Para la lista de reproducción musical de este verano (playlist en la lengua del Imperio): Ahora que tanto se habla del retorno del servicio militar a la vieja Europa, cuando Alemania y Francia, los dos países a la cabeza de la re-militarización del viejo continente, se obstinan en volver a uniformar a su juventud imponiendo su voluntad de implantarlo paulatinamente a pesar de las protestas y oposiciones, me parece interesante y oportuno traer a colación dos canciones de Chicho Sánchez Ferlosio (1940-2003). La primera cuenta algunas anécdotas de la famosa "puta mili" durante la oprobiosa dictadura del franquismo, y la segunda, compuesta durante la transición a la no menos oprobiosa democracia, es un himno antimilitarista.
La canción del soldado:
La titulada "La canción del soldado", escrita en colaboración con Jesús Munárriz, de la que no disponemos de grabación, está fechada en los años sesenta y primeros setenta, en la última etapa del franquismo, es una crónica podríamos calificarla amable y humorística, a la vez que satírica, de la mili del protagonista, compuesta por veintiuna coplas de rima consonante en los versos pares. Es la historia de un mozo de pueblo que se vio obligado a ir a la mili porque no pudo librarse y comenta algunas 'bondades' de ella, como por ejemplo la comida: "El rancho no era tan malo / como se suele decir; / cuando nos daban garbanzos / yo intentaba repetir". Algunas estrofas resultan anecdóticas: "Menos mal que no fui tonto / y no hice muchas cocinas / porque también me apuntaba / para limpiar las letrinas".
Comenta cómo le dieron un permiso excepcional por la muerte de su padre y añade: "Si muere unos meses antes / hubiera sido una ayuda / porque no van a la mili / los que son hijos de viuda". Enumera algunas anécdotas graciosas como que por su amor a los animales le pusieron a cuidar sementales: "Un día que me dormí / se escapó el más corpulento / con tal mala suerte que / le dio una coz a un sargento". El incidente le ocasionó pasar el resto de la mili en el calabozo, lo que suponía una ventaja porque así no tenía que hacer servicios (las famosas guardias e imaginarias).
Otra 'ventaja' del servicio militar, comentada con ironía, era la peluquería: "Nunca tuve que gastarme / ni un duro en el peluquero / porque me salía gratis: / me lo cortaban al cero"· Y concluye la canción con esta estrofa: "No vuelvo a salir del pueblo / pese a su mucha pobreza; / yo ya no me busco más / quebraderos de cabeza".
Maldita mili:
Maldita mili, también conocida como la "Canción del soldado", es un tema antimilitarista compuesto por Chicho durante la época de la democracia, cuya letra critica la vida castrense en los cuarteles, la jerarquía militar y la guerra.
La canción fue adoptada enseguida por el movimiento de objeción de conciencia y antimilitarista español. Destaca la repetición de estribillos contra los altos cargos de la jerarquía: «¡Mal rayo parta al general!, ¡Mal rayo parta al coronel!, ¡Mal rayo parta al capitán!» y el genérico ¡Mal rayo parta al militar! aconsejando a los jóvenes que no se vistan de uniforme de soldado ni preparen para matar. En el vídeo adjunto la canta con su compañera Rosa Jiménez en una grabación de 1998.
No hay bien que por mal no venga, / Ni principio sin final. / Ni principio sin final, / Ni filósofo sin pena, / ¡Flor del rosal, / Mal rayo parta al general!
Militares, policías, / Y también Guardia Civil, / Y también Guardia Civil, / Funcionarios de prisiones, / ¡Flor del clavel, / Mal rayo parta al coronel!
Estoy en mi campamento, / Preparándome a matar, / Preparándome a matar, / Preparándome a morir, / ¡Flor de azafrán, / Mal rayo parta al capitán!
Oye tú, mi hermano chico, / Cuando llegues a mayor, / Cuando llegues a mayor, / No te vistas de soldado, / ¡Flor sin color, / Mal rayo parta al ganador!
No te cojan preparado / Si te toca pelear, / Si te toca pelear, / Y cambiar vida por vida, / ¡Flor de azahar, / Mal rayo parta al militar!
Militares, policías, / Y también Guardia Civil, / Y también Guardia Civil, / Funcionarios de prisiones, / ¡Flor del clavel, / Mal rayo parta al coronel!
Estoy en mi campamento, / Preparándome a matar, / Preparándome a matar, / Preparándome a morir, / ¡Flor de azafrán, / Mal rayo parta al capitán!
Oye tú, mi hermano chico, / Cuando llegues a mayor, / Cuando llegues a mayor, / No te vistas de soldado, / ¡Flor sin color, / Mal rayo parta al ganador!
No te cojan preparado / Si te toca pelear, / Si te toca pelear, / Y cambiar vida por vida, / ¡Flor de azahar, / Mal rayo parta al militar!
Con la llegada al trono de Felie V -el lejano antepasado del actual Felipe VI- y la instauración de la dinastía borbónica en las Españas, se impuso en el siglo XVIII el sistema de reclutamiento por "quintas". Uno de cada cinco jóvenes varones, denominado “quinto”, era elegido por sorteo para la gloria de servir en el ejército. Durante el siglo XIX y principios del XX, los que tenían recursos económicos podían zafarse del servicio previo pago de dinero o buscando un sustituto, lo que cargaba la mili sobre las espaldas de las clases más humildes y desfavorecidas. Con el tiempo, se redujeron las exenciones, convirtiéndose la milicia en un rito de paso obligatorio para los varones que alcanzaban la mayoría de la edad.
La duración del servicio cambió varias veces: de dos años o más en épocas pretéritas, pasó a año y medio, y finalmente nueve meses, lo mismo que un embarazo.
En los años 80 y 90 creció el rechazo social gracias al l movimiento de objeción de conciencia y de insumisión, con miles de jóvenes negándose a hacer la mili o la Prestación Social Sustitutoria. El Gobierno aprobó el fin del servicio militar obligatorio, y el último reemplazo se despidió a finales de diciembre de 2001, lo que, lejos de suponer el fin del ejército, significó su profesionalización y adaptación a los nuevos tiempos de la vida moderna incluyendo por primera vez a las mujeres, a las que no había que discriminar en sus filas, de las que habían estado excluidas hasta entonces.
Las Fuerzas Armadas españolas están en la actualidad integradas exclusivamente por efectivos de ambo sexos (soldados y marineros profesionales) volungatorios, una fusión sarcástica de los adjetivos "voluntario" (que hace algo por voluntad propia) y "obligatorio" (que, obligado te veas a hacerlo por necesidad o por gusto), habitualmente contrapuestos, término que sugiere que lo que se hace por voluntad propia se hace también de algún modo por obligación, y viceversa.

Me escribe Miguel, un viejo amigo antimilitarista y me dice a propósito: “Hay menos militares para reprimirnos porque estamos nosotras/os controladas/os (sic, resaltando el género gramatical femenino al repetir innecesariamente la misma palabra. 'Nosotros', le escribo yo, somos tú y yo, amigo mío, poco importa nuestro sexo: tú y yo y todos los demás que quieras meter en el mismo saco; si no quieres excluir al sexo femenino, no lo incluyas innecesariamente: ya está incluido en el “nosotros”) más que nunca bajo control del Gran Hermano. Disminuye la presencia de los militares en nuestras vidas pero la presencia de un nuevo y difuso militarismo se afianza más y más por medio de nuevas formas de control social”. Y es cierto. Estoy completamente de acuerdo en eso.
¿Podemos imaginar una sociedad sin militares donde no harían falta porque todos estaríamos militarizados? Pues imaginémosla. Imaginemos una sociedad así donde algunas cosas hayan cambiado para que todo, sin embargo, siga igual. Pero no hace falta imaginarla: estamos en esa sociedad.



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