domingo, 9 de agosto de 2026

¡Piérdete el eclipse, saldrás ganando!

    Cuando era pequeño los eclipses eran una curiosidad astronómica que te explicaba el maestro en la escuela como la cosa más normal del mundo, y te decía que los había de sol y de luna, totales y parciales, y te aconsejaba, si tenías la oportunidad de contemplar uno, no mirarlo de frente nunca a no ser que lo hicieras con un cristal ahumado. La palabreja nos llega del latín eclipsis procedente del griego ἔκλειψις (ékleipsis), que significa propiamente 'desaparición' -del verbo ἐκ-λείπω (ek-leípo) y el sufijo de acción -σις (-sis). Y, puestos a ser exquisitos, debería ser femenina, como elipse/elipsis, otro derivado del mismo verbo, pero la Academia ha decretado que sea masculina.  
 
    Los medios (in)formativos y nuestros gerifaltes están empeñados en que dirijamos la vista a lo alto, poniéndonos cara al sol, con las gafas profilácticas, a fin de no enterarnos de lo que pasa por aquí abajo. El chiste político facilón sale solo: El presidente del ejecutivo nos cuenta un truco para ver el eclipse en un video tictoquero que me recuerda enseguida a la anécdota de Tales de Mileto y la muchacha tracia. 
 
      El filósofo, en efecto, cayó en un pozo por mirar las estrellas de la noche, provocando la burla de una criada que le recriminó no ver lo que tenía a sus propios pies de tanto mirar a las alturas. Aquí nos pasa un poco lo contrario: El muchacho beocio, en este caso, nos anima a que miremos el cielo, con precaución, eso sí, de no quedarnos ciegos: “Os cuento un truco para elegir el mejor sitio dónde ver el eclipse total de sol este 12 de agosto. El primero, por cierto, que vamos a poder ver en nuestro país desde hace más de un siglo. Seguro que, bueno, ya estáis pensando en dónde ir a verlo y con quién ir. Y para que nada te impida disfrutarlo hemos creado una herramienta muy sencilla que se llama trío de eclipses. Entras, pones tu ubicación y en unos segundos sabes si desde ese punto vas a tener o no buena visibilidad; y si no, te indica, además, otro más cercano. Tardas menos de un minuto y puedes marcar la diferencia entre vivir el eclipse o perdértelo. Por tanto, entra en “trioeclipses.es”, elige bien tu sitio, y, por cierto, no te olvides, no os olvidéis de las gafas protectoras. Así el 12 de agosto solo tendrás que mirar al cielo”.
   
 
    Dicen que el último eclipse total visto en España se pudo ver en 1959, el año en que yo nací, pero solo desde las islas Canarias; desde la Península Ibérica no se había visto ninguno total desde 1912, por lo que esté que está pre-visto para el 12 de agosto de 2026 será el primero en algo más de un siglo. Pero no nos alarmemos, no tardaremos tanto en volver a ver otro: Se pre-vé otro el año que viene, el 2 de agosto de 2027, que cruzará el ruedo ibérico atravesando esta vez el estrecho de Gibraltar de oeste a este y cubriendo el extremo sur de la península y el norte de África.
 
    ¿Qué está pasando ahora? Millones de personas se disponen a mirar a un punto ciego a la vez, con unas lentes homologadas y un filtro para la cámara de su teléfono supuestamente inteligente a fin de inmortalizar fotográficamente el singular evento. Un amigo me dijo que iba a cerrar el negocio unas horas antes, coger el coche e ir con su pareja y una botella de champán en la nevera portátil a contemplar el eclipse y hacer, supongo, un brindis al sol cuando reaparezca en uno de los cinco puntos estelares recomendados en Cantabria, en concreto el marco incomparable de la Costa Quebrada, declarada, ahí es nada, Geoparque natural de la UNESCO. Por nada del mundo iba a perderse el Evento Astronómico del Siglo y de su vida, el gran acontecimiento pre-visto, es decir, visto ya antes verlo, y más visto, por lo tanto, que el tebeo. No puede perdérselo por nada del mundo porque no volverá a haber otro hasta no se sabe cuándo (bueno, sí se sabe: el año que viene, sin ir más lejos). Pero hay que apresurarse porque podría ser que el año que viene nosotros ya no estemos aquí. ¿Dónde estaremos, por cierto, si ya no estamos aquí y ahora el año que viene?
     No le veo mayor interés ni mucho misterio a ver un eclipse. Tengo algo más que la sensación de que este ya lo he visto y lo tengo bien visto y bien mirado sin necesidad de ponerme a contemplarlo. Podría ser interesante, en todo caso, no mirar hacia el sol, hacia arriba, sino todo lo contrario, a lo que pasa por aquí abajo, la reacción por ejemplo de las gallinas, si corren despavoridas a refugiarse en el gallinero cuando Cantabria se suma, como dice la prensa de campanario, "en la oscuridad absoluta entre uno y dos minutos". 
 
    Son los más jóvenes lo que están ya todos quedando para celebrar el evento y ver el espectáculo único que solo es dado contemplar pocas veces en la vida. Pero hay que disfrutarlo con seguridad y precaución, nos advierten las autoridades sanitarias, la ministro gesticulante del gremio a la cabeza, del riesgo de lesiones oculares irreversibles si se mira de frente sin la protección profiláctica de las debidas lentes homologadas que se venden en el mercado y regalan algunas autoridades a sus súbditos con la debida advertencia de unas lesiones que no son inmediatas, señala un oftalmólogo, y pueden aparecer entre las 24 y 48 horas posteriores.
 
    Mi consejo, aunque el mejor es el que no se da, le digo a mi amigo, es no ver el eclipse porque no hay ninguna necesidad: lo vamos a ver en todas las pantallas repetido una y mil veces. Lo estamos viendo ya antes de tiempo, pre-visto como está. Le doy el consejo a sabiendas de que no va a hacerme mucho caso. A lo mejor ni siquiera yo mismo me hago caso,  y me pongo a mirarlo como un tonto pasmarote. Pero por si acaso, insisto: no veas el eclipse, que not e vea el a ti, eclípsate tú de esa ceremonia de masas orquestada desde las altas esferas. Te alegrarás de ello y no te sentirás mal por no participar en dicho ritual contemplativo. Vale más asistir a cualquier amanecer o a cualquier puesta de sol crepuscular de un día cualquiera, solo o en buena compañía, y olvidarse del dichoso fenómeno de Dios masificado. 
  
     Los servicios (de)formativos no van a desperdiciar una ocasión que se les presenta pintiparada como esta. En verano no saben, aburridos como están y nos tienen, qué vendernos, y por eso insisten machaconamente en que va a pasar algo especial y único en la vida de cada cual, un hecho histórico que marcará un antes y un después en nuestra biografía, que irán estirando, como dice otro amigo, unos cuantos días o semanas para no andar hablando de los incendios de turno o de los sube y baja de la tasa del empleo, o de si hay o no hay moros en la costa. 
 
    Hace tiempo que iniciaron la cuenta atrás. Llevan semanas contando los días, las horas, los minutos, los segundos que faltan para el Evento Astronómico del Siglo, el Gran Eclipse Total del Sol. Solo falta que la meteorología se porte y no nuble el evento. En Cantabria es muy posible que haya nubosidad variable, pero aún así, dicen, se notará porque todo se oscurecerá haciéndose momentáneamente la noche y dejándonos unos segundos en tinieblas. En todo caso, no mires al cielo, mira al suelo, no vayas a caer en el pozo inadvertido de Tales de Mileto. 
Viñeta de Liniers 

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