CARPITE POMA: Una variante del CARPE DIEM horaciano podría ser este
CARPITE POMA (coged los frutos) de Ovidio que se encuentra en el verso 576
del libroIII de El arte de amar.
QVAE FVGIVNT, CELERICARPITE POMA MANV.
(Ovidio, Ars amandi III 576)
Mano a los frutos
echadpronto, que al vuelo se van. (Traducción
de J.M. Rodríguez Tobal) Traducciones alternativas propias:
Mano a los frutos metedpronta, a perder que se van.
Con rauda mano coged fruto que va a caducar.
Frutos tomad con veloz mano, que pronto se van. Frutos coged, que se van rápidamente a perder.
De este pentámetro dactílico de Ovidio tenemos un eco en el soneto aquel de Garcilaso: “coged de vuestra alegre primavera / el dulce fruto”.
oOo
DE LO QUE SÓCRATES LE DIJO A ANTIFONTE
-Antifonte,
entre nosotros se considera que la
belleza de la juventud y la sabiduría es posible tratarlas de manera
honrosa o vergonzosa. Pues si uno vende la belleza de su juventud por
dinero a quien la quiera, a ese
lo llaman prostituto, pero si
alguien se hace amigo de aquel que ha conocido que es un amante bueno y
honrado, a ese lo consideramos sensato.
Y así también la
sabiduría, a los que la venden por dinero al que la quiera los llaman
intelectuales*, como quien dice prostitutos;
en cambio, si alguien se hace amigo de quien sabe que es de buen natural
enseñándole lo que tenga de bueno, consideramos que ese hace lo que corresponde
a un ciudadano bueno y decente.
*NOTA BENE: Estos intelectuales de los que habla Sócrates eran los
célebres sofistas o profesionales de la inteligencia, los maestros y
profesores de entonces, los divulgadores de la ciencia entre el gran
público. Daban clases particulares y cursos de conferencias por los que
cobraban una tarifa. Se cuenta que Sócrates pagó una dracma por asistir a
una conferencia de Pródico, pero no pudo costear las cincuenta de la
matrícula de un curso monográfico sobre sinonimia. Frente a los sofistas
o profesionales, que cobran un sueldo por hacer lo que hacen, los
filósofos hacen lo mismo pero gratis et amore, por la gracia y el amor de hacerlo, no por dinero.
oOo BYUNGCHULHANIA
-Del Narciso posmoderno: El homo digitalis del siglo XXI
no es gregario, sino que vive esencialmente aislado.
Se manifiesta en la red de manera anónima, pero tiene un perfil que se
esfuerza
por optimizar constantemente. Su condena: labrarse su personalidad
virtual, enamorado que está como Narciso de su propia imagen reflejada
en los medios. Sufre un grave trastorno narcisista, y la depresión de
hundirse y ahogarse en el pozo sin fondo de sí mismo. El espacio virtual
funciona como lugar de proyección,
donde el individuo de la posmodernidad tardía se relaciona
fundamentalmente...
consigo mismo. Los “amigos” de las redes sociales (followers) cumplen la
función ante todo, de potenciar la egolatría, al dirigir la
atención a un yo que se presenta como mercancía al consumidor. Los tuites y retuites (tweets)
son los trinos desesperados del pájaro prisionero en su jaula virtual.
No son voces, sino ecos en todo caso. Su monótono mensaje se reduce, al
fin y al cabo, al pío pío de los gustos (likes) y opiniones personales más anodinos e insustanciales dentro de la oferta del mercado y el consumo: “yo, yo, yo...".
-De Byung-Chul Han citando a Emmanuel Lévinas:
-De digitalibus mediis. Los medios digitales de comunicación nos
incomunican al imponernos la obligación de comunicarnos precisamente,
por lo que nos alejan cada vez más de nuestros semejantes, de los otros,
de los demás. Los teléfonos inteligentes prometen más libertad, pero de
esa promesa surge una coacción fatal: la de la comunicación. Hoy ya no
somos sólo receptores y consumidores pasivos de información, sino
emisores y productores activos a la vez, lo que incrementa la cantidad
cancerígena hasta la saturación de informaciones intrascendentes que
pululan en las redes sociales donde no hay peces que naden libremente,
sino pescados atrapados en sus propias redes narcisistas.
-Non multitudo, sed solitudo. Frente al renovado sueño
optimista y comunista de Hardt y Negri, no se puede decir como creen
ellos, que el sujeto revolucionario actual sea la multitud, porque
tanto esta como los individuos que la componen son esencialmente
conservadores: no hay MULTITUDO, sino SOLITUDO. No hay multitud sino soledad entre la muchedumbre.
-Del Panóptico de Jeremy Bentham:
No hay carcelero que vigile a los presidiarios dispuestos en círculo en
torno a la torre de control central. No hace falta. Ya nos vigilamos nosotros los unos a los
otros mirando la pantalla del móvil. La red, como panóptico electrónico
que es, nos arroja simultáneamente al
exhibicionismo y al voyeurismo... de nosotros mismos.
-Del respeto y la falta de respeto:
Respeto significa volverse (re-) a mirar (-spectare): el respeto
presupone una mirada distanciada. La distancia es precisamente lo que
distingue el simple "spectare" de la sociedad del espectáculo actual con
el más distanciado "re-spectare" o respetar. Una vez desaparecida la
distancia, se produce la falta de respeto. Las redes sociales son
irrespetuosas porque eliminan las distancias: exhiben lo privado,
privatizan la comunicación. Fomentan un voyeurismo exhibicionista y un
exhibicionismo voyeurista.
oOo
¿QUIÉN ES LIBRE?
(Esquilo, Prometeo encadenado, 50)
Pues libre no
hay ninguno salvo el propio Zeus.
Versión libérrima: Pues libre no hay ni dios.
oOo DE LA MUSIQUE AVANT TOUTE CHOSE
Os dejo con la música de Eleni Caraíndru, la compositora griega de la
mayoría de las bandas sonoras de las películas del llorado Teo
Angelópulos, y con algunas poderosas y bellas imágenes de la trilogía La pradera que llora de este aclamado director que ha sabido como nadie transmitirnos una imagen de Grecia alejada de los típicos tópicos.Tanto la una como el otro, cada cual en lo suyo, son dos de los grandes maestros contemporáneos que ha dado Grecia al mundo.
Adictos como son los adolescentes en su mayoría a las redes sociales,
se dedican, una vez que han caído en ellas y se han convertido de peces que eran en el río o en la mar salada en pescados de la pescadería, a leer lo que otros escriben y a publicar ellos sin
piedad,
consideración ni pudor todas las ocurrencias que les pasan por las
mientes, descerrajando sin ton ni son las opiniones y los gustos
personales más idiotas de sus idiosincrasias: cómo les mola –o disgusta,
para el caso da igual- el último temazo infumable de la diva
milmillonaria y
estrafalaria de turno que ha visto la luz y acaba de vomitar un adelanto de su último
álbum que
todavía no está en el mercado, o los exabruptos de cualquier
politicastro de
turno, tertuliano o concursante televisivo...
Y así uno puede leer, por ejemplo, entre
tanta morralla y bazofia gritos desesperados y desgarrados en menos como: HABER SI ME MUERO (sic). Que en seguida recibirá la adhesión de varios “like”, “me
gusta”, “fav”, o lo que sea, porque de lo que se trata es de permanecer atentos
a la pantalla y de reaccionar ante lo que airean los demás dentro de la Time Line.
Lo que no consiguió, precisamente, la televisión cuando decía
aquello de “permanezcan atentos a su pantalla” –algunos nos desenganchamos de
aquella droga estupefaciente y nos quitamos de ella para siempre- lo han logrado los
teléfonos supuestamente inteligentes, a cuyas pantallas permanecen atentos los
jóvenes y no tan jóvenes en su inmensa mayoría a todas las horas del día y de la noche.
HABER SI ME MUERO: Se trata
de un exabrupto adolescente donde lo que a mí más me preocupa no es su carácter
infantiloide, ni siquiera la falta de ortografía consistente en meter una B de
burro donde no debería, sino el carácter –me refiero ahora a la letra- que está de más, es decir, la sobra de
ortografía consistente en meter una H donde no debería haber (aquí sí que está
justificada la hache) nada. Porque, vamos a ver (sin hache y con uve), a ver si nos
enteramos: la B y la V se pronuncian igual y puede entenderse que alguien
medianamente instruido cometa una falta de ortografía confundiendo una letra
por otra y escriba por ejemplo *avalanzarse, con uve,o *abalancha con be, porque, a fin de
cuentas, ambas letras representan un mismo fonema oclusivo labial sonoro castellano
que escribimos unas veces con be y otras con uve por razones meramente etimológicas
y conservadoras que la mayoría de los hablantes ignoran, pero son dictados prescriptivos
de la RAE, que nos dice que abalanzarse es con be, como balanza, y avalancha es
con uve, porque viene del francés avalanche, donde la uve por cierto es un fonema
distinto de la be, y donde no es lo mismo “je bois” (bebo)
que “je vois” (veo).Pero lo que demuestra una sumisión total a la
autoridad y un miedo pluscuampatológico a cometer una falta ortográfica que nos
lleva a perpetrar lo contrario, para mí mucho más grave, si cabe: una sobra
ortográfica.
No me extraña que muchos jóvenes y no tan jóvenes utilicen las
redes sociales que los utilizan a ellos para mostrar su insatisfacción y su
ilibertad, motivadas entre otras cosas por su dependencia y grado de adicción a
dichas redes. Y es que, como muy bien escribió el recientemente laureado Byung-Chul Han, la red digital, que se
recibió al principio como un medio de libertad ilimitada, pasada la euforia
inicial, se muestra hoy como una decepción: “La libertad y la comunicación
ilimitadas se convierten en control y vigilancia totales”. Y también: “El smartphonees un objeto digital de devoción”. Y “devoto”
significa “sumiso”, por lo que el smartphone
es un objeto de sumisión y alienación. Funciona, dice el ocurrente maestro coreano, como
un rosario, ya que ambos –el teléfono inteligente y el rosario- sirven para
examinarse uno y controlarse a sí mismo. “El me gusta es el amén digital. Cuando hacemos clic en el botón de me gustanos sometemos a un entramado de dominación. El
smartphone no es sólo un eficiente
aparato de vigilancia, sino también un confesonario móvil. Facebook es la
iglesia, la sinagoga global (literalmente, la congregación) de lo digital.” (Byung-Chul Han, La crisis de la libertad, en su libro Psicopolítica).
El Poder premia y promociona a intelectuales 'críticos' como Han cuyo discurso no supone ningún peligro para sus intereses. Byung-Chul Han, "considerado uno de los filósofos contemporáneos más destacados", ha recibido en Oviedo el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades del año del Señor de 2025, dotado con una escultura del Joan Miró, un diploma acreditativo, una insignia y 50.000 euros, que no son pocos.
A pesar de algunos acertados dardos de Han, que se repiten a lo largo de sus muchos y breves libros, como "la ilimitada libertad que nos propone el neoliberalismo no es más que una ilusión", "aunque hoy creamos ser más libres que nunca, la realidad es que vivimos en un régimen despótico neoliberal que explota la libertad"...), su crítica no deja de ser tibia y superficial, porque no profundiza en lo estructural.
Uno, dice Han, se imagina que es libere pero, en realidad, lo que hace es explotarse a sí mismo voluntariamente y con entusiasmo hasta colapsar.
Hace suya, sin citar la autoría, la cita de un aforismo de Franz Kafka (1883-1924), cuando dice que somos como aquel animal que le arrebata el látigo a su amo y se autoflagela, creyendo que así se libera. Franz Kafka, en efecto, había dejado escrito: "El animal arrebata el látigo al amo y se fustiga a sí mismo para convertirse en amo, y no sabe que esto es solo una fantasía producida por un nuevo nudo en la correa del látigo del amo" ("Das Tier entwindet dem Herrn die Peitsche und peitscht sich selbst, um Herr zu werden, und weiß nicht, daß das nur eine Phantasie ist, erzeugt durch einen neuen Knoten im Peitschenriemen des Herrn").
En clave hegeliana, el animal kafkiano representa la figura del esclavo que, al rebelarse, cree liberarse, pero al imitar la figura del amo reproduce la estructura del dominio. En realidad todo su discurso y la tesis principal de su obra no es más que una variación sobre este aforismo kafkiano. El poder del señor el poder se perpetúa incluso a través de la rebelión del esclavo o, para el caso es lo mismo, del animal domesticado que se rebela: el acto de arrebatarle el látigo no rompe la estructura de dominación, sino que la reafirma bajo otra forma que resulta más efectiva. El esclavo se explota a sí mismo, se autoflagela, y lo peor de todo es que cree que así se libera del señor.
Frente a fenómenos contemporáneos como la digitalización (teléfonos inteligentes, redes sociales, Inteligencia Artificial...) Han insiste en que nos hemos convertido en esclavos de la tecnología, en lugar de ponerla a nuestro servicio, de forma que no es nuestro producto, sino que nosotros somos su producto. Las redes sociales, por ejemplo, no nos socializan sino que nos aíslan más de lo que estamos.
Frente a la democracia como régimen político dominante propone que debe basarse en la moral y en la virtud del respeto. Su discurso se vuelve así moralista.
Su discurso, en alemán, no está mal elaborado. Comienza haciendo referencia al magisterio de Sócrates y a la labor del filósofo como tábano que irrita a sus congéneres: La misión del filósofo consiste precisamente en agitar, despertar, criticar y recriminar a sus compatriotas, como hacía Sócrates, que se comparaba con un tábano que pica y así espolea y estimula al caballo remolón. "Yo soy un filósofo", afirma con presunción por su parte, y acaba diciendo que, aunque sus libros han sido muy criticados -se han vendido como rosquillas, convirtiendo al autor en un superventas autor de best-sellers de filosofía ligera-, y ha irritado a la gente como el tábano socrático, no ha irritado tanto cuando, asegura con socarronería, no ha sido condenado a muerte como Sócrates, y sí ha recibido, en cambio, el reconocimiento de la Fundación Princesa de Asturias con el suculento botín que se ha llevado.
“Tengo la esperanza de que colapse el sistema y esto va a pasar pronto”, dice a La Voz de Asturias el filósofo galardonado Byung-Chul Han, metiéndose a profeta.
Dos palabras castellanas, fiesta y
siesta, reivindica Han, y vaticina que “el capitalismo
implosionará -¡toma ya!-
por su propia contradicción fundacional”.
oOo
Eslóganes: El dinero digital es control social. Nada que objetar al lema. Más reprochable es el siguiente que esgrimen algunos: Defiende el efectivo, ¡por tu libertad!
Recordemos a san Juan Crisóstomo, Padre de la Iglesia primitiva, que, anticipándose a Proudhon, sentenció que todo rico es un ladrón o un heredero de ladrones.
oOo
Saco de Teología Negativa del Tiempo de M. Theunissen, libro aún no traducido al español, esto: “El Tiempo nos domina a nosotros, las personas, y a las cosas”.
(«Die Zeit herrscht über uns, über uns Menschen wie über die Dinge»)
Sugiere Theunissen que no
somos los señores del tiempo, sino que es él quien se enseñorea de
nosotros: tiempo no es lo que vivimos, sino lo que se nos impone.
oOo
¿Por qué, si el médico
me ha recetado tomar una píldora diaria durante tres días, tengo
que comprar en la farmacia un envase que contiene treinta
comprimidos?
Pronostica
Byung-Chul Han en su libro “La expulsión de lo distinto”
(Barcelona, Herder, 2017) que en el futuro habrá una profesión que consistirá en la escucha y un profesional que
se llamará oyente, al que
pagaremos por tener la paciencia de escucharnos. Si se
cumple esta profecía, vendrá el llamémoslo listener con
flagrante anglicismo a suplir la figura trasnochada del psicoanalista laico y del confesor
católico, ahora que ha desaparecido la confesión individual en la
intimidad del confesonario donde se establecía, bajo el llamado secreto de confesión, una secreta complicidad tras el examen de conciencia y el acto de contrición entre
el sacerdote y el penitente
arrodillado ante él,
sustituida en muchas parroquias por la moderna y aséptica confesión
colectiva ante la impersonalidad de Dios, que es el Ser Supremo.
Vendrá el listener también a sustituir al paciente amigo que
escuchaba nuestros problemas y servía de paño de lágrimas y
consuelo a nuestras penas en torno a un café o a una copa, ahora que
ya no hay amigos de verdad, y sí, sin embargo, numerosos followers
y no pocos contactos virtuales en nuestra agenda digital, donde
acumulamos soledades a lo largo de nuestra timeline, sin experimentar nunca el vértigo del
encuentro con alguien distinto, con el otro, y no con un clon o trasunto de nosotros
mismos desesperados por distinguirnos en algo de los demás.
En
una de sus Cartas a Milena, escribía Kafka, citado por
Byung-Chul Han, sobre lo absurdo que le parecían las relaciones por
correspondencia, lo que podría muy bien aplicarse a nuestras
conexiones y contactos numéricos hodiernos. Decía: “¿A quién
se le habrá ocurrido pensar que la gente podía relacionarse por
correspondencia? […] Los besos escritos no llegan a su destino,
sino que los espectros se los beben por el camino”. (F. Kafka,
Cartas a Milena, Madrid, Alianza, 2016, p. 333).
El signo patológico de nuestro tiempo no es la represión sino la
depresión como consecuencia de nuestra autorrealización, obligados como nos vemos a
aportar un rendimiento extraordinario de nosotros mismos que nos deprime: heautontimorúmenos: verdugos que se autoinfligen martirio y se convierten en sus propias víctimas.
Nos obligamos a ser auténticos, es decir, iguales a nosotros
mismos, autores y creadores del fetiche de nuestra propia identidad personal, falsa pero real, fieles a ella.
Narcisistas como somos no podemos amar al otro, ni tampoco a nosotros mismos,
cosa que no es tan mala, sino el autorretrato que proyectamos de
nosotros mismos, nuestra propia imagen o caricatura, que está en constante
fabricación.
Somos incapaces de escuchar a nadie que no seamos nosotros mismos, porque
vivimos encerrados bajo arresto domiciliario, como la tortuga
en su caparazón, o el caracol en su concha, donde no pueden irrumpir
los demás. La micropantalla no nos deja ver, nos obnubila,
impide la mirada y nos ciega. Los auriculares nos ensordecen.
De la Red obtenemos información sin que sea necesario que salgamos al
espacio público a buscarla, ya que es ella la que entra en nuestra
vida privada impunemente a buscarnos a nosotros y a preocuparnos, pero
esa intercomunicación digital que nos conecta con
los demás, paradójicamente, nos aísla. La Red es una caja de
resonancia de nuestra voz, como la botija vacía de Ferlosio donde
retumban nuestros propios pedos. Es verdad que destruye la distancia que
nos separa de los otros, pero eso no significa que surja el calor
humano, que no surge, de la cercanía personal.
Además, los medios sociales proporcionan exclusivamente información, pero no
fomentan la discusión y crítica de las ideas, sino sólo la autopromoción del informante,
que hace publicidad de sí mismo y su marca registrada: EGO trade mark.
La verdad es que oímos muchas cosas, hay mucho ruido ensordecedor, pero pocas
nueces: no nos detenemos a escuchar las voces y no nos paramos a
distinguirlas, como decía Machado, de los ecos. Hemos perdido la
capacidad de escuchar a los demás. Hoy cada cual convive con sus
penas, con sus miedos, con sus sufrimientos, porque, y esto es lo más
importante, el dolor se ha privatizado, se ha individualizado, se ha
personalizado, impidiendo de este modo su politización, es decir, la
transposición del ámbito privado al espacio público. El
sufrimiento humano ya no es un problema sociológico, sino
psicológico; ya no es político, sino individual y personal.
La
corrupción es el régimen: un titular impecable de un artículo
periodístico cuya lectura resulta penosa al fin y a la postre porque el periodista, después de haber hecho el descubrimiento que revela la fórmula que ha utilizado para título, nos distrae de ese
hallazgo especificando que el régimen del gobierno actual es la corrupción, ignorando que el régimen actual, independientemente del partido o coalición política que lo regente,
es la manifestación concreta del Régimen general abstracto del Dinero.
Tomado de Off-Guardian
Escribía
Byung-Chul Han en su libro 'La Sociedad del Cansancio': En el
futuro habrá, posiblemente, una profesión que se llamará oyente. A
cambio de pago, el oyente escuchará a otro atendiendo a lo que dice.
Acudiremos al oyente porque, a parte de él, apenas quedará nadie
más que nos escuche. Pero no solo estaba retratando el futuro,
sino el pasado, cuando tenía prestigio la figura del confesor, que
escuchaba nuestra confesión y la guardaba bajo secreto, y retratando
el presente con la figura del psicoanalista, el psicólogo o el psicoterapeuta, que nos escuchan y facturan por hacerlo.
Tomado de El Mundo Today
Cuanto más
desciende el consumo familiar y tradicional de televisión, más pugnan las
emisoras y cadenas tanto públicas como privadas por competir entre sí tratando de aumentar los índices de audiencia haciendo lo que sea a
fin de conseguirlo, lo que se debe sin duda al viejo prestigio del electrodoméstico. Ya profetizó Alain Touraine: "La televisión será la base de la opinión pública". Por eso le interesa tanto al Estado -la televisión pública- como al Mercado -las cadenas privadas- configurar la opinión de la mayoría.
Escribe Gabriel Pérez-Juana en sus redes sociales: El
descubrimiento de la mentira de la Realidad es la única alegría
verdadera. Y esa alegría se manifiesta de muchas maneras. Se da en
los abrazos, en los razonamientos desmandados, en la duda, en la
contradicción, en el humor inteligente, en la ausencia de
objetivos... y en definitiva, en lo que no está dicho y hecho, que
es a lo que nos dedicamos la mayor parte de lo que llamamos "vida".
Vuelve a sorprendernos con una viñeta EL ROTO-OPS publicada en El Periódico Global de referencia que muestra una cara humana tatuada con logos de distintas marcas o etiquetas económicas, y la declaración de ese busto parlante que dice: "No acepto que me pongan ninguna etiqueta política". No ve que las etiquetas políticas las tiene bien impresas en su rostro. Es una declaración muy similar a la del idiota aquel que decía que él no quería saber nada de política, que se desentendía de ella, no acertando a ver que la tenía bien metida dentro. Distinguir política de economía no tiene ningún sentido, igual que Estado y Mercado, que son las dos caras de la misma moneda.
Escribe Félix de Azúa en su columna
El sol crece, publicada en The objective el 4 de enero de 2025 a propósito de las celebraciones de fin de año al son de las doce campanadas y los fuegos artificiales que llenan el mundo, aludiendo a diversos personajes nacionales sin citar sus nombres propios que desde la televisión pública y la privada han celebrado las doce campanadas: "Eso en
Madrid, pero en el mundo entero lo propio de la festividad es llenar
el cielo de fuegos artificiales. Fíjense en el nombre, son
fuegos, pero artificiales, como la madre semidesnuda, la obesa
chistosa o el bufón del gobierno. Todo es artificio y la
fiesta misma es otro artificio del Estado para obligarnos a ser
felices y divertirnos en horario fijo".
Viendo lo que se divulga por la red del filósofo coreano Byung-Chul Han y sobremanera en el texto ¿Queremos ser realmente libres?, tal parece que su discurso se va reduciendo cada vez más a una marca de verborrea mortecina que ayuda a la confusión reinante, a partir de frases impactantes e incluso en ocasiones párrafos provocativos, pero no ayuda a clarificar lo que nos pasa; por ello se me ocurrió ilustrarlo con un ejemplo introduciendo otras expresiones con algo de sentido como elemento de comparación. Entre comillas aparecen los párrafos de Han y entre corchetes las apostillas y glosas oportunas.
《Los residentes del panóptico digital se comunican intensamente y se desnudan por su propia voluntad. Participan de forma activa en la construcción del panóptico digital. La sociedad del control digital hace un uso intensivo [y contraproducente de la contraposición y sustituto] de la libertad. Es posible solo gracias a que, [movilizando la voluntad], tienen lugar una [identificación] y desnudamiento propios. El Big Brother digital traspasa su trabajo a los reclusos. Así, la entrega de datos [se lleva a cabo] por una necesidad [de ser 'Yo, me, mi, conmigo']. Ahí reside la eficiencia del panóptico》.
《Hoy nos ponemos al desnudo [por imperativo de la identidad y pertenencia a esa 'mayoría social']. Subimos a la red todo tipo de datos e informaciones sin saber quién, ni qué, ni cuándo, ni en qué lugar se sabe de nosotros. Esta [exposición alimenta la ilusión, compensatoria del aislamiento infligido, de pertenencia e integración en una comunidad de destino]. En vista de la cantidad y el tipo de información que [con la movilización de la voluntad] se lanza a la red indiscriminadamente, el concepto de protección de datos [es señal inequívoca de la estupidez que se ha logrado》.
《El secreto, la extrañeza o la otredad representan obstáculos para una comunicación ilimitada. De ahí que sean desarticulados en nombre de la transparencia. La comunicación se acelera cuando se allana, esto es, cuando se eliminan todas las barreras, muros y abismos. [A las personas se las vacía], porque la interioridad obstaculiza y ralentiza, [para reconstruirlas y proporcionarles funcionalidad] . [Este vaciamiento, que en un primer momento alivia de la soledad constitutiva], tiene lugar en pos de la [aparente] diferencia o diversidad comunicable o consumible. El dispositivo de la transparencia obliga a una exterioridad total con el fin de acelerar la circulación de la información y la comunicación. La apertura sirve en última instancia para la comunicación ilimitada, ya que el cierre, el hermetismo y la interioridad bloquean la comunicación》.
《La sociedad de la transparencia, [con sus enredamientos asociales no tiene otro fin que mantener y exacerbar las dos condiciones complementarias de todo individuo bien conformado, es decir, la de] espectador y consumidor, [ahora enriquecidas con la ilusión de sentirse actor al verse reflejado en el pantallaje de los dispositivos, lo que permite integrar todo en uno, es decir, contemplar, consumir y participar activamente en el espectáculo administrado con todos los honores mediáticos, facilitando que] la persona misma se positivice en cosa, que es cuantificable, mensurable y controlable, [es lo que tiene la acumulación de datos y su retroalimentación algorítmica] 》.
《Todo dispositivo, toda técnica de dominación, genera objetos de devoción que se introducen con el fin de someter. ... El smartphone es un objeto digital de devoción, incluso un objeto de devoción de lo digital en general, [como otros lo fueron con anterioridad, prensa, radio, cine y TV , aprovechados también ahora por lo digital]》.
[Los sustitutos y compensaciones sirven ante todo para ganar tiempo, entretenimiento y productividad, factores que el Dinero necesita para mover el capital y con él a todos nosotros para mayor gloria y encarnación del Estado y el Capital en sus excelsas figuras y en cada uno de nosotros que somos sus devotas criaturas].
Lasciate ogni speranza voi che entrate, escribió el Dante en el canto III del Infierno: Dejad toda esperanza los que entrades en este infierno dantesco que es este mundo, no "el otro", del que no tenemos ninguna certidumbre, y no hagáis caso de los cánticos de sirena que os invitan a la resignación diciéndoos que no perdáis la esperanza, que es lo último que se pierde. Antes al contrario, hay que perderla pronto, porque de ella y sólo de ella depende nuestra desesperación, por aquello de que quien vive de esperanza muere desesperado, o el que espera desespera.
La esperanza no es buena, pese a la doctrina católica que la califica como una de las tres virtudes teologales junto con sus hermanas la fe, que tampoco es buena, y la caridad, que es la cara santurrona y beata del amor. La esperanza no es una virtud, sino un vicio, uno de los peores que hay.
Un refrán griego antiguo dice
así en un trímetro yámbico: αἱ δ᾽ ἐλπίδες βόσκουσι τοὺς κενοὺς βροτῶν las esperanzas nutren al
vano ser mortal, es decir que los que tienen la mente vana, los
casquivanos o ligeros de cascos de entre los seres humanos, la mayoría democrática estadísticamente hablando por lo tanto, suelen no
sólo alimentarse sino cebarse del pienso de la esperanza.
Y es que la esperanza para los antiguos griegos no tenía la connotación positiva que tiene
para el mundo moderno occidental y cristiano, sino que es algo esencialmente
negativo, porque fue el poso que quedó en la jarra o tinaja de Pandora
cuando esta dejó escapar sin querer todos los males que había dentro
menos uno: la esperanza, que, por algo, según nuestro refrán, es lo
último que se pierde, el poso amargo que siempre nos queda en los adentros.
Para ellos y para nosotros la esperanza no deja de
ser un engañoso trampantojo y una ilusión: el bálsamo que nos ayuda a soportar lo
insoportable refugiándonos en el fantasma de un futuro esencialmente
inexistente. Nutrirse de esperanzas es alimentarse de ilusiones falsas que se lleva el viento y
engañarse.
Byung-Chul Han (1959-...)
Ella nos hace aguantar lo inaguantable, y por eso un filósofo tan agudo y perspicaz como Byung-Chul Han, el filósofo superstar y superventas que ha destacado por su crítica incisiva y mordaz de la sociedad del cansancio, se alinea ahora, como ya hizo durante la pandemia, con el establishment que tantas veces ha denunciado, y dice que "sin esperanza sólo corremos hacia la muerte".
Dicen que el filósofo del desencanto sale por fin del túnel de la desesperación en su último libro, esperanzado... A través de nuestras pantallas, nos encontramos constantemente expuestos a narrativas apocalípticas de toda clase: el miedo a las pandemias, al colapso climático o a una próxima guerra mundial es omnipresente. Lo apocalíptico (se) vende muy bien, pero nos llena de temor, resentimiento y odio que erosionan la solidaridad y la empatía, y, en última instancia, ponen en riesgo la democracia que con tanto celo defiende Han. El coreano se aleja del patrón crítico que hasta ahora había defendido predicando la esperanza que, según él, es revolucionaria.
¿Qué es la Nueva Normalidad si no la digitalización
del mundo o idealización a través de imágenes y cuantificación numérica de la Realidad,
por decirlo de otra manera, y, en última instancia, también de
nosotros mismos?
El
proceso de digitalización había comenzado mucho antes de la
pandemia, a principios del siglo XXI, con
lo que se dio en llamar la Revolución Tecnológica; sin embargo el
cambio vertiginoso de paradigma sólo podía darse con un
acontecimiento brusco, con un golpe de timón contundente como fue la Pandemia
Universal declarada por la OMS, avalada por la mayoría de los
gobiernos y por la desproporcionada cobertura mediática que obtuvo,
factores que aceleraron el fenómeno sobremanera, y que nos
condenaron al aislamiento del confinamiento sanitario.
En
la fase actual en que nos encontramos de pospandemia, no podemos
evitar la tentación cuando estamos con otras personas de consultar
nuestros teléfonos inteligentes. Ellos son la sede ahora de nuestra
memoria y de nuestra actividad cerebral, por lo que, a pesar de la
interconexión reinante, nos sentimos más incomunicados y más solos
que nunca.
En lugar de tejer relaciones con los demás, nos proyectamos
cada vez más en nosotros mismos, y acumulamos
amigos y seguidores, sin encontrarnos los unos con los otros. La
digitalización hace desaparecer al otro, permitiendo que florezca el
narcisismo y la egolatría.
Narciso, Jody Kelly.
Si
la pandemia agravó la pérdida de lazos de comunidad, la pospandemia, no
ha hecho que volvamos a la situación anterior a la pandemia, sino
que vivamos esta nueva fase como un intervalo entre pandemias, que ya
se han instalado en nuestro imaginario colectivo. De hecho, la OMS ya
pronostica para el año que viene una nueva pandemia bajo la amenaza permanente de “otro
patógeno emergente con un potencial aún más mortal".
Vivimos en
estado permanente de alarma, aunque ahora estemos en posición de
stand by, por lo que las cosas no han vuelto ni volverán a ser
nunca como antes. De hecho, podemos decir, las
cosas van desapareciendo paulatinamente de nuestro mundo, y también
las personas, convertidas en 'contactos' sin tacto.
Ya
no hay cosas ni personas en el mundo. Se puede decir que el fin del
mundo tal y como lo conocíamos ya ha tenido lugar. Cosas y personas
han sido sustituidas por las ideas platónicas y por los números que
las cuantifican. Las ideas han desplazado a las cosas. Hemos vuelto a
la caverna de Platón. La digitalización ha hecho que el mundo,
informatizado, sea menos tangible, menos palpable, menos físico, y
más ideal, pero no por ello menos real, y ha hecho que
se multiplique como un tumor cancerígeno la información.
Narciso, Caravaggio (1594-1596)
La digitalización elimina los
recuerdos de nuestra memoria, que, atrofiada, pierde el sabor y
el aroma de las cosas y acumula a cambio datos e información innecesaria
almacenados en nuestro teléfono inteligente, que es la sede de
nuestra memoria: es nuestra alma, nuestro consejero espiritual ante
el que nos confesamos, nuestro objeto de fe y de devoción. Si
queremos entender en qué tipo de sociedad vivimos, tenemos que
comprender qué es la información, una información que se rebela
enseguida falsa, que no permanece, dada su nula vigencia y su fugacidad. La
información, no las cosas, es lo que define nuestra relación con el
mundo pospandémico. Como acertó a decir ingeniosamente Byung-Chul
Han, ya no habitamos la tierra y el cielo, sino Google
Earth y la Nube en su lugar.
Si
percibimos la realidad no como una experiencia sensible, sino en
términos de información, la estamos despojando de su esencia, y eso
nos hace insensibles ante la belleza. Nuestra percepción se reduce a
la información de los datos y noticias -ideas y números- de la
realidad.
Si recurro a una imagen mitológica que explique lo que estamos
viviendo, me viene enseguida a la cabeza la de “Eco y Narciso” que pintó John
William Waterhouse en 1903, donde nosotros somos Narciso, que no ve a
la ninfa Eco que representaría la realidad carnal y la belleza sensitiva que, triste, lo contempla a él que se contempla a sí mismo y no la ve a ella en el solipsismo del espejo
de su teléfono inteligente, el lago en el que se sumergirá y
ahogará.
¿Es Byung-Chul Han un
nuevo astro rutilante de la filosofía moderna o más bien, haciendo
uno de esos juegos de palabras a los que él es tan aficionado, un filosofastro? No se
puede negar que es el filósofo más famoso del mundo en la
actualidad. Su libro de hace diez años 'La sociedad del cansancio' se ha traducido a cuarenta idiomas. Un superventas. Un superstar. El que más vende y el que más y mejor se vende, el más
vendido y comercial, leído incluso por personas que no leen nunca ensayos filosóficos.
Se deja ver con mucha dificultad. No le gusta prodigarse en viajes pero ha hecho una excepción aceptando la invitación de la UIMP de Santander
este verano para conocer a su público español. Hay una larga cola para obtener la firma preciada del autor. Odia ser grabado, sólo se siente cómodo
expresándose en alemán. A pesar de su origen coreano, se vende como deustcher Philosoph, haciendo suyo el prestigio de la lengua de Marx, Freud y
Nietzsche. ¿El inglés? Es el instrumento de los dominadores, la
lengua del Imperio, como decimos a veces por aquí, en la que rechaza expresarse.
Crítico de la
digitalización, que no aborrece sin embargo, lamenta su mal
uso al servicio del capital y de la economía. Dice cosas ingeniosas
en pocas palabras como que ya no habitamos el cielo y la tierra, sino la
Nube y Google Earth en su lugar. Escribe muchos libros breves de no más de cien páginas
cada uno con frases concisas, contundentes, lapidarias y viralizables
enseguida.
Del esmarfon, al que denomina Phono Sapiens, sólo le
interesa la posibilidad de identificar algunas plantas. Confiesa que solo lo lleva encima cuando sale al encuentro del reino vegetal. Los
aficionados a la botánica, sin embargo, dicen que aplicaciones como PlantNet
fallan más que una escopeta de feria. Solo exhibe ahora un
viejo nokia que muestra al público para darle la hora y servirle de
teléfono, sin conexión a la Red.
El filósofo, que hace
alarde de su profesión, se dedica a cultivar, epicúreamente, su
jardín particular, su jardín secreto, lo que le reporta bienestar y
felicidad. El jardín es un lugar romántico. Según él, un antídoto contra la digitalización y la informatización del
mundo.
No hace falta orientalizar Occidente, dice, porque Occidente
dispone de su propio jardín oriental de literatura y delicias, que
es el romanticismo, del que se declara heredero, todo un neorromántico.
¿Crítico con la
pandemia? En cuanto nos obliga a fijarnos en las pantallas alejándonos
del mundo y alienándonos. En ningún caso critica el tratamiento
político que se ha hecho de ella, sino que se inscribe dentro de la corriente oficial.
En realidad su crítica a la digitalización tampoco es tan radical como parece a primera vista, sino bastante superficial. Todos los medios tienen un potencial emancipador, dice, y la digitalización no podía ser menos. El problema es que, mal dirigida, podría llevarnos al totalitarismo y al capitalismo de la vigilancia.
Cuando se le pregunta
por los filósofos actuales, afirma que los lee poco, que prefiere los
clásicos, sobre todo Nietzsche, siempre actualísimo, y
especialmente Walter Benjamin, el único filósofo al que le gustaría
abrazar.
Aprecia a Giorgio
Agamben, pero dice que ha desbarrado con la pandemia porque equiparó el
Green Pass a un medio de control y discriminación de los ciudadanos, dando pábulo a las teorías de la conspiración, por lo que no ha rendido un buen servicio a la filosofía. Encerrado en su propia prisión, Agamben ha dejado de pensar, cautivo de su propio pensamiento. Le
sugiere sin embargo al rector de la UIMP, presente ocasionalmente en la sala, que
invite a Agamben el próximo curso a impartir una lección magistral, si bien es un filósofo difícil de entender por el
gran público porque habla igual que escribe.
La idea agambeniana del «estado de excepción»,
ligada al totalitarismo, está hoy día obsoleta. No sirve para explicar
el presente según Han. De eso no se da cuenta Agamben. Reconoce sin embargo que Agamben tiene obviamente
razón al sostener que la pandemia trasformó la vida en
supervivencia, reduciéndola a «nuda vida», pero le reprocha su conspiranoia.
Byung-Chul Han
estuvo dos meses en Roma durante la pandemia. Puso como condición
que lo alojaran en una casa con jardín, y fue hospedado en la lujosa
Villa Massimo viviendo en su torre de marfil. Confiesa que fue muy feliz en la ciudad eterna, visitando pequeñas
iglesias católicas a las que iba en bicicleta. En una de ellas,
llamada San Bernardo alle Terme, tuvo incluso una suerte de revelación, como declaró a la prensa italiana:
comprendió que el Espíritu Santo es lo esencialmente Otro.
Aprovechando su estancia en Villa Massimo invitó a Agamben, como buenos colegas y discípulos que son ambos de Heidegger y Hanna Arendt. Pero Agamben se
disculpó enviándole un correo personal donde le decía que no podía asistir porque no tenía pasaporte cóvid, en Italia bautizado como green pass. Ni corto ni perezoso, Han hizo pública esta confesión leyendo el correo electrónico, acusando al filósofo italiano de
politizar una invitación amistosa, cargando contra él en los siguientes términos en un vídeo subido a la Red:
Esto es lo que dice Han: «He invitado a
Agamben a un encuentro en Villa Massimo. También el Goethe Institut
le ha enviado esta propuesta. Agamben me ha respondido a mí y al
director del Goethe Institut que temía no poder aceptar esta
invitación porque para ambas invitaciones le sería necesario el green pass. Él no tiene green pass. Depués de recibir este e-mail he
perdido mucho respeto por Agamben. Lo que hace es un abuso político
de una invitación amistosa. Usa la amistosa invitación para
manifestar testarudamente su problemática postura. Agamben en su
avanzada edad no se deja vacunar, porque ve en la vacunación un
objetivo político de dominio del Estado o porque como muchos
antivacunas teme que la vacunación lo haga volverse impotente, y
simplemente tonto. Yo mismo no estoy de acuerdo con el green pass en
el puesto de trabajo y en particular con la amenaza que nos pueda
caer encima si no se respeta la normativa. Pero aquí no nos sirve su
teoría del Estado de Excepción. Solo me gustaría preguntarle si
esta medida es conforme a la democracia y a la constitución. La
democracia no es algo que venga dado de una vez por todas, sino algo
por lo que es necesario luchar siempre. Tengo la sensación de que
Agamben no sabe qué es la democracia».
Byung-Chul Han, sin embargo, sí sabe lo que es la democracia, de la que se declara firme defensor, mientras que Agamben ha cometido el 'error' filosófico de equipararla con la perfecta dictadura contemporánea, desenmascarando la más y mejor cumplida encarnación del Estado de Excepción.
Han demuestra con esta declaración que no le llega ni moral- ni filosóficamente hablando a la altura de la suela de los zapatos al maestro italiano, él sí, un verdadero filósofo viviente.
Han no
es un astro de la filosofía, sino un filosofastro, es decir, un filósofo profesional sí,
como él se encarga de repetir constantemente, pero un filósofo fake, un filósofo virtual, un filósofo light, un bluf que no tiene
la calidad necesaria para ser considerado como auténtico filósofo.
Una cita de David Graeber sobre la relación que puede haber entre el trabajo asalariado y la esclavitud pone las cosas para que las entendamos en su sitio: Los primeros contratos salariales que se conocen fueron en
realidad los de los esclavos. ¿Qué os parece un modelo de
capitalismo surgido de la esclavitud? Donde algunos antropólogos
como Jonathan Friedman afirman que la esclavitud no era más que una
versión antigua del capitalismo, nosotros podríamos argumentar
fácilmente, de hecho con mucha más facilidad, que el capitalismo
moderno es en realidad una versión renovada de la esclavitud. Ya no
es necesario un grupo de personas que se dedique a vender o alquilar
a otros seres humanos, nos vendemos nosotros mismos. Pero en
definitiva no existe una gran diferencia. ('Fragmentos de antropología anarquista', edit. Virus, Barcelona 2017).
La idea subrayada por mí en negrita de que "nos vendemos nosotros mismos" se agrava con la autoexplotación, como la define Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio (edit. Herder, 2015): El exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en autoexplotación. Esta es mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad. El explotador es al mismo tiempo el explotado. Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse.
Nada más engañoso, en efecto, y autocomplaciente que ese sentimiento de libertad que acompaña según el coreano a la autoexplotación porque uno se engaña a sí mismo creyéndose erróneamente libre al no ser explotado por los otros.
El hombre depresivo -escribe Han- es aquel animal laborans que se explota a sí mismo, a saber, voluntariamente, sin coacción externa.
Del homo faber al animal (tele)laborans
En La agonía de Eros (edit. Herder 2015) desarrolla Byung-Chul Han esta teoría: El sujeto actual del rendimiento se parece al esclavo hegeliano, si bien con el detalle de que no trabaja para el amo, sino que se explota de manera voluntaria a sí mismo. Como empresario de sí mismo es amo y esclavo a la vez. Se trata de una unidad funesta que Hegel no pensó en su dialéctica. El sujeto de la propia explotación está privado de libertad en idéntico grado que el sujeto de la explotación ajena. Si entendemos la dialéctica de amo y esclavo como historia de la libertad, no se puede hablar del final de la historia, pues todavía estamos muy lejos de ser realmente libres. Bajo esa hipótesis, hoy nos encontramos en un estadio histórico en que el amo y el esclavo forman una unidad. Somos amos del esclavo o esclavos del amo, pero no hombres libres, cosa que habría de hacerse realidad, justo al final de la historia. Y según lo dicho, la historia, entendida como historia de la libertad, no ha llegado al final. Sólo llegaría al final cuando nosotros fuéramos libres de hecho, cuando no fuéramos ni amos ni esclavos, ni esclavos del amo, ni amos del esclavo.