domingo, 25 de octubre de 2026
Power has the people
sábado, 24 de octubre de 2026
Seguiriyas a palo seco
La seguiriya es uno de los muchos palos del flamenco. La seguiriya gitana más pura, la que surge del cante más hondo, se canta a palo seco, o sea, sin acompañamiento musical de guitarra.
Estructuralmente se compone de cuatro versos: hexasílabos el primero, segundo y cuarto, hendecasílabo el tercero (6-6-11-6), modelo silábico emparentado con las jarchas. Riman el segundo y el cuarto en consonante o asonante. Pero prima el sentimiento sobre la forma, de modo que no es raro encontrarse con seguiriyas con otras métricas.
Esta voz no es mía, / que es la de cualquiera / que canta las penas de todos, nuestras, / ni propias ni ajenas.
Tengo yo una pena / grande que no tengo, / que a mí me tiene ella y no me deja / que ande yo contento.
- Pido yo a la luna / en el hondo cielo, / que caiga muerto aquí ahora, si es falso / lo que a ti te quiero.
Veo a mucha gente, / no te veo a ti / y el corazón, de la jaula del pecho / se quiere salir.
Dizque en las estrellas / ay, escrito está, / mi sino, madre mía, y el futuro, / y eso no es verdad.
Morirme quisiera, / dejar de existir, / que esta farsa, madre, que llaman vida / es un sinvivir.
Sin traje de luces,/ desnudo en el ruedo, / lidiando, sin capote y sin espada, / al toro del miedo.
Loco de remate / creo yo que estoy, / si en esta vida lo he perdido todo / menos la razón.
No quiero la plata / ni oro de este mundo, / me cago en todos los dineros, solo / pido un beso tuyo.
Si te vas, me matas; / llévame contigo / que yo no tengo, solito en el mundo, / ni amiga ni amigo.
No hay Dios que nos valga, / justicia tampoco, / en este mundo, donde acaba uno / o preso o loco.
Como una cabra, / corazón salvaje, / siempre tiro al monte, donde cabrero / no hay que me guarde.
Sin querer te quiero, / ni mandarme nadie; / no hay Dios, ley, mandamiento o gobierno / que al corazón mande.
- Yo, señor doctor, / sufro de locura, / pero no me encierre usted ni me cure / esta chifladura.
Dispara tu flecha, / chiquillo Cupido, / y haz que esa mujer de mí se encariñe, / y acueste conmigo.
Se murió mi niño, / se me quedó atrás, / cuando me viene vivo su recuerdo, / rompo yo a llorar.
Rota la
garganta, / de lo hondo del pecho / me sale a palo seco así el
quejido / del cante del pueblo.
viernes, 23 de octubre de 2026
Aforismos y apotegmas (I)
jueves, 22 de octubre de 2026
Pareceres CXXX
miércoles, 21 de octubre de 2026
La fuerza del Hamor
martes, 20 de octubre de 2026
Romance de la madre, el hijo y el mar.
lunes, 19 de octubre de 2026
Y abreviando todavía otro poco más
El miedo a la muerte es lo que, al fin, hace a los hombres temer y acatar al Estado hasta la indignidad. Porque es una bestia que muere matando, todos la odian viva, pero más les aterra moribunda. (Rafael Sánchez Ferlosio).
Chamfort ironizó con el lema revolucionario “la Fraternité ou la mort” cambiándolo por “sé mi hermano o te mato”. Hoy: sé solidario si no quieres que te mate.
(Follow the money) Si en las novelas policíacas había que seguir
la pista de “cherchez la femme” en pos del crimen, ahora hay que
seguir la pista del dinero.
domingo, 18 de octubre de 2026
¡Que viene el Coco! (y II)
Bruselas, que dicen que es la capital de la vieja Europa transmutada en Unión Europea, da la voz de alarma: “Rusia planea nuevos sabotajes y ataques híbridos, amenazando con usar armas nucleares contra los países de la OTAN en plena escalada de tensión en el Báltico”. La preparación para la guerra es mucho más que eso: es una necesidad. Lo que sacan en conclusión los Veintisiete es que Europa debe armarse y rearmarse más. Pero paralelamente al desembolso de euros en armas, hay que convencer a la ciudadanía de que el rearme es necesario y para ello hay que señalar un enemigo al que enfrentarse: Rusia, y el malvado zar que la regenta.
Si realmente no hay una amenaza, queda muy feo el gasto, que va en detrimento de otras inversiones que se juzgan más necesarias, así que hay que crear la amenaza. Hay que generar un clima prebélico y mentalizar a la ciudadanía fomentando una alarma social considerable porque el miedo nos hace maleables. La industria armamentística mundial crece a marchas forzadas: sus productos se consideran necesarios, lo que aumenta la producción y las ventas. El discurso del rearme y de la necesidad de estar armados hasta los dientes ante la inminencia de una situación bélica en suelo europeo no admite debate. Partidos políticos, tertulianos, analistas... se echan en tromba contra quien se atreve a criticar la inteligencia militar, ese flagrante oximoro, y la geopolítica que dicen. Los propios medios de conformación masiva no tienen muy claro qué está pasando. Mucho menos, la gente, esencialmente parvisciente y aterrorizada por los titulares alarmistas. Son tiempos duros para un discurso de paz, a pesar de la educación que a tal fin se imparte en las escuelas. Europa, sin embargo, tampoco está desarmada, como quieren hacernos creer, porque en los últimos años no han parado de crecer los gatos militares, pero ese es el leit motiv del mercado de las ideas que circulan.
Mensajes alarmistas como el siguiente, que apela a una acción personal individual, aparecen de cuando en cuando lanzados por los Servicios de Protección Civil: "Prepárate. Protégete. Y ten siempre listo tu kit de emergencia básico. Puedes necesitarlo si tienes que pasar unos días sin luz, agua o gas, o en caso de evacuación”. Lo que se nos dice es que no salgamos a la calle, porque lo primero que suele hacer la gente cuando pasan estas cosas es salir a la calle a ver qué pasa. Lo que se nos dice es que si pasa algo de esto nadie va a estar ahí para ayudarnos, que lo que tenemos que hacer es encerrarnos -confinarnos, como se decía hace cinco años- setenta y dos horas en casa con nuestros bienes de primera necesidad y los primeros auxilios y no abrirle la puerta a nadie, no vaya a ser que se cuele y nos entre el virus del Nilo, por ejemplo, que ya está causando sus estragos.
No se dice en qué consiste esa difusa amenaza; podría ser un incendio, un chaparrón torrencial, un apagón eléctrico... Es evidente que cosas como estas pasan, pero con estos mensajes lo que se hace únicamente es crear miedo que ya se sabe que no beneficia a nadie ni a nada bueno.
Desde la industria cultural se promueve un individualismo cerril y con las series distópicas que emiten las plataformas para pábulo de televidentes lo que se fomenta es el miedo a un futuro catastrófico. La hipótesis de un eventual ataque ruso es una distopía más, una situación de la que no hay pruebas porque aún no se ha producido, al igual que una invasión alienígena extraterrestre o un ataque de zombis resucitados de las tumbas de todos los cementerios.























