martes, 10 de marzo de 2026

Fuera móviles, desmovilizados

    Cada vez que le pedíamos mis hermanas y yo a mi padre, como cabeza de familia que era y hombre chapado a la antigua que nos pusiera línea telefónica o una antena nueva para ver la segunda cadena, o, más adelante, cuando fue accediendo a regañadientes a nuestras reivindicaciones, que comprara una tele en color, siempre nos respondía que nuestros abuelos y bisabuelos habían vivido muy bien sin esos artilugios modernos que a nosotros nos parecían tan  imprescindibles como el teléfono y la televisión, y que bien podríamos nosotros pasar también sin ellos por lo tanto. Reconozco que en aquel entonces no me gustaba la respuesta que nos daba mi padre, pero hoy, con la perspectiva que tengo, la comprendo y me apunto a ella con todas mis fuerzas.


    Fuera gastos superfluos. Fuera chismes que no sirven para nada más que para crearnos adicción. Si mi padre, y mi abuelo y mi bisabuelo vivieron sin móvil o celular, como le dicen al cacharro al otro lado del charco, ¿por qué no puedo hacerlo yo? Adiós por tanto al móvil desde este mismo momento, pues no lo necesito para nada y me violenta muchísimo, porque sólo recibo mensajes de la compañía telefónica, y porque la gente sólo te llama para chorradas.

    Ya di un paso en ese sentido hace unos años cuando me borré de la modalidad de prepago -una cuota que te cobraban todos los meses hablaras o no- y me pasé a recarga, pero ahora me voy a deshacer del propio chisme, voy a dejar de recargarlo, y voy a hacerlo porque cada vez te dura menos la batería, porque hay que enchufarla cada dos por tres, ya que no funciona sin electricidad, o sea, sin inyección de liquidez de dinero, que es su combustible.
 

    Con el pretexto de servir para comunicarnos, como las redes sociales, lo que hace es todo lo contrario: incomunicarnos. Oímos la voz de una persona a la que no vemos o la vemos como si saliera por la televisión, con la que no estamos, a la que intimidamos  y que nos intimida con la llamada, interrumpiendo nuestros quehaceres  o nosotros los suyos. Es un pretexto para no ver a nadie. Y es verdad que hay gente que es mejor no verla, pero a esa gente tampoco habría que oírla. 

     Se han sacado de la manga los británicos un palabro nuevo que es nomofobia, abreviación de 'no-mobile-phone-phobia', para denominar al miedo, rayano en el pánico, a no tener un esmárfono, a no tener acceso al cacharro debido a alguna circunstancia como falta de cobertura o de batería, pérdida -perderlo es perder la identidad digital, versión moderna de la vieja alma medieval y del antiguo régimen-, robo, caída del sistema... lo que provoca auténticas crisis de ansiedad, intensa angustia, estrés que desarrolla síntomas físicos preocupantes como taquicardia, sudores fríos, convulsiones, migrañas... 
 
 
    Muchos esmárfonos vienen ahora protegidos para que no puedan robarnos las intimidades que guardamos en ellos -incluido lo más preciado, ya que no precioso, que es el dinero- y para desbloquearse utilizan el reconocimiento facial. Será por aquello de que la cara es el espejo del alma y aquello otro de que la huella dactilar recuerda mucho a la policía y no es suficiente. 
 
    El móvil o esmárfono es lo más íntimo que tenemos -y que nos tiene-, por eso se considera ciberacoso y violencia psicológica que alguien que no sea yo, su propietario y su propiedad, controle el aparato, revise los mensajes y redes sociales. En el caso de tu pareja masculina, si la tienes, se considera violencia de género digital que tu chico te exija tu contraseña, porque no es una muestra de amor, sino un intento de posesión y control sobre la intimidad de la mujer.

  
    Además, viendo la dirección que va tomando la cosa, parece claro que volvemos a las cuevas de Altamira y de Lascaux, lo que tampoco es ninguna catástrofe, porque vamos a quitarnos mucha tontería de encima,  mucho progreso que sólo ha servido para beneficio de la inteligencia artificial del capital pero no de la que se supone natural de las personas, y vamos a volver a la desnudez primitiva en torno al fuego que nos permite vernos las caras, y que nos da calor y anima a su amparo, todo ello en el marco incomparable, como diría una agencia de viajes, de unas grutas prehistóricas con estalactitas y estalagmitas y  unas pinturas rupestres de bisontes, ciervos y otros animales en sus techos y paredes, que son una auténtica obra de arte primitivo y poco o nada tienen que envidiar a las ferias de arte contemporáneo.

lunes, 9 de marzo de 2026

Minima maxima

CARPITE POMA: Una variante del CARPE DIEM horaciano podría ser este CARPITE POMA (coged los frutos) de Ovidio que se encuentra en el verso 576 del libro III de El arte de amar.

 QVAE FVGIVNT, CELERI    CARPITE POMA MANV. 
(Ovidio, Ars amandi III 576)
Mano a los frutos echad    pronto, que al vuelo se van. (Traducción de J.M. Rodríguez Tobal)

Traducciones alternativas propias:
Mano a los frutos meted     pronta, a perder que se van.
 Con rauda mano coged     fruto que va a caducar.
Frutos tomad con veloz    mano,  que pronto se van.
Frutos coged, que se van    rápidamente a perder. 
 
De este pentámetro dactílico de Ovidio tenemos un eco en el soneto aquel de Garcilaso: “coged de vuestra alegre primavera / el dulce fruto”.  
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DE LO QUE SÓCRATES LE DIJO A ANTIFONTE


-Antifonte, entre nosotros se considera que la belleza de la juventud y la sabiduría es posible tratarlas  de manera honrosa o vergonzosa. Pues si uno vende la belleza de su juventud por dinero a quien la quiera, a ese lo llaman prostituto, pero si alguien se hace amigo de aquel que ha conocido que es un amante bueno y honrado, a ese lo consideramos sensato.
Y así también la sabiduría, a los que la venden por dinero al que la quiera los llaman intelectuales*, como quien dice prostitutos; en cambio, si alguien se hace amigo de quien sabe que es de buen natural enseñándole lo que tenga de bueno, consideramos que ese hace lo que corresponde a un ciudadano bueno y decente.
*NOTA BENE: Estos intelectuales de los que habla Sócrates eran los célebres sofistas o profesionales de la inteligencia, los maestros y profesores de entonces, los divulgadores de la ciencia entre el gran público. Daban clases particulares y cursos de conferencias por los que cobraban una tarifa. Se cuenta que Sócrates pagó una dracma por asistir a una conferencia de Pródico, pero no pudo costear las cincuenta de la matrícula de un curso monográfico sobre sinonimia. Frente a los sofistas o profesionales, que cobran un sueldo por hacer lo que hacen, los filósofos hacen lo mismo pero  gratis et amore, por la gracia y el amor de hacerlo, no por dinero.  

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BYUNGCHULHANIA
-Del Narciso posmoderno:   El homo digitalis del siglo XXI no es gregario, sino que vive esencialmente aislado. Se manifiesta en la red de manera anónima, pero tiene un perfil que se esfuerza por optimizar constantemente. Su condena: labrarse su personalidad virtual, enamorado que está como Narciso de su propia imagen reflejada en los medios. Sufre un grave trastorno narcisista, y la depresión de hundirse y ahogarse en el pozo sin fondo de sí mismo. El espacio virtual funciona como lugar de proyección, donde el individuo de la posmodernidad tardía se relaciona fundamentalmente... consigo mismo. Los “amigos”  de las redes sociales (followers) cumplen la función ante todo, de potenciar la egolatría, al dirigir la atención a un yo que se presenta como mercancía al consumidor. Los tuites y retuites (tweets) son los trinos desesperados del pájaro prisionero en su jaula virtual. No son voces, sino ecos en todo caso. Su monótono mensaje se reduce, al fin y al cabo, al pío pío de los gustos (likes) y opiniones personales más anodinos e insustanciales dentro de la oferta del mercado y el consumo: “yo, yo, yo...".

-De Byung-Chul Han citando a Emmanuel Lévinas:
-De digitalibus mediis. Los medios digitales de comunicación nos incomunican al imponernos la obligación de comunicarnos precisamente, por lo que nos alejan cada vez más de nuestros semejantes, de los otros, de los demás. Los teléfonos inteligentes prometen más libertad, pero de esa promesa surge una coacción fatal: la de la comunicación. Hoy ya no somos sólo receptores y consumidores pasivos de información, sino emisores y productores activos a la vez, lo que incrementa la cantidad cancerígena hasta la saturación de informaciones intrascendentes que pululan en las redes sociales donde no hay peces que naden libremente, sino pescados atrapados en sus propias redes narcisistas.

-Non multitudo, sed solitudo. Frente al renovado sueño optimista y comunista de Hardt y Negri, no se puede decir como creen ellos,  que el sujeto revolucionario actual sea la multitud, porque tanto esta como los individuos que la componen son esencialmente conservadores: no hay MULTITUDO, sino SOLITUDO. No hay multitud sino soledad entre la muchedumbre.

-Del Panóptico de Jeremy Bentham: 
No hay carcelero que vigile a los presidiarios dispuestos en círculo en torno a la torre de control central. No hace falta. Ya nos vigilamos nosotros los unos a los otros mirando la pantalla del móvil. La red, como panóptico electrónico que es, nos arroja simultáneamente al exhibicionismo y al voyeurismo... de nosotros mismos.

-Del respeto y la falta de respeto: Respeto significa volverse (re-) a mirar (-spectare): el respeto presupone una mirada distanciada. La distancia es precisamente lo que distingue el simple "spectare" de la sociedad del espectáculo actual con el más distanciado "re-spectare" o respetar. Una vez desaparecida la distancia, se produce la falta de respeto. Las redes sociales son irrespetuosas porque eliminan las distancias: exhiben lo privado, privatizan la comunicación. Fomentan un voyeurismo exhibicionista y un exhibicionismo voyeurista.
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¿QUIÉN ES LIBRE? 
 
(Esquilo, Prometeo encadenado, 50)
Pues libre no hay ninguno salvo el propio Zeus.
Versión libérrima: Pues libre no hay ni dios.

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DE LA MUSIQUE AVANT TOUTE CHOSE

Os dejo con la música de Eleni Caraíndru, la compositora griega de la mayoría de las bandas sonoras de las películas del llorado Teo Angelópulos, y con algunas poderosas y bellas imágenes de la trilogía La pradera que llora de este aclamado director que ha sabido como nadie transmitirnos una imagen de Grecia alejada de los típicos tópicos. Tanto la una como el otro, cada cual en lo suyo, son dos de los grandes maestros contemporáneos que ha dado Grecia al mundo. 
  

domingo, 8 de marzo de 2026

Anacarsis y Diógenes, dos sintecho

    La conversación de sobremesa en el Banquete de los siete sabios que transmite Plutarco había llegado a tal punto que tocaba dejar de hablar de alta política y macroeconomía y pasar a tratar de microeconomía o economía doméstica,  ya que no todo el mundo tenía a su cargo la gobernanza de un reino o de un estado, pero todos tenían quien más quien menos, se dijo, una vivienda y hogar propios y sus pequeñas finanzas de los que ocuparse. Pero entonces uno de los convidados objetó: “No todos, si incluyes a Anacarsis, que no sólo no tenía casa, sino que se enorgullecía de no tenerla”. ¿Quién era este Anacarsis cuyo nombre propio salía a relucir así de pronto en la conversación de tan sabia concurrencia?
 

    Según Heródoto, el padre de la historiografía, Anacarsis era un príncipe escita, una figura a caballo entre la historia y la leyenda, un personaje semimítico, del siglo VI antes de nuestra era. Los escitas, según el historiador, no construían ciudades ni levantaban murallas, dado que, nómadas como eran, llevaban su casa-carreta consigo a cuestas sin establecerse nunca definitivamente en ningún lugar.  Anacarsis, oigamos al convidado  hablarnos de él, no tenía casa, sino que tenía en su lugar “un carro, de la misma manera que el sol, según dicen, recorre su órbita, ocupando unas veces una región del cielo y otras veces otra”. Se alude a la tradicional casa-carreta de los escitas, que les brinda la oportunidad de vivir una vida no sedentaria, vagabunda, sin echar raíces, que se compara con el carruaje del astro rey. Continuando con la comparación con el sol afirma Anacarsis: “Precisamente por esto, él (“Helios”, el sol) es, solo o en mayor grado, entre los dioses libre y autónomo, y lo gobierna todo y no es gobernado por nadie, sino que reina y lleva las riendas” . 
 
    No estamos lejos de Diógenes el Perro, el filósofo cínico, que se definía como “cosmopolita” y que probablemente acuñó esta palabra que hay que entender, negativamente, como 'apátrida' o sin patria, y por lo tanto no nacionalista. El cosmopolitismo de Diógenes, interpretado de forma radical, conlleva por lo tanto el antinacionalismo, una situación de exilio perpetuo sin patria ni hogar, como un héroe trágico, como un extranjero en todas partes y a la vez en ninguna, como un homeless o un sintecho actual, o, como diría él cambiando la perspectiva del punto de vista, lo que solía hacer a menudo -pues condenado al exilio condenó él a sus jueces a quedarse-, como uno cuyo techo eran las estrellas.

    Hay un texto medieval castellano, titulado “Bocados de oro”, que es traducción de otro no griego ni latino sino árabe del siglo XI que se basa en fuentes griegas desconocidas.   En su capítulo décimo se habla de Diógenes. De él se dice: Diógenes el canino fue el más sabio de su tiempo aborrecedor del mundo. Y se dejó dél y no había (o sea, no tenía) morada ninguna. E yacía en cualquier logar que le anocheciese, y no dejaba de comer a cualquier hora que hobiese hambre do quier que a él le acaeciese sin vergüenza ninguna; quier de día quier de noche


    Alguien le pregunta que porqué no tiene una casa en la que solazarse  ¿Por qué no compras casa en que huelgues? Y su respuesta no podía ser otra que la que fue: Yo huelgo porque no he (es decir, 'porque no tengo') casa”. No se compraba una casa para solazarse porque su solaz consistía en no poseer una casa hipotecada ni en propiedad. De alguna forma se adelanta a aquello que dijo Montaigne en uno de sus ensayos: C´est le jouir, non le posséder, qui nous rend heureux:  Es el gozo de las cosas, no su posesión, lo que nos hace felices.

    En otra fuente árabe su respuesta a la misma pregunta es: Si conocieras el tamaño de mi casa, sabrías que tus casas y todas las casas del mundo no son lo suficientemente grandes para contenerla, dando a entender que el mundo entero era su casa y el cielo su techo. O también, cuando le preguntaron si tenía una casa para descansar, respondió: En cualquier sitio donde descanse allí está mi casa, que nos recuerda a la locución latina que recoge Cicerón de Pacuvio "patria est ubicumque est bene": la patria está allí donde se está bien, y que contempla a su manera nuestro castizo refranero omitiendo la referencia patriótica: el buey (o uno) no es de donde nace, sino de donde pace
 
    Entre las sentencias medievales de Walther se recoge otra variación de aquella locución latina que era "ubi libertas ibi patria", donde la libertad, allí la patria,  que se convirtió en un lema durante la revolución americana porque sintetizaba muy bien el espíritu de los colonos rebeldes a la corona de Inglaterra, que no se liberaron sin embargo de la patria, sino que acabaron fundando otra, por lo que libres del gobierno británico acabaron imponiéndose ellos otro, que consideraron más aceptable no porque no fuera gobierno, que lo era como el que más, sino porque era suyo, su propio autogobierno.

sábado, 7 de marzo de 2026

Pareceres CIII

502.- Papeles para nadie. Si el empadronamiento es un medio de reconocimiento institucional, que implica ser visible para la administración pública, como dicen sus defensores a ultranza, porque sin este reconocimiento quedamos expuestos al albur de múltiples formas de exclusión social, proponemos como solución no que haya papeles para todos, sino que no los haya para nadie ya que el papeleo y la burocracia que conlleva no hacen ninguna falta, sino que sobran, todo lo contrario. Al parecer, el marco jurídico español que regula el empadronamiento señala explícitamente que toda persona que habite en un municipio tiene el deber y el derecho de inscribirse, sin distinción de nacionalidad o situación administrativa. Al parecer, también, según la ley de extranjería,“los extranjeros, cualquiera que sea su situación administrativa, tienen derecho a los servicios y prestaciones sociales básicas”, lo que implica, según los defensores del padrón, necesariamente que deben estar empadronados para poder acceder a dichos servicios, conectando así con el principio de no discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Evidentemente, el padrón crea una discriminación más. 



503.- Auge del negacionismo. Leo en El Periódico las declaraciones de la vicepresidenta tercera del Gobierno y Ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (¡toma ya!), que dicen: "Crearemos una red para proteger a los divulgadores climáticos frente a los ataques de los negacionistas". Le preocupa, según parece, a la ministra del gobierno progresista la desinformación climática y el auge del negacionismo que abundan en las redes sociales, que son un medio de comunicación sobre el que el gobierno no tiene un control efectivo como el que ejerce sobre el Ente Público de RTVE y otros medios afines y subvencionados, por lo que su ministerio pretende ponerse manos a la obra, y esa obra es la censura del escepticismo del espíritu crítico del artículo de fe y dogma climático, al que denomina negacionismo. El caso es que, según parece, nuestro gobierno progresista y afirmacionista va a ser el primero en legislar contra el escepticismo climático protegiendo a sus divulgadores climáticos, esos modernos predicadores del apocalipsis climatérico “frente a los ataques de los negacionistas”. Se trata, una vez más, de aplicar la censura a la ciencia, ante el auge -dicen- del negacionismo, lo que pone de relieve lo preocupados que están porque ya nadie o muy poca gente les cree ni hace demasiado caso, lo que no deja de ser, por otra parte, una óptima noticia. 


504.- Heraclés en la encrucijada. El hombre moderno, como el héroe antiguo hijo de Zeus y de la mortal Alcmena, que, fiel a su marido, el rey Anfitrión, fue engañada sin embargo por el dios cuando se presentó ante ella haciéndose pasar por Anfitrión que volvía de la guerra, de cuya unión nacerá Heraclés, el Hércules latino, el más importante de los antiguos semidioses, se halla en la encrucijada de dos caminos y tiene que elegir no cuál va a seguir y resolver el dilema que se le plantea entre los dos, si el del vicio o el de la virtud, si el de la izquierda o el de la derecha,  sino algo más sencillo: si continuar la trayectoria de su existencia, -que no su vida porque esto, desengañémonos, no es vida sino otra cosa, quizá no más que mera supervivencia-, como un consumidor ciego, votante y a la vez contribuyente, sujeto además al incesante avance y runrún de las nuevas tecnologías y a la acumulación de bienes materiales que en realidad no son cosas buenas sino simulacros de cosas buenas, ideas o sustitutos de lo bueno, dentro de la sociedad del espectáculo..., o no, todo lo contrario: dejar de continuar.

   

505.- Estándares. 'Si quieres días felices, no te analices', dice un amigo que es médico. El problema de los análisis es saber dónde está el límite y quién lo establece entre lo que se considera normal y lo que está fuera de la norma. Hablando, por ejemplo, del colesterol, está establecido en la actualidad que por encima de los 200 mg/dl (miligramos por decilitro de sangre) hay hipercolesterolemia, lo que aumenta potencialmente el riesgo de enfermedad cardiovascular. Sin embargo, hace unos años se consideraban otros límites, los estándares médicos eran mucho más permisivos que los actuales sobre el riesgo cardiovascular, pero los umbrales han bajado drásticamente. A comienzos de los años ochenta se consideraba normal el rango de entre 150 y 300 mg/dl para personas mayores de cincuenta años, pero paulatinamente desde entonces han ido bajando en 1988 a 240 mg/dl, luego a 220 mg/dl, hasta llegar en la actualidad a los 200 mg/dl para la población general. Esta bajada drástica de los índices -lograda, se nos quiere hacer creer por el desarrollo científico y no por la presión de los laboratorios farmacológicos ávidos de endilgarnos sus exitosos tratamientos de por vida para incrementar sus ganancias e intereses- nos convierte a los mayores en enfermos crónicos y pacientes vitalicios. Se ha inventado así una enfermedad claramente asintomática. De hecho la llaman enfermedad silenciosa, para la que hay un remedio farmacológico efectivo: las estatinas, que  reducen significativamente los niveles de colesterol en sangre, pero no son inocuas porque en uno de cada diez casos aumentan los niveles de glucosa en sangre, y no pueden suspenderse, porque, en cuanto dejan de tomarse, las aguas vuelven a sus cauces... Se estima que aproximadamente unos veinte millones de españoles tienen el colesterol alto, y la mayoría, sin saberlo. De ahí el interés de los laboratorios en que la gente se chequee, y se ponga en tratamiento. 

 

506.- Fellatio sine qua non. La moda femenina de inflarse los labios que pueden resultar hasta grotescos no es muy reciente que digamos. Lleva ya un tiempo entre nosotros. Ya hablamos de ella en Cánones labiales de belleza. Muchas se los inflan y los luces en sus redes sociales. Cuando una mujer (o un varón, que también los hay) se hincha los labios, está haciendo algo muy sencillo, es decir, está emitiendo y amplificando una señal sexual. Así de simple. La famosa «boca de pato», que arrasa en los selfis tanto entre adolescentes como entre mujeres mayores, que puede conseguirse ya sea con maquillaje o ya a través de relleno de ácido hialurónico, que dura de medio año a un año, sin pasar por el quirófano, es un gesto erótico: labios protuberantes, ligeramente entreabiertos, rostro relajado. Es una ambigüedad hipócrita. Por supuesto, nadie lo dirá nunca en voz alta, como aquel alcalde vallisoletano creo que era, que confesó que cuando veía la cara y los morritos de una jovencísima ministra del ejecutivo de aquel entonces siempre pensaba “lo mismo, pero no lo voy a decir aquí”, porque vivimos en la era de la doble mentira, en la que se hace una cosa y se cuenta otra, a uno mismo antes que a los demás. Al menos se hiciera con honestidad... pero no, nos hinchamos, nos fotografiamos, lo publicamos y luego nos ofendemos si alguien llama a las cosas por su nombre.

 

viernes, 6 de marzo de 2026

Jaque mate

    Se han puesto en escena recientemente a fin de que permanezcamos atentos a nuestras pantallas dos operaciones militares espectaculares prácticamente simultáneas 'Epic Fury', furia épica, por parte de los Estados Unidos, y 'Roaring Lion', el león rugiente o, si se prefiere, el rugido del león, por parte de su vasallo Usrael, contra el régimen político iraní, que han logrado descabezar matando al jefe del ejecutivo.
  

    Se distinguen a propósito de lo que está sucediendo en Irán, la antigua Persia, básicamente dos facciones, desde los que podríamos denominar las derechas, incluidas la ultraderecha y la derecha ultra, que se regocijan por ambas operaciones y la muerte del ayatolá porque, dicen ingenuamente, “ahora Irán será libre”, y por otro lado las izquierdas, incluidas la ultraizquierda y la izquierda ultra, por trazar el paralelismo terminológico con las derechas, que, condenando el régimen teocrático iraní, por supuesto, pero no el occidental que padecemos aquí, que resulta por contraposición defendido, lamentan la operación imperialista de Estados Unidos y de su vasallo Usrael porque pone en peligro la paz mundial y lo que llaman el derecho internacional, y resucitan el grito de No a la guerra y Sí a la paz que se alimenta de ella.
 
Viñeta de Flavita Banana (2022)
 
      El candidato a Premio Nobel de la Paz confirmó el lanzamiento de "importantes operaciones de combate" a fin de "liberar al pueblo iraní de la tiranía de los mulás", a la vez que instaba al pueblo iraní a rebelarse contra los ayatolás. No insta al pueblo en general, a todos y cada uno de los pueblos sin gentilicios tales como 'iraní', 'venezolano', 'norteamericano' o, viniendo a nuestros lares, 'español', a rebelarse contra sus respectivos mulás y ayatolás, porque eso comportaría tirar piedras contra su propio tejado.
 
    Un periódico español, por su parte, saca el siguiente titular en portada, en el que destaca el empleo del verbo 'asesinar' así como el sujeto múltiple: “EEUU e Israel asesinan al ayatolá Jamenei en el ataque contra Irán”, seguido de otro titular no menos alarmante e impactante: “El ataque ilegal de Trump a Irán desata un caos global de consecuencias imprevisibles”.
 
 
    Ambas operaciones militares se han saldado en el tablero de ajedrez de oriente próximo -lo de medio solo vale para los anglosajones, para nosotros está relativamente más cerca- con un jaque, que, es por cierto, una expresión persa,  shāh māt, que significa 'el rey ha muerto', en el sentido de está derrotado, acorralado, no tiene salida, locución que nos llegó a través del árabe al castellano bajo la forma antigua de xaque mate. Si el rey ha muerto, solo nos falta añadir: ¡Viva el rey!, porque ya se sabe: a rey muerto, rey puesto. Dicen, por cierto, algunos que el hijo del sha de Persia y heredero al parecer de la corona de Irán que se opone al régimen teocrático de los ayatolás, se felicita por la muerte del ayatolá porque ve posibilidades de asentar sus regias posaderas sobre el trono del país. 
 
    Se apresuran algunos en nuestras Españas desde el gobierno a sacar ahora las pancartas guardadas de cuando la guerra de Iraq de “No a la guerra” para movilizar a su electorado, sin darse cuenta a lo mejor de que la propaganda de guerra lleva varios años en marcha. Llevan meses hablando del rearme europeo repitiendo sin cesar por todos los grandes medios que Rusia representa una amenaza existencial para Europa, y que hay que apoyar a Ucrania como sea. Al mismo tiempo, la censura y la represión judicial se desatan con una violencia sin precedentes contra cualquier voz que se atreva a contradecir esta narrativa. 
    Lo cierto es que la guerra, aparte del rédito electoral que quieran sacar algunos de su oposición a ella, tachándola de ilegal (!?), -al parecer hay guerras justas, santas o legales-  justifica el estado de excepción permanente. No nos hallamos ante una guerra nueva, sino ante el nuevo escenario de la vieja guerra que según el efesio es el padre, dijo él, nosotros diremos la madre, de todas las cosas. Se pretende con ella hacernos creer que esto que estamos viviendo es la bendita paz, a la vez que se reactiva la economía con el rearme y la aplicación acelerada de las nuevas tecnologías, se impone la identidad digital y la CBDC, es decir, el Dinero Digital, lo que, lejos de conllevar la destrucción de los Estados-nación o naciones soberanas tradicionales y del capital, como creen temerosamente algunos ingenuos, no hace más que fortalecerlos, porque las naciones en general, unidas bajo el organigrama de la ONU o desunidas, viven de la guerra, que es el dinero y es la esencia del Estado, no viven de la paz.

jueves, 5 de marzo de 2026

El hombre que buscaba a Beyhan Mutlu

    El hecho sucedió en los bosques de Bursa, la primera capital del imperio otomano, en el noroeste de Turquía el 28 de septiembre del año del Señor de 2021 o, si se prefiere, el 21 de Safar del año de la Hégira del Profeta de 1443. 
 
    Un tal Beyhan Mutlu, de 50 años de edad a la sazón, había estado bebiendo alcohol con los amigos cuando de repente se ausentó internándose en la espesura del bosque quizá a orinar. Al no regresar al cabo de un buen rato, sus amigos se inquietaron y llamaron a su esposa, que les dijo que no había llegado a casa todavía. Advirtieron a las autoridades locales de su desaparición, quienes rápidamente organizaron una operación de búsqueda conjunta entre la policía y algunos voluntarios de protección civil, poniéndose manos a la obra. 
 
Vista de Bursa

 
    La noche y el bosque complicaban la búsqueda. No pocos excursionistas se pierden por aquellos andurriales en otoño cuando el follaje y las lluvias borran los caminos, por lo que no era raro organizar partidas de rescate.  Beyhan, por su parte, deambulaba sin rumbo un tanto desorientado y, hemos de suponer, algo confuso bajo los efectos del alcohol. Al cabo de unas horas y en un caprichoso giro del destino, se topó con un grupo de rescate y se unió voluntariamente a la búsqueda de esos rescatistas. Durante horas caminó junto a la policía y los vecinos voluntarios, en la oscuridad, con linternas y perros, buscando al, suponía nuestro protagonista, anciano desaparecido y perdido en la espesura.
 
    Un rescatista de pronto comenzó a gritar a todo pulmón el nombre del desaparecido: " ¡Beyhan! ¡Beyhan Mutlu!
 
    Nuestro hombre, se quedó clavado al oír su nombre propio gritado en alta voz. Pensó que a fin de cuentas había muchos que se llamaban Beihan como él, que en el repertorio turco de antropónimos era un nombre propio común, valga la contradicción, a hombres y mujeres, y más común incluso entre estas últimas, por lo que la persona que andaban buscando podía tratarse de una anciana aquejada del mal de la demencia y desorientada. Pero había oído, coreado varias veces después de la primera, su nombre y apellido, y eso ya era mucha casualidad. El extraño que se había unido voluntariamente a la partida preguntó a quién demonios estaban buscando. Al decirle que buscaban a un tal Beyhan Mutlu, no pudo por menos de responder:
 
 
 
     -"¡Pero si soy yo! Estoy aquí". 
 
    La policía y los voluntarios quedaron perplejos al descubrir que el propio desaparecido había estado ayudándoles en la búsqueda del desaparecido durante toda la noche sin saberlo. Le tomaron declaración, cancelaron la operación y lo escoltaron a casa. El hombre extraviado, cuyo apellido Mutlu significa en turco por alguna rara casualidad del destino "feliz, contento, alegre", que se había unido a su propia búsqueda sin saber a ciencia cierta qué o a quién estaba buscando, aclaró después que no fue una broma, sino una confusión: él solo quería ayudar y colaborar con los demás, sintiéndose útil a la comunidad. 
 
     -“No me castiguen por ello, Si se entera mi padre, me va a matar”. Confesó echándose casi a llorar como un niño temeroso del atavismo de la figura autoritaria de su padre.
  
 
    Así, el hombre que se había perdido había pasado horas buscándose a sí mismo sin saber a quién buscaba, y al final la búsqueda misma se había vuelto ontológica, casi metafísica. Nos sucede algo parecido a todos cuando buscamos algo que creemos extraviado y que sin embargo poseemos a buen recaudo, como la carta perdida del cuento de Poe, que no la hallamos porque no se ha perdido. Lo que no se ha perdido, por más que lo rebusquemos, nunca se encontrará.
 
 
El azucarillo dulzón 

miércoles, 4 de marzo de 2026

¿Civilización occidental o barbarie?

    Puestos a elegir intereses, que es de lo que se trataconviene estar del lado de la civilización occidental y no de la barbarieescribía el otro día Jano García en su columna de 'El Debate', titulada La realidad que no queremos ver
 
    Parece, a primera vista, una frase impecable, muy razonable y sensata, salvo que no está claro cuál es la definición de 'barbarie' y qué es lo que entendemos por tal término, ya que, podría resultar, que la barbarie no fuera algo muy distinto de la civilización occidental, de la que, en cambio, no hace falta hablar mucho porque salta a la vista que es la nuestra y que la conocemos bien y padecemos.
 
    Me recordaban a mí, mutatis mutandis, las palabras de aquel Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, de cuyo nombre propio no voy a hacer mención, recogidas en El jardín y la jungla: "Europa es un jardín. Pero la mayor parte del resto del mundo continúa siendo una selva, y la selva podría invadir el jardín..." Jugaba con la contraposición jardín cultivado, creo recordar que decía 'francés', frente a selva, donde como se nos ha hecho creer desde siempre impera la ley de la jungla.
      Viñeta de Daniella Martín

     Comenzaba Jano García su columna diciendo que era imposible explicar en un artículo la guerra que se está desplegando en la actualidad en nuestras pantallas entre Irán, Israel y Estados Unidos, para concluir que  obedecía a una cuestión de intereses, se sobreentiende que económicos. 'Por el interés te quiero, Andrés', como dice a veces la gente para dar a entender que lo que realmente importa en la vida es el dinero porque él y solo él es capaz de crecer y multiplicarse a sí mismo, siendo como es lo que está (est) en medio (inter) del capital presente y del futuro, que es su más lograda creación económica, habida cuenta de la ecuación reversible de que tiempo es igual a dinero, y viceversa; por eso se dice a veces también que que hay que -necesidad obliga- ganarse la vida, y se hace el término 'vida' sinónimo de 'dinero' y de 'futuro'. 
 
    Pero no hay que olvidar, volviendo a la actualidad, que las noticias sobre la guerra sirven para blanquear la paz, es decir para que creamos que la guerra real, de la realidad, entre las cosas y las ideas, que se desarrolla todos los días ante nuestra incrédula mirada es una forma no beligerante y no bélica de paz.
      
    Después de reconocer que “no se puede abordar la geopolítica (¿por qué no a secas 'la política' sin distingos entre nacional e internacional?) desde la moral, pues solo un insensato puede creer que la geopolítica posee un mínimo de humanidad” viene a decir que si no sobornamos nosotros, otro vendrá y lo hará en nuestro lugar, cosa que es injusta e inmoral, reconoce, pero concluye “la realidad no entiende de ensoñaciones”.
 
  
    Pone a continuación el ejemplo de Francia, el país vecino, que en su apuesta por el laicismo arrancó los crucifijos, y ahora se ve invadida por la media luna y “baila(n) al son del islam”. No saca la conclusión evidente de que la apuesta del país vecino por el laicismo ha sido un clamoroso fracaso, habida cuenta de que solo se ha combatido desde las altas instancias una religión, la cristiana, mientras que se ha sido tolerante hasta la hez con la musulmana y con la no menos importante religión laica del capital, que es la más perniciosa de todas.
 
    Y es entonces cuando saca a relucir al Tío Sam que va a “tratar de detener la espiral de decadencia que atraviesa Occidente de la misma forma en la que Occidente forjó su grandeza a través de la dominación mundial”. Le molesta al joven articulista la pereza de la población occidental que no se anima a luchar “por la dominación mundial” porque "es desagradable, impopular, cuesta dinero, y sobre todo, vidas humanas, pero lo contrario es la derrota en todos los ámbitos". 
 
 
     Necesitamos que vengan a mostrarnos lo desagradable que es, a veces, la realidad, como si no lo viéramos con nuestros propios ojos todos los días. De ahí saca el autor la conclusión errónea de su análisis demasiado realista, que nos fuerza a elegir entre civilización occidental y barbarie, como si no fueran lo mismo.

martes, 3 de marzo de 2026

Mono- y politeísmo

    En la Biblia la serpiente le susurra a Eva que si ella y Adán comen del fruto del árbol prohibido que crece en mitad del jardín del edén, al que Dios les ha dicho que no se arrimen so peligro de muerte, no sólo no morirán, como les había dicho Dios, sino que se les abrirán los ojos y serán, atención, como dioses, conocedores del bien y del mal. El texto latino reza literalmente así: Scit enim Deus quod in quocumque die comederitis ex eo, aperientur oculi vestri, et eritis sicut dii, scientes bonum et malum.

Adán y Eva, Lucas Cranach el Viejo,  entre 1520 y 1525

    ¡Ay!, ahí hay una treta diabólica. A nadie se le oculta que la serpiente que tienta a Eva es el mismo demonio. La argucia dialéctica que emplea el Maligno no consiste sólo en desmentir a Dios asegurándoles que no van a morir o en utilizar una metáfora como “se abrirán vuestros ojos”, cuando ni Adán ni Eva eran ciegos: lo que la diabólica serpiente está haciendo, y no sólo diciendo sino haciendo con su decir, es algo inaudito y realmente prohibido como es declinar la palabra Deus (Dios) en plural dii (dioses).

    La serpiente le está enseñando algo insólito en un mundo abocado al monoteísmo patriarcal judío, cristiano e islámico, poniendo el primer fundamento del arte de desobedecer al negar la singularidad del único dios verdadero. Y no sólo eso: el diablo no sólo admitía la posibilidad de que hubiera otros muchos dioses, sino que, mucho más importante, estaba convirtiendo un nombre propio (Dios) en nombre común (dios), invirtiendo el proceso recorrido por la palabra que en principio fue un nombre común (dios) que se convirtió en propio (Dios) y pasó a escribirse entre nosotros con inicial mayúscula, como todos los nombres propios.

    Al parecer el dios del Antiguo Testamento era “elohím”, un antiguo nombre común y plural que significaba algo así como “espíritus divinos”, que pasa a identificarse enseguida desde los escritos más antiguos con el tetragrámmaton  יהוה (YHWH: Yod, He, Waw, He), en realidad impronunciable por la falta de sonidos vocálicos, que suele leerse como Yahvé o Jehová, ya convertido en nombre propio y singular. De varios y muchos seres divinos indefinidos pasamos a uno solo bien definido. 
 
    No se trata del paso del politeísmo al monoteísmo todavía, sino de algo previo: se pasa de nombre común a nombre propio. El nombre común nos remite al significado de la palabra y al número de casos a los que se aplica ese significado en la realidad, mientras que el nombre propio carece de significado en principio –el hecho de que haya mecenas en el mundo es posterior a la existencia de Gayo Cilnio Mecenas, que dio un significado a su nombre y un sentido a su vida patrocinando a los poetas y artistas- y de número, pues ni siquiera podemos decir que se trata sólo de un caso singular y único, sino del único caso singular y único (Dios). 

Adán y Eva en el jardín del Edén, Gustave Courtois (1899)

    Esto es lo que comentaba, escandalizado, el piadoso y benedictino Pedro Damián al respecto en el siglo XI: 'Ahí lo tienes, hermano, ¿quieres aprender gramática? (Ecce, frater, uis grammaticam discere?) Aprende a declinar Dios en plural. (Disce Deum pluraliter declinare). El taimado maestro, en efecto, al fundar nuevamente el arte de la obediencia, introduce en el mundo una regla inaudita de declinación a fin de adorar también a muchísimos dioses (Artifex enim doctor, dum artem obendientiae nouiter condit, ad colendos etiam plurimos deos inauditam mundo declinationis regulam introducit)'.

    Por cierto, la traducción que tengo a mano de la Biblia, la de Nácar-Colunga (trigésima edición, 1975), dice: “Seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”. No debió parecerles bien a don Eloíno Nácar Fuster y a don Alberto Colunga Cueto, sus traductores, así como a la censura eclesiástica que revisó la traducción, que se declinara Deus en plural, y que además se escribiera, como nombre común, con minúscula, como hacía la serpiente, y que por lo tanto se tradujera: “Seréis como dioses”. No vaya a ser que introduzcamos nuevamente el politeísmo en un mundo donde ya tenemos bastante con los diversos dioses monoteístas que aspiran a ser el único y verdadero: Yahvé, Dios y Alá.
 
    La Biblia de Torres Amat, traducida de la vulgata latina al español en 1823 teniendo presentes los textos originales hebreo y griego, que realizó el obispo Félix Torres Amat, es más literal y dice: "Sabe empero Dios que en cualquier tiempo que comiereis de él, se abrirán vuestros ojos; y seréis como dioses, conocedores de todo del bien y del mal". Y en nota aclara: "Puede traducirse: Seréis como Dios".
     
    Sacaba el otro día Félix de Azúa un artículo titulado “El gran libro” en el que hablaba de las religiones “del libro”: el judaísmo, el cristianismo y el islam, cada una hija de la anterior, en ese orden, Escribe Azúa: “Que un libro (al que llamamos la Biblia, porque quiere decir “el Libro” -en realidad apostillo yo es un plural griego: 'los libros', por lo que a veces se ha denominado el libro de los libros-) sea el fundamento de las tres últimas religiones conocidas es algo difícil de explicar. Es el magno secreto”. 
 
     La primera traducción de la Biblia al español, en realidad judeo-español o ladino, data de 1533 y es la Biblia que se editó en Ferrara, llamada biblia de los conversos o de los sefardíes. Está traducida directamente del hebrero por judíos sefardíes que buscaban una fidelidad literal al texto original. Al parecer su divulgación no fue muy extensa porque no coincidía exactamente ni con el sefardí ni con el ladino, al tratarse de un español hebraico o judaizante absolutamente original. Así comienza, tomo el dato del artículo de Félix de Azúa, el comienzo del Génesis, el libro que abre la Biblia: «En principio crió el Dio a los cielos y a la tierra. Y la tierra era vana y vacía, y escuridad sobre faces de abysmo, y espíritu del Dio se movía sobre faces de las aguas». 

    La primera frase en hebrero es Bereshit bará Elohim et hashamayim ve'et ha'aretz בְּרֵאשִׁית בָּרָא אֱלֹהִים אֵת הַשָּׁמַיִם וְאֵת. Dios se dice en hebrero Elohim (אֱלֹהִים), un plural con sentido de majestad que lleva el verbo en singular, como si dijéramos “el conjunto de dioses creó”, que podría entenderse como 'espíritus divinos, divinidades'.

    Traducían los judeo-españoles Elohim “el Dio”, a la italiana, porque “Dios”, acabado en -s, les sonaba a plural (que no lo es en latín, Deus) y eso les parecía que era poco adecuado porque querían subrayar su singularidad. Y comenta De Azúa: “El suyo era un monoteísmo férreo y militante, como todo lo de este país”.
 
    Pero hay otra cosa que podemos comentar y es -al margen de la inicial mayúscula- el uso del artículo: el Dio, que revela que todavía no se ha consumado el paso de nombre común a nombre propio: el paso de “el dios” a “Dios”, un paso que, por cierto es muy similar, al de Biblia, originalmente nombre común y plural -los libros- que se convierte como por arte de magia y excelencia en El Libro, el libro sagrado, el libro de los libros. 

lunes, 2 de marzo de 2026

Pareceres CII

497.- Griego antiguo. Llevo años escuchando las mismas monsergas y pamplinas sobre la inutilidad del estudio del griego antiguo en los institutos, porque, vamos a ver, «¿para qué sirve?». Según los desorientados orientadores de los Departamentos de Orientación el griego antiguo es simplemente una lengua más que aprender, entre tantas otras, como el inglés, con la desventaja de que ya no se habla -o lo que se habla, que es el griego moderno, se habla tan poco que resulta insignificante- y la ventaja de que el inglés es una lengua viva y se habla a lo largo y ancho de todo el mundo. Pero no es así. El griego antiguo es mucho más que una lengua. Quien haya traducido a Platón sabe lo que significa perseguir una subordinada dentro de otra subordinada, suspendido en el vacío del significado, hasta que de repente todo se ilumina. Los mitos griegos no son cuentos para entretener a los niños. Son las primeras e insuperables cartografías del alma humana: la hybris o soberbia, la némesis, y el destino que se cumple precisamente al intentar evitarlo: Ningún manual de psicología ni de autoayuda al uso puede sustituir a Edipo, Prometeo, Antígona, Sísifo... Pero qué importa, lo importante hoy en día son las «competencias curriculares» orientadas a preparar al futuro currante/parado para el mundo del trabajo y a la prostitución del 'mercado laboral'. Todo debe ser «útil», y tender a eso. Y, desde luego, el griego no sirve para nada de eso. 
   498.- In the army now.  Los gobernantes europeos siguen erre que erre insistiendo en la guerra contra Rusia. En algunos países del viejo continente ya ha comenzado el reclutamiento para un conflicto inminente. Hasta hace poco, las naciones escandinavas eran idealizadas como lugares modernos y progresistas ideales para vivir. Su población, con un alto nivel cultural y económico, abrazaba los valores liberales y rechazaba el patriotismo etnocéntrico abriendo sus puertas a los inmigrantes, en particular a los musulmanes. Solo contaban con ejércitos simbólicos que impulsaban políticas de diversidad e igualdad. Pero se acabó el pacifismo: Suecia y Finlandia, tras décadas de neutralidad, se han unido a la OTAN. Sus ciudadanos se enfrentan al alistamiento para una posible guerra, que incluye a las mujeres, porque ahora el reclutamiento se plantea con perspectiva de género, por mor de la plena igualdad. ¿Se extenderá por toda Europa el servicio militar obligatorio? Para calmar la preocupación, el gobierno español afirma que no es necesario... de momento por ahora. Pero los gobiernos, como se vio durante la pandemia del virus coronado y las campañas del Cero Neto, no pintan gran cosa a la hora de tomar las decisiones que más nos afectan, sino Don Dinero, el más poderoso de todos los caballeros.
 
Señales, Chelo (2025)
 
499.- Libertad de elección. Hay quien confunde posibilidad de elección con libertad, y cree que somos libres porque podemos elegir democráticamente entre varios partidos políticos que nos gobiernen.¡Qué ingenuidad! Cuando elegimos entre varias opciones, nos sometemos a la tiranía de la oferta previa que hay en el mercado. Y eso no es libertad, sino sumisión. La libertad se definiría negativamente cuando no hubiera mercado ni oferta previa que condicionara nuestra elección, sino un verdadero mar de posibilidades en el que poder naufragar, y que, por lo tanto, nuestras opciones no dependieran de los intereses económicos, a los que suele responder la demanda de nuestra voluntad supuestamente libre y nunca más sumisa que cuando se plantea qué elegir en una espiral o círculo vicioso en que la serpiente se muerde la cola y ya no sabemos si es la oferta la que genera la demanda o la demanda la que crea la oferta. La acción de elegir aumenta la ceremonia de la confusión, porque en lugar de mostrar así nuestra libertad, fortalecemos la voluntad individual y personal, creando nuestro ego, ese fetiche que se convierte en nuestro carcelero, esa fragilísima burbuja de cristal en la que vivimos, esa ilusión, falsa como todas las ilusiones, de libertad. 
  
500.- Novela: Ante la imposibilidad de definir lo que es una novela con una definición que incluya todos los especímenes de ese género literario que acabó engullendo todos los demás géneros, carente de musa a diferencia de la tragedia (Melpómene), la comedia (Talía), la poesía lírica (Érato) o la Épica (Calíope) porque fue históricamente el último que surgió y el único que ha sobrevivido, Baroja optó por decir que era un saco en el que cabía todo.  Cela, por su parte, le puso la puntilla afirmando que novela es «todo aquello que, editado en forma de libro, lleva debajo del título y entre paréntesis la palabra "novela"». Ontológicamente la definición de Cela es impecable: una cosa es lo que se vende como tal cosa en el mercado bajo esa etiqueta. Y no hay mucho más que hablar.
 
  
501. - ¿Quién lava más blanco? Resulta curioso el repertorio de significados que atribuye la docta Academia al término blanquear, desde poner blanco algo, con sinónimos como blanquecer, enjalbegar, albear, enyesar, mostrar la blancura que tiene una cosa, hasta 'ajustar a la legalidad fiscal el dinero negro'. Es esta última expresión la que nos interesa porque contrapone el dinero blanco al dinero negro. Hay un dinero 'negro' que puede hacerse 'blanco' es decir, un dinero 'malo' que puede volverse 'bueno', porque estos colores son la metáfora moral y maniquea del bien y del mal. Y es curioso el uso que hacen los políticos, que no dejan de ser economistas, de la expresión 'blanquear', que los progresistas utilizan para la dictadura, que es intrínsecamente perversa y, critican a los nostálgicos que quieren blanquearla, es decir, presentarla como buena a los ojos de las nuevas e incautas generaciones. Quizá no deberíamos usar ningún detergente para blanquear el franquismo, o sea, la dictadura que padecimos en España, pero tampoco deberíamos blanquear la democracia que padecemos ahora en contrapartida y sus instituciones, a saber, las Comunidades Autónomas, el Estado Central, el Congreso, el Senado, el Ente Público de TVE y de Radio Nacional, RENFE, el CIS, la Casa Real, el Gobierno, el INI, o cualesquiera oras de las siglas con las que nos bombardean todos los días. Hay muchos jóvenes frustrados cuya rabia contra el sistema se encauza hacia el nazismo, el racismo y las organizaciones de ultraderecha, no por lo que afirman, que es algo completamente vil y despreciable, con lo que no se puede estar cabalmente de acuerdo, sino por lo que niegan, ya que se oponen radicalmente al sistema democrático vigente de dominación, no menos vil y despreciable.