Dios ha muerto (Nietzsche) / Nietzsche ha muerto (Dios). La primera parte de esta proclama anónima y de índole pseudo-intelectual y pseudo-filosófica, que parece más bien en en realidad un ajuste de cuentas, es una afirmación que formula Nietzsche por primera vez en La Gaya Ciencia (1882) y que se hace más popular después en Así hablaba Zaratustra (1883).

En el aforismo 125 de La Gaya Ciencia, Nietzsche, en efecto, nos presenta a El Loco, un trasunto de Diógenes buscando al Hombre con su candil a plena luz del día: ¿No han oído hablar de aquel loco que, con una linterna encendida en pleno día, corría por la plaza y exclamaba continuamente: "¡Busco a Dios! ¡Busco a Dios!"? Como justamente se habían juntado allí muchos que no creían en Dios, provocó gran diversión. ¿Se te ha perdido?, dijo uno. ¿Se ha extraviado como un niño?, dijo otro. ¿No será que se ha escondido en algún sitio? ¿Nos tiene miedo? ¿Se ha embarcado? ¿Ha emigrado? Así gritaban y se reían al mismo tiempo. El loco se lanzó en medio de ellos y los fulminó con la mirada.
-"¿Dónde está Dios?-, exclamó, ¡se lo voy a decir! ¡Nosotros lo hemos matado, ustedes y yo! ¡Todos somos unos asesinos! (...) ¡Dios ha muerto! ¡Dios está muerto! ¡Y lo hemos matado nosotros!" (...) Cuentan también que ese mismo día el loco entró en varias iglesias en las que entonó su Requiem aeternam Deo. Cuando lo echaban de ellas y le pedían que aclarara sus dichos, no dejaba de repetir: "¿Qué son estas iglesias sino las tumbas y los monumentos funerarios de Dios?"
-"¿Dónde está Dios?-, exclamó, ¡se lo voy a decir! ¡Nosotros lo hemos matado, ustedes y yo! ¡Todos somos unos asesinos! (...) ¡Dios ha muerto! ¡Dios está muerto! ¡Y lo hemos matado nosotros!" (...) Cuentan también que ese mismo día el loco entró en varias iglesias en las que entonó su Requiem aeternam Deo. Cuando lo echaban de ellas y le pedían que aclarara sus dichos, no dejaba de repetir: "¿Qué son estas iglesias sino las tumbas y los monumentos funerarios de Dios?"
La contrarréplica 'Nietzsche ha Muerto (Dios)', lo que hace es resucitar a Dios para enterrar a Nietzsche y certificar clínicamente su defunción. Dios reprende así al filósofo dándole un pescozón y diciéndole: Te equivocaste, el que ha muerto eres tú, chaval. Yo sigo vivo.
Para el creyente, Nietszche está bien muerto y enterrado, pero Dios no. La frase sobrevive porque hace a dos bandos, al creyente y al ateo.
Nietzsche, además de muerto, habría enloquecido, como si Dios mismo le hubiera castigado por su soberbia. La leyenda recurre al célebre y espurio episodio del caballo turinés como punto de inflexión. Un hecho que no es histórico, pero que funciona como mito y como leyenda dentro de su biografía, y que se presenta como un episodio decisivo en su vida, que hace que Friedrich Nietszche, en enero de 1889 y en la ciudad italiana de Turín, presencie cómo un cochero maltrata a su caballo azotándolo brutalmente, y corra hacia él a abrazarlo llorando y compadecido de su sufrimiento para, acto seguido, desplomarse y no volver a recobrar nunca ya su lucidez.
El pensador que había diagnosticado que la moral era una debilidad del cerebro y que no había cosas buenas ni malas, sino una interpretación moral de las cosas en esos términos maniqueos y que había que ir más allá del bien y del mal, se quiebra y se derrumba ante el sufrimiento ajeno, puro y duro de un ser vivo, en este caso de un pobre animal que hace su trabajo guiando un coche. Este episodio sirve para acallar una voz incómoda para siempre.
Es un hecho comprobado dentro de la biografía del filósofo el colapso mental que sufrió en Turín el 3 de enero de 1889. En los días siguientes escribiría las Cartas de la locura (Wahnzettel). Después sería trasladado a Basilea y a Naumburgo y nunca volvería a escribir una sola línea filosófica. Pero no hay ninguna constatación del episodio del caballo de Turín ni en su obra ni en su biografía por lo que se trata de un relato posterior, quizá malintencionado, sin base documental alguna, que se constituye sin embargo como mito biográfico moderno.
Lo que hace esa contraposición Dios/Nietzsche es resucitar a Dios donde Nietzsche lo había matado, reintroduciendo la teología y anulando la radicalidad del diagnóstico nietzscheano. Pero la muerte física de Nietzsche no refuta lo que afirmó.
La frase popular, en realidad un chiste malo, se ha impuesto sobre la otra porque nos protege de Nietzsche y por eso triunfa culturalmente haciendo que esbocemos una sonrisa sarcástica. Pero no refuta al filósofo, sino que lo domestica, lo caricaturiza, certifica su muerte clínicamente, lo que no refuta en absoluto su pensamiento, que sigue vive, sino que se limita a ocultarlo con ingenio. (La película El caballo de Turín (2011) del recientemente fallecido Béla Tarr, no muestra pero hace referencia al comienzo de la cinta al episodio de Nietzsche, imaginando la triste vida del caballo y de sus dueños, un padre y su hija que cuida de él, que viven en la miseria, como una alegoría del fin del mundo: el caballo deja de comer, el pozo del que obtienen el agua se seca, la brasa se consume y finalmente el sol se apaga).



Epa! Corrige esas fechas del episodio del caballo turinés. Salud!
ResponderEliminarCorregido, gracias.
Eliminar