Corre por mi mente tanta información / Que me vuelve loco ya sin ton ni son. Cantaba a comienzos de los ochenta un grupo roquero en la lengua del Imperio:
Too much information running through my brain, / Too much information driving me insane. ¿Qué decir de la sobrecarga informativa que padecemos en la actualidad?
El recibimiento dado al equipo local a su llegada a los Campos de Sport fue multitudinario y apoteósico en una noche en la que hubo hasta fuegos artificiales.
Nadie obliga a abrir una cuenta corriente en el banco ni a tener un teléfono móvil o una conexión a Internet, desde luego, pero intenta, sin eso, funcionar...
(Meme de Anónimo García)
El colmo del absurdo: Según la prensa del Régimen, los inviernos son más cálidos que nunca, aunque los percibimos más fríos. La “amnesia climática”, culpable.
Los defensores de la libertad del mercado dicen que él es el símbolo de la libertad, pero si no tenemos dinero o tenemos poco ¿qué libertad tenemos de mercado?
No debería preocuparnos que la Inteligencia Artificial nos haga creer que existen cosas que no existen, sino lo contrario: creer que no existe lo que existe.
Uno de los mejores trucos de la historia fue el de un virus que aparecía cuando estábamos de pie y desaparecía sin dejar rastro si estábamos sentados a la mesa.
El 15 de enero se cumplía el sexto aniversario de aquel otro 15 de enero de 2020 que permanece grabado como el último "normal" antes de la nueva subnormalidad.
Un viajero que regresaba de Wuhan (China) aterrizó en los Estados Unidos, portador asintomático de un virus que sumiría al mundo en el gran evento coronado.
En la estación de Atocha, cuentan, hay que pagar un euro por usar el retrete. El dinero del urinario, dijo Vespasiano, no huele (mal). Nada nuevo bajo el sol.
¿Cómo distinguir la cordura de la locura cuando quienes detentan el poder son los que establecen precisamente las definiciones de ambas y lo que es normalidad?




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