lunes, 16 de septiembre de 2024

Fascistas y antifascistas

    En septiembre de 1921, un año antes de la marcha de Mussolini sobre Roma, Errico Malatesta publicaba un artículo en Umanità Nova titulado “La guerra civile” en el que defendía que la guerra civil era la única guerra justa y razonable que podía emprenderse.  Estaba muy reciente aún el recuerdo de la carnicería que había sido la Primera Guerra Mundial (1914-1918), aquella que iba a poner fin a todas las guerras, en la que la vieja Europa se había desangrado. 
 
    A mí y a muchos de mi generación nos resulta en principio algo escandalosa una afirmación como la que hace Malatesta. Cuando éramos niños y preguntábamos en casa por la guerra civil que había sufrido España de 1936 a 1939 veíamos cómo nuestros mayores guardaban silencio, nadie quería hablar de aquello. Todo el mundo quería pasar página enseguida y olvidar, porque en todas las familias había víctimas de ambos bandos, y muchas heridas abiertas no habían cicatrizado todavía. Aquella había sido una guerra fratricida, como en el fondo lo son todas. 
 
    Pero Errico Malattesta acota enseguida el significado de la expresión que utiliza: «por guerra civil entendemos la guerra entre oprimidos y opresores, entre pobres y ricos, entre obreros y explotadores del trabajo ajeno, no importa si los opresores y los explotadores son o no de la misma nacionalidad, si hablan o no la misma lengua que los oprimidos y explotados». 
    
 
Errico Malatesta (1853-1932)
 
    El veterano anarquista decía que cuando hay una guerra entre estados -capitalistas todos por esencia-, los pueblos deben negarse a matarse entre ellos y, en su lugar, deben emprender una 'guerra civil' contra sus patrones y gobernantes que los llevan a la guerra.
 
    Se preguntaba en ese artículo Errico Malatesta si la guerrilla que entonces ensangrentaba Italia era una guerra civil en el sentido amplio que él había definido: una guerra del pueblo contra el gobierno, de los trabajadores contra los capitalistas, una guerra de los de abajo contra los de arriba o un enfrentamiento entre los de abajo, divididos desde arriba para que se mataran entre ellos. Y su respuesta era muy clara, le parecía que  “la guerrilla entre fascistas y subversivos -i.e. antifascistas-, como se ha sostenido en los últimos diez o doce meses y como se combate todavía, no sirve más que para hacer derramar sangre y lágrimas, para sembrar semillas de odios duraderos sin poder luego servir a ninguna causa, a ningún partido, a ninguna clase”. 
 
    Escribe Malatesta algo que hoy sin duda escandalizaría a muchos sedicentes antifascitas: “Pero al mismo tiempo que se organiza la resistencia, hay que reconocer que en el fascismo no es todo escoria, no es todo malo”. Y añade que entre los fascistas había muchos jóvenes sinceros, trabajadores incluso, que creían que estaban "defendiendo una causa justa y no se han dado cuenta todavía de que son instrumentos de unos pocos criminales y de unos pocos tiburones: es preciso abrirles los ojos invitándolos a amables discusiones”. Por supuesto, esto no significa que para Errico el fascismo no fuera un problema, que no hubiera que combatirlo. No ocultaba que era un producto «de los agrarios y los capitalistas» y que «es necesaria una resistencia organizada para acabar con la aventura fascista». El objetivo es entonces derrotar al fascismo, pero ciertamente no para defender el status quo, sino para asegurarse «que esta lucha absurda termine, para poder empezar a combatir una lucha clara». La lucha clara a la que se refiere es su "guerra civile".
 

    Viniendo a lo de hoy, más de un siglo después, esta lucha absurda entre fascistas y antifascistas en ausencia de fascismo, que no es más que un recuerdo histórico y una amenaza que algunos sitúan en un futuro más o menos inmediato contra el que hay que combatir, aún no ha terminado. Nos dicen que hay que acudir a las urnas a derrotar el fascismo e incluso, como en Francia, se constituye un Frente Popular cuyo objetivo es, como la coalición que gobierna en las Españas, que no gobierne la extrema derecha, posponiendo de ese modo o procrastinando, según la palabra de moda, hasta las calendas griegas, es decir, hasta nunca, la “guerra civil” en el sentido que le da Malatesta de enfrentamiento entre los de abajo contra los de arriba. 
 
    ¿Qué sentido tiene alarmarse como hacen algunos rasgándose las vestiduras por el ascenso de la extrema derecha, o en general por el retorno del fascismo y el nazismo a la vieja Europa, cuando son las democracias los regímenes más autoritarios y «fascistas» en el sentido más amplio de la palabra? Conste que no se está haciendo aquí con lo que se acaba de decir ninguna apología del fascismo, Dios o quien sea nos libre, sino todo lo contrario: se está ampliando su campo semántico para incluir también, dentro del fascismo, el antifascismo. No se defiende a ningún partido, sino al contrario, se condena a todos ellos por igual. 

     Si no vemos mayor peligro en el ascenso del fascismo es porque no creemos que pueda establecerse un régimen más autoritario y "fascista" en sentido amplio que el que ya tenemos encima y padecemos, que es el régimen demotecnocrático y neoliberal que defienden a capa y espada las élites financieras y los políticos y militares tanto de derechas como de izquierdas. 
 
    No viene mal recordar aquí la máxima del que fuera primer secretario del Partido Comunista de Italia, Amadeo Bordiga (1921): «El antifascismo se convertirá en el peor producto del fascismo». La cuestión principal para los comunistas y anarquistas de hace cien años no era la guerra contra los fascistas, sino, por decirlo en términos marxistas, contra la burguesía, o, en palabras más actuales, contra el Estado y el Capital.  
 
    Quizá no esté de más releer lo que escribíamos por aquí en Vuelve 'il fascio'

domingo, 15 de septiembre de 2024

Guerra por doquier

    Conviene recordar la advertencia que hacía Calino de Éfeso a sus contemporáneos porque sigue vigente ya que 'hoy es siempre todavía' allá por el siglo VII antes de la era cristiana: en paz creéis / estar pero la guerra domina toda la Tierra. Él lo decía para insuflar a los jóvenes ardor guerrero y ánimo de lucha, pero, aparte de su intención, no dejaba de formular una verdad o, por lo menos, algo que no era una falsedad. Aunque nosotros vivimos bajo el reinado de la paz, la guerra, como cantaba el poeta, que es el padre de todas las cosas, como dijo el efesio, es lo que está mandado y lo que manda por doquier. 
 
    ¿No vemos todas las guerras y guerrillas en el sentido tradicional  que se desarrollan ahora en Ucrania, en Gaza y en tantos otros puntos lejanos del planeta? Tienen su utilidad, sirven, además de para disparar la inversión de dinero en armas, para que creamos que nosotros, por contraposición, disfrutamos de presunta paz, como el hecho de que haya cárceles y prisioneros sirve para que creamos que nosotros, que estamos fuera de esos recintos, somos libres... por ahora.  La creencia de que estamos en paz se ve enturbiada por la amenaza apocalíptica, perturbadora y constante de una nueva guerra mundial, la tercera y última porque a la tercera va la vencida, o sea, la definitiva, que se cierne sobre todos nosotros como espada de Damoclés, que sería nuclear.
 
 
    Pero la guerra tiene numerosas epifanías y metáforas. Una sucesión de guerras conforma nuestra realidad que a veces se ha denominado neonormalidad (new normal, en la lengua del Imperio que se nos impone).
 
    La cosa, por lo que concierne a este siglo XXI, debió de comenzar en 2001 con la declaración de guerra al terrorismo (war against terrorism, global war on terror), a raíz de la destrucción de los rascacielos iguales neoyorquinos que todavía colea en los controles aeroportuarios en los que todos somos considerados terroristas potenciales, mientras no se demuestre lo contrario, por lo que se nos controla aleatoriamente.
 
 
    La cosa siguió en 2016 con la guerra al populismo (war against populism), una guerra que se hizo “global”. El Washington Post calificó aquel año como el año en que la ola de populismo revolucionó el mundo -Brexit, auge populista europeo y Donald Trump en los EE. UU-. Se apellida a veces esta guerra añadiéndole la coletilla "de extrema derecha", hasta el punto de que algunos gobiernos justifican su gobernanza diciendo que acceden al gobierno para impedir que lo haga la ultraderecha, olvidando que ellos mismos son el monstruo que dicen combatir.
 
    La cosa siguió en 2020 con la guerra al virus coronado, que duró hasta 2023 (war against virus), con la declaración de estado de emergencia, que nos obligaba a enmascarillarnos, guardar las distancias y observar cuarentenas y toques de queda porque todos podíamos ser portadores del virus. El presidente francés lo dijo claramente: “Nous sommes en guerre”. Y el presidente español, que no iba a ser menos y quedarse a la zaga, lo corroboró afirmando que estábamos “librando una guerra” contra el virus Covid-19, un “enemigo que nos golpea a todos” y “no entiende de fronteras, colores, ni idiomas”, por lo que es “el momento de la coordinación, de la cooperación y de la solidaridad”. 
 
 
    Una nueva forma de guerra se declaraba simultáneamente: la guerra contra la desinformación o contra los bulos, que por ejemplo enarboló la Unión Europea (war against misinformation and disinformation).​ Esto es, por ejemplo, lo que dice nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, que prefiere el término “lucha” en vez de “guerra”: La desinformación constituye una de las mayores preocupaciones de los países democráticos. Detrás de las noticias falsas o fake news se articulan, en numerosas ocasiones, estrategias para manipular la opinión pública y erosionar la estabilidad de los Estados y de sus instituciones. Los bulos y la desinformación representan desde hace tiempo una amenaza global para la libertad y para la democracia. Sin embargo, es en la actualidad, dada la velocidad de propagación de las campañas debido a los medios digitales, cuando más acuciante resulta. En los últimos años se ha acelerado tanto el flujo de información como el de desinformación, como lo demuestra la infodemia producida en las redes en el contexto de la pandemia de la COVID-19. Una guerra que ha sido llevada a cabo por los fact checkers o verificadores de datos y promovida por los gobiernos, que ven así en peligro el monopolio informativo de sus 'verdades oficiales' o mentiras. 
 
 
    Pero habría que retrotraerse a la segunda mitad del siglo XX para datar una guerra que todavía colea, la declarada contra el cambio climático (war against climate change), que se renueve con continuas campañas contra el calentamiento global, contra el dióxido de carbono o CO2, contra las emisiones GEI de Gases de Efecto Invernadero con renovados eslóganes como: Controla tu huella, Net Zero Coalition, Emisiones Cero... El origen de esta guerra podría datarse en el año 1972, cuando se celebró en Estocolmo la Primera Cumbre para la Tierra. 
 
    Estas son las nuevas guerras que junto a las tradicionales y convencionales conforman la realidad que padecemos, guerras que el capitalismo nos declara en su afán totalitario a todos y cada uno de nosotros porque a) somos terroristas en potencia, b) somos populistas o partidarios del pueblo y, por lo tanto, enemigos del gobierno, c)  somos portadores de virus, d) somos divulgadores de bulos e informaciones falsas y malintencionadas y d) somos responsables del deterioro del medio ambiente y del planeta; en definitiva, somos pecadores, como decía la vieja religión.

sábado, 14 de septiembre de 2024

Algunos cabos sueltos

ELECCIONES: No se trata de elegir (democráticamente, por supuesto, faltaría más) a un nuevo mayoral de la grey que nos pastoree. No se trata de cambiar de pastor ni de perros guardianes del rebaño ganadero -¡los mismos chuchos con collares diferentes!-, de forma que las cosas sigan básicamente igual en el fondo, sino que deberíamos tratar, más bien, de dejar de ser ovejas gregarias que forman parte de un rebaño. ¡Ya salió la oveja negra que faltaba! ¡Sí! ¡Ya salió el garbanzo oscuro del puchero y la manzana podrida del frutero que corrompe y echa a perder a las demás!




LA METÁFORA DE LA RED. No es que estemos envueltos en una Red de redes, sino que nosotros mismos desempeñamos el papel de arañas que tejen dicha red y urdimos dicha telaraña: somos nuestra víctima y verdugo a la vez. La Red nos ha convertido, mal que nos pese, a todos sus usuarios en colaboradores activos y necesarios, es decir, en siniestros arácnidos tejedores de su entramado. Ese es el éxito de su función y nuestro fracaso.



POR TU PROPIO BIEN: Lo más inmoral que hay: hacerle mal a alguien, como hace el proceso de educación con las tiernas criaturas infantiles, y tratar de convencerlo a uno con la técnica del lavado de cerebro de que el mal es por su propio bien futuro. La escuela nos formatea para que creamos que nos han hecho un bien cuando nos han infligido el peor de los males posibles “para que aprendamos”. 


SOCIALIZACIÓN: Los defensores de la escolarización obligatoria esgrimen como principal argumento para justificar su existencia el de la socialización. Si hay que elegir una sola razón que acredite la existencia de la escuela obligatoria, sería esta: nos sociabiliza. Vamos a dejarnos de cuentos,  porque ni nos educa ni nos enseña en condiciones. Examinémoslo. Se trata de una mentira interesada. ¿Es que acaso los niños griegos y romanos de la antigüedad, o los niños de la Edad Media o los de la prehistoria sin ir a la escuela no se sociabilizaban, como dicen ellos, y establecían vínculos no sólo con los compañeros de su edad sino también con todo tipo de personas? ¿Por qué la escuela obliga a los niños a relacionarse sólo con compañeros de su edad bajo la atenta mirada vigilante de los adultos? ¿Un niño acaso no se socializa y sociabiliza en casa, en la calle, en la familia, fuera de la reclusión del recinto escolar que cada vez se parece más a un campo de concentración? 



LAVADO DE CEREBRO: La existencia de sectas minoritarias que “comen el coco” a los niños y adolescentes, o la práctica del lavado de cerebro -brainwashing, según el término de Edward Hunter-  en la China comunista de la época de Mao, nos distraen del lavado cerebral y comedura de tarro más efectiva que nunca haya existido, que es lo que realiza el Estado aquí y ahora a escala multinacional y planetaria a través de los medios de conformación de masas y la educación obligatoria, dos maldiciones que pretenden que veamos como bendiciones y adelantos, “para que estemos in-formados”, es decir, con-formados, con-formistas y con-formes. 

 

LA MENTIRA DE LA HISTORIA: Vemos la locura y los horrores de otras épocas pasadas y nos consolamos pensando que son Historia, que son agua pasada, cosas que ya no pasan. No somos capaces de ver la locura y los horrores de nuestra época. Vemos por ejemplo la represión sexual de la era victoriana, o el holocausto de los judíos perpetrado por los nazis y no vemos la represión general, integral, y el holocausto que nos consume a todos en la nuestra, que es la única época que hay, por cierto, porque las otras épocas están todas metidas dentro de esta.
 

ÉXITO EN LA VIDA: La vida no es el curriculum vitae.

 

viernes, 13 de septiembre de 2024

Nuestra huella de carbono

    ¿Qué es la huella de carbono? Son los gases de efecto invernadero que producen nuestras actividades económicas cotidianas. El dato, expresado en toneladas emitidas de CO2 es vital, nos dicen, para frenar el cambio climático. Nos dicen que hay que poner en marcha las iniciativas necesarias para reducirla al máximo y borrarla del planeta tierra, empezando por cada uno de nosotros en nuestro día a día. El planeta ha sido asesinado, como muestra esta viñeta de Eneko, titulada "Escena de un crimen" que representa el cadáver de un globo terráqueo, y que da a entender que los asesinos somos nosotros, que no controlamos nuestras emisiones, nuestros gases de efecto invernadero, nuestra huella de carbono:
 
 

     La publicidad gubernamental insiste en la responsabilidad individual que tenemos todos y cada uno de nosotros si no hacemos algo para salvar el planeta y eliminar nuestra huella de carbono. Veamos por ejemplo este cartel aparecido en el Metro de Madrid, realizado en papel reciclado, que nos invita a calcular nuestra huella y que insiste en nuestra responsabilidad individual, versión laica de la culpabilidad de nuestro pecado original. La campaña se titula "Hablemos de Jimmy", pero podía haberse titulado: "Hablemos de ti mismo".
 

     "Los martes Jimmy sale de casa sin apagar la luz del salón y coge el coche para ir a comprar pan de molde al barrio de al lado. Los miércoles también. Hazlo un poco mejor que Jimmy".

    Este Jimmy es, sin duda, gilipollas porque si no apaga la luz al salir de casa y si coge todos los días el coche para ir a comprar el pan cerca de donde vive lo está pagando caro, pero no solo por incrementar su huella de carbono, sino sobre todo por la factura de la luz y la cuenta que deja en la gasolinera. 
 
    La campaña nos invita a hacerlo mejor que él, y a arrepentirnos si hacemos lo mismo que él, que es un pecador. Otro cartel reza, con propósito de enmienda: "Soy consciente de cuánto contamino, y a partir de ahora voy a cambiar radicalmente mis hábitos de consumo... dijo Jimmy nunca". Pero nosotros podemos hacerlo mejor que él y proponernos no contaminar, no dejar ninguna huella o dejar huella cero, como les gusta decir.
 

    La campaña insiste en nuestra responsabilidad personal, diluyendo así la responsabilidad del sistema capitalista en los tristes consumidores y contribuyentes individuales: "De media generamos 7,5 toneladas de CO2 al año. Jimmy genera 17 porque es muy competitivo". 
 
    "Jimmy tiene curiosidad por saber cuánto contamina. Spoiler: Mucho. Jimmy contamina como si no hubiera un mañana... literalmente".  Ahora resulta que Jimmy, o sea, cada uno de nosotros, es el responsable de la contaminación atmosférica.
 
    Hay algo en este cortometraje sarcástico de la campaña contra el cambio climático 10:10, realizado en 2010 por Richard Curtis, considerado uno de los mejores guionistas de comedia en el Reino Unido, y titulado "No pressure" (Sin presión) que nos hace pensar que somos nosotros mismos, no nuestra huella, lo que se pretende erradicar del planeta para salvarlo. El vídeo, subtitulado en castellano, contiene escenas que pueden resultar perturbadoras, nos advierten, para algunos que lo vean, y no se considera adecuado para los niños.  
    

   

jueves, 12 de septiembre de 2024

¿Puede existir un mundo sin dinero?

    Se pregunta el BBVA si puede existir un mundo sin dinero. A mí lo primero que se me ocurre es que existir, lo que se dice existir en la realidad, seguro que no puede, porque la esencia de la realidad y del mundo es el dinero. Pero el BBVA en esta página nos invita a hacer el ejercicio de imaginar por un instante que el dinero desaparece de la faz de este mundo por arte de magia para siempre. ¿Qué pasaría? 
 
    Sin duda el hecho de no disponer del dinero como medio de pago universal provocaría una completa transformación de la sociedad, y, quizá -¿quién sabe?- nosotros -'las personas' dice el BBVA-, olvidando la existencia del vil metal, viviríamos en un mundo idílico de felicidad y despreocupación, sin ese vínculo que nos subyuga.
 
 
    ¿Volveríamos al trueque? Analizando el sistema de cambalache de una cosa por otra, la susodicha entidad bancaria llega a la conclusión de que no es un sistema perfecto, puesto que quienes carecen de bienes en propiedad no podrían participar de esos trapicheos. 
 
    Un mundo donde no existiera el dinero tendría que ser un mundo feliz y despreocupado, aunque también podría ser -¿quién sabe?- una pesadilla, abriéndose un panorama terrorífico tras su desaparición repentina y efectiva, volviéndonos absolutamente incapaces nosotros de  intercambios. 
 
 
  Pero tras un somero análisis de los distintos tipos de dinero habidos y por haber, el BBVA llega a la conclusión de la trascendencia del dinero en nuestra vida ('en la vida de las personas' dice literalmente), porque “con dinero, compras comida, medicamentos, ropa, aparatos electrónicos, libros, entradas de espectáculos y una infinidad de bienes y servicios adicionales. Por eso, es necesario contar con el dinero como sistema de pago universal e instrumento para fijar el precio de las cosas, y así poder comparar unas con otras”.
 
  La conclusión a la que llega el banco después de este ejercicio de imaginación es que la desaparición del dinero "ocasionaría inconvenientes y contratiempos”, de donde se deduce que es preferible que no desaparezca y, para eso, lo mejor es que esté protegido y disponible "para cuando lo necesites", es decir, para el futuro. Por eso el BBVA, aquí interrumpe la ensoñación y da paso a la publicidad, nos ofrece no solo "la tranquilidad de pertenecer a un gran banco" sino también "las últimas innovaciones en digitalización -no faltaba más, hay que estar con los tiempos-", que agilizan y simplifican la gestión de nuestras finanzas, permitiéndonos controlar nuestros gastos allá donde estemos, ya sea de día o de noche, tanto en jornada festiva como laboral,tanto en lunes como domingo, gracias a la aplicación de nuestro inseparable teléfono supuestamente inteligente y aplicado. 
 
 
    ¡Vaya chasco! Después de habernos invitado a imaginar un mundo sin dinero y hacernos soñar, resulta que el Banco nos echa un jarro de agua fría de realidad en las sienes y viene a decirnos, impregnándonos de realismo, que pongamos nuestro dinero a buen recaudo en su caja fuerte, donde está bien seguro y custodiado. Además, claro, ¿qué sería del BBVA y demás bancos y entidades bancarias en un mundo donde no existiese el dinero? Tampoco existirían los bancos, que son los recintos sagrados donde se deposita el dinero y se rinde culto a la Religión del Capital.

miércoles, 11 de septiembre de 2024

Lo que el mosquito le dijo a Alicia

    Vivimos en una época en la que los números identifican a las personas con más facilidad que los nombres propios. Somos números. Somos el número del documento nacional de identidad, el de la seguridad social, el de la cuenta bancaria y las tarjetas de crédito y débito, y el número del teléfono móvil, que casi viene en nuestros días a suplir a todos los demás. Quizá por eso nos resulta difícil comprender el poder que antaño se atribuía a los nombres propios que hacen que respondamos a su llamada. Solo los nombres propios de los VIP conservan su poderío, sobre todo en los ámbitos artísticos, donde la firma del autor tiene tanta relevancia que muy pocos creadores renuncian a ella, aunque algunos oculten su nombre propio bajo algún nombre artístico o pseudónimo. 
 
    En el capítulo tercero de “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí”, de Lewis Carroll, titulado 'Insectos del espejo', hay un diálogo muy instructivo entre el Mosquito y Alicia, que le dice a la niña que los insectos responden por sus nombres cuando se les llama, a lo que Alicia le contesta que a ellos no les sirven de nada pero sí a las personas que se los ponen. Si no, se pregunta la niña, ¿por qué tienen nombre las cosas? A lo que el mosquito le contesta: "¡Vaya usted a saber!" Y le confiesa que allá abajo, en aquel bosque, las cosas no tienen nombre.
Alicia y el mosquito, Pat Andrea (2007)
  
    “Con esto, Alicia se quedó callada durante un minuto o dos, considerándolo todo. Mientras tanto, el mosquito se entretenía zumbando y dando vueltas y más vueltas alrededor de su cabeza. Por fin, volvió a posarse y observó: 
    -¿Supongo que no te querrías quedar sin nombre? 
   -De ninguna manera -se apresuró a contestar Alicia, no sin cierta ansiedad. 
     -Y sin embargo, ¿quién sabe? -continuó diciendo el mosquito, así como quien no le da importancia a la cosa-. ¡Imagínate lo conveniente que te sería volver a casa sin nombre! Entonces si, por ejemplo, tu institutriz te quisiese llamar para que estudiaras la lección, no podría decir más que «¡Ven aquí...!», y allí se quedaría cortada, porque no tendría ningún nombre con que llamarte, y entonces, claro está, no tendrías que hacerle ningún caso.” 
 
Peter Newell (1902)
 
     Pero Alicia le contesta que eso no daría mucho resultado: “-¡Mi institutriz nunca me perdonaría una lección sólo por eso! Si no pudiese acordarse de mi nombre me llamaría «señorita», como hacen los sirvientes"
 
    Viene a decir Alicia que un nombre común como ese de “señorita” podría sustituir sin ningún problema al nombre propio, y no tendría más remedio que darse por aludida. A fin de cuentas, diríamos nosotros, una orden es una orden y hasta los perros y los gatos responden por su nombre propio cuando se les llama.
 
    El Mosquito le responde entonces con un juego de palabras intraducible al castellano: "Well, if she said 'Miss,' and didn‘t say anything more," the Gnat remarked, "of course you‘d miss your lessons". Aquí se ve el juego de la homonimia inglesa entre ‘miss’ (señorita) y ‘miss’ (perder). Si la profesora le dijese ‘miss’ a Alicia, ella podría interpretarlo como que no tiene que tomar sus lecciones y que podría perder la clase, librándose de ella. 
 
    El traductor se las ha ingeniado para sustituir la homonimia inglesa por una rima castellana, como si Alicia se hiciera un poco la sorda y no entendiera bien lo que oye: -Bueno, pero entonces si dice «señorita» sin decir más, tú podrías decir que habías oído que «te la quita» y quedarte también sin lección.
 
A puny gnat makes a humorous remark, Sheryl Humphrey
 
   Si proseguimos el diálogo en nuestra lengua, podemos darle otro sesgo: Ya que el Mosquito le decía a Alicia que sería muy interesante no tener un nombre propio porque entonces su institutriz no podría imponerle deberes o tareas, y ella le replica que podría interpelarla como “señorita”, el Mosquito podría sugerirle que se rebelara contra esa denominación dando una respuesta contestataria: -Bueno, pero entonces si dice “señorita” sin decir más, tú podrías decir que aquí no hay ninguna señorita, que tú no eres ninguna señorita, y quedarte también sin lección
 
    De esa manera Alicia se estaría rebelando contra el nombre propio y el común, al mismo tiempo. Pero esa rebeldía, que siempre es posible, contra las palabras que pretenden definirnos es muy difícil cuando nos hemos visto reducidos bajo el fenómeno de la digitalización a la condición de números.

martes, 10 de septiembre de 2024

La lección de un profesor

    Un profesor de Alicante arrancó tres cámaras de videovigilancia, que habían sido colocadas por orden de la dirección del instituto donde impartía clase,  en un arrebato de santa indignación,  sana cólera e ira racional. El profesor, filmado por las propias cámaras que desmontó, fue detenido y pasó una noche en comisaría.


    ¿Cómo es posible que haya cámaras de videovigilancia en los sedicentes centros "educativos"? ¿No tenemos una Ley Orgánica 1/1982 de  grandilocuente Derecho al Honor, la Intimidad y la Propia Imagen que protege especialmente a los menores, benditos sean esos angelitos,  de semejantes atropellos y tropelías orgüelianas propias del estado policial del Gran Hermano, y no hablo del concurso de la telebasura?

    Muy sencillo: Los centros "educativos", aunque se llamen Institutos de Educación Secundaria con rimbombante apelación, no son tales centros educativos, porque no pretenden educar, ni siquiera, más modestamente, enseñar e instruir, como cuando se hablaba  humildemente de centros de Enseñanza -que no Educación- General Básica o de Institutos de Enseñanza Media, sino controlar a la población infantil y juvenil forzosamente escolarizada o recluida, mejor dicho, en ellos.
 

    La dirección justifica la instalación de las cámaras diciendo que se pretendía evitar los robos, y que esta medida había sido decidida y aprobada por los órganos de gobierno colegiados y unipersonales del centro elegidos democráticamente. Se pone como justificación de algo injusto su carácter democrático, decidido por el órgano representativo de una mayoría, como si la mayoría fuese totalidad y como si fuese más legítimo porque lo pide la mayoría. Sin embargo, una elección democrática por muy mayoritaria que sea no tiene por qué ser justa. Es más: Esta no lo es, porque no se ajusta a derecho ni al más común de los sentidos. 
 
    Además, si hay robos es porque hay desigualdad económica, si hay desigualdad económica es porque hay dinero y no hay justicia en la sociedad. La sociedad, por lo tanto, debería procurar que hubiera justicia -y no dinero ni propiedad privada- para que no hubiera robos. Pero ¿cómo va a haber justicia si cuando hay crisis económica, por ejemplo, se destina dinero público de las arcas del Estado a los bancos privados, o sea, a los  ricos usureros que menos lo necesitan?


    En todo caso, el daño que se hace a la libertad es mayor que el que se hace a la propiedad. ¿Quién controla a los controladores? Ya formuló la pregunta Juvenal: quis custodiet ipsos custodes? Y la pregunta sigue flotando en el aire, sin respuesta ninguna que valga.

    La educación debería basarse en la libertad y en la responsabilidad y no en el control ajeno, pero algunos prefieren pagar sofisticados sistemas de videovigilancia y seguridad porque, por muy caros que sean, son más baratos que la ímproba tarea de educar, que además no se sabe muy bien en qué consiste. Preguntémonos socráticamente: ¿Qué es la educación? A ver qué pasa. Al fin y a la postre esos aparatos sólo cuestan dinero, dinero de todos los contribuyentes.
 
     ¡Contribuyentes! ¡Qué palabra más ominosa ésta, pero qué reveladora de que todos estamos contribuyendo democráticamente a que se instalen estas cámaras, y fomentando la vigilancia y el control ajenos en lugar de la libertad y la responsabilidad -y la justicia- para que no sucedan los hechos que se pretenden vigilar y castigar! ¡Cuánto mejor hubiera sido que el dinero –público, no se olvide- que se ha invertido en cámaras que fomentan el voyeurismo y el exhibicionismo se hubiera destinado a la compra de libros, esos objetos tan raros y antiguos que se guardan en las bibliotecas y que ya no lee casi nadie!

    Lejos de considerar la actitud de este profesor una locura extemporánea o un delito, deberíamos todos decidirnos si no a hacer lo mismo so pena de pasar una noche en comisaría, a denunciar y exigir al menos que se retiren las cámaras de vigilancia de nuestros lugares de ocio y de trabajo. Deberíamos aplaudir a ese profesor, que le ha dado una lección a toda la sociedad.

lunes, 9 de septiembre de 2024

Pareceres LVII

276.- ¿Desarrollo sostenible? No sólo no hay en la realidad algo que pueda llamarse “desarrollo sostenible”, es decir, desarrollo que se sostenga cabalmente a sí mismo fundamentándose en un recurso tan limitado y perecedero como el petróleo, ese líquido oleaginoso de color negruzco y hediondo, materia grasa mezcla de hidrocarburos que arde fácilmente, expulsado de las entrañas de la tierra, formado por miríadas de microorganismos muertos animales y vegetales, sino que ni siquiera hay “desarrollo” que no sea contradictorio consigo mismo. La idea de Desarrollo, como antaño la de Progreso, no deja de ser una de las epifanías con las que a algunos se les revela apocalípticamente de repente la cara dura y oculta de Dios: una idea, nada más y nada menos, que, cuando se materializa, lo hace adoptando la forma que ya conocemos de la “marea negra”: un maremágnum de chapapote que nos invade y ensucia la belleza incomparable de nuestras playas, lo que no es ningún accidente sino la consecuencia lógica de esta civilización industrial cuya esencia son los petrodólares y el oro negro pronto a reconvertirse ya en energías verdes y renovables no menos sostenibles.  De hecho, la sustitución de las energías basadas en combustibles fósiles por renovables está destrozando el mundo rural en España. Algo que venía a salvar el medio ambiente y a hacer que resurgiera la vida de los pueblos, se está convirtiendo paradójicamente en todo lo contrario.
 
 277.- ¿Qué quieres ser cuando seas mayor? Escribía Fernando Savater un artículo periodístico titulado “San Sebastién” publicado en The objective el 11 de agosto de 2024:  “Los niños no piensan en el mañana, son los adultos quienes les inoculan el virus letal del porvenir con sus «¿qué quieres ser de mayor?», algo tan irreal como preguntarles «¿qué quieres soñar esta noche?». Con esa pregunta que por lo general suelen hacerles sus maestros, sus tíos o amigos de la familia, les están imponiendo la fantasmagoría del futuro, algo que les era completamente ajeno. Se trata, además, de una pregunta tramposa, que da por supuesto que el niño quiere ser mayor y quiere dejar de ser el niño que es y cambiarse por el adulto que está llamado a ser... Recuerda a aquel pecio de Ferlosio: ¿Quién soy yo para ponerle riendas, como a caballo propio, al que he de ser mañana? Son aquí los mayores los que al formular a los menores esa pregunta les están animando a espolear al caballo que han de ser mañana. Son también los adultos quienes les inoculan el virus letal del amor preguntándoles “¿a quién quieres más, a papá o a mamá”. Se trata de otra pregunta tramposa que conlleva la idea de que se quiere más a una persona que a otra, y que puede llevarnos en el futuro a la declaración solemne del amor: “Te quiero”. 
 278.- Diuide et impera. Cuando se fomenta el enfrentamiento horizontal entre homosexuales y heterosexuales, extranjeros y nacionales, agnósticos y creyentes -y dentro de estos, entre islámicos y cristianos, por ejemplo-, así como en definitiva entre hombres y mujeres, izquierdas y derechas, se nos está dividiendo desde arriba, según la vieja táctica estratégica del “divide y vencerás”, y se está ocultando y haciendo invisible la contradicción principal político-económica existente entre ricos y pobres, y entre pudientes y podidos. Hacen que nos enfrentemos entre nosotros para que no nos enfrentemos con ellos. Se impone pasar de la fase tolemaica a la copernicana abandonando la dicotomía de izquierdas y derechas para pasar a la de arriba y abajo: derecha e izquierda son hoy lo de arriba, la supraestructura, que está contra lo de abajo, que no tiene representación.
 
 
279.- La noticia del verano. El 28 de agosto se abrió el sepulcro de santa Teresa de Jesús en Alba de Tormes, provincia de Salamanca, donde se encuentra la tumba de la fundadora de la Orden del Carmelo y dos de sus preciadas reliquias, el corazón y el brazo izquierdo, y se comprobó según fuentes fidedignas de la diócesis abulense, que estaba "en las mismas condiciones que en la última apertura de 1914", si bien ninguno de los que asistieron en esta ocasión a la apertura estuvo presente hace ciento diez años. Pero los expertos pudieron comprobar que los restos mortales de la santa, pese al ligero olor a santidad y putrefacción, seguían incorruptos desde 1582, más de cinco siglos después de su sepultura. El proceso para llegar hasta la urna de plata que contiene a modo de sarcófago el cadáver de la Doctora de la Iglesia que vivía sin vivir en sí y tan alta vida esperaba que moría porque no moría, ha sido harto complejo. Primero se ha tenido que retirar la losa de mármol que lo cubría,  después, en la sala habilitada, y ya solo con la presencia del equipo médico científico y los miembros del tribunal eclesiástico se ha abierto el sepulcro de plata, que se encontraba en perfecto estado de conservación, destacando su excelente orfebrería, regalo que fue en su día de sus majestades los reyes Fernando Sexto y su esposa Bárbara de Braganza. Y se han utilizado para proceder a la apertura las famosas diez llaves del sepulcro: las tres que se conservan en Alba de Tormes, las tres que les ha prestado el Duque de Alba, y las tres que conserva en Roma el Padre General, además de la llave del rey. Tres de esas llaves son para abrir la reja exterior, tres son para abrir el sepulcro de mármol, y las otras cuatro son para abrir la urna de plata. 
 
 
 280.- Virus y olas de calor extremo. Descubren, antes que América, el Mediterráneo. Las temperaturas abrasadoras que azotan Europa han matado, según la prensa progresista, a decenas de miles de personas en los últimos años, pero, a medida que aumentan las muertes, los investigadores descubren que un grupo es el que sufre desproporcionadamente el peso del calor extremo: quienes viven en la pobreza según los estudios de los investigadores. Uno de estos estudios revela que las personas con ingresos inferiores a la media tienen más probabilidades de morir en olas de calor. Ya dijeron algo parecido los expertos cuando en la pasada pandemia descubrieron que los más afectados por el virus asesino eran las personas de bajísimos ingresos. ¿Por qué será? ¿Serán el virus y el calor extremo las causas de las muertes de los pobres o será, más bien, la pobreza y la miseria en la que viven? Uno de estos expertos, profesor de investigación de un prestigioso instituto especializado en temas sanitarios, cuyo nombre propio no viene a cuento, afirma que “No es lo mismo una ola de calor cuando estás en una habitación compartida con otras tres personas y sin aire acondicionado, que cuando estás en un chalet con acceso a piscina y aire acondicionado”.  Unas 175.000 personas mueren cada año en la vieja Europa por causas relacionadas con el calor, según la Organización Mundial de la Salud.
 

domingo, 8 de septiembre de 2024

El sesgo de la noticia

    Publicaba el diario Público el viernes pasado la siguiente noticia: "La crisis climática se acelera: el verano de 2024 ya es el más caluroso de la historia". El verano de 2024 aún no ha llegado a su fin, pero, según la citada fuente, ya se puede afirmar que es el más tórrido de la historia universal, lo que dicho así, en general, suena muy grandilocuente y algo que quizá no sea muy certero. La noticia es, cuando menos, confusa. Porque más abajo se dice que es el verano más caluroso desde que hay registros, es decir, desde que hay constancia escrita de los datos.  Pero ¿desde cuándo hay registros de las temperaturas? Según la AEMET (Agencia Estatal de Meteorología) desde 1961. Para la citada fuente, la historia comienza con los registros escritos, que datan del año 1961 después de Cristo, lo que resulta por lo menos irrisorio, pero a partir de esa referencia se permite decir "el más caluroso de la historia". 
 
 
    Si leemos un poco más, comprobamos la intención de la noticia: "El calentamiento global se acelera día tras día". Se trata de una información sin duda alarmista. No solo da por sentado que hay calentamiento global, sino que este se acelera día a día. El pánico subyacente a esta noticia es que la aceleración cotidiana del calentamiento global provoca muertos, que se ceban sobre todo en las clases más bajas de la sociedad, que no tienen piscinas ni aire acondicionado para combatirlo.

    En realidad, eran varios los periódicos los que compartían la misma noticia y prácticamente el mismo titular el jueves pasado. Esto es lo que decía, a guisa de ejemplo, el Periódico Global:
   
    El diario El Mundo, que también publicaba la noticia, por su parte, la acompañaba de una encuesta a sus lectores sobre si estaban de acuerdo con el titular, cuyo resultado fue, según esta captura, que sólo un 22% decía que sí, mientras que el 78% restante se mostraba en disconformidad. Dicha encuesta ya no está disponible. Quizá porque el resultado contradecía el titular de la noticia que servía el periódico. 

    Europapress, por su parte,  precisa: "Agosto de 2024 fue el más cálido en España desde 1961 con una temperatura media de 25ºC". Más adelante se utiliza la expresión "desde el comienzo de la serie en 1961", que es a partir de cuando se empieza a contar. Pero podríamos preguntarnos ¿no hay datos anteriores? 
 
    Sí que los hay. Por ejemplo los de la estación meteorológica Saga, que nos ofrece información climática de todos los países del mundo con datos históricos que en algunos casos se remontan al año 1929, permitiéndonos incluso conocer el estado del tiempo de una fecha anterior en alguna de las mas de 9.000 estaciones de las que disponen información con datos históricos de las medias anuales, medias mensuales y la información histórica día a día, que nos permite ver, por ejemplo, cuál fue la temperatura media del mes de agosto en  España en 1960, un año antes de que empezara la serie, los registros o, si se quiere, la historia universal, que fue tres grados centígrados superior a la de este año:  28.2ºC.
 
 
    Podríamos eliminar el sesgo alarmista de la información, dándola de esta otra forma: "El mes de agosto de 1960 fue más cálido que el actual de 2024". O de esta otra: "Las temperaturas del mes de agosto de este año no han superado las que se alcanzaron en España en 1960 durante el mismo mes".  De hecho, según la citada fuente, la temperatura máxima alcanzada en aquel año fue de una media de 33,5ºC  y la mínima de 23,6ºC.
 
    Una  aguda viñeta de Andrés Rábago, El Roto, ilustra muy bien el sesgo alarmista que ha adquirido la omnipresente información meteorológica. De tener que protegernos de las inclemencias del clima, del frío en invierno y del calor en verano, un clima que casi siempre era 'variable' en las predicciones, ahora tenemos que protegerlo a él de nosotros, que somos los causantes del calentamiento global y del cambio climático:
 
     

sábado, 7 de septiembre de 2024

Bandada de jaicus

¿Qué puedo decir / que no fuera dicho ya / una y otra vez? 
oOo
 
 Vuelve el agua a fluir / al río que se secó; / se oye su canción. 
 
Caen a mis pies, / hojas lentas, yertas, muertas / al final del mes. 
 
Suave, arrastra el viento / las primeras hojas secas. / ¡Qué estremecimiento!
 oOo 
Día y noche, M. C. Escher (1938)
 
 Por el cielo azul / los pájaros en bandadas / volando se van. 
 
¡Cómo pasa el tiempo! / Otra vez voló el verano. / ¡Y no pasa nada! 
 
Zumba el abejorro / libando de flor en flor / y refunfuñando. 
 
El verano va / agostándose a su fin / lentamente ya.
 
Mece el viento sur / altas cañas de bambú: /¡Figúrate tú!
oOo
 
Tres mundos, M. C. Escher (1955)
 
 
No hay en el penal / celdas a disposición / libres que ocupar. 
 
Muy a mi pesar, / echo la vida a perder / ganándomela. 
 
Ganar es perder / en el juego del revés, / y perder, ganar. 
 
Yo no sé quién soy; / tampoco de dónde vengo / ni hacia dónde voy.
 
Ego sum qui sum, / habló el buey y dijo mu, / duro de testuz. 
 
¿Yo soy el que soy? / ¿Soy el que era y el que fui? / ¿Soy el que seré? 
oOo
 
Yo no sé sumar / por más vueltas que le doy / ¿uno y otro, dos? 

Tanto como saben, / y solo saben que sí: / no saben que no. 
oOo
Cinta de Moebius, M. C. Escher (1963)  
 
Presente y letal, / el virus del porvenir, / acechando está. 
 
¿Es delito odiar? / ¿No es lo mismo odiar que amar? / ¿Es delito amar? 
 
Un verano más. / Vino tinto con sifón / y una sed sin fin.