Sin trenes no hay futuro
La voz del pueblo bautizó al Tren de Alta Velocidad, según cuenta Miquel Amorós, como el “tren de los señoritos” porque era el tren de los ejecutivos del Estado y el Capital cuyo tiempo era tan valioso que debían acortar las distancias espaciales para ganar más tiempo, que es dinero. El AVE era el tren que iba a reducir el tráfico aéreo y el automovilístico, y no solo no logró eso, sino que, además, acabó perjudicando al humilde tren de cercanías, que era mucho más útil porque acercaba a los trabajadores y estudiantes que vivían lejos de los núcleos urbanos a sus centros de trabajo y estudio usando el trasporte público.
En tres décadas, escribe Amorós, se construyeron más de cuatro mil kilómetros de vías férreas, situando la alta velocidad española en el segundo puesto a nivel mundial, solo por detrás de China, pero con el grado de demanda más bajo, también a nivel mundial. No es de extrañar que los responsables ministeriales, comenta Amorós, trataran de elevarlo, bien subvencionando el billete (el viajero solo paga la tercera parte), bien cancelando trenes regionales y de larga distancia, como los viejos expresos que evocábamos aquí el otro día.
El mal de la Alta Velocidad no reside en el elevado coste de su funcionamiento, sino en su naturaleza de artilugio emblemático de la globalización y estandarte de un sistema político al servicio de la economía de mercado y del capitalismo.
Nos extrañaba que, a propósito de la pésima situación de la red ferroviaria española, no saliera nadie a echarle la culpa de la coyuntura al comodín del Cambio Climático, pero, por suerte, salió el Secretario de Estado de Transportes y de Movilidad Sostenible a aclararnos (?) que los fenómenos meteorológicos extremos como estos que hemos tenido en los últimos dos meses y que también nos hacen pensar en que el cambio climático que tenemos encima (sic) nos debe llevar a pues quizá que tengan mayor peso algunas actuaciones que hasta ahora quizá se veían como de menor importancia porque no afectaban, digamos, a la infraestructura ferroviaria, pero sí tienen impacto en la infraestructura ferroviaria.
El tren se inventó inicialmente para trasportar mercancías, especialmente carbón y otras cargas, pero se convirtió enseguida en un medio de trasporte de viajeros, que se incluían así sin querer y contra su voluntad en la categoría de mercancías. Muchos fueron trasportados a la fuerza arracimados en los vagones a los campos de concentración y de exterminio.
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España en libertad, 50 años, según el Departamento de Publicidad y Propaganda del Gobierno.

Una de las peores cosas que nos ha caído encima desde arriba durante los cincuenta años de España en libertad ha sido la creación de las Comunidades Autónomas, convertidas en reinos de taifas, feudos o pequeños Estados a imagen y semejanza del Estado o Administración Central. Cada una de las autonomías tiene sus elecciones, su gobierno, su presidente y sus consejeros feudales, sus cortes y su muchedumbre de empleados y funcionarios. ¡Y son 17 las comunidades, y dos las Ciudades Autónomas! So pretexto, lo recuerdo muy bien, de descentralización se crearon diecisiete nuevos centros para acercar más la administración a la ciudadanía, se decía, como si eso fuera una bendición, multiplicándose la burocracia y duplicándose muchas veces los trámites. Se decía que con el Estado de las Autonomías íbamos a depender menos de Madrid. El resultado de la presunta descentralización fue, paradójicamente, una doble centralización: ahora dependemos de nuestra Comunidad Autónoma y seguimos dependiendo de Madrid, por lo que lejos de relajarse las cadenas de nuestra dependencia se han duplicado. Con las autonomías tenemos paradójicamente una doble heteronomía: la central y la autonómica.


































