miércoles, 12 de agosto de 2026

"Eclipsados [y eclipsadas] por la Ciencia"

El Gobierno de las Españas elige el Observatorio de Yebes en Guadalajara como centro oficial para retransmitir urbi et orbi el eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026. Las imágenes captadas se distribuirán a través del Ente Público de RTVE para facilitar la cobertura del fenómeno astronómico, reeditándose probablemente los pandémicos aplausos a las ocho, dentro de la jornada 'Eclipsados y eclipsadas por la Ciencia' (sic, nada más impropio que esa denominación, pues 'eclipsar' es, entre otras cosas, ensombrecer, y parece que aquí lo que quería decirse es todo lo contrario: "iluminados e iluminadas por la Ciencia"), diseñada para acercar el acontecimiento a la ciudadanía y facilitar su cobertura por parte de medios nacionales e internacionales para entre tanto no ver qué es lo que está pasando.
 
 
 
Está previsto que el presidente del Gobierno acuda raudo y veloz desde su retiro vacacional de Lanzarote en su Falcon al observatorio de Yebes para seguir el evento, además de la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, entre otras autoridades gubernamentales aún por confirmar. Por este motivo, se ha organizado un dispositivo especial de seguridad que va a afectar al municipio de Yebes y a sus vecinos. 
 
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En un cuartel un día el Coronel le dice al Comandante:
-Mañana a las nueve y media habrá un eclipse de Sol, hecho que no ocurre todos los días. Que formen los soldados en el patio en traje de campaña para presenciar el fenómeno. Yo les daré las explicaciones necesarias. En caso de que llueva que formen en el gimnasio. 
-¡A sus órdenes, mi Coronel!
 
En esto que el Comandante da la orden al Capitán y le dice: 
-Por orden del señor Coronel mañana a las nueve y media habrá un eclipse de Sol. Según el señor Coronel, si llueve no se verá nada al aire libre. Entonces, en traje de campaña, el eclipse tendrá lugar en el gimnasio, hecho que no ocurre todos los días.
-¡A sus órdenes, mi Comandante!
 
En esto que el Capitán da la orden al Teniente y le dice: 
-Por orden del señor Coronel, mañana a las nueve y media en traje de campaña, inauguración del eclipse de Sol en el gimnasio.  El señor Coronel dará las órdenes oportunas de si debe llover, hecho que no ocurre todos los días. Si hace buen tiempo y no llueve, el eclipse tendrá lugar en el patio.
 -¡A sus órdenes, mi Capitán! 
 
  
En esto que el Teniente da la orden al Sargento y le dice:
 -Mañana, a las nueve y media por orden del señor Coronel lloverá en el patio del cuartel.  El señor Coronel, en traje de campaña, dará las órdenes en el gimnasio para que el eclipse se celebre en el patio. 
 -¡A sus órdenes, mi Teniente! 
 
En esto que el Sargento da la orden al Cabo y le dice:
 -Mañana a las nueve y media tendrá lugar el eclipse del señor Coronel en traje de campaña por efecto del Sol. Si llueve en el gimnasio, hecho que no ocurre todos los días, se saldrá al patio. 
-¡A sus órdenes, mi Sargento! 
 
  
El Cabo les dice a los soldados: 
-Mañana a eso de las nueve y media, parece ser que el Sol en traje de campaña eclipsará al señor Coronel en el gimnasio. ¡Lástima que esto no ocurra todos los días! 

martes, 11 de agosto de 2026

Mensajería política breve

Las religiones cristiana y mahometana se preocupan más por la otra vida, que es la verdadera, que por esta que tenemos, que es la real y falsa por lo tanto. 

Atareados como están tomando decisiones, no tienen tiempo de razonar y poner en cuestión las decisiones -idioteces- que se les ocurren y acaban imponiéndonos.

Las relaciones personales fuera del núcleo familiar definido, cada vez más restringido al individuo o a la pareja y poco más, son exclusivamente telemáticas. 

No hay contagio porque no hay contacto, que etimológicamente es lo mismo. Los únicos contactos permitidos, los virtuales. Las redes sociales son la sociedad. 

El “distanciamiento social” o "físico", como dicen otros, es un significativo eufemismo del nuevo orden mundial que desde las altas esferas quieren imponernos.

El prójimo se ha convertido en eventual agente patógeno y fuente de contagio. No debemos aproximarnos. Sólo se permite el contacto virtual, sin roce corporal.

Por razones de seguridad cercenan las libertades formales. No vamos a decir la Libertad, con mayúscula, que no pueden porque no existe, pero sí las libertades.


La industria farmacéutica está más interesada en hacer crónicas las enfermedades que en curarlas; sus medicamentos son placebos que alargan así la enfermedad.

Un bulo es una noticia falsa, una trola como una bola, pero, en verdad, todas las noticias son bulos, incluidas las reales, siempre falsas, nunca verdaderas. 

Significa poco que un gobierno democrático esté a la derecha o a la izquierda, lo significativo es que está arriba, y el pueblo abajo, nicho de votos y mercado.

Infodemia: neologismo híbrido grecolatino vía inglesa: sobreabundancia de información que hay y que en vez de aportar claridad a los asuntos provoca confusión.

¿Qué importa quién gobierne? El problema no es el gobierno que tengamos, sino precisamente que tengamos el gobierno que sea, y, por lo tanto, seamos gobernados. 

Salí de la cárcel pero la cárcel no ha salido de mí, reveladora declaración de un expresidiario que, pese a su excarcelamiento, se confiesa cautivo de sí mismo. 

Pensar es no aceptar lo establecido y lo consolidado, buscar lo que nos ha pasado desapercibido, huyendo de las ideas preconcebidas -todas lo son-, y repensar. 

 

 
Gracias a nuestra conexión a la Red Informática Universal, se perfecciona la dominación haciéndose extensible más allá de las barreras físicas de la presencia.

El término especular procede de speculum, que significa “espejo”, de ahí la creencia de que la imagen que vemos en el espejo, nuestro reflejo, éramos nosotros. 

Tanto en la vida laboral como en la privada se nos dice que hay que estar conectados, permanentemente en alerta, siendo la desconexión una utopía irrealizable. 

Libertad de expresión ¿para qué? ¿Para expresar un pensamiento esclavo en un lenguaje servil que descerraja como sonoros cuescos ideas y opiniones personales?
 
 Debo a un maestro zen que desconozco este significativo koan aparentemente contradictorio y sin sentido: "Somos creadores de silencios, llenos de palabras".

Cuando uno es incapaz de tirar literalmente la casa por la ventana, desprendiéndose de sus propiedades, acaba arrojándose de cabeza por la ventana de la casa.  

Una red social que frecuentas a menudo en tu navegación errática que nunca arriba a buen puerto te invita a “explorar las cosas que te gustan más y desconoces”.

lunes, 10 de agosto de 2026

Lectura política del evangelio según san Lucas

Lectura del santo evangelio según san Lucas (18, 11): ὁ Φαρισαῖος σταθεὶς ταῦτα πρὸς ἑαυτὸν προσηύχετο Ὁ Θεός, εὐχαριστῶ σοι ὅτι οὐκ εἰμὶ ὥσπερ οἱ λοιποὶ τῶν ἀνθρώπων, ἅρπαγες, ἄδικοι, μοιχοί, ἢ καὶ ὡς οὗτος ὁ τελώνης· 

Versión Vulgata: Pharisaeus stans haec apud se orabat: Deus gratias ago tibi quia non sum sicut ceteri hominum raptores iniusti adulteri uel ut etiam hic publicanus.

Traducción a la lengua de Cervantes: El fariseo oraba de pie para sí de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como este publicano tampoco. 

La moral del fariseo consiste en definirse como bueno por contraposición a los demás, que considera malos. El fariseo necesita que los demás sean malvados para erigirse él como bueno. Construye su bondad no sobre méritos propios, sino sobre la maldad ajena. 

El fariseo y el publicano, Anton Robert Leinbewer (1845-1921)

El fariseo te dice yo soy mejor que tú porque yo no soy como tú, que eres malo. El fariseo da gracias a Dios por ser así, pero en realidad se está dando gracias a sí mismo, se está divinizando y considerando divino él mismo por ser como es, es decir, por no ser como el otro, que es el malo, cuando en realidad él es igual o peor que el otro. 

El fariseo fundamenta su identidad negando la de los otros. Es algo habitual en política donde los unos se definen en relación contraria con los otros. El malo es el otro, porque es otro: sobre él proyectamos nuestros demonios interiores. El héroe necesita crear el trampantojo del monstruo para justificar su existencia liberándonos de él heroicamente.  

Llevemos la parábola al terreno político. Un Estado, por ejemplo, que en algún momento de su historia ha sido fascista, puede asimilar sin ningún problema ahora el antifascismo y fortalecerse con poderes extraordinarios gracias a esa asimilación, creando así una casta dirigente que se considera superior a los gobernados gracias a su pedigrí antifascista. 

Para lo cual es menester que el propio Estado avive el fantasma del fascismo, igual que hace la psiquiatría, que genera las enfermedades y trastornos mentales que dice combatir con psicoterapia y psicofármacos. El Estado necesita crear un enemigo inexistente, histórico, para enfrentarse a él por contraposición, cuando el auténtico enemigo es el propio Estado.

A moro muerto, gran lanzada. Dice el refrán que hace referencia a la cobardía inherente al que aparenta un gran mérito -esa es la gran lanzada- por atacar a un enemigo que ya está vencido, neutralizado, muerto, pero que resucitamos para celebrar nuestra heroica y ridícula hazaña.

domingo, 9 de agosto de 2026

¡Piérdete el eclipse, saldrás ganando!

    Cuando era pequeño los eclipses eran una curiosidad astronómica que te explicaba el maestro en la escuela como la cosa más normal del mundo, y te decía que los había de sol y de luna, totales y parciales, y te aconsejaba, si tenías la oportunidad de contemplar uno, no mirarlo de frente nunca a no ser que lo hicieras con un cristal ahumado. La palabreja nos llega del latín eclipsis procedente del griego ἔκλειψις (ékleipsis), que significa propiamente 'desaparición' -del verbo ἐκ-λείπω (ek-leípo) y el sufijo de acción -σις (-sis). Y, puestos a ser exquisitos, debería ser femenina, como elipse/elipsis, otro derivado del mismo verbo, pero la Academia ha decretado que sea masculina.  
 
    Los medios (in)formativos y nuestros gerifaltes están empeñados en que dirijamos la vista a lo alto, poniéndonos cara al sol, con las gafas profilácticas, a fin de no enterarnos de lo que pasa por aquí abajo. El chiste político facilón sale solo: El presidente del ejecutivo nos cuenta un truco para ver el eclipse en un video tictoquero que me recuerda enseguida a la anécdota de Tales de Mileto y la muchacha tracia. 
 
      El filósofo, en efecto, cayó en un pozo por mirar las estrellas de la noche, provocando la burla de una criada que le recriminó no ver lo que tenía a sus propios pies de tanto mirar a las alturas. Aquí nos pasa un poco lo contrario: El muchacho beocio, en este caso, nos anima a que miremos el cielo, con precaución, eso sí, de no quedarnos ciegos: “Os cuento un truco para elegir el mejor sitio dónde ver el eclipse total de sol este 12 de agosto. El primero, por cierto, que vamos a poder ver en nuestro país desde hace más de un siglo. Seguro que, bueno, ya estáis pensando en dónde ir a verlo y con quién ir. Y para que nada te impida disfrutarlo hemos creado una herramienta muy sencilla que se llama trío de eclipses. Entras, pones tu ubicación y en unos segundos sabes si desde ese punto vas a tener o no buena visibilidad; y si no, te indica, además, otro más cercano. Tardas menos de un minuto y puedes marcar la diferencia entre vivir el eclipse o perdértelo. Por tanto, entra en “trioeclipses.es”, elige bien tu sitio, y, por cierto, no te olvides, no os olvidéis de las gafas protectoras. Así el 12 de agosto solo tendrás que mirar al cielo”.
   
 
    Dicen que el último eclipse total visto en España se pudo ver en 1959, el año en que yo nací, pero solo desde las islas Canarias; desde la Península Ibérica no se había visto ninguno total desde 1912, por lo que esté que está pre-visto para el 12 de agosto de 2026 será el primero en algo más de un siglo. Pero no nos alarmemos, no tardaremos tanto en volver a ver otro: Se pre-vé otro el año que viene, el 2 de agosto de 2027, que cruzará el ruedo ibérico atravesando esta vez el estrecho de Gibraltar de oeste a este y cubriendo el extremo sur de la península y el norte de África.
 
    ¿Qué está pasando ahora? Millones de personas se disponen a mirar a un punto ciego a la vez, con unas lentes homologadas y un filtro para la cámara de su teléfono supuestamente inteligente a fin de inmortalizar fotográficamente el singular evento. Un amigo me dijo que iba a cerrar el negocio unas horas antes, coger el coche e ir con su pareja y una botella de champán en la nevera portátil a contemplar el eclipse y hacer, supongo, un brindis al sol cuando reaparezca en uno de los cinco puntos estelares recomendados en Cantabria, en concreto el marco incomparable de la Costa Quebrada, declarada, ahí es nada, Geoparque natural de la UNESCO. Por nada del mundo iba a perderse el Evento Astronómico del Siglo y de su vida, el gran acontecimiento pre-visto, es decir, visto ya antes verlo, y más visto, por lo tanto, que el tebeo. No puede perdérselo por nada del mundo porque no volverá a haber otro hasta no se sabe cuándo (bueno, sí se sabe: el año que viene, sin ir más lejos). Pero hay que apresurarse porque podría ser que el año que viene nosotros ya no estemos aquí. ¿Dónde estaremos, por cierto, si ya no estamos aquí y ahora el año que viene?
     No le veo mayor interés ni mucho misterio a ver un eclipse. Tengo algo más que la sensación de que este ya lo he visto y lo tengo bien visto y bien mirado sin necesidad de ponerme a contemplarlo. Podría ser interesante, en todo caso, no mirar hacia el sol, hacia arriba, sino todo lo contrario, a lo que pasa por aquí abajo, la reacción por ejemplo de las gallinas, si corren despavoridas a refugiarse en el gallinero cuando Cantabria se suma, como dice la prensa de campanario, "en la oscuridad absoluta entre uno y dos minutos". 
 
    Son los más jóvenes lo que están ya todos quedando para celebrar el evento y ver el espectáculo único que solo es dado contemplar pocas veces en la vida. Pero hay que disfrutarlo con seguridad y precaución, nos advierten las autoridades sanitarias, la ministro gesticulante del gremio a la cabeza, del riesgo de lesiones oculares irreversibles si se mira de frente sin la protección profiláctica de las debidas lentes homologadas que se venden en el mercado y regalan algunas autoridades a sus súbditos con la debida advertencia de unas lesiones que no son inmediatas, señala un oftalmólogo, y pueden aparecer entre las 24 y 48 horas posteriores.
 
    Mi consejo, aunque el mejor es el que no se da, le digo a mi amigo, es no ver el eclipse porque no hay ninguna necesidad: lo vamos a ver en todas las pantallas repetido una y mil veces. Lo estamos viendo ya antes de tiempo, pre-visto como está. Le doy el consejo a sabiendas de que no va a hacerme mucho caso. A lo mejor ni siquiera yo mismo me hago caso,  y me pongo a mirarlo como un tonto pasmarote. Pero por si acaso, insisto: no veas el eclipse, que no te vea el a ti, eclípsate tú de esa ceremonia de masas orquestada desde las altas esferas. Te alegrarás de ello y no te sentirás mal por no participar en dicho ritual contemplativo. Vale más asistir a cualquier amanecer o a cualquier puesta de sol crepuscular de un día cualquiera, solo o en buena compañía, y olvidarse del dichoso fenómeno de Dios masificado. 
  
     Los servicios (de)formativos no van a desperdiciar una ocasión que se les presenta pintiparada como esta. En verano no saben, aburridos como están y nos tienen, qué vendernos, y por eso insisten machaconamente en que va a pasar algo especial y único en la vida de cada cual, un hecho histórico que marcará un antes y un después en nuestra biografía, que irán estirando, como dice otro amigo, unos cuantos días o semanas para no andar hablando de los incendios de turno o de los sube y baja de la tasa del empleo, o de si hay o no hay moros en la costa. 
 
    Hace tiempo que iniciaron la cuenta atrás. Llevan semanas contando los días, las horas, los minutos, los segundos que faltan para el Evento Astronómico del Siglo, el Gran Eclipse Total del Sol. Solo falta que la meteorología se porte y no nuble el evento. En Cantabria es muy posible que haya nubosidad variable, pero aún así, dicen, se notará porque todo se oscurecerá haciéndose momentáneamente la noche y dejándonos unos segundos en tinieblas. En todo caso, no mires al cielo, mira al suelo, no vayas a caer en el pozo inadvertido de Tales de Mileto. 
Viñeta de Liniers 

sábado, 8 de agosto de 2026

A vueltas con las armas

    Los defensores de las armas hacen hincapié en que son instrumentos neutros, es decir ni buenos ni malos per se, sino todo lo contrario. Insisten en que puede hacerse un uso mejor o peor de ellas, según la intención del que las maneje. Pueden emplearse como disuasorias para evitar una potencial agresión, defensivas para protegerse de una agresión efectiva justificando así su uso 'en defensa propia', o como ofensivas, a fin de perpetrarla. 

    En contra de eso, cita Ferlosio en su Campo de retamas (2015) el refrán "puestos a reñir, el cuchillo es el que manda" y añade sutilmente: "pero lo que vengo yo preguntándome hace tiempo es si no podría ser, en cambio, que fuese el cuchillo el que mandase ponerse a reñir". Y aduce en su apoyo el verso de Homero: El hierro por sí solo atrae al hombre. 

    Homero, en efecto, transmite ese refrán o proverbio un par de veces en la Odisea (canto XVI, verso 294 y canto XIX, verso 13): αὐτὸς γὰρ ἐφέλκεται ἄνδρα σίδηρος, lo que tradujo al latín Andrea Divo como ipsum enim atrahit uirum ferrum, y Samuel Clarke como ipsum enim allicit uirum ferrum.
    El hierro (σίδηρος 'síderos' en griego, ferrum en latín) es aquí metonimia de las armas en general, como en nuestro dicho "el que a hierro mata, a hierro muere", y el verbo homérico ἐφέλκεται, o sus traducciones latinas atrahit y allicit, implica que las armas ejercen una fascinación en los seres humanos que es el aliciente, derivado de allicit precisamente, que los empuja a manejarlas: el hierro de por sí arrastra al hombre a la guerra, independientemente del empleo bueno o perverso que quiera hacerse de él. 

    No es el hombre el que tira del hierro, sino al revés: Es el hierro quien tira del hombre, como tradujo acertadamente don José Manuel Pabón al castellano el refrán homérico, lo que contradice el único argumento de los defensores del uso de las armas: no las usamos los hombres, nos usan ellas a nosotros. 

    No somos, pues, los hombres los que hacemos un uso bueno o malo de las armas; el único uso bueno que cabe hacer de ellas es no usarlas; son las armas las que nos usan a nosotros, y ya se sabe para qué sirven, para nada bueno. Una pistola lleva escrito en sí misma el fin para el que ha sido fabricada porque no es un medio, sino un fin. El gatillo insta al dedo urgentemente a que lo apriete. 

    Las armas no sólo las carga el diablo, como dice el refrán, sino que además las fabrica, trafica con ellas y justifica su empleo. Hay algo de perversamente diabólico, además, en la lógica del mercado de este sistema capitalista que padecemos que prohíbe las drogas duras porque matan -olvidando que también sirven para otros fines- y no prohíbe las armas, que sólo sirven para cometer un crimen

viernes, 7 de agosto de 2026

La canción del soldado y Maldita mili

    Para la lista de reproducción musical de este verano (playlist en la lengua del Imperio): Ahora que tanto se habla del retorno del servicio militar a la vieja Europa, cuando Alemania y Francia, los dos países a la cabeza de la re-militarización del viejo continente, se obstinan en volver a uniformar a su juventud imponiendo su voluntad de implantarlo paulatinamente a pesar de las protestas y oposiciones, me parece interesante y oportuno traer a colación dos canciones de Chicho Sánchez Ferlosio (1940-2003). La primera cuenta algunas anécdotas de la famosa "puta mili" durante la oprobiosa dictadura del franquismo, y la segunda, compuesta durante la transición a la no menos oprobiosa democracia, es un himno antimilitarista. 
 
La canción del soldado: 
    La titulada "La canción del soldado", escrita en colaboración con Jesús Munárriz, de la que no disponemos de grabación, está fechada en los años sesenta y primeros setenta, en la última etapa del franquismo, es una crónica podríamos calificarla amable y humorística, a la vez que satírica, de la mili del protagonista, compuesta por veintiuna coplas de rima consonante en los versos pares. Es la historia de un mozo de pueblo que se vio obligado a ir a la mili porque no pudo librarse y comenta algunas 'bondades' de ella, como por ejemplo la comida: "El rancho no era tan malo / como se suele decir; / cuando nos daban garbanzos / yo intentaba repetir". Algunas estrofas resultan anecdóticas: "Menos mal que no fui tonto / y no hice muchas cocinas / porque también me apuntaba / para limpiar las letrinas". 
 
    Comenta cómo le dieron un permiso excepcional por la muerte de su padre y añade: "Si muere unos meses antes / hubiera sido una ayuda / porque no van a la mili / los que son hijos de viuda". Enumera algunas anécdotas graciosas como que por su amor a los animales le pusieron a cuidar sementales: "Un día que me dormí / se escapó el más corpulento / con tal mala suerte que / le dio una coz a un sargento". El incidente le ocasionó pasar el resto de la mili en el calabozo, lo que suponía una ventaja porque así no tenía que hacer servicios (las famosas guardias e imaginarias). 
 
    Otra 'ventaja' del servicio militar, comentada con ironía, era la peluquería: "Nunca tuve que gastarme / ni un duro en el peluquero / porque me salía gratis: / me lo cortaban al cero"· Y concluye la canción con esta estrofa: "No vuelvo a salir del pueblo / pese a su mucha pobreza; / yo ya no me busco más / quebraderos de cabeza". 
 
Maldita mili: 
 
    Maldita mili, también conocida como la "Canción del soldado", es un tema antimilitarista compuesto por Chicho durante la época de la democracia, cuya letra critica la vida castrense en los cuarteles, la jerarquía militar y la guerra. 
 
    La canción fue adoptada enseguida por el movimiento de objeción de conciencia y antimilitarista español. Destaca la repetición de estribillos contra los altos cargos de la jerarquía: «¡Mal rayo parta al general!, ¡Mal rayo parta al coronel!, ¡Mal rayo parta al capitán!» y el genérico ¡Mal rayo parta al militar! aconsejando a los jóvenes que no se vistan de uniforme de soldado ni preparen para matar. En el vídeo adjunto la canta con su compañera Rosa Jiménez en una grabación de 1998. 
 
No hay bien que por mal no venga, / Ni principio sin final. / Ni principio sin final, / Ni filósofo sin pena, / ¡Flor del rosal, / Mal rayo parta al general!

Militares, policías, / Y también Guardia Civil, / Y también Guardia Civil, / Funcionarios de prisiones, / ¡Flor del clavel, / Mal rayo parta al coronel!

Estoy en mi campamento, / Preparándome a matar, / Preparándome a matar, / Preparándome a morir, / ¡Flor de azafrán, / Mal rayo parta al capitán!

Oye tú, mi hermano chico, / Cuando llegues a mayor, / Cuando llegues a mayor, / No te vistas de soldado, / ¡Flor sin color, / Mal rayo parta al ganador!

No te cojan preparado / Si te toca pelear, / Si te toca pelear, / Y cambiar vida por vida, / ¡Flor de azahar, / Mal rayo parta al militar!
 

    Con la llegada al trono de Felie V -el lejano antepasado del actual Felipe VI- y la instauración de la dinastía borbónica en las Españas, se impuso en el siglo XVIII el sistema de reclutamiento por "quintas". Uno de cada cinco jóvenes varones, denominado “quinto”, era elegido por sorteo para la gloria de servir en el ejército. Durante el siglo XIX y principios del XX, los que tenían recursos económicos podían zafarse del servicio previo pago de dinero o buscando un sustituto, lo que cargaba la mili sobre las espaldas de las clases más humildes y desfavorecidas. Con el tiempo, se redujeron las exenciones, convirtiéndose la milicia en un rito de paso obligatorio para los varones que alcanzaban la mayoría de la edad.
 
    La duración del servicio cambió varias veces: de dos años o más en épocas pretéritas, pasó a año y medio, y finalmente nueve meses, lo mismo que un embarazo.
 
     En los años 80 y 90 creció el rechazo social gracias al l movimiento de objeción de conciencia y de insumisión, con miles de jóvenes negándose a hacer la mili o la Prestación Social Sustitutoria. El Gobierno aprobó el fin del servicio militar obligatorio, y el último reemplazo se despidió a finales de diciembre de 2001, lo que, lejos de suponer el fin del ejército, significó su profesionalización y adaptación a los nuevos tiempos de la vida moderna incluyendo por primera vez a las mujeres, a las que no había que discriminar en sus filas, de las que habían estado excluidas hasta entonces.

    Las Fuerzas Armadas españolas están en la actualidad integradas exclusivamente por efectivos de ambo sexos (soldados y marineros profesionales) volungatorios, una fusión sarcástica de los adjetivos "voluntario" (que hace algo por voluntad propia) y "obligatorio" (que, obligado te veas a hacerlo por necesidad o por gusto), habitualmente contrapuestos, término que sugiere que lo que se hace por voluntad propia se hace también de algún modo por obligación, y viceversa.
 
     Me escribe Miguel, un viejo amigo antimilitarista y me dice a propósito: “Hay menos militares para reprimirnos porque estamos nosotras/os controladas/os (sic, resaltando el género gramatical femenino al repetir innecesariamente la misma palabra. 'Nosotros', le escribo yo, somos tú y yo, amigo mío, poco importa nuestro sexo: tú y yo y todos los demás que quieras meter en el mismo saco; si no quieres excluir al sexo femenino, no lo incluyas innecesariamente: ya está incluido en el “nosotros”) más que nunca bajo control del Gran Hermano. Disminuye la presencia de los militares en nuestras vidas pero la presencia de un nuevo y difuso militarismo se afianza más y más por medio de nuevas formas de control social”. Y es cierto. Estoy completamente de acuerdo en eso. 
 
    ¿Podemos imaginar una sociedad sin militares donde no harían falta porque todos estaríamos militarizados? Pues imaginémosla. Imaginemos una sociedad así donde algunas cosas hayan cambiado para que todo, sin embargo, siga igual. Pero no hace falta imaginarla: estamos en esa sociedad.

jueves, 6 de agosto de 2026

El hombre que no sabía

    Esta viñeta de Roz Chast (2024), dibujante y humorista gráfica estadounidense, conocida sobre todo por sus colaboraciones en la revista The New Yorker, llama mi atención:
 
    El texto superpuesto dice: «El tipo que no sabía su nivel de colesterol, su índice de masa corporal, su patrimonio neto, su coeficiente  (o cociente, como se prefiere ahora) intelectual, su puntuación crediticia, su signo astrológico ni su ascendencia». La imagen viene a decirnos, aportando sentido a la frase como si fuera el predicado del larguísimo sujeto, que camina tranquilamente por la calle, las manos en los bolsillos, silbando por la vida, con aire descuidado porque es probablemente feliz y está contento, como un chiquillo, libre y despreocupado, que ignora, bendita inconsciencia, todos los parámetros enumerados con los que  pretenden definirnos.  
 
   Los datos que enumera la viñeta de Chast, y otros muchos que podría añadirse (índice de glucemia, tensión arterial, talla y peso corporales, edad...), son mediciones objetivables. La enumeración resulta cómica por su acumulación: cuanto más sabemos “qué somos”, más fácilmente quedamos reducidos a ser eso y no más que eso, cuanto más sabemos lo que tenemos, más nos tiene eso mismo a nosotros y no nos deja vivir. El personaje, aunque no lo dice explícitamente la viñeta, ignora probablemente también las noticias de actualidad que nos sirven los medios a diario y que nos aterrorizan y hacen creer que la realidad de la que nos informan, falsa como es esencialmente, es la auténtica verdad. 
 
    Otras viñetas de la misma dibujante:
-Sé tu mismo, dice la camiseta de él.
-Estoy con un estúpido (empeñado como está en ser él mismo y el mismo), dice, al lado, la camiseta de ella.  
 
Cuando te dicen "señor " o "señora" por vez primera.

De la serie "Lo que odio, de la A a la Z": Con la letra "D", los doctores (en medicina)

miércoles, 5 de agosto de 2026

No hace falta nada: sobra casi todo

    A propósito de la reflexión de Cioran: La civilización nos enseña cómo apoderarnos de las cosas, cuando debería iniciarnos en el arte de despojarnos de ellas, pues no hay libertad ni verdadera vida si no se aprende a renunciar.
 
    No nos hace falta nada: al contrario. Nos sobran muchas cosas que tenemos encima, cosas que son instituciones que algunas almas cándidas pretenden reformar para que funcionen mejor, cuando lo más sensato sería que, por nuestro bien, ese mismo bien que invocan para justificar su existencia, dejaran de funcionar. Y nos sobra, sobre todo, la principal institución de todas ellas, la cosa de las cosas, la que las cosifica y realiza a todas ellas: el dinero. No porque tengamos mucho o poco, sino porque para vivir no nos hace ninguna falta. Tampoco nos hace falta para ser felices. Al contrario, el dinero es la fuente de la que brota la desgracia. 
 
 
    El capitalismo que es al dinero lo que la teología a Dios no es ni de derechas ni de izquierdas, sino todo lo contrario. El espectro político actual diestro y zurdo, conservador y progresista, no sirve para entender el mundo, un mundo en que el capitalismo no es un sistema económico, sino una religión secular.  Líbrenos Dios, el demonio o quien sea de semejante falsa dualidad y del embeleco diabólico de la democracia, que es la dictadura más perfecta porque, a poco que uno se descuide, casi pasa desapercibida como tal.
 
    El capitalismo es la religión secular que nació cuando Nietzsche proclamó solemnemente la muerte de Dios y nadie supo qué poner en su lugar. Pero no es que Dios haya muerto y haya triunfado Mammón, el dinero divinizado, es que ya no hay diferencia entre uno y otro: Dios es ahora Mammón y viceversa. Si Dios, según la vieja religión católica, apostólica y romana se hizo hombre por obra y gracia de la encarnación divina del Espíritu Santo, ahora el hombre se ha hecho consumidor, gracias a su económica encarnación.  
  
     El capitalismo es una religión que tiene sus dogmas: el crecimiento infinito, la propiedad privada de las cosas, la competencia desleal como virtud sacrosanta y la salvación gracias al consumo. Consume, nos dice tácitamente la propaganda del régimen, hasta consumar el crimen del consumo y consumir lo demás y consumirte, al fin y a la postre, tú también, el consumidor consumido que exclamará cual Cristo en la cruz "consummatum est", un Cristo que no renacerá cual ave Fénix de sus cenizas así resucitado.
  
    Una religión que tiene sus clérigos y sacerdotes: los economistas, los banqueros, los tiburones financieros, los ejecutivos, los CEOs, y sus capellanes y monaguillos: los influencers. Que se entromete en nuestros hogares a través de los resquicios de los concursos televisivos y de los sorteos de las distintas quinielas y loterías donde se reparte la calderilla del dinero a manos llenas para la plebe. Ya ni siquiera hace falta acudir presencialmente a las superficies comerciales para realizar la ceremonia de la cesta de la compra: nos la traen a casa desde las junglas del Amazonas. 
 
    Una religión que tiene sus templos y catedrales: los centros comerciales de las cada vez mayores superficies, las bolsas de valores, y las entidades bancarias que nos conceden o deniegan la hipoteca, el préstamo, y la tarjeta de débito y crédito. La fe de esta nueva religión se llama crédito. El Banco Central Europeo nos invita ahora a diseñar democráticamente los nuevos billetes de euro, antes de la implantación del euro digital, su última encarnación y epifanía inmaterial. 
 
       Una religión que tiene sus ritos: el Black Friday que se celebra después del Día de Acción de Gracias a Dios, Nuestro Señor, e inaugura la orgía de las compras navideñas con significativas rebajas de precios en los principales artículos de consumo de los grandes almacenes. Los fieles se realizan comprando y adquiriendo bienes y servicios.
 
    Tiene su confesionario: la declaración de la renta, en la que el feligrés confiesan sus pecados al fisco y cumple la penitencia del IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas), que es el tributo que deben pagar al Estado los ciudadanos.
 
    Una religión que tiene su infierno aquí en la Tierra: la pobreza, el fracaso, la quiebra, el desempleo, un averno que afecta a la mayoría democrática de la población, dado que, como se sabe, el uno por ciento que vive en la opulencia acapara más bienes y servicios que el noventa y nueve por ciento restante de la humanidad. 
 
    Tiene también su paraíso fiscal: el milmillonario. Y su promesa de salvación después de una vida activa: la jubilación anticipada y la libertad financiera (financial freedom en la lengua del Imperio), el momento en el que los ingresos pasivos o ahorros cubren todos los gastos de vida, lo que le permite a uno dejar de depender de la servidumbre laboral de un trabajo diario. 
 
        Ya no se da aquello de Machado de que todo necio confunde valor y precio, sino algo mucho peor, si cabe, todavía: ahora mismo el precio de las cosas es su único valor: tanto tienes, tanto vales. El único valor de las cosas es su precio en el mercado.
 
    El capitalismo, pues, no es un problema de "derechas" o de "izquierdas", sino todo lo contrario. Las soluciones existentes son claramente insuficientes. Mientras sigamos creyendo que la solución es más regulación o menos impuestos, más Estado o menos Estado -el Estado somos todos y cada uno-, seguiremos dentro del mismo paradigma que creó el problema, inmersos en una religión que no tiene ateos y que nos reduce a la condición de consumidores que consumen y se consumen aguardando con un inmenso terror la muerte sin haber vivido, como le escribía Kafka a su amigo Max Brod hace algo más de un siglo, en julio de 1922: Se (impersonal personalizado) tiene un miedo terrible a morir porque aún no se ha vivido ('Man hat eine furchtbare Angst vor dem Sterben, weil man noch nicht gelebt hat'). 

martes, 4 de agosto de 2026

"Se escurre y se nos va... la vida"

La letra de la canción "La vie s'écoule, la vie s'enfuit" fue compuesta en 1961 por el recientemente fallecido Raoul Vaneigem, que escribió el texto inspirándose en las grandes huelgas de la clase obrera belga de aquel invierno. Francis Lemonnier le puso música. 
 
Con el paso del tiempo llegó a convertirse en un himno de los acontecimientos de mayo de 1968 en París. Durante la ocupación de la Sorbona y del Institut Pédagogique National, los estudiantes y trabajadores la tarareaban de forma anónima. Al no estar publicada oficialmente todavía, la gente pensaba que pertenecía al pueblo y que su autoría era popular.
 

La canción se grabó y editó posteriormente de forma comercial por primera vez en 1974, cantada por Jacques Marchais, cuya versión sigue siendo la más famosa de la época. Con los años, pasó a formar parte del repertorio de la canción de protesta del movimiento anarquista europeo, siendo adaptada por bandas punk-roqueras radicales y cantautores en festivales de resistencia.
 
La paradoja es que este himno tiene bastante de contra-himno. Se recuerda como una de las canciones más bellas pero tristes del movimiento libertario, porque en lugar de prometer victorias fáciles 'en la lucha final', su letra es una crítica lúcida de la sociedad de consumo ("la sociedad del espectáculo" de Guy Debord: "Aux images nous sommes condamnés" ) y advierte de cómo se traicionan las revoluciones que triunfan ("Nos révolutions sont trahies").
 
Versión de Jacques Marchais
 
A la versión canónica de Jacques Marchais, que se ofrece en primer lugar,  se añade la de Fanchon Daemers, que sorprende gratamente interpretada al arpa. 
 
Versión de Fanchon Daemers
 
Y, finalmente, se ofrece una traducción -traición- propia aproximada de la letra de Vaneigem, en la que vierto el octosílabo francés, como se debe, por nuestro eneasílabo, ya que al acabar el verso francés en final agudo cuenta en nuestra métrica como una sílaba más y por lo tanto pasa de ocho a nueve, conservando las rimas pareadas.
 
 
Se escurre y se nos va la vida, / aburridos, pasan los días. / Entre rojos y grises vaga / la revolución traicionada.

Mata y da dinero el trabajo, / se compra tiempo en el mercado; / pagado, el tiempo ya no vuelve / la juventud, perdida, muere.

Los ojos para el amor hechos / reflejan un mundo de objetos / sin sueño y sin realidades / condenados a las imágenes.

Los hambrientos, los fusilados / nos vienen de un hondo pasado. / Nada ha cambiado, todo empieza / a madurar en la violencia.

Arded, clericales guaridas, / mercachifles y policías. / Del viento que siembra tormenta / se cosechan días de fiesta.

Los fusiles que nos apuntan / contra los jefes se conjuran. / Ni más dirigentes ni Estado / de nuestra lucha aprovechados. 

lunes, 3 de agosto de 2026

¿Qué ha pasado?

 A José Bergamín por su aforismo: "Vale más un pájaro volando que ciento en la mano". 

 

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 Pasó volando un pájaro, ha pasado

como la sombra rauda de un flechazo,

fugaz, en alas de increíble vuelo,

surcando el claroscuro de la tarde

y dejando malherido el cielo abierto.

¿Pasó? ¿Pasaba? ¿Qué ha pasado? ¿Un cuervo

deslumbrador por su negrura intensa

como mosca en el contraste de la leche?

¿Sería el cuervo literario, el cuervo 

parlante de la fábula, al que burla

astuta la raposa, vieja zorra?

 ¿O sería un grajo de azabache y ojos

de azul resplandeciente de zafiro?

¿O acaso era, mal agüero, un mirlo

que barrunta la tragedia y va enlutado,

de pico reluciente de oro viejo?

¿Sería una corneja fulgurante

o la oscura urraca de destellos blancos

o el arrendajo pardo ceniciento

el solo cromo de este viejo álbum?

¿Será otro pájaro? ¿Un milano acaso?

No puedo precisar exactamente,

no alcanzo a definirlo y enjaularlo:

pasó volando, cierto: ha pasado

porque era libre, pájaro que vuela

como la sombra rauda de un flechazo

surcando el cielo abierto de la tarde,

fugaz, en alas de increíble vuelo.