martes, 21 de julio de 2026

Memes cartesianos

Unos versos de Antonio Machado, concretamente de uno de sus Proverbios y cantares, dicen así: Ya hubo quien pensó: / «Cogito, ergo non sum». / ¡Qué exageración!” Machado juega irónicamente con el famoso cogito cartesiano ('Cogito, ergo sum' «Pienso, luego existo») cambiando la conclusión: «Pienso, luego no existo». El tercer verso —«¡Qué exageración!»— introduce una distancia humorística respecto a esa inversión radical.
 
  
Es un ejemplo característico del fino humor filosófico de Machado: tres versos bastan para poner en solfa uno de los principios fundamentales de la filosofía moderna. Pero ese ¡qué exageración! no es una refutación sino la herida abierta de una verdad más profunda, como sugiere Agustín García Calvo en ¿Qué es lo que pasa? (Edit. Lucina 2006, pag.  115), porque mientras uno está pensando o hablando no dice que está hablando o pensado: simplemente lo está haciendo. Cuando dice que está pensando o hablando, interpone la barrera reflexiva del lenguaje entre lo que hace y lo que dice que hace, que no es lo mismo. 

Cuando pienso, no hay que suponer que sea un «yo» real el que piensa. Hay pensamiento, y el «yo» que dice «yo pienso» es un pronombre que pretende convertirse en nombre propio del que piensa; pretende, por tanto, convertir en un ente real y existente al hablante. Pero quien piensa o habla de las cosas no puede ser, al mismo tiempo y en el mismo sentido, una cosa más de aquellas de las que habla. Por eso, si «existir» significa ser un ente determinado dentro de la realidad, el que piensa no existe como tal ente. Y cuando el yo intenta pensarse a sí mismo, el yo pensado se convierte en una imagen, una representación, algo de lo que se habla: el yo que piensa no puede ser enteramente el yo pensado, ni el yo pensado puede ser el acto mismo de pensar.

Cogito, ergo non sum: pienso, luego no soy una cosa de la realidad. Si pienso, no soy una cosa: porque las cosas son aquello de lo que se habla, y el que habla no puede ser, mientras habla, una cosa más de aquello de lo que habla.

Lo que no puede decirse tampoco es lo contrario del célebre lema cartesiano, que sería: sum, ergo cogito, es decir: 'Existo, luego pienso', porque de hecho, algo que descubrió Descartes y cualquiera de nosotros descubre, la existencia no es ninguna prueba de pensamiento, sino más bien al contrario: sum, ergo non cogito. La inmensa mayoría democrática de la gente existe pero no piensa. También podemos aplicarnos el cuento a nosotros mismos en singular: la mayoría de uno mismo existe, sea esto lo que sea, pero no piensa.
 
  
    René Descarte en 1637 escribió en francés el Discurso del método, en el que aparece por primera vez la formulación: Je pense, donc je suis («Pienso, luego soy»), como una verdad firme y segura, algo que escaparía de la duda metódica. Más tarde en 1641 en las Meditaciones, utiliza la fórmula, escrita en latín, “Ego sum, ego existo” («Yo soy, yo existo»), equiparando, en la jerga filosófica, la esencia y la existencia, para lo que recurre a un verbo existo (en realidad ex-sisto), que en latín clásico significaba otra cosa (surgir, salir de, nacer, manifestarse, mostrarse). Según el diccionario latino de Félix Gaffiot adquiriría en escritores tardíos como Lactancio (s. III-IV de la era cristiana), el significado moderno de existir, y cita como ejemplo, pero no está muy clara esta atribución tan temprana, una plegaria que aparece en Sobre la muerte de los perseguidores ('De mortibus persecutorum', 46, 6), que puede leerse, sin necesidad de traducción al castellano: Summe Deus, te rogamus, sancte Deus, te rogamus. Omnem iustitiam tibi commendamus, salutem nostram tibi commendamus, imperium nostrum tibi commendamus. Per te vivimus, per te victores et felices existimus, donde parece que ya se da la equivalencia sumus=existimus, con el atributo de victores et felices. 
 
Será después en 1644, cuando aparezca, en los Principios de la filosofía, publicados en latín, la célebre formulación: Cogito, ergo sum. Se ha interpretado esta fórmula como un silogismo: yo pienso; todo el que piensa existe; luego yo existo"), en el que el mismo acto de pensar hace evidente la existencia del pensador.  
   
 
Oscar Wilde en su The Soul of Man Under Socialism ('El alma del hombre bajo el socialismo'), publicado por primera vez en 1891, escribe: «Con la abolición de la propiedad privada tendremos un individualismo verdadero, hermoso y sano. Nadie desperdiciará su vida acumulando cosas y los símbolos de las cosas. Se vivirá. Vivir es la cosa más rara del mundo. La mayoría de la gente existe, eso es todo». Insiste en esta idea en De Profundis, la larga carta que Wilde escribió en la prisión de Reading entre 1897 y 1898, publicada póstumamente en 1905: «La mayoría de las personas son otras personas. Sus pensamientos son las opiniones de otro; sus vidas, una imitación (o un plagio); sus pasiones, una cita (un eslogan)». 
 
Concluyamos con aquellos versos del largo poema Réquiem por los filósofos (155-169) de Daniel Lima:   

¡No pienso, luego existo, señor Descartes!
O, más cierto que eso, que no es cierto,
pienso, luego no existo, luego, pienso apenas;
luego pienso que pienso, pero no pienso
ni existo;
luego no vivo, luego soy idiota,
un puro intelectual impuro
que, pensando que piensa, el gran tonto
“pensamienta”
la vida y va dejando
dentro de ella también un pensamiento
cartesiano y puro y estéril pensamiento
que pudre el pensar y la vida misma.
Pienso que usted es un idiota, luego existe.
Y luego no existe, señor Descartes.
¡Que le den!

lunes, 20 de julio de 2026

Cortina Verde de Humo

Cortina Verde es una viñeta satírica que publicó el dibujante cubano-mejicano Ángel Boligán en 2022 en El Universal de Ciudad de Méjico, satirizando cómo los grandes eventos deportivos, como la Copa Mundial de Balompié, retransmitidos por las cadenas de televisión, distraen la atención pública de los bombardeos que suceden detrás de la ventana, una ventana tapada a modo de cortina de humo verde por la pantalla. 
 
Fue publicada originalmente durante la Copa Mundial que se celebró en Qatar e ilustra a un telespectador cómodamente apoltronado en una butaca ante una enorme pantalla plana viendo, se supone, el partido balompédico.  La televisión, que alguien definió alguna vez como pequeña pantalla, tiene cada vez más pulgadas, asemejándose a la gran pantalla de una sala de cine, y cubre físicamente una ventana a través de la cual se observa un escenario explícito de guerra, bombardeos y destrucción. El telespectador está entretenido con una copa de licor al lado viendo cómo se mueve la pelota inmóvil de Parménides en un campo de balompié mientras otras cosas suceden detrás de la pantalla que las tapa: el balompié es la tapadera. La imagen vale igualmente para la Copa Mundial de la FIFA de 2026 que final- y felizmente ha concluido ya, al margen de su resultado, que poco o nada importa para el caso que digan que seamos campeones del mundo mundial.
 
 
El espectador utiliza activamente el mando a distancia de control remoto para aislarse por completo de la crueldad del mundo exterior a través del entretenimiento deportivo que las autoridades le brindan, como los espectáculos circenses que ofrecían a la plebe los emperadores romanos para que los plebeyos se divirtieran y pasaran un buen rato, olvidados de la dura y cruda realidad, e hicieran sus apuestas.
 
De igual modo, miles de pantallas gigantes se instalaron en diferentes espacios públicos desde el inicio de este Mundial a lo largo y ancho de todo el globo que, a Dios gracias ha acabado ya, para que la gente pudiera seguir los partidos al aire libre en las tardes y noches de verano, compartiendo las emociones con otros cientos o miles de personas. La cosa no se quedaba ahí: había música, y animación, pintacaras (sic), repartos de banderines nacionales, horrísonas vuvuzelas, bombos rimbombantes, y un sentimiento de desaforado patriotismo por doquier, exacerbado ya por la victoria.
 
Antes del partido se organiza el banderazo, una concentración masiva de aficionados e hinchas que se reúnen para cantar, desplegar banderas nazionales y dar aliento a su selección nazional. Ya hablamos en Amor a los colores hace cuatro años, con motivo del triunfo la Roja en la Eurocopa, de lo que hay detrás de esta expresión. El análisis sigue siendo válido, más que nunca, ahora mismo. Estas viñetas recientes de El Roto y de Tute también nos ilustran:
 
 
La familia real y el presidente del gobierno españoles han asistido al magno evento. Lo han hecho por separado, pero eso es lo de menos, aunque hayan utilizado tres aeronaves para cinco personas: el rey, la reina y la infanta en una; la princesa en otra; y el presidente en otro avión, el de sus desplazamientos. Lo de más era brindar su apoyo a "nuestra" selección, la Roja. Está claro que el balompié es un asunto del máximo interés nazional, como dijo un ministro hace casi treinta años  para garantizar por ley que los encuentros balompédicos más importantes pudieran verse gratis en televisión abierta y no quedaran atrapados exclusivamente en las plataformas de pago.   
 
 
Mientras nos entretenían y distraían con el Mundial de balompié a modo de tapadera de la realidad política, económica y social, seguían con su agenda programada, velando siempre por nuestro bien y seguridad.

sábado, 18 de julio de 2026

La familia real unida

El fútbol es metáfora de la guerra. La emoción futbolera no solo se vivió en casi todos los hogares españoles, sino también en la Casa Real española, que nos muestra ahora, a través de un vídeo ilustrativo, cómo vivieron el monarca, su cónyuge, la reina, y sus hijas, la princesa y la infanta, el histórico encuentro que nos  reportó la victoria, celebrando el triunfo de nuestras tropas en el frente de combate extranjero. No sé por qué me incluyo en ese nosotros colectivo, si a mí nunca me ha gustado ni interesado el balompié ni en su versión clásica masculina ni en la femenina que se fomenta ahora lo más mínimo. ¡Cómo vibraron sus majestades por los logros -goles- obtenidos y por el glorioso pase a la Final que podría reportarnos la victoria Final!  

La familia española que ve unida el partido de fútbol en el que juega la Roja, nuestra(?) selección nazional, permanece unida y apretada en el estrecho sofá de cuatro plazas. Por sus venas no corre sangre azul, sino roja como la de cualquiera, más exactamente rojigualda, que son los colores de la bandera nacional. 
 
La familia real no se hallaba en el aristocrático palacio, sino, al parecer, en un modesto(?) hotel barcelonés, cuyo nombre no ha trascendido, desde donde siguió el encuentro de semifinales entre los ejércitos de España y Francia que se jugaba en el campo de batalla estadounidense de Dallas.
 
Imagen creada con IA, tomada de Rubén Gisbert
  
Todo un montaje, real como la vida misma, pero falso. Parece de lo más natural, pero no lo es. Solo faltaba el rey soplando la vuvuzela. Y es que no es muy “real” estar en casa en pleno verano con vaqueros, apretados los cuatro en un sofá en el que casi no caben, abrazada la princesa al rey, y la infanta a la reina, en un salón minimalista, con la camiseta personalizada con sus nombres propios: "Felipe VI", "Leonor", "Sofía" y "Letizia". Todos con el número 26 porque estamos en el año del Señor de 2026, el año del Mundial. Unas camisetas que fueron un regalo de la Real Federación Española de Fútbol. Dan ganas de gritar "¡Viva España, Viva el Rey, Viva el Orden y la Ley!" 
 
 
Imagen creada con IA 
 
Viendo la televisión como una familia más, y celebrando el pase de España a la Final. ¡Qué entusiasmo! ¡Qué alegría! ¡Todo un espectáculo, nunca mejor dicho! Un ejemplo de familia unida que permanece unida ante la pantalla de televisión. Parece todo tan natural que, de puro natural, resulta falsísimo, mero postureo.

Hace calor

La verdad es que, como ya se ha dicho muchas veces, la presunta crisis o emergencia climática no supone ningún peligro para el planeta ni para nosotros mismos, más allá de la contaminación informativa. Y es normal que en estas fechas haga calor. Y puede incluso que haga más calor de lo normal. Por algo será, pero no tanto por lo que nos dicen, por las emisiones descontroladas de C02, que son nuestra huella de carbono, sino porque la Tierra experimenta y ha experimentado cambios dentro de nuestro sistema solar para seguir girando, ya sea más cálida o más fría. 

 La brisa, Ron Schwerin (1940)

Dicen que la presunta emergencia o crisis climática no puede negarse. De hecho la afirman constantemente y la responsabilizan de millones de muertes que se producen cada año y que seguirán produciéndose. Huelga decir que estas muertes no preocupan a los poderosos. La mitad de los multimillonarios de Silicon Valley están construyendo, dicen, lujosos búnqueres en Nueva Zelanda en previsión del posible colapso climático generalizado, que mantienen a una temperatura constante de 19 grados Celsius (antes centígrados) y viajan en coches blindados y surcan los cielos con sus jets privados que dejan estelas de condensación.

Pero no olvidemos que mata más el frío que el calor, aunque las muertes del frío no son noticia como lo son ahora las del calentamiento global causante de los incendios. Recordemos los del año pasado. Este año ya hemos tenido y estamos teniendo ahora mismo incendios producidos por el abandono y descuido de los montes y los bosques, la especulación urbanística del medio rural, y la acción de los pirómanos, unos incendios de los que somos culpables todos y cada uno en la misma medida por la huella de carbono que dejamos, nuestro pecado original.

 

Pero las muertes climáticas, si existen, no afectan a todos por igual. Unos son más vulnerables -es decir, más pobres- que otros y se mueren más porque no disponen contra el frío de calefacción y contra el calor de acondicionamiento de aire. Las noticias de estas muertes, además, son sofocantes y contribuyen con su tráfico constante al calentamiento del planeta.  Los pobres, además, padecen peores condiciones laborales, y el trabajo también mata, mata más que el clima sobre todo cuando la gente se mata a trabajar.

Vemos, en conclusión, que el desastre climático no afecta tampoco a la "humanidad" en abstracto y en general de manera igualitaria e idéntica. Puede que trascienda las divisiones raciales y las sexuales o de género, como dicen ahora, pero no las de clase social. El clima mata presuntamente más a las clases sociales bajas que a las altas, porque no es el clima lo que mata sino lo que está detrás, que es el dinero.

 
Esta crisis es consecuencia de un discurso oficial terrorista, de un crecimiento desenfrenado y de un sistema social basado en el lucro, es decir, en el capitalismo. Los gobiernos de los Estados de Europa y América eluden responsabilidades obligando a sus ciudadanos a consumir de forma "ecológica" prohibiendo los plásticos, imponiendo multas a quienes no reciclan y castigando a quienes tienen coches viejos e "insostenibles" mientras ellos mismos siguen fomentando el aumento de la contaminación atmosférica con sus vuelos privados, por ejemplo.

La crisis o emergencia del cambio climático no deja de ser un eslogan vacío para justificarlo todo y para responsabilizarnos a todos y cada uno del desastre general.   

viernes, 17 de julio de 2026

El filósofo pirata

Amador Fernández-Savater, “investigador, activista y filósofo”, según la entrevistadora Marga Durá, ya conocido por el libro que su padre Fernando Savater le dedicó, “Ética y Política para Amador” (1991), ha concedido una entrevista a La Vanguardia con motivo de la publicación de su libro “La batalla del pensamiento”, de la que entresaco, en primer lugar, su titular, que llama mi atención: “Sin ideas propias se vive en un mundo diseñado bajo requerimientos de otros”, que da a entender que hay que tener ideas propias, no vaya a ser que la Inteligencia Artificial, por ejemplo, se apropie de la capacidad que nos hace únicos: pensar. Pero pensar no es tener ideas propias, sino todo lo contrario: deshacerse poco a poco de ellas...
 
Amador prefiere autodefinirse como un filósofo... pirata, desmarcándose de la filosofía académica, quedándose con la otra, la que surge al margen de las instituciones educativas, que es un tesoro del que hay que reapropiarse una y otra vez, cual corsario bucanero Pata de Palo al abordaje. El libro que acaba de publicar habla, según leo en la sinopsis, del colapso de la salud mental, del del vínculo social, del de la relación con la naturaleza, por lo que parece un libro de autoayuda que propone una receta mágica: pensar, que es para él, aprender de nuevo a ver y a dirigir la atención, renombrar la realidad, una declaración subversiva de independencia, algo que cada vez se hace más cuesta arriba porque en los media se siembran opiniones personales, insistiendo en la obligación política de «tomar partido» en un espacio polarizado, como gustan de decir ahora, y manipulados en la vida cotidiana por los dispositivos tecnológicos que acaparan nuestra atención y percepción, convirtiéndonos en meros espectadores, consumidores de informaciones -todas ellas fake news- y en tertulianos en nuestra vida privada, siempre aislados y con miedo, lo que supone un caldo de cultivo para las ultraderechas.
 
 
Cuando la periodista le pregunta qué es pensar, piratea una definición de Albert Camus que le gusta mucho y dice: “Pensar es aprender de nuevo a ver y a poner atención”. En el arcón hemos pirateado otra definición que nos parece más acertada y de más hondo calado en Pensar a pesar de todos los pesares: Pensar es decir que no, debida a Derrida, que la tomó prestada del filósofo francés Alain, pseudónimo de Émile-Auguste Chartier (1869-1951). Sin embargo, en la respuesta de Amador hay algunos vislumbres de provecho, pero son precisamente los de índole negativa: “El saber, suministrado por la ideología, por un programa de la IA, por un argumentario de partido político, por un recetario de TikTok, obtura el pensar, lo bloquea”.
 
Para el filósofo pirata es necesario encontrar una voz propia, nuestro propio “daimon”. La entrevistadora aclara para ilustración de sus lectores que en la antigua Grecia era algo parecido a la voz interior, pero se le olvida decir que, en lo tocante a Sócrates, ese demonio o voz interior sólo sabía decirle que no, no afirmando nunca nada positivo. 
 
Cae Amador, a mi juicio, en el error de reivindicar la propiedad de las ideas: Hay que hacerse “una idea propia del mundo en que vivimos. Sin ideas propias se vive mal, se vive en el mundo diseñado por otros, bajo requerimientos que son los de otros. Pensar es activar lo propio”. Le recomendaría apropiarse de aquel fragmento de Heraclito que contrapone, precisamente, la idíe phrónesis (ἰδίη φρόνησις), el pensamiento propio o idiomático, personal o particular de cada uno, con el lógos xynós (λόγος ξυνός), la razón común: "Por eso conviene seguir lo que es general a todos, pues común es lo que es general a todos. Pero, aunque la razón es común, viven los más como si tuvieran una inteligencia propia particular". 
 
  
La conversación se pone interesante cuando la entrevistadora le hace una pregunta que conecta precisamente con lo que decimos de la opinión personal: “¿Por qué opinamos tanto si pensamos tan poco?” Y ahí reconozco que la respuesta de Amador es bastante útil: “Opinamos para darnos seguridad. Para cargarnos de razón. Para afirmar una posición. Para exhibir un saber. Para manifestar una superioridad. Para calmar la angustia de lo desconocido. Para formar parte de algo, del “bando” que opina esto o lo otro. El régimen de la opinión no tiene que ver con el pensamiento, sino con las identificaciones, con las consignas, con el ordenamiento del mundo. El opinador, como dice William Burroughs, es un “poseído”. Está tomado por un lenguaje que le habla y le piensa, mientras que él cree estar manejando”. 
 
Y en ese sentido despotrica contra las tertulias políticas que nos sirven los medios diciendo que nunca ha visto a un tertuliano cambiar de opinión ni dudar siquiera o vacilar. Cada tertuliano va a defender su propio punto de vista, tratando de vencer y derrotar a los otros tertulianos, quedando por encima de ellos.
 
Se le pregunta después sobre qué es el lenguaje brutalista (?) y cómo se combate, y responde que ese lenguaje es el que hablan los líderes de la ultraderecha “que tienen tanto éxito hoy”, enredándose a continuación con la política profesional internacional de los Estados Unidos. Se pregunta por qué tantos votantes demócratas votaban republicano, y elegían al chiflado de Trump, y elogia la campaña que hizo el aspirante a la alcaldía de Nueva York “enfrentándose a los poderosos con las manos prácticamente vacías”, de la que habla en su libro que, para mí, que no lo he leído, a partir de eso pierde totalmente el poco interés que despertaba, pese a los padrinos Albert Camus, William Burroughs, Guy Debord, Hannah Arendt, Ernst Bloch o Simone Weil de que se sirve.

jueves, 16 de julio de 2026

Monos con pistola

    En la cumbre de la OTAN/NATO celebrada recientemente en Ancara, la capital de Turquía, el presidente turco obsequió a los líderes participantes con un polémico -nunca mejor dicho en el sentido etimológico del término- regalo de despedida: un revólver Sarslimaz SR 38 de fabricación nacional, que puede utilizar munición .38 Special y .357 Magnum,  grabado con el nombre propio de cada gerifalte en el cañón, y de ese modo por lo tanto personalizado, con la munición real de seis verídicas balas. El arma fue entregada en una caja de madera con la bandera turca y el logotipo de la Alianza Atlántica. El regalito iba acompañado de una nota a modo de salvoconducto que eximía al arma de los controles habituales de exportación de armamento. 
 
  Imagen creada con IA, ChatGPT
 
    ¿Qué pinta un líder mundial de la Alianza Atlántica con una pistola y seis balas? Ninguno sabía muy bien qué hacer con el revólver, bien no aceptarlo -lo que sería un descortesía diplomática- o bien llevárselo a su país y guardarlo en el armero o armario para, cuando sea menester, liarse a tiros en el frente ucraniano contra el déspota ruso en defensa de la sacrosanta unidad y seguridad de la Unión Europea, o bien, lo mismo que haría uno de nuestros ancestros los primates, un mono o gorila, disparar sin ton ni son a trochemoche hasta agotar la munición.   No puede hacerse ningún buen uso de las armas salvo no usarlas, un armisticio permanente. Con las armas, aunque parezca que no es así, el tiro sale siempre por la culata...  Las armas de fuego, cuanto más lejos mejor. 
 
    El líder polaco acaso temió que pudiera pasar algo parecido a lo que le sucedió hace cuatro años a su jefe de policía, que trajo de Ucrania un lanzagranadas antitanque que había recibido allí como regalo diplomático del presidente ucraniano. El artefacto hizo -las armas las carga el diablo- lo que mejor sabía hacer: explotar en su oficina, causándole heridas leves y provocando graves daños en la sede de la policía de Varsovia. 
 
      
    La pregunta que se repetían los participantes en dicha cumbre era por qué recibían un regalo semejante. Si bien es muy común que los jefes de Estado se agasajen intercambiando diversos obsequios durante reuniones o cumbres, tales como piezas de cerámica, productos gastronómicos locales, objetos típicos del país o cosas similares, los intercambios de armas de fuego en perfecto estado de funcionamiento no son precisamente algo común y corriente. En el caso que nos ocupa, además, no se trata precisamente de una pieza de museo, y no hay que olvidar que el gatillo está llamando siempre al dedo para que lo apriete.
 
Imagen creada con IA, Grok 
 
    El anfitrión de la cumbre de la NATO/OTAN, que era el presidente turco, cuyo nombre propio importa poco, no iba a regalar caramelos a los participantes. Su pretensión era demostrar a los aliados la pujanza de la industria armamentística de su país. El obsequio, sin embargo, ha resultado incómodo para algunos dirigentes. El primer ministro británico explicó a la prensa que dejó su pistola en Ancara para no infringir las estrictas leyes del Reino Unido sobre control de armas de fuego. No hizo así el jefe del ejecutivo español, que es más "de armas tomar" y se lo trajo para España. Fuentes del Gobierno señalaron que el regalo se encontraba custodiado por el Ministerio de Interior, encargado de inutilizarlo para a continuación inventariarlo y almacenarlo. 

miércoles, 15 de julio de 2026

Cambio climato-¿lógico?


Arde España / con gran saña / en la témpora estival, / calcinada / y abrasada / por la crisis ambiental. 
 
Hace mella / honda en ella / la canícula fatal / por efecto / del abyecto / calentamiento global. 
 
San Lorenzo / da el comienzo / en la corte celestial: / la caldera / chicharrera / del infierno terrenal. 
 
 No se ha visto, / ¡vive Cristo!, / en la historia nada igual: / el Estado / ya ha dictado / la emergencia nacional. 
 
 Causa espanto, / ¡cielo santo!, / tanto incendio forestal. / Arde todo / grosso modo / y el calor es infernal. 
 
Cambia el clima a- / -quí y en Lima / la  mudanza estacional, /  se aclimata / que te mata / y alimenta al capital.

martes, 14 de julio de 2026

A vueltas con los dioses

 

-No te está "copiando el look", se llama Zeus y, para colmo, está aquí desde antes que nosotros.

-...Al parecer no fuiste un hombre correcto en vida, Reinaldo... 
-¿Reinaldo? Mi nombre es Facundo, Señor.
-Lamento mucho la confusión, Facundo, pero es que, ante los ojos de Dios, todos los hombres son iguales. 

oOo

 -Prefiero los viejos dioses a los del mercado; 
exigían vacas u ovejas y no sacrificios humanos.
 
oOo
 
Escribe Antonio Machado en Juan de Mairena (1936): "El gran pecado -decía mi maestro Abel Martín- que los pueblos no suelen perdonar es el que se atribuía a Sócrates con razón o sin ella: el de introducir nuevos dioses. Claro es que entre los dioses nuevos hay que incluir a los viejos, que se tenía más o menos decorosamente jubilados. Y se comprende bien esta hincha a los nuevos dioses, que lo sean o que lo parezcan, porque no hay novedad de más terribles consecuencias. Los hombres han comprendido siempre que sin un cambio de dioses todo continúa aproximadamente como estaba, y que todo cambia, más o menos catastróficamente, cuando cambian los dioses".  
 
Y sentencia a propósito Rafael S. Ferlosio (1986): "Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado". 

lunes, 13 de julio de 2026

Una vía de escape

Publicaba Giorgio Agamben el pasado seis de julio una reflexión memorable titulada Una via di uscita ('Una vía de escape'). Copio y pego el texto traducido: 
   
A menudo, ante la percepción generalizada de que estamos viviendo el fin de una cultura, surge la necesidad —o la esperanza— de un nuevo comienzo; es decir, de que, tras el colapso de una larga tradición, tarde o temprano surja otra nueva y más viva. Frente a esta expectativa ingenua, hay que recordar que no necesitamos un nuevo comienzo, sino una salida. Suponiendo que un nuevo comienzo fuera posible, todo volvería a empezar entonces como antes, quizá con ideas y proyectos diferentes, pero siempre dentro de la estela de una época histórica y de una tradición en cierto modo homogéneas a las anteriores. Tras el colapso de la historia de Occidente, lo último que podemos desear es una nueva época histórica; más bien queremos acabar con las épocas, salir de ellas de una vez por todas y no simplemente volver a empezar. ¿Salir hacia dónde? No podemos decirlo, pero eso está bien; nuestro silencio es más valioso que las charlas sobre los rasgos de un futuro improbable, que delatan su solidaridad con el pasado al repetir fórmulas rancias como «nuevo, pos- o transhumanismo». Como dice el mono de 'Informe para una academia', que se ha convertido en algo radicalmente distinto: «No quería la libertad, solo una salida».
 
 
La referencia final de Agamben remite a Franz Kafka y a su obra Ein Bericht für eine Akademie, cuyo protagonista, un simio, busca una salida desesperada, convirtiendo la necesidad de escapatoria en el núcleo de su existencia. El mono confiesa: “No había salida pero la tenía que encontrar; la vida se me iba en ello”.
 
El texto de Agamben me recuerda a otro pasaje inolvidable de Kafka, el microrrelato Der aufbruch ('La partida') (1922), del que ya dábamos cuenta hace tiempo en "Fuera (y lejos) de aquí, esa es mi meta", que decía así: 
  
Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fui al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta y le pregunté al sirviente qué significaba. Él no sabía nada ni escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó: 
-¿Adónde va el patrón? 
-No lo sé -le dije- simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta. 
-¿Así que usted conoce su meta? -preguntó. 
-Sí -repliqué-te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta. 
 

domingo, 12 de julio de 2026

¿Prioridad nacional?

    Parece que el oro líquido que es el AOVE, acrónimo de 'aceite de oliva virgen extra' que ya funciona casi como una palabra con significado más de nuestro vocabulario, nos viene ahora de fuera, y eso que España era uno de los mayores productores de aceite del mundo, pero resulta que en una botella de una conocidísima marca nacional, de la que no vamos a hacer publicidad aquí, pone: “Origen Unión Europea y no Unión Europea” simultáneamente, una contradicción en sus términos, flagrante como ella sola que habrá que ver cómo se entiende.
 
 
    Se ha acusado a la empresa de que trajera su aceite de Marruecos, pero enseguida esta y los verificadores de datos desmintieron el dato afirmando que su etiquetado se refería sobre todo a Argentina y a Chile, que son países remotos pero no lejanos, porque nos hermana el hecho de que allí se habla español, y en menor medida, afirmaron, a Túnez, que no es Marruecos, que parece que era el peor origen, y ni siquiera limita con el reino alahuí, ya que se interpone entre ambos Argelia.
 
    Enseguida dijeron además que el aceite procedente de fuera de la Unión Europea pasaba por un control estricto de calidad dentro de la normativa de la UE, lo que no obsta para reconocer que el país africano -Marruecos- y la UE tienen un acuerdo comercial para la importación de aceite desde hace años, aunque la empresa española jura y perjura que no compra aceite marroquí. 
 
    Ya dijimos en El olivo y la placa fotovoltaica que muchos olivares han sido arrasados porque no resultaban rentables, y sustituidos por paneles solares, habida cuenta de la incidencia del astro rey en la producción de energías renovables en el sur de la península. ¿Nos extrañará, si desaparecen tantos olivos, que se dispare el precio del oro líquido? ¿Dejaremos de producirlo para comprárselo a otros países porque será económicamente más rentable? ¿No lo estamos haciendo ya sibilinamente? ¿Acaso las placas fotovoltaicas que pueden ser útiles en los tejados de las casas para suministrarles electricidad pero no en los campos de cultivo donde se están instalando en detrimento de lo que allí se cultiva son más sostenibles ecológicamente hablando que los olivos?
 
    La empresa, astuta como ella sola, ha decidido ahora sustituir esa información por un código QR, con lo cual casi se asegura de que nadie va a mirar el origen del producto.
 
  
    Lo curioso es que la prioridad nacional ha dado paso desde hace tiempo a la prioridad europea, y no es extraño, como me comentó un carnicero palentino, que se vendan en España corderos griegos como si fueran nacidos y criados en Palencia porque han sido despiezados en los mataderos palentinos. Sale más barato importarlos de Grecia que criarlos aquí, lo que destruye la ganadería nacional... Es algo que se ve en los supermercados: los productos más baratos son los que vienen de fuera, porque los de proximidad y ecológicos tienen unos precios que están por las nubes. No es que los corderos griegos sean mejores ni peores que los castellanos, ni lo de fuera mejor ni peor que lo de dentro, sino que no hace falta traerlos de tan lejos, con lo que eso supone, cuando podían haber sido criados aquí; pero tanto Grecia como España forman parte del engendro ese de la UE que tanto nos venden, con lo cual la prioridad nacional ha pasado a ser la prioridad europea. Lo bueno sigue siendo lo de dentro, pero ese dentro ya no es España, sino Europa. 
 
    ¿Prioridad nacional? ¡No! ¡Prioridad racional!