
martes, 16 de junio de 2026
Pareceres CXIV

sábado, 7 de marzo de 2026
Pareceres CIII
502.- Papeles para nadie. Si el empadronamiento es un medio de reconocimiento institucional, que implica ser visible para la administración pública, como dicen sus defensores a ultranza, porque sin este reconocimiento quedamos expuestos al albur de múltiples formas de exclusión social, proponemos como solución no que haya papeles para todos, sino que no los haya para nadie ya que el papeleo y la burocracia que conlleva no hacen ninguna falta, sino que sobran, todo lo contrario. Al parecer, el marco jurídico español que regula el empadronamiento señala explícitamente que toda persona que habite en un municipio tiene el deber y el derecho de inscribirse, sin distinción de nacionalidad o situación administrativa. Al parecer, también, según la ley de extranjería,“los extranjeros, cualquiera que sea su situación administrativa, tienen derecho a los servicios y prestaciones sociales básicas”, lo que implica, según los defensores del padrón, necesariamente que deben estar empadronados para poder acceder a dichos servicios, conectando así con el principio de no discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Evidentemente, el padrón crea una discriminación más.
503.- Auge del negacionismo. Leo en El Periódico las declaraciones de la vicepresidenta tercera del Gobierno y Ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (¡toma ya!), que dicen: "Crearemos una red para proteger a los divulgadores climáticos frente a los ataques de los negacionistas". Le preocupa, según parece, a la ministra del gobierno progresista la desinformación climática y el auge del negacionismo que abundan en las redes sociales, que son un medio de comunicación sobre el que el gobierno no tiene un control efectivo como el que ejerce sobre el Ente Público de RTVE y otros medios afines y subvencionados, por lo que su ministerio pretende ponerse manos a la obra, y esa obra es la censura del escepticismo del espíritu crítico del artículo de fe y dogma climático, al que denomina negacionismo. El caso es que, según parece, nuestro gobierno progresista y afirmacionista va a ser el primero en legislar contra el escepticismo climático protegiendo a sus divulgadores climáticos, esos modernos predicadores del apocalipsis climatérico “frente a los ataques de los negacionistas”. Se trata, una vez más, de aplicar la censura a la ciencia, ante el auge -dicen- del negacionismo, lo que pone de relieve lo preocupados que están porque ya nadie o muy poca gente les cree ni hace demasiado caso, lo que no deja de ser, por otra parte, una óptima noticia.
505.- Estándares. 'Si quieres días felices, no te analices', dice un amigo que es médico. El problema de los análisis es saber dónde está el límite y quién lo establece entre lo que se considera normal y lo que está fuera de la norma. Hablando, por ejemplo, del colesterol, está establecido en la actualidad que por encima de los 200 mg/dl (miligramos por decilitro de sangre) hay hipercolesterolemia, lo que aumenta potencialmente el riesgo de enfermedad cardiovascular. Sin embargo, hace unos años se consideraban otros límites, los estándares médicos eran mucho más permisivos que los actuales sobre el riesgo cardiovascular, pero los umbrales han bajado drásticamente. A comienzos de los años ochenta se consideraba normal el rango de entre 150 y 300 mg/dl para personas mayores de cincuenta años, pero paulatinamente desde entonces han ido bajando en 1988 a 240 mg/dl, luego a 220 mg/dl, hasta llegar en la actualidad a los 200 mg/dl para la población general. Esta bajada drástica de los índices -lograda, se nos quiere hacer creer por el desarrollo científico y no por la presión de los laboratorios farmacológicos ávidos de endilgarnos sus exitosos tratamientos de por vida para incrementar sus ganancias e intereses- nos convierte a los mayores en enfermos crónicos y pacientes vitalicios. Se ha inventado así una enfermedad claramente asintomática. De hecho la llaman enfermedad silenciosa, para la que hay un remedio farmacológico efectivo: las estatinas, que reducen significativamente los niveles de colesterol en sangre, pero no son inocuas porque en uno de cada diez casos aumentan los niveles de glucosa en sangre, y no pueden suspenderse, porque, en cuanto dejan de tomarse, las aguas vuelven a sus cauces... Se estima que aproximadamente unos veinte millones de españoles tienen el colesterol alto, y la mayoría, sin saberlo. De ahí el interés de los laboratorios en que la gente se chequee, y se ponga en tratamiento.
506.- Fellatio sine qua non. La moda femenina de inflarse los labios que pueden resultar hasta grotescos no es muy reciente que digamos. Lleva ya un tiempo entre nosotros. Ya hablamos de ella en Cánones labiales de belleza. Muchas se los inflan y los luces en sus redes sociales. Cuando una mujer (o un varón, que también los hay) se hincha los labios, está haciendo algo muy sencillo, es decir, está emitiendo y amplificando una señal sexual. Así de simple. La famosa «boca de pato», que arrasa en los selfis tanto entre adolescentes como entre mujeres mayores, que puede conseguirse ya sea con maquillaje o ya a través de relleno de ácido hialurónico, que dura de medio año a un año, sin pasar por el quirófano, es un gesto erótico: labios protuberantes, ligeramente entreabiertos, rostro relajado. Es una ambigüedad hipócrita. Por supuesto, nadie lo dirá nunca en voz alta, como aquel alcalde vallisoletano creo que era, que confesó que cuando veía la cara y los morritos de una jovencísima ministra del ejecutivo de aquel entonces siempre pensaba “lo mismo, pero no lo voy a decir aquí”, porque vivimos en la era de la doble mentira, en la que se hace una cosa y se cuenta otra, a uno mismo antes que a los demás. Al menos se hiciera con honestidad... pero no, nos hinchamos, nos fotografiamos, lo publicamos y luego nos ofendemos si alguien llama a las cosas por su nombre.
jueves, 19 de diciembre de 2024
Buleros profesionales
Sarcasmo puro. Un político profesional dedicado al gobierno miente. Ya lo dijo aquel vicepresidente nuestro, apodado popularmente Elcoletas, cuando, después de su pésima gestión, abandonó la política profesional e hizo unas declaraciones explosivas a sus íntimos que casi pasaban desapercibidas pese a su importancia: "Yo ya no soy político, puedo decir la verdad". Político seguía siéndolo, como todo bicho humano viviente, lo que ya no era era embustero o político profesional.
Como dijo Émile-Auguste Chartier, alias Alain: “'Gobernar es mentir', esta es una máxima raramente formulada, casi siempre practicada, y que ha matado más hombres en el mundo que lo que han podido hacer los asesinos”. El también escritor francés Jean Giono, por su parte, escribía años después: «Cuando se es jefe del gobierno no se puede decir la verdad; nunca se ha dicho. Gobernar es mentir». Antes que ellos Maquiavelo había dejado formulado que gobernar era hacer creer (governare è far credere), hacer que tengamos fe.
Un ministro aparece en la televisión pública, donde se fabrica la pública opinión, que no la opinión del pueblo, porque el pueblo no tiene más opinión que la que se le impone. Habla desde el púlpito mediático del Ente Público de lo que es falso y de lo que no. Sale el diablo a repartir escapularios y certificados de buena conducta democrática.
El Gobierno, dice la presentadora, obligará por ley a las cuentas con más de cien mil seguidores en redes sociales a rectificar las noticias falsas. La medida forma parte del Plan de Acción por la Democracia.
Aquí no nos preocupa mucho esa medida porque nuestros seguidores se cuentan con los dedos de una mano y alguno más de la otra, pero no más, influencers de poca monta que somos. No somos ni pretendemos ser usuarios de interné de "gran relevancia" sino de ínfima. Y tampoco nos preocupa mucho ese Plan de Acción porque nosotros no propalamos noticias verdaderas ni falsas.
Recordamos los octosílabos de aquella cuarteta de Campoamor: Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira, / todo es según el color / del cristal con que se mira. El problema viene cuando desde las altas instancias se nos quiere imponer una determinado punto de vista u óptica visual.
Aparece entonces el señor ministro diciendo que... algunos de ellos (de los usuarios de interné) contribuyen al debate público y otros usuarios de gran relevancia, es decir con muchos seguidores en redes sociales, se dedican a mentir todos los días y a propagar bulos todos los días, y por tanto creo que los ciudadanos de este país -entre los que se incluye Su Señoría-, tenemos derecho a defendernos de los buleros profesionales. Y para eso se va a impulsar esta ley Orgánica Reguladora del Derecho a la Rectificación.
La ley que proponen y que quieren imponer no es una censura encubierta, sino descarada y palmaria. El gobierno teme que se denuncien sus mentiras constitucionales.
miércoles, 6 de noviembre de 2024
Pareceres LXI
sábado, 28 de octubre de 2023
Nuevo Tribunal del Santo Oficio
El virólogo Christian Drosten dice (el énfasis es mío): Así que no deberíamos permitir a nadie que, sólo por tener algún título académico, hable sobre el núcleo del problema en medio de una pandemia. Según Drosten, hay que defender de una manera numantina las Instituciones de la Ciencia, y excluir el debate científico: Necesitamos recurrir a las instituciones científicas para hacer una selección y nombrar paneles de expertos que sean realmente expertos y que no aparezcan en los medios, pero que de alguna manera estén calificados para resumir el estado de la ciencia. Y esto sólo puede suceder a través de las instituciones de la ciencia. Estas instituciones deben ofrecer esta función a la sociedad. Estas instituciones científicas en realidad están formadas por científicos, científicos de primer nivel.
Estas sugerencias del virólogo superestrella dan miedo tanto por lo que concierne al mundo de la propia ciencia como a la sociedad en general.
martes, 7 de febrero de 2023
El tribunal del Santo Oficio (de la libertad de expresión).
martes, 13 de diciembre de 2022
En pelotas
En
la ciudad donde vivía nuestro campeón, Kohbar de unos 300.000
habitantes, allá en el Golfo Pérsico, sus piadosos habitantes se
pasaban las horas del día rezando. El deportista se sorprendía de
lo rezadera que era la sociedad saudita. Más de una vez se había
encontrado con la desbandada general en los entrenamientos y en los
lugares públicos por ser la hora sacrosanta de la oración islámica.
Y eso sucedía, claro, todos los días, cinco veces a lo largo del
día mirando hacia la Meca. (Que no nos extrañe que los musulmanes
miren hacia allá, los cristianos, aunque no lo sepan, miran hacia
Jerusalén por el simple hecho de que los altares de las iglesias
están todos orientados en esa misma dirección). Rezan al amanecer
antes de la salida del sol, en la hora del cénit al medio día, a
media tarde antes de la puesta del sol, al anochecer y por la
noche.
También
le sorprendía al bicampeón lo puritanos y pudorosos que podían llegar a ser los deportistas de la
península arábiga. Ya sabíamos que las mujeres musulmanas iban
cubiertas de la cabeza a los pies y que era difícil que trascendiera
algo de su belleza femenina fuera del ámbito doméstico. Ahora sabemos además, gracias a este testimonio, que los guaterpolistas árabes no utilizan el típico y
escueto bañador de nadador, sino que llevan uno por encima de
la rodilla. Al parecer no hay ninguna ley que les prohíba usar el calzoncillo ajustado que cubre nalgas y verijas por debajo de la cintura hasta las ingles y deja ver los muslos desnudos, pero se sienten más cómodos
con un calzón más recubridor.

Al
término del primer entrenamiento pudo comprobar algo de lo que ya le
habían advertido: que a la hora de ducharse, una vez acabados los
entrenamientos, no debía quitarse por nada del mundo el bañador en el vestuario pues estaba terminantemente prohibido ducharse en cueros a la vista de
los demás, lo que nos da una idea de la falta de higiene y del
exceso de pudor con que los árabes saudíes tratan el cuerpo masculino,
que seguramente consideran igual que el femenino fuente de pecado.
miércoles, 30 de noviembre de 2022
Pareceres (X)
domingo, 23 de febrero de 2020
Traduttore, traditore
Las versiones ad usum Delphini o ad usum scholarum no se han dado solo en francés y en castellano. Si tomamos la traducción inglesa de este mismo pasaje de A. S. F. Gow (1952) para la Oxford Classical Texts, vemos que vierte en latín, eso sí literalmente, pero sólo comprensible para los entendidos, los versos escabrosos: Vbi te paedicabam tuque dolebas; capellae autem balabant et a capro penetrabantur.
La traducción inglesa, sin embargo, de Neil Hopkinson que la Loeb Classical Library publicó en 2015 es ya fiel al original: When I was buggering you, and you were in pain; and these sheep were bleating at you, and the ram mountend them.
Tenemos que llegar en castellano a finales del siglo XX para encontrar traducciones más literales y fieles al original, como, por ejemplo la de Manuel García Teijeiro y Mª Teresa Molinos Tejada que publicó entre nosotros Clásicos Gredos en 1986, donde se vierten literalmente los cuatro verbos: Cuando te daba por el culo y te dolía. Balaban estas cabritas y el macho las montaba.
























