martes, 25 de agosto de 2026
Una propuesta gráfica
sábado, 3 de enero de 2026
Pareceres XCVI
471- Una Nueva Era. La coronación del cuadragésimo cuarto Emperador, elegido democráticamente, que tuvo lugar en el año del Señor de 2009 en Guásinton abría una Nueva Era, dijeron, una New Age en la lengua del Imperio, que se escribiría con letras de oro en el gran libro en curso de la Historia Universal de la Humanidad. Al cabo del tiempo se vio que era mentira que hubiera empezado una Nueva Era, porque eras no hay más que una, si acaso, que es esta misma y que no es ninguna propiamente hablando porque no se contrapone a ninguna otra, en la que estamos inmersos aquí y ahora, todavía, y resulta que al fin y la postre, más vieja que el catarro de Matusalén, así que no tiene nada de nueva por mucho que se empeñen y empecinen en inaugurarla cada dos por tres, porque es el mismo perro al que no hacen más que cambiarle el distintivo del collar, una Nueva Era más inveterada ya que la nana que cantaba la bisabuela para dormir a los bisnietos en la cuna. Las Nuevas Eras son como los Años Nuevos: meros fuegos fatuos de artificio, pompas de jabón que revientan en el aire. Todos sabemos en el fondo de nuestro corazón que no hay años nuevos: que ni siquiera hay años en plural, que sólo hay un año, uno solo y por lo tanto ninguno, que se repite siempre a sí mismo cíclicamente, anualmente, como el Ave Fénix que muere y renace de sus cenizas.
472.- Genocidio, la palabra del año. Un periódico español ha decidido que la palabra del finiquitado año 2025 ha sido 'genocidio', por delante incluso de 'Inteligencia Artificial'. Ya quedó la segunda el año 2024, y este año de rima fácil que hemos dado por terminado se ha llevado la palma, imponiéndose incuestionablemente, para definir lo que está pasando, que no ha terminado todavía, en Gaza, cuando la masacre que el ejército de Israel está llevando a cabo en la franja se disimula con eufemismos. El periódico, siguiendo la definición del Diccionario de la Lengua Española de la docta Academia, ha decidido llamar a las cosas por su nombre. Dice el DLE que un genocidio, cuya etimología procede del griego γένος génos 'estirpe' y el sufijo latino -cidio (matanza, presente en homicidio, suicidio, filicidio...) es “el exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad”. Quizá sea más interesante reivindicar el uso de otro término, siguiendo la propuesta del politólogo estadounidense M. J. Rummel, que engloba una amplia gama de crímenes, incluido el genocidio, que sería democidio, el crimen que perpetra el Estado, cualquier estado, contra el pueblo, ya sea el propio o el ajeno.
473.- Dios proteja a Bulgaria. Bulgaria se incorpora a la zona euro, convirtiéndose en el miembro número veintiuno. Seguirá manteniendo su moneda, la leva, que coexistirá con el euro, hasta el verano. Los precios se expresan ya en el país ribereño del mar Negro en ambas monedas, pero a partir del verano los bancos ya no cambiarán las levas por euros. Durante este mes de enero coexistirán en el mercado ambas monedas, pero a partir de las calendas de febrero solo circulará el euro. La moneda de un euro representa a Iván de Rila, el santo patrón de Bulgaria, junto con las inscripciones en cirílico del nombre del país y el de la moneda 'euro'. Más significativa es la moneda de dos euros, que retrata a San Paisio de Hilandar y la inscripción “Dios proteja a Bulgaria” alrededor del canto de la moneda. Este hecho nos recuerda a los españoles de cierta edad que en el año del Señor de 2002 la peseta fue sustituida por el euro, y cómo los precios se dispararon inmediatamente haciéndose la falsa equiparación de que un euro eran cien pesetas, cuando en realidad la equivalencia teórica de un euro era 166,386 pesetas. Algo que valía 100 pesetas entonces, por ejemplo un café en un bar, pasó a costar 1 euro, es decir 166,386 pesetas. ¿Qué ha sucedido desde entonces con el euro en el Ruedo Ibérico? Pues muy sencillo que ha perdido un 45,5% de su poder adquisitivo inicial, o lo que es lo mismo, que lo que entonces costaba 100€ ahora nos cuesta 183,53€. ¡Que Dios omnipotente, si puede, proteja efectivamente a Bulgaria y la coja confesada!
sábado, 4 de octubre de 2025
Recuperar la soberanía
lunes, 7 de julio de 2025
Pareceres LXXX
391.- Capitalismo. Escribía Juan Manuel de Prada en su columna semanal titulada La verdad sobre la corrupción (27 de junio de 2025): El afán de lucro, a la postre, es una forma monstruosa de espiritualidad, más que una concupiscencia material. No son bienes lo que persigue quien tiene libido lucrandi, que es el deseo apasionado por el interés (económico, por supuesto; por el interés, te quiero Andrés), sino valores espirituales, por eso la publicidad no te vende un automóvil sin más, sino la ilusión de libertad de ir a donde te plazca, y el status que supone. El afán de lucro está canonizado, dice De Prada, por el capitalismo. “El capitalismo, en contra de lo que piensan los ilusos, no es tan solo una doctrina económica, sino una visión antropológica y ontológica disolvente -y teológica, añadiría yo-, un sucedáneo religioso en el que el dinero ocupa el lugar de Dios”. Mammón habría desplazado a Jehová: la nueva religión, que es la del dinero, no tiene ateos. Pero el capitalismo no es un sucedáneo religioso, no distingue entre Mammón, o sea el Dinero, y Jehová, por lo que ya no tiene ningún sentido aquella frase de Jesucristo de que no se puede servir a dos amos a la vez, cuando se demuestra que no hay dos amos, sino uno solo, que es el Puto Amo, y no es que ocupe el lugar de Dios es que Él es el único dios real y verdadero.
392.- Televidentes-telecreyentes. Si no lo veo, no lo creo, dice a menudo la gente. La frase se popularizó a partir del relato de san Juan evangelista, que narra que el apóstol Tomás, que no estaba con el resto de los discípulos cuando se les apareció Jesús resucitado después de muerto, y le dijeron "Hemos visto al Señor", les respondió: Si yo no veo en sus manos la hendidura de los clavos, y no meto mi dedo en el agujero que en ellas hicieron, y mi mano en la llaga de su costado, no lo creeré. El discípulo no creyó en la resurrección de Jesús hasta que días después se le apareció a él y pudo ver y tocar sus llagas, metiendo el dedo en las heridas, invitándole a no ser incrédulo sino fiel y reprochándole que haya creído porque lo ha visto, pero sentenciando: "bienaventurados aquellos que sin haber visto han creído". En esencia, "ver para creer" significa que se requiere evidencia física y experiencia directa para dar por válido algo. Es una expresión común que refleja la doble tendencia humana a dudar, por un lado, de lo que no se puede observar o confirmar personalmente y a creer, por el otro, mucho más peligroso, en aquello que se puede ver. Si lo aplicamos a lo que hace habitualmente la mayoría de la gente, que es ver pantallas que, alejadas de las cosas que retratan, se las acercan a sus incrédulos ojos, resulta que basta que algo salga en esas pantallas para que creamos ciegamente en ello, convirtiéndonos en televidentes y, por lo tanto, telecreyentes.
393.- Miente más que la gaceta. La Gaceta de Madrid fue desde finales del siglo XVII hasta 1936 el nombre del diario oficial del gobierno español, y por lo tanto el antecesor del Boletín Oficial del Estado. La docta Academia define “gaceta” como una “publicación periódica en la que se dan noticias comerciales, administrativas, literarias o de otra índole”. El término viene del italiano gazzetta, que era el diminutivo derivado del latín “gaza” tesoro, erario, y era el nombre de una moneda de poco valor que circulaba en Venecia allá por el siglo XVI que era el precio que costaba una de las primeras publicaciones periódicas, la hoja informativa que apareció durante la guerra de la Serenísima contra Solimán II, que tomó el sobrenombre de la moneda que costaba. Resulta significativa la relación de la información con la moneda. Pero más significativo es lo que late por debajo del dicho castellano popular de “mentir más que la gaceta”, que es como decir mentir más que la prensa orgánica en general, hoy diríamos El Periódico Global(ista), o sea, El País, porque las informaciones, todas sin excepción, son mentirijillas que no valen ni un céntimo. "La gaceta miente: se supo siempre. Pero no es el gacetillero el que falsea: es el poder". Escribió una vez Eduardo Haro Tecglen.
394.- El euro y la peseta. La propaganda gubernamental decía: "Los precios no cambian, sólo cambia la moneda". Solo había que acostumbrarse al cambio y hacer la conversión de lo euros en pesetas para comprobar que todo cambiaba no para seguir igual, sino para empeorar: Un euro equivalía exactamente a 166,386 pesetas. Un día antes un café en un bar cualquiera, tomado en la barra, valía 90 pesetas; al día siguiente, el día de Año Nuevo del año del Señor de 2002, el café, tomado en la barra del mismo bar costaba, hecha la falsa conversión, 90 céntimos de euro, como si la vieja peseta equivaliera a un céntimo de euro, lo cual era cómodo porque no había que hacer operaciones matemáticas, pero falso, porque 90 céntimos no eran 90 pesetas, sino exactamente 150 pesetas, casi casi el doble. Otro testimonio: tomado de alguien que jugaba al billar a diario previo pago de una moneda de cien pesetas que, de un día para otro, pasó a ser de un euro. En un solo día todo había subido un 66% más, sin explicación ninguna. La subida de precios que negaba el gobierno que fuera a producirse se produjo y fue brutal, y en esas estamos porque en esas seguimos hasta hoy, donde todo sube y sube de un día para otro sin otra explicación que la tendencia al alza de los precios.
395.- La muerte de un futbolista. El periodismo, escribía Chesterton, consiste, en gran medida, en decir “Lord Jones está muerto” a personas que nunca supieron que Lord Jones estaba vivo. Yo, que no soy forofo ni aficionado al fútbol, no sabía hasta el otro día quién era Diogo Jota, el futbolista portugués que en 2020 fue traspasado al Liverpool F.C. por, se estima, cuarenta y cinco millones de libras esterlinas. Me he enterado de que estaba vivo a raíz de su trágica muerte cuando se trasladaba en automóvil de Zamora a Santander a tomar el ferry para viajar a Porstmouth en Inglaterra y la carretera se cobró su vida. Iba en un coche de alta gama que quedó calcinado y las primeras hipótesis señalan a un reventón de una rueda mientras realizaban un adelantamiento como la principal causa del accidente mortal. La muerte fue instantánea, pues el coche ardió rápidamente por el fuerte golpe al salir de la calzada. El caso es que la misma tragedia que le ha ocurrido el 3 de julio al balompedista del Liverpool le ocurre cada día a miles de personas anónimas en todo el mundo que no conocemos, pero sólo cuando la Señora de la Guadaña cercena la vida de un VIP se convierte en noticia novedosa. El futbolista, a sus 28 años, deja una mujer y tres hijos detrás que preguntarán dónde está su padre, cuándo volverá a casa y por qué tarda tanto, igual que su hermano, futbolista también, que viajaba con él y murió en el acto.


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