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martes, 20 de enero de 2026

Pareceres XCVIII

481.- “Quiero que me llaméis Loretta”. En 1978 se estrenó la película La vida de Brian, de los Monty Python. En España lo haría dos años después, con gran escándalo por su irreverencia. Su tono absurdo y satírico provocó una ola de polémica: llegó a ser prohibida en algunos países, acusada de blasfemia… Una de las escenas más memorables que resultó profética vista cuarenta y tantos años después, es aquella en la que Stan, un miembro del Frente Popular Judaico, insiste en la utilización de un lenguaje inclusivo que dé visibilidad a las mujeres porque él quiere ser una mujer, quiere ser llamado Loretta y reivindica como hombre que es su derecho a tener hijos, lo cual constituye una sátira sobre la autodeterminación de la identidad sexual, y plantea el problema del género y el sexo. Cuando se adaptó recientemente el guion para el teatro, algunos actores expresaron su preocupación por la posibilidad de ofender a la audiencia actual progresista favorable a las políticas de transexualidad, sugiriendo la eliminación de esta escena que no resultaba políticamente correcta. Finalmente se mantuvo, y no se censuró el tono irreverente original. ¿Hará falta repetir una vez más que la utilización del lenguaje inclusivo excluye a las mujeres del uso genérico so pretexto de incluirlas, y que la elección voluntaria del sexo refuerza los estereotipos sexistas, y que género no hay más que uno, que es el humano?
 

 482.- Presos políticos. Un ex mandatario español ha contribuido, se repite mucho, a la liberación de algunos presos políticos venezolanos. Será porque aquí, en España, no hace falta ya que somos una democracia tan avanzada y progresista que los presos políticos no existen por definición, aunque haya algunos en prisión. Los activistas anarquistas encarcelados por protestar no son presos políticos, sino elementos antisistema que alteran el orden público. Los raperos condenados por cantar, no son presos políticos, sino apologistas del terrorismo. Los que mandan cambian las etiquetas y hacen que por arte de magia desaparezca el problema. La libertad de expresión en España es plena, siempre que uno haga un uso responsable de ella no criticando a la monarquía, por ejemplo, ni incordiando a la policía ni defendiendo la dictadura y criticando la democracia, y siempre que no tenga demasiada audiencia. Si cumples esas condiciones, puedes protestar, rapear y opinar todo lo que quieras. Lo de los presos políticos es cosa del antiguo régimen dictatorial, y de las dictaduras actuales del extranjero: Venezuela, Irán, Cuba... Aquí no, por favor, aquí solo hay presos comunes, delincuentes. No olvidemos la regla de oro de toda democracia madura y responsable como la nuestra: si alguien entra en prisión, no es un preso político, es un indeseable. 
  
483.- Groenlandia no se vende. Al niño caprichoso y malcriado que es el Tío Sam democráticamente electo se le ha antojado Groenlandia y la quiere como sea, a toda costa y a cualquier precio, por las buenas o por las malas:  comprándola mediante un contrato de compraventa con su propietario que es Dinamarca, un socio de la Unión Europea, o mediante una intervención militar. Se han entablado negociaciones. Los groenlandeses, o sea, los innuit o esquimales, dicen que Groenlandia no está en venta y, por lo tanto, no se vende. Y el Tío Sam amenaza con la guerra económica con aranceles del 25% a los aliados europeos, hasta que Dinamarca, que es socio de la Unión, venda Groenlandia a Estados Unidos porque el Tío Sam quiere agrandar América, hacerla grande otra vez como sea y al precio que sea: Make America Great Again. La magia de la MAGA. Una, Grande, Libre, que se decía por aquí durante la oprobiosa dictadura. La Unión Europea, por su parte, dice que no se dejará chantajear ni extorsionar. Ya veremos hasta dónde puede aguantar.
 
 484.- ¿Antagonismo? Es una ingenuidad creer que los marginados y los márgenes en los que viven no forman parte del sistema, como es una ingenuidad creer hoy que puede oponerse uno al sistema, creencia que es el mecanismo más refinado que tiene el propio sistema para asimilar la protesta y de ese modo regenerarse gracias a ella. El antagonismo, vamos a llamar así al movimiento de protesta, se convierte en una forma de adhesión inquebrantable al propio orden establecido. O, por decirlo de otro modo, el Imperio contrataca asimilando la protesta. El Imperio no es exactamente, como podría parecer a primera vista, el régimen político de los EE.UU. de América, aunque allí halle cumplida realización, sino la forma política actual del capital, que es algo mucho más amplio. Desde el momento en que los rebeldes hacen reivindicaciones positivas como la renta básica, por ejemplo, poniéndose a negociar ya sea con el Estado o con el Fondo Monetario Internacional, están claudicando en su pretensión, está brindándole al Imperio la oportunidad de que asimile la protesta, porque al hacer una reivindicación al Capital, sea la que sea, estamos aceptándolo como interlocutor válido y legitimando por lo tanto su existencia, su dominio y nuestra sumisión. Nadie se libera de un salario recibiendo a cambio un salario que cubra sus necesidades básicas. El salario social, lejos de acabar con las desigualdades económicas de la sociedad de consumo, las legitima, no aboliendo el oficio más viejo del mundo: la venta de nuestra fuerza de trabajo: nuestra prostitución. Nadie se conformaría con ese salario y, aunque tuviera cubiertos sus gastos esenciales, todo el mundo buscaría un trabajo extra para cubrir las necesidades que no tiene pero que la propia sociedad le crea mediante la publicidad. El antagonismo colabora así en la perpetuación del sistema de dominio que quería combatir. 
 
485.- Tiempo libre. No disponemos de tiempo libre si uno no se libera del tiempo. No es un mes de vacaciones. Ni un año sabático. Ni una semana laboral de cuatro días de trabajo y tres de ocio. Ni la jubilación. No hay que caer en el error inveterado en que han recaído la mayoría de los sindicatos obreros, que reivindican mejoras en las condiciones de trabajo y explotación que hacen que la esclavitud en la que vivimos sea al fin y a la postre más llevadera, sino reivindicar el fin del trabajo asalariado. El tiempo libre no es el fin de semana. El tiempo libre es el que no está destinado de antemano o programado a ninguna actividad previa. Para que haya tiempo libre uno debe ser dueño de su tiempo: y para eso es preciso liberarse del tiempo y el cronómetro. El tiempo libre es el que se ha liberado del proyecto previo, el que está destinado a que hagamos lo que nosotros queramos hacer en él, pero no dentro de una oferta programada, lo que es propio de una sociedad de consumo que consume a los consumidores, o de una sociedad del bienestar que genera malestar, sino dentro del mar de posibilidades que nosotros abrimos en nuestra soledad o en compañía con los demás. El tiempo libre, en definitiva, es el que está libre de las cadenas del tiempo.
 
Human target, Eliran Kantor, (2019)

sábado, 17 de enero de 2026

Teatrillo de variedades ( y V)

17.- El gran rompedero de cabeza: Releyendo Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll, publicado en 1865, me encuentro con esta reflexión en el capítulo segundo titulado El Charco de Lágrimas en el que Alicia, perpleja, se pregunta a sí misma por su identidad tras los cambios que ha sufrido en el país de las maravillas creciendo y menguando como la luna: «¡Cielo santo, cielo santo! ¡Qué extraño es todo hoy! Ayer las cosas sucedían con absoluta normalidad. ¿Me habré cambiado durante la noche? A ver: ¿era yo la misma cuando me levanté esta mañana? Casi creo recordar que me sentía un poco distinta. Pero si no soy la misma, entonces la siguiente pregunta es: ¿quién demonios soy yo? Ah, ese es el gran rompecabezas. Y comenzó a pensar en todas las niñas que conocía y que tenían más o menos su misma edad, para ver si acaso no se habría transformado en alguna de ellas…» Todos nos hacemos alguna vez esa misma pregunta que cuestiona el principio de identidad aristotélico A=A: ¿Quién soy yo? Ah, ese es el gran rompecabezas, el enigma inextricable. 

18.- Lo Trans: Las orientaciones sexuales de las siglas LGB -lesbianas, gays y bisexuales-, que reflejan el gusto de las mujeres por otras mujeres, de los hombres por otros hombres y el gusto de ambos sexos indistintamente por ambos sexos, están dentro de la naturaleza. Pero la cuestión trans es otra cosa: las personas que se definen como transexuales y se amparan bajo esta etiqueta deben ser, por supuesto, protegidas y respetadas como personas que son, pero algo nos dice que la transexualidad es una imposición social que no está en la naturaleza: la rebelión contra el género, que es la construcción social del sexo, lleva a los que se definen como transexuales o transgéneros a adoptar los estereotipos sexuales y genéricos del sexo opuesto. Un hombre no puede realmente convertirse en mujer ni una mujer en hombre, porque es algo biológicamente imposible por mucha cirugía y hormonación que se emplee. Intentarlo es negar la realidad del cuerpo, imponiéndole una idea. Sin embargo, la ideología trans forma parte del sistema y es una de las banderas que enarbola ahora Occidente, y la transfobia puede convertirse en un delito si conlleva odio y discriminación. 
 

 19.- Tiempo y espacio: Suelo contar un chiste que consiste en preguntarle al interlocutor si sabe por qué los físicos no hacen el amor (o no follan, más a las claras). La pregunta causa enseguida extrañeza en los oyentes, que confiesan que no tienen ni la menor idea. Y entonces se les dice: Pues es muy sencillo, porque cuando se les presenta la ocasión y encuentran el momento de hacerlo (es decir cuando tienen el tiempo preciso), no hallan ni el lugar ni la posición adecuada (es decir el espacio), y cuando hallan la posición y el lugar adecuado, no encuentran el momento, o sea el tiempo. Es decir: si hallan el tiempo, no hallan el espacio, y viceversa: si tienen el espacio pierden el tiempo. Nunca se dan a la vez las condiciones espacio-temporales favorables. Espacio y tiempo son esencialmente incompatibles, porque como dice García Calvo: "Hay en verdad una enemistad sin paz posible entre esto que tratamos como espacio o sitios y eso otro a lo que aludimos como tiempo; y todas las razones vienen a repetir esta razón, que por lo bajo suena, aunque no se la quiera oír: DONDE ESPACIO, TIEMPO NO, / CUANDO TIEMPO, NO ESPACIO, o, para que el donde y el cuando  no nos inciten a más inútiles enredos, más limpiamente así: SI TIEMPO, NO ESPACIO, / SI ESPACIO, TIEMPO NO." (Agustín García Calvo, Contra el Tiempo, 1993) 

20.- Colapsar es un término cultísimo que se oye últimamente por todas partes tanto en la lengua del Imperio como en la nuestra, influenciada por aquella, que procede del latín, y que se define transitivamente como producir colapso a alguien o en algo (por ejemplo, 'Un accidente de tráfico ha colapsado la AP-9' o 'El apagón eléctrico colapsó España' o 'Puede colapsar WhatsApp e Internet') e intransitivamente como sufrir colapso o caer en él (por ejemplo hablando de personajes famosos: 'La legendaria cantante colapsó en el escenario durante un concierto en Sao Paulo'). En el lenguaje periodístico “colapsar” se usa tanto en sentido literal (por ejemplo, sistemas o servicios que se paralizan o dejan de funcionar) como figurado (por ejemplo, estructuras sociales o tecnológicas que se sobrecargan). El uso en titulares y textos informativos es frecuente para describir crisis, fallos o saturación de sistemas. Lo que nos lleva al término colapso que significa caída o desmayo y también atasco. Es el verbo de moda que sirve tanto para un roto como para un descosido. Y lo peor de todo es que se pone de moda el término y todo el mundo se pone inmediatamente a colapsar: los hospitales, la sanidad, un emporio comercial que echa el cierre, una montaña que provoca un alud... Y si no colapsamos en acto, nos invade el miedo al colapso en potencia, a derrumbarnos, a desfallecer, a desplomarnos, a caer como una masa.
 
 oOo 
Se diría que esta vieja canción es hoy más relevante que cuando se oyó por vez primera en 1992 cantada por Bruce Springsteen. Se titula "Cincuenta y siete canales y nada que ver". El título aludía a la televisión por cable que tenía más cadenas que la televisión aérea. De hecho los jóvenes ya no ven TV. Solo la vemos los viejos. Para algunos es la única compañera de su soledad, encendida todo el día. Los jóvenes se refugian en las plataformas donde eligen a la carta. Podríamos decir que hay muchísimos más canales públicos y privados y no echan nada que valga la pena ver en ninguno de ellos. Esto es lo que cantaba The Boss, el Jefe, ya que no el Rey, que sigue siendo Elvis: Así que compré una Magnum 44, era de acero macizo fundido. / Y en el bendito nombre de Elvis, bueno, simplemente la disparé. / Hasta que mi televisor quedó hecho pedazos a mis pies. / Y me arrestaron por alterar la todopoderosa paz. / El juez dijo: «¿Qué tienes en tu defensa, hijo, que alegar?». «Cincuenta y siete canales y nada que ver».
   

miércoles, 15 de octubre de 2025

Crónica de cosas que pasan (5)

Alto el fuego: Después de dos años de guerra, se acuerda el alto el fuego en la franja de Gaza, lo que no significa que se haya alcanzado la paz como cacarean los medios masivos de manipulación de masas. Conviene recordar una cita del historiador latino Publio (si no era Gayo su auténtico prenombre) Cornelio Tácito que, unida a las imágenes que nos sirven de la destrucción de la ciudad de Gaza, revelan mucho más que todo lo que dicen los servicios informativos de los medios de comunicación y adoctrinamiento de masas: ubi solitudinem faciunt pacem appellant, una cita que, puesta en boca de Calgaco, el caudillo de los caledonios o pictos, que se enfrentó a las legiones romanas de Gneo Julio Agrícola, suegro del historiador, se ha empleado para denunciar el imperialismo en particular y en general contra cualquier acción bélica, una frase que traduce Moralejo como “llaman... paz al sembrar la desolación”, o, si se prefiere una versión más literal: “donde lo arrasan todo, dicen que hacen la paz”.

Este Calgaco es, de alguna manera, como escribió René Pichon, el portavoz, no solo de los caledonios, sino de todos los bárbaros, de todos los adversarios del imperio de la loba romana. Renzo Tosi ha hecho notar el paralelismo formal de la cita de Tácito con un versículo del Libro de la Sabiduría del Viejo Testamento, donde se describe la necedad y la ceguera de los idólatras y el origen de su idolatría, (14,22) en el que los idólatras “viviendo sumamente combatidos de su ignorancia, a un sinnúmero de muy grandes males les dan el nombre de paz”. Las imágenes ilustrativas, que hablan por sí solas, nos las sirve la cadena de televisión RT (Russia Today):
 
 
Chicas con pene (y ¿chicos con vagina?). Esta expresión tan chocante a primera y simple vista se lee en una guía de educación sexual que el Gobierno Vasco difunde a través del Departamento de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico como material didáctico bilingüe destinado a niños de Primaria de seis a doce años “Saioz saio/De sesión en sesión”.  La autora del guión es Saioa Hernández, Javier Ruiz se ha ocupado del guion gráfico, y la ilustración y el diseño corren a cargo de Eider Eibar. Se ha editado con licencia de Creative Commons y se presenta como un colorido y divertido cómic que explica a los menores en veintiocho páginas en castellano y otras veintiocho en vascuence el mundo al revés, pues si ellos tienen más o menos claro que los niños tienen pito y las niñas en su lugar tienen chocho, por decirlo con sus palabras habituales, aquí se les dice que hay chicas con pene -no dicen pito, sino pene, que es más culto, menos vulgar y se entiende menos. 
Supongo que lo que quiere decir la guía pedagógica de educación sexual es que hay chicos que se autoperciben -obviamente, no utilizan este término con los escolares- como chicas y que por lo tanto son chicas, porque lo importante no es lo que tienen o dejan de tener, sino lo que sienten (sic). Se les dice -inculca, mejor- también que hay chicos y chicas transexuales, y que todas las personas son intersexuales porque tienen características de los dos sexos, y se explica el fenómeno del cambio de sexo mediante ilustraciones que lo trivializan, sin percatarse de que la modificación física del cuerpo conlleva prácticas quirúrgicas con riesgos graves e irreversibles. 
 
El autor del prólogo, el sexólogo 'sustantivo' -sexualidad que se centra no en el sexo que se tiene o que se practica, sino en el que se es- Joserra Landarroitajauregi se felicita de que recurriendo a “dos instrumentos minoritarios y minorizados -un pequeño arte, el cómic y un pequeño idioma, el euskera a través de la imagen y la sugerencia, mediante el ingenio y la gracia, un poco indagando y otro poco provocando” se contribuya a “la difusión, divulgación y universalización de sabios saberes (sic) y valiosos valores” (re-sic). No tiene desperdicio este párrafo suyo, que resume muy bien el despropósito pedagógico: “Se trata de poner en valor materias que, por ser sexuales, han sido históricamente negadas, silenciadas o difamadas; así: la intersexualidad, la diversidad sexual, los diferentes cuerpos y sexualidades, las diferentes orientaciones e identidades, los muchos modos de ser mujer y de ser hombre, las muchas maneras de gustarse, amarse o gozarse”. 
 
La educación sexual que se ofrece “no se queda en los genitales y en sus usos”, que es quizá donde debería quedarse en cualquier caso, “sino que aspira a la exquisita formación de los sexos contemplando sus muchos hechos de diversidad”. El buenrollismo queda patente en la expresión “crear buen rollo entre los sexos” y en el objetivo final, bastante loable por cierto, pero ya se sabe que de buenas intenciones está empedrado el pavimento del infierno, de que “chicas y chicos se traten mucho y se traten bien, para que se conozcan y se reconozcan, para que se acepten, se gusten, se quieran y se gocen”. Ya lo cantaban Los Bravos, sin tantas retóricas alharacas, a finales de los sesenta: "Los chicos con las chicas tienen que estar, las chicas con los chicos han de vivir...

miércoles, 18 de septiembre de 2024

Sexo y género

    El constructivismo social posmoderno que predica Judith Butler y afirma que son una convención o construcción social el sexo (o cuerpo), y el género (o alma, en su versión secularizada, según el certero análisis de Juan Manuel de Prada, que cita a Santiago Armesilla), concede paradójicamente a la llamada 'disforia de género' la categoría de hecho natural. 
 
 
    La expresión 'nacido en un cuerpo equivocado' es la narrativa más socorrida por la que se trata de explicar la disforia o desazón y molestia por el hecho de que el sexo biológico 'asignado al nacer' no se corresponda con la identidad de género. Esta versión del dualismo más rancio del alma atrapada en la cárcel del cuerpo de nuestros místicos la encontramos continuamente vulgarizada en los medios de comunicación. El dualismo alma-cuerpo de la teoría cuir (adaptación a nuestra ortografía del anglicismo queer 'persona que no es heterosexual o cisgénero y rechaza ser clasificada por sus prácticas sexuales o su género para no limitar su experiencia personal') tiene implicaciones prácticas en la medida en que fundamenta intervenciones fármaco-quirúrgicas para «liberar» la identidad transgénero sentida del supuesto cuerpo equivocado. 
 
    La identidad sentida viene a ser el alma innata con la que uno nace y que permanece atrapada en ese cuerpo incorrecto. Después de tanta insistencia en la construcción social del género y del sexo, nos encontramos aquí con que la identidad transgénero sería una entidad natural no construida que, sin embargo, se puede reconstruir farmacológica- y quirúrgicamente. Como escribe De Prada: La 'autodeterminación de género' no sería otra cosa, a la postre, sino la afirmación de un individuo soberano que se yergue contra la propia biología, en su búsqueda narcisista de felicidad personal. (...) la 'autodeterminación de género' destruye el cuerpo humano hormonándolo y mutilándolo de forma irreversible, o bien lo niega irracionalmente, como pretende la llamada 'ley trans', que considera mujeres a los hombres que así se declaran ante el registro civil (Juan Manuel de Prada, Alma y género, en 'Animales de Compañía', XLSemanal, 6 de septiembre 2024).  
 

    Nadie está atrapado en un cuerpo equivocado. Para empezar, éste es un concepto él mismo equivocado, «atrapado» en el dualismo gnóstico alma-cuerpo. Tampoco es sostenible en su versión cerebro-cuerpo cuando se habla por ejemplo de un cerebro de mujer en un cuerpo de varón o al revés. No existe un tal cerebro de varón o mujer, si acaso un mosaico de aspectos convencionalmente considerados masculinos y femeninos. 
 
    Se escucha que el sexo se asigna, y que en realidad no existe. Llamo «delirio cuir» a algo fácil y señalable: a mantener que el sexo no tiene existencia real, sino que es un constructo, más específicamente, una construcción performativa. Pero, a la vez, no dejaría de ser una revelación espiritual que, desde el interior de cada quien, no cabe negar. 
 
    Resulta asimismo curiosa la deriva de la izquierda política hacia las identidades subjetivas y sentidas, en detrimento de las realidades y contradicciones objetivas de la sociedad capitalista, y el aprovechamiento que el capitalismo neoliberal, que es el mayor productor de subjetividades, realiza capitalizando dichas políticas consideradas de izquierdas. 
 
 
    Estamos hablando de un movimiento, el movimiento cuir que tiene presencia en la filosofía y en los platós de televisión, en la legislación nacional e internacional y, por supuesto, en el gallinero de las redes sociales telemáticas. 
 
    Dice la falsa etimología popular que la expresión 'reinas drag' se explica porque drag sería el acrónimo del inglés DRessed As A Girl “vestido como una chica”, y aunque el término significa eso -chico travestido- su origen no es esa ingeniosidad, sino que remonta, al parecer, al verbo inglés to drag, que significa 'arrastrar', en concreto "un ancla a lo largo del fondo de un río, lago, etc., en busca de algo", y que hemos adaptado en castellano, quizá por intermedio francés, como “dragar”, con el significado de ahondar y limpiar con una draga, que sería un mecanismo específico para extraer y arrastrar de los puertos, ríos, lagos, estanques el fango, piedras, arena, etc. Drag, como sustantivo, significó en inglés desde el siglo XIV 'red de arrastre' y a partir del XVIII "cualquier cosa adjunta a un cuerpo en movimiento que retarda su progreso". 
 
 
    El sentido actual de ropa de mujer usada por un hombre remonta a 1870, y se supone nacido en la jerga teatral por las faldas largas que arrastraban los actores que encarnaban papales femeninos por por el suelo. Podría también explicarse a través del yiddish trogn 'vestir', del alemán tragen, con el mismo significado. El sentido moderno de travesti masculino o reinona con el sentido de hombre, general- pero no exclusivamente homosexual, que se disfraza de mujer de una manera muy llamativa, que tiene en la expresión drag queen remonta a 1941, y sería 'reina que arrastra su vestido”.