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miércoles, 14 de enero de 2026

Teatrillo de variedades (III)

9.- El valor del dinero. No es que los precios suban, como a veces dice la gente escandalizada, es que el dinero cada vez vale menos, aunque cada vez haya, paradójicamente, más dinero circulando. Pero la mayor parte del dinero existente es una creación de los bancos que otorgan préstamos que constituyen una deuda que debe ser resarcida con el tiempo y con creces, que son los intereses. Con cada préstamo que se contrae se incorpora más capital al mercado -se fabrica más dinero-; y, con cada nueva incorporación de nuevo capital, el capital anterior existente comparte y reparte su valor con el dinero de nueva creación salido de la pura nada, por lo que el dinero cada vez vale menos, lo que hace que aumente la deuda, que es la esencia del dinero, que se amortiza con el tiempo que el propio dinero crea para amortizarse. El crédito que nos conceden origina la crisis porque para darnos un préstamo, tienen que inventar ese dinero; y cuando más dinero inventan y sale al mercado más aumenta la inflación y más baja el valor del dinero, lo que hace que el precio que tenía un producto, inestable por naturaleza, tenga tendencia generalmente al alza. La tendencia a la baja es teóricamente posible cuando hay superproducción y escasa demanda, pero en la práctica no es muy frecuente. Perdónanos nuestras deudas, Señor, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, se rezaba antes. Pero ahora no hay perdón de deuda que valga, porque si se condonara la deuda, se iría al infierno el sistema económico financiero planetario.  

10.- Apunte sobre fraude electoral: . Hay quien afirma que hubo “fraude electoral” en las últimas elecciones por el amaño de algunas papeletas. No voy a entrar en el detalle. Al margen de quién lo dice y del número de papeletas introducidas fraudulentamente en la urna y o bien en el cómputo, que no viene al caso, es cierto en cualquier situación: las elecciones siempre son un fraude porque los elegidos no representan a nadie, ni a sus electores ni a sí mismos siquiera, sino, en el mejor de los casos, a la formación política a la que pertenecen, subvencionada por el Estado y el Capital a su servicio. 

 

11- Polimatía. Contra el vicio erudito de acumular conocimientos, lo que se llamó polimatía en griego o erudición que abarca múltiples y muy diversos conocimientos científicos, hay un remedio al alcance de cualquiera consistente en desembarazarse de lo que uno, mal que le pese, está constitucionalmente preñado, vaciándose de las ideas previas recibidas y acumuladas que se convierten en costras que nos convierten en crustáceos. Escribía Heraclito (en traducción de J. D. García Bacca): La erudición en muchas cosas no enseña a entender ninguna, que, en caso contrario, hubiera enseñado a Hesíodo, a Pitágoras, a Jenófanes y a Hecateo. Arremete el filósofo oscuro más claro que el agua de Éfeso contra algunos sabios y científicos de su tiempo. Especialmente nos interesa su ataque a Pitágoras, que entre nosotros es el representante de la Matemática y las llamadas Ciencias Exactas ya que “al racionalizar o aplicar un lógos a las cosas y sus movimientos -como escribe García Calvo- oculta el lógos o o razón contradictoria que las constituye, en cuanto que presenta la contradicción como harmonía, y así (…) se revela la Ciencia positiva, no menos que la Retórica, como instrumento de engaño para los hombres”. 

12 ¡Toma ultrafalso y requetefalso! Al parecer, la Inteligencia Artificial Grok de X, antes tuíter, la plataforma más gamberra que hay, está editando fotos para poner a la gente en bikini y al parecer mujeres y niñas desnudas también a petición, y esto es una sexualización terrible. Hay que hacer algo rápidamente. Una solución propuesta por el primerministro británico, cuyo nombre propio poco importa, es prohibir dicha red social en el Reino Unido por los deepfakes -imágenes, vídeos o audios que son editados o generados utilizando herramientas de inteligencia artificial, y que pueden mostrar personas reales o inexistentes en situaciones que no han protagonizado, confundiéndose la realidad con la ficción- que publica y que están molestando a mucha gente. Así le ha replicado desde la plataforma algún tuitero:  ¡toma deepfake, ultrafalso y requetefalso primerministro!​ 

 

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Durante la Gala Especial de Nochevieja del 31 de diciembre de 1985 -va a hacer ya cuarentayún años, madre mía, de aquello- la actriz y cantante ya fallecida Concha Velasco celebraba la entrada de España en la Comunidad Económica Europea, hoy rebautizada como Unión Europea, denominación que oculta el adjetivo esencial  “económica”, como si fuera un espíritu político puro y disimula el término original de 'Mercado Común' -la política es el disfraz de la economía- con un optimismo por todo lo alto que hoy nos resulta sarcástico al par que escandaloso. Comenzaba brindando y cantando la siguiente copla: “Señoras y señores, / alcemos nuestras copas; / con todos los honores, / brindemos por Europa”. Y a continuación, con unos pentasílabos perfectos: “Por obra y arte / de un compromiso / ya somos parte / del paraíso”: Al final del vídeo canta con una estudiada coreografía el tema pegadizo que hoy nos hace avergonzarnos: "Que viva el IVA, ay, que viva el IVA, que viva el IVA, ay que voy, que voy..." El IVA, por si alguien a estas alturas ignora lo que esconde el engendro cuya imposición se celebraba con burbujas de champán, es el acrónimo del Impuesto de Valor Añadido que con el año 1986 entraba en vigor en las Españas y sigue vigente hasta la fecha. El Estado, a través del Ente Público que es RTVE, nos convencía de cualquier cosa, capaz como era de hacernos comulgar con la imposición de una rueda de molino como si fuera la hostia, y lo peor de todo es que la gente en el plató aplaudía a rabiar a la gran artista vendida al Régimen. 

 

domingo, 4 de enero de 2026

Tiempo vs. dinero, y viceversa

    No cuesta mucho trabajo entender cómo el tiempo es dinero según el conocido adagio inglés time is money (o el tiempo es oro, que dice el correlato castellano), acuñado al parecer por B. Franklin en su ensayo Consejos a un joven comerciante (1748), cosa que ya se decía en muchas otras lenguas: En alemán: Zeit ist Geld, en francés: Le temps c'est de l'argent, en griego moderno (y casi clásico también): Ο χρόνος είναι χρήμα, o en portugués: O tempo é dinheiro e o resto é conversa ('palabrería'). 
 
    Es fácil verlo porque estamos acostumbrados a que computar y cronometrar el tiempo sea equivalente de monetizarlo. Suele decirse también: El tiempo, que es lo que más vale, no lo da Dios de balde, y, Quien defiende su tiempo, defiende su dinero. Pero ese tiempo no es nunca presente porque el tiempo presente, al mentarlo ya es ausente. De hecho se dice también: que el tiempo presente es un segundo: lo demás o es pasado o es futuro
 
      El tiempo no debe desperdiciarse por lo mucho que vale, porque según la ética protestante es un don divino que debe aprovecharse, por lo que es un pecado perder el tiempo, desperdiciarlo. El sociólogo Max Weber en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo argumenta que esta mentalidad transformó la vida de Occidente, y cita a Benjamin Franklin y el citado Time is money para ilustrar cómo el aprovechamiento del tiempo pasó de ser una norma religiosa a un imperativo económico. La institución del tiempo aparece en el trabajo, que es la conversión de la actividad humana, la fuerza de trabajo, que decía Carlos Marx para referirse a la capacidad de hacer cosas, supeditada a una finalidad en dinero. El trabajador se convierte a través del trabajo en dinero. El hombre es dinero, como cantaron Alceo, que citaba a Aristodamo como autor de la máxima, y Píndaro. No es solo por aquello que se oye decir a veces de "tanto tienes, tanto vales", sino esto otro de "tanto ganas, tanto eres". El Nombre Propio es el fundamento último del dinero, la forma más pura del Capital: la firma, por ejemplo, del pintor en el cuadro es lo que le da valor a este, como el precio en la etiqueta da valor al producto. 
 
    Es así como gracias al trabajo, el dinero se ha vuelto tiempo, y la nueva verdad “Money is time” es el reverso de la vieja: es solo el tiempo, esencialmente vacío y futuro, la moneda que vale para el capital más perfecto. Quizá se haga algo difícil verlo a primera vista, pero es sin embargo lo que vamos a intentar hacer aquí. Hemos tomado el clásico “el tiempo es dinero” y le damos la vuelta para ver si “el dinero es tiempo”. Cuando decimos esto último de que el dinero es tiempo pensamos automáticamente en “el dinero es tiempo futuro” porque el dinero representa la posibilidad, la promesa y la proyección hacia un futuro que el propio dinero crea, dado que no es solo un medio de intercambio comercial actual, sino la herramienta que permite planificar, idear y construir el futuro con la promesa de acceder a bienes y servicios, por lo que se convierte en un medio de ejercer el poder. 
 
    El escritor victoriano George Gissing (1857-1903) reflexionó en su novela "The Emancipated" sobre el aforismo "El tiempo es dinero", dándole la vuelta y escribiendo sobre la relación inversa del proverbio común: Time is money says the proverb, but turn it around and you get a precious truth. Money is time. With money I buy for cheerful use the hours which otherwise would not in any sense be mine..." (El proverbio dice que el tiempo es dinero, pero dale la vuelta y obtendrás una verdad preciosa. El dinero es tiempo. Con dinero compro para mi uso alegre las horas que de otro modo no serían mías en ningún sentido...). 
 
    El dinero no proyecta su valor en el futuro, sino que crea el futuro que proyecta. Esta interpretación no procede de un economista, sino de un escritor como Borges que en el cuento El Zahír, expresa su convencimiento de que el dinero, a pesar de su aparente materialidad -el dinero físico, diríamos hoy-, es en realidad inmaterial, espiritual o virtual, que diríamos también, ya que no tiene un valor intrínseco sino extrínseco que nosotros le otorgamos por ser una promesa de lo que se puede adquirir con él. Escribe Borges literalmente. "nada hay mas inmaterial que el dinero, ya que cualquier moneda es, en rigor, un repertorio de futuros posibles". 
 
    En otras palabras, el dinero no es valioso por sí mismo, sino por lo que puede permitirnos hacer en el futuro, ya sea comprar bienes o servicios, y, antes que eso, porque nos garantiza de alguna manera un futuro. En resumen, la frase "el dinero es futuro" destaca la relación intrínseca entre el dinero y la proyección hacia lo que está por venir, tanto a nivel individual como en el ámbito social y económico. 
 
    No en vano se recurre en castellano a veces a la expresión “labrarse un porvenir”, que, proveniente de la agricultura (labrar es arar la tierra para sembrar en ella a fin de cosechar), significa asegurar trabajando con esfuerzo un futuro. Puede también relacionarse con otra expresión castellana “ganarse la vida”, donde la vida sustituye al jornal (derivado de *diurnalem, lo que ganaba el jornalero durante un día de trabajo o jornada, de ahí que también un jornalero sea un ganapán, que alude a la maldición bíblica de "ganarás el pan con el sudor de tu frente" y por referirse al mozo de cuerda que "se ganaba la vida" -dinero y tiempo- llevando recados o transportando bultos de un punto a otro, como espécimen de trabajador sudoroso por excelencia). 
 
    Resuena, a propósito, la pregunta que le hace Miguelito a su amiga Mafalda en la viñeta impagable de Quino a propósito de la expresión "trabajar para ganarse uno la vida": Pero ¿por qué esa vida que uno se gana tiene que desperdiciarla en trabajar para ganarse la vida?

sábado, 22 de noviembre de 2025

Pareceres XCI

446.- 'Paz, dignidad e igualdad en un planeta saludable'. El lema de la ONU, Organización de las Naciones Unidas (UNO en la lengua del Imperio, en la que los determinantes preceden a los determinados (United Nations Organization), que fue fundada tras la Segunda Guerra Mundial por cincuenta y una naciones que se comprometieron a mantener la paz y la seguridad mundial, según sus propias palabras, es además de eso, proteger los derechos humanos y promover la igualdad entre todas las personas sin importar su raza, sexo, religión u origen.  A tan nobles objetivos se añadió la coletilla de “planeta saludable” que apuntaba a la acción climática y al desarrollo sostenible, objetivos cruciales para el bienestar futuro (perdonen entre tanto las molestias actuales que puedan ocasionarles) de la humanidad y del planeta. Desde la fundación de la Organización, el mundo ha estado en guerra, una guerra interminable. La propia pretensión de que se unan las naciones existentes fortalece la existencia y no la disolución de dichas naciones que por esencia son beligerantes: la guerra es la esencia de cualquier Estado. Se cuenta que, cuando la ONU en 1946 excluyó la entrada de la España de Franco, se vio una pancarta  en un acto de adhesión fervorosa al Régimen en la plaza de Oriente, de la que desgraciadamente no hay testimonio gráfico fiable, que decía no sin chulanganería y estableciendo la diferencia entre ellos y nosotros, porque España era diferente: “Si ellos tienen UNO, nosotros tenemos dos (y bien puestos)”. España acabaría entrando en la Organización, poco después, en el año del Señor de 1955, hasta la fecha. 
 
  
447.- Los medios mienten. Todos en general y cada uno de ellos en particular. Hay que denunciarlo para que los que todavía se asoman, ingenuos, a las páginas electrónicas o de papel de los periódicos y a los servicios informativos de las pantallas se desengañen de una vez por todas, y para que cuando quieran acusar a alguien de mentiroso digan de él con más razón que un santo que dice más mentiras que el diario independiente de la mañana, que los servicios informativos de RTVE o de cualquier otra cadena de televisión, o que los verificadores de la verdad... Hace años se decía de los mentirosos que mentían más que la Gaceta, aludiendo a la Gaceta de Madrid, el periódico más antiguo de España, que comenzó a editarse en 1660. De este periódico se llegaron a tirar muchísimos ejemplares para su época y muchos pasaban al otro lado del charco, donde también se leía. Ya en el siglo XIX fue el órgano de propaganda de los políticos que detentaban el poder y del ignominioso rey Fernando VII. En sus páginas se mentía todo lo necesario para aplacar los ánimos del pueblo o se publicaban infundios siempre que beneficiaran a los gobiernos y gobernantes. Su carácter de prensa orgánica y oficial lo convirtió en detestable para los liberales, llegando a convertirse con el tiempo en lo que luego se llamó el BOE (Boletín Oficial del Estado), que sigue mintiendo, no hace falta decirlo, porque las noticias que publica, aunque reales, son esencialmente falsas, como la actualidad, ese trampantojo que crean los medios para que no hablemos de otra cosa y no sepamos lo que pasa. 
 
(Modificado el texto)
 
448.- ¿Deporte? ¡No, gracias! Nadar, montar en bicicleta o correr son actividades lúdicas, que se hacen libremente, o sea con mente libre. En cambio, practicar la natación, el ciclismo o el atletismo es convertir esas mismas actividades lúdicas en deporte, es decir, en ideología, competición y sufrimiento. Lo más aborrecible de la reducción a deportes del acto de correr o de montar en velocípedo es hacerlo sobre una cinta móvil o una bicicleta estática que tanto abundan en los gimnasios, esas modernas palestras donde se va a sufrir trabajando el cuerpo. ¡Qué palabra tan bella esta de gimnasia que tanto le gustaba a Mairena! ¡Qué horrible el engendro ese de Educación Física! "Gimnasia" evoca, por cierto, más que el ejercicio, la desnudez flexible del cuerpo humano, pues procede del adjetivo griego "gymnós", que significa "desnudo", es decir, desprovisto de ideas, y evoca y nos recuerda a los efebos encuerados y sudorosos de las palestras de la antigua Grecia o a los atletas olímpicos, que no llevaban encima ningún tapujo! No me gusta nada la aberración de la bicicleta estática. ¿No es lo mejor del velocípedo la sensación del aire fresco en la cara, la embriaguez de los aromas, el paisaje en movimiento o nuestra propia e impagable sensación de libertad, y lo peor el pedaleo que no te lleva a ninguna parte, por muy deportivo, sano y recomendable que sea? 
449.- Deseo de ser nadie. “Si no estás empadronado, no eres nadie”. Rezaba el lema de una campaña electoral del Ayuntamiento de Sevilla en el año del Señor de 1999. ¡Qué bendición no ser nadie, digo yo, o ser un don Nadie, si lo prefieren! Yo quisiera des-em-padronarme ahora mismo y emular a Odiseo o Ulises –ambos nombres son pseudónimos, nombres artísticos o falsos del mismo personaje-. que, cuando le preguntaron una vez quién era, es decir, cuál era su verdadero nombre, respondió diciendo más verdad de lo que pueda parecer a primera vista, que Ninguno, o sea Nadie. 

 
450.- Los mercados. ¿Qué son los mercados, esos cocos, madre mía, con los que nos meten tanto miedo políticos y empresarios? Nos preguntamos la gente corriente y moliente, los de abajo. No son monstruos de película de terror. Son bancos (o entidades bancarias, como ellos prefieren denominarse con complejo circunloquio) y Estados que prestan dinero a otros bancos y otros Estados. No son una especie de ogro enmascarado de difusa identidad, sino entidades concretas financieras y estatales, lo que demuestra que la institución estatal y el poder económico son la misma realidad, las dos caras de la misma moneda que es, obvio decirlo, su majestad don Dinero, dios todopoderoso: son tal para cual. Los capitales o caudales –no la calderilla de los dinerillos que llevamos en nuestros sueldos, pensiones de jubilación y bolsillos, sino las sumas astronómicas de miles de millones que no podemos imaginar y con las que nos apabullan- pasan de unas manos a otras en ese circuito vicioso que va de los bancos que prestan a los Estados, a los Estados que rescatan a esos bancos como si fueran caballeros que salvan a damiselas cautivas, y así hasta el infinito. Siempre según el avatar del momento, según toque, el par capital-estado mueve sus fondos hacia el lado que más interesa, y ya se sabe que el interés (del capital, por supuesto) es que el capital se multiplique con el paso del tiempo (a un supuesto rédito del 100%) alimentado con el pan del futuro y el combustible de nuestra fe, pero son dinerales de ida y vuelta. Todo, pues, queda en casa, una casa que se quema, pasto de las llamas, y de la que es menester salir corriendo cuanto antes so riesgo de perecer abrasado.
 

viernes, 7 de noviembre de 2025

Un poema plástico de Fernando Arrabal

    Escribía el 2 de los corrientes el "último gran genio del siglo XX, el dramaturgo Fernando Arrabal", según El Español, el periódico donde publica ahora una columna los domingos, Manuscritos: la 'cacho-estilográfica' de Jim Morrison, que ya casi nadie le escribía a mano y añadía: "Incluso yo mismo. Mis últimos sonetos, mis últimas obras de teatro, o sobre todo mis arrabalescos o poemas plásticos, los escribo con el Mac", refiriéndose a una conocida marca de ordenadores personales. Confiesa que ya no escribe a mano sus textos. Con ellas sigue dibujando y pintando, pero ya no escribiendo "seudo-arrabalescos para manuscritos", como este, que no está mal traído, en el que llaman la atención innecesariamente los signos de interrogación, que dice: No hagamos historias ¿y menos aún la Historia?
 
Cuadro al óleo de Fernando Arrabal
  
    Tomo de allí el siguiente poema plástico número 2, que combina imágenes de objetos y texto con cierta ironía y simbolismo ¿patafísico? ¿pánico? de Arrabal.  
 
    El texto manuscrito encuadrado en marco de oro o dorado y escrito sobre una especie de nube reza en la lengua de Moliére “… l’or n’a pas d’odeur” (“el oro no tiene olor”), delatando así el afrancesamiento de su autor, lo que en román paladino es “El oro no tiene olor”, que evoca a su vez el proverbio latino pecunia non olet (“el dinero no huele”), atribuido al emperador Vespasiano, quien justificaba así el impuesto con el que grabó el uso de los urinarios, como cuenta Suetonio en "La vida de los doce césares" en la biografía del divino Vespasiano (XXIII):  Cuando su hijo Tito le reprochó que hubiera ideado un impuesto sobre la orina, le puso delante de las narices el dinero procedente de la primera recaudación, preguntándole si le ofendía el olor; y al responder aquel que no: «Pues procede -le replicó- de las meadas» (reprehendenti filio Tito, quod etiam urinae uectigal commentus esset, pecuniam ex prima pensione admouit ad nares, sciscitans num odore offenderetur; et illo negante: 'atquin,' inquit, 'e lotio est'). La orina, por cierto, la recogían los bataneros para quitar las grasas de las togas, túnicas y estolas. 
 
    El proverbio latino viene a decir que el dinero (o el oro) no huele ni mal ni bien, con lo que escapa al cuestionamiento ético y moral. El dinero es amoral y neutral, y, a la vez, es el símbolo no solo de la riqueza, sino del poder, por lo que estaría más allá del bien y del mal. 

Poema visual núm. 2 Fernando Arrabal 
 
    Hay un objeto que es un frasco de perfume, aunque no lo parezca a simple vista,  de un conocido diseñador de moda, cuya forma evoca un lingote de oro que, este sí, tiene olor, y su fragancia se asocia como hace la publicidad televisiva navideña con el erotismo. Su nombre “1 Million” no deja lugar a dudas. El perfume promete oler a un millón de dólares o de euros, o también a que su fragancia es "one in a million", única entre un millón. 
 
    Como contrapunto a ambos objetos superpuestos y como telón de fondo, unas esposas que llevan la firma del apellido de Arrabal escrita a mano, que parece que encadenan el perfume -y por extensión el dinero- sugiriendo algo así como que el oro inodoro y el aromático perfume que huele a millonario son una prisión, algo que nos encadena y que no nos deja ser libres por lo tanto. 
 
    En resumen, parece que el poema plástico arrabaliano o arrabalesco viene a decirnos, a modo de aforismo visual, que el oro -o el dinero- no huele ni bien ni mal, pero nos encadena. Arrabal logra así, con su humor negro y espíritu dadaísta, patafísico, surrealista, pánico, o como se quiera denominar su genialidad venida a menos,  reflejar la pequeña tragedia del capitalismo en miniatura: el perfume como símbolo del deseo, el oro como símbolo del poder, y las esposas como emblema de la servidumbre que ambos nos imponen.
 
 
 
    Le faltó tal vez, a mi modo de ver, hacer una alusión escatológia y freudiana relacionando el oro y el dinero con las heces, que le hubiera permitido escribir en la lengua de Cervantes "El oro es inodoro", y utilizar el sustantivo 'inodoro' ese aparato sanitario, como dice la docta Academia, que sirve para evacuar los excrementos y la orina, provisto de un sifón que evita los malos olores,  algo que logra, por ejemplo, este inodoro -nunca mejor puesto un nombre- de oro macizo del artista italiano Maurizio Cattelan que va a subastarse en una conocida galería de arte con un precio de salida de diez millones de dólares.

viernes, 10 de octubre de 2025

Hojas secas

Nueva edición remasterizada de Gripe Aviar: "La enfermedad en poco más de dos meses ha obligado en todo el país al sacrificio de casi dos millones de gallinas".
 
  
 El dinero es fe, dice un prestigioso economista. Si todos creemos colectivamente en él, como creemos sin duda, le conferimos un poder del que carece sin la fe.
 
Si creemos en el dinero, le otorgamos, digno de crédito, la fuerza tan poderosa que ha movido el mundo en los cinco últimos milenios y la que lo mueve todavía.
 
 Lo canta la gran Liza Minnelli en un número musical de la película Cabaret: El dinero es el motor que hace girar al mundo con su tintineante y metálico sonido.
 
  El dinero es la idea abstracta de algo que no existía pero que ahora existe, algo en lo que todos hemos decidido creer y que requiere una fe inmensa, religiosa.
 
 El dinero es tan intangible que solamente algo más de la décima parte del que se mueve en el mundo es dinero real, efectivo. El resto es dinero... financiado.
 

 ¿Hablan las cosas? Puede que nos digan algo a su modo y no entendamos su lenguaje. ¿No están acaso sugiriéndonos algo esas hojas caídas en otoño sin palabras? 
 
oOo 
 
La baja médica es la fórmula mágica que permite vivir temporalmente sin trabajar, libres de la maldición bíblica que es nuestra condena al trabajo asalariado. 
 
¿Quién orienta al orientador que aconseja a los alumnos estudiar Formación Profesional en vez de Bachillerato? Sospecho que los vaivenes del mercado laboral.

El absentismo laboral motivado por la crisis de ansiedad que provoca el trabajo es el mal del siglo que afecta especialmente, dicen, a las jóvenes generaciones.

 
  

  Los Estados Unidos, dice su presidente, están siendo invadidos por un enemigo interno que hay que controlar con las fuerzas armadas antes de que se descontrole.
 
Ha renombrado el Departamento de Defensa como lo que es de verdad: Ministerio de Guerra, y declara la guerra interna -from within- del Estado contra el pueblo.
 
 En la Teogonía de Hesíodo se dice que en primer lugar hubo caos y que de ahí surgió el orden o cosmos. No es verdad: el caos es el orden que hay establecido.
 
 
Navegamos, como Ulises, frente a la isla de las sirenas, cuyos cánticos nos invitan a naufragar en un consumo compulsivo que no podrá saciar ninguna mercancía. 
 
Los cánticos de las sirenas digitales de los teléfonos móviles nos prometen conexión con el mundo cuando en realidad nos aíslan más en nuestra vida cotidiana.
 
De tanto ir el cántaro a la fuente, acaba quebrándose y rompiendo el asa o la frente, convirtiéndose, acto seguido, en arqueológica pieza exhibida en el museo.
 
Las hijoputeces del sistema: promete facilitarnos las cosas con la implementación de nuevas tecnologías cuando lo que hace es tecnológicamente complicárnoslas. 

lunes, 23 de junio de 2025

'Sed tu uera puta'

En la sátira segunda del poeta latino Juvenal, conocida como “Los hipócritas”, se hallan unos hexámetros (149-153) que hacen referencia a la incredulidad que los relatos mitológicos sobre el mundo de ultratumba, tal y como lo describían, por ejemplo, poetas como Virgilio,  provocaban en sus contemporáneos
 
Traduzco esos hexámetros en su ritmo dactílico, que consta de seis pies compuestos de un tiempo marcado generalmente con acento de palabra seguido de uno o dos no marcados y en principio átonos: Que ánimas haya de muertos y reino de rey soterraño, / Río de Llanto y ranas en charca estigia negruzcas / y aguas que crucen en una barcaza tantos a miles / solo lo creen los niños que aún no pagan el baño. / Mas tú tenlo por cierto* (...) Se alude al final a los niños pequeños que entraban gratis a los baños públicos sin pagar dinero como los adultos, y en la actualidad en el trasporte público, diríamos. 
 
  La barca de Caronte, José Benlliure Gil (1896)

Doy la versión en tercetos encadenados con rima consonante y versos hendecasílabos castellanos de don Francisco Díaz Carmona (1892): Nadie a no ser el niño que se baña / de balde, cree ya en manes, en infierno, / en Carón, en la Estigia, con su extraña // turba de negras ranas y su eterno / vórtice, y en la barca que allí espera / almas que conducir al hondo averno. // Mas tú júzgalo cosa verdadera. Y la traducción más antigua de don Luis Folgueras Sion, en hendecasílabos blancos (1817): ¿Son Manes? ¿Hay infierno? ¿Existe el reino / de Carón, y en el hórrido Aqueronte / ranas disformes, y pasando a miles / ánimas tristes en la barca sola? / Este dogma tremendo por creyentes / no mas tiene que a niños, y eso aquellos / que de balde se bañan. Descreído / no le deseches tú (…) 
 
Es interesante la imagen que propone el poeta de los niños que no pagan, es decir, que no conocen aún el valor del dinero. Estos niños ingenuos y libres de los manejos del dinero creen cualquier cosa que se les cuente, por ejemplo las fábulas de ultratumba y del inframundo en las que no creemos, necios de nosotros, los adultos: las historias del can Cérbero de tres cabezas, que podría ser una imagen del monstruo del tiempo con su pasado, presente y futuro, y los suplicios eternos en el seno de los infiernos de las hijas de Dánao o de Sísifo, o de Tántalo, del que la lengua inglesa guarda, por cierto, recuerdo en el verbo 'tantalize' que suele traducirse al román paladino, cuando no se calca directamente como 'tantalizar', como atormentar con algo que se desea pero no se puede alcanzar. Se refiere a la acción de despertar el interés o la curiosidad de alguien con algo que resulta atractivo, como las inalcanzables manzanas del hambriento Tántalo, pero que no está disponible porque su realidad, diríamos hoy, es meramente virtual.
 
 
 
Mostraba así el poeta Juvenal en esos versos el general escepticismo que dominaba en la sociedad romana, pues solo los niños muy pequeños daban crédito a las antiguas tradiciones y habladurías mitológicas acerca de la laguna Estigia que había que atravesar en la barca de Caronte para llegar a la otra orilla, al reino de Plutón (o a la mansión de Hades, su homólogo griego), para lo que había que pagar un óbolo al barquero, de donde, por cierto, la costumbre de enterrar a los muertos en la antigua Grecia con la moneda en la boca para que pudieran costear el pasaje de la postrera travesía. 
 
Tan grande era el valor que había alcanzado ya el dinero en la antigüedad que hasta para salir de este mundo y entrar en el otro había que pagar el pasaje, so pena de quedar las almas errantes durante toda la eternidad en la otra orilla como si no hubieran recibido sepultura. 


Solo los niños creían esas chácharas de viejas, mientras que los mayores no les prestaban crédito ninguno. Bendita sea la inocencia que es ignorancia de los niños que aún no han pasado por el aro y entrado en la sociedad adulta, y que no saben lo que es el dinero, y sin embargo viven. Pero nosotros, que ya no vivimos, sino que en el mejor de los casos existimos, que no es lo mismo, deberíamos creerlo también, por eso el poeta satírico nos dice a continuación: sed tu uera puta: 'Mas tú tenlo por cierto'. No seamos descreídos y preguntémonos: ¿Dónde está el infierno? Es muy fácil decir que no existe, pero es más que posible que exista y no poco, sino mucho. 

Ya Lucrecio había interpretado todas esas historias como metáforas o trasposiciones de la realidad (Todo aquello sin duda que en el Aqueronte profundo / han contado que hay, lo tenemos en vida nosotros): ni Tántalo, ni Sísifo ni las hijas de Dánao son personajes de ultratumba, sino proyecciones de nosotros mismos y de nuestros sufrimientos, porque el infierno no es que no exista, existe, y mucho, pero no está en el inframundo de ultratumba que forjamos a nuestra imagen y semejanza, sino aquí y ahora mismo, bajo el reinado del Estado y el Capital: es la dura realidad que padecemos.
  
*Doy los versos en latín: esse aliquos manes et subterranea regna, / Cocytum et Stygio ranas in gurgite nigras / atque una transire uadum tot milia cumba / nec pueri credunt, nisi qui nondum aere lauantur. / sed tu uera puta (...) (Juv. II, vv. 149-153).

jueves, 27 de marzo de 2025

Economía para los más peques

Recuerdo que cuando era pequeño tuve por lo menos dos huchas: una con forma de casita, que era de plástico y podía vaciarse fácilmente sin romperla y volver a utilizarse, y otra, más típica, que me viene a la cabeza ahora, que era un cerdito de barro con una rendija en el lomo para insertar las monedas y que había que romper para poder disfrutar de la riqueza acumulada. Era el cerdo símbolo de prosperidad, y una garantía de abundancia para el futuro, ya que su sacrificio ofrecía a la familia una fuente de proteína animal de jamones, chorizos, morcillas y embutidos varios que podían durar en la despensa hasta un año después de la matanza. 


Mi padre me daba semanalmente la paga: un duro, o sea, cinco pesetas. Yo sabía que, si en lugar de gastar esa paga en chucherías, la guardaba en su totalidad o en parte en la hucha, ahorraría al cabo de mucho tiempo un dineral -todavía no entendía yo muy bien la palabra "capital"-, y juntando mis ahorros, una vez rota la alcancía, podría comprar algo que ahora deseaba... el día de mañana. La ilusión por ese algo indefinido alimentaba mi deseo de ahorrar, pero enseguida comprendía que ese algo era como la zanahoria que se le pone al burro para que camine hacia delante sin distracción, algo siempre futuro y, por lo tanto, inalcanzable por esencia, condenándome a mí mismo al suplicio de Tántalo: se ve en la imaginación del deseo pero no se toca. Yo lo deseaba  aquí y ahora pero no tenía el dinero para comprarlo todavía. El problema era que cuando hubiera alcanzado la suma necesaria quizá ya no lo desearía... Aprendía así yo el valor del dinero, del futuro y del ahorro o sacrificio a tumba abierta del presente.


Me ha sorprendido ahora, bastante entrado ya en años, al hilo de estos recuerdos, la publicación y la polémica de un libro de economía para niños, escrito por María Jesús Soto Barragán, y titulado “Mi primer libro de economía, ahorro e inversión (Educación Financiera Básica)”, porque es un libro de texto que se imparte en los colegios de primaria de Castilla y León.



En la portada vemos a los jóvenes protagonistas Carol y Nico con un simpático perrito. Nico señala una planta que crece sobremanera y cuyas hojas llevan inscritos los símbolos pecuniarios de la libra, el dólar, el euro, el yen... La planta parece que es abonada con monedas y regada por Carol, que exclama entusiasmada: “Un libro para enseñar a jóvenes y... ¡no tan jóvenes!”· Detrás de ellos un monstruo cornudo, que representa la inflación. Y junto a una hucha el lema: ¡Aprende a ser un inversor responsable, descifrando los enigmas de las finanzas!


La propaganda del libro dice lo siguiente: Con ellos, se refiere a Carol y Nico, aprenderás cómo nacieron los primeros billetes y monedas, pues el dinero no cae del cielo y ganarlo o perderlo tiene sus riesgos y no siempre la misma rentabilidad. Te enseñarán qué es ahorrar e invertir, cómo se elabora un presupuesto y qué profesionales nos ayudan a invertir bien y evitar que el monstruo de la inflación (sic) se coma (resic) nuestros ahorros. Mediante explicaciones sencillas, ejemplos, curiosidades, tiras cómicas y unas magníficas ilustraciones, comprenderás palabras que escuchas a tus padres o en la radio, que lees en prensa, libros e internet, y que ahora no sabes qué significan.


Las últimas líneas del párrafo transcrito tienen un indudable cariz pedagógico: se trata de enseñar a los más pequeños a comprender palabras que oyen a todas horas y cuyo significado desconocen, benditas criaturas: sabia ignorancia la suya, que diría Nicolás de Cusa. Supongo que se refieren a déficit, superávit, inflación, microeconomía... y demás monsergas propias de un adoctrinamiento capitalista bastante perverso. 




La diputada de Podemos en Castilla y León Lorena González Guerrero ha denunciado con gran acierto y valentía desde mi punto de vista la imposición de este libro en los colegios de su Comunidad en un vídeo titulado “Escalofriante”, publicado en el muro de Podemos en Feisbuq, donde lamenta, entre otras cosas, que los libros de texto de primaria fomenten la usura.

Han arreciado las críticas desde los sectores más conservadores y ultramontanos contra las declaraciones de la diputada. Dicen que la formación morada “ha vuelto a hacer muestra de su ideología comunista y anticapitalista: se ha quejado de que un libro explique a los niños cómo ahorrar para el futuro.”

Pero tiene razón Lorena González Guerrero, por mucho que les pese a los conservadores: Que se enseñen en los colegios de primaria conceptos como el ahorro, la inversión, la inflación o el trabajo para ganar dinero y poder pagar una buena universidad (se sobreentiende que con lo de buena se refieren a “privada”) son adoctrinamiento capitalista que prepara a los estudiantes de primaria para que cuando lleguen al instituto de secundaria se decanten por la economía de la empresa, por ejemplo, en detrimento de otros saberes y estudios humanísticos.

Lo paradójico del caso es que la crítica que ha hecho la diputada  ha conseguido despertar el interés por el libro, convirtiéndolo en un superventas. Hay quien considera que es un libro magnífico, muy pedagógico e interesante y muy adaptado a las capacidades limitadas de los niños. Sin duda la mejor educación que se les puede dar a los pequeños para no ser analfabetos... financieros. Así nos luce el pelo.

sábado, 15 de marzo de 2025

Engullendo monedas de oro

Vuelvo sobre la relación escatológica existente entre la mierda y el dinero que se analizaba en El oro que cagó el moro a propósito de la lectura de un texto de las Antigüedades Judías de Flavio Josefo, que me ha traído a la memoria una anécdota vaga e imprecisa de mi infancia sobre la ingesta de monedas. 
 
Cuando yo era pequeño, una vecina del barrio donde vivíamos tenía tanta fama de agarrada que la llamábamos Doña Tacañona. De ella se contaba que cuando su hijo pequeño se tragó una vez una moneda de una peseta, la unidad monetaria española desde 1869 hasta la implantación en 2002 del euro, ese engendro monetario de la Unión Europea, buscó y rebuscó durante una semana entre sus heces, que debía hacer en un orinal, hasta que finalmente recuperó la dichosa peseta enroñecida. 
 
Este episodio me venía a la memoria leyendo a Flavio Josefo, Antigüedades Judías, V. 420-421 en traducción de Jesús Mª Nieto, que narra un episodio durante el asedio de Jerusalén y la destrucción del Templo por los romanos en el año 70 d.C., a las órdenes de Tito.
 
Sitio y destrucción de Jerusalén por los romanos bajo el mando de Tito, David Roberts (1850) 
 
El sitio de Jerusalén es un evento que marcó el fin del Templo y el inicio de la diáspora judía. Josefo cuenta que algunos judíos ingirieron monedas de oro para ocultárselas a los soldados romanos, con la intención de evacuarlas después: Unos vendieron sus posesiones a un precio muy bajo y otros sus objetos más valiosos. Se tragaban sus monedas de oro para que no las descubrieran los bandidos y luego, tras huir al bando romano, las expulsaban del cuerpo junto con sus excrementos y así tenían los recursos suficientes para conseguir lo que necesitaban.
 
Según varios comentaristas, no era posible tragar sin atragantarse las monedas de oro de la época de Nerón por su tamaño y por su peso, ya que pesaban unos ocho gramos y tenían un diámetro máximo de dieciocho milímetros. El caso es que fuera o no fuera cierta la noticia, los soldados romanos, al correr el rumor, comenzaron a matar indiscriminadamente a cualquier sospechoso de haber engullido monedas de  oro, con la esperanza de al fin recuperarlas. 
 
Continúa el historiador Flavio Josefo contándonos la secuela de este incidente:  Pero otra desgracia cayó sobre los que ya habían conseguido salvarse de esta forma. Uno de los desertores que se hallaba con los sirios, fue sorprendido cuando recogía monedas de oro entre sus excrementos. Como ya hemos dicho, se las tragaban antes de salir, pues los rebeldes registraban a todos y en la ciudad había gran cantidad de oro.
 
Según Josefo, en una sola noche fueron asesinadas alrededor de dos mil judíos por este motivo:  Una vez descubierto el plan de una sola persona, por todo el campamento corrió la noticia de que los desertores estaban repletos de oro. La multitud árabe y los sirios abrían y registraban las entrañas de los suplicantes. Creo, al menos yo, que a los judíos no les ha sucedido una desgracia más cruel que ésta: en una sola noche fueron rajados más de dos mil.  
 
El episodio tiene un simbolismo muy poderoso: el oro, forma antigua del dinero, que debía servir para asegurar la supervivencia en el futuro, que así se garantiza, se convierte en la causa directa de la muerte. Tal es su valor, que su posesión resulta mortal. De alguna manera nos recuerda al mito del rey Midas, cuya obsesión por el oro lo condena a la desesperación cuando descubre que no puede alimentarse de lo que se lleva a las manos, porque todo lo que toca lo convierte en oro, es decir, en mierda.
 
Dovela de la portada de la Coronería de la catedral de Burgos, en la que un pecador, sedente y desnudo, defeca monedas de oro sobre una mensa nummularia o tabla de cambios, monedas con las que se fabricarán otras nuevas que el condenado volvería a tragar, representando así la usura.
 
Refleja este episodio el grado de deshumanización que alcanza la guerra. El otro deja de ser un ser humano y se convierte en un objeto del que extraer recursos, un recurso humano. La imagen de los judíos tragando piezas de oro puede verse como una metáfora del cuerpo como el último refugio o sarcófago de la posesión: el oro se incorpora para finalmente desecharlo. El individuo trata de interiorizar su futura riqueza y hacerla parte de sí mismo. Sin embargo, este acto de preservación solo acelera su trágico destino.
 
Sea el que sea el crédito que queramos darle a esta noticia de la ingesta de las monedas de oro para cagarlas y recuperarlas, lo cierto es que el incidente tuvo una secuela terrible: dos mil judíos que se habían escapado fueron destripados por sirios y árabes, que formaban parte de las tropas auxiliares romanas, al enterarse del rumor de que se habían tragado los áureos romanos que equivalían a una estatera de oro griega, es decir, veinticinco dracmas griegos, ya que el oro se había desvalorizado con la guerra. Más adelante, se puede leer que los soldados se habían apoderado de tanto botín que en Siria se vendía el oro, al peso, a la mitad de su precio anterior .
 
En este sentido, la imagen de los judíos masacrados por haber tragado oro también puede verse como un símbolo del sufrimiento de un pueblo perseguido por su propia riqueza y herencia. A lo largo de la historia, los judíos han sido objeto de violencia debido a su asociación con el dinero, lo que otorga a este relato de Josefo un carácter casi profético.   
 

sábado, 2 de noviembre de 2024

Money, money, money (y II)

    Mammón confiere al hombre una riqueza de la que nunca goza porque el gozo es una gracia, es decir, algo gratuito, que solo puede otorgar la gracia de Dios. Pero en el mundo reina la compraventa, la no-gracia o des-gracia de Dios. 
 
    No se puede ser fiel a ambos señores: ser fiel a uno implica ser infiel al otro. Se puede ser fiel a Mammón gestionando las riquezas y bienes del mundo, haciéndolas fructificar según la ley del dinero, haciendo el juego político y económico; y se puede hacer incluso con cierta moralidad. Se puede fomentar, por ejemplo, el comercio justo, pero el comercio, digan lo que digan, es esencialmente injusto. 

    "Esta subordinación no está necesariamente restringida a la venta de esclavos o a la fuerza de trabajo. Ocurre en toda transacción de venta, la cual inevitablemente comienza una relación competitiva, destructiva aunque la venta sea de un objeto ordinario. En todo caso, una persona trata de establecer superioridad sobre otra. La idea de que la venta puede ser un servicio es falsa; en verdad, lo único que se expresa en la transacción es un deseo de poder, un deseo de subordinar la vida al dinero. La relación de venta, además, tiene otra característica, que deriva de lo que ya hemos dicho: profana lo que es sagrado." (Jacques Ellul)

La adoración de Mamón, Evelyn de Morgan (1909)

    La reacción de Jesús, sigue diciendo Ellul, contra los vendedores del Templo no es una reacción moralista contra un comercio poco honesto o poco justo, es la execración de los profanadores del Templo, los que han introducido el comercio o des-gracia de Dios en un lugar donde debería manifestarse la gracia de Dios, y representaban lo que se iba a cumplir pronto a manos de Judas: el sacrificio en el sentido de venta de una vida humana por treinta monedas. 
 
Jesús expulsa a los mercaderes del templo, Alexander Bida (1885)
 
     El dinero es una fuerza destructiva de la vida, y Dios representaba la resistencia contra esta fuerza agresiva y destructora. Hay una convención tácita y un consenso de todos extraño, una confianza ciega, que conduce a los hombres a atribuir al dinero un valor que de por sí no tiene, porque carece per se de valor de uso y de valor de cambio. El dinero no tiene fuerza material si no se la atribuyen los hombres. En la medida en que los hombres se la conceden, el dinero se convierte en dueño y señor de los Estados, de los ejércitos, de las masas, de la inteligencia. No es una cuestión moral de buen o mal uso, sino espiritual. Crea el fenómeno de compraventa: todo lo que se hace se paga, todo se compra, incluido el hombre. 
 
Mammón, G. F. Watts (1885)
 
     Durante la Edad Media se puede hablar de un combate de la Iglesia contra el Dinero: prohibición del interés, exaltación de la pobreza a través del correspondiente voto, regulación del comercio, teoría del precio justo y salario justo, limosna franca... pero en la actualidad podemos afirmar que la Iglesia ha sido vencida por el Dinero. 
 
    Así que hoy día, habida cuenta del proceso histórico, debemos reconocer, como señala Agustín García Calvo en "De Dios" (pág. 107), que el Dinero ha venido a ser la Suma Realidad o Realidad de las realidades porque en Él se anulan todas las diferencias entre las cosas, y por lo tanto "Dios y Mamona son el mismo", y que es "Dios" el que va a convertirse en Nombre Propio de la Realidad de las realidades y del Objeto de la Fe, pues Mamona o Mammón, el dinero, no ha dado el paso a convertirse del todo, como 'Dios' en Nombre Propio entre nosotros para nombrar al Objeto Último de la Fe.   

jueves, 31 de octubre de 2024

Money, money, money (I)


    En el evangelio de Mateo (VI, 24) leemos: “Ninguno puede servir a dos señores: porque o tendrá aversión al uno, y amor al otro: o si se sujeta al primero, mirará con desdén al segundo. No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Y en el de Lucas, por su parte, otra versión de lo mismo (XVI, 13): “Ningún criado puede servir a dos amos: porque o aborrecerá al uno, y amará al otro: o se aficionará al primero, y no hará caso del segundo: no podéis servir a Dios y a las riquezas”. 

 
    El dicho final que transmiten ambos evangelistas (“No podéis servir a Dios y a las riquezas”) aparece a veces en otras versiones como “No podéis servir a Dios y al dinero”. Las palabras “riquezas” y “dinero” son traducciones, a su vez de la palabra  no latina “Mammona”, que emplea Jesús y que proviene del arameo ܡܲܡܘܿܢ‎ (māmōn), que significa justamente "riqueza" o "dinero". El dicho advierte de la imposibilidad de ser leal a dos intereses contrapuestos, al espiritual, digamos, y al económico, porque son en principio incompatibles, aunque en realidad, como veremos más adelante, no lo sean tanto como parecían.
 
    Su origen etimológico exacto no está del todo claro, pero generalmente se cree que deriva de una raíz semítica relacionada con términos de confianza o seguridad, indicando, por lo tanto, la fe o la confianza en la riqueza.  La etimología de Mammon, que Martin Achard toma de Hauck, es «Aman», raíz que implica un sentido de estabilidad, de firmeza, y de la que derivan los términos que significan: ser fiel, tener confianza- ser estable, durable -creer- y también verdad, fidelidad.
 
Mammón y su esclavo, Sacha Schneider (1896)
       
  En el poeta cristiano Prudencio (Hamartigenia u Origen del pecado, v. 428) aparece el adjetivo mammoneus   “que solo atiende al lucro, interesado, codicioso, avariento” aplicado al sustantivo fidem, en un hexámetro: mammoneamque fidem pacis sub amore sequuntur, que quiere decir algo así como: Y por amor de la paz siguen fe de Mamón lucrativa. En el latín cristiano fides, traducción del griego πίστις, «designa el acto del espíritu y el objeto al que este se aplica”, recogiendo el significado religioso, propio del latín arcaico y perdido con el tiempo. A la fides, que es en Prudencio la fe cristiana, le aplica el autor aquí un calificativo que la convierte en la fe heterodoxa que se pone en el dinero, como si dijéramos, con palabra de la jerga económica, el crédito que se le da.
 
     Con el tiempo Mamón se personificó en la literatura medieval como un demonio o divinidad pagana que representaba la codicia y la avaricia, lo que explica la variante popular “No podéis servir a Dios y al diablo”, salvo que se demuestre que, con el proceso histórico del devenir de los tiempos, han venido a ser lo mismo. 
 
    De hecho se llegó a decir que Mamón era el nombre de un demonio que subyuga a la humanidad, lo que probablemente está ya en Agustín de Hipona, quien en su Del sermón de la Montaña, II, 14 comenta el dicho evangélico atribuido a Jesús de que no se puede servir a dos señores, a Dios y a Mammona, que en hebreo, dice, significa “las riquezas”. Y añade que corresponde también con el nombre púnico o cartaginés ya que en esa lengua la ganancia se dice “Mammon”. Y comenta a continuación, equiparando a Mamona con el diablo: Quien sirve a Mamona (las riquezas) se somete a un señor duro y pernicioso; en efecto, amarrado por la propia pasión, está sometido al diablo y no le ama, porque ¿quién hay que ame al diablo?, pero, sin embargo, le soporta
 
 
    Jesús lo personifica considerándolo una especie de divinidad, haciendo que el nombre común ascienda a la categoría de nombre propio. No es una divinidad pagana con la que Jesús quiera decir que hay que elegir entre el Dios verdadero y esta divinidad pagana. 
 
    En el Tárgum y en el Talmud, según el libro de Jacques Ellul "Dinero y poder” (originalmente “L'homme et l'argent', publicado en 1954), ya está personalizado. Es un pretendiente a la divinidad que forma parte de los elementos de este mundo que están llamados a desaparecer con la llegada del Reino de Dios. 
 
    Dios y Mammón están opuestos en la predicación de Jesús. Hay dos mundos: el de la compraventa y el de la gratuidad, radicalmente contrarios, extraños entre sí y contrapuestos El dinero no es un objeto sino un sujeto. Jesús no aconseja ganarlo honestamente o que haya que usarlo bien, como ha hecho la Iglesia con su limosna caritativa y su voto hipócrita de pobreza, sino que tiene un poder comparable al de Dios, que se constituye en dueño y señor del hombre, por eso cuando el hombre cree que puede servirse del dinero, se engaña totalmente porque es el dinero el que se sirve de él subordinándolo a sus fines y avasallándolo. No está en nuestras manos dirigir el uso del dinero, porque él -habría que escribir Él, con mayúscula honorífica reservada al Altísimo- tiene una potencia directriz, lo que le confiere un carácter sacrosanto. 
 
 
  Cristo expulsando del Templo a los cambistas, El Greco (1570)

     "Así, cuando afirmamos que usamos el dinero, cometemos un gran error. Podemos, si estamos obligados, usar el dinero, pero es el dinero el que en realidad nos usa y nos convierte en sus sirvientes poniéndonos bajo su ley y subordinándonos a sus fines. No hablamos solamente de nuestra vida interior; nos referimos a nuestra situación global. No somos libres para dirigir el uso del dinero de un modo u otro, pues estamos en las manos de su poder controlador” (Jacques Ellul).