viernes, 19 de junio de 2026

Hombre a medida

    Releyendo el otro día ¿Qué es lo que pasa? de ¿Agustín García Calvo?, edit. Lucina, 2006, me sorprendió la traducción que daba del axioma de Protágoras (Platón, Teeteto, 152 a) : De todas las cosas es medida el hombre, de las que son lo que sean en cuanto que él es lo que es, y de las que no son lo que no sean en cuanto que él no es lo que no es
 
    En la primera parte de la frase, que es la más conocida y citada, no hay ningún problema de traducción ni de interpretación. Todas las versiones consultadas coinciden en lo mismo: Πάντων χρημάτων μέτρον ἐστὶν ἄνθρωπος: El hombre es la medida de todas las cosas. Se ha entendido siempre como que no hay valores o verdades universales válidos para todos: lo que es bueno para algunos puede no serlo para otros, ya que la experiencia de cada cual constituye el criterio de verdad por la propia percepción de la realidad. 
  
  
    La traducción de García Calvo de la segunda parte de la frase sorprende por su carácter de glosa que alarga quizá innecesariamente la frase: de las que son [lo que sean] (τῶν μὲν ὄντων) ... y de las que no son [lo que no sean] (τῶν δὲ οὐκ ὄντων). Las traducciones consultadas en varias lenguas se limitan a decir: de las que son y de las que no son. Los añadidos del traductor “lo que sean” y “lo que no sean” están implícitos en los participios, por lo que podemos considerarlos innecesarios por superfluos, una paráfrasis más que una traducción literal. 
 
    Pero lo que me llamó la atención de la versión propuesta es la interpretación del ὡς ἔστιν,  que se traduce, en el primer caso, “en cuanto que él (sc. el hombre)  es lo que es”, y del ὡς οὐκ ἔστιν, en el segundo, que es su negación: “en cuanto que él no es lo que no es”. Es ahí donde radica la mayor diferencia con las traducciones consagradas, que interpretan que el sujeto de este verbo no es el hombre de la primera frase, sino “las cosas que son”, por lo que vierten así su contenido: 
    -«El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto que no son».
    -«L'homme est la mesure de toutes choses, de celles qui sont pour ce qu'elles sont et de celles qui ne sont pas pour ce qu'elles ne sont pas». 
    -«Man is the measure of all things, of the things that are, that they are, and of things that are not, that they are not». 
    -«Der Mensch‚ das Maß aller Dinge‘ sei‚ derjenigen, die sind, so wie sie sind. Derjenigen, die nicht sind, so wie sie nicht sind». 
    -«L'uomo è misura di tutte le cose: di quelle che sono, in quanto sono, e di quelle che non sono, in quanto non sono».
 
 
    La interpretación de García Calvo considera, a modo de lectio facilior, que si el verbo está en singular su sujeto puede ser perfectamente el hombre. Tradicionalmente se ha preferido la lectio difficilior que considera que el sujeto es el plural neutro “los seres, las cosas que son” τὰ ὄντα (ta onta). Sin embargo, más adelante, en el mismo libro, García Calvo ofrece otra versión introduciendo anacrónicamente, como reconoce él, el verbo “existir”, e intentando recoger ambas lecturas posibles en una sola: “El Hombre es metro o medida de las cosas todas, de las que existen en cuanto existen y él existe, y de las que no existen en cuanto no existen y él no existe”. 
 
    Quizá no debamos, sin apartarnos de la traducción tradicional, despreciar el añadido de García Calvo. Podemos entender que, en efecto, el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son (y él es una de ellas de las que es medida)  en cuanto son y de las que no son (y él es una de ellas de las que es medida) en cuanto que no son”. Como comenta el autor en la obra citada, no hay que interpretar en todo caso la frase de una forma positiva, como suele hacerse ordinariamente, en el sentido de que el hombre es el rey de la creación o algo así, sino negativamente, como una declaración de que nosotros, el Hombre, no podemos entender lo que pasa con la Realidad porque la tenemos que tomar reducida al nivel de nuestra medida, tomando nuestro tipo de lenguaje, el humano, como si fuera la lengua o razón misma. La gran dificultad de toda filosofía o ciencia consiste en que está siempre demasiado bien ajustada a la medida humana; hasta las teorías más sutiles que esploran (sic, como se pronuncia) los enredos de la 'medida' son también demasiado humanas; y así no se puede ir muy lejos en cuanto a descubrir la falsía de la Realidad; pero ello es que 'el Hombre' no es más que un caso de las cosas, y “todas las cosas hablan”, cada cual a su manera.
  
    No puedo, sin embargo, pasar por alto la valiosa sugerencia del poeta francés Paul Valéry sobre el problema del homo-mensura u “hombre-medida”, a quien le parecía oscuro el final de la frase y por eso mismo digno de interés, y en sus Cuadernos (C. XV, 415) escribía: No es el verdadero texto según me parece. Yo cambiaría los “evaluadores” y lo diría al revés: τῶν μὲν ὄντων ὡς οὐκ ἔστιν, τῶν δὲ οὐκ ὄντων ὡς ἔστιν. Es decir aplica la negación a las cosas que son y la afirmación a las que no son, afirmando el no ser y negando el ser. Y añade “pues tal es la fuerza extraña del hombre que da a lo que no es poder y efectos de existencia (en un sistema o dominio que es por lo tanto recíproco) y elimina o rechaza a lo que es sus caracteres. A primera vista esta permutación de los evaluadores que propone Valéry invierte totalmente el sentido de la fórmula, de la que cree así haber encontrado su sentido original. Las cosas que no son serían las cosas que no son reales, y serían todas las construcciones imaginarias del hombre en general y, en particular, las del artista. Para Valéry las cosas que son no pueden conjugarse en presente, porque nada es lo que es, es decir, lo que parece.

jueves, 18 de junio de 2026

Escurribandas (1)

1.- A propósito de una viñeta de Tute. «Somos esclavos de nuestros pensamientos». O un poco mejor, si se me permite corregir un poco el texto: «Somos esclavos de nuestras opiniones personales». O, más sencillo: «Somos esclavos de nuestras ideas», que ni siquiera son propias nuestras, pero nos aferramos a ellas como si fueran nuestra más preciada propiedad y posesión, cuando lo mejor sería desprendernos de ellas, dejarlas ir, soltarlas para que nos suelten a nosotros y nos dejen libres y no se transformen en ideas fijas, obsesivas, delirantes.
 
 
2.- Y otra del mismo: «No creo ser la persona indicada para ser yo». Esta vez es Mabel la que, sobre el diván del psicoanalista, reconoce que no es la «persona indicada». Nadie es la persona indicada para ser «yo», y lo somos todos y cada uno, cualquiera, que hable en primera persona del singular. 
 
  
3.- De René Ramírez Gallegos: «El neoliberalismo gobierna también con sus aparatos de medición: arriba, las cuentas nacionales que consagran el PIB como teología de Estado; abajo, las encuestas de hogares que reducen la vida a ingreso y consumo, como si la existencia cupiera en dos casilleros. Así se vuelven invisibles —por definición, no por olvido— el cuidado, la comunidad, el descanso, la fiesta, la enfermedad, la soledad: todo lo que reproduce la vida pero no se deja traducir dócilmente a precio». El Producto Interior Bruto, por arriba, es la teología del Estado. El ingreso y el consumo, por abajo. Y, además, la vida que no se deja reducir a precio, pero es lo que normalmente se hace, como demuestra el carácter económico de expresiones populares como «ganarse la vida» y «tener la vida resuelta»
 
 
4.- Del día del libro: El 23 de abril es oficialmente el día del libro en las Españas. En esta fecha se dice que fallecieron simultáneamente Chéspir y Cervantes, es decir el día en que se cerró su biografía, la escritura de su vida. En el año del Señor de 1616. La fecha parece que no es exacta por la diferencia de calendarios que usaban a la sazón ingleses y españoles -o españuelos, que deberíamos decir porque, según Lapesa, "español" es provenzalismo. El caso es que debería ser una fiesta importante para los amantes de los libros, para los bibliófilos en el sentido noble de la palabra, no en el de meros coleccionistas. Pero los amantes de esos raros objetos de papel rechazamos la mercantilización de la que son objeto, valga la redundancia, como regalo obligatorio para esta fecha, unos libros que la mayoría de las veces no serán leídos ni siquiera abiertos, sino colocados de adorno en una estantería. Los amantes de los libros, creo que hablo en nombre de ellos, aborrecemos esta fecha comercial. 
  
5.- Un descubrimiento tardío, pero nunca es tarde si la dicha es buena, y la dicha en ese caso consiste en el hallazgo de una formulación concisa y precisa, pero a la vez lúcida de cómo son las cosas, es esta sentencia de Walther von der Vogelweide, que vivió a caballo entre los siglos XII y XIII y fue el más célebre poeta amoroso o Minnesänger y, al mismo tiempo, poeta gnómico o sentencioso de la Edad Media alemana, sobre el paso del tiempo, la pérdida de la juventud y la llegada de la vejez, que comienza con un lamento, como no podía ser de otra forma -¡ay!- sobre lo que siempre consideró real y verdadero, y resultó que era real, sí, pero no verdadero, sino un sueño, una ficción, lamento que concluye con una pregunta sin respuesta:«¡Ay! ¿Dónde han desaparecido todos mis años? / ¿He soñado mi vida o es real?». (Owe war sint verswunden alliu mîniu jâr! / ist mir mîn leben getroumet oder ist ez wâr?)

miércoles, 17 de junio de 2026

La cogorza de Noé

    Se entiende, según la docta Academia de nuestra lengua, que antisemita es 'quien muestra hostilidad o prejuicios hacia los judíos, su cultura o su influencia'. Pero es una palabra viciada etimológicamente, porque la definición de semita, que nos retrotrae a la figura bíblica de Sem, uno de los tres hijos de Noé, y a sus descendientes, referida a una persona significa que pertenece a alguno de los pueblos que integran la familia formada por los árabes, los hebreros y otros. 
 
    Los hermanos de Sem, como se sabe, fueron Cam y Jafet. Se cuenta que Noé, el patriarca, al desembarcar del arca después del diluvio universal, se dedicó, labrador que fuera, a arar la tierra y plantó una viña, de la que cosechó uvas, bebió su mosto fermentado y se embriagó. Cuando despertó de la monumental cogorza, que los Santos Padres le perdonarán, andando el tiempo, porque Noé había bebido sin conocimiento de la fuerza y vigor que tenía el vino, que había hecho que se tumbara desnudo en medio de su tienda, descubrió que su hijo Cam se había burlado de él contándoselo a sus hermanos. No maldijo, sin embargo, a Cam, sino a  Canán, su hijo, cuyos descendientes serán el pueblo maldito de los cananeos (cuyo estigma parece que han heredado los modernos libaneses, según recientes estudios de ADN, y los palestinos),  y bendijo a Sem y a Jafet, que habían cubierto rápidamente su desnudez tapándose los ojos con respeto pudoroso.
 
La embriaguez de Noé, Giovanni Bellini (1515)
 
    El término antisemitismo nació al parecer en la Alemania del siglo XIX con el significado exclusivo de enemigo de los judíos (y no se aplica por lo tanto a los árabes, para los que se prefiere en nuestros días un término religioso como islamofobia) debido a su origen político e ideológico. Aunque lingüísticamente "semita" engloba a varios pueblos del próximo Oriente, incluidos los árabes, la palabra "antisemitismo" (Antisemitismus en alemán) se inventó con un único propósito: dar un nombre de apariencia culta y científica al odio hacia los judíos, propiamente Judenhass o Judenfeindschaft en la lengua de Goethe, que eran términos germánicos más explícitos y que entendía todo el mundo. La palabra, pues, nació viciada, como decíamos al principio, porque semita era un término que usaban los lingüistas para clasificar los idiomas hebreo y árabe, que no eran indoeuropeos, y la transformaron en una categoría racial.
 
    Me da la sensación de que el Estado beligerante de Israel es uno de los mayores promotores del antisemitismo moderno, porque sus mandatarios cometen actos atroces bajo la bandera de la pentalfa o pentáculo, que es su símbolo más sagrado, de la Estrella de David de cinco puntas, y le dicen al resto del mundo: «Si no les gusta lo que hacemos, son antisemitas». La gente razona entonces: "Si me opongo a todo lo que Israel hace y representa, porque su trato a los palestinos, libaneses y árabes en general es inhumano, y si eso significa que no me gustan los judíos, y eso es ser antisemita, pues -¿qué le voy a hacer?- será que soy antisemita", cuando, en realidad, uno, si tiene que ser calificado de algo, sería de antisionista propiamente dicho, que no es lo mismo que antisemita. 
 

    El antisionismo, formado sobre el nombre de Sion, una de las colinas de Jerusalén, definido por la docta Academia como "movimiento político judío centrado en sus orígenes en la formación de un estado de Israel y, después de la proclamación de este en 1948, en su apoyo y su defensa", es propiamente el odio -sugerido por el prefijo griego ἀντι (anti)-, contra el Estado de Israel, que, como cualquier Estado del mundano lodazal, por otra parte, es el enemigo público número uno de su pueblo. Pero en todo caso no se puede identificar a los judíos con el Estado de Israel, tanto si uno está a favor como en contra de ese Estado, que hoy por hoy es el mayor alimento del antisemitismo moderno con su paradójica pretensión de querer erradicarlo de la haz de la tierra. 

martes, 16 de junio de 2026

Pareceres CXIV

557.- Censura. Se impone la censura como corrección política en nombre paradójicamente, de la libertad de expresión y de la lucha contra la desinformación. Calificar de «propaganda» cualquier análisis que no se ajuste a la narrativa dominante se ha convertido en algo habitual. Un periodista o un analista de la actualidad que se muestre crítico, por ejemplo, en lo que respecta al papel de Occidente, en concreto de la Unión Europea, incluido el Reino Unido, y la OTAN/NATO, en la prolongación del largo 'conflicto' ucraniano, puede ser discutible y discutido, pero no debería ser suprimido o cancelado simplemente, como suele ser de hecho, porque su discurso resulte inconveniente. Afirmar que las decisiones políticas, diplomáticas, militares y económicas de las potencias occidentales influyen en la duración del conflicto no es desinformación, sino una opinión que no carece de fundamento. Es una cuestión legítima, en todo caso, para el debate público y político. Lo preocupante es que los mandatarios prefieran silenciar las voces críticas que no les agradan en lugar de entablar un debate constructivo o, mejor dicho, destructivo de las ideas preestablecidas, cosa que hacen imponiendo la vieja censura bajo el pretexto de que están combatiendo los discursos de odio y la desinformación, que se convierte así en el ideal supremo.
 
 558.- El pirulo tropical. Este anuncio, de una marca de polos y helados, fue emitido en el Ente Público en el año del Señor de 1996, hace exactamente treinta años. Hoy sería impensable que pudiera emitirse por televisión, dado que no es políticamente correcto, por empleo de niños y niñas en traje de baño y sugerencias sexuales que identifican el pirulo con un inequívoco símbolo fálico. No digamos nada del beso no consentido con sabor a muchas frutas...  Cuando se decían obscenidades como “Para chulo, mi pirulo”. ¿Podría emitirse ahora, habida cuenta de la censura existente feminista? Muchos biempensantes pondrían el grito en el cielo. Parece que entonces nadie se ofendía por estas cosas... Podemos incluso imaginar el anuncio de la siguiente manera: Que raro se vería si fuera una niña la que prueba el pirulo, besara a un niño, y se le apareciera un hombre diciendo que si lo puede probar él también… Bueno ahí vemos claramente las intenciones obscuras de los publicistas, un niño chupando un helado con forma de falo, la niña inocente y sumisa al género masculino y las intenciones pedófilas del adulto. 
  
559.- Papolatría.- Según Lutero, la papolatría es la idolatría entendida como devoción y sumisión ciega a la figura del papa. Y aquí en las Españas, ya se sabe, somos más papistas que el santo progenitor no gestante. El vicario de Cristo es, según Lutero, el Anticristo, porque a fuerza de hacer las veces de Cristo en la Tierra usurpa su papel, caracterizado por la infalibilidad que se ha exaltado por encima de la palabra de Dios exigiendo obediencia absoluta y convirtiéndose en cabeza de la Iglesia, un puesto que solo debería ocupar Cristo. El papa es falible. Durante su visita a las Españas hemos presenciado su discurso en el parlamento ante tirios y troyanos, y la larga ovación que le profirieron tanto los unos como los otros, con un discurso conciliador que satisfacía a todas las partes y a ninguna, demuestra que no han entendido ni papa ni saben de la misa la media. Un papa que publica una encíclica titulada Magnifica humanitas, donde se ocupa de la Inteligencia Artificial en lugar del Espíritu Santo, es un papa demasiado humano que, con un juego de palabras idiota como él solo por exclusivo de nuestra propia lengua, nos empapa con su papado, como escribía el otro día Félix de Azúa, y nos empapa con sus paparruchas. 
 
560.- Bendición del tren. Los obispos españoles que iban a viajar de Madrid a Barcelona con motivo de la visita apostólica del santo padre, bendicen el tren que iban a tomar a fin de que proteja a los viajeros: “Aparta Señor de sus recorridos todo peligro, imprudencia o accidente”, cosa que enfurece al impresentable ministro del ramo que asegura que "Más allá de lo que piensen los obispos, o quien sea, el tren en España es un medio de transporte de los más seguros del mundo". Eso no garantiza, admitió, que sea imposible que sucedan algunos accidentes, como en el caso de Adamuz (Córdoba, este año) o de Angrois (Santiago de Compostela, en 2013), en los que fallecieron decenas de personas. Y usa la ironía al referirse a este último accidente producido bajo el gobierno del partido que hoy está en la oposición: "No recuerdo si después de aquel incidente hubo algún exorcismo en la red ferroviaria española". No quiere el Ministro que le recuerden el accidente de Ademuz que costó la vida a cuarenta y cinco personas que viajaban en él. Cuando los familiares de las víctimas le pidieron que asumiera su responsabilidad y dimitiera, replicó que él no había soldado el raíl que presuntamente provocó el descarrilamiento del tren de alta velocidad, un argumento, si se puede llamar así, que dejó estupefactos a los familiares de las víctimas que no daban crédito a lo que habían oído. Finalmente aseguró que viajar en tren es estadísticamente más seguro que hacerlo en automóvil, pero, claro, si te toca, te tocó. 
 
561.- En pie de guerra permanente. Uno de los hallazgos dialécticos orgüelianos más interesantes es el concepto de guerra perpetua al que asistimos en la era moderna, sin olvidar la contradicción dialéctica de que esa guerra no es otra cosa que la paz. Los conflictos contemporáneos que nos mantiene entretenidos durante los últimos años son “guerras ficticias” diseñadas para el control interno más que para la victoria militar. Hasta tal punto la guerra está tan instalada en la paz que ni siquiera es precisa una declaración solemne como antaño. Lo cierto es que un gobierno en guerra permanente necesita enemigos como un horno combustible. Si no los hay en el extranjero, se inventan en casa: terroristas, violadores, extremistas, inmigrantes, hackers, narcos, potencias extranjeras infiltradas, radicales extremistas, enemigos del pueblo que amenazan a la democracia, el caótico orden establecido, la inexistente seguridad nacional... Los nombres cambian. La maquinaria sigue siendo la misma y funcionando. Una vez que el gobierno convence al pueblo convertido en público de que está rodeado de enemigos, ya puede justificar cualquier cosa: vigilancia, censura, redadas, puestos de control, bases de datos, policía militarizada, tribunales secretos, detención indefinida, confiscación de bienes, órdenes de allanamiento sin previo aviso, drones, poderes de emergencia y más guerra. Convencido el pueblo de las bondades de la solución gubernamental, esta se vuelve permanente. Este no es un problema político de izquierda o derecha. Tanto los unos como los otros han hecho que impere la ley marcial financiando las guerras, renovando los poderes de vigilancia y control, armando a la policía, ampliando la autoridad ejecutiva, protegiendo a las agencias de supuesta inteligencia, recompensando a los contratistas de defensa y utilizando el miedo para silenciar la disidencia.
 

lunes, 15 de junio de 2026

El cántico de las sirenas

 "Las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio... Y aunque es improbable que algo semejante haya sucedido, sigue siendo posible que alguien, alguna vez, pueda haber escapado de su canto, pero seguramente que nunca de su silencio." (Franz Kafka)

En 1891 John William Waterhouse pintó este "Ulises y las sirenas", inspirándose en el célebre jarrón griego que las representa como aves canoras y no como peces.


El genio literario de la pluma de Franz Kafka publicó este pequeño relato "kafkiano", nunca mejor dicho, titulado "El silencio de las sirenas", donde Odiseo/Ulises, para no admitir su derrota ante las sirenas, dirá que ha escuchado su hermoso canto y lo exagerará afirmando que estuvo a punto de enloquecer bajo su seducción. Sin embargo,  según el relato del escritor checo, Odiseo/Ulises está a punto de enloquecer porque las sirenas no cantan a su paso, por lo que no sale victorioso ni ileso de este encuentro, sino humillado ante el desplante de las sirenas, que ofenden al héroe homérico con el desprecio de su silencio.   

Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba: 
 
Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera (1) y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente. 
 
Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas. 
 
En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción. 
 
Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas. 
 
Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises. 
 
Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó. 
 
La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

NOTA.- (1)  Aquí hay una inexactitud del relato: Odiseo/Ulises no tapó sus oídos con cera según la versión homérica sino los de la tripulación, haciéndose encadenar él al mástil de la nave para poder así oír el canto de las sirenas. A pesar de eso, el relato de Kafka nos sugiere algo mucho más terrible: lo que oyó Odiseo/Ulises no fue el canto, sino el silencio sepulcral de las sirenas.


Herbert James Drapper pintó este óleo titulado "Ulises y las sirenas" en torno a 1909. En él se aprecian las sirenas con forma de mujer y, una al menos, con cola de pez, según la iconografía moderna.
 
oOo
 

Los adolescentes, más adictos a los cánticos de las modernas y tecnológicas sirenas virtuales de las redes sociales que los llevan a la perdición de TikTok, Snapchat, YouTube, y, sobre todo, Ístagran que al Feisbu o a Tuíter, ahora rebautizado X, se dejan seducir por ellas igual que los adultos, quienes se las quieren prohibir a sus menores a fin de que no se echen a perder como ellos se han echado. Los menores ya no juegan ni se divierten ni hablan físicamente entre ellos, sino onláin en todo caso, y se aburren soberanamente... guasapeando. De ser peces más o menos libres en la mar salada, que es lo que podrían haber sido, si pudieran y quisieran, se convierten en "pescados" al caer en alguna de esas numerosas mallas, telarañas y pescaderías en las que, incautos, se dejan enredar.



La viñeta original de Brian Gordon, dibujante norteamericano creador de la serie  Chuck y Beans, a la que pertenece, sólo menciona a Feisbu (Facebook en la lengua del Imperio, que se escribe de una manera con el alfabeto latino y se pronuncia de otra); con "Tuíter" (ahora Equis) e "Ístagran" se adapta más a nuestra actualidad sociocultural española.
 
 

 

domingo, 14 de junio de 2026

Más aforismos revueltos

La visita del papa a España constata una creciente sed de Dios en los jóvenes que anhelan en lo más íntimo hallar al Señor alzando en vano al cielo la mirada.
 
 El papa hace un six-seven, guiño menorero a los preadolescentes, sopesando algo con las manos, una que sube y otra que baja, en pos de relaciones espirituales.
 
Las homilías eclesiásticas se centran en la IA, el cambio climático, Gaza o la acogida cristiana de los pobres inmigrantes: cuestiones de rabiosa actualidad.
 

 
 
Si el Santo Padre habla tanto de la Inteligencia Artificial y nada del Espíritu Santo ¿será porque son lo mismo? ¿Magnífica o misérrima y paupérrima humanidad?
 
¿Vida saludable? ¿Qué es la salud sino la vida sin más y el olvido de todas las preocupaciones que nos la hacen imposible? ¿O será salud sinónimo de enfermedad?
 
Producción de noticias futurizas: La parroquia madrileña de San José repartirá más de treinta mil hostias consagradas en la gran misa multitudinaria de Cibeles.
 
Ya no solo son noticias los hechos pasados, sino también los futuros, es decir los hechos que no están hechos, de modo que figure así lo futuro ya como pasado.
 
La IA roba información de libre acceso y propiedad intelectual que ofrece a cambio de una suscripción y de una tarifa, mientras que ambas desaparecen de la red.
 
La astuta IA se presenta como filántropa benefactora ofreciéndonos previo pago aquello de lo que nos ha despojado: los datos que nosotros mismos hemos generado.
 
Sobre el mandato délfico de conocerse a uno mismo: “Todos creen conocerme, pero no tienen ni idea de quién soy en realidad”. Tampoco la tengo yo, me desconozco.
 
 
¿Se sabe qué fue del hantavirus? Pese a la operación de propaganda desplegada, se ve que no ha tenido mucho recorrido ni durado más de un par de telediarios.
 
No es magia, son tus impuestos. ¿De qué vive el Estado si no es del tributo de nuestro dinero, que es el fruto podrido del sudor de nuestra frente prostituida?
 
Cuando uno tiene un dineral merced a la venta de su fuerza de trabajo o prostitución, se dice que tiene la vida resuelta, equiparando así la bolsa con la vida.
   
España ganó un Mundial y fuimos campeones, olé, olé, olé; la bandera nacional se llenó de orgullo patriótico dotándose, carente como estaba, de un significado.
 
¡Bienvenido al Centro Comercial! Estábamos deseando verte. Si has venido caminando, enhorabuena: has cumplido tu reto diario de los diez mil pasos saludables.
 
Si accedes a la superficie comercial en bici, patines o patinete, cumples un doble objetivo: es beneficioso para tu salud y para la salvación del medioambiente. 
 
 
 
El móvil en las manos cuando estás sentado o vas caminando te obliga a agachar la cabeza de un modo servil, iluminando a cambio tu rostro con su resplandor.
 
¿Dijo Chesterton que cuando uno deja de creer en Dios, no se vuelve un total y descreído ateo, sino que pasa a creer en cualquier otra cosa que ocupe su lugar?
 
  Una mujer jubilada se encontraba sola en un pueblo toledano hasta que encontró a una joven inmigrante peruana ciega sin papeles que ha acabado regularizándose. 

sábado, 13 de junio de 2026

Aquiles tocando la cítara

    Una de las primeras menciones literarias de la cítara la hallamos en la Ilíada de Homero, cuando Ayante y Odiseo visitan la tienda del heroico Aquiles “y halláronlo a él tañendo una cítara clarisonante, / linda, beltrecha, y de plata tenía la vara de trastes, / que había, al tomar la ciudad de Eetión ganado en su parte; / con ella alegraba su alma, y cantaba hazañas de grandes” (Ilíada IX, vv. 186-189, según la espléndida traducción en verso de García Calvo). Un detalle filológico importante es que el texto homérico no dice κιθάρα (kithára), cítara, sino φόρμιγξ (phórminx), forminge. La forminge era un instrumento arcaico de cuerda precursor de la cítara propiamente dicha, que utilizaban los aedos para acompañamiento de sus cantos. La cítara, que a menudo se confunde con la lira consagrada a Apolo y a las Musas, se diferencia de esta en que tiene una caja de resonancia de madera sobre la que se extienden las cuerdas en toda su longitud. 
 
 
    La palabra κιθάρα es también el origen de nuestra guitarra, vía árabe andalusí. Se conserva como cultismo bajo la influencia latina de cithara, cítara, acentuada como esdrújula por la ley de la penúltima. Cicerón escribe que “non omnes qui habent citharam sunt citharoedi”, no todos los que tienen una cítara son citaredos, que era el nombre de los que tañían el instrumento, proverbio que conserva la lengua catalana: "No tots els qui tenen la cítara són citaristes", que da a entender que poseer las herramientas o los medios no convierte a alguien en un experto en la materia. 
 
    La cítara es, por lo tanto, uno de los instrumentos de cuerda más antiguos de la historia de la música occidental, cuya melodía podía llegar a hacer que resucitaran los muertos, como logró Orfeo con el alma de su querida Eurídice, antes de perderla para siempre.
 
Orfeo y Eurídice, Camille Corot (1861)
 
    Durante la Antigüedad tardía y la Edad Media, el instrumento griego desapareció progresivamente, aunque su nombre sobrevivió  aplicado a otros instrumentos de cuerda pulsada o percutida. A partir del siglo XVIII apareció en Europa central la llamada cítara alpina (Zither en alemán), un instrumento de caja plana con numerosas cuerdas tendidas sobre una tabla armónica. Esta es la cítara que hoy suele identificarse con tal nombre. Alcanzó gran popularidad en Austria, Alemania y regiones vecinas durante el siglo XIX, tanto en la música popular como en la de salón. La historia de este instrumento abarca más de dos milenios, desde la kithára de los poetas y músicos griegos hasta la Zither centroeuropea moderna, considerada el piano del pobre por ser mucho más barata y portátil que el pianoforte. Se utilizaba mucho en las tabernas de vino en Alemania y Austria.  
 
    Su fama internacional creció enormemente en 1949 gracias a la banda sonora de la película El tercer hombre, adaptación de la novela homónima de Grahan Green y dirigida por Carol Reed,  compuesta e interpretada por Anton Karas, cuyo inconfundible sonido convirtió la cítara en un símbolo musical de la Viena de posguerra. Karas compuso el tema de Harry Lime para la película que ha tenido y sigue teniendo desde entonces una larga resonancia logrando que la cítara se volviera mundialmente famosa. 
 
 
 oOo
 
Una guitarra al sol de media tarde, antigua cítara de Apolo, -gratuito regalo inesperado-, y una melodía que unas manos sabias arrancan a las cuerdas de esa guitarra que llora y gime y canta sus letanías en el parque, rasgando el silencio de la hora de la siesta que sólo rompe el vuelo de gaviotas y palomas como si fuera un suave velo de seda. Suena la música viva de una guitarra española que lleva el arte en las venas y el eco de una lejana e íntima Andalucía en su corazón.
 

viernes, 12 de junio de 2026

Revoltijo de aforismos

“Todo lo que llamamos real está hecho de cosas que no pueden considerarse reales”, aforismo que dice verdad atribuido al físico Niels Bohr sin mucho fundamento. 
 
No hay guerra actual o intervención militar que no se haga en nombre de la defensa de los derechos humanos y reivindique para sí la condición de 'humanitaria'.
 
Ahora toca, una vez más, la remozada versión televisada del panem et circenses de los romanos, unos partidos en abierto y otros previo pago: fútbol para todos.
 
 
El auténtico problema demográfico no es la baja tasa de natalidad existente, sino el hecho de que los jóvenes padezcan muy pronto “envejecimiento” prematuro.
 
Si antaño la juventud era revolucionaria y la vejez conservadora, hoy en día vemos exactamente lo contrario: la vejez de la juventud y la juventud de la vejez.
 
 La Generación Zeta, que es la de los centeniales digitalizados que no conocen el mundo si no es a través de interné, padece prematuramente una vejez anticipada. 
 
  
 Si uno acepta entrar en el juego, se obliga a aceptar a la fuerza sus reglas, por lo que no puede pretender cambiarlas aunque no esté de acuerdo con las mismas.
 
Ahora que llega el verano o calentamiento semiglobal al hemisferio norte del planeta, la OMS pide más protección para salvar así las almas de miles de personas. 
 
La mirada nostálgica a los antiguos mundiales -y a los veranos de antaño- es la vía de escape de la actualidad, como aquel inolvidable mundial del naranjito.
  En los largos veranos de largas vacaciones y mínimas responsabilidades, el Mundial era el mayor evento del universo: espectáculo servido a las clases populares.
 
A la hora de la merienda, bocadillo de pan y el circo del estadio televisado, mejor en un bar en compañía de otros hinchas del balón y el monárquico deporte.
 
 Los mandatarios quieren entretenernos para que el mal llamado “tiempo libre” no se convierta en libertad, por eso lo rellenan echándonos partidos por la tele.

jueves, 11 de junio de 2026

Las moscas

Vosotras, las familiares, / inevitables golosas, / vosotras, moscas vulgares, / me evocáis todas las cosas. (Antonio Machado)
 
  
   Ya están aquí las moscas,  amigas nuestras, zumbando a todas horas   sus viejas nuevas.   
 
Revuelan, sobrevuelan, sus negras sombras, domésticas, comunes, sobre las cosas.   
 
Anuncia su revuelo que ya es verano, que ya el verano es otro y el mismo acaso.
 
   Ni son las mismas moscas ni el mismo estío, mas, sin embargo, todo será lo mismo.
 
   Zumban que todo pasa  y que todo vuela,   que pasamos verano, nosotros y ellas.
 
   Rezumban que no hay nada que eterno sea, que una vez solamente  se vive y cuenta.
 
   Y sin embargo callan, maestras sabias, que todo permanece y nada cambia, 
 
   que son las mismas cosas,  lo mismo todo, por más que sean otras y otros nosotros.
 
 

miércoles, 10 de junio de 2026

¿Qué es el Estado?

    Se ha publicado en castellano a cargo de Ediciones El Viejo Topo, 2026 el ensayo de Paolo Botta titulado ¿Qué es el Estado? (traducción de “Cos' è lo Stato", Rogas Edizioni, 2025), que lleva como subtítulo en castellano “capitalismo, democracia y socialismo en el siglo XXI”.
 

    Después de preguntarse qué es el poder y qué es la política, aborda en el capítulo tercero la pregunta que da título al ensayo: ¿Qué es el Estado? La primera definición que ofrece es que es una organización, algo evidente, pero necesario decirlo. Afirma: No es una entidad abstracta que se esconde en los cielos o en un fantástico hiperuranio (donde residen las ideas de Platón). El Estado es una organización formada por hombres de carne y hueso, funcionarios, empleados, policías, militares, etc. El Estado es una realidad. Recuerda a Max Weber que ponía al Estado en el centro del poder porque detiene el monopolio de la fuerza y de la violencia legítima en el ámbito de un territorio determinado y que se funda sobre la utilización del ejército y de una amplia burocracia que gestiona su complejidad organizativa basándose en las leyes y el derecho. Resulta interesante la observación que hace de que no son los Estados quienes deciden los destinos de la humanidad, sino los pueblos en el ejercicio de su soberanía. Ciertamente, así debería ser, pero los pueblos han «delegado» de hecho en los Estados su gobierno.
 
    Todo ello hace necesario, según el autor, un gobierno y en consecuencia una entidad organizativa que pudiera desplegarse por el territorio para ofrecer servicios, asistencia, pero también instrumentos de coerción cuando son precisos, aunque también para obtener el consenso de la gente a través de la propaganda ideológica y de la educación. 
 
 
    Afirma Botta que el Estado es el corazón y el alma de la política, algo que ya estaba implícito en esta última palabra, derivada de polis, la forma griega de la ciudad-estado. La pluralidad de Estados -en el mundo hay cerca de doscientos- se complica con la existencia de diversas entidades u organismos supraestatales. Sin embargo, el Estado nacional no está en decadencia, como creen algunos, sino que simplemente ha reconfigurado su soberanía y protagonismo, a menudo ocultados tras las narrativas ideológicas de la globalización y el neoliberalismo. Concluye diciendo que los Estados existen, y que no están en crisis como afirma una retórica poco convincente, sino todo lo contrario.
  
    Paolo Botta había publicado, como adelanto de su libro, el artículo "Del occidente en crisis al modelo chino: el camino socialista en el siglo XXI",  cuyo título ya lo dice todo: pone a China como ejemplo concreto de un socialismo del siglo XXI capaz de generar crecimiento, innovación y estabilidad.
 

    El ensayo de Paolo Botta «¿Qué es el Estado?», desde una óptica neomarxista y geopolítica, analiza las nuevas formas de socialismo, centrándose en la experiencia china como paradigma alternativo de la crisis occidental. Pone en evidencia las diferencias notables entre el modelo occidental y la relación con China, cuyos caracteres generales no son asimilables absolutamente al capitalismo tout court, “sino que contienen elementos típicos de una fase de transición hacia el socialismo, en un contexto de gran originalidad por la presencia de elementos que hunden sus raíces en la tradición china”. Ahora tendríamos que adjudicarlo al actual Estado chino, esa república popular, monárquica y comunista, que va camino de ser la primera potencia capitalista del siglo XXI.
 
    A Marx le gustaba el capitalismo por su eficiencia económica en el desarrollo tecnológico y de la industria; imaginaba lo que eso sería en manos del proletariado; pero el Estado le gustaba poco, solo por el tiempo imprescindible; pensaba que tanto el Estado como el Capitalismo serían necesarios en los primeros tiempos de la revolución comunista, pero que a la larga, una vez consolidado el desarrollo capitalista bajo la dictadura del proletariado, sería necesario abolir el aparato del Estado, por ser este incompatible con la desaparición de las clases y la emancipación humana (objetivo último de la revolución). Sin embargo, no se sabe de ningún partido marxista, ni neomarxista, que a día de hoy suscriba tal intención de abolir el Estado, ni pronto ni a la larga, como tampoco se sabe de ninguno que reclame la abolición de la propiedad privada y del trabajo asalariado, que serían las medidas más básicas de cualquier proyecto realmente anticapitalista.
 
    El ensayo de Botta me trae a la memoria el homónimo de Agustín García Calvo Qué es el Estado que publicó la Gaya Ciencia en 1977, recogido en 1980 por el autor y publicado en Actualidades, editorial Lucina, sin las ilustraciones de la edición original, con unas pocas correcciones y la adición de un párrafo, y reeditado en 2019 por Ediciones El Salmón. Sin embargo, no tiene nada que ver el uno con el otro. Botta no se limita, como el título indica, a preguntarse qué cosa sea el Estado, sino que, dándolo por bueno, aboga por la defensa de un Estado-nación presuntamente anticapitalista. Mientras que García Calvo escribe una diatriba contra el Estado. Al preguntarse qué es, destruye la idea que lo sustenta. 
 
    Sería interesante que se reeditara el Qué es el Estado de García Calvo en 2026, quien sostenía que Estado y Capital eran la misma cosa y que funcionaban como las dos caras de una misma moneda para disimular su dominio unificado sobre la sociedad, manifestándose en elementos de la vida cotidiana como la burocracia, los impuestos, las estadísticas, los documentos de identidad, la educación obligatoria, las fronteras y las leyes.  
 
    Todo Estado es capitalista, y está en la esencia del Estado el ser capitalista, por la razón de que todo Estado es totalitario y es esencia del Estado el ser totalitario. El Estado es totalitario porque es la forma perfecta o cerrada de organización política, en la cual el proyecto de organización, el proyecto de un Orden establecido por el saber humano y funcionando según el Plan de la Autoridad, sólo podrá cumplirse si ese Orden se refiere a un conjunto definido y numerable, a un verdadero Todo. Particularmente novedoso era su descubrimiento de la relación entre el Estado y el individuo personal, que puede afirmar de alguna manera no solo 'el Estado soy yo', sino también 'yo soy el Estado'. Definía la función esencial del Estado como “administración de la muerte”, diferenciándolo de “pueblo” que es una entidad sin voluntad de matar. Criticaba la idea de que el Estado evita el caos, ya que el orden estatal no se impone sobre el vacío, sino sobre un orden previo más sabio nacido de las relaciones comunes. Sin embargo, se hace para mucha gente una entidad necesaria y aun querida por temor a lo desconocido. E invitaba finalmente a las mujeres a liberarse de la Mujer y a liberar a los hombres del Hombre, de Dios y del Estado que es Su Casa más perfecta, equiparando a Dios con el Estado, como hiciera Bakunin.