viernes, 6 de febrero de 2026

Libertad de elección

scinditur incertum studia in contraria uolgus (Virgilio, Eneida II, 39).
Traigo este hexámetro de Virgilio que aparece en el libro II de la Eneida, sacado de su contexto que ahora no viene mucho a cuento - (los troyanos no sabían qué hacer con el 'regalo' que les habían dejado los griegos a las puertas de la ciudad y mientras unos eran partidarios de introducirlo en la ciudadela como ofrenda sagrada, otros sospechaban que era una trampa y proponían prenderle fuego o arrojarlo al mar)- porque revela la división de la gente cuando no sabe qué hacer y se le presentan únicamente dos opciones, lo que configura la creación de dos bandos contrapuestos.

He aquí varias traducciones que tengo ahora mismo a mano, porque nunca hay una única que sea la definitiva: Irrisoluto, il popolo se divide in opposti partiti (Vittorio Sermonti), The wavering crowd is torn into opposing factions (H. Rushton Fairclough), Incierto el vulgo entre los dos vacila (A. Espinosa Pólit), Pártese en el votar el vulgo incierto (Virgilio Bejarano), El vulgo tornadizo se divide afanoso entre ambos pareceres (Javier de Echave-Sustaeta), Dudosa entre dos pareceres se divide la gente. (R. Fontán Barreiro), El populacho veleidoso se divide en querencias enfrentadas (anónima y literaria). 

  

 El incertum... uolgus de Virgilio se traduce por el vulgo, la gente, the crowd (la multitud), il popolo, el populacho... incierto, irrisoluto, tornadizo, veleidoso; el verbo scinditur por se divide, is torn, vacila, podríamos incluso decir a lo culto se escinde, y finalmente el sintagma preposicional studia in contraria por in opposti partiti, into opposing factions, entre los dos, en el votar, entre ambos pareceres, en querencias enfrentadas. Lo que sugiere el hexámetro es que hay dos bandos, facciones o partidos opuestos que se contraponen y que la gente, como es lo normal en una situación así, no sabe muy bien qué elegir y a qué bando apuntarse, mostrándose indecisa. 
 
Vivimos en un mundo de falsas dicotomías, bombardeado con visiones maniqueas propias del universo de los cuentos infantiles de buenos y malos. Las falsas dicotomías son el pegamento que dividiéndonos nos une y ensambla. Y lo peor de todo es que nuestra concepción moderna de la "libertad" precisamente se basa en la idea de que podemos "elegir" entre un conjunto de opciones preestablecidas y seleccionadas, y que nuestra elección es crucial y decisiva, cuando es absolutamente trivial e indistinguible de las demás. Entonces uno, cuando ha hecho su elección, se pone a defender su voto a capa y espada como el correcto -"estamos en el lado correcto de la Historia", como dicen algunos- y el que no coincide como erróneo y propio de tontos, aunque ambas opciones sean equivalentes y complementarias, de algún modo, la misma, dada la falsedad de la dicotomía. 
Theodor W. Adorno escribía en sus Minima moralia: "La libertad consiste no en elegir entre blanco y negro, sino en escapar de toda alternativa preestablecida". Y lo que dice es bastante razonable. No porque lo diga la autoridad de un prestigioso intelectual alemán, sino porque es algo que cualquiera ha pensado alguna vez o, si no lo ha hecho, a poco que lo piense ahora, acaba reconociendo que tiene razón enseguida. 
 
Ahondando un poco en lo que dice Adorno, podemos preguntarnos cómo se le puede arrebatar la libertad a un pueblo, y la respuesta salta enseguida a la vista de puro sencilla: ofreciéndole elecciones democráticas, presentándole una alternativa bipartidista o multipartidista, porque para el caso es igual,  ya que de esta manera le estamos obligando a elegir y, con su elección, a perder la libertad.
 
Si se le pregunta, en efecto, al pueblo qué partido prefiere que gobierne, uno de izquierdas o uno de derechas, estamos dando por supuesto que el pueblo quiere que haya un gobierno de uno u otro signo, en el fondo indiferentes. Si le preguntamos a alguien qué bebida prefiere, si cocacola o pepsicola,  estamos obligándolo a elegir entre esas dos opciones que son las únicas que le ofrecemos,  cuando, a lo mejor, no quiere beber, por lo que la elección resulta estéril. 
 Un clásico de Forges.
No es una pregunta trivial qué eliges, porque nos obliga a decantarnos entre dos opciones preestablecidas que se nos ofrecen, como si dijéramos entre dos productos del supermercado, cuando motu proprio no elegiríamos ninguno. 
 
La gente reconoce a veces que no hay buenas opciones, que todas son malas, pero enseguida surge la voz de las altas instancias que nos dice, dándonos la razón, que es la manera de quitárnosla, que elijamos sin embargo la que es a nuestro juicio la menos mala, la que más nos conviene, para que fortalezcamos con nuestra elección nuestra opinión propia y personalidad, e incluso, con argumento económico que es un guiño teológico, que elijamos la que más nos renta e interesa. 
 
El argumento del “mal menor” se impone ahora en todas las elecciones, para justificar la elección del mal de modo que no nos salgamos de los parámetros establecidos. La libertad de elección condiciona y por lo tanto anula nuestra libertad, que se convierte así en libertad condicional.

No hay comentarios:

Publicar un comentario