miércoles, 29 de julio de 2026

Hijos e hijas de papá y de mamá

    En su afán por proteger a sus vástagos de un mundo que consideran hostil y atiborrado de peligros indefinidos, muchos progenitores, cegados por un concepto mal entendido de paternidad responsable, es decir, por un exceso de rol paternofilial, como dicen los psicagogos, y movidos  por el amor que sin duda sienten por sus tiernas criaturas y por el miedo de que les suceda algo malo, logran amparándolos sobremanera lo contrario de lo que que pretendían, y dejan a sus retoños indefensos e incapaces de sufrir la más mínima contrariedad que les sobrevenga sin derrumbarse, como polluelos que no acaban de romper nunca el cascarón protector del huevo y salir de él a enfrentarse con el mundo y con la vida.

    Conocí a una profesora que hacía siempre los deberes con sus hijos desde muy pequeños, y que, bien entrados ellos ya en la adolescencia, seguía tomándoles la lección y estudiando con ellos y terminando muchas veces sus tareas, a la vez que organizaba sus tiempos y técnicas de estudio; por lo que ella, como madre,  y no ya como profesora, estaba en contra de los deberes escolares y mostraba una férrea oposición mayor aun, si cabe, que la de sus hijos. Muchas veces decía que los profesores, y entonces hablaba como madre exclusivamente y no como enseñante,  no eran conscientes del ingente trabajo que suponían los deberes escolares para los alumnos y no eran conscientes de que las vacaciones y los fines de semana eran para descansar y recargar las pilas a fin de poder reincorporarse al trabajo del estudio con nuevos bríos y energía. 

    No es raro que desde las hodiernas Jefaturas de Estudios de los Institutos de Educación (y no Enseñanza, que es palabra más noble) Secundaria se recuerde a los profesores que no deben mandar tareas a los alumnos para los períodos vacacionales, no vayan a provocarles algún traumatismo craneal o psicológico: el ocio es el ocio, o sea la otra cara del negocio.  
     Cuando el primogénito de la profesora de marras logró licenciarse -hoy, después del plan Bolonia, decimos graduarse- en la Uni, no sin algún esfuerzo, pues era un vago redomado, nos comentó a sus allegados y conocidos que ella también había acabado, por fin, la carrera de derecho y se había laureado y conseguido una segunda licenciatura.

    Los hijos e hijas -cedamos a lo políticamente correcto como hacen los políticos y las políticas- de papá y de mamá, cuando ya son un poco  mayorcitos y mayorcitas, son incapaces de orientarse en la calle sin la aplicación del mapa de su dispositivo,  tienen una rabieta al menor contratiempo si no consiguen lo que quieren y sienten frustración ante el menor cambio en lo previsto, no saben atarse los cordones de los zapatos, y ante cualquier problema necesitan recurrir a papá y a mamá mediante el móvil, ese moderno cordón umbilical inalámbrico que les une al claustro materno y que asegura su dependencia del pesebre del portal de Belén. 

 Adoración de los Magos, Durero (1504)

    En inglés ‘to spoil’, que deriva del latín spoliare ('desnudar'), significa ‘mimar’, y también ‘estropear’, de modo que los anglosajones saben muy bien que los niños mimados y consentidos están echados a perder, estropeados, espoliados o expoliados, que de ambas formas se puede decir en castellano, es decir despojados de su independencia, privados de autonomía y libertad a fuerza de tanto cariño. Los “spoilers” son, obviamente, sus padres, que les han contado cómo iba a  acabar la película de sus vidas, desentrañándoles el nudo del argumento y el final,  antes de vivirla.

    Las familias modernas, reducidas a su mínima expresión –monoparental o formadas por una pareja heterosexual u homosexual, da igual- siguen siendo la encarnación de la Sagrada Familia, con el menor número de hijos: ninguno -en su lugar crían alguna mascota canina o felina-, un infante o, a lo sumo dos, la parejita,  por aquello de que uno no es ninguno y dos son uno, muy alejadas del concepto de familia numerosa fomentada con premios y alicientes a la natalidad en tiempos pasados, tienen como eje gravitatorio a sus crianzas, que se constituyen en el centro sobre el que giran y orbitan sus vidas.
 
     Algunos padres están tan ocupados que el poco tiempo libre que dedican a sus tiernas criaturas quieren dedicarlo a «hacerles felices» a toda costa, y, reaccionando contra la educación autoritaria de su propia niñez,  no saben decirles a nada que ‘no’, esa palabra mágica que es la primera que aprendemos todos y que olvidamos enseguida, como fruto de nuestra mala educación,  cuando lo que deberían hacer es enseñarles a los niños y niñas a decir que nones a todas las imposiciones y no, como hacen, a todo que sí.

    Muchos progenitores gestantes y no gestantes, la inmensa mayoría,  confían la educación de sus hijos a la escuela, es decir, al Estado, que se encarga de su formación manu militari desde los seis hasta los dieciséis años; en la práctica desde los tres años hasta los dieciocho, en que alcanzan la mayoría de edad legal que les permite votar y sacar, cómo no, el permiso de conducir. El hecho de que sean mayores de edad legalmente no significa que sean autónomos, independientes, adultos en el sentido en que creen serlo sus progenitores, sino, precisamente, todo lo contrario, ya que una de las características de nuestra sociedad es, pese a su misopedia o pedofobia, o, si se prefiere en román paladino, odio a la infancia,  su infantilismo galopante, su eterna minoría de edad. 


    Estos niños, tan amparados, mimados y estropeados por sus padres que resultan completamente desprotegidos cuando no están bajo la tutela paterna y estatal, estos adolescentes tan consentidos, van a tener seguramente muchas dificultades a la hora de resolver los conflictos por nimios e insignificantes que sean los que se les presenten en la vida, porque están acostumbrados a que lo hagan sus mayores en vez de ellos, incapaces de afrontar  los inevitables contratiempos de la existencia, con lo que, sin querer tal vez, sus papás y sus mamás los han hecho menos autónomos, más dependientes y manipulables, menos responsables de sus actos y consecuencias, e incapaces de tomar decisiones propias por lo tanto. Antes los niños gozaban de una temprana autonomía que les dejaba cierta libertad de movimientos que ahora no tienen; hoy se desenvuelven en un ámbito de vigilancia, control y supervisión constante de padres y de adultos. 

    Niños mimados y estropeados por unos padres que les han concedido el privilegio envenenado de todos sus caprichos; niños echados a perder por el sistema educativo que ha hecho de ellos no más que unos perfectos futuros consumidores, votantes y contribuyentes sin sentido crítico, incapaces de enfrentarse a la realidad y de intentar cambiarla para que siga igual, futuros esclavos sumisos, eternos menores de edad.

martes, 28 de julio de 2026

Pareceres CXVIII

580.- Escolarización obligatoria: Casi nadie se cuestiona la escolarización obligatoria. Hay algunos, incluso, que quieren ampliar ese nuevo servicio que es la ESO española (Educación -y no Enseñanza- Secundaria Obligatoria) de los dieciséis actuales hasta los dieciocho años de la mayoría de edad legal. La enseñanza comenzó siendo obligatoria hasta los diez años, luego hasta los catorce, ahora lo es hasta los dieciséis, y parece que finalmente quieren imponerla hasta los dieciocho; obligatoria, por imperativo legal, desde los seis años de edad, pero en la práctica ya hay parvulario desde los tres años; y quieren lograr la escolarización por abajo desde los “cero” años, con lo cual se va a convertir el sistema educativo español, si no lo es ya, que ya lo es, en un Kindergarten, jardín de infancia o guardería tutelada de menores donde los padres depositan a sus hijos bajo custodia del Estado porque no pueden ocuparse de ellos. ¿Y qué hemos sacado en claro? Aumento cuantitativo de los estudiantes, descenso cualitativo de las enseñanzas, grandes rebajas de los contenidos de los programas y las exigencias mínimas, con lo que la incultura y la práctica analfabetización tanto en ciencias como en letras de las nuevas generaciones españolas es general, salvo rarísimas excepciones que se producen a pesar del propio sistema educativo. Ese es el logro social que querían conseguir, y que ya han conseguido: una nuevas generaciones acríticas, sumisas, visceralmente incultas, fieles contribuyentes a Hacienda, que dicen que somos todos, unos demócratas que pueden votar a los unos o a los otros, a diestro y siniestro, da igual, o sea, unos seres que creen que son libres porque pueden elegir a sus amos, y que lo único que hacen es lo que está mandado. 
 
 
 
581.- En cómodos plazos. Hay gente que, llegando estas fechas estivales, solicita un préstamo para pagarse unas vacaciones de las que luego presumir en sus círculos sociales, como se decía antes, o en sus redes sociales, como se prefiere ahora, una vez sustituidos los círculos de antaño por las redes virtuales actuales. Consiguen así hacerse pasar por lo que no son: ricos durante dos semanas al año para luego volver a la dura, cruda y, más que pobre, paupérrima realidad. Se permiten unos lujos asiáticos gracias a las deudas contraídas con bancos y entidades financieras, que encima les dicen, con recochineo, que lo que les mueve no es el dinero, sino su bienestar. «Paga en cómodos plazos sin intereses» es la fórmula con la que engañan al cliente. Frente a una exigua minoría verdaderamente acomodada, la inmensa mayoría está compuesta por personas que, con tal de desconectar de una vida alienante y llena de privaciones, se desatan durante los pocos días de vacaciones, soltándose la faja y haciéndose turistas. Antes uno trataba de vivir según sus propios medios; hoy, los medios se consiguen después, con intereses que alimentan a la entidad usurera. Tenemos todo un aparato bancario, publicitario y social construido expresamente para vender una vida a crédito de nuestro tiempo ¿libre? Las apariencias siempre han sido engañosas. La realidad está tejida de ellas, No te fíes de las apariencias, no te fíes de la realidad. 
  
 
 582.- Salir de la zona de confort. Del latín confortare 'fortalecer', a través del francés, confort, llega al inglés, comfort, de donde nos viene al español este anglicismo con el significado añadido de “cómodo”. Por todas partes se oye la frase de que hay que salirse de la zona de confort en la que habita uno: parece que el mero hecho de estar a gusto -a eso alude la expresión 'zona de confort'- es un pecado que hay que expiar. ¿Qué significa realmente «salir de la zona de confort»? Es, en esencia, una acusación velada, una forma diplomática de decir vives ajeno a la realidad, en tu “torre de marfil” como se decía de las personas -generalmente artistas, académicos, científicos, intelectuales...- que se aislaban voluntariamente y desconectaban de la realidad y de los problemas cotidianos de la sociedad, en un jardín de literatura y delicias, cosa que, bien mirada, no es nada reprochable. ¿No será que la zona de confort es la vida que uno ha elegido conscientemente, una vida retirada y alejada del mundanal ruido informático como la que Epicuro, refugiado en su jardín, aconsejaba celebrando los placeres sencillos que están al alcance de la mano de cualquiera? El problema viene cuando muchos abandonan esa vida sencilla y llevadera, movidos por la retórica de la superación personal infinita, persiguiendo objetivos inalcanzables y contraproducentes. Uno, cuando abandona esa zona de confort, acaba añorándola como paraíso perdido al descubrir amargamente que la torre ebúrnea en la que vivía no era una prisión, sino una especie de santuario. El mejor consejo es, desde luego no dar consejo alguno, pero no hay que dejarse condicionar. Mejor que «salir de la propia zona de confort», permanecer en ella el tiempo que se pueda. 
 
  
583.- El estadio como campo de batalla. Es una ingenuidad imperdonable creer que el balompié no es más que un juego, cuando se ha convertido en el mayor fabricante contemporáneo de mitos deportivos. Transforma a los deportistas en estrellas y superestrellas que brillan en el firmamento con luz propia, a las naciones en epopeyas colectivas y a los momentos fugaces en leyendas eternas. Pero estos mitos deportivos no son inocentes: unen, consuelan y, sobre todo, movilizan. Ofrecen a las sociedades fragmentadas un sentido de pertenencia que la política se esfuerza vanamente en conseguir. En las gradas del estadio y en todas las televisiones no se celebra un gol: es una religión secular cuyos ritos son universales. Pero estos mitos también son formidables herramientas de propaganda. Los Estados lo han comprendido bien. El deporte rey se ha convertido en la última gran narrativa compartida de los ojos de miles de millones de espectadores. El balompié permite transmitir mensajes políticos y éticos sutilmente: unidad nacional, la superioridad cultural y moral de que Dios castiga a los malos y premia a los buenos... Es una forma de propaganda delicada, infinitamente más efectiva que las declaraciones oficiales de los mandamases y políticos profesionales, porque apela a la emoción antes que a la razón. Representa la necesidad perdurable del mito centrada en las patadas que se le dan al esférico gracias a la televisión, las redes sociales y la inteligencia emocional de los comunicadores. Impecable análisis el que hace Anónimo García a propósito del partido final del Mundial en el vídeo adjunto en el que asevera que Dios no condujo el balón desde el pie del jugador a la portería del rival. 
 
 584.- Pacifismo belicista. -Hay que denunciar la actitud del ejecutivo español que por un lado cacarea “No a la guerra” y por otro presume en la cumbre de la OTAN/NATO celebrada en Ancara de haber alcanzado el 2% del PIB en gasto militar en este año del Señor de 2026. No deja de ser un ejercicio de profundo cinismo e irresponsabilidad política que el presidente del Gobierno haya “sacado pecho” ante sus socios de haber cumplido «con creces» las exigencias de la Alianza Atlántica, elevando de forma exprés el gasto militar en España hasta alcanzar el 2% del Producto Interior Bruto (PIB) en este año 2026, presumiendo de ser un “socio fiable” de la alianza atlántica y de haber “hecho sus deberes” como alumno aventajado y aplicado que ha logrado el objetivo que se había marcado. Leo por ahí que coincidiendo con la citada cumbre, el Consejo de Ministros y Ministras aprobó una transferencia de 6.287 millones de euros, una cantidad inimaginable, al Ministerio de Defensa. No sé si es cierto o no, pero no me extrañaría que lo fuera. El discurso de Moncloa vincula directamente el incremento del gasto militar con la «búsqueda y defensa de la paz». ¿Hará falta decir aquí que la OTAN no es ni ha sido nunca una organización defensiva ni defensora del derecho internacional, sino un bloque imperialista al servicio de los intereses políticos y, por lo tanto, económicos de las grandes potencias occidentales? Moncloa no tiene ninguna intención de abandonar la OTAN ni de pedir el cierre de las bases estadounidenses en España de Rota y Morón. Con lo cual se demuestra que, por mucho que digan “no a la guerra”, no tienen ninguna intención de desvincular al país del entramado belicista internacional. En ese sentido, el debate que escenifican en los medios sobre si España debe llegar al 5% de gasto militar que exige Estados Unidos o plantarse en el 2% actual es una falsa dicotomía, porque podría, en efecto, ser mayor el gasto militar, pero el gasto actual no es precisamente un gasto menor, sino todo lo contrario. 
 
 

lunes, 27 de julio de 2026

Mensajes a la contra (II)

 "¡Somos campeones del mundo! ¡Viva el rey! ¡Viva España!" grita el balompedista que metió el esférico, eufórico ante la congregación de dos millones de forofos.
 
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Siempre hay algún fetiche abstracto que salvar: el Alma de su eterna condenación, la Vida de la muerte, o el Planeta, a costa de nuestro concreto sacrificio.
 
 
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¿No es sorprendente encontrar en esta sociedad tan agnóstica el mismo espíritu de sacrifico que exigía antaño la Iglesia bajo capa ahora científica ecológica?

 

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Ha empezado la cuenta atrás, dice el jefe de la oposición parlamentaria, para que se haga realidad el relevo, un cambio sustancialmente nulo, meramente nominal.

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 John Kerry, el zar del clima, dijo que diez mil millones de humanos al ritmo que vamos en el año 2050 no son sostenibles para el planeta. A buen entendedor...

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Los pedagogos rara vez amplían el acervo mundial de conocimientos; mucho más a menudo se oponen a su aumento de manera violenta e implacable.” (H.L. Mencken)

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No puede negarse realmente la existencia de Dios (del virus o del cambio climático, que son lo mismo): existen, pero su realidad -ideal- no implica su verdad.

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La industria de fabricación de armamento no da abasto contribuyendo a la creación de empleo, falta de mano de obra que cubra la creciente demanda del producto.

Satanás despertando a sus legiones, Estella Canziani (1913)

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«Lo que dice Juan de Pedro dice más de Juan que de Pedro», reza, sabio, el refrán; y el dicho popular infantil, «El que lo dice lo es con el culo del revés». 

domingo, 26 de julio de 2026

La verdad y las opiniones

Lamenta Giorgio Agamben en su reciente columna “La verdad y la opinión” que la distinción que establecieron los antiguos griegos, por ejemplo Parménides en los orígenes de nuestra filosofía occidental entre la verdad (ἀλήθεια, alḗtheia) y la opinión (δόξα, dóxa) “haya desaparecido por completo en la actualidad”. 
 
Hoy sólo hay opiniones, cada cual tiene las suyas y esgrime su derecho a defenderlas a capa y espada, unas creencias que pretenden ser verdaderas, dice Agamben, porque se han confundido ambas cosas. La verdad se refiere al ser mientras que la opinión al conocimiento de que las cosas son de una determinada manera en lugar de otra en un determinado momento. La verdad, según Parménides, no es lo que normalmente creemos que es: algo que es cierto en este momento y lugar, por ejemplo 'hoy es viernes', porque eso solo es válido en esa circunstancia, pero no mañana o pasado mañana. La verdad verdadera es ajena al tiempo y se refiere a lo que es lo que es y no puede dejar de serlo. 
 
Las opiniones o creencias humanas confunden verdad con realidad, y basadas como están en la realidad de los hechos, creen que son verdaderas. La verdad no garantiza la corrección de las opiniones, pero nos permite preguntarnos sin son correctas o no lo son, ponerlas en tela de juicio.
 
Y escribe literalmente: “Mientras que la verdad abre la posibilidad tanto de la opinión verdadera como de la errónea, la opinión solo puede afirmar su propia verdad”.
 
La verdad no es algo que alguien “posea”, porque no es una afirmación o un contenido que un sujeto pueda tener en propiedad. La verdad, como alḗtheia, es más bien el descubrimiento del hecho de que algo es lo que es, no lo que parece.

En cambio, las opiniones sí pertenecen a alguien: mi opinión, tu opinión, la opinión de los expertos que tanto se cacarea últimamente, etc. Son juicios sobre cómo son las cosas y, por eso, pueden ser verdaderos o falsos.

Concluye Agamben su reflexión afirmando que al haber perdido la distinción entre verdad y opinión, hemos creado (el monstruo de) la IA, la Inteligencia Artificial, una doxa u opinión que afirma su propia verdad “sin poder experimentarla”, dice él, es decir, sin poder ponerla en tela de juicio.
 
 
 La verdad y la opinión (Giorgio Agamben)

El antiguo problema de la relación entre la verdad y la opinión, ya planteado en los orígenes de la filosofía occidental en el poema de Parménides, adquiere hoy una nueva actualidad. De hecho, es evidente que la clara distinción entre ambas formas de conocimiento, que para los antiguos era un hecho indiscutible, ha desaparecido por completo en la actualidad. Solo hay opiniones que pretenden ser verdaderas. Por eso resulta aún más urgente recordar que la verdad y las opiniones se sitúan en dos planos distintos. La verdad —que los griegos llamaban aletheia, que significa «no ocultamiento», «apertura»— se refiere al ser, es decir, a la experiencia de que algo es, de que hay algo en lugar de nada. La opinión (que los griegos llamaban —y que nosotros seguimos llamando hoy— doxa) se refiere a los entes, al conocimiento de que las cosas son de una determinada manera en lugar de otra. La primera, dice Parménides, es inmóvil (atremes, que no tiembla, imperturbable), circular y ajena al tiempo; la segunda puede ser correcta o errónea y es, por lo tanto, mutable e incierta.

Sin embargo, es fundamental comprender la relación entre estas dos formas de conocimiento humano. La primera no garantiza en modo alguno la corrección de las opiniones, pero nos proporciona un punto de partida desde el que considerarlas, en el que podemos preguntarnos si son correctas o erróneas. Quien se limita únicamente a la opinión tenderá, en cambio, fatalmente a considerarla correcta. Mientras que la verdad abre la posibilidad tanto de la opinión verdadera como de la errónea, la opinión solo puede afirmar su propia verdad.

De ahí la aparente paradoja según la cual la verdad se define a través de la posibilidad del error, algo que la opinión debe excluir a toda costa.

No es de extrañar que una cultura que ha perdido la distinción entre verdad y opinión haya dado lugar a la inteligencia artificial, es decir, una doxa que afirma su propia verdad sin poder experimentarla. Adónde llevará a los hombres que creen hacer uso de ella esta doxa, que se ha cerrado a la posibilidad del error, es una pregunta que no deberíamos dejar de plantearnos.

sábado, 25 de julio de 2026

Mensajes a la contra (I)

"¡Viva España!" Gritó la afición, ávida de que la idea no muriera nunca y estuviera siempre viva, aunque eso no nos dejara vivir a los españuelos y españuelas.

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El goleador lució en la celebración una gorra roja con el rótulo imperial 'Make Spain Great Again', poniendo Spain en vez de America en la lengua del Imperio.


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El Rey Charles III, dando ejemplo, voló en su jet privado a la Cumbre del Clima y allí predicó que estamos contaminando el planeta con nuestro coche de gasoil.

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Contra el 'conócete a ti mismo' del oráculo de Delfos, la greguería de don Ramón Gómez de la Serna: “Si te conoces demasiado a ti mismo, dejarás de saludarte”.


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Otra contra el 'conócete a ti mismo' del oráculo de Delfos, atribuida a Groucho Marx: “Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo”.

 

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Que nos salve quien pueda, si es que acaso puede alguien salvarnos, que no seamos nosotros mismos, de los salvapatrias, salvaplanetas, salvavidas, salvadores...

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 La Organización Mundial de la Salud anuncia al mundo que el año que viene saldrá en cuidadosa edición exclusiva y versión mejorada una nueva Pandemia Universal.

 
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 El periodista-terrorista titula: "La crisis climática provocará una reacción en cadena de desequilibrios y daños incontrolados sin retorno a escala planetaria".
 
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¡Qué viva España! ¡Qué vivan las ideas que no nos dejan vivir encerrándonos en las jaulas nacionales de sus definiciones! ¡Qué viva España, ay, sin españoles!

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Seis litros de agua cada pregunta al ChatGPT. La ONU hace un llamamiento a usar la Inteligencia (?) Artificial de forma responsable por sus costes ambientales.

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 La IA, Inteligencia Artificial, y el CC, Cambio Climático, responsable de las oleadas de calor extremo que incendian y arrasan España, nos están deshidratando.

viernes, 24 de julio de 2026

¿Qué es lo que nos mueve?

No nos mueve el dinero, afirma la entidad bancaria, y añade en llamativas letras rojas: nos mueve tu bienestar. Y aclara, debajo de la imagen, en letra más pequeña: Te ayudamos en todas tus necesidades financieras. Les faltaba añadir para que quedara redonda la frase, no sin recochineo: “desinteresadamente” o “sin ánimo de lucro”. Y finalmente, más abajo, a la derecha: Nos mueves TÚ, lema que quiere recordarnos al “Especialistas en ti” de aquellos grandes almacenes.
 
 
 
Enseguida se le vienen a uno aquel latinajo de “excusatio non petita, accusatio manifesta” que no necesita mucha traducción,  o lo que es lo mismo: quien se está excusando, se está acusando.
 
El chiste se cuenta solo: la entidad bancaria declara que no le mueve la pela, como se denominaba antaño coloquialmente a la peseta en las Españas, y que hay razones que mueven más que el dinero, que son las personas -reducidas así a dinero. Y lo dice una institución cuyo negocio consiste en mover, gestionar, prestar y cobrar, es decir, mover, en definitiva, capitales. Y ya se sabe: la pela es la pela, o sea, los monises, que son lo que mueve el mundo (money makes the world go round, en la lengua del Imperio) están por encima de los sentimientos.
 
La imagen muestra una escena íntima con una iluminación cálida y de bajo contraste: una pareja abrazada, un hombre de espaldas, canoso o de pelo gris, al que estrecha otra persona que podría ser una mujer, quizá más joven, sentados ambos sobre la cama de una alcoba. 
 
Es su manera de decirnos «nosotros no queremos tu pasta, de la que estás hecho. Queremos tu bienestar», como si no fueran para el banco lo mismo, habida cuenta, nunca mejor dicho, de que el bienestar del cliente depende de una cuenta bancaria, valga la redundancia, una hipoteca, un préstamo, una inversión, una comisión... La imagen introduce además el sentimentalismo financiero: el banco se apropia del amor familiar para vender un producto económico intentando borrar la relación contractual y sustituirla por una afectiva, como si el banco fuera el atracador que en lugar de exigirnos "la bolsa o la vida" nos susurrara: no eres un cliente, eres alguien muy muy especial, cuyo bienestar es lo que ante todo más me importa y preocupa.
 

En esta otra imagen parece haber tres personas en el mismo escenario en un abrazo familiar intergeneracional. Podrían ser: una abuela (cabello gris, a la izquierda), un niño o niña en el centro, con jersey amarillo, y una madre (parcialmente visible a la derecha), que también está abrazando a la tierna criatura. Transmite amor, protección y unión familiar. En el mismo dormitorio acogedor y hogareño de la imagen anterior, con la cálida luz dorada de una lámpara y la suave luz natural filtrada por unas cortinas que entra por la ventana, con una paleta de colores cálidos. La imagen busca humanizar completamente la marca bancaria, cuyo logotipo está en el centro. En lugar de hablar de sus productos financieros, se centra en valores emocionales, insistiendo en su eslogan: nos mueves TÚ.

El banco necesita presentarse como si no fuera un banco, que es lo que es, sino una hermanita de la caridad desinteresada económicamente. El dinero desaparece del discurso precisamente porque está omnipresente en la relación.
 
Si realmente no le importa la pasta a la entidad bancaria, ¿qué sentido tiene esta campaña publicitaria?, ¿qué sentido tiene una publicidad que intenta hacer desaparecer aquello mismo que constituye el centro de su actividad? 
 
En cuanto al logotipo de la entidad bancaria, se trata de la letra E mayúscula estilizada, que podría interpretarse doblemente como el símbolo del euro (€) y la E inicial de España, algo así como: € + E = euro + España, o lo que es lo mismo desde el uno de enero de 2002 en que entró en circulación dicha moneda: dinero europeo + identidad española. 
 
Además el nombre propio de la entidad, Ibercaja, refuerza esa lectura que hago, ya que “Iber” remite a la península ibérica y “caja” a la actividad financiera consistente en 'hacer caja'. El logotipo condensa visualmente España/Iberia, el euro y la banca. Es un gran ejemplo de tensión visual en el diseño publicitario: la palabra escrita niega el protagonismo del dinero, mientras que la forma del logo (que además incluye un trazo rojo con mucha fuerza expresiva e impulso) evoca sutilmente el universo financiero comercial. No sé si esa era la intención del diseñador, pero a mí al menos eso me sugiere.

jueves, 23 de julio de 2026

Actualidades y eternidades

Actualidades:

Titular sobre incendios veraniegos: "El calor extremo deja ya más de 30.000 hectáreas arrasadas, miles de evacuados y 12 muertos por los incendios en España". 
 
 España derrotó a Argentina con la heroica proeza de un gol que resonó en el estadio, en la piel de toro y en todo el planeta. Los jugadores, héroes nacionales.
 
Las Malvinas, / argentinas;  / dicen unos que eso son. / Otros, esas / son inglesas; / Falklands, su nominación. 
 
  
Eternidades: 
 Soy quien soy o el principio de identidad que dice A igual a A es tautología, una afirmación redundante, verdadera por definición, pero falsa indefinidamente. 
 
Si antes era la televisión la que nos comía el coco en casa o en el bar, ahora es el móvil personal, que todo el mundo prácticamente va escrutando por la calle.
 
Sigue viva la pregunta que Franz Kafka le hacía a Milena, en carta fechada el 11 de junio de 1920 «¿Cuándo se enderezará por fin un poco este mundo enrevesado?»
 
 El humorista, decía Mairena, parece que se ríe de todo y a costa de todo, pero para ser un auténtico cómico le haría falta reírse además de su propio personaje.
 
  Nos aborregan retransmitiendo el entretenimiento pasivo y espectacular del balompié que para más sarcasmo se llama foot-ball con innecesario anglicismo.
 
 Decía Mairena que lo esencial carnavalesco no era ponerse una careta, sino quitarse la cara, porque aspiramos a estrenar otra cara, mal avenidos con la propia.
 
Una declaración significativa y trivial de alguien conocido, pero que bien puede ser de cualquiera: “Cuando trabajo mucho, siento que pierdo parte de mi vida”.
 
Ortega, que no es santo de mi devoción, tiene razón cuando dice que el deseo muere automáticamente cuando se realiza, pero el amor es eterno deseo insatisfecho.
 
 El “algorrino” te conoce como la madre que te ha parido y dirige por eso tu atención hacia lo que quiere que veas, sabiendo mejor que tú tus gustos e intereses. 

La irrupción de la IA acentúa la dificultad para distinguir lo real de lo falso y descubrir así la falsedad esencial de la realidad: lo real no es lo verdadero. 

Ser español o argentino, como dijo el venerable Borges, o de cualquier otra nacionalidad es fundamentalmente un acto de fe, cuya verdad no puede demostrarse. 

 A medida que los años pasan, escribió Cioran, decrece el número de seres con quienes puede uno entenderse, hasta que ya no haya nadie y recobremos el anonimato.
 
 Nos embarga a veces la ilusión y afán de poseer algo que nos falta, cuando la mayor satisfacción a nuestro alcance sería librarnos de lo mucho que nos sobra.
 
  
El mensaje que encontró el náufrago en el interior de una botella que fue arrojada al mar y llegó hasta su isla desierta: “No hay ningún mensaje nuevo para ti”.  

miércoles, 22 de julio de 2026

Pareceres CXVII

572.- ¿Cómo te llamas? En griego moderno, cuando se quiere preguntar a alguien su nombre propio para dirigirse a él, no se pregunta como en nuestra lengua, entre nosotros, ¿cómo te llamas? sino ¿cómo te llaman? (πώς σε λένε), en el lenguaje informal del tuteo, o ¿cómo le llaman (a usted)? (πώς σας λένε en el más formal del usteo o ustedeo). Si lo pensamos un poco, es lógico que se diga así y que se responda a la pregunta no como hacemos nosotros: Me llamo Fulano de Tal, sino Me llaman Fulano de Tal, como en aquellos célebres versos de la Odisea IX, 366-367, cuando Polifemo le pregunta su nombre al héroe y este le engaña diciendo más verdad de la que podía parecer: Nadie, mi nombre propio. Así me llaman a mí mi / madre, mi padre y todos los otros, mis compañeros. Todos los nombres propios, como alguna vez hemos señalado por aquí, son pseudónimos, reales sí e impuestos, pero falsos. 
 
 
573.- Nombres parlantes. Entre los nombres propios de persona, prosopónimos o antropónimos, carentes en principio de significado, hay unos, que son los llamados nombres parlantes y los apodos, que pretenden significar algo. Entre los indígenas de Norteamérica, por ejemplo: Caballo Loco, Toro Sentado... Y entre los antiguos griegos, tenemos algunos como Filipo, que significa “amigo de caballos”. Recuerdo, a propósito, un pasaje de Las Nubes de Aristófanes, en el que Estrepsíades comenta que cuando nació su hijo regañó con su mujer a cuenta del nombre propio que iban a poner a la criatura. Ella quería ponerle un nombre que como Caripo, Jantipo, Fidípides (o el susodicho Filipo, para el caso, que es el origen por cierto de nuestro Felipe), contuviera la raíz híppos que es una referencia equina ya que es nombre común que en griego significa 'caballo', dado que la posesión de caballos era un signo de nobleza y distinción entre la aristocracia, mientras que él se empeñaba en poner el nombre de su abuelo, Fidónides, cuyo significado etimológico era “hijo del tacañón”, dado que pheídon significa 'avaro'. Porfiaron mucho tiempo por el nombre, hasta que llegaron al acuerdo salomónico y ridículo de ponerle Fidípides, una mezcla cómica de ambos nombres: hijo del caballo tacañón. 
 
 
574.- Hipocorísticos: El hipocorístico simboliza la rebelión infantil contra el nombre propio impuesto en el bautismo. Es una desfiguración expresiva del nombre propio. Están establecidos entre nosotros Pepe, para José, Quique, para Enrique, Charo, para Rosario... Suelen ser nombres propios abreviados y simplificados, que repiten a veces los sonidos vocálicos facilitando la pronunciación de los consonánticos. También es frecuente añadirles un sufijo diminutivo como -ito: Alfonsito, Jaimito, Julita, Rosita... Son la forma abreviada, diminutiva o infantil de un nombre propio que se usa de forma cariñosa o familiar. Frente al hipocorístico, la seriedad del nombre propio se impone cuando se pasa lista o cuando se escribe el nombre en una lápida sepulcral. En el tuteo es frecuente la desfiguración del nombre propio, frente a la seriedad del ustedeo o usteo, que utiliza el nombre propio como figura en el registro civil (o en la partida de nacimiento o de bautizo) y en el documento de identidad. Llamar a alguien por su nombre propio oficial es algo perfectamente serio, y frío. Utilizar un hipocorístico o desfigurador del nombre propio es un síntoma de amistad. La etimología helénica de este término lo demuestra: se divide en dos partes: hipo- (ὑπό) que significa por debajo o de forma indirecta, y el verbo korízomai (κορίζομαι) que quiere decir “acariciar, hablar con ternura, halagar”, tratando a alguien como si fuera un niño pequeño (κόρη o κόρος). 
 
 
575.- El nombre propio como receptor de órdenes. Como señala Elias Canetti en Masa y Poder: “La orden es más antigua que el habla, si no, los perros no la podrían entender. El amaestramiento de animales descansa precisamente en que ellos, sin que conozcan un habla, aprendan a comprender qué se quiere de ellos. En breves, muy claras órdenes, que en principio en nada se diferencian de las que se dan a los hombres, les es comunicada la voluntad del domador”. Hasta los perros entienden los nombres propios que les ponen sus dueños, e incluso algunos son capaces de identificar su nombre no sólo cuando se les está llamando, en caso vocativo por decirlo así, sino cuando se está hablando de ellos, en caso nominativo. El nombre propio está asociado a ambas funciones de la lengua: básicamente a la yusiva, que es la más antigua, y posteriormente a la predicativa. Recordemos lo que el mosquito le dijo a Alicia, y cómo a ella se le ocurría que podría librarse de las lecciones de su institutriz si la llamaba por su nombre propio, haciéndose la tonta o la sorda, digamos, pero también si la llamaba “señorita”, replicando que ella no era ninguna señorita y que, por lo tanto, no se daba por aludida.
 
Los nombres propios más comunes
 
 576.- De la esencial masculinidad del nombre propio. Entre los romanos, al menos, el nombre propio era esencialmente masculino y propio solo del ciudadano libre, no de los esclavos, que generalmente tenían motes relacionados con su lugar de procedencia, como “Syrus”, el sirio. El ciudadano romano tenía derecho a los tria nomina: praenomen o nombre de pila, elegido entre un repertorio limitado (Marco, Lucio, Gayo, Publio, Quinto...), nomen, el apellido paterno que indicaba el linaje o clan familiar al que pertenecía, y cognomen, un sobrenombre familiar que se acercaba a nuestro mote y al apodo.  La mujer no tenía un nombre individual similar al masculino. Su nombre era el femenino de la gens. La hija de Gayo Julio César se llamó, o mejor, fue llamada, era inevitable, Julia; su madre,  Cornelia porque era la hija de Lucio Cornelio Cinna. Cuando había varias hermanas todas se llamaban de la misma manera, porque no tenían un nombre individual, sino familiar. Se las distinguía mediante ordinales: prima, secunda, o adjetivos como maior, minor. La diferencia está clara: el nombre masculino romano expresa una identidad individual dentro de la estructura familiar, mientras que el prosopónimo femenino sólo expresa la pertenencia a la gens. Si el nombre propio viene a ser algo así como el distintivo del alma individual, las mujeres en la antigua Roma carecían de dicho distintivo. 

martes, 21 de julio de 2026

Memes cartesianos

Unos versos de Antonio Machado, concretamente de uno de sus Proverbios y cantares, dicen así: Ya hubo quien pensó: / «Cogito, ergo non sum». / ¡Qué exageración!” Machado juega irónicamente con el famoso cogito cartesiano ('Cogito, ergo sum' «Pienso, luego existo») cambiando la conclusión: «Pienso, luego no existo». El tercer verso —«¡Qué exageración!»— introduce una distancia humorística respecto a esa inversión radical.
 
  
Es un ejemplo característico del fino humor filosófico de Machado: tres versos bastan para poner en solfa uno de los principios fundamentales de la filosofía moderna. Pero ese ¡qué exageración! no es una refutación sino la herida abierta de una verdad más profunda, como sugiere Agustín García Calvo en ¿Qué es lo que pasa? (Edit. Lucina 2006, pag.  115), porque mientras uno está pensando o hablando no dice que está hablando o pensado: simplemente lo está haciendo. Cuando dice que está pensando o hablando, interpone la barrera reflexiva del lenguaje entre lo que hace y lo que dice que hace, que no es lo mismo. 

Cuando pienso, no hay que suponer que sea un «yo» real el que piensa. Hay pensamiento, y el «yo» que dice «yo pienso» es un pronombre que pretende convertirse en nombre propio del que piensa; pretende, por tanto, convertir en un ente real y existente al hablante. Pero quien piensa o habla de las cosas no puede ser, al mismo tiempo y en el mismo sentido, una cosa más de aquellas de las que habla. Por eso, si «existir» significa ser un ente determinado dentro de la realidad, el que piensa no existe como tal ente. Y cuando el yo intenta pensarse a sí mismo, el yo pensado se convierte en una imagen, una representación, algo de lo que se habla: el yo que piensa no puede ser enteramente el yo pensado, ni el yo pensado puede ser el acto mismo de pensar.

Cogito, ergo non sum: pienso, luego no soy una cosa de la realidad. Si pienso, no soy una cosa: porque las cosas son aquello de lo que se habla, y el que habla no puede ser, mientras habla, una cosa más de aquello de lo que habla.

Lo que no puede decirse tampoco es lo contrario del célebre lema cartesiano, que sería: sum, ergo cogito, es decir: 'Existo, luego pienso', porque de hecho, algo que descubrió Descartes y cualquiera de nosotros descubre, la existencia no es ninguna prueba de pensamiento, sino más bien al contrario: sum, ergo non cogito. La inmensa mayoría democrática de la gente existe pero no piensa. También podemos aplicarnos el cuento a nosotros mismos en singular: la mayoría de uno mismo existe, sea esto lo que sea, pero no piensa.
 
  
    René Descarte en 1637 escribió en francés el Discurso del método, en el que aparece por primera vez la formulación: Je pense, donc je suis («Pienso, luego soy»), como una verdad firme y segura, algo que escaparía de la duda metódica. Más tarde en 1641 en las Meditaciones, utiliza la fórmula, escrita en latín, “Ego sum, ego existo” («Yo soy, yo existo»), equiparando, en la jerga filosófica, la esencia y la existencia, para lo que recurre a un verbo existo (en realidad ex-sisto), que en latín clásico significaba otra cosa (surgir, salir de, nacer, manifestarse, mostrarse). Según el diccionario latino de Félix Gaffiot adquiriría en escritores tardíos como Lactancio (s. III-IV de la era cristiana), el significado moderno de existir, y cita como ejemplo, pero no está muy clara esta atribución tan temprana, una plegaria que aparece en Sobre la muerte de los perseguidores ('De mortibus persecutorum', 46, 6), que puede leerse, sin necesidad de traducción al castellano: Summe Deus, te rogamus, sancte Deus, te rogamus. Omnem iustitiam tibi commendamus, salutem nostram tibi commendamus, imperium nostrum tibi commendamus. Per te vivimus, per te victores et felices existimus, donde parece que ya se da la equivalencia sumus=existimus, con el atributo de victores et felices. 
 
Será después en 1644, cuando aparezca, en los Principios de la filosofía, publicados en latín, la célebre formulación: Cogito, ergo sum. Se ha interpretado esta fórmula como un silogismo: yo pienso; todo el que piensa existe; luego yo existo"), en el que el mismo acto de pensar hace evidente la existencia del pensador.  
   
 
Oscar Wilde en su The Soul of Man Under Socialism ('El alma del hombre bajo el socialismo'), publicado por primera vez en 1891, escribe: «Con la abolición de la propiedad privada tendremos un individualismo verdadero, hermoso y sano. Nadie desperdiciará su vida acumulando cosas y los símbolos de las cosas. Se vivirá. Vivir es la cosa más rara del mundo. La mayoría de la gente existe, eso es todo». Insiste en esta idea en De Profundis, la larga carta que Wilde escribió en la prisión de Reading entre 1897 y 1898, publicada póstumamente en 1905: «La mayoría de las personas son otras personas. Sus pensamientos son las opiniones de otro; sus vidas, una imitación (o un plagio); sus pasiones, una cita (un eslogan)». 
 
Concluyamos con aquellos versos del largo poema Réquiem por los filósofos (155-169) de Daniel Lima:   

¡No pienso, luego existo, señor Descartes!
O, más cierto que eso, que no es cierto,
pienso, luego no existo, luego, pienso apenas;
luego pienso que pienso, pero no pienso
ni existo;
luego no vivo, luego soy idiota,
un puro intelectual impuro
que, pensando que piensa, el gran tonto
“pensamienta”
la vida y va dejando
dentro de ella también un pensamiento
cartesiano y puro y estéril pensamiento
que pudre el pensar y la vida misma.
Pienso que usted es un idiota, luego existe.
Y luego no existe, señor Descartes.
¡Que le den!