547.- La alarmante crisis climática. Expertos internacionales piden a la OMinoSa que declare ya, sin demora, que la crisis climática es una emergencia mundial de salud pública. La alerta desencadenaría según los susodichos una respuesta internacional coordinada que podría ayudar a evitar millones de muertes. La Organización Mundial de la Salud, organismo privado camuflado de público y subvencionado por algunos gobiernos y corporaciones farmacéuticas, se siente abocada a salvar vidas de millones de personas que, de lo contrario, moriríann innecesaria- e inevitablemente. Su razonamiento enlaza, por un lado, con el último virus divulgado, el hantavirus, dado que el cambio climático hace que los roedores modifiquen su comportamiento con lo que aumenta la probabilidad de que salte de los ratones colilargos a los seres humanos, y por el otro con el brote detectado en África de ébola, que alguna relación tendrá también con la emergencia climática. Pero es que, además, en un pequeño e insignificante reino de taifas de la España autonómica como es Cantabria, la ola de calor asesina que hemos padecido acaba de dejar, certifican, cinco muertes en cinco días, entre los días 23 y 27 de mayo del presente año del Señor, según los datos del sistema de monitorización de la mortalidad diaria por todas las causas (MoMo) dependiente del Ministerio de Ciencia. Y en la comunidad vecina del País Vasco podrían haber fallecido, según la misma fuente, catorce personas...
548.- Demencia senil: El poeta latino Juvenal refleja a la perfección, en unos hexámetros de una de sus sátiras (X, vv. 232-236), algunos de los síntomas de la senilis dementia, chochez o chochera en castellano viejo, cuando todavía no se había inventado la enfermedad de ese señor alemán cuyo nombre propio no recuerdo. Dice, parafraseo, que peor que cualquier deterioro físico es la demencia del que no recuerda los nombres propios de sus esclavos -no olvidemos que la sociedad romana era esclavista, y que estamos hablando de un pater familias acomodado que tiene muchos esclavos o de clase media que tiene un puñado de ellos, algunos probablemente vernáculos o criados en casa, como parte de la familia-, ni reconoce el rostro del amigo con el que estuvo cenando la noche pasada, ni tampoco a los hijos que engendró y que crio.
549.- Brainwashing & gaslighting. Queda mejor así que en román paladino, que sonaría algo que entiende cualquiera: 'lavado de cerebro y luz de gas'. Si crees que gozas de libre albedrío, si confías en los medios de comunicación oficiales y no cuestionas el relato que difunden urbi et orbi, o sea local- y globalmente, como se dice ahora, si consideras que se hace necesario un mayor control para garantizar el fetiche del bien común, si piensas que tu voto cuenta en el sistema democrático vigente y tienes, por lo tanto, mediante su emisión alguna capacidad de elección; si crees que el Estado en general y la policía en particular te protegen; si confías en que el sistema sanitario y la industria farmacéutica velan por tu salud; si crees que el sistema educativo, antiguamente denominado escolar, te enseña lo que hay que saber y no te adoctrina para que creas en lo que Dios manda, y crees, por lo tanto, en la democracia, los partidos y los políticos profesionales y sus discursos y promesas electorales, y piensas que van a resolver nuestros problemas... háztelo mirar, como se suele decir, amigo mío, porque puede que seas víctima de brainwashing mediante gaslighting que hace que no seas consciente de tu profundo condicionamiento.
550.- Algo bueno. Deberíamos hacer, para empezar, como si no supiéramos nada, lo que es un ejercicio de humildad más difícil de lo que parece a simple vista, porque, aunque reconozcamos que no sabemos gran cosa o cosa alguna, estamos paradójicamente llenos de conocimientos, preñados de ideas que nos impiden desprendernos de ellas para aprender algo que nos sea de provecho, algo bueno. ¿Puede surgir algo negativo, es decir, algo bueno -sí, ha entendido usted bien: equiparo “negativo” y “bueno”: lo positivo ya sabemos para qué sirve, a dónde conduce y, por lo tanto, lo malo que es- de nuestro sistema educativo o de enseñanza, como se decía antaño, mero examinador y evaluador para la expedición de títulos que no valen para nada más que para engrosar el curriculum uitae del mercado laboral? No lo sabemos; en todo caso, lo que surja, si surge algo bueno, surgirá pese al sistema educativo, intrínsecamente perverso. Me decía un viejo profesor que llevaba ya muchos años en la enseñanza que cada vez le daba más la sensación de que los buenos estudiantes que pasaban por sus manos estudiaban no por interés propio sino para complacer a sus padres; sólo les interesaba sacar la nota más alta posible, tan alta que sus mayores pudieran enorgullecerse de ellos, lo que redundaba en un pésimo aprendizaje y en una deplorable calidad de la enseñanza. No les interesaba aprender algo por sí mismo. Sólo interesaba el resultado, la nota final: los rendimientos académicos. Preocupados por la evaluación de su “proceso educativo de aprendizaje”, a los alumnos no les queda ni tiempo ni ganas de estudiar ni deseo de aprender algo de verdad.
551.- Sentimientos. -Quizá lo que tanto nos asusta no sea perder a los seres queridos en un futuro más o menos lejano, que podría ser tan inmediato como ahora mismo, sino haberlos perdido ya, aquí y ahora mismo, habida cuenta de que nuestra relación, como la mayoría de los matrimonios, hace como el barco que se va a pique aguas por todas partes. -Creía que se había desembarazado del lastre de la herencia judeocristiana de una educación más ortodoxa de lo que parecía. Sin embargo, analizándose a sí mismo, descubrió que conservaba lo peor de ese legado: el sentimiento de que uno es responsable y por lo tanto culpable de sus propios actos, el pecado original: la idea de culpa, la idea de causa. - Al verla por última vez -las cosas estaban muy mal desde hacía mucho tiempo y parecía inevitable la ruptura, que se veía venir-, se dio cuenta de que era la primera vez que la veía, y ya era quizá -pero ¿quién sabe?- demasiado tarde. -Se le atribuyen al poeta francés Guillaume Apollinaire las siguientes palabras que, si no salieron de su boca o de su pluma, bien pudieran haberlo hecho, como bien podrían salir de las de cualquiera a poco que pensara en ello: 'De vez en cuando conviene dejar de buscar la felicidad para poder disfrutarla'.





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