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sábado, 20 de junio de 2026

Escurribandas (2)

6.- De Madring al cielo. La bandera de España más grande del mundo, nuestra enseña nacional rojigualda, ondea ya en los madriles desde el martes pasado con sus treintayséis por setentaydós metros cuadrados -¡a ver quién la tiene más grande!- para el evento de la Fórmula Uno que se prepara para el mes de septiembre en la capital de las Españas. Han sacado hasta un eslogan: De Madring al cielo. Madrid se convertirá, si Dios (o nadie, que es lo mismo) no lo remedia, en el anillo loco donde los coches de carreras dan vueltas sin cesar, las modernas cuadrigas de los romanos, después de que trascurra el mes de agosto. Previamente La Comunidad de Madrid ha tenido que desviar la vía pecuaria que ponía en peligro la celebración del Gran Premio, no fuera a ser que algún rebaño de ovejas se inmiscuyera en el circuito e impidiera la celebración del magno evento, el tercero de este año, después de la visita del santo padre y la del cantante-rapero que se hace llamar en la lengua del Imperio El Conejito Malo. 
 
7.- Nomofobia (No es lo que puede parecer porque no es un helenismo, sino un auténtico barbarismo por no decir una barbaridad) Me acabo de enterar de que existe una nueva fobia: la nomofobia, una aberración lingüística procedente del barbarismo anglosajón "no-mobile-phone phobia", una joya: el miedo irracional o la ansiedad intensa que experimenta una persona -es decir, un usuario- al estar separado de su apéndice móvil o al no poder utilizarlo y ser utilizado por él porque se lo ha olvidado al salir de casa, porque lo ha perdido o se lo han robado, o se ha quedado sin batería y sin telecomunicación posible... Un trastorno vinculado a la dependencia digital, es decir, a que el usuario no puede prescindir del dispositivo celular que lo utiliza. Y yo, echando mano de mis conocimientos de griego y en mi inocencia, creía que se trataba del miedo irracional a la ley, dura lex sed lexnomos en la lengua de Homero.
 
8.- Otra de Tute: Quizá esa sea una de las frases más lúcidas que puede pronunciar alguien en el diván del psicoanálisis o en cualquier otra coyuntura después de haberse puesto la zancadilla a sí mismo. No porque anuncie una catástrofe, sino porque reconoce que el principal obstáculo para su felicidad no viene de afuera, sino de él mismo. Me recuerda a aquella historia del nómada que encontró una lámpara maravillosa, la frotó, salió un genio benévolo de su interior y le dijo: Pídeme un deseo. Y su deseo fue: Haz que desaparezca lo que no me deja ser feliz. Y el genio dijo: Dicho y hecho. E hizo desaparecer al individuo porque él mismo y no otro era su mayor peligro. La búsqueda infructuosa de la felicidad no le dejaba ser feliz o un poco dichoso por lo menos.   

 9.- Una de Toso Borkovic. Esta viñeta, titulada "Madman", o sea loco en la lengua del Imperio, y creada por Toso Borkovic representa satíricamente, dice la IA, a un líder incompetente conduciendo a sus seguidores a ciegas. La obra aborda temas como el liderazgo, la incompetencia y la ceguera de los fólogüers atuendados con uniformes napoleónicos. Pero es mucho más que eso: hay dos loqueros que se llevan al loco, es decir, a alguien que se cree Napoleón Bonaparte. Es un estereotipo este del “loco que se cree Napoleón”. Cuando se fundaron los primeros manicomios u hospitales psiquiátricos en los siglos XIX y XX, Napoleón era el personaje histórico más famoso del mundo. Era normal que quien experimentara delirios de grandeza tomara como referente al emperador que se coronó a sí mismo, arquetipo que se presentaba con un bicornio y la mano metida en el chaleco. Si había locos que creían que eran Napoleón, ¿quién se creía Napoleón Bonaparte que era? Seguro que también él creyó que era el que era, y se soñó Napoleón.  
 
10.- Gobiernos renovables. Un nuevo primer ministro recién coronado democráticamente por los votos de sus compatriotas afirma lo siguiente: «El final de un poder llega cuando la gente empieza a reírse de él». El poder subversivo de la risa, en efecto, puede enfrentarse a la seriedad del Poder, cuestionarlo y hacer que caiga. El problema es que, como se ve en este caso, cuando finaliza el mandato de un primer ministro enseguida lo sustituye otro con toda la seriedad del mundo. Esta viñeta de El Roto no muy afortunada -no se puede ser sublime todos los días- nos lo recuerda: No es una reivindicación popular. Los gobiernos, desgraciadamente, son renovables: se renuevan de forma que siempre haya gobierno: a rey muerto, rey puesto.
  

sábado, 30 de mayo de 2026

¿Disolver el parlamento o disolver el pueblo?

El resultado de una encuesta de opinión ha causado un enorme revuelo, según revela el periódico alemán Die Zeit: Según ella, el canciller teutón sería el jefe de Gobierno más impopular del mundo, ya que un setenta y seis por ciento de los encuestados estaban insatisfechos con su labor al frente de su gobierno de la nación, un índice de aceptación más bajo incluso que el del sheriff de los Estados Unidos. Pero no es un caso aislado, sucedería lo mismo con el primer ministro francés, el británico, el español, la italiana y un largo etcétera, cuya popularidad está muy por debajo de los votos recibidos en las elecciones generales que les otorgaron el poder.
 
La situación se puede resumir así: en ningún gran país europeo los representantes del pueblo cuentan en la actualidad con el respaldo de este, ya que tienen una tasa de rechazo, según las encuestas, superior al cincuenta por ciento. Da igual que sean de derechas o de izquierdas, conservadores o progresistas. ¿Qué está sucediendo?
 
Cuando se pregunta a los políticos qué piensan hacer para frenar la caída de su popularidad, contestan que Gobierno debe resolver los problemas que preocupan a la gente. Sin embargo, el hecho de que esto funcione cada vez menos no solo se debe a los políticos profesionales, sino también a los propios problemas que crean y amplifican los políticos con el fin de resolverlos. Las crisis ecológicas, económicas y geopolíticas son cada vez algo más frecuente en el siglo XXI. Dicho de otro modo: siempre hay alguna crisis de la que echar mano: alguna guerra, algún conflicto comercial, alguna pandemia, alguna catástrofe natural... Y la capacidad de los gobernantes para resolver los problemas que crean es cada vez menor, lo que hace que las expectativas de la población disminuyan también en cuanto a la resolución de los mismos.
 

Los políticos sufren algo que podría denominarse «demofobia política», es decir un miedo exagerado al pueblo. La palabra demofobia no está incluida en el diccionario de la docta Academia todavía, pero es un neologismo de impecable factura helénica fácilmente comprensible por todo el mundo, sólo que ahora es el “demos” de la democracia, es decir, el pueblo, o dicho mejor, la gente común, corriente y electora la que mete miedo a la clase política. Los ciudadanos, contribuyentes y votantes, consideran que los gobiernos están para resolver problemas y no para crearlos, y lo que descubren es justamente lo contrario: que el problema son los propios gobernantes. 
 
En el año del Señor de 1863, el entonces presidente estadounidense Abraham Lincoln definió en un celebérrimo discurso el republicanismo de los jóvenes Estados Unidos como «government of the people, by the people and for the people»: un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo
 
Pero ¿sobre quién se ejerce ese hipotético 'gobierno del pueblo' si no es sobre el propio pueblo, que se divide esquizofrénicamente en víctima y verdugo, es decir, en heautontimorúmenos? El «gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo» se ha convertido, en las democracias tardías en las que sobrevivimos, no en un gobierno del pueblo, que eso es un oximoro imposible, sino en un «gobierno para el pueblo, sin el pueblo», es decir, en el viejo lema del despotismo ilustrado del siglo dieciocho.
 
 
Hay un poema crítico, irónico y sarcástico de Bertolt Brecht titulado Die Lösung, ("La Solución"), escrito en 1954, poco después de la represión por el régimen comunista del levantamiento obrero, que viene muy al caso, donde se propone ante lo que hoy llamaríamos la desafección política de los ciudadanos hacia sus representantes elegidos democráticamente no la disolución del parlamento y del gobierno y la convocatoria de nuevas elecciones, como se hace habitualmente para renovar la máquina institucional,  sino la disolución del pueblo: que el gobierno, en quien recae la representación de la soberanía nacional, disuelva al pueblo y elija otro más a su medida a fin de gobernarlo: Tras el levantamiento del 17 de Junio / el secretario de la Unión de Escritores / mandó repartir panfletos en la avenida Estalin / en los que se leía que el pueblo / había perdido la confianza del gobierno / y que sólo con redoblado esfuerzo / podría recuperarla. ¿Pero no sería / más simple que el gobierno / disolviera al pueblo y / que eligiera a otro?
 
Se intercambiarían así los papeles y los representantes elegidos podrían elegir a sus representados electores, lo que haría que su tasa de aceptación y afecto popular aumentara considerablemente y estuviera muy por encima del cincuenta por ciento.     

jueves, 19 de diciembre de 2024

Buleros profesionales

Sarcasmo puro. Un político profesional dedicado al gobierno miente. Ya lo dijo aquel vicepresidente nuestro, apodado popularmente Elcoletas,  cuando, después de su pésima gestión, abandonó la política profesional e hizo unas declaraciones explosivas a sus íntimos que casi pasaban desapercibidas pese a su importancia: "Yo ya no soy político, puedo decir la verdad". Político seguía siéndolo, como todo bicho humano viviente, lo que ya no era era embustero o político profesional. 

Como dijo Émile-Auguste Chartier, alias Alain: “'Gobernar es mentir', esta es una máxima raramente formulada, casi siempre practicada, y que ha matado más hombres en el mundo que lo que han podido hacer los asesinos”.  El también escritor francés Jean Giono, por su parte, escribía años después: «Cuando se es jefe del gobierno no se puede decir la verdad; nunca se ha dicho. Gobernar es mentir». Antes que ellos Maquiavelo había dejado formulado que gobernar era hacer creer (governare è far credere), hacer que tengamos fe.

Un ministro aparece en la televisión pública, donde se fabrica la pública opinión, que no la opinión del pueblo, porque el pueblo no tiene más opinión que la que se le impone. Habla desde el púlpito mediático del Ente Público de lo que es falso y de lo que no. Sale el diablo a repartir escapularios y certificados de buena conducta democrática. 

El Gobierno, dice la presentadora, obligará por ley a las cuentas con más de cien mil seguidores en redes sociales a rectificar las noticias falsas. La medida forma parte del Plan de Acción por la Democracia. 

Aquí no nos preocupa mucho esa medida porque nuestros seguidores se cuentan con los dedos de una mano y alguno más de la otra, pero no más, influencers de poca monta que somos. No somos ni pretendemos ser usuarios de interné de "gran relevancia" sino de ínfima. Y tampoco nos preocupa mucho ese Plan de Acción porque nosotros no propalamos noticias verdaderas ni falsas. 

Recordamos los octosílabos de aquella cuarteta de Campoamor: Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira, / todo es según el color / del cristal con que se mira.  El problema viene cuando desde las altas instancias se nos quiere imponer una determinado punto de vista u óptica visual.

Aparece entonces el señor ministro diciendo que... algunos de ellos (de los usuarios de interné) contribuyen al debate público y otros usuarios de gran relevancia, es decir con muchos seguidores en redes sociales, se dedican a mentir todos los días y a propagar bulos todos los días, y por tanto creo que los ciudadanos de este país -entre los que se incluye Su Señoría-, tenemos derecho a defendernos de los buleros profesionales. Y para eso se va a impulsar esta ley Orgánica Reguladora del Derecho a la Rectificación. 

La ley que proponen y que quieren imponer no es una censura encubierta, sino descarada y palmaria. El gobierno teme que se denuncien sus mentiras constitucionales.

Quieren acabar, según dicen, con los bulos y con los buleros profesionales. Pero no engañan a nadie. El pueblo, la gente, sabe que los buleros profesionales son esencialmente los políticos profesionales, cuya acción de gobierno se basa en la mentira. Gobernar es mentir. Siempre que se gobierna se miente. Indudablemente. La mentira es la esencia del gobierno. 
 
 
Curiosa palabra la que emplea el ministro en su alocución: bulero. No está recogida todavía en el diccionario de la docta Academia con el uso que él quiere darle de difusor de bulos. Allí sólo figura la acepción de difusor de bulas, que no es lo mismo: Funcionario comisionado para distribuir las bulas de la santa cruzada y recaudar el producto de la limosna que daban los fieles. Las bulas eran los documentos pontificios relativos a materia de fe o de interés general, concesión de gracias o privilegios o asuntos judiciales o administrativos, expedidos por la Cancillería Apostólica y autorizados por el sello de su nombre u otro parecido estampado con tinta roja. El señor ministro tiene bula, es decir, cuenta con facilidades negadas a los demás para conseguir cosas u obtener dispensas difíciles o imposibles. 
 
Bulo es otra cosa, bulo es noticia falsa propalada con algún fin. El fin de los bulos o mentiras oficiales es sostener el tinglado de la realidad. Denunciar su falsedad es necesario. 

sábado, 12 de octubre de 2024

El mensaje de Marjane Satrapi

    Marjane Satrapi (1969-....), novelista gráfica autora de Persépolis, de carácter autobiográfico, llevada al cine en 2007 por Vincent Paronnaud y la misma Marjane, nació y creció en Teherán y fue testigo, cuando era niña, de la caída del Sha de Persia, del primer régimen del ayatolá Jomeini y de los primeros años de la guerra entre Irán e Irak. Experimentó un ataque aéreo iraquí y ataques con misiles Scud en Teherán. Según Persépolis, un Scud derribó la casa vecina a la suya, matando a su amiga y a toda su familia. En 1983, a la edad de 14 años Marjane fue enviada a Europa por sus padres para huir del régimen iraní. Vivió tres meses en la calle y tras un ataque casi mortal de neumonía, volvió a Irán, donde cursó estudios de comunicación audiovisual en Teherán, huyendo a Francia donde vive desde 1994. 
 
 
    Traigo de ella aquí el siguiente texto,  que me parece interesante porque lo que dice ella podría suscribirlo cualquiera y que ofrezco en versión original en inglés y traduzco introduciendo entre paréntesis comentarios de mi cosecha que considero pertinentes: If I have one message to give to the secular American people, it’s that the world is not divided into countries. The world is not divided between East and West. You are American, I am Iranian, we don’t know each other, but we talk together and we understand each other perfectly. The difference between you and your government is much bigger than the difference between you and me. And the difference between me and my government is much bigger than the difference between me and you. And our governments are very much the same


     Si tengo un mensaje que dar al pueblo llano estadounidense (y que podemos hacer extensivo al pueblo llano en general de cualquier nacionalidad), es que el mundo no está dividido en naciones (en realidad sí lo está, pero en verdad no lo está, porque esa división, aunque es real, es falsa porque es aleatoria y no responde a ningún criterio racional ni natural en el sentido de que no responde a la verdad: el buey, como dice el refrán, no es de donde nace, sino de donde pace y, más aún, de donde definitivamente yace). El mundo no está dividido entre Oriente y Occidente (sí lo está, pero no es más que una división geográfica desde el momento en que Oriente está occidentalizado y Occidente, que ha perdido el norte y el sur, está desorientado). Tú eres estadounidense, yo soy iraní -cada uno tenemos por lo menos una nacionalidad, pero no es más que una circunstancia accidental-, no nos conocemos el uno al otro, pero podemos hablar juntos y entendemos perfectamente (porque hablando se entiende la gente, aunque no hablemos el mismo idioma, porque en el fondo hablamos la misma lengua y podemos llegar a entendernos con gestos y sin palabras o utilizando alguna tecnología o a alguien que nos sirva de intérprete). La diferencia entre tú y tu gobierno -y la palabra 'gobierno' alude aquí al órgano superior del poder ejecutivo de un Estado o de una comunidad política, y al propio timón individual que rige nuestra vida-  es mucho mayor que la diferencia entre tú y yo -que somos perfectamente intercambiables por todo lo antedicho-. Y la diferencia entre mi gobierno y yo es mucho mayor que la diferencia entre tú y yo. Y nuestros gobiernos son muy parecidos (aunque no lo parezcan a simple vista; son tan parecidos que son el mismo).
 
 

miércoles, 2 de octubre de 2024

Fábula de las ranas desgobernadas que querían gobierno

Durante mucho tiempo las fábulas grecolatinas de Esopo y Fedro, traducidas del griego y el latín, o adaptadas por el arcipreste de Hita,  Iriarte, Samaniego, La Fontaine o cualquier otro fabulista,  han servido de pasto para la educación de nuestros pequeños. Las fábulas son, como se sabe, relatos breves, generalmente en verso, protagonizados por animales, de los que se desprende una lección para la vida llamada moraleja.


Quiero traeros aquí una que me parece de gran valor educativo y que merece la pena conocer, dado que además siempre está, como suele decirse, de rabiosa actualidad. Se trata de las ranas pidiendo rey (Fábulas esópicas, Fedro I, 2) y abre un viejo debate: ¿Es necesario que haya gobierno? 



Las ranas de una charca, hartas del desgobierno en el que vivían, pidieron a Júpiter un monarca. El dios, indignado, les mandó una tabla de la que se rieron las ranas, y reivindicaron un gobierno en condiciones -hoy diríamos democrático-, ante lo que el dios decidió enviarles una hidra que se las zampó una tras otra a todas y cada una de las ranas. Traduzco la versión de Fedro en senarios yámbicos prolongados en medio pie con rima asonante.

Cuando Atenas florecía con leyes igualitarias,
turbó la ciudad una libertad desenfrenada
y quebrantó el libertinaje la vieja pauta.
Conspirando allí políticas bandadas varias,
Pisístrato el tirano ocupa la atalaya.
Al llorar los atenienses su servidumbre aciaga, 
no porque él fuera cruel, sino porque toda carga 
si no hay costumbre pesa, y al poner demandas, 
Esopo entonces les contó esta vieja fabla: 
Viviendo en unas pozas libres unas ranas 
pidieron rey a Júpiter con gran bullanga, 
que reprimiera a fondo, torpes, sus usanzas. 
El padre de los dioses rio y les echó una tranca 
no grande, que, arrojada de repente al agua,
del golpe y ruido asustó a la especie timorata. 
Yaciendo largo tiempo hundidas en la lama, 
saca una el morro sin ruido un día de la charca 
y, visto el rey, convoca a todas sus hermanas. 
Ellas, perdido el miedo, ya a porfía nadan, 
y salta sobre el tronco la tropa descarada. 
Habiéndolo ultrajado con total jarana, 
mandaron otro a pedir a Júpiter monarca, 
que el concedido no valía para nada. 
Entonces les mandó un endriago(1), que a dentelladas 
comenzó a atacarlas una a una. En vano, escapan
de la muerte inermes; el miedo ahoga su garganta. 
En secreto a Júpiter por Mercurio así le mandan 
que socorra a las infelices. Pero el dios proclama 
entonces: “Si no quisisteis soportar bonanza, 
la pena sufrid.”   (2)  "Ciudadanos, dijo, soportadla 
también vosotros, no otra mayor encima os caiga".

(1) Con “endriago” (monstruo fabuloso, con facciones humanas y miembros de varias fieras) traduzco el “hydrum”, una hidra en el original de Fedro. El Arcipreste sustituye la hidra por una cigüeña “manzillera” (matadora, carnicera) que se comía a las ranas de dos en dos porque era ventenera, es decir, probablemente “venternera”, de vientre:  glotona y tragona:  Enbióles por rey çigüeña manzillera:/ çercava todo el lago, ansí faz' la ribera,/ andando picoabierta; como era ventenera,/ de dos en dos las ranas comía bien ligera. 


(2) La moraleja del Arcipreste no tiene pérdida: el que no tenga gobierno (premia dice él, o sea, opresión, sujeción, cadena), no quiera ser gobernado:  Quien tiene lo que l' cunple, con ello sea pagado,/ quien puede seer suyo, non sea enajenado;/ el que non toviere premia, non quiera ser apremiado:/ libertat e soltura non es por oro conprado.

jueves, 25 de julio de 2024

¿Para qué sirve el gobierno?

 

    ¿Para qué sirve el gobierno? Se pregunta el personaje de la viñeta de Arkás. Y su respuesta es: Para gestionar la catástrofe que genera su propio gobierno, es decir, para hacer que gracias a su acción de gobierno las cosas vayan de mal en peor. Y para eso da igual el signo político del gobierno, lo mismo da que se digan de derechas, que de centro o de izquierdas: la gobernación es catastrófica de por sí, porque como mejor funcionan cosas y personas es, todo el mundo lo sabe, dejadas a su aire, es decir, desgobernadas.

    La palabra "catástrofe", por cierto, que aparece en la viñeta del dibujante griego Arkás, es, obviamente, de origen griego, porque, mal que nos pese, seguimos hablando la lengua de Homero sin ser muy conscientes de ello. Nos pasa un poco lo mismo que a aquel ridículo señor Jourdain, el burgués gentilhombre de Molière, que llevaba cuarenta años hablando en prosa sin saber qué era la prosa... El término está compuesto del prefijo κατά (catá), que quiere decir "abajo y adelante" y es lo contrario de ἀνά (aná), que significa "arriba y atrás", y de la palabra στροφή (strophé), que es el nombre de la "acción de volver, vuelta", que conservamos en castellano, a través del latín stropha,  "estrofa",  como se llamaba en principio a la vuelta o evolución que hacía el coro en escena, y de ahí también a la estrofa lírica que cantaba el coro. El diccionario de la RAE  define la estrofa como: "Cada una de las partes, compuestas del mismo número de versos y ordenadas de modo igual, de que constan algunas composiciones poéticas."
 
    Tenemos, pues, que de στροφή (strophé) derivan, además de la citada estrofa, con el prefijo "aná-", la anástrofe,  que es la figura literaria que consiste en la inversión del orden sintáctico habitual de dos o más palabras sucesivas en una frase. Por ejemplo, el verso aquél de Góngora: Era del año la estación florida, en lugar de Era la estación florida del año. No es una catástrofe, pero sí una anástrofe: es decir, una vuelta atrás.
 
    Y tenemos, también, la catástrofe, que era el desenlace especialmente doloroso de una tragedia, y por lo tanto la alteración grave del orden normal de las cosas, el derrumbamiento de algo que se viene abajo inesperadamente, una palabra que está en boca de todos los periodistas cada dos por tres, por ejemplo: "Un fallo del avión de Germanwings que salió de Barcelona se perfila como la causa probable de la catástrofe aérea de los Alpes".

    A la vista de la pregunta del personaje de Arkás, podríamos cuestionarnos si hace falta que haya gobernantes que enderecen los entuertos que producen sus propias acciones de gobierno: ¿Hace falta que haya gobierno? Parece que, obviamente, ninguna, no hay necesidad.

sábado, 2 de diciembre de 2023

La Historia se repite

    Los que peinamos canas recordamos que “Así se las ponían... al Caudillo", cuando desde el balcón de la plaza de Oriente lanzaba a España y al resto del mundo sus proclamas de exaltación patriótica, como reflejaba por ejemplo el diario ABC, noticia que hay que leer con la voz en off del NODO: Franco fue aclamado por una multitud incalculable (sic por el adjetivo) en la Plaza de Oriente y sus inmediaciones. En el balcón del Palacio Real se hallaban junto a Su Excelencia el Generalísimo su esposa y los Príncipes don Juan Carlos y doña Sofía. Decía el Dictador a la muchedumbre: Mientras Dios me dé vida y claridad de juicio seguiré empuñando el timón del Estado
     Igualmente, nuestro recién investido presidente, que acaba de publicar un libro de autobombo y platillo titulado Tierra firme, se daba un baño de masas en olor de multitudes en el IFEMA de Madrid, a donde habían acudido decenas de autobuses gratuitos que se habían fletado desde las distintas Españas para participar en el acto de exaltación patriótica del Gran Líder que no se andaba por las nubes, sino que pisaba tierra firme. Era un acto de propaganda para demostrar a Europa y al resto del mundo que el presidente no había perdido el rumbo de la calle ni el timón del gobierno. 
 
    Ondeaban banderas rojigualdas como en la plaza de Oriente, y no pocas, en este primer mitin de Pedro Sánchez, el Gran Líder que hace, según ha repetido hasta la saciedad, de la necesidad virtud, y lo que viene a ser lo mismo, de tripas corazón para justificar las in inmensas tragaderas de los pactos que le llevan al gobierno, investido ya presidente, que gritaba entusiasmado que iba a haber ¡cuatro años de gobierno progresista!, y  que no iba a haber (porque él no era como ellos) "ni Trump, ni Milei, ni Bolsonaro, ni el holandés Wilders, ni tampoco Feijoo ni Abascal..." Se justificaba así, como aquel fariseo evangélico que rezaba en el templo, diciendo que él no era como los malos ejemplos que citaba, que él era progresista, y no era como el publicano que también había ido a rezar al templo como él, o, en este caso, como los dos últimos personajillos que cita, que se habían presentado a las mismas elecciones que él.
 
 
    Transcribo una parte de su alocución a las masas bajo el eslogan progresista de "España avanza" por la vía del progreso a no se sabe dónde: Porque esta es España, esta es la España que nosotros reivindicamos con todo el respeto al resto de sentimientos que pueda haber sobre qué significa ser español o española. A mí me encanta ver banderas de España aquí porque nosotros también somos España... Nosotros reivindicamos... la España abierta, la España tolerante, la España amante de la paz, de la justicia social, la España feminista, la España ecologista. Y efectivamente por eso no va a haber ni Trump, ni Milei, ni Bolsonaro, ni el holandés Wilders, ni Feijoo ni Abascal, ¡va a haber cuatro años de gobierno progresista!, de avances... sociales, de convivencia … y de estabilidad... institucional en España. 
 
     Conviene de vez en cuando desempolvar y leer las sagradas escrituras para comprobar cómo la Historia se repite. Leamos por ejemplo la parábola del fariseo que cuenta el evangelio de Lucas (18,11) muy apropiada para aquellos que confían mucho en sí mismos, se tienen por justos y desprecian a los demás, que cito como es habitual por la traducción de Nácar-Colunga que manejo. “El fariseo, en pie, oraba para sí de esta manera: ¡Oh Dios! Te doy gracias de que no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni como este publicano”. Obviamente, en este caso el fariseo es el presidente, o mejor dicho, por no personalizar tanto en la cabeza visible, el fariseo sería el gobierno progresista que nos promete para los próximos cuatro años,  y los publicanos son los nombres propios de los gobernantes o aspirantes a serlo que cita. 
  


    Lo que parece que está claro ya a estas alturas no es que vaya a haber gobierno progresista, que ya lo hay, que no ha dejado de haberlo hasta ahora, porque había el mismo de antes pero en funciones, y que ya hay nombrados nuevos ministros (y nuevas ministras), sino que ese gobierno vaya a ser mejor que los demás porque eso es algo indemostrable, e incluso puede decirse sin ningún empacho que es una flagrante mentira, porque no hay, no ha habido ni habrá nunca ningún gobierno bueno de ningún signo político ni en España ni en el mundo.

miércoles, 26 de julio de 2023

Ser gobernado

    La mejor definición que conozco hasta la fecha de lo que significa ser gobernado la brinda el filósofo, sociólogo y economista francés Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865), del que celebramos en otra ocasión el aforismo "la propiedad es el robo". El dibujante inglés Clifford P. Harper (1948-...) ilustra, por su parte, el texto de Proudhon con sus magníficos dibujos.  

    El fragmento de Proudhon está tomado del epílogo de su “La idea general de la revolución en el siglo XIX” (Idée générale de la Révolution au XIXe siècle, publicado en 1851).

 

Pierre-Joseph Proudhon y sus hijas, Gustave Courbet (1865)

  Ser gobernado es ser tenido a la vista, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, reglamentado, estacionado, adoctrinado, predicado, controlado, estimado, apreciado, censurado, mandado, por seres que no tienen ni el título, ni la ciencia, ni la virtud... 

    Être gouverné, c’est être gardé à vue, inspecté, espionné, dirigé, légiféré, réglementé, parqué, endoctriné, prêché, contrôlé, estimé, apprécié, censuré, commandé, par des êtres qui n’ont ni le titre, ni la science, ni la vertu…

    

     Ser gobernado es ser, a cada operación, a cada transacción, a cada movimiento, anotado, registrado, contado, tasado, sellado, desdeñado, cotizado, tasado, patentado, licenciado, autorizado, apostillado, amonestado, impedido, reformado, rectificado, corregido.

    Être gouverné, c’est être, à chaque opération, à chaque transaction, à chaque mouvement, noté, enregistré, recensé, tarifé, timbré, toisé, coté, cotisé, patenté, licencié, autorisé, apostillé, admonesté, empêché, réformé, redressé, corrigé.

 

     Es, so pretexto de utilidad pública, y en nombre del interés general, ser puesto a contribución, ejercido, secuestrado, explotado, monopolizado, conculcado, presionado, mistificado, robado; luego, a la menor resistencia, a la primera palabra de queja, reprimido, enmendado, vilipendiado, vejado, perseguido, acosado, aturdido, desarmado, agarrotado, encarcelado, fusilado, ametrallado, juzgado, condenado, deportado, sacrificado, vendido, traicionado, y para colmo, burlado, engañado, ultrajado, deshonrado.

    C’est, sous prétexte d’utilité publique, et au nom de l’intérêt général, être mis à contribution, exercé, rançonné, exploité, monopolisé, concussionné, pressuré, mystifié, volé; puis, à la moindre résistance, au premier mot de plainte, réprimé, amendé, vilipendé, vexé, traqué, houspillé, assommé, désarmé, garrotté, emprisonné, fusillé, mitraillé, jugé, condamné, déporté, sacrifié, vendu, trahi, et pour comble, joué, berné, outragé, déshonoré. 


sábado, 25 de marzo de 2023

Gobernar es mentir (y II)

    Gobernar es, en efecto, mentir, sin que pueda afirmarse lo contrario, que mentir sea gobernar, pero sí que parece que para gobernar es preciso engañar, y para engañar hay que mentir, porque el Poder se basa en dos pilares fundamentales que son uno solo en definitiva: la mentira y el miedo. 
 
    Tanto la una como el otro son imposiciones de arriba, y se basan en que para lograr la obediencia es preciso intimidar, como seintimida al niño para que se duerma o para que coma y, en definitiva, para que obedezca. Hay que engañar al niño diciéndole que viene el coco, o que viene el lobo. Y hay que engañar al hombre porque el hombre es por naturaleza ingobernable y para lograrlo es preciso engañarle, mentirle. 
 
    Recurramos a la etimología de las dos palabras que componen la ecuación de nuestra fórmula. Gubernare era en latín 'dirigir una nave' y más exactamente 'pilotarla, timonearla' es decir, manejar el gubernum, que era el timón, también llamado en castellano gobernalle, como hacía el timonel, que era quien dirigía el rumbo de la nave. 
 
Alegoría: la nave del Estado, Frans Francken (1562-1616)
 
         En griego 'gubernare' se decía κυβερνᾶν (kybernân), de donde deriva nuestra 'cibernética'. Enseguida se nos aparece como sin querer la metáfora de la nave del Estado, de largo recorrido en nuestras letras: el Estado sería una nave -y todos iríamos juntos en el mismo barco, como suele decirse-, y el gobierno sería el timón que dirige esa nave hacia buen puerto. El problema de esta metáfora es que parece que se conoce previamente el destino o puerto al que se dirige dicha nave, su rumbo. Se diría que el que maneja el timón -o el gobierno- sabe a dónde dirige la nave, cuando no es cierto, porque no se sabe a dónde vamos si no hemos ido antes, pero se actúa como si se supiera, como si la travesía estuviera hecha antes de hacerse, y en eso consiste el engaño. 
 
    Algo en ese sentido de que no hay meta ni por lo tanto camino previo sugería Antonio Machado cuando decía en aquellos versos: Caminante, son tus huellas / el camino y nada más. / Caminante, no hay camino / se hace camino al andar. Y al final del poema: Caminante, no hay camino / sino estelas en la mar
 
    En cuanto a la etimología de 'mentir', es bastante curiosa, porque procede del verbo latino mentiri, derivado de mens mentis 'la mente', que en principio no significaba “engañar, no decir la verdad', como acabó significando, sino 'inventar, imaginar'. Pero eso es lo curioso: que las palabras mente y mentira comparten un mismo origen común: Tendemos a creer que nuestra mente es el templo de la verdad y nada más que la verdad, cuando lo que sugiere el expediente etimológico es todo lo contrario: que la fabuladora mente nos engaña como una bellaca, urdidora de mentiras y embelecos. 
 
    El caso es que para gobernar es preciso mentir. Y se miente creando miedo, intimidando: Se ha dicho muchas veces que el pastor engaña a las ovejas mentándoles al lobo, cuando probablemente quien va a matarlas no es el lobo, sino el propio pastor que las llevará al matadero. También se ha repetido a veces el dicho espurio que Séneca le habría soltado a Nerón, personificando uno y otro respectivamente al sabio y al poderoso: Tu poder se basa en mi miedo. Si yo no tengo miedo, tú no tienes poder.