Desde el evento 2020, operación de ingeniería social a escala mundial acusada especialmente en los países llamados desarrollados para terminar de implantar el modelo tecnológico y digitalizado en la sociedad -en aquella ocasión se propagaba que un virus respiratorio mataba y se computaban los muertos día a día-, los gobernantes de cada país monitorizan de forma sistemática la opinión pública las 24 horas del día por todos los medios a su alcance para seguir desarrollando su modelo de gobierno que nos 'protege', por nuestro bien, de las inclemencias exteriores, ya víricas o ya climatológicas.
El que podríamos denominar ahora “evento 2026” consiste, como reconoce el editorial del 12 de agosto pasado de El Periódico Global de referencia nacional e internacional, alias El País, en difundir urbi et orbi que un nuevo y viejo virus, el calor, mata ahora mismo. Se titula precisamente "Calor que mata". No solo provoca incendios forestales que se miden por miles de hectáreas arrasadas de las que nos informan puntualmente, obligando a desalojos forzosos y confinamientos humanos, sino que también, lo que faltaba, mata.
Nos informaba allí, en efecto, el citado diario de que en lo que iba de verano ya habían muerto en España “más de 3.400” personas por calor extremo, según una estimación estadística que tiene en cuenta que han fallecido más personas de la cuenta, es decir, de la cuenta que estaba prevista, fenómeno que se achaca a las altas temperaturas, extremas se dice otras veces, que padecemos, y no, por ejemplo, al envejecimiento de la población. Pero según otros cálculos menos optimistas esta cifra podría quedarse muy corta, porque podría multiplicarse por cuatro y haber fallecido entonces el cuádruple de personas: 13.600 exactamente.
Unas decenas de estas muertes se deben a “golpes de calor”: “una exposición fulminante que afecta sobre todo a trabajadores al aire libre -a la fuerza ahorcan- y personas -inconscientes- que hacen deporte a horas centrales del día”. Pero la gran mayoría de estas muertes “se producen de forma más difusa”. Interesantísimo este adjetivo 'difuso' que el editorialista va a tratar de explicar arrimando el ascua a su sardina: son personas vulnerables, muy mayores, en las que las altas temperaturas van haciendo mella poco a poco, lo que descompensa su organismo y acentúa sus “enfermedades previas” (sic), con un desenlace fatal que es, no hace falta decirlo, la muerte que a todos nos espera, ya seamos ejecutivos o míseros jornaleros, condenados a la pena capital que estamos desde que hacemos uso de razón y entendimiento.
La solución del problema está muy clara: Acudir a refugios climáticos (sic) o enchufar el aire acondicionado si no se puede salir de casa. Pero, claro, pasa lo de siempre: los que tienen menos recursos (económicos, se sobreentiende) lo pasan muchísimo peor.
La conclusión del diario gubernamental es clara: “Con un calentamiento global que produce que cada verano sea más cálido que el anterior, las administraciones tienen que empezar a incluir el factor climático en sus decisiones”. El periódico viene a decirnos que así no se puede seguir: A 40 grados no se puede hacer vida normal, y cada vez hay más días extremos. 'Extremo' es otro de esos adjetivos que utilizan in extremis. Debajo del título "Calor que mata" se lee: "Las temperaturas extremas -más abajo "calor excesivo")- han dejado de ser una anécdota(sic) de verano para convertirse en un problema de salud pública central".
No es de extrañar así que fenómenos como el calor en verano y el frío en invierno se achaquen al Cambiamiento Climático del que todos y cada uno somos responsables en mayor o menor medida, y que llegue a proclamarse irracionalmente que el calor mata, aunque sea de forma "difusa", cuando estadísticamente son más los muertos de frío que de calor -pero eso ahora no toca, ya tocará cuando venga el invierno que, como suele decirse, no va a comérselo el lobo.
Viñeta del ilustrador francés Na!
Los medios de producción ya no son lo que eran para los viejos marxistas, a saber, los elementos materiales necesarios para producir bienes y servicios (máquinas, herramientas, fábricas, tierras, materias primas...). Ahora son los medios de (in)formación de masas cuyo objeto es la producción inmaterial de noticias personalizadas y difundidas a través del aparato tecnológico, es decir, la producción de eventos, como este que analizamos de que el calor mata a mediados de agosto, en medio de la pertinaz sequía y de los incendios forestales que provoca el cambiamiento climático en este tórrido estío del hemisferio boreal.


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