
sábado, 18 de julio de 2026
La familia real unida

Hace calor
La verdad es que, como ya se ha dicho muchas veces, la presunta crisis o emergencia climática no supone ningún peligro para el planeta ni para nosotros mismos, más allá de la contaminación informativa. Y es normal que en estas fechas haga calor. Y puede incluso que haga más calor de lo normal. Por algo será, pero no tanto por lo que nos dicen, por las emisiones descontroladas de C02, que son nuestra huella de carbono, sino porque la Tierra experimenta y ha experimentado cambios dentro de nuestro sistema solar para seguir girando, ya sea más cálida o más fría.
Dicen que la presunta emergencia o crisis climática no puede negarse. De hecho la afirman constantemente y la responsabilizan de millones de muertes que se producen cada año y que seguirán produciéndose. Huelga decir que estas muertes no preocupan a los poderosos. La mitad de los multimillonarios de Silicon Valley están construyendo, dicen, lujosos búnqueres en Nueva Zelanda en previsión del posible colapso climático generalizado, que mantienen a una temperatura constante de 19 grados Celsius (antes centígrados) y viajan en coches blindados y surcan los cielos con sus jets privados que dejan estelas de condensación.
Pero no olvidemos que mata más el frío que el calor, aunque las muertes del frío no son noticia como lo son ahora las del calentamiento global causante de los incendios. Recordemos los del año pasado. Este año ya hemos tenido y estamos teniendo ahora mismo incendios producidos por el abandono y descuido de los montes y los bosques, la especulación urbanística del medio rural, y la acción de los pirómanos, unos incendios de los que somos culpables todos y cada uno en la misma medida por la huella de carbono que dejamos, nuestro pecado original.
Pero las muertes climáticas, si existen, no afectan a todos por igual. Unos son más vulnerables -es decir, más pobres- que otros y se mueren más porque no disponen contra el frío de calefacción y contra el calor de acondicionamiento de aire. Las noticias de estas muertes, además, son sofocantes y contribuyen con su tráfico constante al calentamiento del planeta. Los pobres, además, padecen peores condiciones laborales, y el trabajo también mata, mata más que el clima sobre todo cuando la gente se mata a trabajar.
Vemos, en conclusión, que el desastre climático no afecta tampoco a la "humanidad" en abstracto y en general de manera igualitaria e idéntica. Puede que trascienda las divisiones raciales y las sexuales o de género, como dicen ahora, pero no las de clase social. El clima mata presuntamente más a las clases sociales bajas que a las altas, porque no es el clima lo que mata sino lo que está detrás, que es el dinero.

La crisis o emergencia del cambio climático no deja de ser un eslogan vacío para justificarlo todo y para responsabilizarnos a todos y cada uno del desastre general.
viernes, 17 de julio de 2026
El filósofo pirata
jueves, 16 de julio de 2026
Monos con pistola

miércoles, 15 de julio de 2026
Cambio climato-¿lógico?
martes, 14 de julio de 2026
A vueltas con los dioses
-No te está "copiando el look", se llama Zeus y, para colmo, está aquí desde antes que nosotros.
lunes, 13 de julio de 2026
Una vía de escape
domingo, 12 de julio de 2026
¿Prioridad nacional?
sábado, 11 de julio de 2026
Del género gramatical
Las palabras alemanas, por ejemplo, tienen género gramatical y se clasifican en masculinas, femeninas y neutras, como las griegas y latinas. Las masculinas llevan el artículo “der”, las femeninas “die” y las neutras “das”. ¡Qué diferencia con el inglés donde sólo hay un artículo “the” para todas las palabras y donde no existe el género gramatical! ¡Qué diferencia con la nuestra, donde sólo hay género masculino y femenino en los sustantivos!
Llama la atención, al comparar el alemán con nuestra lengua, lo relativas que son algunas de nuestras convenciones lingüísticas y que a nosotros nos parecen lo más natural y normal del mundo. Por ejemplo, cualquiera diría que es natural que la palabra “sol” tenga género masculino y la palabra “luna” lo tenga femenino, y digamos “el sol” y “la luna”, porque así sucede en nuestras lenguas romances derivadas del latín (italiano, francés, portugués y español), donde estos astros se identificaron con Apolo como dios solar y Diana como diosa lunar.
Nos parecerá tan natural que habrá quien incluso se atreva a racionalizar lo irracional y decir que es lógico que el sol sea masculino porque es activo, agente, emisor de luz, mientras que la luna, que recibe la luz solar de la que se impregna porque no tiene luz propia, es pasiva, paciente, receptiva, y otras majaderías por el estilo, deduciendo a partir de ahí rasgos definidores de la “virilidad” y la “feminidad”. Se dice, por ejemplo, que el símbolo de Marte representa el escudo y la lanza del dios de la guerra, mientras que el símbolo de Venus simboliza el espejo de mano portado por la diosa del amor y la belleza. Al "espejo de Venus" también se lo denomina cruz ansada porque es una cruz con una parte superior en forma de óvalo o ansa en latín (ansam>asa). Corresponde a un jeroglífico egipcio llamado "anj" que significa "vida". Sería la llave de la vida, que adoptaron los cristianos coptos como símbolo de su fe en la cruz de Cristo, y será también el símbolo del cobre, de Venus y de lo femenino, relacionado en este caso con el útero.
















