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martes, 3 de marzo de 2026

Mono- y politeísmo

    En la Biblia la serpiente le susurra a Eva que si ella y Adán comen del fruto del árbol prohibido que crece en mitad del jardín del edén, al que Dios les ha dicho que no se arrimen so peligro de muerte, no sólo no morirán, como les había dicho Dios, sino que se les abrirán los ojos y serán, atención, como dioses, conocedores del bien y del mal. El texto latino reza literalmente así: Scit enim Deus quod in quocumque die comederitis ex eo, aperientur oculi vestri, et eritis sicut dii, scientes bonum et malum.

Adán y Eva, Lucas Cranach el Viejo,  entre 1520 y 1525

    ¡Ay!, ahí hay una treta diabólica. A nadie se le oculta que la serpiente que tienta a Eva es el mismo demonio. La argucia dialéctica que emplea el Maligno no consiste sólo en desmentir a Dios asegurándoles que no van a morir o en utilizar una metáfora como “se abrirán vuestros ojos”, cuando ni Adán ni Eva eran ciegos: lo que la diabólica serpiente está haciendo, y no sólo diciendo sino haciendo con su decir, es algo inaudito y realmente prohibido como es declinar la palabra Deus (Dios) en plural dii (dioses).

    La serpiente le está enseñando algo insólito en un mundo abocado al monoteísmo patriarcal judío, cristiano e islámico, poniendo el primer fundamento del arte de desobedecer al negar la singularidad del único dios verdadero. Y no sólo eso: el diablo no sólo admitía la posibilidad de que hubiera otros muchos dioses, sino que, mucho más importante, estaba convirtiendo un nombre propio (Dios) en nombre común (dios), invirtiendo el proceso recorrido por la palabra que en principio fue un nombre común (dios) que se convirtió en propio (Dios) y pasó a escribirse entre nosotros con inicial mayúscula, como todos los nombres propios.

    Al parecer el dios del Antiguo Testamento era “elohím”, un antiguo nombre común y plural que significaba algo así como “espíritus divinos”, que pasa a identificarse enseguida desde los escritos más antiguos con el tetragrámmaton  יהוה (YHWH: Yod, He, Waw, He), en realidad impronunciable por la falta de sonidos vocálicos, que suele leerse como Yahvé o Jehová, ya convertido en nombre propio y singular. De varios y muchos seres divinos indefinidos pasamos a uno solo bien definido. 
 
    No se trata del paso del politeísmo al monoteísmo todavía, sino de algo previo: se pasa de nombre común a nombre propio. El nombre común nos remite al significado de la palabra y al número de casos a los que se aplica ese significado en la realidad, mientras que el nombre propio carece de significado en principio –el hecho de que haya mecenas en el mundo es posterior a la existencia de Gayo Cilnio Mecenas, que dio un significado a su nombre y un sentido a su vida patrocinando a los poetas y artistas- y de número, pues ni siquiera podemos decir que se trata sólo de un caso singular y único, sino del único caso singular y único (Dios). 

Adán y Eva en el jardín del Edén, Gustave Courtois (1899)

    Esto es lo que comentaba, escandalizado, el piadoso y benedictino Pedro Damián al respecto en el siglo XI: 'Ahí lo tienes, hermano, ¿quieres aprender gramática? (Ecce, frater, uis grammaticam discere?) Aprende a declinar Dios en plural. (Disce Deum pluraliter declinare). El taimado maestro, en efecto, al fundar nuevamente el arte de la obediencia, introduce en el mundo una regla inaudita de declinación a fin de adorar también a muchísimos dioses (Artifex enim doctor, dum artem obendientiae nouiter condit, ad colendos etiam plurimos deos inauditam mundo declinationis regulam introducit)'.

    Por cierto, la traducción que tengo a mano de la Biblia, la de Nácar-Colunga (trigésima edición, 1975), dice: “Seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”. No debió parecerles bien a don Eloíno Nácar Fuster y a don Alberto Colunga Cueto, sus traductores, así como a la censura eclesiástica que revisó la traducción, que se declinara Deus en plural, y que además se escribiera, como nombre común, con minúscula, como hacía la serpiente, y que por lo tanto se tradujera: “Seréis como dioses”. No vaya a ser que introduzcamos nuevamente el politeísmo en un mundo donde ya tenemos bastante con los diversos dioses monoteístas que aspiran a ser el único y verdadero: Yahvé, Dios y Alá.
 
    La Biblia de Torres Amat, traducida de la vulgata latina al español en 1823 teniendo presentes los textos originales hebreo y griego, que realizó el obispo Félix Torres Amat, es más literal y dice: "Sabe empero Dios que en cualquier tiempo que comiereis de él, se abrirán vuestros ojos; y seréis como dioses, conocedores de todo del bien y del mal". Y en nota aclara: "Puede traducirse: Seréis como Dios".
     
    Sacaba el otro día Félix de Azúa un artículo titulado “El gran libro” en el que hablaba de las religiones “del libro”: el judaísmo, el cristianismo y el islam, cada una hija de la anterior, en ese orden, Escribe Azúa: “Que un libro (al que llamamos la Biblia, porque quiere decir “el Libro” -en realidad apostillo yo es un plural griego: 'los libros', por lo que a veces se ha denominado el libro de los libros-) sea el fundamento de las tres últimas religiones conocidas es algo difícil de explicar. Es el magno secreto”. 
 
     La primera traducción de la Biblia al español, en realidad judeo-español o ladino, data de 1533 y es la Biblia que se editó en Ferrara, llamada biblia de los conversos o de los sefardíes. Está traducida directamente del hebrero por judíos sefardíes que buscaban una fidelidad literal al texto original. Al parecer su divulgación no fue muy extensa porque no coincidía exactamente ni con el sefardí ni con el ladino, al tratarse de un español hebraico o judaizante absolutamente original. Así comienza, tomo el dato del artículo de Félix de Azúa, el comienzo del Génesis, el libro que abre la Biblia: «En principio crió el Dio a los cielos y a la tierra. Y la tierra era vana y vacía, y escuridad sobre faces de abysmo, y espíritu del Dio se movía sobre faces de las aguas». 

    La primera frase en hebrero es Bereshit bará Elohim et hashamayim ve'et ha'aretz בְּרֵאשִׁית בָּרָא אֱלֹהִים אֵת הַשָּׁמַיִם וְאֵת. Dios se dice en hebrero Elohim (אֱלֹהִים), un plural con sentido de majestad que lleva el verbo en singular, como si dijéramos “el conjunto de dioses creó”, que podría entenderse como 'espíritus divinos, divinidades'.

    Traducían los judeo-españoles Elohim “el Dio”, a la italiana, porque “Dios”, acabado en -s, les sonaba a plural (que no lo es en latín, Deus) y eso les parecía que era poco adecuado porque querían subrayar su singularidad. Y comenta De Azúa: “El suyo era un monoteísmo férreo y militante, como todo lo de este país”.
 
    Pero hay otra cosa que podemos comentar y es -al margen de la inicial mayúscula- el uso del artículo: el Dio, que revela que todavía no se ha consumado el paso de nombre común a nombre propio: el paso de “el dios” a “Dios”, un paso que, por cierto es muy similar, al de Biblia, originalmente nombre común y plural -los libros- que se convierte como por arte de magia y excelencia en El Libro, el libro sagrado, el libro de los libros. 

lunes, 17 de enero de 2022

De los nombres de Dios (gramática periodística terrorista)

(Última hora) Los hombres matan, la poli abate. (Rafael Sánchez Ferlosio)
Estos eran algunos de los titulares de la prensa electrónica que recogí allá por el 20 de agosto de 2018 sobre la noticia de la muerte de un presunto terrorista:

A) Con el verbo “abatir”, como sinónimo y eufemismo de “matar”:
-Por activa:
Los Mossos abaten a un hombre que entró armado en una comisaría gritando “Allahu Akbar” (El diario.es)
Abaten a un hombre al intentar acceder a comisaría Mossos al grito «Alá es grande» (La Razón)
Los Mossos abaten a un atacante que gritaba "¡Alá es grande!" en la comisaría de Cornellà (El español)

-Por pasiva:
El hombre abatido en la comisaría de Cornellà es de origen argelino y gritó con un cuchillo en la mano 'Alá es grande' (Infolibre) 
Abatido un hombre en una comisaria de Cornellá, al intentar asaltarla al grito de “Alá es grande” (Diario16)
Abatido tras intentar asaltar la comisaría de Cornellà al grito de «Alá es grande» (ABC)  
Abatido un argelino que entró en una comisaría de Barcelona al grito de “Alá es grande”. (El Diario Montañés)

B) Con el verbo, más propio, “matar” en activa:
Los Mossos matan a un hombre que entró en una comisaría al grito de “Alá es grande”. (El Mundo y Público coinciden)
Los Mossos matan a un hombre que entró en una comisaría con un cuchillo y gritó: “Dios es grande” (El País).


De los diez titulares 7 utilizan el verbo “abatir” tanto en activa (3, con el sujeto los Mossos: los Mossos abaten) como en pasiva (4). Los siete titulares se han inclinado por un eufemismo, que en las tres primeras acepciones del Diccionario de la Real Academia significa “derribar, hacer caer, tumbar”, y sólo en la cuarta “hacer caer sin vida a una persona o animal”). 

Los cuatro titulares que utilizan el participio de perfecto pasivo “abatido” omiten y por lo tanto ocultan el complemento agente “por los Mossos” que debe sobreentenderse y deducirse de la mención que hacen del lugar donde se ha producido el suceso: “una comisaría de Cornellá (tres titulares) y de Barcelona (un titular). Podemos concluir que un setenta por ciento presentan la noticia ocultando el hecho de que la policía de la Generalitat, los Mossos d'Esquadra, ha matado a un hombre (7 titulares), a un atacante (1 titular), a un argelino (1 titular) a un “sustantivo animado masculino singular” (1 titular). La voz pasiva periodística se emplea, precisamente, para ocultar el complemento agente, bien porque se sobreentiende, bien porque se desconoce, bien porque no se quiere resaltar, sino ocultar bajo un tupido velo de silencio.

Sólo tres titulares de los diez, un treinta por ciento, usan el verbo apropiado “matar” y lo hacen en voz activa: “Los Mossos matan”. Impecablemente correctos los tres titulares, que corresponden a El Mundo, Público y El País. Los tres coinciden en que el muerto -en alguna cadena televisiva que no recuerdo escuché el eufemismo "neutralizado"- es “un hombre”, sin especificar su origen argelino. Los tres coinciden en que el hombre “entró en una comisaría”. El País puntualiza “con un cuchillo”.

Todos los titulares dicen que la víctima, que algunos se atreven ya a considerar el presunto terrorista, gritó algo: “Alá es grande” (8 titulares), “Allahu Akbar” (1 titular) y “Dios es grande” (1 titular).

 Medallón de Santa Sofía, Estambul, con la inscripción "Allahu Akbar"

Hay que destacar que el grito debió de ser en lengua árabe, como dice el titular de Eldiario.es “Allahu Akbar”, en árabe y leído de derecha a izquierda الله أكبر, donde Allāhu es el nominativo de Alá (Dios), y la forma akbar el superlativo del adjetivo Kabir «grande», es decir «más grande», por lo que la traducción correcta no sería “Alá es grande” sino “Dios es el más grande”.

Sí, hay que traducir "Alá" por Dios, que es lo que significa. El País es el único que traduce "Alá" por Dios, pero lo hace sólo en la portada, porque en la página interior se arrepiente y lo modifica: Los Mossos abaten a un hombre que entró en la comisaría de Cornellà al grito de “Alá es grande”.

Indudablemente, el mejor titular desde un punto de vista informativo es el de El País, pero el de la portada, porque traduce el grito perfectamente al castellano: “Dios es grande”. 

Esto me recuerda a una aguda consideración que hacía Maurizio Bettini en su Elogio del politeísmo (publicado entre nosotros por Alianza editorial en 2016): “En éstas, en efecto, (se refiere a las religiones monoteístas) la divinidad no se distingue por un nombre propio, sino por un nombre común”. Lo que sucede es que un nombre común “dios” asume en las religiones monoteístas del libro el papel de nombre propio, porque al haber sólo uno en absoluto, exclusivo y excluyente, se escribe con mayúscula: Dios, anulándose la oposición nombre común/nombre propio.

Ya lo decía Minucio Felix en latín allá por los siglos II o III de nuestra era: “Nec Deo nomen quaeras; Deus nomen est: no le busques un nombre a “dios”: su nombre es “dios”. Y como nombre común que es, aunque ascendido a la categoría de nombre propio,  puede traducirse a otras lenguas: así decimos God en inglés, Bog en ruso, Dío en italiano, Dieu en francés... y Alá en árabe. 

Considera Bettini que dado que tanto en el cristianismo como en el islam la divinidad monoteísta lleva el nombre de “Dios” parece “obvio concluir que ambas religiones adoran, en realidad, al mismo dios”. Aunque reconoce que “cuesta trabajo admitir que la divinidad llamada por los musulmanes Alá, es decir, “el Dios”, sea la misma que los cristianos llaman “Dios”, aun cuando se le asigne de hecho el mismo nombre.” Pero así son las cosas.