
viernes, 4 de septiembre de 2026
Pareceres CXXIII

domingo, 26 de julio de 2026
La verdad y las opiniones
En cambio, las opiniones sí pertenecen a alguien: mi opinión, tu opinión, la opinión de los expertos que tanto se cacarea últimamente, etc. Son juicios sobre cómo son las cosas y, por eso, pueden ser verdaderos o falsos.
El antiguo problema de la relación entre la verdad y la opinión, ya planteado en los orígenes de la filosofía occidental en el poema de Parménides, adquiere hoy una nueva actualidad. De hecho, es evidente que la clara distinción entre ambas formas de conocimiento, que para los antiguos era un hecho indiscutible, ha desaparecido por completo en la actualidad. Solo hay opiniones que pretenden ser verdaderas. Por eso resulta aún más urgente recordar que la verdad y las opiniones se sitúan en dos planos distintos. La verdad —que los griegos llamaban aletheia, que significa «no ocultamiento», «apertura»— se refiere al ser, es decir, a la experiencia de que algo es, de que hay algo en lugar de nada. La opinión (que los griegos llamaban —y que nosotros seguimos llamando hoy— doxa) se refiere a los entes, al conocimiento de que las cosas son de una determinada manera en lugar de otra. La primera, dice Parménides, es inmóvil (atremes, que no tiembla, imperturbable), circular y ajena al tiempo; la segunda puede ser correcta o errónea y es, por lo tanto, mutable e incierta.
Sin embargo, es fundamental comprender la relación entre estas dos formas de conocimiento humano. La primera no garantiza en modo alguno la corrección de las opiniones, pero nos proporciona un punto de partida desde el que considerarlas, en el que podemos preguntarnos si son correctas o erróneas. Quien se limita únicamente a la opinión tenderá, en cambio, fatalmente a considerarla correcta. Mientras que la verdad abre la posibilidad tanto de la opinión verdadera como de la errónea, la opinión solo puede afirmar su propia verdad.
De ahí la aparente paradoja según la cual la verdad se define a través de la posibilidad del error, algo que la opinión debe excluir a toda costa.
No es de extrañar que una cultura que ha perdido la distinción entre verdad y opinión haya dado lugar a la inteligencia artificial, es decir, una doxa que afirma su propia verdad sin poder experimentarla. Adónde llevará a los hombres que creen hacer uso de ella esta doxa, que se ha cerrado a la posibilidad del error, es una pregunta que no deberíamos dejar de plantearnos.
lunes, 13 de julio de 2026
Una vía de escape
martes, 7 de julio de 2026
¡Viajeros al tren!
turistas de ida y vuelta, siempre a lo mismo, yendo y viniendo para cambiar de sitio.
¿Dónde aquellos se fueron trenes antiguos? Muertas yacen sus vías en el olvido.
Mil cruceros y aviones ahora mismo surcan mares y cielos azul marino.
Los reactores sueltan su chorro líquido, dejan al paso estelas en el vacío.
Hay turoperadores operativos y hay agencias que venden nuevos destinos.
Ya no hay viviendas, solo bloques de pisos, cientos de alojamientos, nichos turísticos.
Ya no quedan ciudades, las han destruido, solo acaso necrópolis donde vivimos.
¿Quiénes son, me pregunto, los modernísimos bárbaros invasores ahora mismo?
Idiotas, somos ellos nosotros mismos... En noches de verano, cantan los grillos.
viernes, 17 de abril de 2026
Adán (y Eva) sin infancia
sábado, 20 de diciembre de 2025
¿Hombres de poca fe?
domingo, 2 de noviembre de 2025
La guerra es la paz
Publicaba Giorgio Agamben el 23 de octubre del año vigente del Señor el siguiente billete titulado "La guerra è la pace", cuyo título nos remite a Órguel (war is peace) al mismo tiempo que nos trae a la memoria a Heraclito de Éfeso: Guerra de todos es padre, de todos rey, y a los unos los señaló dioses, a los otros hombres, a los unos los hizo esclavos, a los otros libres.
La guerra es la paz
Entre
los horrores de la guerra que a menudo se olvidan está su
supervivencia en tiempos de paz a través de sus transformaciones
industriales. Es sabido —pero se olvida— que los alambres de púas
con los que muchos aún cercan sus campos y propiedades provienen de
las trincheras de la Primera Guerra Mundial y están manchados de la
sangre de innumerables soldados muertos;



oOo
La guerra è la pace
Fra gli orrori della guerra che vengono spesso dimenticati è il suo sopravvivere in tempo di pace attraverso le sue trasformazioni industriali. È noto – ma lo si dimentica – che i fili spinati con cui molti ancora recingono i loro campi e le loro proprietà provengono dalle trincee della prima guerra mondiale e sono macchiati del sangue di innumerevoli soldati morti; è noto – ma lo si dimentica – che i gommoni che affollano le nostre spiagge sono stati inventati per lo sbarco delle truppe in Normandia nella seconda guerra mondiale; è noto – ma lo si dimentica – che i diserbanti in uso nell’agricoltura derivano da quelli usati dagli americani per deforestare il Vietnam; e, ultima conseguenza e di tutte peggiore, le centrali nucleari con le loro indistruggibili scorie sono la trasformazione “pacifica” delle bombe atomiche. Ed è bene ricordare, come Simone Weil aveva compreso, che la guerra esterna è sempre anche una guerra civile, che la politica estera è, in verità, una politica interna. Rovesciando la formula di Clausewitz, oggi la politica non è che un proseguimento della guerra con altri mezzi.
23 ottobre 2025
sábado, 4 de octubre de 2025
Recuperar la soberanía
martes, 17 de junio de 2025
¡Esto es la guerra!
jueves, 1 de mayo de 2025
Pareceres LXXIV
lunes, 23 de diciembre de 2024
Un reino que no es de este mundo

miércoles, 30 de octubre de 2024
Chomsky enmudece
Pero el periodista y el periódico susodichos, citando como autoridad a Juan Evaristo Valls-Boix, despachan a Agamben despectivamente afirmando que frente a la pandemia -y nos remiten de paso a una página terrorífica del propio diario, donde se dice que Italia registraba la cifra de muertos más alta de la crisis del coronavirus, 993 fallecidos durante un día, blindando el país y obligando a guardar cuarentena a quien viajase al extranjero- incurrió “en esa miopía que supone la literalidad sin contexto” (sic), a raíz del significativo artículo de Agamben titulado “La invención de una pandemia”, publicado el 21 de febrero de 2020, porque rebajaba la “supuesta” gravedad de la situación que ese periódico y la mayoría de los medios de conformación de masas agravaban exagerándola hasta la náusea.
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