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lunes, 2 de marzo de 2026

Pareceres CII

497.- Griego antiguo. Llevo años escuchando las mismas monsergas y pamplinas sobre la inutilidad del estudio del griego antiguo en los institutos, porque, vamos a ver, «¿para qué sirve?». Según los desorientados orientadores de los Departamentos de Orientación el griego antiguo es simplemente una lengua más que aprender, entre tantas otras, como el inglés, con la desventaja de que ya no se habla -o lo que se habla, que es el griego moderno, se habla tan poco que resulta insignificante- y la ventaja de que el inglés es una lengua viva y se habla a lo largo y ancho de todo el mundo. Pero no es así. El griego antiguo es mucho más que una lengua. Quien haya traducido a Platón sabe lo que significa perseguir una subordinada dentro de otra subordinada, suspendido en el vacío del significado, hasta que de repente todo se ilumina. Los mitos griegos no son cuentos para entretener a los niños. Son las primeras e insuperables cartografías del alma humana: la hybris o soberbia, la némesis, y el destino que se cumple precisamente al intentar evitarlo: Ningún manual de psicología ni de autoayuda al uso puede sustituir a Edipo, Prometeo, Antígona, Sísifo... Pero qué importa, lo importante hoy en día son las «competencias curriculares» orientadas a preparar al futuro currante/parado para el mundo del trabajo y a la prostitución del 'mercado laboral'. Todo debe ser «útil», y tender a eso. Y, desde luego, el griego no sirve para nada de eso. 
   498.- In the army now.  Los gobernantes europeos siguen erre que erre insistiendo en la guerra contra Rusia. En algunos países del viejo continente ya ha comenzado el reclutamiento para un conflicto inminente. Hasta hace poco, las naciones escandinavas eran idealizadas como lugares modernos y progresistas ideales para vivir. Su población, con un alto nivel cultural y económico, abrazaba los valores liberales y rechazaba el patriotismo etnocéntrico abriendo sus puertas a los inmigrantes, en particular a los musulmanes. Solo contaban con ejércitos simbólicos que impulsaban políticas de diversidad e igualdad. Pero se acabó el pacifismo: Suecia y Finlandia, tras décadas de neutralidad, se han unido a la OTAN. Sus ciudadanos se enfrentan al alistamiento para una posible guerra, que incluye a las mujeres, porque ahora el reclutamiento se plantea con perspectiva de género, por mor de la plena igualdad. ¿Se extenderá por toda Europa el servicio militar obligatorio? Para calmar la preocupación, el gobierno español afirma que no es necesario... de momento por ahora. Pero los gobiernos, como se vio durante la pandemia del virus coronado y las campañas del Cero Neto, no pintan gran cosa a la hora de tomar las decisiones que más nos afectan, sino Don Dinero, el más poderoso de todos los caballeros.
 
Señales, Chelo (2025)
 
499.- Libertad de elección. Hay quien confunde posibilidad de elección con libertad, y cree que somos libres porque podemos elegir democráticamente entre varios partidos políticos que nos gobiernen.¡Qué ingenuidad! Cuando elegimos entre varias opciones, nos sometemos a la tiranía de la oferta previa que hay en el mercado. Y eso no es libertad, sino sumisión. La libertad se definiría negativamente cuando no hubiera mercado ni oferta previa que condicionara nuestra elección, sino un verdadero mar de posibilidades en el que poder naufragar, y que, por lo tanto, nuestras opciones no dependieran de los intereses económicos, a los que suele responder la demanda de nuestra voluntad supuestamente libre y nunca más sumisa que cuando se plantea qué elegir en una espiral o círculo vicioso en que la serpiente se muerde la cola y ya no sabemos si es la oferta la que genera la demanda o la demanda la que crea la oferta. La acción de elegir aumenta la ceremonia de la confusión, porque en lugar de mostrar así nuestra libertad, fortalecemos la voluntad individual y personal, creando nuestro ego, ese fetiche que se convierte en nuestro carcelero, esa fragilísima burbuja de cristal en la que vivimos, esa ilusión, falsa como todas las ilusiones, de libertad. 
  
500.- Novela: Ante la imposibilidad de definir lo que es una novela con una definición que incluya todos los especímenes de ese género literario que acabó engullendo todos los demás géneros, carente de musa a diferencia de la tragedia (Melpómene), la comedia (Talía), la poesía lírica (Érato) o la Épica (Calíope) porque fue históricamente el último que surgió y el único que ha sobrevivido, Baroja optó por decir que era un saco en el que cabía todo.  Cela, por su parte, le puso la puntilla afirmando que novela es «todo aquello que, editado en forma de libro, lleva debajo del título y entre paréntesis la palabra "novela"». Ontológicamente la definición de Cela es impecable: una cosa es lo que se vende como tal cosa en el mercado bajo esa etiqueta. Y no hay mucho más que hablar.
 
  
501. - ¿Quién lava más blanco? Resulta curioso el repertorio de significados que atribuye la docta Academia al término blanquear, desde poner blanco algo, con sinónimos como blanquecer, enjalbegar, albear, enyesar, mostrar la blancura que tiene una cosa, hasta 'ajustar a la legalidad fiscal el dinero negro'. Es esta última expresión la que nos interesa porque contrapone el dinero blanco al dinero negro. Hay un dinero 'negro' que puede hacerse 'blanco' es decir, un dinero 'malo' que puede volverse 'bueno', porque estos colores son la metáfora moral y maniquea del bien y del mal. Y es curioso el uso que hacen los políticos, que no dejan de ser economistas, de la expresión 'blanquear', que los progresistas utilizan para la dictadura, que es intrínsecamente perversa y, critican a los nostálgicos que quieren blanquearla, es decir, presentarla como buena a los ojos de las nuevas e incautas generaciones. Quizá no deberíamos usar ningún detergente para blanquear el franquismo, o sea, la dictadura que padecimos en España, pero tampoco deberíamos blanquear la democracia que padecemos ahora en contrapartida y sus instituciones, a saber, las Comunidades Autónomas, el Estado Central, el Congreso, el Senado, el Ente Público de TVE y de Radio Nacional, RENFE, el CIS, la Casa Real, el Gobierno, el INI, o cualesquiera oras de las siglas con las que nos bombardean todos los días. Hay muchos jóvenes frustrados cuya rabia contra el sistema se encauza hacia el nazismo, el racismo y las organizaciones de ultraderecha, no por lo que afirman, que es algo completamente vil y despreciable, con lo que no se puede estar cabalmente de acuerdo, sino por lo que niegan, ya que se oponen radicalmente al sistema democrático vigente de dominación, no menos vil y despreciable. 
 

viernes, 6 de febrero de 2026

Libertad de elección

scinditur incertum studia in contraria uolgus (Virgilio, Eneida II, 39).
Traigo este hexámetro de Virgilio que aparece en el libro II de la Eneida, sacado de su contexto que ahora no viene mucho a cuento - (los troyanos no sabían qué hacer con el 'regalo' que les habían dejado los griegos a las puertas de la ciudad y mientras unos eran partidarios de introducirlo en la ciudadela como ofrenda sagrada, otros sospechaban que era una trampa y proponían prenderle fuego o arrojarlo al mar)- porque revela la división de la gente cuando no sabe qué hacer y se le presentan únicamente dos opciones, lo que configura la creación de dos bandos contrapuestos.

He aquí varias traducciones que tengo ahora mismo a mano, porque nunca hay una única que sea la definitiva: Irrisoluto, il popolo se divide in opposti partiti (Vittorio Sermonti), The wavering crowd is torn into opposing factions (H. Rushton Fairclough), Incierto el vulgo entre los dos vacila (A. Espinosa Pólit), Pártese en el votar el vulgo incierto (Virgilio Bejarano), El vulgo tornadizo se divide afanoso entre ambos pareceres (Javier de Echave-Sustaeta), Dudosa entre dos pareceres se divide la gente. (R. Fontán Barreiro), El populacho veleidoso se divide en querencias enfrentadas (anónima y literaria). 

  

 El incertum... uolgus de Virgilio se traduce por el vulgo, la gente, the crowd (la multitud), il popolo, el populacho... incierto, irrisoluto, tornadizo, veleidoso; el verbo scinditur por se divide, is torn, vacila, podríamos incluso decir a lo culto se escinde, y finalmente el sintagma preposicional studia in contraria por in opposti partiti, into opposing factions, entre los dos, en el votar, entre ambos pareceres, en querencias enfrentadas. Lo que sugiere el hexámetro es que hay dos bandos, facciones o partidos opuestos que se contraponen y que la gente, como es lo normal en una situación así, no sabe muy bien qué elegir y a qué bando apuntarse, mostrándose indecisa. 
 
Vivimos en un mundo de falsas dicotomías, bombardeado con visiones maniqueas propias del universo de los cuentos infantiles de buenos y malos. Las falsas dicotomías son el pegamento que dividiéndonos nos une y ensambla. Y lo peor de todo es que nuestra concepción moderna de la "libertad" precisamente se basa en la idea de que podemos "elegir" entre un conjunto de opciones preestablecidas y seleccionadas, y que nuestra elección es crucial y decisiva, cuando es absolutamente trivial e indistinguible de las demás. Entonces uno, cuando ha hecho su elección, se pone a defender su voto a capa y espada como el correcto -"estamos en el lado correcto de la Historia", como dicen algunos- y el que no coincide como erróneo y propio de tontos, aunque ambas opciones sean equivalentes y complementarias, de algún modo, la misma, dada la falsedad de la dicotomía. 
Theodor W. Adorno escribía en sus Minima moralia: "La libertad consiste no en elegir entre blanco y negro, sino en escapar de toda alternativa preestablecida". Y lo que dice es bastante razonable. No porque lo diga la autoridad de un prestigioso intelectual alemán, sino porque es algo que cualquiera ha pensado alguna vez o, si no lo ha hecho, a poco que lo piense ahora, acaba reconociendo que tiene razón enseguida. 
 
Ahondando un poco en lo que dice Adorno, podemos preguntarnos cómo se le puede arrebatar la libertad a un pueblo, y la respuesta salta enseguida a la vista de puro sencilla: ofreciéndole elecciones democráticas, presentándole una alternativa bipartidista o multipartidista, porque para el caso es igual,  ya que de esta manera le estamos obligando a elegir y, con su elección, a perder la libertad.
 
Si se le pregunta, en efecto, al pueblo qué partido prefiere que gobierne, uno de izquierdas o uno de derechas, estamos dando por supuesto que el pueblo quiere que haya un gobierno de uno u otro signo, en el fondo indiferentes. Si le preguntamos a alguien qué bebida prefiere, si cocacola o pepsicola,  estamos obligándolo a elegir entre esas dos opciones que son las únicas que le ofrecemos,  cuando, a lo mejor, no quiere beber, por lo que la elección resulta estéril. 
 Un clásico de Forges.
No es una pregunta trivial qué eliges, porque nos obliga a decantarnos entre dos opciones preestablecidas que se nos ofrecen, como si dijéramos entre dos productos del supermercado, cuando motu proprio no elegiríamos ninguno. 
 
La gente reconoce a veces que no hay buenas opciones, que todas son malas, pero enseguida surge la voz de las altas instancias que nos dice, dándonos la razón, que es la manera de quitárnosla, que elijamos sin embargo la que es a nuestro juicio la menos mala, la que más nos conviene, para que fortalezcamos con nuestra elección nuestra opinión propia y personalidad, e incluso, con argumento económico que es un guiño teológico, que elijamos la que más nos renta e interesa. 
 
El argumento del “mal menor” se impone ahora en todas las elecciones, para justificar la elección del mal de modo que no nos salgamos de los parámetros establecidos. La libertad de elección condiciona y por lo tanto anula nuestra libertad, que se convierte así en libertad condicional.