things that are, that they are, and of things that are not, that they are not».
-«Der Mensch‚ das Maß aller Dinge‘ sei‚ derjenigen, die sind, so wie sie sind. Derjenigen, die nicht sind, so wie sie nicht sind».
-«L'uomo è misura di tutte le cose: di quelle che sono, in quanto sono, e di quelle che non sono, in quanto non sono».
La interpretación de García Calvo considera, a modo de lectio facilior, que si el verbo está en singular su sujeto puede ser perfectamente el hombre. Tradicionalmente se ha preferido la lectio difficilior que considera que el sujeto es el plural neutro “los seres, las cosas que son” τὰ ὄντα (ta onta). Sin embargo, más adelante, en el mismo libro, García Calvo ofrece otra versión introduciendo anacrónicamente, como reconoce él, el verbo “existir”, e intentando recoger ambas lecturas posibles en una sola: “El Hombre es metro o medida de las cosas todas, de las que existen en cuanto existen y él existe, y de las que no existen en cuanto no existen y él no existe”.
Quizá no debamos, sin apartarnos de la traducción tradicional, despreciar el añadido de García Calvo. Podemos entender que, en efecto, el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son (y él es una de ellas de las que es medida) en cuanto son y de las que no son (y él es una de ellas de las que es medida) en cuanto que no son”. Como comenta el autor en la obra citada, no hay que interpretar en todo caso la frase de una forma positiva, como suele hacerse ordinariamente, en el sentido de que el hombre es el rey de la creación o algo así, sino negativamente, como una declaración de que nosotros, el Hombre, no podemos entender lo que pasa con la Realidad porque la tenemos que tomar reducida al nivel de nuestra medida, tomando nuestro tipo de lenguaje, el humano, como si fuera la lengua o razón misma. La gran dificultad de toda filosofía o ciencia consiste en que está siempre demasiado bien ajustada a la medida humana; hasta las teorías más sutiles que esploran (sic, como se pronuncia) los enredos de la 'medida' son también demasiado humanas; y así no se puede ir muy lejos en cuanto a descubrir la falsía de la Realidad; pero ello es que 'el Hombre' no es más que un caso de las cosas, y “todas las cosas hablan”, cada cual a su manera.
No puedo, sin embargo, pasar por alto la valiosa sugerencia del poeta francés Paul Valéry sobre el problema del homo-mensura u “hombre-medida”, a quien le parecía oscuro el final de la frase y por eso mismo digno de interés, y en sus Cuadernos (C. XV, 415) escribía: No es el verdadero texto según me parece. Yo cambiaría los “evaluadores” y lo diría al revés: τῶν μὲν ὄντων ὡς οὐκ ἔστιν, τῶν δὲ οὐκ ὄντων ὡς ἔστιν. Es decir aplica la negación a las cosas que son y la afirmación a las que no son, afirmando el no ser y negando el ser. Y añade “pues tal es la fuerza extraña del hombre que da a lo que no es poder y efectos de existencia (en un sistema o dominio que es por lo tanto recíproco) y elimina o rechaza a lo que es sus caracteres”.
A primera vista esta permutación de los evaluadores que propone Valéry invierte totalmente el sentido de la fórmula, de la que cree así haber encontrado su sentido original.
Las cosas que no son serían las cosas que no son reales, y serían todas las construcciones imaginarias del hombre en general y, en particular, las del artista. Para Valéry las cosas que son no pueden conjugarse en presente, porque nada es lo que es, es decir, lo que parece.