Mostrando entradas con la etiqueta mili. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mili. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de agosto de 2026

La canción del soldado y Maldita mili

    Para la lista de reproducción musical de este verano (playlist en la lengua del Imperio): Ahora que tanto se habla del retorno del servicio militar a la vieja Europa, cuando Alemania y Francia, los dos países a la cabeza de la re-militarización del viejo continente, se obstinan en volver a uniformar a su juventud imponiendo su voluntad de implantarlo paulatinamente a pesar de las protestas y oposiciones, me parece interesante y oportuno traer a colación dos canciones de Chicho Sánchez Ferlosio (1940-2003). La primera cuenta algunas anécdotas de la famosa "puta mili" durante la oprobiosa dictadura del franquismo, y la segunda, compuesta durante la transición a la no menos oprobiosa democracia, es un himno antimilitarista. 
 
La canción del soldado: 
    La titulada "La canción del soldado", escrita en colaboración con Jesús Munárriz, de la que no disponemos de grabación, está fechada en los años sesenta y primeros setenta, en la última etapa del franquismo, es una crónica podríamos calificarla amable y humorística, a la vez que satírica, de la mili del protagonista, compuesta por veintiuna coplas de rima consonante en los versos pares. Es la historia de un mozo de pueblo que se vio obligado a ir a la mili porque no pudo librarse y comenta algunas 'bondades' de ella, como por ejemplo la comida: "El rancho no era tan malo / como se suele decir; / cuando nos daban garbanzos / yo intentaba repetir". Algunas estrofas resultan anecdóticas: "Menos mal que no fui tonto / y no hice muchas cocinas / porque también me apuntaba / para limpiar las letrinas". 
 
    Comenta cómo le dieron un permiso excepcional por la muerte de su padre y añade: "Si muere unos meses antes / hubiera sido una ayuda / porque no van a la mili / los que son hijos de viuda". Enumera algunas anécdotas graciosas como que por su amor a los animales le pusieron a cuidar sementales: "Un día que me dormí / se escapó el más corpulento / con tal mala suerte que / le dio una coz a un sargento". El incidente le ocasionó pasar el resto de la mili en el calabozo, lo que suponía una ventaja porque así no tenía que hacer servicios (las famosas guardias e imaginarias). 
 
    Otra 'ventaja' del servicio militar, comentada con ironía, era la peluquería: "Nunca tuve que gastarme / ni un duro en el peluquero / porque me salía gratis: / me lo cortaban al cero"· Y concluye la canción con esta estrofa: "No vuelvo a salir del pueblo / pese a su mucha pobreza; / yo ya no me busco más / quebraderos de cabeza". 
 
Maldita mili: 
 
    Maldita mili, también conocida como la "Canción del soldado", es un tema antimilitarista compuesto por Chicho durante la época de la democracia, cuya letra critica la vida castrense en los cuarteles, la jerarquía militar y la guerra. 
 
    La canción fue adoptada enseguida por el movimiento de objeción de conciencia y antimilitarista español. Destaca la repetición de estribillos contra los altos cargos de la jerarquía: «¡Mal rayo parta al general!, ¡Mal rayo parta al coronel!, ¡Mal rayo parta al capitán!» y el genérico ¡Mal rayo parta al militar! aconsejando a los jóvenes que no se vistan de uniforme de soldado ni preparen para matar. En el vídeo adjunto la canta con su compañera Rosa Jiménez en una grabación de 1998. 
 
No hay bien que por mal no venga, / Ni principio sin final. / Ni principio sin final, / Ni filósofo sin pena, / ¡Flor del rosal, / Mal rayo parta al general!

Militares, policías, / Y también Guardia Civil, / Y también Guardia Civil, / Funcionarios de prisiones, / ¡Flor del clavel, / Mal rayo parta al coronel!

Estoy en mi campamento, / Preparándome a matar, / Preparándome a matar, / Preparándome a morir, / ¡Flor de azafrán, / Mal rayo parta al capitán!

Oye tú, mi hermano chico, / Cuando llegues a mayor, / Cuando llegues a mayor, / No te vistas de soldado, / ¡Flor sin color, / Mal rayo parta al ganador!

No te cojan preparado / Si te toca pelear, / Si te toca pelear, / Y cambiar vida por vida, / ¡Flor de azahar, / Mal rayo parta al militar!
 

    Con la llegada al trono de Felie V -el lejano antepasado del actual Felipe VI- y la instauración de la dinastía borbónica en las Españas, se impuso en el siglo XVIII el sistema de reclutamiento por "quintas". Uno de cada cinco jóvenes varones, denominado “quinto”, era elegido por sorteo para la gloria de servir en el ejército. Durante el siglo XIX y principios del XX, los que tenían recursos económicos podían zafarse del servicio previo pago de dinero o buscando un sustituto, lo que cargaba la mili sobre las espaldas de las clases más humildes y desfavorecidas. Con el tiempo, se redujeron las exenciones, convirtiéndose la milicia en un rito de paso obligatorio para los varones que alcanzaban la mayoría de la edad.
 
    La duración del servicio cambió varias veces: de dos años o más en épocas pretéritas, pasó a año y medio, y finalmente nueve meses, lo mismo que un embarazo.
 
     En los años 80 y 90 creció el rechazo social gracias al l movimiento de objeción de conciencia y de insumisión, con miles de jóvenes negándose a hacer la mili o la Prestación Social Sustitutoria. El Gobierno aprobó el fin del servicio militar obligatorio, y el último reemplazo se despidió a finales de diciembre de 2001, lo que, lejos de suponer el fin del ejército, significó su profesionalización y adaptación a los nuevos tiempos de la vida moderna incluyendo por primera vez a las mujeres, a las que no había que discriminar en sus filas, de las que habían estado excluidas hasta entonces.

    Las Fuerzas Armadas españolas están en la actualidad integradas exclusivamente por efectivos de ambo sexos (soldados y marineros profesionales) volungatorios, una fusión sarcástica de los adjetivos "voluntario" (que hace algo por voluntad propia) y "obligatorio" (que, obligado te veas a hacerlo por necesidad o por gusto), habitualmente contrapuestos, término que sugiere que lo que se hace por voluntad propia se hace también de algún modo por obligación, y viceversa.
 
     Me escribe Miguel, un viejo amigo antimilitarista y me dice a propósito: “Hay menos militares para reprimirnos porque estamos nosotras/os controladas/os (sic, resaltando el género gramatical femenino al repetir innecesariamente la misma palabra. 'Nosotros', le escribo yo, somos tú y yo, amigo mío, poco importa nuestro sexo: tú y yo y todos los demás que quieras meter en el mismo saco; si no quieres excluir al sexo femenino, no lo incluyas innecesariamente: ya está incluido en el “nosotros”) más que nunca bajo control del Gran Hermano. Disminuye la presencia de los militares en nuestras vidas pero la presencia de un nuevo y difuso militarismo se afianza más y más por medio de nuevas formas de control social”. Y es cierto. Estoy completamente de acuerdo en eso. 
 
    ¿Podemos imaginar una sociedad sin militares donde no harían falta porque todos estaríamos militarizados? Pues imaginémosla. Imaginemos una sociedad así donde algunas cosas hayan cambiado para que todo, sin embargo, siga igual. Pero no hace falta imaginarla: estamos en esa sociedad.

jueves, 27 de noviembre de 2025

Vuelve a Europa la vieja (y puta) mili

    Francia abolió el servicio militar obligatorio en 1997; España, en 2001; Italia, en 2005; Suecia, en 2010; Alemania, en 2011… Parecía entonces que se abría así un nuevo ciclo en este viejo continente. Pero no nos engañemos, en este nuevo ciclo, no se debilitaba ni desaparecía el viejo oficio de las armas, sino que se profesionalizaba más aún. Era el fin de la Guerra Fría y la inauguración de una Paz Caliente (en el sentido de armada), por lo que no supuso la reducción del ingente gasto dedicado a la fabricación y compraventa de armamento, dado que así se reforzaban las fuerzas armadas, lo que tranquilizaba a la juventud masculina europea. 
 
    En España se había hecho mayoritario el rechazo de la vieja mili gracias al movimiento de objeción de conciencia y a la insumisión. El balance que podemos hacer a día de hoy es muy distinto del que teníamos hace unos años. Hay mili en diez países comunitarios (Austria, Estonia, Finlandia, Grecia, Chipre, Dinamarca, Suecia, Lituania, Letonia y Croacia), además de los otros cuatro que no pertenecen a la UE (Suiza, Noruega, Ucrania y Moldavia). 
 
 
    Pero últimamente se vuelve a hablar y mucho de la necesidad de volver a los ejércitos de leva obligatoria. En 2011, como queda dicho, Alemania suspendió el servicio militar obligatorio. Ahora, el Gobierno federal introduce un "Nuevo Servicio Militar", basado inicialmente en la voluntariedad. A partir del 1 de julio de 2027, sin embargo, todos los hombres de una misma cohorte -curioso término este que de designar una unidad táctica del antiguo ejército romano ha pasado a denominar significativamente cualquier conjunto, número o serie-  deberán presentarse a la revisión obligatoria —las mujeres podrán participar de forma voluntaria. Si la situación de seguridad se agrava o faltan voluntarios, el Gobierno podrá, mediante un reglamento que apruebe el parlamento, decretar, ya está previsto, el servicio obligatorio, reactivándose, digitalizándose y modernizándose el sistema de reclutamiento..
 
    Ya se preparan decenas de miles o centenares de miles de soldados puestos en los frentes para que sirvan de carne de cañón. La puta mili volvió a Europa en 2017, tomando vuelo en 2022, y amenazando con agudizarse en los años venideros. Lituania, que reintrodujo el servicio militar obligatorio en 2015 tras la invasión rusa de Crimea, quiere extenderlo e incluir a las mujeres. Finlandia está en esa misma tesitura. Letonia reintrodujo la mili en 2023. Serbia y Croacia han anunciado su restitución. Suecia ya lo había hecho en 2017. 
 
 
 
    Hay países que, como Italia o el nuestro, si lo hacen, se enfrentarían a un importante sector de la opinión pública. De hecho nos dicen que no volverá el servicio militar obligatorio a las Españas. El Ministerio de Defensa ha impulsado charlas de captación a estudiantes de secundaria, bachillerato y FP ante la caída de las solicitudes para ingresar en las Fuerzas Armadas, pero echa en falta “más difusión en programas de televisión y charlas” para poder llevar a cabo un “reclutamiento inteligente”(?), es decir, se empeñan en una labor pedagógica de captación de reclutas. Según los datos del Observatorio de Vida Militar España cuenta con 2,4 soldados profesionales por cada 1.000 habitantes, mientras que lo habitual en la Unión Europea es 3,6, y en los países de la OTAN es de 6 por cada millar de habitantes, y debería alcanzar el máximo número de efectivos en activo, ya previsto en la Ley de Carrera Militar, que sería 140.000.  
 
    Pero el debate del retorno de la vieja (y puta) mili toma visos de seriedad en Reino Unido, Francia, Bélgica… En Alemania, el ministro de Defensa, ha sostenido que “no hay capacidad de defensa sin servicio militar obligatorio”. Las últimas noticias sobre una mili voluntaria y bien pagada en Bélgica y Alemania están en las mismas coordenadas de la vuelta de la conscripción obligatoria. 
 
    Parece cosa seria porque, de seguir así, afectará a las vidas de futuros reclutas que hoy están en los jardines de infancia y en las aulas de primaria y secundaria. Es serio porque el retorno de la puta mili se fundamenta en el discurso del miedo, con la exaltación de las retóricas belicistas, señalando las amenazas del expansionismo ruso, pero lanzando contra él otras amenazas preventivas, y obviando la responsabilidad de los países de la OTAN en la escalada armamentística y en el riesgo de guerra nuclear, mientras se margina a la sociedad civil de un proceso de toma de decisiones que, por cultura de paz e incluso por pura humanidad y por instinto de supervivencia, debería sustentarse en la resolución pacífica de los conflictos. El retorno de la mili no detendrá la guerra; solo nos acerca más a ella.

jueves, 23 de mayo de 2024

¿Volverá la puta mili?

    Los vientos de guerra que soplan en la vieja Europa hacen que algunos gobiernos, que callan como putas ante la matanza israelí y que suministran armas a Ucrania, los más descaradamente atlantistas y belicistas, que es lo mismo que decir los más pacifistas o convencidos aristotélicamente de que la paz es la finalidad de la guerra, planteen la propuesta obscena de reintroducir el servicio militar obligatorio a fin de preparar a las nuevas generaciones para servir al imperialismo falsamente humanitario de Bruselas y de Guásinton.
 
     Ahora mismo, hay trece países en Europa donde la leva es obligatoria para varones: Austria,  Chipre, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Grecia, Letonia, Lituania, Moldavia, Noruega, Suecia,  Suiza y Ucrania. En el caso de Noruega y Suecia es obligatorio también para mujeres, lo que supone que para su desgracia en este caso no están discriminadas sexualmente, y Dinamarca se lo está planteando. En los países escandinavos, sin embargo, la leva militar no es general y por lo tanto no se puede hablar de reclutamiento forzoso, porque sólo son reclutados los que no plantean objeción de conciencia, y las plazas que se convocan se cubren con 'voluntarios'.  
 
 
    No me extrañaría nada que también al gobierno progresista y atlantista español se le ocurriera re-introducir la vieja y puta mili en el ruedo ibérico, abolida en 2001. ¿Se le ocurrirá a nuestro monarca, el Jefe del Estado, que posee el empleo militar de Capitán General del Ejército de Tierra, de la Armada y del Ejército del Aire, máximo rango militar que le corresponde en exclusiva como mando supremo de las Fuerzas Armadas, disponer que se envíe a los jóvenes súbditos, incluidas las jóvenes súbditas, no faltaría más, que ahora somos muy igualitarios, al frente para sacrificarse idealmente en abstracto por la Democracia y los Derechos Humanos? 

    Nuestra ministra guerrera, preguntada sobre el particular, responde defendiéndose: No, no volverá el servicio militar obligatorio en absoluto. A nadie se le ha pasado por la cabeza.  Por ahora, España tiene suficientes candidatos y candidatas para cubrir los puestos que ofrece en el ejército. Ahora bien, si el gobierno se comprometiese a aumentar el número de efectivos, la situación podría cambiar, como está ocurriendo en muchos ejércitos europeos, que se encuentran con que el número de voluntarios o profesionales no basta para cubrir las plazas vacantes.
  

 
    La abolición del servicio militar obligatorio que en España se produjo en 2001 fue uno de los pocos logros de los últimos años, teniendo en cuenta que dicha obligación condenaba a los jóvenes a echar a perder un año de su vida en el servicio a las armas en los cuarteles, aunque algunos antimilitaristas ya advertimos que era un logro envenenado, dado que conllevaba la profesionalización del ejército y la introducción ¿voluntaria? de las mujeres en sus filas so pretexto de no discriminación sexual, cuando aquello por lo que abogábamos nosotros era la desmilitarización de la sociedad porque civil se opone a militar como civilizado se opone, porque es lo contrario, a militarizado. 

martes, 21 de septiembre de 2021

Recuerdos de la mili

 Había en San Andrés del Rabanedo,

en tierras leonesas, un campamento,

el Centro de Instrucción y Reclutamiento

núm. 12, donde aullaba el viento.

Vega, sotos y montes, y entre el olmedo

río que fluye y trae, vivo, el recuerdo

  de las voces de mando de los sargentos

de las que apenas se oyen lejanos ecos.

Cae ahora la nieve. Cunde el silencio.

Sobre los fríos páramos, vaho el aliento.

En la noche estrellada, tú solo dentro

de guardia en la garita del universo.


¿Qué al Ferral del Bernesga hoy te ha traído?

¿Qué en estos andurriales se te ha perdido?

Fuiste a servir al Rey y ya has cumplido.

Ya juraste bandera, y soldadito,

ya te has incorporado a tu destino.

Y ha pasado ya un largo cuarto de siglo:

todo ha cambiado y sigue siendo lo mismo.

Líbrate del soldado que eres tú mismo,

líbrate del cuartel que va contigo,

donde, si te descuidas, te matan vivo,

donde te hacen un hombre si no andas listo.

Húndete en la memoria del puro olvido,

líbrate de las patrias y patriotismos, 

vuelve a tu pura infancia como un chiquillo.