sábado, 17 de enero de 2026

Teatrillo de variedades ( y V)

17.- El gran rompedero de cabeza: Releyendo Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll, publicado en 1865, me encuentro con esta reflexión en el capítulo segundo titulado El Charco de Lágrimas en el que Alicia, perpleja, se pregunta a sí misma por su identidad tras los cambios que ha sufrido en el país de las maravillas creciendo y menguando como la luna: «¡Cielo santo, cielo santo! ¡Qué extraño es todo hoy! Ayer las cosas sucedían con absoluta normalidad. ¿Me habré cambiado durante la noche? A ver: ¿era yo la misma cuando me levanté esta mañana? Casi creo recordar que me sentía un poco distinta. Pero si no soy la misma, entonces la siguiente pregunta es: ¿quién demonios soy yo? Ah, ese es el gran rompecabezas. Y comenzó a pensar en todas las niñas que conocía y que tenían más o menos su misma edad, para ver si acaso no se habría transformado en alguna de ellas…» Todos nos hacemos alguna vez esa misma pregunta que cuestiona el principio de identidad aristotélico A=A: ¿Quién soy yo? Ah, ese es el gran rompecabezas, el enigma inextricable. 

18.- Lo Trans: Las orientaciones sexuales de las siglas LGB -lesbianas, gays y bisexuales-, que reflejan el gusto de las mujeres por otras mujeres, de los hombres por otros hombres y el gusto de ambos sexos indistintamente por ambos sexos, están dentro de la naturaleza. Pero la cuestión trans es otra cosa: las personas que se definen como transexuales y se amparan bajo esta etiqueta deben ser, por supuesto, protegidas y respetadas como personas que son, pero algo nos dice que la transexualidad es una imposición social que no está en la naturaleza: la rebelión contra el género, que es la construcción social del sexo, lleva a los que se definen como transexuales o transgéneros a adoptar los estereotipos sexuales y genéricos del sexo opuesto. Un hombre no puede realmente convertirse en mujer ni una mujer en hombre, porque es algo biológicamente imposible por mucha cirugía y hormonación que se emplee. Intentarlo es negar la realidad del cuerpo, imponiéndole una idea. Sin embargo, la ideología trans forma parte del sistema y es una de las banderas que enarbola ahora Occidente, y la transfobia puede convertirse en un delito si conlleva odio y discriminación. 
 

 19.- Tiempo y espacio: Suelo contar un chiste que consiste en preguntarle al interlocutor si sabe por qué los físicos no hacen el amor (o no follan, más a las claras). La pregunta causa enseguida extrañeza en los oyentes, que confiesan que no tienen ni la menor idea. Y entonces se les dice: Pues es muy sencillo, porque cuando se les presenta la ocasión y encuentran el momento de hacerlo (es decir cuando tienen el tiempo preciso), no hallan ni el lugar ni la posición adecuada (es decir el espacio), y cuando hallan la posición y el lugar adecuado, no encuentran el momento, o sea el tiempo. Es decir: si hallan el tiempo, no hallan el espacio, y viceversa: si tienen el espacio pierden el tiempo. Nunca se dan a la vez las condiciones espacio-temporales favorables. Espacio y tiempo son esencialmente incompatibles, porque como dice García Calvo: "Hay en verdad una enemistad sin paz posible entre esto que tratamos como espacio o sitios y eso otro a lo que aludimos como tiempo; y todas las razones vienen a repetir esta razón, que por lo bajo suena, aunque no se la quiera oír: DONDE ESPACIO, TIEMPO NO, / CUANDO TIEMPO, NO ESPACIO, o, para que el donde y el cuando  no nos inciten a más inútiles enredos, más limpiamente así: SI TIEMPO, NO ESPACIO, / SI ESPACIO, TIEMPO NO." (Agustín García Calvo, Contra el Tiempo, 1993) 

20.- Colapsar es un término cultísimo que se oye últimamente por todas partes tanto en la lengua del Imperio como en la nuestra, influenciada por aquella, que procede del latín, y que se define transitivamente como producir colapso a alguien o en algo (por ejemplo, 'Un accidente de tráfico ha colapsado la AP-9' o 'El apagón eléctrico colapsó España' o 'Puede colapsar WhatsApp e Internet') e intransitivamente como sufrir colapso o caer en él (por ejemplo hablando de personajes famosos: 'La legendaria cantante colapsó en el escenario durante un concierto en Sao Paulo'). En el lenguaje periodístico “colapsar” se usa tanto en sentido literal (por ejemplo, sistemas o servicios que se paralizan o dejan de funcionar) como figurado (por ejemplo, estructuras sociales o tecnológicas que se sobrecargan). El uso en titulares y textos informativos es frecuente para describir crisis, fallos o saturación de sistemas. Lo que nos lleva al término colapso que significa caída o desmayo y también atasco. Es el verbo de moda que sirve tanto para un roto como para un descosido. Y lo peor de todo es que se pone de moda el término y todo el mundo se pone inmediatamente a colapsar: los hospitales, la sanidad, un emporio comercial que echa el cierre, una montaña que provoca un alud... Y si no colapsamos en acto, nos invade el miedo al colapso en potencia, a derrumbarnos, a desfallecer, a desplomarnos, a caer como una masa.
 
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Se diría que esta vieja canción es hoy más relevante que cuando se oyó por vez primera en 1992 cantada por Bruce Springsteen. Se titula "Cincuenta y siete canales y nada que ver". El título aludía a la televisión por cable que tenía más cadenas que la televisión aérea. De hecho los jóvenes ya no ven TV. Solo la vemos los viejos. Para algunos es la única compañera de su soledad, encendida todo el día. Los jóvenes se refugian en las plataformas donde eligen a la carta. Podríamos decir que hay muchísimos más canales públicos y privados y no echan nada que valga la pena ver en ninguno de ellos. Esto es lo que cantaba The Boss, el Jefe, ya que no el Rey, que sigue siendo Elvis: Así que compré una Magnum 44, era de acero macizo fundido. / Y en el bendito nombre de Elvis, bueno, simplemente la disparé. / Hasta que mi televisor quedó hecho pedazos a mis pies. / Y me arrestaron por alterar la todopoderosa paz. / El juez dijo: «¿Qué tienes en tu defensa, hijo, que alegar?». «Cincuenta y siete canales y nada que ver».
   

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