-No te está "copiando el look", se llama Zeus y, para colmo, está aquí desde antes que nosotros.
-No te está "copiando el look", se llama Zeus y, para colmo, está aquí desde antes que nosotros.
Una semana después de la publicación de este artículo, en una carta al director del mismo diario, un lector indignado defiende a capa y espada "el posible hallazgo del Bosón de Higgs". Se trata de Manuel Lozano Leyva, Catedrático de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la Universidad de Sevilla. He aquí su carta:
Haciendo uso de razonamientos de estética filosófica, o algo así, el profesor Agustín García Calvo menosprecia el posible hallazgo del bosón de Higgs. Aunque sea curioso el uso que hace de su derecho a opinar lo que se le ocurra con argumentos pintorescos, considero inquietante que sostenga que algunas conquistas de la ciencia (de su artículo quizá podría deducirse que todas) sirvan para saciar la “necesidad de fe y diversión”. Esas intenciones las tienen otros, no los científicos. La pose supuestamente sublime de desdén hacia la ciencia la suelen ostentar, aparte de los que les atrae el siniestro poder que da la religión, aquellos intelectuales incapaces de desarrollar la creatividad del arte, la fuerza de la literatura o el portentoso desafío de escudriñar científicamente la intimidad de naturaleza. O sea, aquellos que se encuentran a gusto instalados permanentemente en la más absoluta irrelevancia.
Se trata de una defensa corporativista y acérrima de la ciencia y de los científicos y de su progreso en pos de una verdad absoluta que no poseemos contra el ataque perfectamente lógico y de sentido común de García Calvo, que algunos humoristas como Montt y El Roto, que citábamos al principio, que haciéndose eco del sentir popular, ya habían satirizado y ridiculizado la pretensión de que el susodicho bosón fuera la partícula divina, precisamente como un 'acto de fe y diversión' motivado por "el siniestro poder que da la religión" porque no olvidemos que el humor es la mejor crítica contra la seriedad de los que creen "escudriñar científicamente la intimidad de naturaleza".

Entre las razones que aducía Roland Topor (1938-1997) para suicidarse las hay para todos los gustos: desde políticas como no tener que tomar partido en las próximas elecciones democráticas, económicas como librarse de pagar impuestos o el alquiler de la vivienda, hasta frívolas (poner freno a su calvicie o adelgazar sin hacer régimen) y nostálgicas como que París ya no es lo que era. Alguna es un pequeño homenaje, como el lamento por la muerte de Groucho Marx, y otras nos hacen sonreír por su ironía (querer dotar al siglo XX de un hecho trascendental como sería la propia muerte del artista), sarcasmo y, en definitiva, por el humor negro que siempre se le ha atribuido y que destila.
A las 'cien buenas razones para suicidarse ya' que esgrimía habría que añadir una más, que sería: Para escapar de la imposición de la Navidad, que, de ser una fiesta religiosa cristiana que conmemoraba el nacimiento o natividad de Nuestro Señor Jesucristo, el Salvador, se ha secularizado y universalizado convirtiéndose en una fiesta consumista, que coincide con el solsticio de invierno y el nacimiento del Sol Pagano y con la celebración de las saturnales entre los antiguos romanos.
Prueba de la secularización o repaganización navideña es que ya solo los creyentes se atreven a felicitar las navidades como tales, limitándose la mayoría democrática de la gente, políticamente correcta, a felicitar las fiestas para no ofender a los musulmanes y a los ateos, con la celebración de comidas de empresa, previas a los ágapes familiares y hogareños de los días 24 y 25 de diciembre, generalizándose la entrega de regalos a los niños -y a los mayores, que siguen regalándose- a cargo de Santa Claus o Papá Noel, ese engendro de la Cocacola, en algunos países y de los Reyes Magos en el nuestro, en donde también se ha generalizado la costumbre extranjera.
Lo que hace Topor es formular doce propuestas para huir de las navidades, analizando brevemente los pros y los contras de cada una de ellas. Una de estas posibilidades es el suicidio, dada la ¿imposibilidad? de huir del calendario que se nos impone, cuya ventaja es que así se acaba no solo con las entrañables fiestas navideñas, sino con todo, y su inconveniente es que no es una propuesta muy original porque en realidad eso es lo que hace todo el mundo: quitarse la vida durante estas fechas, con la desventaja de que podría producirse el milagro nativideño, que sería insoportable, del re-nacimiento. Acaba Roland Topor deseándoles a sus lectores, como no podía ser menos, una feliz Navidad.
Estas razones para suicidarse y propuestas para escapar en Navidad de Roland Topor, que pueden leerse en nuestra pequeña biblioteca adjunta, fueron escritas probablemente en los años setenta del siglo pasado, por las alusiones a la realidad de aquel entonces -la muerte de Elvis Presley, por ejemplo, o la guerra del Vietnam- pero no fueron publicadas a título póstumo hasta 2018 por su hijo.
A) El Roto:
"En las guerras, el arma definitiva es la paz". Al margen del dibujo y de que sea una mujer, probablemente un ama de casa desde la cocina del hogar, quien lo dice, que también es significativo por aquello de que la primera guerra es probablemente la de los sexos, el texto de José Luis Rábago, alias El Roto, es muy contundente: El arma definitiva de la guerra es la paz. No hay ninguna sola guerra en la que no se esgrima el arma y la excusa o coartada de la paz. Los militares y los ejércitos en general son los más pacifistas, pero no olvidemos a Órgüel: war is peace (la guerra es la paz, y viceversa).
B) Los descosidos:
Vuelve la pesadilla de las mascarillas:
Crece la gripe, que todavía no tocaba, a raíz de lo que sí: la vacuna contra ella. El reyno de Aragón ordena ya mascarillas volungatorias en centros sanitarios.
Influenza aviaria:
En compás de espera:


Cada vez se oye más la frase “Sal de tu zona de confort” en todos los idiomas, como si el hecho de estar satisfecho fuera una culpa que tuviéramos que expiar.
Jota alternativa: La Virgen del Pilar dice que no quiere ser francesa ni quiere ser española, ni convicta ni confesa, ni tampoco capitana de la tropa aragonesa.


