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viernes, 6 de marzo de 2026

Jaque mate

    Se han puesto en escena recientemente a fin de que permanezcamos atentos a nuestras pantallas dos operaciones militares espectaculares prácticamente simultáneas 'Epic Fury', furia épica, por parte de los Estados Unidos, y 'Roaring Lion', el león rugiente o, si se prefiere, el rugido del león, por parte de su vasallo Usrael, contra el régimen político iraní, que han logrado descabezar matando al jefe del ejecutivo.
  

    Se distinguen a propósito de lo que está sucediendo en Irán, la antigua Persia, básicamente dos facciones, desde los que podríamos denominar las derechas, incluidas la ultraderecha y la derecha ultra, que se regocijan por ambas operaciones y la muerte del ayatolá porque, dicen ingenuamente, “ahora Irán será libre”, y por otro lado las izquierdas, incluidas la ultraizquierda y la izquierda ultra, por trazar el paralelismo terminológico con las derechas, que, condenando el régimen teocrático iraní, por supuesto, pero no el occidental que padecemos aquí, que resulta por contraposición defendido, lamentan la operación imperialista de Estados Unidos y de su vasallo Usrael porque pone en peligro la paz mundial y lo que llaman el derecho internacional, y resucitan el grito de No a la guerra y Sí a la paz que se alimenta de ella.
 
Viñeta de Flavita Banana (2022)
 
      El candidato a Premio Nobel de la Paz confirmó el lanzamiento de "importantes operaciones de combate" a fin de "liberar al pueblo iraní de la tiranía de los mulás", a la vez que instaba al pueblo iraní a rebelarse contra los ayatolás. No insta al pueblo en general, a todos y cada uno de los pueblos sin gentilicios tales como 'iraní', 'venezolano', 'norteamericano' o, viniendo a nuestros lares, 'español', a rebelarse contra sus respectivos mulás y ayatolás, porque eso comportaría tirar piedras contra su propio tejado.
 
    Un periódico español, por su parte, saca el siguiente titular en portada, en el que destaca el empleo del verbo 'asesinar' así como el sujeto múltiple: “EEUU e Israel asesinan al ayatolá Jamenei en el ataque contra Irán”, seguido de otro titular no menos alarmante e impactante: “El ataque ilegal de Trump a Irán desata un caos global de consecuencias imprevisibles”.
 
 
    Ambas operaciones militares se han saldado en el tablero de ajedrez de oriente próximo -lo de medio solo vale para los anglosajones, para nosotros está relativamente más cerca- con un jaque, que, es por cierto, una expresión persa,  shāh māt, que significa 'el rey ha muerto', en el sentido de está derrotado, acorralado, no tiene salida, locución que nos llegó a través del árabe al castellano bajo la forma antigua de xaque mate. Si el rey ha muerto, solo nos falta añadir: ¡Viva el rey!, porque ya se sabe: a rey muerto, rey puesto. Dicen, por cierto, algunos que el hijo del sha de Persia y heredero al parecer de la corona de Irán que se opone al régimen teocrático de los ayatolás, se felicita por la muerte del ayatolá porque ve posibilidades de asentar sus regias posaderas sobre el trono del país. 
 
    Se apresuran algunos en nuestras Españas desde el gobierno a sacar ahora las pancartas guardadas de cuando la guerra de Iraq de “No a la guerra” para movilizar a su electorado, sin darse cuenta a lo mejor de que la propaganda de guerra lleva varios años en marcha. Llevan meses hablando del rearme europeo repitiendo sin cesar por todos los grandes medios que Rusia representa una amenaza existencial para Europa, y que hay que apoyar a Ucrania como sea. Al mismo tiempo, la censura y la represión judicial se desatan con una violencia sin precedentes contra cualquier voz que se atreva a contradecir esta narrativa. 
    Lo cierto es que la guerra, aparte del rédito electoral que quieran sacar algunos de su oposición a ella, tachándola de ilegal (!?), -al parecer hay guerras justas, santas o legales-  justifica el estado de excepción permanente. No nos hallamos ante una guerra nueva, sino ante el nuevo escenario de la vieja guerra que según el efesio es el padre, dijo él, nosotros diremos la madre, de todas las cosas. Se pretende con ella hacernos creer que esto que estamos viviendo es la bendita paz, a la vez que se reactiva la economía con el rearme y la aplicación acelerada de las nuevas tecnologías, se impone la identidad digital y la CBDC, es decir, el Dinero Digital, lo que, lejos de conllevar la destrucción de los Estados-nación o naciones soberanas tradicionales y del capital, como creen temerosamente algunos ingenuos, no hace más que fortalecerlos, porque las naciones en general, unidas bajo el organigrama de la ONU o desunidas, viven de la guerra, que es el dinero y es la esencia del Estado, no viven de la paz.