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lunes, 25 de marzo de 2024

Vientos de guerra (Diego Fusaro)

Diego Fusaro (1983-...) es un filósofo italiano que se considera alumno independiente de Hegel y Marx y que políticamente se sitúa más allá de las categorías tradicionales de 'izquierda' y 'derecha', por lo que ha sido tildado despectivamente de 'rojipardo'. Al margen de la etiqueta con la que queramos definir al autor, el análisis que hace sobre la situación política europea 'Europa, prepárese para la guerra', publicado en Il giornale d'Italia el 22 de marzo pasado, que se ofrece aquí traducido, es incontrovertible. 

 


La paloma de la paz, Pawel Kuczynski (2014)


    Vientos de guerra comienzan a soplar también en nuestra Europa. Y ahora la Unión Europea apoya la necesidad de preparar a los civiles para la eventualidad de una guerra. Nos habían garantizado que la Unión Europea nos protegería de las guerras: era uno de los mantras favoritos de los euroinómanos de las brumas de Bruselas. Se trataba de una fake news entre las muchas en las que se basó el discurso de celebración de la Unión Europea: una fake news como aquella según la cual -Prodi dixit- gracias al euro trabajaríamos un día menos, ganando como si trabajásemos un día más. 

    ¿Por qué debería Europa prepararse para la guerra? Y luego, ¿para qué guerra? ¿Quizá la OTAN se esté preparando para atacar a Rusia con una guerra preventiva pretendiendo que la propia Rusia quiere atacar a la OTAN? La verdad es que Europa debería haber asumido inmediatamente una postura de neutralidad, es decir, desde que comenzó la horrenda guerra en Ucrania, fomentando las negociaciones y la diplomacia, los pactos y el diálogo. Y, en cambio, lamentablemente eligió el camino de enviar armas a Kiev: como incluso un niño podría comprender fácilmente, enviar armas a una de las dos partes involucradas en el conflicto equivale a participar en el conflicto. Nos dijeron con insistencia que enviar armas a Kiev significaba promover la paz: una mentira igual a la del médico que dijese que quería combatir la diabetes suministrándoles azúcar. 

Diego Fusaro, ante la estatua de Giordano Bruno en el Mercato dei Fiori en Roma.
 

    Desgraciadamente, Europa ha elegido el camino de la guerra, obedeciendo a los imperativos del gran jefe de las barras y las estrellas: ese gran jefe que ha ocupado impunemente Europa desde 1945 con bases militares que a priori niegan cualquier independencia de la propia Europa, convirtiéndola de facto en una colonia de Guásinton. Y ahora sabemos que Guásinton necesariamente quiere la guerra con la Rusia de Putin, culpable de no arrodillarse ante su dominación imperialista que aspira a someter al mundo entero al consenso de Guásinton. 

    En este conflicto entre potencias mundiales, Europa desempeña el papel del jarrón de terracota de Manzoni entre jarrones de hierro. No hay duda: Europa está actualmente administrada por locos sin escrúpulos, dispuestos a sacrificar a los pueblos europeos en aras del imperialismo de Guásinton y de sus continuas atrocidades perpetradas en nombre de la libido dominandi. Evidentemente los locos que quieren la guerra son los que no irán al frente de combate y los que enviarán al frente a los que en su mayor parte no quieren la guerra.

oOo

     Un vídeo de Spanish Revolution, por otra parte, sobre el mismo tema, dedicado a nuestro entrañable gobierno progre(sista) y en concreto al presidente y a la ministra de la Guerra: Id vosotros a la guerra.

  


domingo, 5 de noviembre de 2023

Plan de paz para Oriente Próximo (y otras guerras).

    Este plan de paz que se propone aquí no es una mera proclama pacifista al uso que pide el alto el fuego sin más, sino algo más: una guerra a la Guerra establecida, que se fundamenta en el abandono de sus dos principales armas ideológicas y estratégicas:
 
1.- Abandono de la religión: Las tres religiones monoteístas históricas (el judaísmo, el cristianismo y el islam, que quiere decir 'sumisión') son las responsables principales de las guerras históricas (cruzadas, guerras santas, yihads, o como quieran llamarse) pero no solo de las guerras religiosas, entre las que puede incluirse sin mucho escándalo el conflicto de Oriente Próximo, sino de todas las guerras, porque hasta las modernas que calificamos de económicas o políticas, que viene a ser lo mismo, tienen una raíz religiosa.
 
    Los tres dioses monoteístas Jehová, Yavé, Dios o Alá han sido siempre excluyentes y exclusivos. Consideraban que sus fieles eran el pueblo elegido, y sembraban el odio con los dioses y pueblos vecinos, que eran tachados de infieles o de gentiles. Hoy día, aunque muchas personas siguen creyendo en las viejas religiones, han sido sustituidos por su más moderna epifanía laica, que es el Dinero. Solo el abandono de la fe en esos dioses monoteístas, incluida la pérdida de la fe en su más moderna encarnación, puede garantizar el alto el fuego y el cese de las hostilidades, la anápneusis polémoio (ἀνάπνευσις πολέμοιο), el respiro de la guerra, que cantaba el divino Homero en la Ilíada, y que calificaba siempre de breve olígue (ὀλίγη), porque la paz no era más que una tregua efímera en el eterno combate entre tirios y troyanos. 
 
    Cuando se propugna aquí el abandono de la religión, se incluye también, por lo tanto, el abandono de la religión económica, que es en definitiva el resultado moderno de la evolución de las viejas religiones. 
 

 
2.- Abandono de la fe en la democracia y el Estado: Resulta duro decirlo así porque parece que si predicamos la pérdida de fe democrática estamos haciendo apología de la dictadura y de otras formas de gobierno más autoritarias y despóticas. Y no es así. No, las democracias occidentales son regímenes teocráticos, donde se sustituye la voluntad de Dios por la voluntad no del pueblo, que se caracteriza por no aceptar ninguna forma de gobierno, sino de la mayoría de los contribuyentes y votantes que suman sus voluntades individuales, traducidas en votos, para conformar una mayoría que se imponga a la totalidad, como si fuera la voluntad del viejo Dios, por lo que resultan las dictaduras más perfectas y las formas más totalitarias de Estado contra las que no es lícito alzar la voz, en las que se confunde el gobierno con el pueblo gobernado. 
 
    La democracia no es el menos malo de los sistemas de gobierno posibles, como suele decirse, sino el más perverso, porque es el único que hay, y por eso mismo no puede ser bueno, porque es el que hay y es el que nos toca combatir para que no haya guerras en el mundo. Todos los gobiernos del mundo, sean de izquierdas o de derechas, sirven a los intereses económicos del sacrosanto Capital. 
 
    La única forma de fomentar la paz, por lo tanto, en Oriente Próximo y en cualquier otro lugar del mundo es declararle la guerra al Capitalismo, que justifica como antaño los viejos dioses monoteístas, todas las guerras, desde la guerra de Troya hasta la guerra de Israel que nos sirven ahora puntualmente todos los informativos durante veinticuatro horas.
 

      Ningún Estado, por otra parte, puede garantizar la paz, porque la guerra es la esencia misma del Estado, el bienestar y la salud, como decía Bourne, de todos y cada uno de ellos, y el hecho de que haya varios, muchos, no hace más que complicar la cosa por sus luchas constantes por mantener su identidad nacional y defender sus fronteras, una identidad que solo se sostiene en la contraposición con las demás identidades nacionales.

martes, 29 de agosto de 2023

Pareceres (XXVII)

131.- Modos de integración. Los modos de integración de los movimientos contestatarios o rebeldes en los engranajes del sistema por la vía de la participación (participar es, etimológicamente, tomar uno su parte) son más efectivos y eficaces, al fin y a la postre, que la marginación y la represión de antaño, a la que sólo recurren los regímenes democráticos actuales en última instancia, porque está asociada a regímenes autoritarios muy mal vistos, y por lo contraproducente que resulta prohibir y reprimir algo sin levantar la liebre del deseo.

 

 132.- Pensamiento crítico. La educación que se imparte en los centros de enseñanza no tiene mucho que ver con el desarrollo de la inteligencia natural, sino todo lo contrario. Se fomenta allí el llamado “espíritu  o pensamiento crítico” que consiste en aceptar unos postulados biempensantes que no pueden ser cuestionados ni precisamente criticados. Buena paradoja. Se encuentran, sin embargo, algunas personas, cada vez menos, dada la imposición de la educación primaria y secundaria obligatorias sobre toda la población, que no han recibido instrucción alguna o muy poca y que gozan de una inteligencia natural envidiable, que, sin tener nociones específicas de una rama del conocimiento, llegan a conclusiones sorprendentemente acertadas acerca de las cosas. Y al revés, encontramos muchas personas instruidas que son palmariamente ignorantes y que, si no carecen de inteligencia, se dejan engañar fácilmente sin ningún problema. Son precisamente las personas más educadas, las que han recibido más instrucción las que más fácilmente pueden ser manipuladas. El hombre del pueblo, escéptico por naturaleza y radicalmente incrédulo, si es que queda alguno, no lee nunca un periódico ni se interesa por la política o la economía, porque sabe a su manera y da por sentado que todo lo que traen los papeles es mentira. Ese hombre del pueblo, o el pueblo, sin más, es el principal problema del sistema, que siente la necesidad de educarlo, de reacondicionarlo, pero la mayoría de la gente no necesita reacondicionamiento. Creerán fácilmente cualquier cosa que les digan, y harán cualquier cosa que les manden. 

  

133.- La verdad y la Verdad. Una copla de Antonio Machado dice así: ¿Tu verdad? No: la Verdad, / y ven conmigo a buscarla. / La tuya, guárdatela. Me llama la atención el uso que hace de la mayúscula, que le sirve para contraponer la verdad y la Verdad, es decir, la opinión o creencia que tenemos cada uno y que hace que creamos que poseemos la verdad, y la Verdad con mayúscula que es la verdad de la buena, la verdad verdadera, la que no puede ser ni mía ni tuya, porque no puede conjugarse con los pronombres posesivos. Por eso hay que ir a buscarla, porque no la tenemos en privada posesión nadie, porque no puede ser patrimonio de ninguno en particular. Sin embargo el deseo de ir a buscarla juntos se debe a que es lo único común que tenemos: su necesidad, que es notable por su ausencia, porque en lugar de dejarla que se exprese por nuestra boca nos llenamos de ideas, opiniones, creencias que no son razonables, que no se sostienen, que se derrumban a poco que se las confronte. Puede relacionarse la soledad de Machado con aquel fragmento de Heraclito que dice que siendo la razón común -la Verdad, con mayúsculas del poeta- la mayoría de los hombres tiene un pensamiento privado propio -una verdad, con minúsculas, una verdad de mentirijillas que se revela enseguida como propiedad privada. Y también puede relacionarse con aquel otro terceto de Machado: En mi soledad / he visto cosas muy claras / que no son verdad, que no deja de ser una invitación a dejar de ver las cosas bajo nuestro prisma particular e individual y a comenzar a verlas en comunidad.

 

134- Guoquismo: En los Estados Unidos, toda la vida intelectual está amenazada de muerte a causa de puntos de vista 'no convencionales'. Y quien dice en los Estados Unidos dice también en la vieja Europa, aquí entre nosotros. Editores, periodistas, investigadores, profesores son despedidos por sus declaraciones o por sus preferencias racistas, sexistas, machistas... Los autores y sus artículos académicos dejan de publicarse si se apartan de la doxa u opinión reinante políticamente correcta o, mejor dicho, corregida. Un ejemplo de este guoquismo (del inglés woke, 'despierto') made in USA pero enseguida importado es la eliminación del derecho a la libertad de expresión en los campus universitarios. Bajo este nuevo tipo de censura, la cultura ya no será esta apertura emocionante, impresionante y, diríase, inquietante a mundos desconocidos, sino un encierro del ego en muros impenetrables y protectores.

 

 135.- De cómo leer del revés la prensa del derechas que enrevesa la realidad. Como muestra, un ejemplo de hace veinte años -veinte años no es nada, como cantaba el tango de Gardel- sacado del periódico francés “Libération” del 15 de septiembre de 2003, para que no se diga que uno oculta las fuentes de las que bebe: “Au Libéria, pendant la paix, la guerre continue”, cuya traducción es: “En Liberia, durante la paz, continúa la guerra.” Liberia, nombre propio de un estado del África occidental, puede sustituirse por cualquier otro nombre propio de cualquier otro estado, a gusto del lector, por ejemplo, sin ir muy lejos, el de nuestro país: “En España, durante la paz, continúa la guerra”. Obtenemos así no una noticia superficial sacada de la realidad propiamente dicha de los periódicos, es decir, una mentira, que es lo que nos brindan los medios de formación de masas ordinariamente para distraernos, sino una revelación, vislumbre o constatación mucho más profunda de verdad de que la paz es una forma “pacífica” y sutil de guerra soterrada, camuflada y, por lo tanto, más difícil de denunciar que la guerra propiamente dicha porque es una guerra que ni siquiera se declara para poder así pasar desapercibida. 

La apoteosis de la guerra, Vasily Vereshchagin (1871)

domingo, 25 de octubre de 2020

SI VIS PACEM, PARA BELLVM

El oximoro es una figura retórica muy antigua que combina en una misma expresión dos términos de significado contrapuesto, que originan un nuevo concepto, como por ejemplo “silencio ensordecedor”. No es solo una figura estilística de escritores y poetas, sino que también la usa todo el mundo cuando dice cosas como por ejemplo “ir a ninguna parte”, o “humor serio”. 

Al utilizar términos contrapuestos como estos se origina casi siempre una contradicción. Esta contradicción se ve muy clara en casos como “líder positivo”, como si no fuera intrínsecamente negativa la existencia de cualquier liderazgo, “banco malo”, como si hubiera instituciones bancarias que no fueran perversamente usureras y como si fuese sencillamente posible la creación de una “banca ética” o de un “mercado justo”. 

Uno de los ámbitos donde más se dan los oximoros es en el relacionado con la guerra y la paz. Ya desde antiguo se hablaba de “guerra santa” o de “guerra justa”, adjetivos que justifican y hasta santifican el derramamiento de sangre en nombre de alguna causa. Modernamente se ha dado el cambiazo a la palabra “guerra” sustituyéndola, a fin de camuflar la realidad, por el eufemismo de “misión”; y el adjetivo religioso “santa” y el ético “justa” se han transformado en “humanitaria”, por ejemplo, y hasta “democrática”. Y ya en el colmo del enrevesamiento: "misión de paz" o "fuerzas de paz". 

Napoleón como Marte pacificador, Canova (1803-1806)

Una Ministra de Defensa del reino de las Españas, ya fallecida, llegó a decir en su día que tanto ella como el ejército eran pacifistas. Pero no es una modernez. Ya los romanos hablaban de un dios de la guerra, Marte, portador de la paz: Mars pacifer, por lo que el engaño viene de muy atrás. 

Detrás de todos estos términos se encuentra el viejo aforismo: si uis pacem, para bellum: si quieres la paz, prepara la guerra. Según esto,  el mejor modo de procurarnos la paz no sería el desarme, que es lo lógico, sino la fabricación de armamento y el rearme junto a la instrucción militar para la defensa, que infundiría temor a los eventuales enemigos. La existencia de estos enemigos sería previa a una declaración de guerra, y no, como sucede, resultado de esta. El enemigo, en efecto,  en el sentido del latín hostis, enemigo público, y no inimicus, enemigo personal, no existe antes de que se le declare la guerra. Sucedió con el terrorismo, ahora sucede con el virus coronado, que ha venido a sustituirlo con notable éxito en todo el mundo.

En este sentido hay que destacar que el hoy en día denominado Ministerio de Defensa se designó no hace mucho tiempo con más justó nombre, cuando se llamaba al pan pan y al vino vino, Ministerio de la Guerra. 

Mural de El-Zeft, 2012

Hay un precedente griego de esta sentencia latina que estamos analizando, y que leemos en el capítulo 124 del libro primero de la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides: pues la paz se establece con más firmeza mediante la guerra, (ἐκ πολέμου μὲν γὰρ εἰρήνη μᾶλλον βεβαιοῦται) afirmación que el historiador pone en boca de los habitantes de Corinto en la asamblea de la Liga del Peloponeso que se celebró en Esparta. Esparta ya había decidido la guerra a la πόλις τύραννος (pólis týrannos), la ciudad tirana en clara alusión al imperialismo democrático ateniense, pero convocó esta asamblea para que todos sus aliados manifestaran su acuerdo. 

Los corintios, en ese discurso, aseguran que votan la guerra “aspirando a la paz más duradera que le seguirá”. La justificación de la guerra es bastante clara. Oigamos sus palabras: Es propio, sin duda, de hombres prudentes estar en paz si no son tratados injustamente, pero es de hombres valerosos dejar la paz para entrar en guerra cuando son víctimas de la injusticia, y luego, cuando la situación es favorable, dejar la guerra para volver a la concordia, sin exaltarse por los éxitos obtenidos en la guerra y sin soportar la injusticia por el placer que proporciona la tranquilidad de la paz (Traducción de Juan José Torres Esbarranch, editorial Gredos).

Pero la formulación latina más clásica se la debemos a Vegecio, en su Epitoma rei militaris 3: igitur qui desiderat pacem praeparet bellum: así que el que desea la paz que prepare la guerra. La reelaboración condicional “si uis pacem, para bellum” es tardía en latín, pero es la que ha hecho fortuna, hasta el punto de que el término “parabellum”, extrapolado de la frase, fue el nombre de una pistola semiautomática diseñada por Georg Luger en 1898 y de sus cartuchos, por lo que se la conoce también como “luger”, fabricada en Alemania a partir del año 1900 y empleada por el ejército alemán en las dos guerras mundiales. 

 Inscripción en el Centro Cultural de los Ejércitos, Madrid, casino militar.

No hace falta decir, cualquiera lo comprende al momento, que no hay cosas tales como “inteligencia militar” ni “armas inteligentes”, porque son claros oximoros. No hay guerras, tampoco, justas ni humanitarias ni preventivas, sino guerras, sin más. Sin adjetivos. Pero a veces el sustantivo se camufla con eufemismos como “conflicto”, a fin de vendérsela a la opinión pública, creando dicha opinión favorable a ella. Y, en ese caso, los adjetivos que se emplean son cultismos como “bélico”, que nos retrotraen a bellum, "guerra" en latín, y a su forma arcaica duellum, que entró en castellano con el significado de “combate entre dos”, origen de nuestro “duelo”, por confusión con duo, el número dos, mezclándose en castellano con otro duelo, derivado de dolum, un sinónimo de dolorem.

Durante el confinamiento o, mejor dicho con término más popular, durante el encierro de la gente, se han visto por la televisión omnipresente en todos los hogares muchas ruedas de prensa con milites gloriosi uniformados y condecorados al lado de los civiles, y se ha oído mucho lenguaje bélico, que nos consideraba a todos como soldados que estábamos en una guerra contra un enemigo invisible que podía agazaparse dentro de cada uno de nosotros mismos. 

Se han oído hasta la saciedad, y en boca del mismísimo presidente del gobierno, expresiones como: “esto es una guerra”, “todos somos soldados”, “el virus es el enemigo mortal” , “vamos a ganar” y un largo y lamentable etcétera, que alimenta la retórica de la guerra, lo que acaba justificando los a todas luces escandalosos gastos militares.