sábado, 4 de julio de 2026

Estelas de condensación

Si alguien te dice “Vas a morir mañana», y al día siguiente te mata, su predicción se ha verificado, pero no era una profecía, sino el anuncio de una ejecución. 
 
 
 El periodismo, Cioran dixit, nunca va a la esencia de las cosas o meollo del asunto, anda siempre por las ramas, yéndose por los cerros de Úbeda, merodeando.
 
Profecías ex eventu: Son el clásico truco de los falsos profetas (y todos lo son: falsos) que hacen sus vaticinios después de que el suceso se haya producido.
 
Los chatbots o robots que dan conversación son cómodos interlocutores con los que puedes charlar de todo, a sabiendas de que nunca van a llevarte la contraria.
 
¿Cómo será el mundo dentro de cien años? No lo sabemos porque no hay datos. Pero hay una agenda interesada y programada cuya realización depende de nosotros.
 
¿Cómo alguien puede tener “una visión de futuro” cuando el porvenir, siempre a punto de venir y nunca viene, es errático, aleatorio e impredecible por esencia?
 
Cuando usas tecnología digital, la tecnología te utiliza recíprocamente a ti, aprovechando el rastro de tus datos, las pisadas que dejas y perduran en la arena.
 
Siguiendo nuestras búsquedas y pesquisas. San Gúguel, ha construido una imagen precisa y exacta de nuestras opiniones, gustos, formas de pensar y personalidad.
  
Mientras buscas datos sobre lo que más te interesa, San Gúguel, que de santo tiene bien poco, recopila por su parte datos y más datos sobre ti y tus intereses.
 
Lo mejor que se puede hacer en un think-tank o laboratorio de ideas donde el pensamiento se estanca, es una brain-storm que sacuda y zarandee todas las ideas.
 
Los gigantes informáticos explotan nuestra personalidad, que conocen mejor que nosotros mismos, para decirnos lo que queremos oír y lo que quieren que seamos.
 
Hay cosas que incluso en las sociedad más capitalista dicen que no están a la venta: sobre todas las cosas, las personas, pero es más un deseo que una realidad.

Hemos monetizado el concepto del tiempo (time is money, y viceversa), un tiempo mercantil en el que existimos pero no vivimos; un producto más que consumimos.

No quedan tan lejos los tiempos del bozal, según la expresión popular de lo que el discurso oficial denominaba 'mascarilla' y era, además, de uso obligatorio. 

El cartel que dice “usted se encuentra aquí”, señalando un punto concreto en un plano, pretende meternos, cartografiados, en el mapa, sacándonos del territorio. 

  
  
Navegar no es seguir necesariamente una ruta predeterminada, sino trazar un rumbo al albur, quizá a la deriva, una vez que hemos desechado la brújula y el mapa.

viernes, 3 de julio de 2026

Profecías que se cumplen

    Publicaba Irene Vallejo en El Diario Global(ista), alias El País, el pasado domingo 28 de junio de 2026 “El último misterio”, un artículo donde reflexionaba sobre la profecía y decía: “En realidad, las afirmaciones sobre el porvenir son por definición suposiciones, no hechos, porque los hechos futuros aún no existen”. Como hemos dicho muchas veces por aquí, no es que los hechos futuros no existan, como dice Vallejo, sino que no hay, sencillamente, hechos futuros, porque es una contradicción en sus términos: si son hechos no son futuros, si son futuros no son hechos. Es algo que de puro lógico y evidente corre el peligro, si no lo formulamos claramente, de pasarnos desapercibido.
 
    Sin embargo, esas afirmaciones sobre el porvenir, las profecías, adquieren a fuerza de formularse el poder de realizarse. Citando a Clarissa Véliz, la filósofa mexicana autora del ensayo Profecía (2026), y antes de Privacidad es poder. Datos, vigilancia y libertad en la era digital (2021), y The Etics of Privacy and Surveillance (2023), donde propone la defensa de la privacidad frente a la exposición de nuestros datos, dice que las profecías aspiran a la realización, al control y no al conocimiento. Un ejemplo son las encuestas electorales, que moldean las percepciones de los votantes. ¿Son una predicción o persuasión: una instantánea o un cincel? Se pregunta Vallejo, y añade: “Cuando el director ejecutivo de una marca tecnológica anuncia que en unos años todo el mundo utilizará sus productos, en realidad trata de empujarnos a consumirlos por miedo a quedarnos atrás, y de esas forma, hacer realidad su visión”.
 
 
    Trae a cuento Irene Vallejo en el artículo la película Minority Report, de Steven Spielberg, basada en la novela de Philip K. Dick, que conecta con el mito griego de Edipo en el sentido de que el héroe trata de evitar el cumplimiento de la profecía, provocando así lo contrario: que se cumpla.  Es la profecía que se autorrealiza (self-fulfilling prophecy), que Karl Popper denominó 'efecto Edipo' : A este tipo de influencia lo he llamado el efecto Edipo (Oedipus effect), porque la profecía contribuye a producir el evento predicho; al saberla, los actores modifican su conducta de modo que el acontecimiento termina realizándose”. Al darse a conocer una predicción puede hacer que la conducta humana que pretende evitarla se convierta en su causa. Y hace que nos preguntemos: ¿Cómo podemos defendernos si nos acusan de lo que aún no hemos hecho? 
 
    Carissa Véliz en Profecía, informa Vallejo, propone una tesis audaz: Los algoritmos predictivos de nuestros flamantes dispositivos tecnológicos no son sino la versión contemporánea de los oráculos de antaño.(...) Descreídos de los adivinos, hoy las cifras, los cómputos y las estadísticas nos cautivan con su espejismo de máxima objetividad. Confiamos en los números porque hemos dejado de confiar en las personas, olvidando que son personas quienes elaboran esos números. Nuestras vidas dependen de las profecías que unos pocos ­—ayudados o no por máquinas— proyectan sobre nosotros. Esas predicciones cierran caminos y mutilan encrucijadas. Seremos elegidos o descartados para una hipoteca, un puesto de trabajo, un trasplante. Nos niegan oportunidades —préstamos, empleos, becas— como resultado de lo que otros vaticinan. No por lo que hemos hecho, sino por lo que alguien decide que llegaremos a ser”. Y concluye: “Frente a las promesas de libertad, el pronóstico tecnológico se ha convertido en una barrera insalvable que amuralla horizontes”.
 
    La conclusión de Vallejo, siguiendo a Véliz, resulta finalmente contradictoria: “Los oráculos de internet, las redes sociales y la inteligencia artificial prometieron nuevos territorios de libertad al tiempo que construían sistemas de espionaje y dominio. Proclamaron un mundo más democrático y cooperativo, pero han gestado monopolios con liderazgos despóticos (...) Necesitamos ser previsores, pero también entender las predicciones como actos de poder: toda profecía es un intento de fabricar un mañana a medida. Así, creer en los algoritmos predictivos equivale a obedecer órdenes. Ante los vaticinios tecnológicos, cabe elegir entre la resignación o la rebeldía. No queremos el guion minucioso de nuestra vida, sino un cuaderno con espacios en blanco. El futuro no se prescribe: se escribe.
  
    La frase final es una forma literaria de decir "no permitas que se escriba tu futuro, escríbelo tú", pero si el futuro "se escribe" es porque hay un proceso de escritura, porque alguien o algo lo está redactando y convirtiendo así en historia antes de que suceda, lo que suena a que se está generando en realidad, porque ¿cómo puede algo que "no se pre-escribe", porque no está pre-determiando, "escribirse" sin que esa escritura sea, en sí misma, una forma de determinación?
 
    No sabemos lo que nos depara el futuro porque no está escrito. De eso se aprovechan las empresas tecnológicas para convertirse en las máquinas de predicción que están llegando a ser. Como no hay ninguna base de datos sobre el futuro, sino solo sobre el pasado, los modernos oráculos, los chatbots o robots de conversación, falsos profetas y máquinas de vaticinios que son -pero las predicciones no son hechos-, formulan sus profecías, y así crean el futuro en lugar de predecirlo. 

jueves, 2 de julio de 2026

No hay mal que para bien no venga

Los refranes en su mayoría están muy lejos de ser la expresión de lo que podríamos llamar sabiduría popular. Sirven tanto para un roto como para un descosido, es decir, para una ocasión como para la contraria. Véase por ejemplo: "Al que madruga Dios lo ayuda", pero también "No por mucho madrugar amanece más temprano". En conclusión, si valen para todas las ocasiones, no valen para ninguna, es decir, no expresan sabiduría alguna.

Otro ejemplo: “Sabe más el diablo por viejo que por diablo”. Da a entender este refrán que las personas mayores, por el simple hecho de haber vivido más que los jóvenes, son más sabias. ¡Menuda sandez! La sabiduría no reside en los años, sino en los desengaños.

Pero hay algunos refranes, muy pocos a la sazón, que tienen enjundia porque expresan algo de esa milenaria y escéptica sabiduría popular. Por ejemplo: "Donde menos se espera salta la liebre". La liebre, o el gazapo, en efecto, saltan donde y cuando menos se piensan, porque son inesperados. Otro refrán muy bueno: "No hay mal que para bien no venga".

Plinio el Viejo, hablando del acónito en  el libro XXVII de su Historia Natural,  donde trata de las hierbas medicinales, en el capítulo II, parágrafo 9, dice lo siguiente: sed maiores oculorum quoque medicamentis aconitum misceri saluberrime promulgauere aperta professione, ne malum quidem ullum esse sine aliquo bono. Lo que viene a significar en esta nuestra lengua que nuestros antepasados promulgaron que el acónito se mezclaba muy saludablemente también con medicamentos para los ojos con una clara declaración de que no hay ningún mal ciertamente sin algún bien.

El término acónito –acentuado en latín como palabra llana– tiene una etimología bastante discutida. Se admite generalmente que deriva de la palabra griega ἀκόνη (akóne) que quiere decir "roca" y que corresponde al área geográfica donde suele crecer esta planta, el aconitum napellus. Lo que no se discute es lo de “napellus”, que quiere decir pequeño nabo, dado que es el diminutivo de napus, y que da origen a los nombres populares de la planta como anapelo de flor azul, nabieyo o napelo, entre otros.

El acónito es bien conocido desde la antigüedad por su extrema toxicidad, como veneno para untar la punta de las flechas utilizadas por los pastores para matar a los lobos –de ahí que vulgarmente se conozca a la planta también entre nosotros como “matalobos”, y también "casco de Júpiter" y "hábito del diablo"–, y hasta de las modernas balas, y como veneno en ejecuciones, homicidios y suicidios; también se dice que es un constituyente de "ungüentos para volar" que se usaba en brujería para imitar la sensación de vuelo. Aunque se ha empleado en medicina tradicional y se usa en disoluciones homeopáticas, la eficacia médica de la que habla Plinio no está oficialmente reconocida.  

Lo que interesa de la cita de Plinio, para relacionarla con nuestro refrán, es su última parte: ne malum quidem ullum esse sine aliquo bono, o incorporando la negación:  malum quidem nullum esse sine aliquo bono, lo que podemos glosar como que no hay ningún mal por muy malo que sea que no entrañe algún bien, es decir, que no hay mal que por bien no venga, como reza el refrán castellano, donde “por” debe entenderse como “para”: no hay mal que no venga para hacernos algún bien. Por tiene el significado antiguo de para, procedente de “per ad”. En efecto, tanto nuestro "por", que sirve para expresar la causa, como nuestro "para", que conllevaría la idea de finalidad, (castellano viejo "pora") proceden de "per" y "per ad" respectivamente.

El refrán está documentado como No hay mal que no venga por bien, en Baltasar Gracián (El Criticón III 206) y también No hay mal tan malo de que no resulte algo bueno, en Mateo Alemán (El Guzmán de Alfarache I 173). Hay noticia de que Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (1580-1639) es autor de una obra titulada No hay mal que por bien no venga, escrita probablemente antes de 1630. Y en El Quijote Sancho, que es la voz del pueblo, le dice a su señor: No hay mal que por bien no venga, ni desgracia que no traiga consigo alguna buena ventura.
 

Una versión griega del dicho sería APO TO KAKO, KALO, από το κακό, καλό: De lo malo, algo bueno. Es decir que del mal puede resultar un bien. La versión latina sería DE MALO BONVM, o tal vez EX MALO BONVM.

Este dictum antiguo contradice una idea personal de un filósofo como Séneca, que afirma en su Epístola 87, 22 bonum ex malo non fit, lo que quiere decir que lo bueno no surge de lo malo. Para Séneca está muy claro que una cosa es el bien y otra el mal y que son radicalmente distintas, hasta el punto de que lo malo no puede entrañar ningún bien. Pero es una idea personal del filósofo. La sabiduría popular viene a decir, sin embargo, todo lo contrario, porque lo que hacen la razón y el sentido común es poner en cuestión la existencia químicamente pura de lo bueno y lo malo, del bien y el mal, afirmando que por muy mal que nos vayan las cosas en la vida siempre asomará algún bien de ellas.

El dicho griego equivalente a nuestro "no hay mal que por/para bien no venga" sería ουδέν κακόν αμιγές καλού, o lo que es lo mismo:  "NINGÚN MAL SIN MEZCLA DE BIEN".
 

miércoles, 1 de julio de 2026

¿Qué me pongo para la graduación, mamá?

    ¿Debo ir vestida de tiros largos, llevar traje de etiqueta como Dios manda y corbata o quizá pajarita, maquillarme, ir a la peluquería, afeitarme tal vez? ¿Puedo ir de sport? Ya se encargan los demás de responder a estos interrogantes adolescentes, a veces con respuestas que son otras preguntas como: ¿Cómo vas a ir así, sin depilarte las axilas, hija mía, si es una ocasión especial, si sólo te gradúas una vez en tu vida, si es como la celebración de tu mayoría de edad y la entrada en la sociedad y puesta de largo que había antes? 

    Yo, cuando ejercía como profesor, siempre disuadí a mis alumnos de  asistir a la ceremonia de graduación. Estos eventos made in USA empezaron a ponerse de moda en los últimos años y supongo que continúan celebrándose por estas fechas, tal es la estupidez que nos invade. Suma y sigue. Ellos casi nunca me hacían caso y se graduaban con sus mejores galas. Me vi obligado en una ocasión a asistir yo también, que no asistía nunca aunque siempre me invitaban, a una de estas ridículas ceremonias en calidad de tutor de un grupo de segundo de bachillerato que me había tocado en suerte y desgracia a entregar los diplomas correspondientes. 
 
 
     En varias ocasiones les había hablado a mis alumnos, sin mucho éxito, la verdad sea dicha, de mi desagrado con la degradación de conocimientos que suponía la enseñanza, reducida a mera educación de buenos modales y poco más, y la importancia de desaprender lo mal aprendido, lo que se aprende porque le interesa al Estado y al Mercado, que vienen a ser lo mismo, recordándoles una y otra vez que la inteligencia no tiene nada que ver con aprobar exámenes y no se mide con diplomas ni títulos académicos. Ellos me decían que tenía razón, pero que debía yo entender lo importante que era para sus padres, familiares y conocidos, y en última instancia para ellos mismos también, la graduación.  

    Desde hace algunos años se han puesto de moda las ceremonias de graduación que clausuran al final del curso escolar el término de un ciclo académico, y que supongo que estarán celebrándose a estas alturas, en las que se entrega un diploma o título a los alumnos que se han hecho merecedores de él, y que ese día suelen ir vestidos de gala para la ocasión. Esto nos viene, como casi todo lo malo de los Estados Unidos de América, del mismísimo corazón del Imperio donde el acto concluye con el baile de graduación (graduation dance), que constituye un rito de paso  difundido hasta la saciedad en numerosas películas americanas sobre adolescentes que pierden, si  no lo han hecho antes, ipso facto su virginidad, películas como la inolvidable e iconoclasta Carrie, cuya protagonista destruye el gimnasio donde se celebra el acto con sus poderes mentales para vengarse de la institución y de sus propios compañeros y profesores, desatando toda la ira y dando rienda suelta al odio que lleva dentro acumulados contra la institución académica.
 

    Esta ceremonia venida del otro lado del charco  se imita en el resto del mundo, como sucede con tantos otros norteamericanismos, por ejemplo con el Jálogüin o Jalogüín, o con el dichoso Santa Claus/Papá Noel,  que casi desbanca, si nos descuidamos y no hacemos algo para remediarlo, a nuestros entrañables Reyes Magos: es el triunfo del american way of life, hasta el punto de que en nuestra sufrida piel de toro toreado y sacrificado en el ruedo ibérico no sólo se celebran estos actos al concluir un grado, como llaman ahora a las antiguas diplomaturas y licenciaturas, que antes duraban tres y cinco años respectivamente, y ahora cuatro en el mejor de los casos ambas, sino también al acabar el bachillerato, los ciclos formativos y hasta la ESO y si nos descuidamos la EPO, que sería la Educación Primaria Obligatoria. 


    Y yo me pregunto: ¿Por qué ese afán de clausurar un curso escolar? La respuesta es evidente: para poder empezar otro. Hasta tal punto se nos ha metido en la cabeza aquello de que NON PROGREDI EST REGREDI, o sea que no progresar es regresar, que no caminar hacia delante es hacerlo hacia atrás que sólo nos planteamos seguir adelante a cualquier precio sin quedarnos nunca quietos un momento y pararnos a reflexionar y cuestionar a dónde vamos y la nefasta idea del progreso y del futuro que lleva implícito. 
 

    Hay una frase muy bella de Borges, el ilustre retrógrado, que no puedo dejar de citar en este punto entresacada del Libro de los Seres Imaginarios o Manual de Zoología Fantástica: "No olvidemos el Goofus Bird, pájaro que construye el nido al revés y vuela para atrás, porque no le importa adónde va, sino dónde estuvo." ¿No sería mejor dejar indefinidamente abierto el curso, este mismo por ejemplo, sin conclusión, como de hecho es el recorrido de nuestra vida en la que tenemos tantas cosas que aprender y, sobre todo, tantas tan mal aprendidas que desaprender, y no graduarnos nunca?

martes, 30 de junio de 2026

Pareceres CXVI

567.- Orgullo de ser lo que se es. Las siglas del acrónimo del colectivo LGTB o LGBT, que es lo mismo pero en otro orden, que reflejaba a homosexuales (divididos en lesbianas y maricones, bajo el eufemismo del anglicismo gays), bisexuales y transexuales, se han ampliado paulatinamente hasta llegar en la actualidad a LGTBIQA+ o LGBTIQA+, que representan a lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, intersexuales, queers (léase 'cuirs') y asexuales, y acaba ahora con el signo matemático de más +, plus, que podría incluir en su afán definitorio además de a los pansexuales y demisexuales, se me ocurre, a los heterosexuales, para que estuvieran reflejadas todas las categorías sin excluir a ninguna en la celebración del orgullo (o urgullu, como al parecer se dice en cántabro) de ser lo que se es. 
 

 568.- Robocop dirigiendo el tráfico. -En varias ciudades chinas, ya hay robots de control de tráfico, y están empezando a verse vehículos de patrulla autónomos en los espacios públicos. Pekín los presenta como asistentes técnicos, pero tras sus brazos mecánicos y cámaras a bordo, emerge una fuerza policial cada vez más conectada. Las autoridades chinas destacan el beneficio práctico: los robots aliviarían las tareas repetitivas de los agentes de policía y harían más eficiente la gestión urbana. Esto representa un paso más en la transformación digital de China, que aspira a ser un importante centro mundial de inteligencia artificial en 2030 y que está introduciendo robots policiales en un país ya saturado de cámaras, reconocimiento facial, bases de datos biométricas y herramientas de vigilancia digital. El robot de tráfico no es, por lo tanto, una mera curiosidad tecnológica. Es la punta del iceberg administrativo, cuya verdadera función no es otra que aumentar la vigilancia, registrar y transmitir información. Se cae, falla, a veces interrumpe el tráfico que supuestamente organiza, pero más allá de estos fallos cómicos, acostumbra a los ciudadanos a la presencia de una poderosa autoridad automatizada, que es de lo que se trataba. 
  
 
569.- Consumidores consumidos. El gran drama de los gobiernos progresistas es que logran sacar a millones de personas de la pobreza a través del consumo, es decir, creando consumidores con capacidad adquisitiva, de donde se deduce que lo que progresa gracias a la acción de esos gobiernos es el número de consumidores y con ellos el consumo mismo, o sea, el capitalismo. Los pobres son, en efecto, poco o casi nada consumidores, por lo que no cumplen el deber de ser compradores activos y efectivos de los bienes y servicios que ofrece el mercado. Tienen muy pocos recursos efectivos porque son demasiado pobres para responder adecuadamente al atractivo, o más precisamente a las llamadas seductoras de los mercados, por lo que son personas que la sociedad de consumo "no necesita". De todas formas, no olvidemos que la sociedad de consumidores perpetúa no la satisfacción, sino la insatisfacción de sus miembros, y por lo tanto su infelicidad. Los consumidores acaban consumidos, víctimas de consunción, que es la acción de consumirse, por lo que se sumen en el sumidero del consumo. 
  
570.- Fracasar triunfando y triunfar fracasando: Muchas personas lo viven y no lo entienden. Se dicen cosas como: "Consigo lo que quería y no lo disfruto";  "al alcanzar la meta, siento un vacío raro en mi interior"; "lo que tanto deseé y era mi proyecto vital,  una vez mío, pierde sentido", por lo que parece que nunca están contentos y no son capaces de disfrutar de lo que han conseguido, como si uno no se sintiera digno o merecedor de lo logrado. Hay dos tragedias en la vida: no lograr lo que se quiere es una y quizá la más común y lograrlo, es otra, porque entonces se descubre que eso no era lo que se quería. La razón es más profunda: hay que perdonarlos, como dijo Jesucristo, porque no saben lo que hacen (ni lo que quieren). Como dijo Crisnamurti, possessions possess us more than we possess them, o sea: "Las posesiones nos poseen a nosotros más de lo que nosotros las poseemos a ellas". 
 
571.- Morir de calor. Tengo para mí que hay expresiones consagradas, frases hechas y figuradas, con el verbo 'morir', como morirse de sed, de hambre, de aburrimiento o de frío, pero no me suena bien, lo siento,  'morirse de calor”. Sin embargo, gracias al énfasis que pone la prensa últimamente en las olas de calor y en los muertos asociados a ellas, parece normalizarse la cosa. Según datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III, se elevan a 327 las muertes asociadas al calor en toda España, en unas jornadas en las que se han registrado temperaturas extremas en gran parte del país, con valores por encima de los 40 grados Celsius. El sistema MoMo está basado en un modelo estadístico de predicción que cruza tres fuentes de datos -el de defunciones diarias, las temperaturas de la AEMET y la población- y calcula las defunciones atribuibles al exceso o defecto de temperatura, es decir, al calor o al frío, pero no expide certificados de defunción. Siendo más habituales las muertes asociadas al frío que las del calor, que no producidas ni por el frío ni por el calor estrictamente, con esta noticias se deduce que el calor mata, lo que viene a reforzar el relato calenturiento del calentamiento global, que es un hecho desde 1976, cuando comenzó, sí, efectivamente, pero que no mata tanto como el frío, y que, además, no se debe al factor humano tanto como a la irradiación solar, según parece. En todo caso, la causa del calentamiento está sin resolver todavía, y la decisión de que el responsable sea el CO2 y la humanidad la culpable viene impuesta dogmáticamente desde arriba.
 

lunes, 29 de junio de 2026

Un cuaderno de Cioran

    Los apuntes que escribió en su cuaderno Cioran  en Talamanca, un pueblecito de Ibiza, en el verano del año del Señor de 1966, que publicó entre nosotros la editorial Pre-textos en  2002 en una meritoria traducción de Manuel Arranz, no son notas periodísticas de viaje al uso, porque a su autor no le interesaba eso sino ir “directamente a la esencia de las cosas”, por eso escribió: “Todo lo que no va directamente a la esencia de las cosas es periodismo”, dando así una definición impecable, por otra parte, de lo que es el periodismo. 
 
    Emil M. Cioran (1911-1995) fue apátrida y sin embargo, como se ha dicho de él, fue ciudadano, sin ser patriota, de tres patrias: la de su infancia, Rumanía; la de su lengua de adopción en la que alcanzó una pureza exquisita en la escritura, Francia; y la de su elección espiritual, España, donde nos entró en los años setenta de la mano de Fernando Savater, cuya tesis doctoral versó sobre él. 
 

    En uno de sus apuntes justifica aquel mes de vacaciones que pasó en Talamanca como un intento vano de rellenar su vacío, ya que él no tenía un trabajo regular: “Estando como estoy todo el año de vacaciones, cuando llegan las vacaciones propiamente dichas, se hace todavía más realidad el vacío en el que vivo: el de ahora es un vacío en segundo grado, un vacío del que uno es consciente en todo momento, el vacío oficial de mi existencia”.
 
    Hay, o había, algo en aquella isla ibicenca que la hizo objeto de su elección: “24 de agosto. Talamanca. Ir una última vez a contemplar el molino al atardecer. Nadie en los alrededores. Silencio. El cielo y el mar. Ibiza enfrente...” Y sobre todo: “El horror al futuro sólo se cura en estas islas donde el tiempo se ha detenido, donde sólo existe el presente, si es que siquiera existe”.
 
    Reconoce Cioran, sin embargo, que por mucho que viaje nunca conseguirá escapar de sí mismo. Post equitem sedet atra cura, que decía el verso de Horacio: detrás del jinete cabalga a su grupa la negra cuita. Él lo dice a su manera: “Por mucho que cambie de lugar —por mucho que cambiara el mundo—, me vuelvo a encontrar siempre conmigo mismo, con el mismo yo”.
  
 
    Así describe en otro de sus apuntes los estragos del turismo, vistos ya hace sesenta años: “Un albañil de Ibiza cuenta que hace diez años, antes de la invasión de los turistas, los habitantes eran amables, afables, os invitaban a comer en sus casas, dejaban la puerta abierta día y noche; ahora, la cierran con llave, se han vuelto egoístas, apenas os dirigen la palabra, se han hecho hoscos y suspicaces, y comen mejor. Pero que vivan mejor, que sean más felices, eso no es seguro. Antes, ganaban poco, pero tampoco tenían necesidades; hoy día tienen muchas y tienen que satisfacerlas. Por eso trabajan más que antes, se cansan, se agotan, pero, lo mismo que los turistas, no pueden estarse quietos. El silencio ha desaparecido de la isla: noche y día se escucha el estrépito de los aviones que la cruzan de parte a parte, éste es el precio que los indígenas pagan por el privilegio que han obtenido de poder comer hasta hartarse. Los estragos de la «civilización» son tan evidentes que da vergüenza seguir señalándolos”.
 
Talamanca (Ibiza) en la actualidad
 
    En muy pocas palabras, con una concisión proverbial, expresa el desastre del progreso: “El coche, el avión y el transistor: con la llegada de esta trinidad puede datarse la desaparición de los últimos vestigios del Paraíso terrenal”.
 
    Pese a lo desabridas que resultan a veces algunas de sus proclamaciones, son siempre lúcidas y, en ese sentido, amables: “Era de un trato de lo más agradable: carecía de convicciones”. Escribe de alguien que podría ser él mismo. 
 
    Uno de sus apuntes me ha recordado, sin querer, a Gorgias. Aristóteles, al final de la Retórica, nos transmite una máxima estratégica del sofista que aconsejaba τὴν μὲν σπουδὴν διαφθείρειν τῶν ἐναντίων γέλωτι “destruir la seriedad de los adversarios mediante la risa”, τὸν δὲ γέλωτα σπουδῇ, “y la risa mediante la seriedad”. Cioran, por su parte, escribe reflejando su escepticismo radical y su aversión a encasillarse en cualqueir ideología política: “Las personas de derechas me desagradan por la derecha, y las de izquierdas por la izquierda. De hecho, para un hombre de derechas yo soy de izquierdas, y para un hombre de izquierdas, de derechas”.
 
    Y, como broche final, una reflexión muy valiosa sobre algunas ideas, que podría generalizarse a todas ellas: “Hay ideas que sólo tienen algún peso si uno tiene el buen gusto de no profundizar en ellas; en cuanto se quiere desarrollarlas, explicarlas, darles un fundamento, se desmoronan y dejan al descubierto su nada”.

domingo, 28 de junio de 2026

Los -ismos (y los -istas)

No habrá seguramente sufijos más abundantes y universales que -ismo e -ista no sólo por su rancio abolengo, sino también por lo productivos que siguen resultando todavía. Proceden del latín -ismus e -ista, y en última instancia del griego -ισμός e -ιστής. Pero en su origen no eran tales simples sufijos, sino la fusión de una raíz verbal acabada en -íζ-, como resultado del protogriego *-ιδy-  donde la yod se aplicaba a activar raíces nominales (por ejemplo ἐλπίδy-ω > ἐλπίζ-ω, esperar, sobre la raíz  ἐλπίδ- esperanza), con los sufijos propiamente dichos -μός de acción y -τής de agente, como por ejemplo βαπτίζω (sumerjo, bautizo), que origina βαπτισμός, bautismo, y βαπτιστής, bautista.

La formación del sufijo -ισμός a partir de verbos acabados en -ίζω es paralela a la creación de sustantivos acabados en -ασμός y -αστής a raíz de verbos acabados en -άζω. Este último sufijo, sin embargo, no ha tenido tanta difusión como el primero, del que hay centenares de ejemplos en la lengua griega, aunque hay algunos casos como el verbo ἐνθουσιάζω del que conservamos los sustantivos ἐνθουσιασμός, entusiasmo, y ἐνθουσιαστής, entusiasta. 



En origen, pues, el sufijo -ismo servía para re-crear sustantivos a partir de raíces verbales formadas sobre nombres, y denotaba proceso que expresa la acción o a veces resultado. Este procedimiento acabó extendiéndose a cualesquiera otras raíces verbales y nominales. Muy abundante en griego clásico, pasó al latín en helenismos a partir del siglo II de nuestra era, y a partir del siglo IV se hace cada vez más abundante y productivo, usándose ya para crear neologismos que no son préstamos griegos, hasta llegar a las lenguas modernas donde sigue estando vivo y productivo.

El sufijo -ίζω tenía en griego clásico un doble valor: por un lado factitivo y por otro ecoico u onomatopéyico. Cuando se unía a un gentilicio o a un nombre de persona, se indicaba adopción de costumbres, partido o lengua: ἐλληνίζω hablo griego, φιλιππίζειν ser del partido de Filipo. En el diccionario de Anatole Bailly aparece χριστιανίζω con el significado de hacer profesión de fe cristiana, y a raíz de ahí χριστιανισμός, cristianismo como la profesión de dicha creencia religiosa. La adaptación latina sería christianizo y christianismus, documentada ya en Tertuliano. Sobre este modelo se formarán nombres de religiones, herejías, sectas o sistemas filosóficos. A partir del Renacimiento y hasta nuestros días las formaciones en -ismo comienzan a ser numerosas en todas las lenguas europeas.

Los usos modernos más importantes de este sufijo son la formación de un nombre de acción sobre verbos acabados en el sufijo -izar, denominando el proceso o el cumplimiento de la acción o su resultado, como por ejemplo bautismo, organismo, sincronismo, pero también una característica personal como heroísmo, patriotismo, despotismo, sin olvidar la formación de un sistema, teoría o práctica de tipo religioso o filosófico, político o social, basándose a veces en el nombre propio del fundador como budismo, calvinismo, epicureísmo... Pueden formarse con términos descriptivos nombres de doctrinas o ideologías como agnosticismo, estoicismo, feminismo, capitalismo, machismo, hedonismo... Un uso documentado desde la antigüedad es la formación de términos que denotan una peculiaridad lingüística como anglicismo, latinismo, a los que puede añadirse arcaísmo, clasicismo, modernismo, vulgarismo, y tantas denominaciones de tendencias artísticas vanguardistas como surgieron en el siglo XX.

Interesa especialmente por su reciente actualidad la formación moderna de nombres que tienen el falso sentido de superioridad o supremacismo como racismo, sexismo, nacionalismo, especismo, patriotismo, etc. sin perder de vista el que engloba a todos los demás humanismo, por aquello de Protágoras de que el hombre es la medida o metro patrón de todas las cosas "de las que son en cuanto son y de las que no son en cuanto no son", lo que implica que vemos la realidad bajo nuestra óptica humana, reduciéndola a nuestra medida.

sábado, 27 de junio de 2026

Memoranda

(Para la memoria histórica de los más jóvenes). El 22 de julio del año del Señor de 1969, pronto hará cincuenta y siete años de esto, las cortes españolas designaron a D. Juan Carlos de Borbón como sucesor del dictador Francisco Franco en la Jefatura del Estado, con el título de Rey de España. El Dictador nombraba así a su sucesor, y lo dejaba todo "atado y bien atado" como dejó escrito en su testamento: hacía que todo cambiara para que todo siguiera exactamente igual. Este Rey advenedizo, ahora llamado 'emérito', al que algún traidor a la causa republicana apodó El Breve, vaticinando que iban a durar poco sus indignas posaderas sobre el trono del reyno de las Españas, ejerció durante casi cuarenta años la Jefatura del Estado, tanto como el Otro, que fue su padre espiritual y mentor. Ahora se halla, tras su abdicación y  delegación en su hijo, en el exilio.

Por otro lado, los días 15, 16 y 17 de agosto de ese mismo año se celebró en Woodstock un festival de rock del que dábamos cuenta en Woodstock y El virus de Joncón a propósito del estallido de la gripe jonconesa, que reunió pese al virus de forma libre a medio millón de jóvenes. Los mercachifles de la industria del disco hicieron su agosto hace unos años reeditando el festival, publicando varios libros, CD,s., DVD,s. y demás revival que aquí interesa bien poco, porque no pretendemos viajar a la granja de Yasgur a resucitar el evento. Lo que quisiera rememorar aquí es lo que puede seguir vivo del espíritu rebelde de Woodstock: la deserción masiva y victoriosa de la guerra de Vietnam y de la «forma de vida americana». Abbie Hoffman, uno de esos rebeldes, contestó a la pregunta rutinaria del tribunal que lo juzgaba sobre su lugar de nacimiento afirmando haber nacido en Woodstock. A las protestas del fiscal contestó: «La nación de Woodstock es un estado espiritual, el mismo de los indios síux, que llevan su nación con ellos».


Jimi (mejor que Jimmy) Hendrix interpretaba para destrozarlo el National Anthem USA, el himno nacional norteamericano. Lo hizo en Woodstock, precisamente, pronto hará cincuenta y siete años, enarbolando su guitarra eléctrica, que no deja de ser un símbolo fálico que él acaricia para extraer de él sus mejores notas en una actuación que es una alegoría de la masturbación y el onanismo, protestando así contra la guerra del Vietnam y contra todos los himnos y todas las patrias del mundo, y principalmente contra la suya, que es la que a él le había tocado padecer más de cerca. Sirva este lugar como homenaje a él, y al espíritu vivo de Woodstock, cuando se dijo -y hay quien le atribuye la cita al propio Hendrix: "Cuando el poder del amor venza al amor al poder, el mundo conocerá la paz".

viernes, 26 de junio de 2026

Rebajas de verano

 
Fútbol:
El principal producto mediático de estos días, seguido por millones de televidentes, es el campeonato mundial y cuatrienal de balompié: 'mas futvol por fabor'. 
 
Football: Todo un espectáculo para los hinchas y los entusiastas del deporte rey, en el que confluyen toda suerte de intereses económicos, sociales y políticos.
 
Varia uariorum:
 De Simone Weil: «El prójimo. Percibir a cada ser humano (imagen de uno mismo) como una prisión en la que habita un prisionero, con todo el universo alrededor». 
 
 Se preguntaba el incorregible Coluche qué harían los católicos, que se santiguaban porque Cristo murió en la cruz, si hubiera muerto víctima de empalamiento.
 
Progreso: 
Progresismo: la nueva religión que concibe la vida como un proceso histórico de avances científicos y tecnológicos que nos conduce a un final feliz inexistente. 
 
En contra del progreso, porque lo que progresa es el capitalismo que es el Sistema político y económico basado en el predominio del capital y el mercantilismo.
  
 Anglicismos: 
 Un selfi, es una autofoto, una forma de suicidio porque fotografiar es matar. Entre la foto de un ser vivo y la póstuma de un cadáver no hay ninguna diferencia.
 
'Le hice ghosting' o'gosteé', un anglicismo innecesario que suena técnico y guay para justificar, desapareciendo cual fantasma, la mala educación del ninguneo.
 
   Cambio climático, cambio temático:
 
Durante la canícula feroz, dicen nuestros hijoputivos, perdón, ejecutivos, hay que relajar el código de vestimenta y ganar frescura prescindiendo de corbata.
 
 Que la ola de calor tórrido que nos invade no nos distraiga del oleaje de totalitarismo y autoritarismo climatizado y trajeado sin corbata de la realidad. 
 
Hay más muertes en invierno por el frío que por el calor en verano, por lo que el calentamiento global, evitando más muertes de las que causa, es beneficioso. 

MoMo registra la mortalidad que se atribuye a las temperaturas, pero las cifras del calor reciben mucha más cobertura mediática, por qué será, que las del frío. 

 Cabe preguntarse por qué las muertes atribuidas al calor estival importan más que las del frío invernal: la razón, el sostén del relato climático calenturiento. 

 Amistades de alquiler:
Lo de buscar amistad mediante tarifa suena a tapadera y subterfugio digital del negocio y oficio más viejo del mundo, que es, huelga decirlo, la prostitución.
 
¿Qué está fallando, cabe preguntar, si alguien, para trabar amistad o encontrar pareja, tiene que acudir a aplicaciones informáticas o a un programa de la tele?

Una plataforma digital alquila -con algún perfil de veinte euros por hora- amigos y amigas para viajes, practicar deporte, eventos, conversar... y lo que surja.

 


Hay una epidemia de soledad no deseada que se está volviendo endémica y que es fruto de la 'vida' digital, y afecta ya tanto a los jóvenes como a los viejos. 
 
El usuario prefiere que el cobro se gestione de forma digital antes del encuentro para evitar el momento violento y embarazoso de sacar la cartera tras la cita. 
 
No queremos ver que hemos caído en la adicción de las redes sociales, peces pescados convencidos de que somos libres y que es una elección nuestra conectarnos.