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miércoles, 4 de marzo de 2026

¿Civilización occidental o barbarie?

    Puestos a elegir intereses, que es de lo que se trataconviene estar del lado de la civilización occidental y no de la barbarieescribía el otro día Jano García en su columna de 'El Debate', titulada La realidad que no queremos ver
 
    Parece, a primera vista, una frase impecable, muy razonable y sensata, salvo que no está claro cuál es la definición de 'barbarie' y qué es lo que entendemos por tal término, ya que, podría resultar, que la barbarie no fuera algo muy distinto de la civilización occidental, de la que, en cambio, no hace falta hablar mucho porque salta a la vista que es la nuestra y que la conocemos bien y padecemos.
 
    Me recordaban a mí, mutatis mutandis, las palabras de aquel Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, de cuyo nombre propio no voy a hacer mención, recogidas en El jardín y la jungla: "Europa es un jardín. Pero la mayor parte del resto del mundo continúa siendo una selva, y la selva podría invadir el jardín..." Jugaba con la contraposición jardín cultivado, creo recordar que decía 'francés', frente a selva, donde como se nos ha hecho creer desde siempre impera la ley de la jungla.
      Viñeta de Daniella Martín

     Comenzaba Jano García su columna diciendo que era imposible explicar en un artículo la guerra que se está desplegando en la actualidad en nuestras pantallas entre Irán, Israel y Estados Unidos, para concluir que  obedecía a una cuestión de intereses, se sobreentiende que económicos. 'Por el interés te quiero, Andrés', como dice a veces la gente para dar a entender que lo que realmente importa en la vida es el dinero porque él y solo él es capaz de crecer y multiplicarse a sí mismo, siendo como es lo que está (est) en medio (inter) del capital presente y del futuro, que es su más lograda creación económica, habida cuenta de la ecuación reversible de que tiempo es igual a dinero, y viceversa; por eso se dice a veces también que que hay que -necesidad obliga- ganarse la vida, y se hace el término 'vida' sinónimo de 'dinero' y de 'futuro'. 
 
    Pero no hay que olvidar, volviendo a la actualidad, que las noticias sobre la guerra sirven para blanquear la paz, es decir para que creamos que la guerra real, de la realidad, entre las cosas y las ideas, que se desarrolla todos los días ante nuestra incrédula mirada es una forma no beligerante y no bélica de paz.
      
    Después de reconocer que “no se puede abordar la geopolítica (¿por qué no a secas 'la política' sin distingos entre nacional e internacional?) desde la moral, pues solo un insensato puede creer que la geopolítica posee un mínimo de humanidad” viene a decir que si no sobornamos nosotros, otro vendrá y lo hará en nuestro lugar, cosa que es injusta e inmoral, reconoce, pero concluye “la realidad no entiende de ensoñaciones”.
 
  
    Pone a continuación el ejemplo de Francia, el país vecino, que en su apuesta por el laicismo arrancó los crucifijos, y ahora se ve invadida por la media luna y “baila(n) al son del islam”. No saca la conclusión evidente de que la apuesta del país vecino por el laicismo ha sido un clamoroso fracaso, habida cuenta de que solo se ha combatido desde las altas instancias una religión, la cristiana, mientras que se ha sido tolerante hasta la hez con la musulmana y con la no menos importante religión laica del capital, que es la más perniciosa de todas.
 
    Y es entonces cuando saca a relucir al Tío Sam que va a “tratar de detener la espiral de decadencia que atraviesa Occidente de la misma forma en la que Occidente forjó su grandeza a través de la dominación mundial”. Le molesta al joven articulista la pereza de la población occidental que no se anima a luchar “por la dominación mundial” porque "es desagradable, impopular, cuesta dinero, y sobre todo, vidas humanas, pero lo contrario es la derrota en todos los ámbitos". 
 
 
     Necesitamos que vengan a mostrarnos lo desagradable que es, a veces, la realidad, como si no lo viéramos con nuestros propios ojos todos los días. De ahí saca el autor la conclusión errónea de su análisis demasiado realista, que nos fuerza a elegir entre civilización occidental y barbarie, como si no fueran lo mismo.