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miércoles, 29 de julio de 2026

Hijos e hijas de papá y de mamá

    En su afán por proteger a sus vástagos de un mundo que consideran hostil y atiborrado de peligros indefinidos, muchos progenitores, cegados por un concepto mal entendido de paternidad responsable, es decir, por un exceso de rol paternofilial, como dicen los psicagogos, y movidos  por el amor que sin duda sienten por sus tiernas criaturas y por el miedo de que les suceda algo malo, logran amparándolos sobremanera lo contrario de lo que que pretendían, y dejan a sus retoños indefensos e incapaces de sufrir la más mínima contrariedad que les sobrevenga sin derrumbarse, como polluelos que no acaban de romper nunca el cascarón protector del huevo y salir de él a enfrentarse con el mundo y con la vida.

    Conocí a una profesora que hacía siempre los deberes con sus hijos desde muy pequeños, y que, bien entrados ellos ya en la adolescencia, seguía tomándoles la lección y estudiando con ellos y terminando muchas veces sus tareas, a la vez que organizaba sus tiempos y técnicas de estudio; por lo que ella, como madre,  y no ya como profesora, estaba en contra de los deberes escolares y mostraba una férrea oposición mayor aun, si cabe, que la de sus hijos. Muchas veces decía que los profesores, y entonces hablaba como madre exclusivamente y no como enseñante,  no eran conscientes del ingente trabajo que suponían los deberes escolares para los alumnos y no eran conscientes de que las vacaciones y los fines de semana eran para descansar y recargar las pilas a fin de poder reincorporarse al trabajo del estudio con nuevos bríos y energía. 

    No es raro que desde las hodiernas Jefaturas de Estudios de los Institutos de Educación (y no Enseñanza, que es palabra más noble) Secundaria se recuerde a los profesores que no deben mandar tareas a los alumnos para los períodos vacacionales, no vayan a provocarles algún traumatismo craneal o psicológico: el ocio es el ocio, o sea la otra cara del negocio.  
     Cuando el primogénito de la profesora de marras logró licenciarse -hoy, después del plan Bolonia, decimos graduarse- en la Uni, no sin algún esfuerzo, pues era un vago redomado, nos comentó a sus allegados y conocidos que ella también había acabado, por fin, la carrera de derecho y se había laureado y conseguido una segunda licenciatura.

    Los hijos e hijas -cedamos a lo políticamente correcto como hacen los políticos y las políticas- de papá y de mamá, cuando ya son un poco  mayorcitos y mayorcitas, son incapaces de orientarse en la calle sin la aplicación del mapa de su dispositivo,  tienen una rabieta al menor contratiempo si no consiguen lo que quieren y sienten frustración ante el menor cambio en lo previsto, no saben atarse los cordones de los zapatos, y ante cualquier problema necesitan recurrir a papá y a mamá mediante el móvil, ese moderno cordón umbilical inalámbrico que les une al claustro materno y que asegura su dependencia del pesebre del portal de Belén. 

 Adoración de los Magos, Durero (1504)

    En inglés ‘to spoil’, que deriva del latín spoliare ('desnudar'), significa ‘mimar’, y también ‘estropear’, de modo que los anglosajones saben muy bien que los niños mimados y consentidos están echados a perder, estropeados, espoliados o expoliados, que de ambas formas se puede decir en castellano, es decir despojados de su independencia, privados de autonomía y libertad a fuerza de tanto cariño. Los “spoilers” son, obviamente, sus padres, que les han contado cómo iba a  acabar la película de sus vidas, desentrañándoles el nudo del argumento y el final,  antes de vivirla.

    Las familias modernas, reducidas a su mínima expresión –monoparental o formadas por una pareja heterosexual u homosexual, da igual- siguen siendo la encarnación de la Sagrada Familia, con el menor número de hijos: ninguno -en su lugar crían alguna mascota canina o felina-, un infante o, a lo sumo dos, la parejita,  por aquello de que uno no es ninguno y dos son uno, muy alejadas del concepto de familia numerosa fomentada con premios y alicientes a la natalidad en tiempos pasados, tienen como eje gravitatorio a sus crianzas, que se constituyen en el centro sobre el que giran y orbitan sus vidas.
 
     Algunos padres están tan ocupados que el poco tiempo libre que dedican a sus tiernas criaturas quieren dedicarlo a «hacerles felices» a toda costa, y, reaccionando contra la educación autoritaria de su propia niñez,  no saben decirles a nada que ‘no’, esa palabra mágica que es la primera que aprendemos todos y que olvidamos enseguida, como fruto de nuestra mala educación,  cuando lo que deberían hacer es enseñarles a los niños y niñas a decir que nones a todas las imposiciones y no, como hacen, a todo que sí.

    Muchos progenitores gestantes y no gestantes, la inmensa mayoría,  confían la educación de sus hijos a la escuela, es decir, al Estado, que se encarga de su formación manu militari desde los seis hasta los dieciséis años; en la práctica desde los tres años hasta los dieciocho, en que alcanzan la mayoría de edad legal que les permite votar y sacar, cómo no, el permiso de conducir. El hecho de que sean mayores de edad legalmente no significa que sean autónomos, independientes, adultos en el sentido en que creen serlo sus progenitores, sino, precisamente, todo lo contrario, ya que una de las características de nuestra sociedad es, pese a su misopedia o pedofobia, o, si se prefiere en román paladino, odio a la infancia,  su infantilismo galopante, su eterna minoría de edad. 


    Estos niños, tan amparados, mimados y estropeados por sus padres que resultan completamente desprotegidos cuando no están bajo la tutela paterna y estatal, estos adolescentes tan consentidos, van a tener seguramente muchas dificultades a la hora de resolver los conflictos por nimios e insignificantes que sean los que se les presenten en la vida, porque están acostumbrados a que lo hagan sus mayores en vez de ellos, incapaces de afrontar  los inevitables contratiempos de la existencia, con lo que, sin querer tal vez, sus papás y sus mamás los han hecho menos autónomos, más dependientes y manipulables, menos responsables de sus actos y consecuencias, e incapaces de tomar decisiones propias por lo tanto. Antes los niños gozaban de una temprana autonomía que les dejaba cierta libertad de movimientos que ahora no tienen; hoy se desenvuelven en un ámbito de vigilancia, control y supervisión constante de padres y de adultos. 

    Niños mimados y estropeados por unos padres que les han concedido el privilegio envenenado de todos sus caprichos; niños echados a perder por el sistema educativo que ha hecho de ellos no más que unos perfectos futuros consumidores, votantes y contribuyentes sin sentido crítico, incapaces de enfrentarse a la realidad y de intentar cambiarla para que siga igual, futuros esclavos sumisos, eternos menores de edad.

lunes, 27 de julio de 2026

Mensajes a la contra (II)

 "¡Somos campeones del mundo! ¡Viva el rey! ¡Viva España!" grita el balompedista que metió el esférico, eufórico ante la congregación de dos millones de forofos.
 
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Siempre hay algún fetiche abstracto que salvar: el Alma de su eterna condenación, la Vida de la muerte, o el Planeta, a costa de nuestro concreto sacrificio.
 
 
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¿No es sorprendente encontrar en esta sociedad tan agnóstica el mismo espíritu de sacrifico que exigía antaño la Iglesia bajo capa ahora científica ecológica?

 

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Ha empezado la cuenta atrás, dice el jefe de la oposición parlamentaria, para que se haga realidad el relevo, un cambio sustancialmente nulo, meramente nominal.

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 John Kerry, el zar del clima, dijo que diez mil millones de humanos al ritmo que vamos en el año 2050 no son sostenibles para el planeta. A buen entendedor...

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Los pedagogos rara vez amplían el acervo mundial de conocimientos; mucho más a menudo se oponen a su aumento de manera violenta e implacable.” (H.L. Mencken)

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No puede negarse realmente la existencia de Dios (del virus o del cambio climático, que son lo mismo): existen, pero su realidad -ideal- no implica su verdad.

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La industria de fabricación de armamento no da abasto contribuyendo a la creación de empleo, falta de mano de obra que cubra la creciente demanda del producto.

Satanás despertando a sus legiones, Estella Canziani (1913)

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«Lo que dice Juan de Pedro dice más de Juan que de Pedro», reza, sabio, el refrán; y el dicho popular infantil, «El que lo dice lo es con el culo del revés». 

sábado, 16 de mayo de 2026

¡Qué buenos son, que nos llevan de excursión!

Ha pasado ya una buena ristra de años desde que siendo yo mozalbete entonaba con alborozo aquella canción, cuyo estribillo me viene ahora a las mientes, de «qué buenos son los padres escolapios, que buenos son que nos llevan de excursión», agradeciéndoles infinitamente la salida del colegio (eso es lo que sugiere el prefijo ex- de la palabra ex-cursión con toda su fuerza centrífuga) a los profesores que nos sacaban por un tiempo prudencial de la jaula de las aulas, para que recargáramos las pilas y pudiésemos volver con energía renovada a la incursión (el prefijo in-, aquí de claro valor centrípeto, señala la vuelta a la normalidad y enclaustramiento; tras la excursión se impone la incursión en la  machadiana “monotonía / de lluvia tras los cristales”). 

Que conste que yo no estudié en los escolapios ni en los agustinos ni en los  salesianos ni en ningún otro colegio de pago tampoco, sino en un centro público, y no me pesa, sino todo lo contrario.  El caso es que todos cantábamos aquella cantilena de agradecimiento a nuestros profes “majos y enrollaos” equiparándolos con los padres escolapios, lo que no les gustaba demasiado, la verdad sea dicha. 


Ya por entonces los centros públicos comenzaban a competir con los privados y concertados en la organización de las llamadas “actividades extraescolares”, hasta el punto de que en la actualidad todos disponen prescriptivamente de un Departamento a ellas consagrado, y de un Jefe encargado de hacer su programación y el seguimiento de dichas actividades fundamentales para el normal funcionamiento del 'currículo educativo' (sic) de un centro escolar de primaria y secundaria que se precie, cuya obligatoriedad sin ellas resultaría intolerable, igual que un calendario sin festividades, un trabajo sin vacaciones o una semana sin finde. (Cuando hablamos aquí de "actividades extraescolares" no nos referimos a las clases de natación, ballet, artes marciales y encaje de bolillos con las que los padres complican las agendas de sus hijos fuera del horario escolar privándoles así de juego libre, sino a las que organizan los propios centros escolares, dentro de su horario lectivo,  para proyectarse en la sociedad escurriéndose de sí mismas a fin de volver corriendo al redil y hacer más soportable la reclusión obligatoria).

Hemos ido viendo desde entonces cómo también rivalizan unos y otros establecimientos en la organización de diversos saraos como posados para orlas conmemorativas del inolvidable curso académico, organización de eventos deportivos y concursos de misses y misters -parece que estos últimos han pasado afortunadamente ya a la historia-, bailes de primavera y de graduación, ceremonias de comienzo y fin de curso, y cómo llegan a fletar  autobuses y chóferes para que se vayan turnando en los largos trayectos por las autopistas de Dios devorando quilómetros a toda pastilla, trenes, cruceros y hasta aviones para poner en circulación por tierra, mar y aire por el ancho mundo no pocas cohortes de estudiantes que vitorearán eufóricamente a la Madre Superiora (“¡Viva la Madre Superiora!”), por lo tolerante y comprensiva que es organizando la excursión, que ella preferirá denominar “salida didáctica y pedagógica”, quien, defensora como es de la realización de ese “viaje de estudios” (sic) y por su trascendencia espiritual como una de las señas de identidad irrenunciables de “su” convento, perdón, quería decir, de su colegio, y de “su” proyecto curricular educativo, celebrada año tras año desde tiempos inmemoriales, acompañará a los novicios y novicias  como mayoral que vela por el rebaño pastoreándolo para que no se descarríe y pueda recibir la bendición del sumo pontífice en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, donde se les dará suelta y día libre para que visiten, por su cuenta y riesgo, si así lo consideran, los museos. 

Otro de los cánticos de aquellos autobuses que me viene al hilo de esto a la memoria exhortaba al conductor a pisar el acelerador de un modo bastante irresponsable e imprudente. Creo que decía algo así: Para ser conductor de primera, / acelera, acelera... Ignoro si se siguen cantando canciones en los autobuses. Imagino que no, que a lo sumo se entretendrá a los alumnos con películas de acción o de risa para que no se aburran con el paisaje, o se pondrá algún tipo de música para todos que acabará disgustando a la mayoría, ahora que cada cual cultiva sus gustos musicales personales. A tal efecto, supongo, cada uno llevará sus auriculares puestos para escuchar “su” tachunda, y se distraerá publicando y leyendo chorradas con su móvil en sus redes sociales, por lo que ya no se entonarán aquellos cantos corales más propios de una taberna que de un autobús escolar. 

Si los alumnos estudian Historia del Arte, por caso, parece muy justificado y hasta oportuno que visiten la Capilla Sixtina in situ, aunque luego allí no puedan permanecer más de cinco minutos, tal es la avalancha de turistas que suele haber, ni puedan atender a las explicaciones de los profesores, en el caso de que estos les expliquen algo, dado que se exige un silencio religioso por ser un lugar de oración, por lo que resulta casi preceptivo acompañarse de una audioguía, pero esa actividad carece de todo valor pedagógico si no se acompaña de un trabajo previo y posterior en el aula, y si los alumnos no realizan durante su visita algún tipo de tarea complementaria, y se limitan a fotografiar sin ton ni son y al tuntún las cosas -incluidos ellos en los inevitables selfis de las "cosas que hay que ver"- que no tienen tiempo de ver con detenimiento y recreación para enseñarlas después aburriendo a familiares y amigos. 

 Capilla Sixtina repleta de turistas

Parece a fin de cuentas como si las Actividades Extraescolares, por lo tanto, se hubieran convertido en las auténticas actividades del Centro Escolar, las que más lo caracterizan y definen, siendo las intraescolares, por emplear este término para las clases magistrales y cada vez menos magistrales, poco más que un breve paréntesis entre una y otra extraescolar y una disculpa para realizar las que realmente promocionan al Centro, las que rompen con la reclusión claustrofóbica, sin las que esta sería insoportable. Los profesores que critiquen la excesiva realización de dichas actividades, por su parte, serán ellos mismos tachados de intransigentes cavernícolas y carcas chapados a la antigua por pretender tener a los alumnos "amarrados al duro banco" de las galeras turquescas que siguen siendo, pese a todos los pesares, las aulas. Como consecuencia de todo esto, la mayoría de los centros escolares han cambiado y se han convertido en centros de actividades extra-escolares: organizan excursiones, intercambios de "inmersión lingüística" (sic) y viajes que hacen la competencia a las agencias del gremio; hacen turismo para dar una vuelta -eso es el "tour"-  y volver tras el garbeo del giro de Copérnico a lo de siempre y a lo mismo.

jueves, 23 de abril de 2026

¿Cómo solucionar el problema de las faltas de ortografía?

A las respuestas tradicionales de fomentando la lectura desde la más temprana infancia y leyendo mucho desde entonces, desarrollando la memoria visual, haciendo cuadernos de ortografía y muchos dictados, copiando correctamente las palabras mal escritas varias veces como nos hacían en la escuela el siglo pasado, aprendiendo las reglas y normas (como por ejemplo: ene se escribe eme antes de pe y be), habría que añadir la solución definitiva que ningún Académico de la RAE ni profesor de Lengua y Literatura Castellanas quiere considerar, porque ¿a qué iban a dedicarse ellos, la real institución y los muchos profesores tanto de la enseñanza pública como de la privada y la concertada si desapareciera el problema?


La solución definitiva sería la mejor reforma educativa -y ya van para siete en treinta y cinco años en España las reformas que  no han servido para nada bueno-, la más interesante de todas las habidas y por haber: la reforma ortográfica.  No se atreven a emprenderla porque habría que jubilarlos a todos, como habría que, siguiendo la propuesta que un día desde la Orotava hizo don Joaquín Gutiérrez Calderón en un periódico de humilde tirada, jubilar todas las haches mudas al principio de palabra, unificar las bes y las uves y utilizar una sola de las dos letras para el mismo fonema, quitarles la u a las ges para decir “guerra” y usar las jotas tanto para “coge” como para “coja”, de lo que fue precursor Juan Ramón Jiménez. Habría que despedirse de equis como la de “experto” y dejarlas en lo que son, simples eses, y olvidarse de enes como la de “instituto”, que sólo los muy pedantes se empeñan en pronunciar para que se note su afectada cultiparla, unificar las ces, las kas y las cus y utilizar una sola de esas letras para escribir cosas como “casa”, “kilo” o “queso”; y unificar la zeta y la ce, quedándonos con una de las dos para escribir “ceniza”, por ejemplo. Y a la lista de propuestas de Gutiérrez Calderón añadamos que habría que escribir con y griega tanto "calló" como "cayó", habida cuenta de la extensión del fenómeno fonético del yeísmo en español oficial contemporáneo que ha acabado confundiendo ambos fonemas.

Sólo entonces, con una escritura fiel al habla de la gente -y hablando se entiende la gente y no hay faltas de ortografía que valgan- se acabarían los errores ortográficos, “esos clamorosos desajustes entre la razón limpia de los niños y la norma más caprichosa que etimológica de los académicos” en expresión de Gutiérrez Calderón.

 Sobra de ortografía: auriculares in(h)alámbricos

Ya hablaremos más adelante de cómo, por otra parte, la escritura, con faltas y sobras de ortografía o sin ellas, no es más que la tumba de la lengua hablada, y de la narración y la poesía, y del razonamiento, que acaba así enquistándose y convirtiéndose en filosofía, y en historia de la filosofía, y en mera literatura, pero ese es otro cantar.

martes, 24 de marzo de 2026

Animales políticos

    Escribía el filósofo español Heleno Saña un artículo titulado “La sociedad no es un mercado” en el núm. 51 de la revista La Clave, en abril de 2002, que veinticuatro años después después de escrito sigue, como suele decirse, de rabiosa actualidad. Tomo de él este párrafo, que proporciona una reflexión importante sobre la diferente concepción del ser humano en la antigüedad y en la actualidad:
 
 “Aristóteles fue uno de los primeros filósofos que se ocupó a fondo de la economía, pero subordinándola a la ciencia política, esto es, a la regulación de la vida de la 'polis' o ciudad. La economía queda restringida al recinto doméstico ('oikos'), y de ahí que el Estagirita no defina al hombre como animal económico, sino como «zóon politikón». Los demiurgos de la hora actual han invertido la terminología aristotélica y cometido la barbaridad de convertir el 'homo oeconomicus' en el eje central y caso único de la vida individual y colectiva, una transmutación de los valores que por si sola demuestra el grado de simplismo mental a que hemos llegado”.  
 
Que el hombre  -incluida la mujer- es un animal político ya nos lo dejó escrito Aristóteles según su célebre definición: ho ánthropos phýsei politikón zóon. Recurramos a la fuente del maestro (Política I, 2, 1253ª 2-3): Así pues, de lo anterior resulta claro que la sociedad ("polis") es una de las cosas que hay por naturaleza, y que el hombre es por naturaleza un animal político; y que el que carece de sociedad por naturaleza y no por una casualidad está por debajo o por encima del ser humano, como también el criticado por Homero(1) "sin clan, sin ley, sin hogar". Pues el tal por naturaleza es además codicioso de la guerra, exactamente como una pieza aislada en el tablero(2).
 
ἐκ τούτων οὖν φανερόν ότι τῶν φύσει ἡ πόλις ἐστι, καὶ ὅτι ὁ ἄνθρωπος φύσει πολιτικόν ζώον, καὶ ὁ ἄπολις διὰ φύσιν καὶ οὐ διὰ τύχην ἤτοι φαυλός ἐστιν ἡ κρείττων ἢ ἄνθρωπος, ώσπερ καὶ ὁ ὑφ᾽ ῾Ομήρου λοιδορηθείς ἀφρήτωρ ἀθέμιστος ανέστιος, ἅμα γὰρ φύσει τοιοῦτος καὶ πολέμου επιθυμητής, άτε περ άζυξ ὧν ὥσπερ ἐν πεττοῖς.
 
 (1) La cita completa de Homero es: Hombre sin-ley es aquél, sin hogar, sin trato-con-buenos, / que arda en armor de la guerra, heladora, peste de pueblos. Homero, Ilíada, IX, vv. 63-64, traducción de A. García Calvo.
 (2) Parece que es una especie de juego de damas sobre un tablero dividido en treinta y seis escaques y cruzado por una linea llamada sagrada, que deslindaba los dos campos, cuyas piezas están obligadas a combatir más cuando se quedan más aisladas las unas de las otras. 
 
 El dibujante griego Arcás, que no va a contradecir al filósofo, viene a decirnos ahora que, efectivamente, todos somos animales políticos -politiká zóa, en griego clásico y moderno a la vez, básicamente la misma lengua-, pero nos advierte el humorista, todo un referente ya dentro de los modernos, que no somos de la misma especie animal, ya que unos son políticos profesionales -el lobo- y otros, la inmensa mayoría democrática de la gente, los corderos.
 
 
 Este “simplismo mental a que hemos llegado”, que denunciaba Heleno Saña en su artículo, se refleja en el mundo de la enseñanza o, si se prefiere, de la educación, en la creciente promoción a la que venimos asistiendo desde hace años, dentro del llamado Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales, de la inclusión y sobrevaloración para la vida moderna de  una asignatura que se llama “Economía”. 
 
¿No sería más interesante otra asignatura que se llamara “Política”? Podría argumentarse en su contra el hecho de que una asignatura llamada “Política” sería un tanto peligrosa, ya que favorecería el adoctrinamiento político, como sucedía en los tiempos de la oprobiosa dictadura, y la manipulación de los estudiantes. Y sería muy probable, pero nadie parece alarmarse sin embargo demasiado del hecho de que se esté ya manipulando y adoctrinando religiosamente a los estudiantes con esta nueva fe y asignatura de la economía y con la promoción del consiguiente espíritu emprendedor, eufemismo de empresarial y capitalista, una nueva fe en el dios Dinero con la que se está imbuyendo a nuestros jóvenes del espíritu y la creencia, falsa como todas, de que la sociedad es un mercado donde todo se compra y se vende -hasta nosotros mismos a poco que nos descuidemos- y no puede ser otra cosa... ¡Si el Estagirita levantara la cabeza…!
 
 Y dado que todos los políticos profesionales mienten, porque su función es sostener la realidad, que es esencialmente falsa, llamarle a alguien político, sigue diciendo Arcás,  se ha convertido en un grave insulto.
  

jueves, 19 de febrero de 2026

Una falsa etimología: educación.

Los pedagogos suelen arrimar el ascua a su sardina y amoldan la etimología del término “educación” al campo semántico propio de su especialidad, previamente definido. Suelen decir que se remonta al latín educere que significa educir, es decir, sacar algo, hacer que salga del interior, como por ejemplo en la frase educere uagina ferrum ('desenvainar el sable' o 'desenfundar la espada'). Pero resulta que la acción de educere es en latín eductio, y en castellano la acción de educir es la educción, a imagen y semejanza de inducción, deducción, traducción y demás compuestos.
 
Hay en latín otro verbo muy parecido que es educare. Y la acción de educare es, propiamente, la educatio, de donde deriva nuestra educación. Ambos verbos, educere y educare, están precedidos del mismo prefijo centrífugo e(x)- que indica el movimiento “de dentro hacia afuera”; ambos proceden de una misma raíz indoeuropea, que significa grosso modo “conducir, llevar”, pero resulta que no son sinónimos sino en cierto modo antónimos: uno es 'sacar' y el otro 'meter'.
 
 
Un romano como Varrón nos explica la diferencia: educit obstetrix, educat nutrix: la obstetra o comadrona se ocupa del parto; la nodriza, de la alimentación y la crianza (del élevage que se diría en francés).
 
La educación, pues, está más relacionada con la gastronomía que con la tocología. Prueba de ello son los términos 'alumno' y alma mater, los dos emparentados precisamente con el verbo alere, que significa “alimentar”: alumnus es el alimentado, el nutrido, el criado, y alma mater, la madre nutricia o nodriza, como se denominó en principio a la Iglesia y a la Virgen María y posteriormente a la Universidad de Bolonia, la más vieja de Europa, fundada en 1088, que adoptó el lema: Alma mater studiorum. La metáfora es evidente la Universidad sería la madre que amamanta a su hijo.
 

 En castellano la palabra 'educación' es un neologismo documentado en el siglo XVII, aunque debió de comenzar a usarse a finales del XVI, según Corominas, como sinónimo de crianza, instrucción y adoctrinamiento. Los primeros educadores fueron los obispos en el seno de la Iglesia, que se veía a sí misma como la Madre Iglesia, de la que los fieles, concebidos como alumnos, no deberían destetarse porque fuera de la Alma Mater no había ninguna salvación (extra ecclesiam nulla salus). 
 
Es ahora el Estado el que ha adquirido la función de madre nutricia, y ha considerado a toda la humanidad educanda, esto es, “que debe ser educada”, es decir, amamantada con el bolo alimenticio y la sopa boba del adoctrinamiento y adiestramiento canino. La educación se reservó para que la impartiesen los funcionarios del Estado, y la educción, para la mayéutica de Sócrates, el hijo de la partera, perito en partos.

domingo, 15 de febrero de 2026

Soldadito español, soldadito valiente

No sé si aquella primer Ministro de Defensa del reino de las Españas, q. e. p. d.,  que declaró una vez a la prensa sin rebozo ni sonrojo alguno por su parte «Soy una mujer pacifista», era consciente de la contradicción lógica que suponía decir esas palabras y regentar a la vez el Departamento de  la Guerra, que es como antaño se llamaba. Supongo que sí lo era, pero ella iba más lejos aún y afirmaba sin empacho: «…y el Ejército también es pacifista». 

 Napoleón como Marte pacificador, Antonio Canova (1810)

Quería convencernos la mujer con la mejor intención sin duda del mundo -pero de las mejores intenciones está empedrado el infierno, como bien sabe don Pedro Botero-,  de que el Ejército era una piadosa y sacrificada hermanita de la caridad armada con dos pistolas al cinto para caso de apuro, cuya misión era defender –de ahí el nombre ominoso y apotropaico que oculta la verdad la convivencia de los pueblos en paz y armonía así como el escrupuloso respeto a los derechos humanos. Y lo decía muy seria, como si no fuera consciente del oximoro o estúpida agudeza que entrañaban sus palabras, convencida como sin duda estaba de que tenía que proclamar una cosa así por las exigencias del guion del cargo que ostentaba. 
 
El oximoro, según los manuales de retórica clásica, es una contradictio in terminis consistente en armonizar dos conceptos opuestos, como si dijéramos una tesis y una antítesis hegelianas, en una sola expresión formando así una síntesis o concepto nuevo fruto de la contradicción, cuyo significado se desprende no de su sentido literal, que sería absurdo (por ejemplo, «un dolor placentero»), sino del sentido metafórico o traslaticio creador de un nuevo concepto que trasciende los dos contrapuestos.


Un eximio oximoro es “La paz es la guerra”, que formuló Órgüel en 1984. La idea no es extraña. Es la “pax Romana” o, más modernamente, “pax Americana”. Ya los romanos decían Si uis pacem para bellum, que significa "si quieres la paz, prepara la guerra". Y en ese sentido al dios de la guerra, el fiero y viejo Mavorte, el padre Marte, que da nombre al planeta rojo por el color de la sangre derramada en todas las batallas, y que era según la mitología padre, efectivamente, de Rómulo y Remo, fruto de la violación de la vestal Rea Silvia, su madre,  y por lo tanto de todos los romanos,  le aplicaban estos el controvertido epíteto de “pacifer”: MARS PACIFER: Marte portador de la paz, Marte pacificador, el pacifista Marte, igual de pacifista que Napoleón Bonaparte y que, mutatis mutandis,  nuestra Ministro de entonces y seguramente que la actual también.

Llamemos a las cosas por su nombre: el Ministerio de Defensa es el Ministerio de la Guerra, como ha quedado dicho, cuando las cosas se denominaban por su nombre y al pan se le decía "pan" y al vino "vino". Y la paz que supuestamente defiende ese Ministerio es, en palabras de la poeta Isabel Escudero, una "guerra disimulá": Tú crees que esto es la paz: esto es la guerra disimulá.  Viene aquí muy a cuento aquella vieja sabiduría presocrática de Heraclito de que la guerra es el padre de todo esto (y la madre, por lo tanto, que lo parió todo), que a unos los hizo esclavos y a otros libres, a unos dioses y a otros seres humanos.

Pues bien, un borrador que consta de 240 páginas y de diez unidades temáticas, antiguamente llamadas 'lecciones', elaborado por el Ministerio de Educación (y adoctrinamiento) y el de Defensa (the best defense is a good offense) del Gobierno de España, y dirigido a las tiernas criaturas que padecen la educación primaria desde los 6 hasta los 12 años de edad a lo largo y ancho de seis cursos escolares consecutivos, lleva por título “Proyecto Conocimiento de la Seguridad y la Defensa en los centros educativos”, y pretende reforzar la imagen de las Fuerzas Armadas y de la monarquía españolas. 

Materiales curriculares para educación primaria.

La justificación del  despropósito pedagógico la encuentran sus promotores en nuestra sacrosanta Constitución, dado que uno de sus artículos, el número 30, prescribe el derecho y el deber de todo españolito (y toda españolita) de defender a España, por si a alguien le había pasado desapercibido. El Gobierno de España, cuyo jefe de Estado es el Rey y, a la sazón, Jefe de las Fuerzas Armadas, quiere llevar estos materiales curriculares a todos los colegios de primaria públicos, privados y concertados asociándolos a las diversas áreas y asignaturas, ejes transversales de inculcación de valores así como a las actividades extraescolares.
 
Cualquier día volverán nuestros hijos del colegio a casa cantando aquello de “soldadito español, soldadito valiente”, y diciendo rebosantes de ardor guerrero que quieren inmolarse y aun crucificarse como Jesucristo en aras de la patria, reviviendo el ominoso verso horaciano dulce et decorum est pro patria mori, y canturreando: Por ti, Patria, por ti sola mi vida a los mares di, por ti al peligro ofrecí mis obras y pensamientos ¡en la Rosa de los Vientos me crucifico por ti!  Y cuando les preguntemos qué han aprendido ese día en la escuela nos contarán que han estado jugando en el patio del colegio a la guerra con armamento ligero... "-¿Con qué?" Preguntaremos incrédulos y horrorizados nosotros. Y nos responderán orgullosos: -Con pistolas, papá, con pistolas, que no te enteras. Parece mentira que no sepas qué es armamento pesado y armamento ligero...Y a nosotros nos dará un pasmo y nos preguntaremos, horrorizados e incrédulos, ¿cómo es posible que se les enseñe eso ahora en la escuela a nuestras tiernas criaturitas?

Los responsables de semejante desaguisado pedagógico justifican la inclusión de contenidos militaristas y belicistas en la educación de los niños desde su más tierna infancia en el nombre, faltaría más, de la defensa de la paz a tiro limpio, si hace falta, en todos los rincones del mundo donde actúan nuestras Fuerzas Armadas. 

 
El Gobierno de España también contempla que los profesores, cómo no, reciban formación que mejore sus conocimientos relacionados con la paz, la seguridad y la defensa de España, acreditándose a tal fin (un crédito se traduce en 10 horas de adoctrinamiento y de deformación profesional). 

Ya habíamos asistido algunos de nosotros perplejos e impotentes hace algunos años a la presencia eventual de algunos militares en algunos de nuestros centros educativos de secundaria. Recibíamos de cuando en cuando la visita de algún mílite glorioso, organizada generalmente por el Departamento de Orientación, que venía a informar  para captar  a nuestros alumnos y alumnas de las bondades que ofrecía el Ejército de cara a la incorporación al mercado laboral, ofreciéndoles una salida pro-fe-sio-nal, insistían mucho en este palabro, y una vida de emocionante aventura y servicio a los demás...
Materiales curriculares para educación primaria

La apuesta por una cultura de paz en la educación pasa, contra lo que pretenden estos materiales, por denunciar esta lógica militar que nos quieren ahora inculcar, pasa también por llamar a las cosas por su nombre (por ejemplo "invasión" y no "asistencia", sarcástico y sangriento eufemismo, como hacen insidiosamente en el temario del anteproyecto a la invasión de Iraq que perpetraron, entre otras, las tropas españolas),  y pasa también por proclamar que si civil se contrapone a militar, civilizado es lo contrario de militarizado, desmontando así los supuestos valores de la llamada “Cultura de la Defensa”.

domingo, 19 de octubre de 2025

La Nueva Escuela

    El pedagogo suizo Adolphe Ferrière (1878-1960), promotor de la Escuela Nueva, una corriente de renovación pedagógica surgida a finales del siglo XIX y desarrollada a lo largo del  XX, propuso la reforma de la vieja escuela tradicional denunciando su fracaso; basándose en principios psicopedagógicos modernos pretendió reformar la sociedad mediante una "educación para la vida", dándole la vuelta al non uitae sed scholae discimus ('no aprendemos para la vida, sino para la escuela') de Séneca, convirtiéndolo en lo que debería ser: non scholae sed uitae discimus ('no aprendemos para la escuela, sino para la vida'). Su propuesta está recogida en sus libros como, por ejemplo, 'Transformons l'école' (1920). 
 
 
    Contaba Ferrière que la escuela, lejos de su etimología griega (en griego scholé, ocio), se había convertido en un centro de trabajo (en latín tripalium, tres estacas que servían como instrumento de tortura), un suplicio, lo que se había logrado siguiendo las indicaciones del diablo, su fundador (cito textualmente):  Al niño le gusta la naturaleza: se le enclaustró en aulas cerradas. Al niño le gusta jugar: se le obligó a trabajar. Le gusta ver que su actividad sirve para algo: se hizo de forma que su actividad no tuviera ningún objetivo. Le gusta moverse: se le obligó a permanecer inmóvil. Le gusta manipular objetos: se le puso en contacto con las ideas. Le gusta servirse de las manos: solo se puso en juego su cerebro. Le gusta hablar: se le obligó al silencio. Le gustaría razonar: le hicieron memorizar. Le gustaría investigar la ciencia: se la sirvieron ya hecha. Le gustaría seguir su imaginación: lo sometieron al yugo de los adultos. Le gustaría entusiasmarse: inventaron los castigos. Le gustaría ser útil libremente: le enseñaron a obedecer pasivamente. «Perinde ac cadaver» [igual que un cadáver].
 
    Muy pronto este régimen dio sus frutos. Donde mejor estaban los niños era en la escuela, intramuros, no extramuros, correteando por ahí sin ton ni son. Así es como debía ser. En la escuela aprenden a someterse a unos horarios, de encierro y libertad con el alivio de sus correspondientes recreos. Sin embargo, algunos niños, a los que se les hacía insoportable aquel confinamiento, se rebelaron contra la escuela,  hicieron novillos y practicaron el absentismo escolar: huyeron al bosque a trepar a los árboles, a coger moras, a corretear, saltándose las clases... 
 
    Pronto se vio el fracaso de aquella vieja escuela decimonónica, por lo que el diablo, nunca ayuno de recursos, ingenió otra estrategia, sugiriendo a los ilustres pedagogos como Ferrière que crearan la Nueva Escuela: los niños podrían gozar de salidas didácticas, organizándose periódicas excursiones. Los escolares agradecerían infinitamente la salida del centro (eso es lo que sugiere el prefijo ex- de la palabra ex-cursión con toda su fuerza centrífuga) a los maestros y profesores enrollados que los sacaran por un tiempo prudencial de la jaula de las aulas, para recargar las pilas o mejor, como dicen ahora, las baterías, de forma que pudiesen volver con energía renovada a la incursión (el prefijo in-, aquí de claro valor centrípeto, señala la vuelta a la normalidad y enclaustramiento; tras la excursión se impondría la incursión en la machadiana “monotonía / de lluvia tras los cristales”).
 
 
    Bien entrados ya en el siglo XXI, la Escuela Nueva es una realidad. Centros públicos y privados compiten en la organización de las llamadas “actividades extraescolares”, hasta el punto de que todos disponen prescriptivamente de un Departamento a ellas consagrado, y de un Jefe encargado de hacer su programación y el seguimiento de dichas actividades fundamentales para el normal funcionamiento de un centro escolar de primaria y secundaria que se precie, cuya obligatoriedad sin ellas resultaría intolerable, igual que un calendario sin festividades, un trabajo sin vacaciones o una semana sin su finde.
 
    Hemos ido viendo desde entonces cómo también rivalizan unos y otros equipos directivos de los centros en la organización de diversos saraos académicos como posados fotográficos para orlas conmemorativas del inolvidable curso escolar, eventos deportivos y concursos varios de misses y misters, bailes de primavera y de graduación, ceremonias de comienzo y fin de curso, llegando a fletar autobuses y chóferes para que se vayan turnando en los largos trayectos por las autopistas de Dios devorando millas a toda pastilla, trenes, cruceros y hasta aviones para poner en circulación por tierra, mar y aire por el ancho mundo las cohortes de estudiantes. 
 
    Parece a fin de cuentas que las Actividades Extraescolares, por lo tanto, se hubieran convertido en las auténticas actividades escolares, las que más caracterizan y definen al Centro Escolar convirtiéndose en el eje de su 'proyecto educativo'(sic), siendo las intraescolares, por emplear este término para las clases cada vez menos magistrales poco más que un breve paréntesis entre una y otra extraescolar y una disculpa para realizar las que realmente promocionan al Centro, las que rompen con la reclusión claustrofóbica, sin las que esta sería insoportable.
 
La vieja y la nueva escuela.

     Los profesores que osan criticar la excesiva realización de dichas actividades, por su parte, son tachados de intransigentes cavernícolas y carcas chapados a la antigua por pretender tener a los alumnos "amarrados al duro banco" de las galeras turquescas que siguen siendo, pese a todos los pesares, las aulas. Como consecuencia de todo esto, la mayoría de los centros educativos han cambiado y se han convertido en centros de actividades extra-escolares: organizan excursiones, intercambios de "inmersión lingüística" (sic) y viajes que hacen la competencia a las agencias del gremio; hacen turismo para dar una vuelta -eso es el "tour"- y volver tras el garbeo del giro copernicano a lo mismísimo de siempre. 
 
    Al tiempo que se organizan las salidas pedagógicas, se extreman las medidas de control interior instalándose cámaras de videovigilancia e intensificándose las guardias de patios y recreos a cargo de profesores que se convierten así en vigilantes más preocupados del buen comportamiento de los escolares que del proceso de enseñanza y aprendizaje.
 
    Pero la Nueva Escuela no solo consistió en la organización de actividades extraescolares, sino, sobre todo, en la imposición de la educación en lugar de la enseñanza, lo que con el tiempo se revelaría igualmente desastroso y no menos doctrinario: la gran mayoría de los niños dejaría de interesarse por las cosas, echando a perder el tesoro de su curiosidad infantil. En la Nueva Escuela se les deja hablar y expresarse hasta la saciedad, y hacer ruido. Nada más obsoleto que aquella voz del maestro gritando "¡silencio!". Se alienta a que los pequeños expresen con sus propias voces y palabras lo que se les inculca, que no deben memorizar, con el detrimento que esto supone para el desarrollo de la capacidad mnemotécnica: memoria minuitur nisi eam exerceas: la memoria se atrofia si no se hace uso de ella. 
      Como a los niños les gusta preguntar, para que no cansen a sus maestros y profesores, se les sirven las respuestas antes de que formulen sus interminables preguntas, y se les aconseja que utilicen la Red donde está toda la información disponible hasta la fecha, y recurran, en el colmo de la estupidez natural, a la Inteligencia Artificial, a través de las pantallas y medios audiovisuales, en detrimento de las viejas pizarras trasnochadas. 
 
    El viejo demonio, fundador de la vieja escuela y refundador de la nueva, sonríe satisfecho, qué diablos,con la nueva e incomprensible jerga psicopedagógica o pedopsicagógica con la que se envuelve su regalo envenenado: la Vieja Escuela de toda la vida de Dios envuelta en el celofán de la Nueva Escuela.

sábado, 21 de junio de 2025

¿Cultura de Paz, Seguridad y Defensa?

    El Ministerio de Defensa del Gobierno de las Españas lanza un programa piloto que se va a experimentar inicialmente en la Comunidad Valenciana, que probablemente se termine extendiendo al conjunto del país, dirigido a profesores de secundaria, bachillerato y formación profesional. 
 

    La Consejería de Educación de la Generalidad valenciana está ‘animando’ a los docentes a asistir a un curso de ‘Cultura de Paz, Seguridad y Defensa’ que cuenta con el caramelo de la homologación y que sumará puntos en su currículum profesional educativo; se impartirá del 1 al 4 de julio y contará con la presencia de miembros y miembras, suponemos que vaya alguna, de las Fuerzas Armadas. El curso de tipo presencial será de una duración total de 20 horas. A juzgar por el título, que conjuga las palabras Cultura con Paz, Seguridad y Defensa, sin rastro visible de la ominosa Guerra por ningún lado, que es sin embargo, lo que está detrás y por debajo de esos cuatro términos, se trata de propaganda militar(ista), que habla de ‘riesgos y amenazas en un mundo globalizado’, recurriendo (sin citarlo explícitamente) al fantasma del peligro que supone la existencia de Rusia, y plantea la necesidad de una ‘defensa compartida con nuestros aliados’ en referencia clara a la Unión Europea y la Alianza Atlántica. 
 
    El curso también brinda información sobre la posibilidad de desarrollar una carrera profesional en las Fuerzas Armadas con el objetivo de fomentar el reclutamiento de adolescentes de ambos sexos en futuras charlas con el alumnado para que quieran convertirse voluntariamente en carne de cañón. 
 
    Llama la atención que el remite del correo recibido por los docentes sea directamente de las Fuerzas Armadas. Tanto en el propio correo usado como en el ‘asunto’ se aprecia la significativa palabra ‘reclutamiento’, y en el cuerpo del mensaje se habla de ‘exponer las diversas ofertas de desarrollo profesional que ofrecen las Fuerzas Armadas dirigido fundamentalmente a los alumnos de bachiller y FP’. 
 

     La intención es formar primero a los profesores para que se familiaricen con el ámbito militar y que posteriormente  se lo vendan como algo atractivo a los estudiantes, hasta el punto de que lo vean como una salida laboral. 
 
    Este no es un experimento pedagógico más, sino una maniobra de propaganda para el reclutamiento en el contexto de militarización sin precedentes que estamos padeciendo impulsado por la Unión Europea y la OTAN y que el gobierno progresista de España asume con entusiasmo. Entretanto nuestra ministra de la Guerra confirma la llegada de al menos treinta (30) bombarderos estadounidenses a las bases yanquis de Morón y Rota para garantizar, ante la escalada bélica en Oriente próximo, se supone, la cultura de la Paz, la Seguridad y la Defensa.

jueves, 19 de septiembre de 2024

Educación en valores y competencias

    Las competencias, en la jerga pedodemagógica vigente, son las supuestas demandas que “la vida moderna” o “la sociedad” en general hacen a los futuros ciudadanos. Han sido elaboradas por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), organismo que agrupa a los 30 estados más poderosos del universo mundo, dentro del marco del proyecto DeSeCo (Definición y Selección de Competencias), elaborado a partir de 1997.

    Allí se define el término competencia como sigue: Capacidad de responder a demandas complejas y llevar a cabo tareas diversas de forma adecuada. Supone una combinación de habilidades prácticas, conocimientos, motivación, valores éticos, actitudes, emociones y otros componentes sociales y de comportamiento que se movilizan conjuntamente para lograr una acción eficaz


    No hace falta decir que los parámetros bajo los que se insertan las competencias son funcionales y están subordinados a la dominación política del Estado y económica del Capital, y a la inserción de los niños y adolescentes en la sociedad y edad adultas, es decir, en lo que suele denominarse con un eufemismo sangrante "el mundo laboral".
 
 

    Estas propuestas están guiadas por un enfoque economicista de la educación, dado que responden únicamente a las demandas del mercado: ¿Qué habilidades, por ejemplo, deben poseer los jóvenes para encontrar y retener un trabajo? ¿Qué cualidades se requieren para estar al día en las nuevas tecnologías? ¿Qué deben tener los ciudadanos para funcionar bien en la sociedad tal y como está establecida? 

    Si los conocimientos son muy complejos, se hacen adaptaciones o ajustes curriculares simplificadores para que los educandos puedan obtener el título que les permita llegar a ser mercaduría laboral. No se persiguen espíritus críticos, sino todo lo contrario: gente sumisa que se amolde a la explotación, a la precariedad, y que no sueñe con transformar la realidad que le ha tocado vivir, sino que se acomode sin rechistar a lo que está mandado.

    A los profesores, que antes han sido alumnos, se les consulta, en el mejor de los casos, para saber su ópinión, una opinión que se les dicta de antemano, pero no se tienes en cuenta sus criterios; acaban imponiéndoseles unos cambios educativos desde las altas esferas pedagógicas de los poderes políticos y económicos, si cabe hacer distingo tan inepto, tendentes a formar ciudadanos empleados, es decir, utilizados, pues no en vano se hacen sinónimos "empleo" y "trabajo",  que participen votando en la feria de la democracia y que contribuyan económicamente al sostenimiento del Estado a través de sus aportaciones directas a la Agencia Tributaria y de los impuestos indirectos.

    Esto y no otra cosa es la moderna educación basada en competencias (ya ni siquiera en valores, on values, como decían antes de convertir los valores morales en bursátiles), que forman parte del currículo oficial y oculto de preparación de la ciudadanía para la vida moderna y que transmite e inculca nuestro sistema educativo  (con los medios audiovisuales e interné a la cabeza), según el estilo de uno de nuestros más geniales humoristas, el entrañable Quino. Al parecer las viñetas no son originales de él, aunque imitan su estilo a la perfección:
(Medios de transporte. Ya no se hace camino al andar, como cantó el poeta, sino al transportarse uno en cualquier vehículo privado mejor que público, de ahí el auge del automóvil rodado, que ahora se prefiere eléctrico como lo fue en sus orígenes, y entre los más jóvenes el patinete igualmente eléctrico).
  (El desarrollo del cerebro humano y la actividad de pensar se sustituyen por la Inteligencia Artificial que nos ofrecen las modernas TIC Tecnologías de la Información y la Comunicación para el fomento de nuestra competencia digital).
(El teléfono inteligente, móvil o esmarfon, que nos aleja de los que tenemos cerca y nos acerca a los que están lejos manteniendo con ellos un contacto sin tacto, aséptico y frío, que se impuso durante la pandemia por la orden del distanciamiento social, pero cuyo uso venía ya apuntando maneras de antes, sustituye al contacto humano por el virtual on line. Los besos, apretones de manos y los abrazos quedan reducidos off line a palabras y estúpidos pictogramas o emoticones).
  (La cultura se reduce a la basura que nos echan por las pantallas de las redes para pasto de pedantes y entretenimiento de idiotas).
 (El mandamiento cristiano "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" se reduce a "Amarás al único prójimo que tienes, que eres tú mismo". El narcisismo halla así su más cumplida realización en los modernos selfis).
  (Los únicos valores que cuentan son los económicos o bursátiles, que son los que cotizan en bolsa, a lo que se reducen nuestras auténticas acciones).
(Dios es el dinero, su más cumplida y moderna epifanía monoteísta, cuya fe secularizada y laica no tiene ateos).
(Esta es la educación pública, privada y concertada, que favorece por encima de todo la inserción en la sociedad y la (de)formación profesional como preparación para la prostitución laboral).