(Para la memoria histórica de los más jóvenes). El 22 de julio del año del Señor de 1969, pronto hará cincuenta y siete años de esto, las cortes españolas designaron a D. Juan Carlos de Borbón como sucesor del dictador Francisco Franco en la Jefatura del Estado, con el título de Rey de España. El Dictador nombraba así a su sucesor, y lo dejaba todo "atado y bien atado" como dejó escrito en su testamento: hacía que todo cambiara para que todo siguiera exactamente igual. Este Rey advenedizo, ahora llamado 'emérito', al que algún traidor a la causa republicana apodó El Breve, vaticinando que iban a durar poco sus indignas posaderas sobre el trono del reyno de las Españas, ejerció durante casi cuarenta años la Jefatura del Estado, tanto como el Otro, que fue su padre espiritual y mentor. Ahora se halla, tras su abdicación y delegación en su hijo, en el exilio.
Por otro lado, los días 15, 16 y 17 de agosto de ese mismo año se celebró en Woodstock un festival de rock del que dábamos cuenta en Woodstock y El virus de Joncón a propósito del estallido de la gripe jonconesa, que reunió pese al virus de forma libre a medio millón de jóvenes. Los mercachifles de la industria del disco hicieron su agosto hace unos años reeditando el festival, publicando varios libros, CD,s., DVD,s. y demás revival que aquí interesa bien poco, porque no pretendemos viajar a la granja de Yasgur a resucitar el evento. Lo que quisiera rememorar aquí es lo que puede seguir vivo del espíritu rebelde de Woodstock: la deserción masiva y victoriosa de la guerra de Vietnam y de la «forma de vida americana». Abbie Hoffman, uno de esos rebeldes, contestó a la pregunta rutinaria del tribunal que lo juzgaba sobre su lugar de nacimiento afirmando haber nacido en Woodstock. A las protestas del fiscal contestó: «La nación de Woodstock es un estado espiritual, el mismo de los indios síux, que llevan su nación con ellos».
Jimi (mejor que Jimmy) Hendrix interpretaba para destrozarlo el National Anthem USA, el himno nacional norteamericano. Lo hizo en Woodstock, precisamente, pronto hará cincuenta y siete años, enarbolando su guitarra eléctrica, que no deja de ser un símbolo fálico que él acaricia para extraer de él sus mejores notas en una actuación que es una alegoría de la masturbación y el onanismo, protestando así contra la guerra del Vietnam y contra todos los himnos y todas las patrias del mundo, y principalmente contra la suya, que es la que a él le había tocado padecer más de cerca. Sirva este lugar como homenaje a él, y al espíritu vivo de Woodstock, cuando se dijo -y hay quien le atribuye la cita al propio Hendrix: "Cuando el poder del amor venza al amor al poder, el mundo conocerá la paz".

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