viernes, 15 de mayo de 2026

In memoriam José Domínguez Muñoz, El Cabrero

El cantaor José Domínguez Muñoz (1944-2026), más conocido como El Cabrero, ha fallecido en Aznalcóllar a los 81 años de edad. Cabrero de profesión y anarquista afiliado a la CNT, llegó a convertirse en el cantaor flamenco con más proyección internacional, pero nunca dejó de sacar a sus cabras a pastar. Tiene su página en la Güiquipedia, y su propia página güeb.
 
En 1982 dio con sus huesos en la cárcel condenado por blasfemar tras una actuación soltando un “me cago en Dios”. Reconoció después: "Me encerraron porque era yo, no por lo que dije. Allí no hubo ningún escándalo público. Hubo mucha movilización social y en vez de dos meses, solo estuve tres semanas en la cárcel". Era la suya una voz demasiado libre, visceralmente popular que había que acallarla como fuera.
 
No sería esa la única ocasión en que El Cabrero acabó en la cárcel. Su reivindicación de las cañadas, veredas y abrevaderos públicos usurpados por los terratenientes y otros agricultores le ocasionaron varios encontronazos con la justicia. 
 
En los años 90 participó en los festivales de world music y jazz más importantes del mundo, compartiendo escenario con Chick Corea o Gilberto Gil. En 1993 Peter Gabriel lo incorporó a su gira por los Estados Unidos. 
 
La primera vez que le ofrecieron grabar un disco, lo rechazó porque no quería abandonar su oficio de cabrero. Posteriormente aceptó grabar destinando la ganancia a la recuperación de su compañera.
 
En el vídeo siguiente canta con los acordes de la guitarra de Rafael Rodríguez por malagueñas y rondeñas las siguientes coplas prolongando algunas vocales que convierte en quejidos populares: "Una lágrima al desierto, / y una sonrisa a la vida, / y una lágrima al desierto, / una crítica a quien diga / que haga farta sembrar muertos / para vengar otras vidas".
 

 "Dijo mucho más que yo, /Picasso con sus pinturas, / dijo mucho más que yo. / Él se expresaba pintando / y al régimen molestó, / y yo molesto cantando".  
 
Y la última: "Nos enseñan a matar / mucho más que a sembrar un árbol. / Nos enseñan a matar, / y los que nos rebelamos / solo nos queda gritar: / ¡Ni guerra, ni Dios, ni amo!".
  
El Cabrero acompañado a la guitarra por Rafael Rodríguez.
 
El Cabrero es cante flamenco puro.  Una de las más bellas y trágicas historias que canta es esta: “De un pare y un hijo cuentan, / que se ganaban la vida por campiña / y olivares trabajando noche y día, / por campiña y olivares, / trabajando noche y día. / Sin haber hecho motivo, / a los dos los amarraron, / a un viejo tronco de olivo, / y a balazos los mataron. / Nadie se atrevió en el pueblo, / a pedir explicación. /  La muerte de aquellos hombres / sirvió pa' sembrar el terror; la muerte de aquellos hombres / sirvió pa' sembrar el terror. / De aquel pare y aquel hijo, / sólo se acuerda la tierra; / allí donde los mataron / crece más verde la hierba; / crece más verde la hierba / allí donde los enterraron”.  
 
Uno de sus fandangos de Huelva (1983), muy oportuno en estos momentos en que se pretende enjaular una vez más a su querida Andalucía a través de elecciones democráticas, dice así: Al pueblo de Andalucía, / dale alas y volará. / Que es un ave doloría, / buscando la libertad / que le han negao toa su vía… 

jueves, 14 de mayo de 2026

Gym o no gym

    Sentemos este principio: la obsesión por el cuerpo perfecto estropea el goce del cuerpo. Es cierto que el ejercicio físico libera endorfinas y relaja, y adelgaza, pero practicado como disciplina no deja de ser un suplicio tortuoso, un sacrificio en aras de la fe en el cuerpo, que sustituye a la fe que otros creyentes tenían (o tienen, si queda alguno todavía) en el alma y, más modernamente, -de estos hay muchos- en el cultivo de la personalidad propia, un tormento que podríamos ahorrarnos. 
 
    Si te asomas a la puerta de un establecimiento gimnástico verás que se parece a una sala de torturas de la inquisición: los modernos aparatos semejan instrumentos de tormento para el sufrimiento y el dolor, aparatos monstruosos para la musculación y el sudor de la gota gorda, bicicletas y cintas estáticas para pedalear y correr sin moverse de sitio como hacen los hámsteres dentro de su rueda inmóvil… Todo eso que fascina a tantos hombres y mujeres, sobre todo jóvenes, a algunos, la verdad, nos da mucha grima: preferimos el goce del olvido del cuerpo (y del alma, sobra decirlo) que trabajar los músculos y sudar copiosamente en el gimnasio o gym, como dicen los horteras, para obtener unos abdominales en forma de tableta de chocolate o unos glúteos prietos y rotundos. 
  
    La etimología de gimnasio es la desnudez del cuerpo. Es lo que significaba el término griego γυμνάσιον, que era el lugar público donde se ejercitaban los cuerpos en sus puros cueros. Los antiguos griegos, como se sabe, hacían ejercicio físico completamente desnudos, sin ningún ridículo calzón encima. Hoy en día se va al gimnasio con la mínima ropa encima que exige el decoro, pero a ser posible con ropa de marca deportiva. Los gimnasios tienen habilitados vestuarios, que en italiano se llaman spogliatoi, algo así como “desnudaderos”: según la palabra española "vestuario" es el sitio donde uno se viste, pero según la italiana "spogliatoio", donde uno se desviste. 
 
    Cada vez se abren más negocios de gimnasios en pueblos y ciudades. En la antigua Grecia el gimnasiarco o gimnasiarca era el funcionario estatal, particularmente en la época helenística, encargado de la dirección de un gimnasio y de la educación física y cultural, de los jóvenes que se ejercitaban por llegar a una perfección que no existe. 
 
  
    Pero más curioso resulta todavía el desplazamiento semántico de la palabra latina gymnasium en los países europeos de tradición educativa germánica, donde es el nombre de un centro de educación secundaria, equivalente a nuestros institutos o liceos orientados a futuros estudios universitarios. Seguramente que detrás de este desplazamiento semántico está aquello de Juvenal de "mens sana in corpore sano", nunca bien entendido por los pedagogos y educadores físicos y psíquicos modernos, que consideran que el objetivo ideal por el que debemos esforzarnos y sufrir es por trabajar la mente y el cuerpo simultáneamente, sin desdeñar ninguno de los dos aspectos, cuando la intención del poeta era muy otra: había que pedir a los dioses, que nos concedan la gracia de un cuerpo sano en una mente sana, no que nosotros tengamos que trabajarnos a nosotros mismos apuntándonos a un gimnasio y simultáneamente una institución académica.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Dos chistes y una tira cómica contra la obligación de ir al cole

La maestra anuncia a toda la clase: -Hoy vamos a tratar una nueva unidad didáctica:  la Educación Sexual. Una niña alza rápidamente la mano y pregunta: -¿Podemos salir al recreo, señorita, las que ya chingamos?



(Frente al terminajo pedagógico que utiliza la maestra de “unidad didáctica” para impresionar a su auditorio infantil y de paso a sí misma con su jerga pseudoespecializada que sustituye a los tradicionales “lección” o "clase", la alumna emplea con desparpajo una palabra vulgar, popular,  que recién pronunciada provocará la irrisión general, y será tachada de malsonante e impertinente por la profesora, que corregirá inmediatamente a la deslenguada discípula por su expresión soez con eufemismos y paráfrasis cultas como “mantener relaciones sexuales”, "practicar el coito" o, más ridícula aún, “hacer el amor”. Pero la gracia del chiste reside en que lo que pretende enseñarles la maestra bajo el campanudo título políticamente correcto de “educación afectivo-sexual” es algo que esta alumna y algunas amigas más, por el uso que hace del plural, ya saben y por lo tanto resulta superfluo que la señorita pretenda explicárselo y darles consejos sobre cómo se hace o se deja de hacer,  por lo que pide que se las dispense de la clase y se las deje salir al patio... Ella y sus amigas, que ya saben lo que es eso tanto en la teoría como en la práctica, no tienen ningún interés por la aburrida monserga pedagógica que las espera de la profesora, y lo que quieren, en el fondo, es librarse de la reclusión escolar siquiera momentáneamente, salir de la ominosa aula al patio y aire libre y a un recreo que todavía no ha sido catalogado como "activo" ni como "segmento de ocio" y del que aún se puede disfrutar libremente sin estar bajo vigilancia tutelada). 


Esa misma maestra, vamos a suponer, progresista y comprometida con la mejora de la educación, más preocupada de hecho por educar que por enseñar a sus alumnos y alumnas, que, por su parte, no aprenden nada que no supieran ya, como hemos visto en el caso anterior, pasa una encuesta bienintencionada un día a toda la clase donde alumnos y alumnas, como dicen ahora para visibilizar innecesariamente el género gramatical femenino, pueden expresar libremente por escrito porque es anónima su opinión sobre cómo les gustaría que fuese la escuela del futuro en sus mejores sueños, y cómo se la imaginan en su perfección ideal más cumplida y acabada, Jaimito responde sin dudarlo mucho de viva voz: “Cerrada a cal y canto, señorita”. 

 Tira cómica de Bill Watterson, de la serie Calvin y Hobbes


Calvin, el entrañable personaje de la tira cómica Calvin & Hobbes de William "Bill" Watterson y alter ego infantil del autor, exclama cuando esperaba en la parada la llegada del bus escolar que sería una gran sorpresa que el autobús que él está aguardando como todos los días de lunes a viernes y que parece que se retrasa un poco más de lo habitual explotara de repente y desapareciera por arte de magia y combustión espontánea y así él se viera libre por lo tanto de la obligación de tener que ir al colegio como la res que es transportada al matadero para su sacrificio e inmolación... Lo dice bien alto, como para que la Divina Providencia que todo lo ve lo oiga también allá arriba en las alturas, pues parece que está sorda como una tapia y a veces hay que chillar por si acaso no se entera, igual que a la abuelita... Calvin, no quiere ir a la escuela, no porque no le guste aprender, que no le disgusta ya que es un niño inteligente y despierto, sino porque precisamente en la escuela no se aprende absolutamente nada que no sea la obediencia ciega a lo que está mandado, a la rutina de los horarios y calendarios escolares establecidos que dividen el tiempo en ocio y trabajo, lectivo y no lectivo, cara y cruz de la misma moneda.


Pero esa sorpresa que Calvin desea que suceda no va a cumplirse, precisamente porque aun en el caso de que aconteciera ya no sería tampoco ninguna sorpresa que pudiera cogerle desprevenido. Ya no sería algo inesperado y sorprendente. Ya lo cantaba Radio Futura: "Nunca se puede saber / lo que va a ocurrir mañana / salvo que al fin de semana / sigue un lunes otra vez." La sorpresa consistiría en que el fin de semana fuera realmente el fin de la semana, como su nombre indica, el fin de los siete días cuyos nombres recuerdan respectivamente a la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno, modificado entre nosotros por el término judaico del Sabat, séptimo y sabático día de la semana judía, y al Sol, que pasó a llamarse día del Señor, semana que adaptaron los cristianos para imponérsela al universo mundo. La sorpresa sería que al domingo no le sucediera un lunes. Pero la semana laboral ya existía cuando Dios creó el mundo y lo puso en marcha.  La reflexión de Calvin viene a decirnos que todo lo puede el Señor menos que un lunes deje de ser lunes, aunque no por eso vamos a dejar de desearlo vivamente en el fondo de nuestro corazón. 


Lo que quieren Calvin, Jaimito y la niña contestataria en definitiva es algo que va a chocar con la dura realidad y que formulado en el lenguaje infantil del niño que todavía no ha aprendido bien algunas reglas gramaticales es: “Que no haiga escuela nunca más”. Recordemos a Ivan Illich: "Para la mayoría de los seres humanos, el derecho a aprender se ve restringido por la obligación de asistir a la escuela".

martes, 12 de mayo de 2026

Porsiacaso

La ominosa OMS (nomen omen), Organización Mundial de la Salud, no pasa por uno de sus mejores momentos desde la propagación y gestión de la pandemia, y después de lo que le costó que se aprobara parcialmente el paquete de medidas contra siempre futuras pandemias, y desde que algunos países importantes decidieron recientemente abandonarla, quedando en manos, como ya estaba, del capital privado, habida cuenta de que su financiación no solo se basa en las cuotas obligatorias de los estados miembros como España, que no llegan a un veinte por ciento del total de su presupuesto, sino sobre todo en las contribuciones voluntarias de organismos privados como la Fundación de la señora y el señor Gates o la Alianza GAVI, que constituyen más del ochenta por ciento de su financiación.
 
La ominosa es un organismo asesor internacional sin poder político efectivo alguno por lo que no puede obligar a ningún estado a nada. No puede imponer, como les gustaría a los organismos privados que la patrocinan, confinamientos, mascarillas, peceerres ni ordenar vacunaciones ni dictar políticas sanitarias aplicables a toda la población, porque, hasta la fecha, cada estado mantiene su soberanía sanitaria. En términos jurídicos del derecho romano, no tiene potestas, sino solo auctoritas. La poca auctoritas que tiene es una autoridad moral basada en su influencia social cada vez más desprestigiada. La potestas a la que aspira es el poder efectivamente coactivo otorgado por la ley. 
 
 
Su modus operandi se basa en el ejercicio del terror informativo: propaga el virus más efectivo que hay, que es el del miedo, ante una amenaza a medio camino entre el Holandés Errante y el barco ruso que transportaba al conde Drácula, sacando a relucir un crucero de bandera holandesa y lujo trasatlántico apestado que ha fondeado y al fin atracado en el puerto canario de Granadilla, que podría desencadenar una pandemia peor que la anterior por las ratas que transporta y que suelen ser las primeras a la hora de abandonar un barco... Nos amenaza sibililnamente para que aceptemos voluntariamente medidas y leyes que restringen la poca autonomía y libertad que nos queda con unos protocolos que de otro modo nunca aceptaríamos.
 
Es aquí donde entra en escena la Señora Ministra de Sanidad de las Españas, que desde hace un par de años es miembro (o miembra, si lo prefiere) del comité ejecutivo de la OMS, qué casualidad, y que improvisa el siguiente discurso acelerado y aderezado con todo tipo de aspavientos y esparajismos y que revela, atención, que todo estaba ya preparado. Escuchémoslo: 
 
  
Estos protocolos -otra vez resuena en nuestros oídos aquella maldita palabra- y estos operativos -¡esta es nueva!- no han sido improvisados. 
 
Hace un mes, el catorce de abril, hicimos un simulacro en Las Palmas, para, bueno, pues, por si acaso -aquí comienza a titubear y de pronto va a hacer la gran revelación, que es el gran porsiacaso, mira tú que casualidad- venía algún barco con algún tipo de enfermedad hemorrágica y por si acaso venía también algún cadáver. 
 
Quiero decir: Estamos no solamente preparados sino que la Organización Mundial de la Salud -de la que ella forma parte, no se olvide- nos pone como ejemplo y nos pone como formadores de otros países.  (Podemos sentirnos orgullosos. A su lado el sumo gerifalte de dicha Organización escucha la traducción que le hace una intérprete de las palabras de la ministra).
 
  
 Por eso creo que hoy es el día de hablar de el orgullo de país, -la conclusión del razonamiento es bastante pobre, una apelación al orgullo nacional- el orgullo también de la población canaria que efectivamente como decía el ministro (…) es una población que es solidaria y que está comprometida, ¡cómo no!, con la salud global, -trata inútilmente con la mención la ministra de ganarse la benevolencia de los canarios y las canarias- y que vamos a seguir trabajando hasta que termine todo el operativo y hasta que pongamos a todo el mundo a salvo. 
 
No hay que preocuparse, van a salvarnos de un peligro que no existía que ellos se han sacado de la manga para justificar su existencia. En fin, un discurso afásico que no dice más que lo que está mandado: que en el mes de abril ya se hizo un simulacro por si se daba algún día el caso, por si acaso, y mira, qué casualidad, acaba de darse el caso como estaba programado para celebrar el éxito del operativo, la cooperación del gobierno español, la distracción del público mundial con el objeto de aumentar la desprestigiada auctoritas de la organización, y de obtener lo que persigue de lejos: la potestas global.

lunes, 11 de mayo de 2026

Secuencia de coplas con bordón

Los buitres sobrevuelan el balneario, donde, viejos, los huéspedes, toman los baños.

De vez en cuando baja un buitre y abduce a algún anciano.

 

No echan nada en el viejo cine Las Vegas, cerrado a cal y canto, sin cartelera.

¡La sala oscura, platónica caverna, ciega ya y muda!

 

Una víbora muerta en el camino; la mató a bastonazos un peregrino.

Libraba al mundo -eso es lo que él creía- de un mal futuro.


El hombre es la medida de cualquier cosa que exista o que no exista, bien poco importa.

Lo dijo el griego, que hacía al hombre ser antropométrico.


Viene la zorra al bar a mediodía a mendigar las sobras de la comida.

¡Pobre raposa, la que robó gallinas pide limosna!

 

En Zaragoza, pues, soldado raso, yo, sirviendo a la patria, marcando el paso.

Hace ya tanto que parece que nunca, y, sin embargo...

El virus son los medios informativos, el móvil en cabeza, ahora mismo, 

lo sabe todo y es más listo que nadie, nos vuelve tontos.

 

Creer en uno mismo es otra forma de fe monoteísta y religiosa.

Lo digo yo, que así es como lo creo, y todo dios.

domingo, 10 de mayo de 2026

Sobras ortográficas

    Se habla mucho de las faltas de ortografía, y muy poco de las sobras; es decir, de lo que está de más en la escritura. Serían sobras de ortografía, poner,  por ejemplo, tildes donde no debería haberlas. Una sobra de ortografía que cada vez veo más y que me preocupa es "vinierón" (sic): acentuar una palabra llana como si fuera aguda, lo que se debe a una imposición de la norma sobre el oído, que no se ha comprendido y escuchado, pero que se apresta a obedecer. Quien escribe "vinierón" sabe que hay una regla orotográfica que dice que en español se pone tilde sobre la vocal correspondiente a todas las palabras agudas acabadas en -n o -s, como, por ejemplo "canción" o "inglés". Quien escribe "vinierón" no se para a escuchar a su oído y a oír si la palabra es aguda, llana o esdrújula porque su oído, ensordecido por la imposición de la norma, probablemente no le diga nada, pero se apresura a obedecer y cumplir -la ley es la ley- la regla susodicha, aprendida y no comprendida, escribiendo algo que no pronunciará nunca.

    Las faltas de ortografía, desde mi modesto punto de vista,  tienen alguna justificación: quien escribe "b" en vez de "v" o viceversa lo hace porque hoy en día ambas letras se pronuncian igual, quien escribe "acer" sin hache está cometiendo una falta de ortografía, que se explica por el carácter mudo de la hache en español contemporáneo.  Las faltas de ortografía, por lo tanto, tienen alguna justificación más que las sobras. Lo único que justifica a estas últimas es la "ciega" obediencia a las reglas de ortografía.

    Otra sobra de ortografía sería escribir haches donde no las hay. Nuestras haches suelen venir de haches latinas, por ejemplo la palabra "hombre", que procede de hominem o de efes iniciales que, después de aspirarse, acabaron desapareciendo delante de la mayoría de las vocales, fenómeno que se produjo en castellano pero no en catalán ni en portugués, y que Menéndez Pidal explicaba como influencia del sustrato vasco, dado que la lengua vasca no tiene f- inicial. Se trata de palabras como "hijo", que procede de filium  o  "harina",  que viene de "farinam". 
    Si preguntamos a un estudiante español de ESO (hagamos la prueba) si es más correcto escribir "exuberante" o "exhuberante" es más que probable que, desconociendo el significado de la palabra, se incline por la forma que contiene la hache intercalada, porque le parecerá más correcta, es decir, más difícil de escribir. Esa sería otra sobra de ortografía,  no propiamente una falta. Debe escribirse “exuberante”, sin hache intercalada, porque el término procede del adjetivo latino uber que significa "fértil, fecundo, abundante", cuya forma de superlativo conservamos en español "ubérrimo". La palabra uber también significa, como sustantivo, "pecho, teta, seno", como se ve en la evolución fonética pues su acusativo "úberem" evolucionó, tras la apócope final de -m y pérdida de la vocal interior átona postónica,  a "ubre".  De ahí que "exuberante" signifique etimológicamente que "produce fruto, que da leche": la preposición "ex" indica un movimiento centrífugo de dentro hacia fuera. Sin embargo y por miedo tal vez de cometer una falta de ortografía y por analogía con palabras como exhumar (sacar de la tierra, propiamente hablando, donde la hache está etimológicamente justificada porque procede de humus), cometemos una sobra de ortografía intercalando una hache totalmente superflua.  

    Sería precisa una reforma de la ortografía para que desaparecieran como por arte de magia y de la noche a la mañana todas las faltas de ortografía, y prestar un poco de oído a la lengua hablada, sin obediencia ciega y acrítica a las normas académicas, para que no hubiera tampoco sobras de ortografía a la hora de escribir. 


sábado, 9 de mayo de 2026

'Todos vamos a morir'

La realidad, como decía García Calvo, es aquello de lo que se habla,  pero, a sensu contrario, no puede decirse que no hablar de algo sea hacer que desaparezca como por arte de magia como si no fuera real y, por lo tanto, no existiera. Políticos y periodistas dan forma a un nuevo relato y crean un notición a fin de que no hablemos de otra cosa y que cada quisque se ponga a dar su opinión personal y se distraiga de sus preocupaciones habituales y se mantenga entretenido. 
 
Los autodenominados “creadores de contenido”, entre los que no quiero incluirme aunque sea bloguero de ya larga trayectoria, no “crean” nada nuevo que no esté creado ya; solo recortan y pegan, copian y plagian los unos de los otros lo que otros han creado. El sistema ha aprendido a alimentar a estos creadores de contenidos y los llama influencers o influyentes. 
 
Lo que más nos interesa a los de abajo es no hablar de lo que dicen que existe o deja de existir, no entrar en ridículas polémicas, no opinar ni llenar los medios, las redes de nuestras conversaciones enfrentadas. Quieren que volvamos a creer que hay unos bichitos muy malos que pueden llevarnos al otro barrio por el callejón de la amargura sin número, retrotrayéndonos al fatídico año del señor de 2020. 
¿Volverán las quirúrgicas mascarillas y aquellas otras que eran más seguras y más caras? ¿Volverán los aplausos a las ocho organizados desde el Ente Público? ¿Volverán los toques de queda, rebautizados como "restricción de movilidad nocturna" y la solemne declaración de guerra contra el enemigo comun? ¿Volverán los confinamientos y las cuarentenas? ¿Volverán los pasaportes y salvoconducos sanitarios? ¿Volverán las vacunas que lo único que ha hecho es multiplicar los cánceres, los ictus y las afecciones del corazón?
 
La estrategia es muy sencilla. Políticos y periodistas, tanto monta, primero nos meten miedo. Después nos dicen que nos calmemos, que la situación está controlada. Que ellos están ahí no solo para representarnos democráticamente sino para velar por nuestra seguridad. En el colmo de los despropósitos uno llega a leer algo tan tranquilizador como esto: "En caso de pandemia, mejor un gobierno de izquierdas que de derechas". Es un titular periodístico, empeñado en tranquilizarnos porque nosotros, al parecer, tenemos aquí un gobierno de izquierdas, y si viene una pandemia, como hace seis años, estamos protegidos. ¡Menos mal que no tenemos un gobierno de derechas, como si eso fuera relevante, como si no fueran la misma cosa izquierda y derecha, cara y cruz de la misma moneda. ¡Que Dios nos coja confesados!
 
Ahora nos dicen que ha llegado un barco, un crucero de lujo trasatlántico, que viene de muy lejos cargado de virus de gran letalidad. Es todo mentira. Pero ya nos han inoculado el peor de todos los virus, que es el del miedo ante un enemigo mortal frente al que no tenemos protección, aunque trabajan a marchas forzadas los laboratorios farmacéuticos en la vacuna milagrosa. 
La aparición televisiva del siniestro epidemiólogo -su discurso se repite hasta tres veces en el vídeo que hemos subido, como si a fuerza de repetición quisiera hacerse verdadero: "no deberíamos de preocuparnos"- intentando tranquilizarnos ante la irrupción de un nuevo virus no ha hecho más que disparar todas las alarmas. Seguro que ya hay gente que, presa del pánico, acapara rollos y rollos de papel higiénico para limpiarse con ellos las heces del ojete después de defecar.

¡Cómo suena todo a ya visto y ya vivido!

viernes, 8 de mayo de 2026

La partícula de Dios

    Publicaba Alberto Montt una simpática viñeta sobre el bosón de Higgs, la llamada partícula de Dios, en su página electrónica, una viñeta que quiere hacernos reflexionar provocándonos a la vez una escéptica sonrisa, como es costumbre en el dibujante chileno. Se puede ver al demonio a la izquierda preguntando a unos cuantos dioses a la derecha con un significativo y gracioso juego de palabras, de quién de ellos, particularmente, es la susodicha partícula.

 

    Vemos, empezando por la izquierda, a Dios, el dios cristiano con el triángulo en la cabeza que representa la sagrada trinidad, el dios por antonomasia, cuyo nombre propio es el nombre común "dios" escrito con mayúscula "Dios",  seguido de Mercurio (Hermes para los griegos), que es el mensajero de los dioses olímpicos;  detrás de él distinguimos a Ganesha, el dios de cabeza de elefante, maestro de la inteligencia y patrón de los artistas y escritores del panteón hindú, seguido de Anubis, el dios con cabeza de chacal o de perro, el conductor de las almas, el intermediario y el mensajero entre el mundo de los vivos y el más allá dentro de la religión del antiguo Egipto, y finalmente al dios nórdico Odín a la derecha, maestro de la sabiduría y las ciencias ocultas, si no es su propio hijo Thor. 

    Nos bombardearon durante aquellos ya lejanos días con noticias de divulgación científica acerca del bosón de Higgs, la partícula divina, y de cómo la Ciencia, esa nueva religión, estaba a punto de descubrir el origen del universo y la verdad definitiva. Pues bien, estamos como estábamos después del costosísimo experimento en términos económicos del acelerador de partículas que tanto ha dado que hablar a los medios de masificación: al fin y a la postre, sólo sabemos, more Socratico, que no sabemos nada.

    El dibujante El Roto caricaturizaba la "partícula divina" como si fuera una hostia consagrada para la comunión de los fieles de esa nueva religión que es la ciencia -que si no nos exige fe, como la vieja religión,  lo que sonaría muy arcaico, precisa, sin embargo,  y mucho, de nuestra "credibilidad"- , con la aureola de santidad de lo divino,   en esta impagable viñeta titulada "La consagración",  que el diario independiente de la mañana  publicaba el 23 de julio de 2012.


    Seamos "de letras" o "de ciencias" -distingo bastante inepto que nos colgamos a veces como si de un sambenito se tratara para clasificarnos-, esto es algo que nos concierne a todos, que afecta a todo el mundo, de vital importancia, algo que todos nos hemos cuestionado alguna vez: estamos hablando del origen del universo y de la falsedad de la realidad del mundo. Si no nos preocupa esto, ¿qué nos preocupa?

    A este propósito merece la pena reproducir aquí el artículo, cuyo recorte conservo, de Agustín García Calvo,  que publicaba en El Periódico Global(ista), alias El País,  el 14 de julio de 2012, que quiere hacernos pensar sobre todo ello en contra de la communis doctrina, mainstream o pensamiento único  dominante, que se titulaba: Tampoco el bosón de Higgs era verdad.  

Tampoco el bosón de Higgs era verdad.

   Y sin embargo las mayorías de los fieles se lo han creído, que la Ciencia venía por fin a darles la solución del problema del Universo que tanto los angustiaba, o por lo menos han estado a punto de creérselo.

   No es nada del otro mundo: la necesidad de fe y de diversión es siempre mucha; pero es cada vez más notable que, después de tantos desengaños, algo tan simple y consabido como esta noticia pueda servir para el caso: porque ello es que el problema sigue tan vivo como nunca, y basta con que algunos ignorantes nos asomemos a la Red (mejor que a los libros y desde luego a las aulas) para darnos cuenta de lo vivas que siguen las discusiones entre físicos y matemáticos más o menos en ciernes o jubilados acerca de las cuestiones y los términos fundamentales de la teoría y cálculos físicos (esto es, lógicos acerca de universos o realidades), y sorprende así que tenga todavía ese relativo éxito la presentación de ideas como ‘corpúsculo’, ‘masa’ y demás que llevan ya unos cuantos siglos de desmentimiento: es como si se contara cada vez más con una infantilidad en la gente que se ha sometido a la Enseñanza y los Medios del Progreso.

   No han faltado tampoco a lo largo de estos siglos algunos sabios, y, lo que más importa, honrados, que, liberados ya de temores por su promoción, se han atrevido a declarar para la gente la verdad de las mentiras de la Ciencia; así habréis leído más de una vez cómo el propio Einstein declaraba una vez que las ideas o teorías que se refieren a la realidad no son ciertas (sicher), y, si son ciertas, no se refieren a la realidad. Claro que para decir cosas cono ésas, si uno está todavía preparando su Tesis Doctoral o su subida a las Cátedras del mundo…

   Pero era inevitable: hacía ya muchos años que se había montado el acelerador más largo y más caro del mundo para que, tras tantas incertidumbres y falta de noticias, no se nos ofreciera al fin una información de luz y de esperanza correspondiente a los enormes gastos y trabajos de miles de empleados del que había de ser acelerador, si no de partículas, de informaciones; y así se ha sacado de entre los restos de especulación física algo que pudiera servir para entretener un rato la espera del personal.

   Pues bien, amables lectores, dejaos oír (no hace falta que creáis a cambio nada) lo que los restos de sentido común de los menos creyentes os dicen bien claro: no era tampoco verdad, no ha habido tal cosa como un acercamiento a la solución definitiva: el problema está tan vivo y floreciente como desde que se inventaron las teorías sobre el Mundo. No puede ser que se descubra una solución, teoría, filosofía o ciencia dentro de la realidad, que, valiéndose de términos del vocabulario real, trate de dar con la esplicación de todo; porque,  entonces, la esplicación misma entraría a formar parte de la realidad y no podría decir nada nuevo y desmentidor acerca de ella. 

   He ahí lo más sencillo que tendríamos que haber descubierto: que la realidad no es todo lo que hay; que es una guerra o contradicción entre la pretensión de imposición de ideales o de un lenguaje matemático cerrado, y la resistencia siempre viva contra esa imposición; la de las cosas nunca del todo terminadas contra los números y el fin: por ejemplo ‘masa’, cuando más, sería esa resistencia, siempre espesa, que, no habiendo ‘todo’, no puede ser 4% de nada.

   Pero eso al Poder no le importa: Él tiene que ofrecer soluciones, es decir, evitar descubrimientos que puedan entorpecer la marcha del Capital, y así, entre otras mil historias, os ofrecen un bosón para calmar la impaciencia, matar el Tiempo.

    Claro que  no os dirán que ahí ha terminado todo, que eso es la solución definitiva: quedan siempre algunos pormenores que aclarar, algunos cálculos que mejorar; porque eso, si no, sería justamente libraros del Futuro, que es arma esencial del Poder, y que ya no tenéis nada que hacer, ni trabajar, ni buscaros un título en las universidades; y, sin Futuro, os encontraríais en un mundo vacío y muerto.

   Sería como si a algún financiero malaconsejado se le ocurriera montar sus teorías proclamando que con ellas se va a terminar con la Crisis Económica de una vez y para siempre.

Agustín García Calvo es catedrático emérito de Filología Clásica de la Universidad Complutense de Madrid.

 

    Una semana después de la publicación de este artículo, en una carta al director del mismo diario, un lector indignado defiende a capa y espada "el posible hallazgo del Bosón de Higgs". Se trata de Manuel Lozano Leyva, Catedrático de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la  Universidad de Sevilla. He aquí su carta: 

     Haciendo uso de razonamientos de estética filosófica, o algo así, el profesor Agustín García Calvo menosprecia el posible hallazgo del bosón de Higgs. Aunque sea curioso el uso que hace de su derecho a opinar lo que se le ocurra con argumentos pintorescos, considero inquietante que sostenga que algunas conquistas de la ciencia (de su artículo quizá podría deducirse que todas) sirvan para saciar la “necesidad de fe y diversión”. Esas intenciones las tienen otros, no los científicos. La pose supuestamente sublime de desdén hacia la ciencia la suelen ostentar, aparte de los que les atrae el siniestro poder que da la religión, aquellos intelectuales incapaces de desarrollar la creatividad del arte, la fuerza de la literatura o el portentoso desafío de escudriñar científicamente la intimidad de naturaleza. O sea, aquellos que se encuentran a gusto instalados permanentemente en la más absoluta irrelevancia.

    Se trata de una defensa corporativista y acérrima de la ciencia y de los científicos y de su progreso en pos de una verdad absoluta que no poseemos contra el ataque perfectamente lógico y de sentido común de García Calvo, que algunos humoristas como Montt y El Roto, que citábamos al principio, que haciéndose eco del sentir popular, ya habían satirizado y ridiculizado la pretensión de que el susodicho bosón fuera la partícula divina, precisamente como un 'acto de fe y diversión' motivado por "el siniestro poder que da la religión" porque no olvidemos que el humor es la mejor crítica contra la seriedad de los que creen "escudriñar científicamente la intimidad de naturaleza". 

jueves, 7 de mayo de 2026

"Le debemos un gallo a Asclepio".

(In memoriam Elías García Pérez, profesor de filosofía).
 
 
Si no me falla la memoria, hace la friolera de más de cincuenta años, cursando yo a la sazón quinto de Bachillerato de Letras, curso 1974-1975, asistí a mi primera clase de griego en el Instituto Nacional de Enseñanza Media Mixto de Camargo. Entonces los institutos no se llamaban IES, como ahora, sino INEM, porque se pretendía que fueran centros de enseñanza y aprendizaje, no de educación. Ya conocía a la profesora, Margarita Martín Díaz. Durante el curso anterior, aquel cuarto, que era el último del bachillerato elemental, nos había dado clase de latín y había sido nuestra tutora. Yo había elegido letras porque me gustaba el latín, y, además, no se me daba mal. Pero lo que me viene a la memoria ahora, como si fuera ayer, fue la primera clase de griego de aquella profesora, que escribió una frase en la pizarra en un extraño alfabeto... Y entonces comenzó una fascinación que no ha terminado todavía. 


Eran las últimas y misteriosas palabras de Sócrates al afrontar el trance postrero de su condena a muerte:  "Oh Critón, a Asclepio le debemos un gallo". Era el primer texto griego que aprendíamos a leer y a escribir. Divinas palabras. Eran unas letras desconocidas que nos abrían a un mundo por un lado lejano y ajeno, pero por otro muy próximo. A la vez que aprendíamos los nombres de las letras y sus grafías mayúsculas y minúsculas, oíamos hablar de aquellos acentos agudos, graves y circunflejos, aquellas iotas suscritas, y aquellos espíritus suaves y ásperos, que habían dejado el recuerdo imborrable de una hache en nuestra lengua, y oíamos hablar por primera vez de Platón, que había escrito esa frase, y de Sócrates, que la pronunció pero que no había escrito nada por su parte, condenado a muerte por un tribunal democrático ateniense por corromper a la juventud y no creer en los dioses en que creía la ciudad, y de Critón, su amado discípulo, y del dios de la salud Asclepio o Esculapio, al que Sócrates encargaba consagrarle un gallo. Vuelvo a escribirlas ahora, tal como las aprendí: Ὦ Κρίτων, τῷ Ἀσκληπιῷ ὀφείλομεν ἀλεκτρυόνα.
 
Tal vez se trataba de un sacrificio de acción de gracias, quizá era una manera de desdramatizar la propia muerte. Aquella clase fue una experiencia inolvidable. Era como aprender a leer otra vez, aprender a leer en una nueva lengua hermética, pero a la vez muy nuestra; en una lengua en la que se ha dicho todo o casi todo lo que puede decirse e imaginarse. Aprender griego es descubrir la filología, el amor -filo- por las palabras -logos-, que son lo más valioso que tenemos, gratuito como es el lenguaje como el aire que respiramos, porque sirven para preguntarnos una y otra vez según la costumbre socrática qué son las cosas.

Viñeta de El Roto, aparecida en El País el 4 de julio de 2016

Georges Dumézil publicó un “divertimento” sobre las últimas palabras de Sócrates, que son las primeras palabras griegas que, casualmente, aprendí yo cuando empecé a estudiar griego clásico en mi bachillerato: “Critón, debemos un gallo a Asclepio. Pagad la deuda y no os olvidéis”. No hay ninguna explicación satisfactoria del significado de esta frase.

La más habitual, pues se ha escrito mucho, es la de Lamartine, que la puso en verso como buen poeta que era:
¡A dioses que liberan, dijo, ofrenda debida!
¡Me han curado! -¿De qué? Diz Cebes. -¡De la vida!

Sócrates querría sugerir que la muerte es el remedio de la enfermedad que es la vida misma, cualquier vida humana, y como él ya está alcanzando ese beneficio pues se está muriendo después de haber tomado la ingesta de cicuta que empieza a hacerle efecto les pide a sus discípulos que se lo agradezcan a Asclepio consagrándole un gallo.



 
Dumézil no está de acuerdo con que la enfermedad de la que el dios de la salud Asclepio -Esculapio latino- ha curado a Sócrates sea la vida, otorgándole la muerte como remedio.

Dice Dumézil: “Asclepio no desempeña, en el mundo de los hombres, más que un único servicio. Sólo se ocupa de los enfermos; si pasan una noche acostados en su santuario, reciben allí, a través de un sueño, la receta que los curará”. 

Suele representarse a este dios con el báculo o la vara de Esculapio, un bastón por el que sube enroscada una serpiente, que, a diferencia del caduceo de Hermes, símbolo del comercio, no lleva alas.   

 
Estatua de Asclepio o Esculapio, dios de la medicina.

¿De qué enfermedad, de qué receta de cura se trata en el caso de Sócrates? He aquí la verdadera cuestión.

Hay quienes piensan que esta “ultima sententia” del filósofo no tiene mucho sentido, porque se trata de la última frase de un hombre que está moribundo bajo los efectos de un veneno letal como es la cicuta.

Otros creen que Sócrates quiere agradecer a Asclepio una especie de “curación por adelantado” al ahorrarle los achaques propios de la vejez matándolo cuando contaba setenta años. Pero Asclepio sólo cura las enfermedades actuales, declaradas, no las presuntamente futuras y por lo tanto inexistentes: no es un dios profiláctico.

Leo en Eva Cantarella que la americana Eva C. Keuls en su libro 'The Reign of the Phallus', publicado en Nueva York en 1985, y traducido al italiano como 'Il regno della Fallocrazia', considera que el gallo era un regalo típico entre homosexuales y avanza la hipótesis de que Sócrates, sátiro hasta el final, en el momento en que los efectos de la cicuta alcanzan el bajo vientre, descubre las ingles para mostrar, una erección provocada por la acción del veneno, con lo que la frase concordaría bien con la ironía socrática, como si les dijera a sus discípulos “mirad lo que me pasa en el trance postrero de mi muerte: una milagrosa erección contra la disfunción eréctil: agradecédselo a Asclepio”. 
 

Dumézil, sin embargo, que no conocía la tesis desmitificadora de la americana, opina que la curación que merece el sacrificio de un gallo a Asclepio no es la de Sócrates, sino la de Critón. Sócrates, como si fuera su médico, le ha hecho desembarazarse de una opinión errada, y éste ha recobrado la salud mental. Y no es que Sócrates posea la verdad, que no la tiene, pero es consciente al menos de su ignorancia. 

Critón quería que Sócrates escapara de la cárcel. Le habían él y otros amigos preparado la fuga. Consideraba Critón que la muerte de Sócrates era un mal. Y para él desde luego que lo era, porque se vería privado de su maestro y amigo. Pero Sócrates le hace ver lo mismo que a los jueces en su discurso de defensa: que pensar que la muerte es lo peor que le puede pasar a uno es una idea equivocada, lo que no quiere decir tampoco lo contrario, que sea lo mejor. Pero en ese trance él prefiere obedecer a las leyes de la ciudad y que se cumpla la sentencia de muerte que sobre él ha caído, consciente de que qué es lo mejor para los hombres “sólo lo sabe el dios”, o diríamos hoy con flagrante anacronismo “sólo Dios -con mayúscula como nombre propio que es- lo sabe”, es decir, nadie.

Marsilio Ficino tradujo las últimas palabras de Sócrates al latín: “O Crito, Aesculapio gallum debemus, quem reddite neque neglegatis”.

Se cumplía así el terrible silogismo que nos condena a los seres humanos a muerte: “Todos los hombres son mortales; Sócrates es un hombre, luego Sócrates es mortal”. 

miércoles, 6 de mayo de 2026

Revista de varietés (y II)

Le ofrecemos servicios de cremación e inhumación, ceremonias exequiales laicas y religiosas, y garantizamos planificación y previsión funeraria personalizadas.

 Hay quienes cada vez exigen más Estado, más protección estatal: más seguridad social, más subvenciones económicas, más policía y más controles y sanciones. 
 
Hay tolerancia -que algunos llaman libertad- en la práctica sexual siempre que se haga un uso privada, con solicitud por escrito del consentimiento voluntario.
 
Vuelven a intentar meternos otra vez por la puerta de atrás, como hicieron durante la pandemia, el puñetero trabajo en casa, y lo vuelven a llamar teletrabajo.
 
(De Goethe) ¿Por qué soy efímera? Preguntó la belleza a Zeus, a lo que el dios le contestó: Porque he concedido la belleza sólo a las cosas que son perecederas.
  

¿Quién maneja mi barca, quién, que a la deriva me lleva? Cantaba descalza Remedios Amaya representando dignamente a España en un indigno festival de eurovisión.
 
So pretexto de proteger a las tiernas criaturas infantiles en línea, Europa quiere imponernos a todos un carné digital que verifique nuestra edad e identidad.
 
 Declara, antes de tomar su avión privado, que la energía más barata es la que no se consume, dando a entender que todo consumo tiene su precio en el mercado.
 
Es un triunfador. Ha logrado lo que quería pero la sombra de una duda empaña su éxito: conseguir lo que se desea no significa que lo que se ha logrado se desee.
 
¡Cuántas veces suspiramos por alcanzar una meta, por ocupar un cargo y, cuando lo hemos conseguido, sólo queremos librarnos del cargo y liberarnos de su carga! 
 
 
 El hombre, antes de Protágoras y la adopción del metro patrón, ha sido medida de todas las cosas: codos, pies, pasos, palmos, brazas, pulgadas... antropometría.
 
Cualquiera sabe en su fuero interno que es mentira eso de que vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer, como cacarea a veces no la gente, la gentuza.
 
Un agricultor almeriense, tras modificar su sexo en el registro civil, obtuvo una subvención económica destinada a fomentar en el campo la presencia femenina.
 
 El reyno de las Españas anunció la concesión de mil millones más de euros de apoyo a la república ucraniana para fabricar material militar defensivo y ofensivo. 

Resulta sedante que el gobierno diga que estamos en el lado correcto de la historia, porque significa que mejor que puestos estamos, gracias a él, posicionados.