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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Dinero

    A la puerta de entrada de lo que fuera la sede del Banco de España de la capital de la Cantabria, Santander, de aspecto neoclásico y hasta renacentista, levantado en el año 1924, apareció hace trece años esta "obra de arte", vamos a llamarla así consistente en una corona real de tres puntas, bajo la que puede leerse la significativa palabra dinero escrita en letras mayúsculas verticalmente dividida en sus tres sílabas. 
 
    Moderna obra de arte, sin duda, con la que se sugiere –a la puerta de lo que todavía figura como Banco de España, una vez desaparecidas las doradas letras mayúsculas que han dejado su impronta- que el dinero es el Rey, o que el único Rey que reina en el mundo, más allá de todos los nombres propios de todos los monarcas, es Don Dinero, el poderoso caballero, como diría Quevedo, y a decir verdad, el más potentado de todos ellos, por no ascenderlo en la moderna teología económica a la categoría ontológica suprema del único Dios verdadero que es el que es: la esencia de todas las cosas.


    Se trataba de un proyecto o, más precisamente, de una intervención artística callejera que pretendía "introducir el arte en la vida de las personas, acercar nuevas miradas artísticas a los ciudadanos y reflexionar sobre el uso de los espacios urbanos", llamada "Desvel-arte", un festival, según los organizadores, que dejó sus huellas en la ciudad gracias al proyecto "Aquí. Ahora. Abecedario: 27 letras, 27 artistas, 27 palabras".  A cada artista le tocaba aleatoriamente una letra del abecedario y tenía que formar una palabra que empezara por ella (o que contuviera dicha letra), asociándola a algún logotipo y tipografía para posteriormente realizar la obra en plástico, en concreto en policloruro de vinilo o PCV, comúnmente conocido como peuvecé, ya que utilizamos el acrónimo inglés PVC PolyVinyl Chloride), un tipo de plástico muy resistente y económico formado con sal y petróleo. Posteriormente, cada creador decidió el lugar en el que colocar su intervención teniendo en cuanta el significado del vocablo. 
 
    Se pretendía en aquel festival crear un diálogo real e interactivo entre los espacios urbanos y los ciudadanos y al mismo tiempo otorgarles un uso cultural distinto y alternativo. Estamos hablando del año del Señor de 2013. Yo pasaba por entonces todos los días por ahí y tomé esta fotografía.  Ignoro si con las obras de remodelación del edificio prosigue ahí todavía.
 
    La obra, que no está firmada, pertenece a la artista local Carmen Quijano, que fue su diseñadora y la responsable de la elección de su lugar de colocación: el antiguo Banco de España. Podría, en realidad, haberla colocado a la puerta de cualquier otra entidad bancaria, por ejemplo, de la que lleva el nombre de la ciudad por todo el mundo. Lo que sugiere visualmente es que el dinero reina sobre el banco y sobre el mundo.  
 
    Que el dinero reina en el mundo es algo que sabemos muy bien todos los españoles, que lo decimos en castellano: “El dinero es el rey del mundo”.  Y lo decían antes que nosotros los romanos en latín: Pecunia regina mundi (pecunia es femenino, por eso se dice que es la reina y no el rey del mundo; pero tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando), y “sola pecunia regnat”, que escribió Petronio en El Satiricón, una de las primeras novelas de nuestro mundo, “Sólo el dinero reina”. Y también, en latín, Publilio Siro: “Pecunia una regimen est rerum omnium”: el dinero es el único soberano que rige todas las cosas, régimen dice él.

    La palabra dinero, por cierto, deriva de DENARIUM, que por un lado conservamos como cultismo en la forma “denario”, nombre de la antigua moneda romana de plata que valía diez ases, y por otro lado ha evolucionado como palabra patrimonial a “dinero”  (y a dinar, en diversos países árabes). 
 
 

    Bien está que a la puerta de la sede del antiguo Banco de España -aunque dicho banco no emita ya dinero, las antiguas pesetas, ahora que dependemos del BCE, Banco Central Europeo, que pretende digitalizar -espiritualizar- su moneda, ahora que manejamos los euros y nos manejan ellos a nosotros-, bien está, decía, que una obra de arte callejera nos recuerde algo tan elemental que olvidan los ingenuos que creen que vivimos en el régimen democrático y constitucional de una monarquía parlamentaria, donde se supone que gobierna el pueblo soberano, e ignoran algo tan básico como que nos gobiernan los mercados, como se decía hace unos años, con un eufemismo que, rayando en lo ridículo, quería ocultar la verdadera cara económica del rey del mundo, que es también la teológica, dado que por la letra D empieza precisamente la palabra Dios, ese nombre común que tenía moción de género y número en la antigüedad politeísta, en la que había dioses y diosas, pero  que ascendió a nombre propio y masculino enseguida, cuya epifanía más visible es precisamente el dinero, por lo que podría haber sido colocado también sin mayor escándalo en la puerta de la catedral de Santander. 

miércoles, 5 de agosto de 2026

No hace falta nada: sobra casi todo

    A propósito de la reflexión de Cioran: La civilización nos enseña cómo apoderarnos de las cosas, cuando debería iniciarnos en el arte de despojarnos de ellas, pues no hay libertad ni verdadera vida si no se aprende a renunciar.
 
    No nos hace falta nada: al contrario. Nos sobran muchas cosas que tenemos encima, cosas que son instituciones que algunas almas cándidas pretenden reformar para que funcionen mejor, cuando lo más sensato sería que, por nuestro bien, ese mismo bien que invocan para justificar su existencia, dejaran de funcionar. Y nos sobra, sobre todo, la principal institución de todas ellas, la cosa de las cosas, la que las cosifica y realiza a todas ellas: el dinero. No porque tengamos mucho o poco, sino porque para vivir no nos hace ninguna falta. Tampoco nos hace falta para ser felices. Al contrario, el dinero es la fuente de la que brota la desgracia. 
 
 
    El capitalismo que es al dinero lo que la teología a Dios no es ni de derechas ni de izquierdas, sino todo lo contrario. El espectro político actual diestro y zurdo, conservador y progresista, no sirve para entender el mundo, un mundo en que el capitalismo no es un sistema económico, sino una religión secular.  Líbrenos Dios, el demonio o quien sea de semejante falsa dualidad y del embeleco diabólico de la democracia, que es la dictadura más perfecta porque, a poco que uno se descuide, casi pasa desapercibida como tal.
 
    El capitalismo es la religión secular que nació cuando Nietzsche proclamó solemnemente la muerte de Dios y nadie supo qué poner en su lugar. Pero no es que Dios haya muerto y haya triunfado Mammón, el dinero divinizado, es que ya no hay diferencia entre uno y otro: Dios es ahora Mammón y viceversa. Si Dios, según la vieja religión católica, apostólica y romana se hizo hombre por obra y gracia de la encarnación divina del Espíritu Santo, ahora el hombre se ha hecho consumidor, gracias a su económica encarnación.  
  
     El capitalismo es una religión que tiene sus dogmas: el crecimiento infinito, la propiedad privada de las cosas, la competencia desleal como virtud sacrosanta y la salvación gracias al consumo. Consume, nos dice tácitamente la propaganda del régimen, hasta consumar el crimen del consumo y consumir lo demás y consumirte, al fin y a la postre, tú también, el consumidor consumido que exclamará cual Cristo en la cruz "consummatum est", un Cristo que no renacerá cual ave Fénix de sus cenizas así resucitado.
  
    Una religión que tiene sus clérigos y sacerdotes: los economistas, los banqueros, los tiburones financieros, los ejecutivos, los CEOs, y sus capellanes y monaguillos: los influencers. Que se entromete en nuestros hogares a través de los resquicios de los concursos televisivos y de los sorteos de las distintas quinielas y loterías donde se reparte la calderilla del dinero a manos llenas para la plebe. Ya ni siquiera hace falta acudir presencialmente a las superficies comerciales para realizar la ceremonia de la cesta de la compra: nos la traen a casa desde las junglas del Amazonas. 
 
    Una religión que tiene sus templos y catedrales: los centros comerciales de las cada vez mayores superficies, las bolsas de valores, y las entidades bancarias que nos conceden o deniegan la hipoteca, el préstamo, y la tarjeta de débito y crédito. La fe de esta nueva religión se llama crédito. El Banco Central Europeo nos invita ahora a diseñar democráticamente los nuevos billetes de euro, antes de la implantación del euro digital, su última encarnación y epifanía inmaterial. 
 
       Una religión que tiene sus ritos: el Black Friday que se celebra después del Día de Acción de Gracias a Dios, Nuestro Señor, e inaugura la orgía de las compras navideñas con significativas rebajas de precios en los principales artículos de consumo de los grandes almacenes. Los fieles se realizan comprando y adquiriendo bienes y servicios.
 
    Tiene su confesionario: la declaración de la renta, en la que el feligrés confiesan sus pecados al fisco y cumple la penitencia del IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas), que es el tributo que deben pagar al Estado los ciudadanos.
 
    Una religión que tiene su infierno aquí en la Tierra: la pobreza, el fracaso, la quiebra, el desempleo, un averno que afecta a la mayoría democrática de la población, dado que, como se sabe, el uno por ciento que vive en la opulencia acapara más bienes y servicios que el noventa y nueve por ciento restante de la humanidad. 
 
    Tiene también su paraíso fiscal: el milmillonario. Y su promesa de salvación después de una vida activa: la jubilación anticipada y la libertad financiera (financial freedom en la lengua del Imperio), el momento en el que los ingresos pasivos o ahorros cubren todos los gastos de vida, lo que le permite a uno dejar de depender de la servidumbre laboral de un trabajo diario. 
 
        Ya no se da aquello de Machado de que todo necio confunde valor y precio, sino algo mucho peor, si cabe, todavía: ahora mismo el precio de las cosas es su único valor: tanto tienes, tanto vales. El único valor de las cosas es su precio en el mercado.
 
    El capitalismo, pues, no es un problema de "derechas" o de "izquierdas", sino todo lo contrario. Las soluciones existentes son claramente insuficientes. Mientras sigamos creyendo que la solución es más regulación o menos impuestos, más Estado o menos Estado -el Estado somos todos y cada uno-, seguiremos dentro del mismo paradigma que creó el problema, inmersos en una religión que no tiene ateos y que nos reduce a la condición de consumidores que consumen y se consumen aguardando con un inmenso terror la muerte sin haber vivido, como le escribía Kafka a su amigo Max Brod hace algo más de un siglo, en julio de 1922: Se (impersonal personalizado) tiene un miedo terrible a morir porque aún no se ha vivido ('Man hat eine furchtbare Angst vor dem Sterben, weil man noch nicht gelebt hat'). 

viernes, 24 de julio de 2026

¿Qué es lo que nos mueve?

No nos mueve el dinero, afirma la entidad bancaria, y añade en llamativas letras rojas: nos mueve tu bienestar. Y aclara, debajo de la imagen, en letra más pequeña: Te ayudamos en todas tus necesidades financieras. Les faltaba añadir para que quedara redonda la frase, no sin recochineo: “desinteresadamente” o “sin ánimo de lucro”. Y finalmente, más abajo, a la derecha: Nos mueves TÚ, lema que quiere recordarnos al “Especialistas en ti” de aquellos grandes almacenes.
 
 
 
Enseguida se le vienen a uno aquel latinajo de “excusatio non petita, accusatio manifesta” que no necesita mucha traducción,  o lo que es lo mismo: quien se está excusando, se está acusando.
 
El chiste se cuenta solo: la entidad bancaria declara que no le mueve la pela, como se denominaba antaño coloquialmente a la peseta en las Españas, y que hay razones que mueven más que el dinero, que son las personas -reducidas así a dinero. Y lo dice una institución cuyo negocio consiste en mover, gestionar, prestar y cobrar, es decir, mover, en definitiva, capitales. Y ya se sabe: la pela es la pela, o sea, los monises, que son lo que mueve el mundo (money makes the world go round, en la lengua del Imperio) están por encima de los sentimientos.
 
La imagen muestra una escena íntima con una iluminación cálida y de bajo contraste: una pareja abrazada, un hombre de espaldas, canoso o de pelo gris, al que estrecha otra persona que podría ser una mujer, quizá más joven, sentados ambos sobre la cama de una alcoba. 
 
Es su manera de decirnos «nosotros no queremos tu pasta, de la que estás hecho. Queremos tu bienestar», como si no fueran para el banco lo mismo, habida cuenta, nunca mejor dicho, de que el bienestar del cliente depende de una cuenta bancaria, valga la redundancia, una hipoteca, un préstamo, una inversión, una comisión... La imagen introduce además el sentimentalismo financiero: el banco se apropia del amor familiar para vender un producto económico intentando borrar la relación contractual y sustituirla por una afectiva, como si el banco fuera el atracador que en lugar de exigirnos "la bolsa o la vida" nos susurrara: no eres un cliente, eres alguien muy muy especial, cuyo bienestar es lo que ante todo más me importa y preocupa.
 

En esta otra imagen parece haber tres personas en el mismo escenario en un abrazo familiar intergeneracional. Podrían ser: una abuela (cabello gris, a la izquierda), un niño o niña en el centro, con jersey amarillo, y una madre (parcialmente visible a la derecha), que también está abrazando a la tierna criatura. Transmite amor, protección y unión familiar. En el mismo dormitorio acogedor y hogareño de la imagen anterior, con la cálida luz dorada de una lámpara y la suave luz natural filtrada por unas cortinas que entra por la ventana, con una paleta de colores cálidos. La imagen busca humanizar completamente la marca bancaria, cuyo logotipo está en el centro. En lugar de hablar de sus productos financieros, se centra en valores emocionales, insistiendo en su eslogan: nos mueves TÚ.

El banco necesita presentarse como si no fuera un banco, que es lo que es, sino una hermanita de la caridad desinteresada económicamente. El dinero desaparece del discurso precisamente porque está omnipresente en la relación.
 
Si realmente no le importa la pasta a la entidad bancaria, ¿qué sentido tiene esta campaña publicitaria?, ¿qué sentido tiene una publicidad que intenta hacer desaparecer aquello mismo que constituye el centro de su actividad? 
 
En cuanto al logotipo de la entidad bancaria, se trata de la letra E mayúscula estilizada, que podría interpretarse doblemente como el símbolo del euro (€) y la E inicial de España, algo así como: € + E = euro + España, o lo que es lo mismo desde el uno de enero de 2002 en que entró en circulación dicha moneda: dinero europeo + identidad española. 
 
Además el nombre propio de la entidad, Ibercaja, refuerza esa lectura que hago, ya que “Iber” remite a la península ibérica y “caja” a la actividad financiera consistente en 'hacer caja'. El logotipo condensa visualmente España/Iberia, el euro y la banca. Es un gran ejemplo de tensión visual en el diseño publicitario: la palabra escrita niega el protagonismo del dinero, mientras que la forma del logo (que además incluye un trazo rojo con mucha fuerza expresiva e impulso) evoca sutilmente el universo financiero comercial. No sé si esa era la intención del diseñador, pero a mí al menos eso me sugiere.

domingo, 3 de mayo de 2026

Cincuenta pavos

Se ha hecho viral la intervención más bien performance bufonesca, de un diputado en el congreso, pulcramente trajeado con chaqueta, camisa blanca y corbata, que afeó a otros diputados su voto. La manera de reprocharles su actitud a sus señoríos y señorías fue una pregunta: “¿Saben cuál es su bandera? ¿Saben cuál es? La tengo aquí. -Y mete la mano en el bolsillo interior de la americana, y añade con frases entrecortadas, a la vez que saca un papel arrugado: -Es pequeñita, pero es muy efectiva, y, además, de la que les gusta. Podía ser más. La voy a dejar aquí. Esta es su bandera... -y acto seguido saca un billete de su bolsillo, y dice, mostrándoselo a todo el mundo: “Cincuenta pavos”. 
 
 
Cita a continuación los nombres propios y apellidos de los diputados y diputadas, que aquí no vienen al caso, como tampoco el suyo propio, que han votado en contra de lo que él votaba a favor.
 
Hay quien ha calculado que este diputado-showman o, por decirlo en castellano, bufón que convierte el congreso en un plató televisivo de chistes baratos, al que muchos le ríen las gracietas, que vive de la política profesional desde hace años atesora casi tres mil billetes al año como ese que ha mostrado a las cámaras.
 
Quería dar a entender, supongo, que la prioridad de sus señoríos y señorías -y no la suya-,  era el dinero por encima de los derechos de los inquilinos, afirmando que esa bandera es la que comparten con la derecha y la ultraderecha, como si no fuera también su bandera. Él se declara de izquierdas, pero eso, a estas alturas, resulta una trivialidad. Resulta grotesco exhibir un billete de cincuenta pavos para señalar a sus colegas como vendidos, como si él no lo estuviera, como si ese billete que despliega no fuera de alguien que prometió dejar su escaño a los dieciocho meses de recoger su primer acta de diputado, y ahí sigue, diez años después chupando del bote.
 
 
 
"No es magia, son tus impuestos", habría que recordar a sus votantes. Cincuenta euros es la bandera de las derechas y de las izquierdas del hemiciclo que se contraponen falsamente a aquellas. Pero más que una bandera, es su Dios: don Dinero, que decía Quevedo. Obviamente, ese billete de “cincuenta pavos” procede de su sueldo, base o asignación constitucional, que es 3.366, 97 euros mensuales en catorce pagas, a lo que se suman los complementos, de modo que la retribución final mínima es de unos 4.400€ mensuales para diputados de Madrid y cerca de 5.445€ para el resto, pudiendo aumentar según los cargos adicionales que desempeñan. Él, como los demás señoríos y señorías, está ahí por la pasta, por los cuartos, por la guita, por las perras, por los cincuenta pavos. 
 
Cuando en España reinaban las pesetas, la gente ya se refería coloquialmente a ellas como 'pavos'. Al parecer en los años 30 y cuarenta del siglo pasado, se usaba una moneda de cinco pesetas, un duro, que era exactamente lo que costaba comprar un pavo, porque ese era su precio en el mercado, término que con con el tiempo pasó a ser un sinónimo de la moneda, la peseta. El uso se popularizó, al parecer, con el doblaje de las películas norteamericanas, cuando a algún traductor se le ocurrió traducir “buck”, abreviatura de “buckskin, piel de ciervo o venado, por “pavo” que se usaba en España para la peseta. Eran estas pieles, los bucks, en el lejano oeste monedas de cambio, es decir, una primitiva forma de dinero que con el tiempo acabó denominando coloquialmente a la epifanía trasatlántica de Dios, el dólar. Con el abandono de la vieja moneda y la entrada del euro en las Españas, hace veinticuatro años, ya tenemos la equivalencia perfecta: un pavo, que hace un siglo eran cinco pesetas, es ahora un euro, es decir 166,386 de las viejas pesetas, la bandera de los políticos profesionales.
 
 

Volviendo a los cincuenta pavos de nuestro diputado que él veía como la metáfora perfecta de la bandera de sus rivales, pero no quería ver que también era, por supuesto, la suya propia, traigo aquí a colación la última obra del artista callejero británico Banksy, que ha aparecido repentina- y misteriosamente en el centro de Londres de la noche a la mañana, como por arte de magia, firmada por él, convirtiéndose en una nueva atracción turística de la capital británica. Se trata de un hombre trajeado como nuestro diputado, que enarbola una bandera que le cubre el rostro, y que le impide ver que, cegado por ella, se dirige a su perdición, cayendo de su pedestal al dar un paso en el vacío.

La obra que muchos interpretan como una crítica un tanto trasnochada al nacionalismo del siglo XX en una época como la nuestra que apuesta por el gobierno global del Nuevo Orden Mundial fue instalada en la madrugada del miércoles pasado en Waterloo Place, entre Pall Mall y Trafalgar Square, no lejos del Palacio de Buckingham y Horse Guards Parade.

No se sabe muy bien cómo responderán las autoridades locales ante esta obra de arte que no deja de ser una provocación, pero parece que con tolerancia hasta la fecha, permitiendo, sin retirarla, que numeroso público se acerque a verla y fotografiarla, lo que pone de relieve cómo el sistema permite y hasta fomenta la crítica antisistema, dado el prestigio del misterioso artista callejero, que llegó a vender uno de sus cuadros, del que hablamos aquí, en El parlamento de los simios,  por casi diez millones de libras esterlinas.    

domingo, 8 de febrero de 2026

Pareceres C

486.- Faetón con el culo al aire. El visitante del palacio Chiericati de Vicenza que levantando la cabeza contemple el fresco pintado en los techos de la sala del firmamento puede ver la representación de la Constelación de Andrómeda, obra de Domenico Rizzo (1516-1567), que representa al joven Faetón o Faetonte, visto desde abajo, fracasando estrepitosamente a punto de caer en una posición poco decorosa con el trasero y las verijas al aire. No es un detalle menor e insignificante, sino que subraya la pérdida total de dignidad. Era Faetonte o Faetón hijo de Helio, o sea, el Sol, y aún no conocía a su padre, por lo que, cuando le fue revelado, rogó al astro rey que le concediera el deseo de conducir el carro solar que llevaba la luz cada día hasta los últimos rincones de la Tierra. Su padre se lo concedió imprudentemente. Resultado: Los caballos se desbocaron y abandonaron su consabido recorrido. Zeus todopoderoso, antes de que desapareciera la vida de la faz de su querido planeta, fulminó al auriga, que murió estrepitosamente. Su muerte fue llorada por las ninfas del río Erídano y por sus hermanas las Hijas del Sol, que acabaron transformadas en los álamos que crecen a las orillas de los ríos y los arroyos, y sus lágrimas convertidas en gotas de ámbar. No es a Faetón lo que representa la constelación de Andrómeda, sino el orgullo humano sorprendido con las nalgas y los testículos al aire. 
  
487.- No hace falta recurrir a la violencia. Hoy día no resulta ya necesaria como quizá lo fue en tiempos pasados ni tampoco conveniente políticamente hablando violencia alguna para imponer los dictados más irracionales. Basta con controlar -y eso se logra económicamente, es decir, políticamente- los grandes medios audiovisuales: los clásicos —con la odiosa televisión al frente y la radio menos invasiva pero no menos tóxica, ya estén en manos del gobierno o de la oposición que aspira a ocupar los escaños y ministerios del gobierno, ya del Estado o del capital privado— y el estercolero de las redes sociales de las tres uves dobles, la World Wide Web, la Red Informática Universal. La mayoría democrática aplastante de la población, incluidos muchos graduados, es funcionalmente analfabeta, incapaz por lo tanto de leer un texto escrito de no muchas palabras y complejidad sintáctica. Muchos universitarios no leen nada, y los que leen algo se limitan a los grandes titulares en letra gorda en la pantalla. La violencia, por lo tanto, se ejerce a través de la información que configura la opinión pública, pero no tanto de las palabras, sino de las imágenes analfabetas, que tienen un poder hipnótico. 
  
 
488.- El destino final (a propósito de una viñeta de Andrés Rábago, el Roto): El dinero es la medida de todas las cosas y el centro de todos los universos, un gran mecanismo de control que regula nuestra forma de comportarnos y de relacionarnos; y de pensar. El dinero como vínculo social moldea lo que ata. Pero también podemos romper con la lógica del dinero como medida de todas las cosas y pensar que otro tipo de mundo es posible, que otro tipo de relaciones humanas, no monetizadas, es posible. El dinero es lo que mueve el mundo. Pecunia mundum mouet. A la vista del dibujo de Andrés Rábago, El Roto, podría decirse también que el destino final del dinero es convertirse en mierda. 
 
489.- Haciendo historia. Da vértigo ver a este hombre, Alex Honnold, el escalador estadounidense que sin cuerda trepa al rascacielos Taipei 101, el  coloso de acero, cristal y hormigón de Taiguán, sin ningún tipo de sistema de seguridad. Lo único que lleva consigo es un transmisor de sonido, es decir, un micrófono inalámbrico para que los telespectadores puedan oír su respiración, sus comentarios, sus silencios. Sin dicho micrófono su escalada sería una escena de cine mudo. El audio es una parte fundamental del documento. Son ni más ni menos que quinientos ocho metros de altura, y la proeza, realizada en poco menos de una hora y media, ha sido televisada por una conocida plataforma. La presentadora dice que Alex Honnold ha hecho historia otra vez, entrando en el Gran Libro de los Récords, es decir de las cosas que merecen ser grabadas en la memoria y recordadas, para lo que queda constancia escrita y testimonio visual, pésimo y peligrosísimo ejemplo para una juventud fácilmente manipulable y ávida de fuertes emociones. Podía haberlo hecho sin duda alguna en menos tiempo si no hubiera saludado al público que gritaba a los pies del edificio, a las cámaras, a los que miraban desde dentro pegados a las ventanas, pero no le convenía a los estándares de la plataforma que fuera muy deprisa. 
 
  
490.- El último abrazo. El abrazo que casi no se ve de dos jóvenes ingenieros en un aerogenerador en llamas: una historia trágica acaecida el 31 de octubre de 2013 en los Países Bajos. La imagen muestra una turbina eólica envuelta en llamas durante unas labores rutinarias de mantenimiento en un parque consagrado al dios del viento, Éolo, y causó la muerte de dos jóvenes ingenieros que se hallaban en el interior del aerogenerador en el momento del incendio. La intervención de los bomberos se retrasó debido a la gran altura de la estructura. El equipo especial tardó varias horas en llegar con una grúa a la sala de máquinas. El incidente puso de manifiesto los riesgos asociados a los incendios en aerogeneradores, así como las dificultades para extinguirlos, especialmente en instalaciones a gran altitud. A esto se une la noticia de que las turbinas eólicas causan problemas de salud. Un tribunal estrasburgués ha sentenciado recientemente: "...que el funcionamiento de los aerogeneradores ubicados cerca del domicilio de la Sra. X es la causa directa y cierta del estrés y la ansiedad que experimenta", estableciendo el vínculo legal entre estos y los mareos, alteraciones del sueño, ansiedad crónica, dificultad para concentrarse que padece. El informe de un neurólogo destaca la desaparición de las cefaleas cuando el paciente se aleja del lugar o cuando se apagan los aerogeneradores, cuyos infrasonidos, unas vibraciones inaudibles inferiores a veinte hercios, serían potencialmente causantes de fatiga, irritabilidad o náuseas en caso de exposición repetida. 
 

miércoles, 14 de enero de 2026

Teatrillo de variedades (III)

9.- El valor del dinero. No es que los precios suban, como a veces dice la gente escandalizada, es que el dinero cada vez vale menos, aunque cada vez haya, paradójicamente, más dinero circulando. Pero la mayor parte del dinero existente es una creación de los bancos que otorgan préstamos que constituyen una deuda que debe ser resarcida con el tiempo y con creces, que son los intereses. Con cada préstamo que se contrae se incorpora más capital al mercado -se fabrica más dinero-; y, con cada nueva incorporación de nuevo capital, el capital anterior existente comparte y reparte su valor con el dinero de nueva creación salido de la pura nada, por lo que el dinero cada vez vale menos, lo que hace que aumente la deuda, que es la esencia del dinero, que se amortiza con el tiempo que el propio dinero crea para amortizarse. El crédito que nos conceden origina la crisis porque para darnos un préstamo, tienen que inventar ese dinero; y cuando más dinero inventan y sale al mercado más aumenta la inflación y más baja el valor del dinero, lo que hace que el precio que tenía un producto, inestable por naturaleza, tenga tendencia generalmente al alza. La tendencia a la baja es teóricamente posible cuando hay superproducción y escasa demanda, pero en la práctica no es muy frecuente. Perdónanos nuestras deudas, Señor, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, se rezaba antes. Pero ahora no hay perdón de deuda que valga, porque si se condonara la deuda, se iría al infierno el sistema económico financiero planetario.  

10.- Apunte sobre fraude electoral: . Hay quien afirma que hubo “fraude electoral” en las últimas elecciones por el amaño de algunas papeletas. No voy a entrar en el detalle. Al margen de quién lo dice y del número de papeletas introducidas fraudulentamente en la urna y o bien en el cómputo, que no viene al caso, es cierto en cualquier situación: las elecciones siempre son un fraude porque los elegidos no representan a nadie, ni a sus electores ni a sí mismos siquiera, sino, en el mejor de los casos, a la formación política a la que pertenecen, subvencionada por el Estado y el Capital a su servicio. 

 

11- Polimatía. Contra el vicio erudito de acumular conocimientos, lo que se llamó polimatía en griego o erudición que abarca múltiples y muy diversos conocimientos científicos, hay un remedio al alcance de cualquiera consistente en desembarazarse de lo que uno, mal que le pese, está constitucionalmente preñado, vaciándose de las ideas previas recibidas y acumuladas que se convierten en costras que nos convierten en crustáceos. Escribía Heraclito (en traducción de J. D. García Bacca): La erudición en muchas cosas no enseña a entender ninguna, que, en caso contrario, hubiera enseñado a Hesíodo, a Pitágoras, a Jenófanes y a Hecateo. Arremete el filósofo oscuro más claro que el agua de Éfeso contra algunos sabios y científicos de su tiempo. Especialmente nos interesa su ataque a Pitágoras, que entre nosotros es el representante de la Matemática y las llamadas Ciencias Exactas ya que “al racionalizar o aplicar un lógos a las cosas y sus movimientos -como escribe García Calvo- oculta el lógos o o razón contradictoria que las constituye, en cuanto que presenta la contradicción como harmonía, y así (…) se revela la Ciencia positiva, no menos que la Retórica, como instrumento de engaño para los hombres”. 

12 ¡Toma ultrafalso y requetefalso! Al parecer, la Inteligencia Artificial Grok de X, antes tuíter, la plataforma más gamberra que hay, está editando fotos para poner a la gente en bikini y al parecer mujeres y niñas desnudas también a petición, y esto es una sexualización terrible. Hay que hacer algo rápidamente. Una solución propuesta por el primerministro británico, cuyo nombre propio poco importa, es prohibir dicha red social en el Reino Unido por los deepfakes -imágenes, vídeos o audios que son editados o generados utilizando herramientas de inteligencia artificial, y que pueden mostrar personas reales o inexistentes en situaciones que no han protagonizado, confundiéndose la realidad con la ficción- que publica y que están molestando a mucha gente. Así le ha replicado desde la plataforma algún tuitero:  ¡toma deepfake, ultrafalso y requetefalso primerministro!​ 

 

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Durante la Gala Especial de Nochevieja del 31 de diciembre de 1985 -va a hacer ya cuarentayún años, madre mía, de aquello- la actriz y cantante ya fallecida Concha Velasco celebraba la entrada de España en la Comunidad Económica Europea, hoy rebautizada como Unión Europea, denominación que oculta el adjetivo esencial  “económica”, como si fuera un espíritu político puro y disimula el término original de 'Mercado Común' -la política es el disfraz de la economía- con un optimismo por todo lo alto que hoy nos resulta sarcástico al par que escandaloso. Comenzaba brindando y cantando la siguiente copla: “Señoras y señores, / alcemos nuestras copas; / con todos los honores, / brindemos por Europa”. Y a continuación, con unos pentasílabos perfectos: “Por obra y arte / de un compromiso / ya somos parte / del paraíso”: Al final del vídeo canta con una estudiada coreografía el tema pegadizo que hoy nos hace avergonzarnos: "Que viva el IVA, ay, que viva el IVA, que viva el IVA, ay que voy, que voy..." El IVA, por si alguien a estas alturas ignora lo que esconde el engendro cuya imposición se celebraba con burbujas de champán, es el acrónimo del Impuesto de Valor Añadido que con el año 1986 entraba en vigor en las Españas y sigue vigente hasta la fecha. El Estado, a través del Ente Público que es RTVE, nos convencía de cualquier cosa, capaz como era de hacernos comulgar con la imposición de una rueda de molino como si fuera la hostia, y lo peor de todo es que la gente en el plató aplaudía a rabiar a la gran artista vendida al Régimen. 

 

domingo, 4 de enero de 2026

Tiempo vs. dinero, y viceversa

    No cuesta mucho trabajo entender cómo el tiempo es dinero según el conocido adagio inglés time is money (o el tiempo es oro, que dice el correlato castellano), acuñado al parecer por B. Franklin en su ensayo Consejos a un joven comerciante (1748), cosa que ya se decía en muchas otras lenguas: En alemán: Zeit ist Geld, en francés: Le temps c'est de l'argent, en griego moderno (y casi clásico también): Ο χρόνος είναι χρήμα, o en portugués: O tempo é dinheiro e o resto é conversa ('palabrería'). 
 
    Es fácil verlo porque estamos acostumbrados a que computar y cronometrar el tiempo sea equivalente de monetizarlo. Suele decirse también: El tiempo, que es lo que más vale, no lo da Dios de balde, y, Quien defiende su tiempo, defiende su dinero. Pero ese tiempo no es nunca presente porque el tiempo presente, al mentarlo ya es ausente. De hecho se dice también: que el tiempo presente es un segundo: lo demás o es pasado o es futuro
 
      El tiempo no debe desperdiciarse por lo mucho que vale, porque según la ética protestante es un don divino que debe aprovecharse, por lo que es un pecado perder el tiempo, desperdiciarlo. El sociólogo Max Weber en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo argumenta que esta mentalidad transformó la vida de Occidente, y cita a Benjamin Franklin y el citado Time is money para ilustrar cómo el aprovechamiento del tiempo pasó de ser una norma religiosa a un imperativo económico. La institución del tiempo aparece en el trabajo, que es la conversión de la actividad humana, la fuerza de trabajo, que decía Carlos Marx para referirse a la capacidad de hacer cosas, supeditada a una finalidad en dinero. El trabajador se convierte a través del trabajo en dinero. El hombre es dinero, como cantaron Alceo, que citaba a Aristodamo como autor de la máxima, y Píndaro. No es solo por aquello que se oye decir a veces de "tanto tienes, tanto vales", sino esto otro de "tanto ganas, tanto eres". El Nombre Propio es el fundamento último del dinero, la forma más pura del Capital: la firma, por ejemplo, del pintor en el cuadro es lo que le da valor a este, como el precio en la etiqueta da valor al producto. 
 
    Es así como gracias al trabajo, el dinero se ha vuelto tiempo, y la nueva verdad “Money is time” es el reverso de la vieja: es solo el tiempo, esencialmente vacío y futuro, la moneda que vale para el capital más perfecto. Quizá se haga algo difícil verlo a primera vista, pero es sin embargo lo que vamos a intentar hacer aquí. Hemos tomado el clásico “el tiempo es dinero” y le damos la vuelta para ver si “el dinero es tiempo”. Cuando decimos esto último de que el dinero es tiempo pensamos automáticamente en “el dinero es tiempo futuro” porque el dinero representa la posibilidad, la promesa y la proyección hacia un futuro que el propio dinero crea, dado que no es solo un medio de intercambio comercial actual, sino la herramienta que permite planificar, idear y construir el futuro con la promesa de acceder a bienes y servicios, por lo que se convierte en un medio de ejercer el poder. 
 
    El escritor victoriano George Gissing (1857-1903) reflexionó en su novela "The Emancipated" sobre el aforismo "El tiempo es dinero", dándole la vuelta y escribiendo sobre la relación inversa del proverbio común: Time is money says the proverb, but turn it around and you get a precious truth. Money is time. With money I buy for cheerful use the hours which otherwise would not in any sense be mine..." (El proverbio dice que el tiempo es dinero, pero dale la vuelta y obtendrás una verdad preciosa. El dinero es tiempo. Con dinero compro para mi uso alegre las horas que de otro modo no serían mías en ningún sentido...). 
 
    El dinero no proyecta su valor en el futuro, sino que crea el futuro que proyecta. Esta interpretación no procede de un economista, sino de un escritor como Borges que en el cuento El Zahír, expresa su convencimiento de que el dinero, a pesar de su aparente materialidad -el dinero físico, diríamos hoy-, es en realidad inmaterial, espiritual o virtual, que diríamos también, ya que no tiene un valor intrínseco sino extrínseco que nosotros le otorgamos por ser una promesa de lo que se puede adquirir con él. Escribe Borges literalmente. "nada hay mas inmaterial que el dinero, ya que cualquier moneda es, en rigor, un repertorio de futuros posibles". 
 
    En otras palabras, el dinero no es valioso por sí mismo, sino por lo que puede permitirnos hacer en el futuro, ya sea comprar bienes o servicios, y, antes que eso, porque nos garantiza de alguna manera un futuro. En resumen, la frase "el dinero es futuro" destaca la relación intrínseca entre el dinero y la proyección hacia lo que está por venir, tanto a nivel individual como en el ámbito social y económico. 
 
    No en vano se recurre en castellano a veces a la expresión “labrarse un porvenir”, que, proveniente de la agricultura (labrar es arar la tierra para sembrar en ella a fin de cosechar), significa asegurar trabajando con esfuerzo un futuro. Puede también relacionarse con otra expresión castellana “ganarse la vida”, donde la vida sustituye al jornal (derivado de *diurnalem, lo que ganaba el jornalero durante un día de trabajo o jornada, de ahí que también un jornalero sea un ganapán, que alude a la maldición bíblica de "ganarás el pan con el sudor de tu frente" y por referirse al mozo de cuerda que "se ganaba la vida" -dinero y tiempo- llevando recados o transportando bultos de un punto a otro, como espécimen de trabajador sudoroso por excelencia). 
 
    Resuena, a propósito, la pregunta que le hace Miguelito a su amiga Mafalda en la viñeta impagable de Quino a propósito de la expresión "trabajar para ganarse uno la vida": Pero ¿por qué esa vida que uno se gana tiene que desperdiciarla en trabajar para ganarse la vida?

sábado, 22 de noviembre de 2025

Pareceres XCI

446.- 'Paz, dignidad e igualdad en un planeta saludable'. El lema de la ONU, Organización de las Naciones Unidas (UNO en la lengua del Imperio, en la que los determinantes preceden a los determinados (United Nations Organization), que fue fundada tras la Segunda Guerra Mundial por cincuenta y una naciones que se comprometieron a mantener la paz y la seguridad mundial, según sus propias palabras, es además de eso, proteger los derechos humanos y promover la igualdad entre todas las personas sin importar su raza, sexo, religión u origen.  A tan nobles objetivos se añadió la coletilla de “planeta saludable” que apuntaba a la acción climática y al desarrollo sostenible, objetivos cruciales para el bienestar futuro (perdonen entre tanto las molestias actuales que puedan ocasionarles) de la humanidad y del planeta. Desde la fundación de la Organización, el mundo ha estado en guerra, una guerra interminable. La propia pretensión de que se unan las naciones existentes fortalece la existencia y no la disolución de dichas naciones que por esencia son beligerantes: la guerra es la esencia de cualquier Estado. Se cuenta que, cuando la ONU en 1946 excluyó la entrada de la España de Franco, se vio una pancarta  en un acto de adhesión fervorosa al Régimen en la plaza de Oriente, de la que desgraciadamente no hay testimonio gráfico fiable, que decía no sin chulanganería y estableciendo la diferencia entre ellos y nosotros, porque España era diferente: “Si ellos tienen UNO, nosotros tenemos dos (y bien puestos)”. España acabaría entrando en la Organización, poco después, en el año del Señor de 1955, hasta la fecha. 
 
  
447.- Los medios mienten. Todos en general y cada uno de ellos en particular. Hay que denunciarlo para que los que todavía se asoman, ingenuos, a las páginas electrónicas o de papel de los periódicos y a los servicios informativos de las pantallas se desengañen de una vez por todas, y para que cuando quieran acusar a alguien de mentiroso digan de él con más razón que un santo que dice más mentiras que el diario independiente de la mañana, que los servicios informativos de RTVE o de cualquier otra cadena de televisión, o que los verificadores de la verdad... Hace años se decía de los mentirosos que mentían más que la Gaceta, aludiendo a la Gaceta de Madrid, el periódico más antiguo de España, que comenzó a editarse en 1660. De este periódico se llegaron a tirar muchísimos ejemplares para su época y muchos pasaban al otro lado del charco, donde también se leía. Ya en el siglo XIX fue el órgano de propaganda de los políticos que detentaban el poder y del ignominioso rey Fernando VII. En sus páginas se mentía todo lo necesario para aplacar los ánimos del pueblo o se publicaban infundios siempre que beneficiaran a los gobiernos y gobernantes. Su carácter de prensa orgánica y oficial lo convirtió en detestable para los liberales, llegando a convertirse con el tiempo en lo que luego se llamó el BOE (Boletín Oficial del Estado), que sigue mintiendo, no hace falta decirlo, porque las noticias que publica, aunque reales, son esencialmente falsas, como la actualidad, ese trampantojo que crean los medios para que no hablemos de otra cosa y no sepamos lo que pasa. 
 
(Modificado el texto)
 
448.- ¿Deporte? ¡No, gracias! Nadar, montar en bicicleta o correr son actividades lúdicas, que se hacen libremente, o sea con mente libre. En cambio, practicar la natación, el ciclismo o el atletismo es convertir esas mismas actividades lúdicas en deporte, es decir, en ideología, competición y sufrimiento. Lo más aborrecible de la reducción a deportes del acto de correr o de montar en velocípedo es hacerlo sobre una cinta móvil o una bicicleta estática que tanto abundan en los gimnasios, esas modernas palestras donde se va a sufrir trabajando el cuerpo. ¡Qué palabra tan bella esta de gimnasia que tanto le gustaba a Mairena! ¡Qué horrible el engendro ese de Educación Física! "Gimnasia" evoca, por cierto, más que el ejercicio, la desnudez flexible del cuerpo humano, pues procede del adjetivo griego "gymnós", que significa "desnudo", es decir, desprovisto de ideas, y evoca y nos recuerda a los efebos encuerados y sudorosos de las palestras de la antigua Grecia o a los atletas olímpicos, que no llevaban encima ningún tapujo! No me gusta nada la aberración de la bicicleta estática. ¿No es lo mejor del velocípedo la sensación del aire fresco en la cara, la embriaguez de los aromas, el paisaje en movimiento o nuestra propia e impagable sensación de libertad, y lo peor el pedaleo que no te lleva a ninguna parte, por muy deportivo, sano y recomendable que sea? 
449.- Deseo de ser nadie. “Si no estás empadronado, no eres nadie”. Rezaba el lema de una campaña electoral del Ayuntamiento de Sevilla en el año del Señor de 1999. ¡Qué bendición no ser nadie, digo yo, o ser un don Nadie, si lo prefieren! Yo quisiera des-em-padronarme ahora mismo y emular a Odiseo o Ulises –ambos nombres son pseudónimos, nombres artísticos o falsos del mismo personaje-. que, cuando le preguntaron una vez quién era, es decir, cuál era su verdadero nombre, respondió diciendo más verdad de lo que pueda parecer a primera vista, que Ninguno, o sea Nadie. 

 
450.- Los mercados. ¿Qué son los mercados, esos cocos, madre mía, con los que nos meten tanto miedo políticos y empresarios? Nos preguntamos la gente corriente y moliente, los de abajo. No son monstruos de película de terror. Son bancos (o entidades bancarias, como ellos prefieren denominarse con complejo circunloquio) y Estados que prestan dinero a otros bancos y otros Estados. No son una especie de ogro enmascarado de difusa identidad, sino entidades concretas financieras y estatales, lo que demuestra que la institución estatal y el poder económico son la misma realidad, las dos caras de la misma moneda que es, obvio decirlo, su majestad don Dinero, dios todopoderoso: son tal para cual. Los capitales o caudales –no la calderilla de los dinerillos que llevamos en nuestros sueldos, pensiones de jubilación y bolsillos, sino las sumas astronómicas de miles de millones que no podemos imaginar y con las que nos apabullan- pasan de unas manos a otras en ese circuito vicioso que va de los bancos que prestan a los Estados, a los Estados que rescatan a esos bancos como si fueran caballeros que salvan a damiselas cautivas, y así hasta el infinito. Siempre según el avatar del momento, según toque, el par capital-estado mueve sus fondos hacia el lado que más interesa, y ya se sabe que el interés (del capital, por supuesto) es que el capital se multiplique con el paso del tiempo (a un supuesto rédito del 100%) alimentado con el pan del futuro y el combustible de nuestra fe, pero son dinerales de ida y vuelta. Todo, pues, queda en casa, una casa que se quema, pasto de las llamas, y de la que es menester salir corriendo cuanto antes so riesgo de perecer abrasado.
 

viernes, 7 de noviembre de 2025

Un poema plástico de Fernando Arrabal

    Escribía el 2 de los corrientes el "último gran genio del siglo XX, el dramaturgo Fernando Arrabal", según El Español, el periódico donde publica ahora una columna los domingos, Manuscritos: la 'cacho-estilográfica' de Jim Morrison, que ya casi nadie le escribía a mano y añadía: "Incluso yo mismo. Mis últimos sonetos, mis últimas obras de teatro, o sobre todo mis arrabalescos o poemas plásticos, los escribo con el Mac", refiriéndose a una conocida marca de ordenadores personales. Confiesa que ya no escribe a mano sus textos. Con ellas sigue dibujando y pintando, pero ya no escribiendo "seudo-arrabalescos para manuscritos", como este, que no está mal traído, en el que llaman la atención innecesariamente los signos de interrogación, que dice: No hagamos historias ¿y menos aún la Historia?
 
Cuadro al óleo de Fernando Arrabal
  
    Tomo de allí el siguiente poema plástico número 2, que combina imágenes de objetos y texto con cierta ironía y simbolismo ¿patafísico? ¿pánico? de Arrabal.  
 
    El texto manuscrito encuadrado en marco de oro o dorado y escrito sobre una especie de nube reza en la lengua de Moliére “… l’or n’a pas d’odeur” (“el oro no tiene olor”), delatando así el afrancesamiento de su autor, lo que en román paladino es “El oro no tiene olor”, que evoca a su vez el proverbio latino pecunia non olet (“el dinero no huele”), atribuido al emperador Vespasiano, quien justificaba así el impuesto con el que grabó el uso de los urinarios, como cuenta Suetonio en "La vida de los doce césares" en la biografía del divino Vespasiano (XXIII):  Cuando su hijo Tito le reprochó que hubiera ideado un impuesto sobre la orina, le puso delante de las narices el dinero procedente de la primera recaudación, preguntándole si le ofendía el olor; y al responder aquel que no: «Pues procede -le replicó- de las meadas» (reprehendenti filio Tito, quod etiam urinae uectigal commentus esset, pecuniam ex prima pensione admouit ad nares, sciscitans num odore offenderetur; et illo negante: 'atquin,' inquit, 'e lotio est'). La orina, por cierto, la recogían los bataneros para quitar las grasas de las togas, túnicas y estolas. 
 
    El proverbio latino viene a decir que el dinero (o el oro) no huele ni mal ni bien, con lo que escapa al cuestionamiento ético y moral. El dinero es amoral y neutral, y, a la vez, es el símbolo no solo de la riqueza, sino del poder, por lo que estaría más allá del bien y del mal. 

Poema visual núm. 2 Fernando Arrabal 
 
    Hay un objeto que es un frasco de perfume, aunque no lo parezca a simple vista,  de un conocido diseñador de moda, cuya forma evoca un lingote de oro que, este sí, tiene olor, y su fragancia se asocia como hace la publicidad televisiva navideña con el erotismo. Su nombre “1 Million” no deja lugar a dudas. El perfume promete oler a un millón de dólares o de euros, o también a que su fragancia es "one in a million", única entre un millón. 
 
    Como contrapunto a ambos objetos superpuestos y como telón de fondo, unas esposas que llevan la firma del apellido de Arrabal escrita a mano, que parece que encadenan el perfume -y por extensión el dinero- sugiriendo algo así como que el oro inodoro y el aromático perfume que huele a millonario son una prisión, algo que nos encadena y que no nos deja ser libres por lo tanto. 
 
    En resumen, parece que el poema plástico arrabaliano o arrabalesco viene a decirnos, a modo de aforismo visual, que el oro -o el dinero- no huele ni bien ni mal, pero nos encadena. Arrabal logra así, con su humor negro y espíritu dadaísta, patafísico, surrealista, pánico, o como se quiera denominar su genialidad venida a menos,  reflejar la pequeña tragedia del capitalismo en miniatura: el perfume como símbolo del deseo, el oro como símbolo del poder, y las esposas como emblema de la servidumbre que ambos nos imponen.
 
 
 
    Le faltó tal vez, a mi modo de ver, hacer una alusión escatológia y freudiana relacionando el oro y el dinero con las heces, que le hubiera permitido escribir en la lengua de Cervantes "El oro es inodoro", y utilizar el sustantivo 'inodoro' ese aparato sanitario, como dice la docta Academia, que sirve para evacuar los excrementos y la orina, provisto de un sifón que evita los malos olores,  algo que logra, por ejemplo, este inodoro -nunca mejor puesto un nombre- de oro macizo del artista italiano Maurizio Cattelan que va a subastarse en una conocida galería de arte con un precio de salida de diez millones de dólares.

viernes, 10 de octubre de 2025

Hojas secas

Nueva edición remasterizada de Gripe Aviar: "La enfermedad en poco más de dos meses ha obligado en todo el país al sacrificio de casi dos millones de gallinas".
 
  
 El dinero es fe, dice un prestigioso economista. Si todos creemos colectivamente en él, como creemos sin duda, le conferimos un poder del que carece sin la fe.
 
Si creemos en el dinero, le otorgamos, digno de crédito, la fuerza tan poderosa que ha movido el mundo en los cinco últimos milenios y la que lo mueve todavía.
 
 Lo canta la gran Liza Minnelli en un número musical de la película Cabaret: El dinero es el motor que hace girar al mundo con su tintineante y metálico sonido.
 
  El dinero es la idea abstracta de algo que no existía pero que ahora existe, algo en lo que todos hemos decidido creer y que requiere una fe inmensa, religiosa.
 
 El dinero es tan intangible que solamente algo más de la décima parte del que se mueve en el mundo es dinero real, efectivo. El resto es dinero... financiado.
 

 ¿Hablan las cosas? Puede que nos digan algo a su modo y no entendamos su lenguaje. ¿No están acaso sugiriéndonos algo esas hojas caídas en otoño sin palabras? 
 
oOo 
 
La baja médica es la fórmula mágica que permite vivir temporalmente sin trabajar, libres de la maldición bíblica que es nuestra condena al trabajo asalariado. 
 
¿Quién orienta al orientador que aconseja a los alumnos estudiar Formación Profesional en vez de Bachillerato? Sospecho que los vaivenes del mercado laboral.

El absentismo laboral motivado por la crisis de ansiedad que provoca el trabajo es el mal del siglo que afecta especialmente, dicen, a las jóvenes generaciones.

 
  

  Los Estados Unidos, dice su presidente, están siendo invadidos por un enemigo interno que hay que controlar con las fuerzas armadas antes de que se descontrole.
 
Ha renombrado el Departamento de Defensa como lo que es de verdad: Ministerio de Guerra, y declara la guerra interna -from within- del Estado contra el pueblo.
 
 En la Teogonía de Hesíodo se dice que en primer lugar hubo caos y que de ahí surgió el orden o cosmos. No es verdad: el caos es el orden que hay establecido.
 
 
Navegamos, como Ulises, frente a la isla de las sirenas, cuyos cánticos nos invitan a naufragar en un consumo compulsivo que no podrá saciar ninguna mercancía. 
 
Los cánticos de las sirenas digitales de los teléfonos móviles nos prometen conexión con el mundo cuando en realidad nos aíslan más en nuestra vida cotidiana.
 
De tanto ir el cántaro a la fuente, acaba quebrándose y rompiendo el asa o la frente, convirtiéndose, acto seguido, en arqueológica pieza exhibida en el museo.
 
Las hijoputeces del sistema: promete facilitarnos las cosas con la implementación de nuevas tecnologías cuando lo que hace es tecnológicamente complicárnoslas.