martes, 15 de septiembre de 2026

... y migajas.

MIGAJAS 
 
El finiquitado mes de agosto del corriente año del Señor de 2026 fue el más cálido desde que se tienen registros registrados en la historia climática mundial. 
 
Si su partido gana las elecciones de mitad de mandato, ofrece cinco mil dólares a cada ciudadano adulto de los Estados Unidos, una suculenta promesa electoral. 
 
  
 
No hay palabras para describir la experiencia de las cosas, y, si creemos hallarlas y las empleamos, se quedan cortas enseguida, son insuficientes, nos engañan.
 
 Después de los formularios que requieren mis datos personales me piden que haga la declaración solemne de que “No soy un robot”, algo que a mí me desconcierta. 
 
Unos te piden que verifiques que eres un ser humano y otros que verifiques que no eres un robot, como si a estas alturas no fueran lo mismo lo uno que lo otro. 
  

Le debemos al epigramista John Owen una perfecta definición de la muerte (mors incertarum rerum certissima), como la más certera de todas las incertidumbres.
 
El Memento mori (ten presente tu futuro: que vas a morir) es nuestra condena a muerte, sentenciados como estamos por el propio recordatorio a la pena capital. 
 
 
 
 Va a lanzarse / -¡agarrarse!- / pronto el euro digital. 
 Puñetero, / el dinero / cambia y así sigue igual. 

lunes, 14 de septiembre de 2026

Migas...

 MIGAS

 
LA ENSEÑANZA EN EL SIGLO XXI. -Hay que analizar, es decir, desmenuzar, desintegrar esos tópicos pedagógicos solemnes que no significan nada, jerga con la que se llenan las bocas psicopedagogos o pedopsicagogos con un desparpajo propio de ignorantes, que son capaces de hablar y de escribir una página con una sintaxis perfectamente impecable y no decir nada absolutamente, charlatanes de feria que le pueden vender un falso crecepelo a un melenudo. Aseveran por ejemplo que en pleno siglo XXI no se puede enseñar igual que hace mil años. ¿Por qué no se puede enseñar igual? Hay cosas que hacemos igual hoy que hace mil años, y no hay otra forma de hacerlas: por ejemplo el amor, por ejemplo soñar. ¿Por qué no se puede soñar y hacer el amor hoy igual que hace mil años? ¿Por qué no se va a poder aprender hoy igual que ayer e igual que siempre?
 

EPINICIO.-  El poeta escribió un epinicio o himno para celebrar la victoria generalmente de un atleta, como hiciera Píndaro en grandilocuentes versos que serían interpretados por un coro. El poeta, a diferencia del maestro de la lírica coral, ha renunciado a la grandilocuencia. Su epinicio está, pues, desnudo de alusiones como un atleta griego antiguo y olímpico, y se centra en el meollo de la victoria que se pretende celebrar, y que finalmente no se celebra: Joven, guárdate de obtener / los laureles de la victoria; / es mejor, créeme, lograr / menos éxitos, más derrotas.

INMORTALIDAD.- Cuentan que la vieja Sibila, a la que le había sido otorgado el divino don de la inmortalidad pero no así el de la eterna juventud, por lo que envejecía miserablemente dejando atrás innumerables cosechas y vendimias, convertida en una especie de chicharra arrugada y monstruosa, colgaba de una jaula como si fuera una grotesca atracción de feria, y cuando los muchachos le preguntaban qué es lo que quería, Síbylla, ¿tí théleis?, les respondía con su sibilina voz ya chirriante: apothaneîn thélo, o lo que es lo mismo: Quiero morir.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Pareceres CXXIV

610.- Oír y escuchar. ¿Quién es hoy realmente capaz de escuchar al prójimo, es decir, al próximo, al que tiene al lado, aparte del sacerdote antaño en el confesonario o del psicagogo hogaño o psicoterapeuta? Si una persona necesita desahogarse y soltarse la faja que lo oprime, se encuentra con interlocutores que, en lugar de escucharle, se limitan, en el mejor de los casos, a oírle como el que oye llover, esperando el momento de meter baza y soltar su opinión en su turno de palabra. Esto ocurre porque la mayoría somos oyentes y no escuchantes, porque escuchar de verdad es un acto de renuncia, significa dejar de lado la propia opinión personal y posición, y guardar silencio prestando oídos no para intervenir sino para acoger lo que el otro está diciendo, sin preparar ya, mientras aún habla, la réplica anecdótica que demostrará lo ingenioso que es uno, lo mucho que ha vivido y la experiencia que tiene de la vida. Cuando escuchamos, suspendemos temporalmente nuestra necesidad de protagonismo, juicio y respuesta inmediata para otorgarle el centro de gravedad a la otra persona que nos cuenta sus problemas. ¿Cuánta gente es capaz de hacerlo? Muy pocas personas, así que al final quien necesita desahogarse acaba pagando a psicoterapeutas y psicagogos varios, ya sea presencialmente o, último modelo de la medicina, onláin, a través del teléfono supuestamente inteligente o de la supuesta Inteligencia Artificial, solo por la necesidad de... que alguien nos escuche. Y uno saca la tarjeta para pagar por que lo escuchen, delegando en los “especialistas” cuando bastaría con tomarse un café con un amigo que no se limite a oír lo que le cuentan. 
  
611.- Descubriendo el Mediterráneo. “El calor extremo aumenta la desigualdad: a menor renta, menor refrigeración” Titular de un periódico progresista independiente de los grandes grupos económicos, democrático, descentralizado y colectivo, que aún publica en papel, aunque tiene su versión onláin, en el que escriben, dicen, analizando. Y citan un estudio que relaciona el poder adquisitivo con las necesidades de instalar sistemas de refrigeración. Un hogar de renta alta tiene muchas más probabilidades de tener aire acondicionado que uno de renta baja. El análisis que hace es reversible, habida cuenta del cambio climático, y aplicable al crudísimo invierno. Podrían sin duda citar en apoyo de su concienzudo análisis algún estudio académico que relacione el poder adquisitivo con las necesidades de instalar sistemas de calefacción, dado que el frío extremo aumenta la desigualdad social: a menor renta, menos calefacción. Un hogar de renta alta tiene indudablemente muchas más probabilidades -suelo radiante, calefacción central de aerotermia, geotermia, caldera tradicional de gas o de gasóleo, radiadores eléctricos...-, de tener un sistema de calefacción que uno de renta baja, porque todo depende del dinero que se tenga. 
 
 
612- Videovigilancia vandálica ojo avizor. Los municipios de la comunidad autónoma de Cantabria creen haber encontrado la solución mágica que pondrá freno al vandalismo desatado. Hartos de gamberros, grafiteros pintamonas y ladrones de poca monta han hecho realidad lo que Órgüel relató en su celebérrima novela , el ojo omnividente del Gran Hermano. Los ayuntamientos apuestan cada vez más por la instalación de cámaras de videovigilancia como solución para tener controlados a los incívicos vecinos y actuar ante sus destrozos, ya que hasta ahora era necesario pillarlos in fraganti, pues las plantillas policiales no son lo suficientemente amplias para patrullar las veinticuatro horas del día. Confían los consistorios de la taifa cántabra en el poder disuasorio de las cámaras, ignorando lo fácil que es burlar su vigilancia visual tapando dichas cámaras o encapuchándose. Pero lo cierto es que el número de dispositivos de videovigilancia ha aumentado en los últimos cuatro años considerablemente, según la Delegación del Gobierno de dicha comunidad, ya que en el año del Señor de 2022 había registradas 774 cámaras y ahora pasan del millar, siendo veinticuatro los municipios que cuentan con algún tipo de instalación videovigilante.
 
  
613.- Una muerte sostenible. Un anuncio publicitario de una funeraria ecológica nos ofrece un funeral tan sostenible que le entran a uno ganas de morirse de gusto y a gusto, y quedarse tranquilo para sus restos por colaborar con su muerte verde, que te quiero verde, a la salvación del planeta y del medio ambiente. El tanatorio de dicha empresa funeraria utiliza féretros ecológicos y urnas biodegradables. A ello se suma el hecho de que su propio crematorio posee un sistema de filtración de emisiones a la atmósfera. Pero no se queda ahí la cosa, ofrecen ceremonias civiles y religiosas y apoyo psicagógico al inevitable duelo de deudos y familiares, porque el difunto, naturalmente, no necesita ya ningún apoyo de este tipo. Pero además nos aseguran traslados nacionales e internacionales e incluyen la repatriación de los cadáveres. ¿Qué más se puede pedir?  Un funeral ecológicamente sostenible busca reducir a su mínima expresión el impacto medioambiental de los entierros y cremaciones tradicionales, evitando Las prácticas funerarias convencionales que utilizan materiales contaminantes como formol para embalsamar, cemento en las tumbas y maderas tratadas, además de generar altas emisiones de carbono en las incineraciones. 
 
614.- La moneda definitiva. Time is the ultimate currency ha dicho el hombre más rico del mundo. O sea algo así como que el tiempo es la moneda definitiva. Y no le da derecho a decirlo el hecho de que él sea el que más dinero acapara del mundo. No por haber acumulado más caudal va a tener más razón que nadie. Pero no ha dicho nada que no haya sido dicho ya con anterioridad. No solo por el adagio time is money, y su correlato castellano: el tiempo es oro, que se puede revertir sin controversia: money is time, el oro es tiempo. Sin ir muy lejos, recordemos el título de la canción del llorado David Crosby y de su banda CPR, que fuera, además de guitarrista y cantautor, uno de los fundadores de The Byrds, y después de Crosby, Stills, Nash and Young: Time is the final currency. David Crosby cantaba que el tiempo era la última moneda, no el dinero ni el poder y que llegaría el momento en que daría cualquier cosa... por una hora más de vida. Ignoraba el cantante o no quería reconocer que esa última moneda era lo que a uno le daba el dinero y el poder, porque de la vida ¿quién la ha visto y sabe lo que es? 
 
 
 

sábado, 12 de septiembre de 2026

"Dame la libertad"

Juan Peña "El Lebrijano" (1941-2016) cantaba, acompañado por la Orquesta Andalusí de Tánger en 1987, «Dame la libertad», cuya letra compuso el poeta José Manuel Caballero Bonald (1926-2021). 
Viñeta de Ricardo Liniers Siri
 
 Dame la libertad del agua de los mares, 
Dame la libertad de la tormenta,
 Dame la libertad de la tierra misma,
 Dame la libertad del aire,
 Dame la libertad de los pájaros de las marismas,
 Vagadores de las sendas nunca vistas.
 
 De noche mi corazón
 conmigo mismo pelea
 si eso se llama vivir, 
que venga Dios y lo vea. 
 Al moro me fui a buscarte, 
en tu casa me metí, 
y ahora que estamos juntitos, 
a ver quién me aparta a mí. 
 
Dame la libertad del agua de los mares...

 Unos le rezan a Dios,
 y otros le rezan a Alá,
 y hay quién se queda callado,
 que es su forma de rezar 
 A ver si llega la hora, 
a ver si tú te das cuenta, 
que lo que está bien perdido, 
ni se busca ni se encuentra
 
 Dame la libertad del agua de los mares


Y esta es la versión que la cantaora Argentina hace del mismo tema en el homenaje que se le dedicó al Lebrijano en Sevilla en 2019.

 

 


viernes, 11 de septiembre de 2026

La bandera de España más grande del mundo

    Ondea la bandera rojigualda, que es el pendón nacional de las Españas, coronando el circuito de Madring (sic), en el recinto de la Institución Ferial de Madrid, más conocida por su acrónimo IFEMA, un consorcio dedicado a la organización de ferias, eventos, salones, congresos y demás saraos de ocio en el recinto habilitado a tal finalidad. 
 
    La bandera fue izada por primera vez a mediados de junio y permanecerá como elemento fijo del recinto más allá del fin de semana de la carrera como dábamos cuenta en De Madring al Cielo. No es una bandera cualquiera, es más que eso: es la bandera de España más grande del mundo mundanal. Ninguna otra enseña nacional izada de forma permanente sobre mástil alcanza esas descomunales dimensiones. Hasta ahora, la mayor rojigualda era la de la plaza de Colón, izada por primera vez el 12 de octubre de 2001, día de la fiesta nacional, pero esta de Madring, el 'loco' -mad- 'ring' -anillo-, la supera en superficie y en altura. 
 

    Este fin de semana, del 11 al 13 de septiembre, la villa y corte acoge el Gran Premio de España de Fórmula 1® 2026 -la erre encerrada en un círculo es abreviatura de Registered Trademark-, que devuelve a la capital el Mundial de los coches de carreras cuarenta y cinco años después de la última carrera celebrada en el recinto de El Jarama, en el Año del Señor de 1981. 
 
    El trazado semiurbano tiene veintidós curvas peligrosas que deberán sortear los pilotos alcanzado a veces velocidades punta por encima de los trescientos quilómetros por hora, con la curva peraltada de La Monumental como seña de identidad, desde la que ha declarado el alcalde de la ciudad, antes de experimentar el vértigo al volante de un automóvil, sin pisar el acelerador más de la cuenta, la parábola feroz de dicho peralte: "La curva es un espectáculo, solo ves el cielo". Hacía de algún modo verdad el regidor municipal aquello que reza el propio himno de la comunidad autónoma madrileña, ese político ensueño: «Y ése es mi anhelo, / que por algo se dice: / de Madrid, al cielo».
  
    Solo se ve el cielo desde esa curva, y ondeando en el cielo la espectacular e imponente bandera de las Españas coronando el horizonte del recinto. ¡Donde lo hay, que se vea!
 
    El filósofo controvertido, es decir, vuelto contra sí mismo y contra lo que salía por su propia boca cuando era más joven,  Fernando Savater, escribió esta preciosa reflexión sobre las banderas en su obra juvenil Las razones del antimilitarismo y otras razones (1984) : “Hoy todavía se nos presenta como el mayor mérito de las banderas el que mucha gente ha dado su vida por ellas y pocos se atreven a ver precisamente ahí la mejor razón para detestarlas”. Era una profunda crítica al nacionalismo, al militarismo y a la glorificación del sacrificio patriótico, que me parece oportuno recordar.
 
    Históricamente, el valor de una bandera o de una nación se medía por el heroísmo de quienes habían muerto defendiéndola, otorgándole de paso un significado a su propia vida que, sin esa muerte heroica, se vería privada de sentido. La sangre derramada se presentaba como el máximo símbolo de honor y devoción. Savater daba la vuelta a ese argumento sosteniendo que si una bandera (o la idea de patria que encarna) exige que la gente muera por ella, ese es precisamente el motivo más poderoso para rechazarla y aborrecerla. En lugar de ver el sacrificio como un mérito, lo ve como una tragedia innecesaria provocada por la manipulación ideológica que idolatra símbolos que solo sirven para justificar guerras, divisiones y, en definitiva, la pérdida irreparable de vidas humanas.
 
    En Contra las patrias, publicado ese mismo año, por Tusquets editores, Savater escribía: “La patria hay que sentirla”, “quien la discute no es un bien nacido”, “su unidad es sagrada”, etc., declaraciones rotundas destinadas a cerrar el paso a cualquier reflexión sobre una realidad cuya fuerza aunadora consiste en no soportarlas, en rechazarlas de antemano todas. Se mostraba en aquel libro, que dedicó a Rafael Sánchez Ferlosio “con el debido cariño y respeto”, calificándolo de “el menos nacional de los clásicos castellanos”, enemigo de todas las patrias, salvo de una, la que según él reveló el poeta Rainer María Rilke: “la única y auténtica patria del hombre es su infancia”. Razonaba allí Savater que si no hubiera enemigos no habría patrias y que quedaba por ver y saber si habría enemigos en el caso de no haber patrias... Y concluía con que la idea de patria era una noción vergonzosamente teológica, tanto más destructiva cuanto más imperiosamente monoteísta fuera la deidad que la animaba.

jueves, 10 de septiembre de 2026

El Reloj

    'The Watch' (El Relojes un cortometraje publicitario en blanco y negro que dura poco más de medio minuto, treinta y seis segundos exactamente, y que ha sido creado íntegramente mediante IA generativa por un tal J. Felipe Orozco en abril de 2026. El cortometraje ganó el Grand Prize / Commercial of the Year de los primeros Generated Awards, celebrados en Nueva York en mayo de este año. Un escolar que sufre acoso lleva un reloj analógico de pulsera de la marca ficticia "Knight" (caballeroy descubre que la corona funciona como una máquina del tiempo. Al girarla hacia delante o hacia atrás, puede hacer que su edad avance o retroceda. El supuestamente mismo individuo aparece sucesivamente y en orden creciente como niño, joven, adulto y anciano. Finalmente, el reloj pasa a una mujer mayor, que puede recuperar en orden cronológico decreciente momentáneamente su juventud y aun su niñez. Y al final aparece el eslogan publicitario: FOR EVERY VERSION OF YOU (Para cada versión de ti).
 
  
    Pero no es un anuncio publicitario en sentido estricto que una marca de relojes haya encargado a un publicista. Es una demostración, más bien, de lo que un publicista puede hacer con la herramienta de la Inteligencia Artificial generativa o creativa. Lo que hay detrás es muy sencillo: el reloj -y por antonomasia el tiempo- permanece mientras nosotros, las personas y las cosas, cambiamos. Aquí el reloj no sirve como cronómetro para medir el tiempo sino para viajar a lo largo de él. El sencillo acto de dar cuerda al reloj hace que avance y retroceda uno en el tiempo a su capricho. 
 
    Todo es artificial en esta pequeña producción cinematográfica: actores, escenarios, iluminación, movimientos de cámara, etcétera. Todo ha sido generado artificialmente. Todo es ficticio aquí: el reloj, la marca del reloj, los personajes, la historia, hasta la canción francesa melancólica y triste que habla de un abandono y se oye de fondo cantada por una voz femenina de una cantante inexistente que viene a decirnos en la lengua de Molière: «Tu as laissé ta tasse encore tiède sur l’évier. Un cheveu blond qui casse sur mon pull, des plis flous d’hier… Ton livre ouvert en travers d’une phrase soulignée. Rester, c’est parfois se taire. Tu l’as lu. Tu es parti quand même»; lo que viene a ser algo así como: Has dejado tu taza aún tibia sobre el fregadero. Un pelo rubio que se ha quedado en mi jersey, las arrugas difusas de ayer… Tu libro abierto de lado, una frase subrayada: Quedarse es, a veces, callarse. ¿Lo has leído? Te has ido de todos modos.
 

    Creada la canción también por la IA está, al parecer, teniendo cierto éxito comercial, por lo que está disponible en casi todas las plataformas. Se titula Quand même, algo así como “sin embargo” o “de todos modos”.
 
    ¿Qué anuncia, en definitiva, y qué nos está vendiendo este comercial publicitario si no es un reloj y un viaje en el tiempo?  Lo que hace no es otra cosa que publicidad indirecta de la propia IA que, bien guiada, puede llegar a emocionarnos y a convencernos creando cosas como este cortometraje, cuyo eslogan «For every version of you» dice más de lo que parece a primera vista, porque no dice: «For the person you are», para la persona que eres, sino para cada versión de ti, lo que supone que tú (o que yo, que para el caso es lo mismo) no eres una identidad fija, sino una sucesión de versiones de ti mismo. El niño, el adolescente, el adulto, el anciano no son cuatro personas: son cuatro versiones de una misma persona. 
 
    El reloj, concebido como máquina del tiempo de película de ciencia ficción, es lo único que tienen en común todas las versiones de uno mismo. Tiene la capacidad de hacer que el usuario adelante o atrase su edad, falsa publicidad que nos sugiere el viaje en el tiempo hacia un pasado y hacia un futuro inexistentes. Y he aquí la gran paradoja: el reloj, que es el instrumento que nos hace creer que el tiempo pasa, se convierte en aquello que permanece idéntico mientras los que pasamos somos nosotros, es decir, todas nuestras versiones originales. 
  

          Yo diría que no pasa el tiempo. ¿Qué es lo que pasa? Lo que pasa —lo que cambia, aparece, desaparece, envejece, se transforma— son las cosas y nosotros con ellas. Decimos «pasa el tiempo» porque nuestra experiencia del cambio necesita una especie de eje cronológico sobre el que ordenar los acontecimientos. Pero quizá estamos convirtiendo una relación entre acontecimientos en una cosa llamada «tiempo» que luego imaginamos en el espacio. Y quizá el reloj no cronometra o mide algo que pasa, sino que ordena que pase aquello que pasa. No pasa el tiempo, pasan las cosas. Y nosotros, mal que nos pese, somos una de esas cosas, los triviales e insignificantes homínidos que pasan. 
 
      El reloj funciona como testigo material de una identidad que se transforma sin dejar de ser reconocida como la misma. ¿Qué hace que el niño de cinco años y el anciano de ochenta sean el mismo? No su cuerpo, que ha cambiado completamente; tampoco sus pensamientos, sentimientos, recuerdos o deseos, que han cambiado como cambiaba, deteriorándose y reparándose, la nave de Teseo. Lo que llamamos «yo» parece consistir precisamente en esa extraña continuidad que atribuimos retrospectivamente a una sucesión de estados diferentes de un sujeto que necesita cambiar para ser el mismo.
 
    Hay un niño y un anciano relacionados por una cadena de transformaciones, y nuestra mente construye de esa cadena una identidad: lleva el mismo nombre, luego es el mismo hombre.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

"No quiero ir al cole" (y II)

  
   
    Para todo el mundo supone un duro palo el hecho de que hoy  sea el día que es, 9 de septiembre del año del Señor de 2026, cuando se publica esto, y que haya que volver al cole por lo tanto, una vez salvado el pequeño escollo del calendario gregoriano que nos impuso el papa Gregorio XIII en el siglo XVI para corregir el leve error de cálculo del juliano, que había decidido que el año duraba 365,25 días, con su correspondiente bisiesto cada cuatro años para redondear la edad del mundo, sin tener en cuenta que el año solar duraba unos once minutos menos. Once minutos, una insignificancia, pensaría cualquiera; pero, cuando esos minutos se acumulan anualmente durante siglos, hasta los minutos acaban pasando factura, y, sumados, se hacen horas, y las horas días. Así fue como aquel leve error llegó a convertirse en diez días de desfase respecto del año astronómico. De modo que, para poner las cosas en su sitio -porque el tiempo, al parecer, también necesita que lo pongan en su sitio, que es el espacio-, el 4 de octubre del año del Señor de 1582 no dio paso al 5, como habría sido de esperar, sino al 15 de octubre, comiéndose diez días de golpe y sopetón. 
 
    En el mundo 'educativo' hay un aspecto novedoso en esto de la vuelta al cole: cuadernos nuevos, lápices nuevos, aulas nuevas, profes nuevos, amigos que se reencuentran y otros nuevos que se hacen... La novedad puede hacer que algunos niños, pervertidos por el sistema, deseen la vuelta al cole y la rutina para liberarse temporalmente de sus padres entregándose a sus maestros. Pero la adaptación nunca será fácil en todo caso. Hasta ayer tenían verano: dormir sin despertador, la playa, jugar, días interminablemente largos sin la imposición de horarios establecidos. Y de repente vuelve el despotismo del reloj: "despierta", "vístete", "vamos, anda". Vuelta al colegio, leer, escribir, actividades, deberes, acostarse temprano, madrugar... Los progenitores suelen estresarse tanto como sus vástagos, y los profesores tanto como sus alumnos: "Tenemos que establecer un horario". "Tenemos que limitar el tiempo frente a las pantallas". "Tenemos que acostarnos más temprano." "Tenemos que poner un poco más de freno"...
 
 
    ¿Y qué hacemos los mayores cuando nuestras adorables criaturas nos dicen a veces con las lágrimas en los ojos: "No quiero ir a la escuela"? "Tienes que ir, hijo para ser algo el día de mañana y para ganarte la vida honestamente, como se decía antaño con la coletilla de la honestidad, que ahora ya no se dice, porque se ignora lo que es y porque lo que se quiere decir con lo de ganarse la vida es que la vida no es un don que se nos da gratis y con amor, sino que hay que trabajar duramente y sufrir para ganársela, convertida en dinero, dinero, como sea, equiparando lo uno con lo otro, la vida con el dinero.   
 
 
    Es duro porque es la voz del corazón la que nos está interpelando y diciendo que algo se revuelve en nuestro interior, porque nosotros hemos pasado también por eso, y la voz que oímos los adultos es el eco de nuestro niño interior. 

    «No quiero ir a la escuela» no es necesariamente un capricho, sino un mensaje que merece ser escuchado porque es nuestra propia voz la que nos habla y la que nos dice que no quiere volver a eso que llaman la "normalidad", que se confunde con la melancolía que suele acompañar al verano que concluye.

martes, 8 de septiembre de 2026

"No quiero ir al cole" (I)

    Septiembre, que era el séptimo mes, como su nombre indica, cuando el año se abría con el de marzo, dedicado a Marte, el dios de la guerra, antes de que se le pusieran por delante enero y febrero, y era el séptimo porque venía después del quinto, que pasó a llamarse julio enseguida, dedicado a Gayo Julio César, y del sexto, consagrado al emperador Augusto, que no quería se menos que su antecesor, significa que todo vuelve a empezar, que empieza un nuevo curso académico y también un nuevo curso político, después de las merecidas vacaciones de sus señorías y señoríos, desde el rey y la familia real en Mallorca y  el jefe del ejecutivo en Lanzarote hasta el último de sus vasallos en la playa, en el pueblo que lo vio nacer o en su propia o alquilada casa practicando el eufemismo de lo que se ha dado en llamar en la lengua del Imperio la staycation, consistente en quedarse en casa durante el período vacacional. 
 
 
    Deberíamos pararnos un poco a analizar el tópico que acabamos de soltar de “merecidas vacaciones”. Merecidas, etimológicamente significa “pagadas”, pero tiene también el sentido moral de que uno ha trabajado a fin de merecerlas, lo que implica que para tener derecho al descanso, a la desconexión, a la alegría o a la cada vez más lejana para algunos jubilación, el individuo debe haber pagado previamente un peaje infinito de sufrimiento, sumisión y esfuerzo laboral. 
 
Fotomontaje de Gabriel Pérez-Juana
  
    Traigo aquí a propósito la reflexión del imprescindible Rafael Sánchez Ferlosio, que analizó como nadie y criticó duramente la muletilla del "merecido descanso" (y, por extensión, de las "merecidas vacaciones") considerándola una muestra evidente de una ideología represora arraigada en lo más íntimo del lenguaje. Para el escritor y ensayista español, esta muletilla verbal -junto a otras como "una sana alegría" o "un honesto esparcimiento"- revela que nuestra sociedad contemporánea arrastra una profunda culpa moral frente al placer y el ocio. 
 
    Le daba la razón a Ferlosio la aplicación de la prueba inversa, que consiste en que a nadie se le ocurre anteponer “merecido” a sustantivos como “cansancio”, “tristeza” o aburrimiento”, por la sencilla razón de que aceptamos los estados negativos o de sumisión de forma natural y gratuita, mientras que los contrarios de bienestar y disfrute necesitan justificarse con nuestro previo sacrificio: hay que inmolarse para poder gozar de lo que uno se merece. 
   
 
    Pero volviendo a lo que íbamos al principio, que es la vuelta al colegio, no es que en septiembre empiece un nuevo curso político y académico, que se denominará 2026-2027 para que parezca distinto del precedente 2025-2026 y del consiguiente 2027-2028, sino que se renueva el viejo curso de siempre después del paréntesis estival, y se renueva asimismo el grito del niño cabizbajo, soñoliento y cargado con la mochila a sus endebles espaldas, así como el eco de  ese otro niño que todos llevamos dentro: "No quiero volver al cole", contra la dura y feroz realidad.      

lunes, 7 de septiembre de 2026

Corpus sanum?

     Rafael Sánchez Ferlosio escribió lo siguiente sobre el fomento del deporte en general y la educación física en nuestro sistema 'educativo':   

    Al lado de la espuria enseñanza de la historia como interés de Estado, hay que poner el cultivo escolar de los deportes, con mucha más acrisolada tradición de neto interés de Estado, agigantado hoy en día hasta un extremo nunca conocido. Una vez más, doña Esperanza Aguirre, en la ya repetida conferencia, reco­mienda el deporte en la enseñanza, encareciéndolo nada menos que como «una excelente escuela de vida», prime­ro porque «nos enseña a respetar un reglamento» y después porque «el deportista entrega siempre lo mejor de sí mismo sin escatimar esfuerzos ni sacrificios». Lo de que enseñe a respetar un reglamento bien se comprende en una adicta al liberalismo hayekiano, que no es capaz de imaginar más reglas que las de la pura y dura competen­cia, sin concebir que pueda haberlas no competitivas, como las de la lealtad, el socorro o la colaboración. Y en cuanto a que el deportista entrega lo mejor de sí mismo, ¿hay que pensar que lo mejor de uno mismo son las patadas, que es lo que entrega en el más popular de los depor­tes? Pero, además, ¡qué «humanidades», tanto ganar, ganar, ganar!, humano no es medirse con los otros hombres, sino ocuparse de las cosas. Finalmente, en lo que atañe a los esfuerzos y los sacrificios, siempre me ha parecido a medias incomprensible y a medias indecente que el vacío furor de ganar por ganar les lleve a algunos a tratar su cuerpo a latigazos, como si fuese su propio caba­llo de carreras. «Cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo mata moscas», dice el refrán; «Cuando el santo no tiene en qué pensar —parafraseo—, se desuella la espalda a zurriagazos». Y, sobre todo, tan sólo una mentalidad to­talmente aberrante puede considerar educativa y «de interés nacional» una asignatura que llega a dar lugar a si­tuaciones como la de «partido de alto riesgo». (Rafael Sánchez Ferlosio: “Borriquitos con chándal” en “Pedagogos pasan, al infierno vamos”, incluido en “La hija de la guerra y la madre de la patria”, editorial Destino, Barcelona 2002). 



    -¿Para qué, me pregunto yo,  tanta gimnasia, o educación física,  como se prefiere llamar ahora? ¿Para qué tanto gimnasio, que pululan como hongos por doquier últimamente -no hay población por muy pequeña que sea que no se enorgullezca de tener al menos uno, ya sea municipal o privado-? ¿Para qué tanto pilates que aúna el ejercicio físico con el control mental, basado en la respiración y la relajación mental? ¿Sirve todo eso para algo? ¿No sería mejor, dentro del sistema de enseñanza, dedicar ese tiempo a las matemáticas, a la lengua, al inglés o a cualquier otra asignatura o disciplina no vamos a decir que sea más útil para el día de mañana, que ese día no lo ha visto nadie todavía, sino para el día de hoy, a fin de desasnarnos?

    -Claro que sirve para algo, y no poco, sino mucho: la educación física, el ejercicio físico sirve muchísimo para el día de mañana tanto como las matemáticas, la lengua, el inglés, o la "espuria enseñanza de la historia como interés de Estado", que dice Ferlosio, porque su objetivo es lograr que los niños no se descuiden nunca, que se cuiden desde bien pequeños para que cuando sean mayores no dejen de ser votantes y contribuyentes sanos y saludables que harán ejercicio físico hasta que les llegue la hora en que llame la Parca a su puerta dando un sonoro aldabonazo o una patada, porque no se trata de esperarla uno sentado, llevando una vida sedentaria, sino un ritmo dinámicamente enérgico y activo. 

    La moderna preocupación por la salud corporal, tanto física como mental, se ha convertido en el síntoma enfermizo predominante de nuestra época, una obsesión similar a la búsqueda de la salvación del alma en la Edad Media, solo que ahora se busca la salvación del cuerpo de las llamas del infierno. De hecho la palabra latina salutem, de la que procede nuestra "salud", antes que salud, que en latín se decía sanitas o ualetudo, significaba “salvación”.


    Bertolt Brecht en el breve apólogo El esclavo de sus fines, incluido dentro de sus "Historias de almanaque", formula una tremenda pregunta retórica en relación con la educación física, la gimnasia y el deporte y, en general, con la poco saludable preocupación por la salud. Leámosla:

El señor K. formuló en una ocasión las preguntas siguientes: —Todas las mañanas mi vecino pone música en un gramófono. ¿Por qué pone música? Dicen que para hacer gimnasia. ¿Por qué hace gimnasia? Porque, según dicen, necesita fortalecer sus músculos. ¿Para qué necesita fortalecer sus músculos? Porque, como él mismo asegura, ha de vencer a los enemigos que tiene en la ciudad. ¿Por qué necesita vencer a sus enemigos? Porque, según he oído decir, no quiere quedarse sin comer. Tras enterarse de que su vecino ponía música para hacer gimnasia, hacía gimnasia para fortalecer sus músculos, fortalecía sus músculos para vencer a sus enemigos y vencía a sus enemigos para comer, el señor K. preguntó: —¿Y por qué come?

domingo, 6 de septiembre de 2026

Romance del Páramo de Masa

En el Páramo de Masa, 
allá en Castilla la Vieja, 
arrastra el viento el lamento
de un ánima siempre en pena. 
 
Sordas explosiones rompen
el silencio que campea.
Retumba, desierto, el yermo,
y estremecido retiembla. 
 
En la fragua de Vulcano 
que fabrica la tormenta
cientos de obreros trabajan
a sueldo para la empresa.
 
 Forjan armas explosivas 
de pólvora allí sin tregua, 
misiles de largo alcance...
-¡Que venga Dios y lo vea!
 
Razones geopolíticas
de estratégica defensa
-si uis pacem, para bellum-
esgrimen de su existencia
 
ante el estado del mundo
a fin de saldar las cuentas
de la Atlántica Alïanza
y de la Unión Europea.
 
El dinero mueve el mundo
y hace que medren las ventas; 
llena el Estado sus arcas
defendiendo sus fronteras. 
 
Llaman defensa a las armas
que preparan la contienda. 
En el frente de combate
las vidas ya se amonedan.
 
Se rearma Europa y baila, 
ebria, la danza guerrera
adorando al torvo Marte
que despliega  sus banderas.
 
  Paisaje deshabitado, 
Quintanilla-Sobresierra,
donde el viento aúlla y brama
desolación y tristeza. 
 
Cielo y tierra se confunden
 -Merindad del Río Ubierna-
en la llanura infinita 
de la desnuda meseta.
 
En el Páramo de Masa, 
allá en tierras burgalesas, 
munición para la paz, 
munición para la guerra.