'The Watch' (El Reloj) es un cortometraje publicitario en blanco y negro que dura poco más de medio minuto, treinta y seis segundos exactamente, y que ha sido creado íntegramente mediante IA generativa por un tal J. Felipe Orozco en abril de 2026. El cortometraje ganó el Grand Prize / Commercial of the Year de los primeros Generated Awards, celebrados en Nueva York en mayo de este año. Un escolar que sufre acoso lleva un reloj analógico de pulsera de la marca ficticia "Knight" (caballero) y descubre que la corona funciona como una máquina del tiempo. Al girarla hacia delante o hacia atrás, puede hacer que su edad avance o retroceda. El supuestamente mismo individuo aparece sucesivamente y en orden creciente como niño, joven, adulto y anciano. Finalmente, el reloj pasa a una mujer mayor, que puede recuperar en orden cronológico decreciente momentáneamente su juventud y aun su niñez. Y al final aparece el eslogan publicitario: FOR EVERY VERSION OF YOU (Para cada versión de ti).
Pero no es un anuncio publicitario en sentido estricto que una marca de relojes haya encargado a un publicista. Es una demostración, más bien, de lo que un publicista puede hacer con la herramienta de la Inteligencia Artificial generativa o creativa. Lo que hay detrás es muy sencillo: el reloj -y por antonomasia el tiempo- permanece mientras nosotros, las personas y las cosas, cambiamos. Aquí el reloj no sirve como cronómetro para medir el tiempo sino para viajar a lo largo de él. El sencillo acto de dar cuerda al reloj hace que avance y retroceda uno en el tiempo a su capricho.
Todo es artificial en esta pequeña producción cinematográfica: actores, escenarios, iluminación, movimientos de cámara, etcétera. Todo ha sido generado artificialmente. Todo es ficticio aquí: el reloj, la marca del reloj, los personajes, la historia, hasta la canción francesa melancólica y triste que habla de un abandono y se oye de fondo cantada por una voz femenina de una cantante inexistente que viene a decirnos en la lengua de Molière: «Tu as laissé ta tasse encore tiède sur l’évier. Un cheveu blond qui casse sur mon pull, des plis flous d’hier… Ton livre ouvert en travers d’une phrase soulignée. Rester, c’est parfois se taire. Tu l’as lu. Tu es parti quand même»; lo que viene a ser algo así como: Has dejado tu taza aún tibia sobre el fregadero. Un pelo rubio que se ha quedado en mi jersey, las arrugas difusas de ayer… Tu libro abierto de lado, una frase subrayada: Quedarse es, a veces, callarse. ¿Lo has leído? Te has ido de todos modos.
Creada la canción también por la IA está, al parecer, teniendo cierto éxito comercial, por lo que está disponible en casi todas las plataformas. Se titula Quand même, algo así como “sin embargo” o “de todos modos”.
¿Qué anuncia, en definitiva, y qué nos está vendiendo este comercial publicitario si no es un reloj y un viaje en el tiempo? Lo que hace no es otra cosa que publicidad indirecta de la propia IA que, bien guiada, puede llegar a emocionarnos y a convencernos creando cosas como este cortometraje, cuyo eslogan «For every version of you» dice más de lo que parece a primera vista, porque no dice: «For the person you are», para la persona que eres, sino para cada versión de ti, lo que supone que tú (o que yo, que para el caso es lo mismo) no eres una identidad fija, sino una sucesión de versiones de ti mismo. El niño, el adolescente, el adulto, el anciano no son cuatro personas: son cuatro versiones de una misma persona.
El reloj, concebido como máquina del tiempo de película de ciencia ficción, es lo único que tienen en común todas las versiones de uno mismo. Tiene la capacidad de hacer que
el usuario adelante o atrase su edad, falsa publicidad que nos
sugiere el viaje en el tiempo hacia un pasado y hacia un futuro inexistentes. Y he aquí la gran paradoja: el reloj, que es el instrumento que nos hace creer que el tiempo pasa, se convierte en aquello que permanece idéntico mientras los que pasamos somos nosotros, es decir, todas nuestras versiones originales.
Yo diría que no
pasa el tiempo. ¿Qué es lo que pasa? Lo que pasa —lo
que cambia, aparece, desaparece, envejece, se transforma— son las
cosas y nosotros con ellas. Decimos «pasa el tiempo» porque nuestra
experiencia del cambio necesita una especie de eje cronológico sobre el que
ordenar los acontecimientos. Pero quizá estamos convirtiendo una
relación entre acontecimientos
en una cosa llamada «tiempo» que luego imaginamos en
el espacio. Y quizá el reloj no cronometra o mide algo que pasa,
sino que ordena que pase aquello que pasa. No pasa el tiempo, pasan
las cosas. Y nosotros, mal que nos pese, somos una de esas cosas, los triviales e insignificantes homínidos que pasan.
El reloj funciona como testigo material de una identidad que se transforma sin dejar de ser reconocida como la misma. ¿Qué hace que el niño de cinco años y el anciano de ochenta sean el mismo? No su cuerpo, que ha cambiado completamente; tampoco sus pensamientos, sentimientos, recuerdos o deseos, que han cambiado como cambiaba, deteriorándose y reparándose, la nave de Teseo. Lo que llamamos «yo» parece consistir precisamente en esa extraña continuidad que atribuimos retrospectivamente a una sucesión de estados diferentes de un sujeto que necesita cambiar para ser el mismo.
Hay un niño y un anciano relacionados por una cadena de transformaciones, y nuestra mente construye de esa cadena una identidad: lleva el mismo nombre, luego es el mismo hombre.














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