martes, 16 de junio de 2026

Pareceres CXIV

557.- Censura. Se impone la censura como corrección política en nombre paradójicamente, de la libertad de expresión y de la lucha contra la desinformación. Calificar de «propaganda» cualquier análisis que no se ajuste a la narrativa dominante se ha convertido en algo habitual. Un periodista o un analista de la actualidad que se muestre crítico, por ejemplo, en lo que respecta al papel de Occidente, en concreto de la Unión Europea, incluido el Reino Unido, y la OTAN/NATO, en la prolongación del largo 'conflicto' ucraniano, puede ser discutible y discutido, pero no debería ser suprimido o cancelado simplemente, como suele ser de hecho, porque su discurso resulte inconveniente. Afirmar que las decisiones políticas, diplomáticas, militares y económicas de las potencias occidentales influyen en la duración del conflicto no es desinformación, sino una opinión que no carece de fundamento. Es una cuestión legítima, en todo caso, para el debate público y político. Lo preocupante es que los mandatarios prefieran silenciar las voces críticas que no les agradan en lugar de entablar un debate constructivo o, mejor dicho, destructivo de las ideas preestablecidas, cosa que hacen imponiendo la vieja censura bajo el pretexto de que están combatiendo los discursos de odio y la desinformación, que se convierte así en el ideal supremo.
 
 558.- El pirulo tropical. Este anuncio, de una marca de polos y helados, fue emitido en el Ente Público en el año del Señor de 1996, hace exactamente treinta años. Hoy sería impensable que pudiera emitirse por televisión, dado que no es políticamente correcto, por empleo de niños y niñas en traje de baño y sugerencias sexuales que identifican el pirulo con un inequívoco símbolo fálico. No digamos nada del beso no consentido con sabor a muchas frutas...  Cuando se decían obscenidades como “Para chulo, mi pirulo”. ¿Podría emitirse ahora, habida cuenta de la censura existente feminista? Muchos biempensantes pondrían el grito en el cielo. Parece que entonces nadie se ofendía por estas cosas... Podemos incluso imaginar el anuncio de la siguiente manera: Que raro se vería si fuera una niña la que prueba el pirulo, besara a un niño, y se le apareciera un hombre diciendo que si lo puede probar él también… Bueno ahí vemos claramente las intenciones obscuras de los publicistas, un niño chupando un helado con forma de falo, la niña inocente y sumisa al género masculino y las intenciones pedófilas del adulto. 
  
559.- Papolatría.- Según Lutero, la papolatría es la idolatría entendida como devoción y sumisión ciega a la figura del papa. Y aquí en las Españas, ya se sabe, somos más papistas que el santo progenitor no gestante. El vicario de Cristo es, según Lutero, el Anticristo, porque a fuerza de hacer las veces de Cristo en la Tierra usurpa su papel, caracterizado por la infalibilidad que se ha exaltado por encima de la palabra de Dios exigiendo obediencia absoluta y convirtiéndose en cabeza de la Iglesia, un puesto que solo debería ocupar Cristo. El papa es falible. Durante su visita a las Españas hemos presenciado su discurso en el parlamento ante tirios y troyanos, y la larga ovación que le profirieron tanto los unos como los otros, con un discurso conciliador que satisfacía a todas las partes y a ninguna, demuestra que no han entendido ni papa ni saben de la misa la media. Un papa que publica una encíclica titulada Magnifica humanitas, donde se ocupa de la Inteligencia Artificial en lugar del Espíritu Santo, es un papa demasiado humano que, con un juego de palabras idiota como él solo por exclusivo de nuestra propia lengua, nos empapa con su papado, como escribía el otro día Félix de Azúa, y nos empapa con sus paparruchas. 
 
560.- Bendición del tren. Los obispos españoles que iban a viajar de Madrid a Barcelona con motivo de la visita apostólica del santo padre, bendicen el tren que iban a tomar a fin de que proteja a los viajeros: “Aparta Señor de sus recorridos todo peligro, imprudencia o accidente”, cosa que enfurece al impresentable ministro del ramo que asegura que "Más allá de lo que piensen los obispos, o quien sea, el tren en España es un medio de transporte de los más seguros del mundo". Eso no garantiza, admitió, que sea imposible que sucedan algunos accidentes, como en el caso de Adamuz (Córdoba, este año) o de Angrois (Santiago de Compostela, en 2013), en los que fallecieron decenas de personas. Y usa la ironía al referirse a este último accidente producido bajo el gobierno del partido que hoy está en la oposición: "No recuerdo si después de aquel incidente hubo algún exorcismo en la red ferroviaria española". No quiere el Ministro que le recuerden el accidente de Ademuz que costó la vida a cuarenta y cinco personas que viajaban en él. Cuando los familiares de las víctimas le pidieron que asumiera su responsabilidad y dimitiera, replicó que él no había soldado el raíl que presuntamente provocó el descarrilamiento del tren de alta velocidad, un argumento, si se puede llamar así, que dejó estupefactos a los familiares de las víctimas que no daban crédito a lo que habían oído. Finalmente aseguró que viajar en tren es estadísticamente más seguro que hacerlo en automóvil, pero, claro, si te toca, te tocó. 
 
561.- En pie de guerra permanente. Uno de los hallazgos dialécticos orgüelianos más interesantes es el concepto de guerra perpetua al que asistimos en la era moderna, sin olvidar la contradicción dialéctica de que esa guerra no es otra cosa que la paz. Los conflictos contemporáneos que nos mantiene entretenidos durante los últimos años son “guerras ficticias” diseñadas para el control interno más que para la victoria militar. Hasta tal punto la guerra está tan instalada en la paz que ni siquiera es precisa una declaración solemne como antaño. Lo cierto es que un gobierno en guerra permanente necesita enemigos como un horno combustible. Si no los hay en el extranjero, se inventan en casa: terroristas, violadores, extremistas, inmigrantes, hackers, narcos, potencias extranjeras infiltradas, radicales extremistas, enemigos del pueblo que amenazan a la democracia, el caótico orden establecido, la inexistente seguridad nacional... Los nombres cambian. La maquinaria sigue siendo la misma y funcionando. Una vez que el gobierno convence al pueblo convertido en público de que está rodeado de enemigos, ya puede justificar cualquier cosa: vigilancia, censura, redadas, puestos de control, bases de datos, policía militarizada, tribunales secretos, detención indefinida, confiscación de bienes, órdenes de allanamiento sin previo aviso, drones, poderes de emergencia y más guerra. Convencido el pueblo de las bondades de la solución gubernamental, esta se vuelve permanente. Este no es un problema político de izquierda o derecha. Tanto los unos como los otros han hecho que impere la ley marcial financiando las guerras, renovando los poderes de vigilancia y control, armando a la policía, ampliando la autoridad ejecutiva, protegiendo a las agencias de supuesta inteligencia, recompensando a los contratistas de defensa y utilizando el miedo para silenciar la disidencia.
 

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