sábado, 25 de abril de 2026
Partidazo de liga
miércoles, 23 de octubre de 2024
Amor a los colores
-¿Qué va a decir Él? No va a reconocer que lo hace por la pasta, joder, aunque sea la verdad, porque defraudaría al equipo, tío, y a toda la peña. Él vende que lo hace por amor a los colores, pero vuelve a fichar por un contrato millonario con una cifra de muchos ceros por su interés personal. El club, la afición y el equipo le importan una mierda, o ¿no crees que sería capaz de fichar mañana mismo por el equipo contra el que se enfrenta hoy, y dejarnos a todos tirados y con el culo al aire?
-Son mercenarios. -Sentenció con solemne amargura otro tertuliano que no había abierto la boca hasta entonces. Y añadió: -Igual que los políticos, desengañaros (sic), colegas: No representan a nadie. Los únicos colores por los que se mueven son los del dinero.
jueves, 18 de julio de 2024
¡Gibraltar español!
La victoria deportiva de la selección española de fútbol, alias la Roja, sobre la inglesa se ha reinterpretado de alguna manera como si se tratara de una victoria militar en el campo de batalla del estadio de Berlín. No en vano antes del enfrentamiento habían resonado solemnemente los himnos nacionales de uno y otro reino poniendo firmes a los mandatarios y jugadores allí presentes. El Rey Felipe VI y el príncipe Guillermo de Inglaterra, en ausencia de su padre el Rey Carlos III, representaban respectivamente a las Españas y al Reino Unido de la Gran Bretaña. Ondeaban las banderas nacionales de una y otra nación rival, y miles de espectadores llenaban las gradas del estadio. Ya lo dijo una vez un jugador de balompié: “El fútbol es la guerra, y también ahí el triunfo es lo más importante”.
Tras el goal que decidió la victoria de España en el último momento del partido, el Borbón, corbata roja al cuello, al que acompañaba la infanta, pantalones rojos a juego con la Selección, perdió su regia compostura y se levantó del asiento como un hincha furibundo gritando “¡gol!” y celebrando el triunfo de la Roja, mientras se veía apesadumbrado al príncipe Guillermo, al que acompañaba su hijo, llevarse las manos a la cabeza y cubrirse el rostro como si no quisiera ver y reconocer la británica derrota.
España, pues, se alzó con el triunfo de la Eurocopa -la copa es el símbolo de la victoria, el botín arrebatado al enemigo que se exhibe como trofeo y preciado galardón-, y a continuación vino la gran celebración de la victoria en la villa, corte y capital del reino, en la que varios jugadores de la selección que representa los colores nacionales de la bandera rojigualda se unieron a los no pocos hinchas y aficionados que coreaban el grito de “Gibraltar español”, resucitando una vieja cantilena patriótica y franquista que ha sido calificada por el gobierno del Peñón como “rancia”, aludiendo quizá a su sabor añejo y anticuado, más propio de la dictadura del caudillo, cuando el Estado español reivindicaba su soberanía sobre la colonia británica, pero también desde la transición, porque cuando el hoy Rey Carlos de Inglaterra y su esposa Diana Spencer se unieron en matrimonio en 1981 decidieron iniciar allí, en Gibraltar, su Luna de Miel recién casados, detalle que, conocido previamente por la casa real española, motivó que los reyes a la sazón Juan Carlos y Sofía no asistieran al bodorrio.
El caso es que después de aquello los gobiernos españoles dejaron de reclamar la soberanía nacional sobre el Peñón, hasta que ahora los rancios cánticos patrióticos han resucitado de la mano de la victoria futbolera y provocado la indignación del ejecutivo gibraltareño, que en un comunicado hecho público ha mostrado su decepción: Se trata de una mezcla totalmente innecesaria de un gran éxito deportivo con declaraciones políticas discriminatorias que resultan enormemente ofensivas para los gibraltareños. El lamentable uso de la plataforma de la celebración en torno a la victoria de la Eurocopa para promover la idea de usurpar el territorio de Gibraltar es contrario al principio de que el deporte no debe utilizarse para promover ninguna ideología políticamente controvertida.
Si, la tierra, como dijo una vez un ex presidente del gobierno español, no pertenece a nadie, salvo al viento, lo cual no es cierto, porque la tierra tiene sus propietarios, que son los terratenientes, pero es muy bello y así debería ser, está claro que nadie tiene derecho a usurpar el territorio de Gibraltar, ni la corona británica ni la borbónica, ni los propios gibraltareños, que tan indignados se han sentido según sus autoridades, tampoco.
La ministra portavoz del gobierno español, por su parte, dijo enseguida que había que enmarcar esas manifestaciones en el contexto en que se celebraron y no había que sacarlas de ese contexto, que era la “gran celebración”, porque “la política exterior de un país la establece el gobierno de ese país”, con lo cual vino a decir a las autoridades del Peñón y del Reino Unido de la Gran Bretaña, que estuvieran tranquilas y mantuvieran la calma, que el gobierno español no iba a reivindicar su soberanía sobre dicho territorio.
¿Qué pasaría si se nos enseñase por la televisión sin su consentimiento previo y expreso el hermoso culete de alguna de las jugadoras de la selección española de fútbol femenino? ¿Sería sexismo, machismo, un atentado contra la integridad, intimidad y dignidad de la mujer?
domingo, 14 de julio de 2024
El fútbol, opio del pueblo, y los hinchas
"Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio.
Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente,en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno.
Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos.
Rara vez el hincha dice: “hoy juega mi club”. Más bien dice: “Hoy jugamos nosotros”. Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música.
Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha
movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos,
qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se
va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía.
En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van
apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también
el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde,
y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después
de la muerte del carnaval".
lunes, 24 de junio de 2024
La cabeza en los pies
miércoles, 21 de diciembre de 2022
¿Por qué a Borges no le gustaba el fútbol?
Dicen que Borges, pese a ser argentino, no amaba el balompié. Quizá odiaba el fútbol porque era poco argentino, o no lo era demasiado ni tenía el suficiente ardor patriótico que requiere la cosa de la argentinidad. Y dicen que dijo una vez: El fútbol es popular porque la estupidez es popular, equiparando balompié y estupidez.
El bochornoso espectáculo de Catar 2022 que han retransmitido todas las televisiones del mundo para entretenimiento de las masas televidentes aborregadas ha servido para que se vea la vinculación del aficionado al fútbol con el fervor masivo del fascismo y el nacionalismo dogmático. El nacionalismo, dijo Borges en alguna ocasión, solo permite afirmaciones. Cualquier doctrina que rechace la duda y la negación es una forma de intolerancia y estupidez.
Esto
explica, por ejemplo, la fotografía del presidente francés
entristecido y consolando como a un amigo íntimo a Mbappé, el jugador estrella de la
selección gala, por la pérdida del Mundial frente a Argentina. El inquilino del Elíseo, después de comportarse como un auténtico energúmeno en el estadio de Catar cual si fuera un vulgar júligan o hincha de comportamiento violento y agresivo, acudió a los vestuarios, después de la 'histórica derrota' a animar a sus desmoralizados futbolistas y a agradecerles que hubieran hecho "soñar a todos los franceses y francesas" (sic), diciéndoles que estaba orgulloso de ellos.
Los equipos nacionales de balompié y los jugadores estrella a menudo como el susodicho se convierten en las herramientas de los regímenes autoritarios, pero no nos engañemos, regímenes autoritarios son tanto las llamadas dictaduras de antaño y algunas de hogaño que quedan como las democracias modernas, que explotan el vínculo que los fanáticos comparten con sus equipos nacionales para ganar el apoyo popular, como bien sabemos los que vivimos la oprobiosa dictadura franquista, en la que la retransmisión de un partido de balompié paralizaba un país y actuaba como anestesia de otros males, exactamente igual que en la oprobiosa democracia actual, en la que el espectáculo del mundial de Catar ha servido de cortina de humo para que no se vea lo que pasa de verdad.

Borges escribió un cuento junto a su gran amigo y colaborador Adolfo Bioy Casares titulado Esse est percipi, latinajo que dicen que fraguó G. Berkeley, y que significa “ser es ser percibido” en la lengua de Virgilio, es decir que el ser de algo consiste en la percepción que tengamos de ese algo. El ser son sus apariencias. En dicho cuento se deslizan algunas reflexiones interesantes y sugerentes como que el fútbol ha dejado de ser un deporte y ha entrado en el ámbito del entretenimiento. La representación del deporte ha reemplazado al deporte mismo. Los estadios se llenan, mientras que los partidos son jugados por un solo hombre que habla por un micrófono o por actores con camisetas frente a las cámaras de televisión. La población ve partidos inexistentes por televisión y radio sin cuestionar nada.
He aquí algunos fragmentos del cuento de Borges y Bioy.
Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman.
-(...) ¿Entonces en el mundo no pasa nada?
-Muy poco -contestó con su flema inglesa-. Lo que yo no capto es su miedo. El género humano está en casa, repatingado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone.
miércoles, 30 de noviembre de 2022
Pareceres (X)
martes, 22 de noviembre de 2022
¿Una gran tribu?
Una gran tribu, y el jefe de la tribu es el deporte Rey: el Balón, la pelota bien redondeada de Parménides. No perdamos de vista el nombre que se le da a este evento: el Mundial: se trata de globalizarnos, de unirnos en la celebración del espectáculo del juego bonito retransmitido por todas las cadenas de televisión del globo, que es el deporte rey, un deporte que mueve millones para distraernos, y que, como dijo una vez un delantero danés que había metido cuatro goles en un partido de otro Mundial: El fútbol es la guerra, y también ahí el triunfo es lo más importante.
Por un lado nos dicen que cada uno tenemos una patria, y una cultura, y una lengua, y unas señas de identidad propias y características, y por el otro nos inculcan que por encima de esas diferencias la celebración del Mundial las anula, aunándonos en la celebración del espectáculo bajo una única tribu que es la de los telespectadores.
Resulta, en fin, decepcionante ver cómo un actor que interpretó a Mandela se ha vendido para blanquear el Régimen catarí, un régimen opresor como todos los regímenes políticos, en definitiva, pero que se ensaña especialmente contra las mujeres y los homosexuales.
Pero más decepcionante resulta aún ver cómo Gianni Infantino, presidente de la FIFA, resaltó un día antes del inicio del Mundial, los avances experimentados en los últimos años en Catar en cuestiones de derechos humanos y sociales y denunció una doble moral existente en el mundo occidental. Dijo: «Tengo unos sentimientos fuertes, hoy me siento catarí, hoy me siento árabe, hoy me siento africano, hoy me siento gay, hoy me siento discapacitado, hoy me siento un trabajador emigrante", comentó a los medios de (in)formación de masas, defendiendo la gestión realizada y los avances alcanzados. Luego, en el turno de preguntas, tuvo que extender este sentimiento y añadir que también se sentía mujer.
Al final de la rueda de prensa, el director de comunicación de la susodicha entidad salió del armario y se declaró abiertamente homosexual. No dijo como el presidente que se sintiera maricón, sino que lo era en un país donde la homosexualidad está criminalizada. Las declaraciones de ambos dirigentes, así como la participación del actor negro, sólo han servido para blanquear un régimen corrupto.












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