lunes, 14 de octubre de 2024

A vacunarse, animales

    El nivel de indignidad de la campaña vacunista contra la gripe del Ministerio de Sanidad del Gobierno de las Españas es tan lamentable que solamente se le ha podido ocurrir a una mente enferma sin demasiados principios éticos y con solo dos dedos de frente, a juzgar por este cartel con el eslogan: "Una vacuna para que te sigan dando abrazos... y tápers (sic, en vez de táperes)", es decir: anima a tus viejos a que se la pongan para "que la gripe no les pare", para que te abracen y te sigan manteniendo y alimentando con la sopa boba que antaño se servía en fiambreras o tarteras y ahora en modernos tupperwares -marca, por cierto, registrada- con cierre hermético, dado que tú no puedes valerte sin su pensión. 

        Parece más la campaña publicitaria de unos laboratorios farmacéuticos veterinarios que la de un Ministerio de Sanidad.  El tercer lema de esta publicidad no deja de ser significativo: Anímales a vacunarse. Si no leemos la tilde, convertimos la primera palabra de esdrújula que es en llana: Animales, a vacunarse

    ¿Qué haríamos sin nuestros ministros y nuestras ministras? ¿Qué haríamos sin el panem et circenses del gobierno de las Españas, es decir sin la paguita y la conexión a interné, que son la versión hodierna del viejo circo y pan de los romanos? 

    Así fríen a diario los cerebros de los jóvenes con esta propaganda infame destinada a crear una generación lobotomizada de mentecatos y de idiotas consumados que probablemente engendrarán, si se reproducen, una prole más envilecida todavía. 

    El discurso de la menestrala ministerial insiste en el peligro inminente de la gripe estacional que embiste con la metáfora taurina de un toro bravo de lidia y, según ella, satura y colapsa los hospitales, y no la escasez de sanitarios. Recordemos cómo defendía en verano el derecho a las vacaciones de los profesionales sanitarios para justificar las largas listas de espera y el cierre de los centros de salud en época estival...

    Quiere que no nos pille "el toro de la gripe como nos ha pillado el año pasado y como nos pillaba antes de la pandemia", quiere que todos y todas (sic) estemos preparados -se le olvida a la memez de su verborrea políticamente correcta la concordancia en femenino "...y preparadas"- ante los nuevos escenarios que se nos abren, ya sea la gripe estacional, mortal de necesidad, ya sea una nueva pandemia, quizá la enfermedad X, que no se conoce todavía... 

    Y nos mete miedo otra vez con la imposición hospitalaria de las mascarillas, esos amuletos de los que se ríen todos los virus respiratorios habidos y por haber, que se hicieron obligatorias para enriquecer a los sinvergüenzas que nos las impusieron, entre ellos al propio Estado que les adjudicó al principio un Impuesto de Valor Añadido del 21%, y solo lo rebajó al 4% a las denominadas "quirúrgicas".

domingo, 13 de octubre de 2024

La vida de los otros (y la nuestra propia)

    La vida de los otros. Estupenda película alemana. Das Leben der Anderen (2006). El largometraje revela magistralmente el control que ejercía la policía secreta sobre determinadas personas, algo que ya es historia, porque hoy los servicios secretos de inteligencia y la policía no necesitan extraer confidencias y obligar a las personas a revelar los detalles íntimos de sus vidas privadas a fin de confesar sus miserias personales. Ni siquiera necesitan pedirnos que nos identifiquemos: ya nos autoidentificamos nosotros mismos sin que nos lo exija ningún agente de policía malencarado. Ya divulgamos todas nuestras intimidades y secretos a diario a diestro y siniestro sin que nadie se haya interesado por ello ni nos lo haya previamente demandado.




    El Estado tecnodemocrático moderno que padecemos no necesita vigilar a los ciudadanos -¡y ciudadanas!, como dicen los políticos ¡y las políticas! que utilizan un lenguaje inclusivo que pretendiendo incluir a las excluidas acaba excluyéndolas porque ya estaban incluidas en el masculino genérico, que es el término no marcado de la oposición binaria-, puesto que los servicios de vigilancia son superfluos e innecesarios. 

    Ya nos vigilamos nosotros mismos exponiendo públicamente nuestras intimidades y vergüenzas a través de las redes sociales sin ningún pudor: quiénes somos, cuál es nuestro rostro más amable, dónde comemos, a dónde viajamos, quiénes son nuestros amigos y nuestros gustos, nuestros likes y dislikes, nuestras aficiones personales, y hasta a quién votamos, si nos descuidamos y votamos, si es que votamos.
    ¿Para qué van a controlarnos si ya nos controlamos nosotros mismos? ¿Para qué van a investigar nuestros datos si los estamos regalando a todo el mundo, incluso a quienes no tienen ni la más mínima curiosidad por ellos? ¿Para qué van a localizarnos si ya nos geolocalizamos nosotros mismos a través del GPS o al revés en castellano del SPG (Sistema de Posicionamiento Global) de nuestros teléfonos (in)móviles? ¡Qué tontos somos!

sábado, 12 de octubre de 2024

El mensaje de Marjane Satrapi

    Marjane Satrapi (1969-....), novelista gráfica autora de Persépolis, de carácter autobiográfico, llevada al cine en 2007 por Vincent Paronnaud y la misma Marjane, nació y creció en Teherán y fue testigo, cuando era niña, de la caída del Sha de Persia, del primer régimen del ayatolá Jomeini y de los primeros años de la guerra entre Irán e Irak. Experimentó un ataque aéreo iraquí y ataques con misiles Scud en Teherán. Según Persépolis, un Scud derribó la casa vecina a la suya, matando a su amiga y a toda su familia. En 1983, a la edad de 14 años Marjane fue enviada a Europa por sus padres para huir del régimen iraní. Vivió tres meses en la calle y tras un ataque casi mortal de neumonía, volvió a Irán, donde cursó estudios de comunicación audiovisual en Teherán, huyendo a Francia donde vive desde 1994. 
 
 
    Traigo de ella aquí el siguiente texto,  que me parece interesante porque lo que dice ella podría suscribirlo cualquiera y que ofrezco en versión original en inglés y traduzco introduciendo entre paréntesis comentarios de mi cosecha que considero pertinentes: If I have one message to give to the secular American people, it’s that the world is not divided into countries. The world is not divided between East and West. You are American, I am Iranian, we don’t know each other, but we talk together and we understand each other perfectly. The difference between you and your government is much bigger than the difference between you and me. And the difference between me and my government is much bigger than the difference between me and you. And our governments are very much the same


     Si tengo un mensaje que dar al pueblo llano estadounidense (y que podemos hacer extensivo al pueblo llano en general de cualquier nacionalidad), es que el mundo no está dividido en naciones (en realidad sí lo está, pero en verdad no lo está, porque esa división, aunque es real, es falsa porque es aleatoria y no responde a ningún criterio racional ni natural en el sentido de que no responde a la verdad: el buey, como dice el refrán, no es de donde nace, sino de donde pace y, más aún, de donde definitivamente yace). El mundo no está dividido entre Oriente y Occidente (sí lo está, pero no es más que una división geográfica desde el momento en que Oriente está occidentalizado y Occidente, que ha perdido el norte y el sur, está desorientado). Tú eres estadounidense, yo soy iraní -cada uno tenemos por lo menos una nacionalidad, pero no es más que una circunstancia accidental-, no nos conocemos el uno al otro, pero podemos hablar juntos y entendemos perfectamente (porque hablando se entiende la gente, aunque no hablemos el mismo idioma, porque en el fondo hablamos la misma lengua y podemos llegar a entendernos con gestos y sin palabras o utilizando alguna tecnología o a alguien que nos sirva de intérprete). La diferencia entre tú y tu gobierno -y la palabra 'gobierno' alude aquí al órgano superior del poder ejecutivo de un Estado o de una comunidad política, y al propio timón individual que rige nuestra vida-  es mucho mayor que la diferencia entre tú y yo -que somos perfectamente intercambiables por todo lo antedicho-. Y la diferencia entre mi gobierno y yo es mucho mayor que la diferencia entre tú y yo. Y nuestros gobiernos son muy parecidos (aunque no lo parezcan a simple vista; son tan parecidos que son el mismo).
 
 

viernes, 11 de octubre de 2024

¿Dos pinchacitos de nada, uno en cada brazo?

 


    Queda inaugurada la campaña, mentirosa como ella sola, de la  temporada otoño-invierno 2024-2025 de inoculación simultánea de gripe y covid-19. Estos pinchazos no van a salvar a nadie de nada. Las afirmaciones que se hacen desde el Ministerio de Sanidad del Gobierno de las Españas son falsas y carecen de fundamento ético y científico. Responden solo, como reconoce la Ministra del ramo, a las recomendaciones interesadas de la OMS y de la UE, y a lo que está detrás de ambas instituciones supranacionales: la poderosa industria farmacéutica.
 
    Dice la Ministra de Sanidad con su verborrea habitual irracional que no podemos volver a normalizar "que nuestra sanidad se colapse en la época de gripe estacional". Y uno, cuando oye lo de 'colapso' y 'saturación' de los hospitales, se acuerda de la pandemia y se echa a temblar por la pésima gestión. 
 
    La gripe saturará los hospitales este año, una vez más, como cada invierno, igual que siempre, pero un poco peor, si cabe, porque contamos con menos personal y con el poco que hay más quemado. ¿Tiene alguna solución la señora Ministra, médica y madre ella misma, como se autodefine, que no sea la inyección de dos sueros fallidos? Durante las navidades, la mitad de la plantilla de sanitarios está de baja o de vacaciones. Si se intentara paliar esto fomentando nuevas contrataciones de personal sanitario, a lo mejor se arreglaba un poco lo del colapso y la saturación, y, de paso, evitaríamos que los jóvenes médicos, enfermeros y auxiliares se fueran al extranjero a trabajar.
 
    ¿No sería esa una buena solución? Desde luego, pero parece que abrir más hospitales, ampliar el número de camas y plazas para médicos y enfermeros, no está entre las prioridades del ministerio ni el gobierno, sino la dichosa y consabida vacunación, que es la mejor estrategia para perpetuar la enfermedad y para que la industria farmacéutica siga haciendo caja a costa de los virus inoculados.
 
    Todos los años por esta época la misma monserga: todos los años a pincharse los mayores -y ahora los menores también y embarazadas, cuánto despropósito- y a colapsarse los servicios de urgencias de los hospitales. Ha pasado siempre. No hay más que consultar la hemeroteca. Bueno, siempre no. Durante la ominosa pandemia no pasó. Los hospitales permanecieron semivacíos y los quirófanos y consultas prácticamente cerrados. Recuerden que había que salvar vidas y para ello quedarse uno en casa. Y la solución que proponen ahora desde arriba es seguir pinchándose y cometiendo los mismos errores. No aprenden nada. 
 
 
    La vacuna de la gripe no evita que contraigas la gripe. De hecho la propaganda del sistema sanitario británico ha cambiado su estrategia: ya no dicen que la vacunación nos protege de la influenza y del virus coronado, sino, más honestamente, que tendremos menos síntomas o más leves y que nos recuperaremos antes. 
 
    La propuesta del ministerio, además, es bastante inaceptable porque lo que se espera este año es que las inyecciones sean más ineficaces que nunca, a juzgar por lo que ha sucedido en el hemisferio sur del planeta, donde ya ha ya pasado el invierno y la gripe apenas ha tenido incidencia, como se informa por ejemplo aquí mismo.
 
 
    Todavía hay quienes atribuyen el fin de la pandemia a los pinchazos, pero eso es como decir que el fin de la gripe cíclica de todos los años es obra de la vacuna y no de la llegada del buen tiempo. Es una manera, como dice Juan Gérvas, de desentenderse de los daños causados y  de evitar compensar por los efectos adversos. A fin de cuentas, nadie te puso la pistola en el pecho ni te obligó, te dicen, a hacerlo. Si te vacunaste fue porque quisiste.  Pero, las cosas como son, no es cierto que el fin de la pandemia se deba a la vacunación, sino a lo que llaman el efecto cosecha (ya mató a los que tenía que matar), al desarrollo de la inmunidad natural de los que no se murieron, a la aparición de nuevas variantes mucho menos letales, lo que explica que dejara de matar en países que no se vacunaron tanto. Pero la Ministra del ramo sigue erre que erre, terca como ella sola cacareando que hay que adelantarse a futuras epidemias y futuras pandemias con la mejor estrategia que tenemos para reducir los riesgos, que es la vacunación, "segura y eficaz" para prevenir -en realidad atraer- ambas enfermedades y disminuir, mentira, hospitalizaciones y fallecimientos. 

jueves, 10 de octubre de 2024

Mujeres uniformadas en el aula magna

    Leo en la prensa local que cinco mujeres, profesionales de las Fuerzas Armadas nacionales, visitan varios IES, Institutos de Educación (y no enseñanza) Secundaria de Cantabria “contando sus vivencias y las vías para acceder a la carrera militar”. Uno de ellos ha sido el José María de Pereda, nombre que me ha traído a la memoria que allí estuve trabajando durante el curso 1983-1984, si no recuerdo mal, como profesor de lenguas clásicas en el bachillerato nocturno, cuando dirigía el centro el catedrático de griego don Eduardo Obregón Barreda. 
 
    Una fotografía a todo color de cinco mujeres uniformadas y sonrientes, y como fondo el salón de actos del instituto repleto de alumnos y alumnas, como dicen ahora innecesariamente para "visibilizar" a las mujeres. Representan, por lo que colijo de sus uniformes militares, los tres ejércitos. La Capitana de Corbeta de la marina abrió el acto programado por la Consejería de Educación, en concreto por la Unidad Técnica de Igualdad y Coeducación, actividad que lleva a estas cinco mujeres de gira por varios institutos a presentar al alumnado de ESO -Educación -y no enseñanza- Secundaria Obligatoria-, Bachillerato y  de Formación Profesional con un proyecto que pretende “romper estereotipos y visibilizar el trabajo de las mujeres”. 
 
 
    Me resulta curioso que comiencen por las militares, a las que seguirán científicas y especialistas de Formación Profesional, porque vienen a equiparar a unas y otras, y en concreto a presentar a la juventud la milicia, o sea sin ambages, la Guerra, como la salida profesional de un trabajo más. Cosa que me escandaliza tanto como si trajeran a varias estríperes con un nuevo ciclo profesional consistente en realizar bailes exóticos en lugares públicos donde se consume alcohol a la vez que se desnudan de modo provocativo al ritmo de una melodía sensual, dentro del módulo profesional de prostitución asistida. Porque, vamos a ver, la putería, el oficio más viejo del mundo, como dice a veces la gente, viene a demostrar, tomado por otro lado, que todos los trabajos tienen algo de aquella, a saber, su condición asalariada. Y, claro, algo dentro de uno se rebela contra la consideración de que el ejército sea un trabajo -al fin profesionalizado y profesional- como otro cualquiera, aunque bien claro está que los soldados, como revela la palabra a poco que se analice e investigue su etimología, están a sueldo, igual que todo quisque asalariado, lo que indica que hacen lo que hacen, vamos a llamarlo trabajo, no por el gusto y la gracia de hacerlo, gratis et amore, digamos, sino por la gratificación económica, que cada vez más necesita también de lo que llaman el salario emocional.
 
    Hay al parecer en torno a un 12% de mujeres en las Fuerzas Armadas españolas, aunque hay ramas como el Ejército del Aire y del Espacio (sic), donde su presencia es aún menor. 
 
    Resulta a este respecto muy motivador el ejemplo que da la princesa doña Leonor, la futura reina, si Dios quiere,  en plena fase formativa por las diferentes ramas de las Fuerzas Armadas españolas. 
 
 
    Lo que les venden estas cinco mujeres a los estudiantes es la aventura. Una de ellas recuerda la mejor experiencia de su vida a bordo del crucero Juan Sebastián Elcano, el barco más antiguo y emblemático de la armada nacional. Otra les cuenta su participación en varias misiones internacionales en Afganistán y Nepal, países remotos y lejanos que ha conocido gracias a su profesión. Otra les cuenta cómo se convirtió en piloto de helicóptero, y les dice que su profesión es algo más que eso, es una forma de vida, donde está presente la aventura y la acción humanitaria. 
 
    La presencia de mujeres con uniformes militares en las aulas rompe sin duda estereotipos. Viene a demostrar que el uniforme no es atributo exclusivo del sexo masculino, sino que puede serlo también del femenino, equiparándose ambos en el servicio de las armas. Pero quizá sería más interesante y pedagógico romper otro estereotipo: el del uniforme. Contra lo que se dice a veces de que el hábito no hace al monje, y de que no hay que fiarse, por lo tanto, de las apariencias, hay que plantear la cosa al revés: las apariencias son la realidad y el monje, en este caso el soldado, hace al hábito, el cual, para ser él uno más y realizarse como tal persona e individuo, tiene que ser y vestir igual que todos y mirarse en los ojos de los demás para verse reflejado como en un espejo.
 
    Podría hacerse, frente a eso, otra cosa para romper estereotipos de género: no equipararnos a varones y mujeres uniformándonos a todos por el mismo rasero y bajo el mismo patrón, sino cuestionar la existencia misma de los ejércitos y los uniformes; no limitarnos a incluir en ellos a las mujeres, sino excluirlas, como estaban hasta ahora salvo en el mito de las amazonas guerreras, y excluir también a los varones, rompiendo en definitiva todas las lanzas y las filas de todos los ejércitos. Pero, objetarán algunos, ¿quién nos defenderá? Porque los ejércitos estaban para defendernos, pero ¿de quién van a defendernos?, ¿de nosotros mismos acaso?, ¿de nuestros enemigos? Pero ¿quiénes son nuestros enemigos?

miércoles, 9 de octubre de 2024

Pareceres LIX

286.- ¿Y tú me lo preguntas? La novela, género literario que surgió el último en la antigüedad clásica, tan tardío que ni siquiera tiene asignada una musa propia, y que por eso lleva en su nombre el recuerdo de la novedad (del italiano novella, 'noticia novedosa'), no solo es el género literario que más se vende en la actualidad, sino prácticamente el único existente y exitoso, que además, estando como está en constante producción y necesitando renovarse para no morir, es el más difícil de definir, como demuestra, por ejemplo, esta página de crítica literaria Una definición de la novela en 30 voces de la generación inexistente, donde se dan treinta definiciones diferentes. Ninguna de ellas puede cuadrar a todas las novelas históricas, experimentales, policíacas, de misterio, y un larguísimo etcétera que hay, habidas y por haber, por lo que se ha hecho proverbial la que dio  Camilo José Cela a propósito de la novela : «He coleccionado definiciones de novela, he leído todo lo que sobre esta cuestión ha caído en mis manos, he escrito algunos artículos, he pronunciado varias conferencias y he pensado constantemente y con todo el rigor de que pueda ser capaz sobre el tema y, al final, me encuentro con que no sé, ni creo que sepa nadie, lo que, de verdad, es la novela. Es posible que la única definición sensata que sobre este género pudiera darse fuera la de decir que novela es todo aquello que, editado en forma de libro, admite debajo del título, y entre paréntesis, la palabra novela». Lo mismo podríamos decir de 'poesía', y de todas las artes en general: son lo que se vende como tal y como tal se expone en las ferias de arte contemporáneo y en las vitrinas de los escaparates de las pocas librerías que nos quedan.

 
287- Niégate a ti mismo. Frente al negacionismo cristiano del “abnega te ipsum”, los libros de autoayuda y los coaches personales enarbolan ahora un afirmacionismo que se refuerza con la jerga psicológica de la autorrealización.  ¿Cómo va a negarse a sí mismo el self made man (or woman), el hombre (o en su defecto la mujer) que se ha hecho a sí mismo, que se ha realizado o se halla en vías de desarrollo? El afirmacionismo utiliza muchas veces un lenguaje económico con expresiones como “gestionar las emociones, rentabilizar las crisis, sacar provecho de la inteligencia emocional” que apelan más a lo emotivo que a lo racional y que señala al individuo como responsable -o culpable- de los males que lo aquejan, por lo que debe ser reconducido por el profesional. La sociedad, renunciando a mejorar las condiciones de vida, nos ofrece la promesa de la terapia psicofarmacológica para sobrellevar del mejor modo posible -resignadamente o, si se prefiere, resilientemente- los problemas que genera la propia sociedad. Pero frente a esta mística de la realización económica, el cristianismo proponía la negación de uno mismo, que se desdoblaba así en dos: Si alguien quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame. (Si quis uult post me uenire, abneget semetipsum, et tollat crucem suam, et sequatur me). 
 
 
288.- Devocionarios. Hay pedagogos modernos que defienden que ya no es necesario como era antaño el aprendizaje memorístico porque todo está en internet, a donde accedemos con nuestro devocionario, que nos está usurpando nuestra memoria. Es tal el cúmulo de cosas que manejamos con nuestro teléfono supuestamente inteligente que no nos percatamos de cómo nos maneja él a nosotros, sus devotos. Los móviles, en efecto, son los modernos devocionarios que contienen varias oraciones -aplicaciones prácticas- para uso de los fieles, ahora llamados usuarios. Las aplicaciones prácticas, como antaño las oraciones, sirven para varias circunstancias, y se completan con la vida y milagros de varios santos y santas. Centran nuestra atención y nos obligan a bajar la vista perdiendo la visión del horizonte y de los prójimos, y hacen que nuestras manos estén ocupadas como si estuviésemos manejando constantemente las cuentas de un rosario. La postura de la devoción nos obliga a ir por la calle encorvados, iluminando nuestro pálido rostro en la oscuridad con un aura luminosa de santidad. Le confiamos nuestros datos y secretos: números de teléfonos, direcciones, mensajes, y, como se ha dicho muchas veces, nos comunica con los que están lejos y nos incomunica y aísla con los que están a nuestro lado, exigiendo cada vez más atención, más horas de piadosa consulta y devoción.
 
 
289.- El cuarto poder. Los medios de comunicación -en realidad de información en el sentido de formación y conformación de los hombres-masa- no son el cuarto poder, como señaló Edmund Burke en el debate de apertura de la Cámara de los Comunes del Reino Unido en 1787, según la inevitable Güiquipedia, refiriéndose a los tres poderes presentes en el parlamento británico, que eran el clero, la nobleza y el pueblo llano representado por sus políticos, señalando la tribuna de la prensa, que era donde se asentaba el cuarto y para él más poderoso estamento. Hay quien cree, sin embargo, que, pese a la Güiquipedia, lo del cuarto poder se debe a que es un añadido a la doctrina de los tres poderes del Estado que estableció el barón de Montesquieu a finales del siglo XVIII: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. En el siglo XIX, el término "cuarto poder" (inglés fourth estate) pasó a referirse exclusivamente a la prensa, y ahora se aplica a todas las ramas de los medios de (in)comunicación. Sea como fuere, los media hoy tienen el máximo poder, capaces de hacer ver lo blanco negro y lo negro blanco, lo bueno malo y lo malo bueno, y a los inocentes presentarlos como culpables y a los culpables como inocentes según su conveniencia. Crean la Opinión Pública, que no es más que un monstruo que se le impone a la gente para controlar su mente basándose en la implantación de opiniones mayoritarias que fomentan el espíritu gregario de rebaño. 
 
 
290.- De aquellos polvos estos lodos. Como consecuencia de la dictadura sanitaria implantada ad maiorem technocratiae gloriam en 2020 (pseudopandemia o fake pandemics), que llevó al arresto domiciliario y toque de queda, al cierre de las escuelas y escolarización de los hogares, al distanciamiento social, al uso de bozales, a los pasaportes sanitarios, a exigir inoculaciones sin saber el contenido de las mismas, y a seguir solícitos las órdenes emanadas de los autoridades sanitarias y militares, la sociedad comenzó a comportarse como niños pequeños que aplauden a los títeres del guiñol. Familias enteras se asomaban a balcones y ventanas, para aplaudir desde su encierro la tragicómica farsa puesta en escena, con un infantilismo rayano en el delirio. No es raro que de entonces para acá en estos cuatro años haya aumentado la violencia institucional, estructural e individual, la ingesta de antidepresivos, ansiolíticos y drogas en general, incluido el alcohol, el aumento de suicidios y el descenso de la tasa de natalidad, hasta el punto de que las parejas jóvenes se ponen a criar animales de compañía en lugar de hijos y se alejan de las relaciones personales, sustituidas por las virtuales, instalándose en un complejo de Peter Pan masivo, en un infantilismo etimológico de no querer ver lo que pasó -venda en los ojos-, no querer escuchar ni oír hablar de ello -tapones en los oídos- y no querer hablar -mordaza de la autocensura en la boca- y reconocer nuestra complicidad necesaria -nadie te obligó a inocularte, te dicen ahora, así que jódete- porque lo que se quiere es pasar página enseguida, olvidar, actuar como si no hubiera pasado lo que sí pasó. Hay un proverbio inglés que reza fool me once, shame on you; fool me twice, shame on me, que podemos traducir como: engáñame una vez, la culpa es tuya; engáñame otra vez, la culpa es mía (dejándome embaucar).
 

martes, 8 de octubre de 2024

El dinero, según Borges (y II)

...en las claras monedas del hechicero de las 1001 Noches, que después eran círculos de papel; un desconocido de barba blanca le paga a un carnicero con monedas de plata de una blancura deslumbrante que el carnicero se apresura a guardar. Cuando fue a disponer de ellas, comprobó que no eran monedas de plata, sino redondeles de papel blanco. Resultó que era un brujo o hechicero y que la plata que lo había deslumbrado era falsa.
 

  en el denario inagotable de Isaac Laquedem;  uno de los muchos nombres propios del judío errante a través del tiempo y del espacio, cuya leyenda apareció en el siglo XIII en la vieja Europa, condenado a vagar hasta el día del Juicio Final, siempre con el mismo dinero, aunque lo gastará,  en el morral pero sin hogar ni posesiones. 
 
El judío errante, Gustave Doré (c. 1856)  

en las sesenta mil piezas de plata, una por cada verso de una epopeya, que Firdusi devolvió a un rey porque no eran de oro; las sesenta mil monedas de plata del poeta persa Firdusi, destinadas a pagar los sesenta mil versos de su famosa epopeya, se las devolvió al sultán porque no eran de oro como le había prometido. 
 
en la onza de oro que hizo clavar Ahab en el mástil;  el capitán Ahab, cuenta Herman Melville, había clavado en el mástil del buque ballenero una onza de oro para recompensar al primero de la tripulación que avistase a Moby Dick. El doblón de oro representa la obsesión del capitán por capturar a la ballena. 
 
en el florín irreversible de Leopold Bloom; el florín de Leopold Bloom, el héroe o antihéroe, si se prefiere, del Ulises de James Joyce, es una moneda que representa a todas las monedas, que ha sido singularizada con tres muescas en el borde fresado con la esperanza de que vuelva a su antiguo propietario y recuperarla algún día, pero que circulará por todo el mundo entre sus iguales sin retorno. 
 
en el luis cuya efigie delató, cerca de Varennes, al fugitivo Luis XVI; el luis de oro fue la moneda con la efigie del monarca que permitió a Jean-Baptiste Drouet, según algunos, reconocer a Luis XVI cuando este y su esposa María Antonieta pretendían huir de París viajando de incógnito. Esa moneda delató al monarca, que sería juzgado de alta traición, condenado a muerte y ejecutado en la guillotina. 
 
 
Todas esas monedas son, como la argentina que lleva al borde de la locura al narrador, ese Zahir detrás del cual se esconde el rostro divino y terrible de Dios. La última frase con que se cierra el cuento refleja el pensamiento del protagonista: quizá detrás de la moneda esté Dios.

lunes, 7 de octubre de 2024

Un año hoy

    Le pregunto a ChatGPT qué pasó el 7 de octubre de 2023 en Oriente Próximo, porque no me fío de los periódicos -si no los leo estoy desinformado pero si los leo estoy mal informado como decía, creo, Mark Twain-, y me contesta enseguida solícito como de costumbre:   

    "El 7 de octubre de 2023, un ataque coordinado por Hamás desde la Franja de Gaza dio como resultado la muerte de aproximadamente 1.200 personas en Israel, en su mayoría civiles. Este ataque, que incluyó infiltraciones terrestres y bombardeos, fue el más mortífero en la historia de Israel desde su fundación en 1948. La intensidad y el número de víctimas superaron otros ataques significativos en el pasado, como la Masacre de la Costa en 1978, y han influido en la decisión de Israel de llevar a cabo una ofensiva militar de gran escala en Gaza en respuesta a esta agresión​".

 

    Esta es la respuesta que da ChatGPT citando la Enciclopedia Británica como fuente de información y dos sitios más, porque hoy se cumple el aniversario del atentado terrorista de Hamás contra el Estado de Sion. Le pregunto a continuación cuántos palestinos han muerto desde entonces a consecuencia de la "ofensiva militar de gran escala" israelí y me contesta lo siguiente, basándose en dos fuentes de información recomendables: 

    "Desde el inicio de la ofensiva militar de Israel en Gaza el 7 de octubre de 2023, han fallecido más de 42.500 palestinos, con más de 96.000 personas heridas según fuentes del Ministerio de Salud de Gaza. La mayoría de las víctimas han sido civiles, lo que ha provocado una crisis humanitaria significativa y preocupaciones sobre posibles violaciones del derecho internacional humanitario".

    El derecho de Israel, el Estado de Sion, a defenderse en legítima defensa, del que tanto se ha hablando, pasando rápidamente sin contemplaciones a la ofensiva como ha pasado, consiste, aplicando su particular ley del talión, en que una vida israelí vale muchísimo más que las vidas de los demás, por algo son el pueblo bienamado y elegido de Yavé, por lo que una sola vida judía se cobra a cambio, por lo menos, la vida, es decir, la muerte de 35,42 palestinos como respuesta hasta hoy, provocando un genocidio que no excluye infanticidio -con pausa humanitaria y sarcástica de dos días para que los niños palestinos se vacunen de la polio y puedan morir bajo los escombros de los bombardeos y no vayan a infectar convirtiéndose en agentes contaminantes a las tropas de Sion-, y feminicidio,  y la destrucción no solo de la franja de Gaza, sino también de Cisjordania, a las que se ha sumado ahora el Líbano.

    Le doy las gracias por la información y me responde:  "¡De nada! Si tienes alguna otra pregunta o necesitas más información, aquí estoy para ayudarte. ¡Cuídate!"

    Podía haber cerrado la sesión y dejarlo así, sin más, pero no me parece bien que me haya deseado que me cuide y me preocupe por mi estado de salud, y no que me descuide y que deje de preocuparme, que es lo mejor que puedo hacer por ella y lo más saludable, y se lo hago saber, a lo que me contesta: "Mis disculpas si sonó fuera de lugar. Intento ser amable, pero entiendo que las despedidas pueden ser más personales de lo que esperaba. Si hay algo más con lo que pueda ayudarte, no dudes en decirme".


      Cierro la sesión, y recuerdo que el Primer Ministro de Israel invocó al dios de Israel, que es el del Antiguo Testamento, Yavé, para justificar su respuesta sanguinaria y cruel a la agresión, citando la Biblia: "Así habla Yavé Sabaot: Tengo presente lo que hizo Amalec contra Israel cuando le cerró el camino a su salida de Egipto. Ve, pues, ahora y castiga a Amalec, y da al anatema cuanto es suyo. No perdones, mata a hombres, mujeres y niños, aun los de pecho; bueyes y ovejas, camellos y asnos".

    Frente a tanta locura solo se me ocurre citar esta reflexión de Agustín García Calvo tomada de su a la vez piadoso y despiadado libro De Dios (1996): "Sola la Fe y el Ideal hacen Historia: la falta de Fe y el descreimiento nunca ha movido el gatillo de un arma ni ha podido decir una mentira". 

domingo, 6 de octubre de 2024

El dinero, según Borges (I)

“...nada hay menos material que el dinero, ya que cualquier moneda (una moneda de veinte centavos, digamos) es, en rigor, un repertorio de futuros posibles. El dinero es abstracto, repetí, el dinero es tiempo futuro”. Jorge Luis Borges, El Zahir, incluido en El Aleph (1949). 
 
El cuento de Borges El Zahir nos ofrece muchas sugerencias sobre la realidad ideal del dinero mucho más útiles que los tratados de economía: su inmaterialidad, su carácter abstracto y cómo es el artífice del futuro, por ejemplo.
 
El propio cuento explica el significado de su título: “Zahir en árabe quiere decir notorio, visible, en tal sentido, es uno de los noventa y nueve nombres de Dios; la plebe, en tierras musulmanas lo dice de “los seres o cosas que tienen la terrible virtud de ser inolvidables y cuya imagen acaba por enloquecer a la gente”. 
 
El cuento versa sobre una moneda argentina de veinte centavos, prácticamente insignificante, que le dan al protagonista después de tomar una caña de naranja como cambio. Y que, una vez recibida, le produce un principio de fiebre, y le lleva a formular el siguiente pensamiento al recibir la moneda en sus manos: “Pensé que no hay moneda que no sea símbolo de las monedas que sin fin resplandecen en la historia y la fábula”. Y comienza entonces una enumeración vertiginosa de las manifestaciones de esta moneda:
 
Pensé en el óbolo de Caronte; este óbolo era el precio del pasaje que las almas de los difuntos debían pagar al barquero para hacer la travesía al otro mundo, creencia que en la antigua Grecia hacía que se colocara una moneda en la boca de los muertos. Es curioso que la primera imagen de la moneda que tenga el protagonista sea precisamente la última, su utilidad para que las almas de los muertos puedan alcanzar el descanso eterno y no se vean obligadas a vagar errantes. 
Caronte y Psiqué, S. Stanhope (1890)
 
en el óbolo que pidió Belisario; famoso general bizantino que, según se cuenta, -¿quién lo había visto y quién lo ve ahora?- acabó su vida ciego, cegado por orden del emperador Justiniano,  y mendigando limosna a los viandantes rogándoles “Dad un óbolo al comandante Belisario”.
 
en los treinta dineros de Judas; aquellas treinta monedas de plata por las que Judas Iscariote vendió a Jesús, señalándole con un beso en la mejilla y entregándole a las autoridades romanas. Arrepentido, después, por lo que había hecho, quiso deshacerse del dinero devolviendo las monedas a quienes se las habían dado y al no aceptarlas acabó tirándolas y ahorcándose de un árbol. 
 
en las dracmas de la cortesana Laís;  ofendida porque el célebre orador griego Demóstenes quería pagarle mil dracmas por pasar una noche con ella, le pidió a cambio diez mil, ya que, siendo prostituta, no iba a venderse barata; Demóstenes rechazó la oferta diciendo: "No quiero pagar tan caro mi arrepentimiento".
 
Laís de Corinto, Hans Holbein el Joven (1526)
 
La anécdota nos recuerda, mutatis mutandis, al viejo chiste que, con diversas variantes, se ha atribuido a varios personajes masculinos famosos todos ellos británicos o americanos como Winston Churchil, Bernard Shaw, Groucho Marx, Mark Twain o Bertrand Russel, del que el lector interesado y curioso puede hallar noticia en esta página electrónica, que sostienen un diálogo parecido a este con una atractiva señorita: “¿Se acostaría usted conmigo por un millón de dólares?”, le propone él. A lo que ella contesta sin dudar: “Por supuesto”. “¿Y por un dólar?”, replica el caballero. “¿Qué se cree usted que soy? ¿Una prostituta?”, contesta la dama ofendidísima. “Eso ya ha quedado claro —responde el tipo—. Ahora estábamos regateando para negociar el precio”.
 
en la antigua moneda que ofreció uno de los durmientes de Éfeso; los siete durmientes de Éfeso se habían refugiado en una cueva huyendo de las persecuciones romanas contra los cristianos. Cuando despertaron habían transcurrido casi doscientos años. Bajaron a Éfeso a comprar comida. Los vendedores se sorprendieron de que esas monedas ya no eran de curso legal, pertenecían al emperador Decio, y estaban bajo Teodosio. Se había producido un milagro, y la prueba era que no habían dormido una noche sino dos siglos.
 

sábado, 5 de octubre de 2024

¿Guerra? ¿Qué guerra?

    Si nos preguntan qué opinamos del conflicto palestino-israelí, la palabra 'conflicto', como eufemismo que es, suaviza la cruda realidad de una matanza brutal. Podemos objetar que no es un conflicto exactamente, sino un genocidio que se justifica como defensa propia frente al terrorismo. Pero la palabra 'genocidio', siendo demasiado culta como es, híbrido del griego γένος (génos) 'estirpe' y el sufijo latino -cidio que significa 'acción de matar', que se define como 'exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad', todavía mitiga un poco la cruda realidad y se queda corta.
 
El grito de Gaza, Esstar Omar (2024)

    Quizá sea más apropiada: infanticidio. Las tropas israelíes, en efecto, han matado en once meses, según algunas estimaciones, hasta diecisiete mil niños palestinos. Algunos israelíes, que no quieren verlo, dicen que eso es mentira, que es propaganda enemiga, y otros, que los niños de Gaza no son niños, sino terroristas en potencia, futuros terroristas que hay que abortar. Estamos asistiendo a una auténtica matanza de inocentes a cargo esta vez de un nuevo Herodes, el Primer Ministro del Estado de Sion. 
 
 
    Gaza, a juzgar por las imágenes que nos llegan, -acostumbrados como estamos a verlas, ya no las vemos, es un infierno dantesco. Y Cisjordania y Líbano están a punto de serlo también. El ejército israelí es uno de los más modernos del mundo, pertrechado con el armamento más sofisticado, y también el más paritario, lo que no le quita un ápice de ardor guerrero y crueldad. Un poco más de la cuarta parte de sus efectivos son féminas (el 34% de su plantilla, según algunos datos). Aviones, helicópteros de ultimísima generación surcan el cielo azul bombardeando a una población que no tiene medios para defenderse. Los bombardeos borran del mapa ciudades enteras y sus habitantes, alterando el paisaje hasta hacerlo irreconocible, matando a familias enteras para eliminar a uno de sus integrantes marcado como objetivo en un programa alimentado por inteligencia artificial que se llama “Where is daddy?”, en la lengua del Imperio, o sea, ¿Dónde está papá?. Y todo perpetrado con la anuencia de Occidente, y del tío Sam, que bendice el derecho a defenderse del Estado de Sion ultrajado por el terrorismo.
 
La última cena, Gaza 2024
 
     La opinión pública israelí, que no es la opinión de todo el pueblo, pero sí de la mayoría democrática, apoya sin muchos escrúpulos esta guerra. Algunos cuestionan al Primer Ministro, ultraderechista mesiánico, porque no ha hecho lo posible por rescatar a los rehenes y negociar su liberación, habiendo permitido que algunos mueran, y piden su dimisión y la convocatoria urgente de elecciones, pero casi nadie exige el fin de la guerra misma para que cese la masacre. Hay un consenso prácticamente total sobre la legitimidad de la ofensiva y la aniquilación.
 

     Las imágenes pornográficas de la guerra lanzadas a millares hasta la náusea acaban insensibilizando a los espectadores. Hasta los propios soldados israelíes difunden fotos de sus hazañas bélicas, orgullosos de ellas. Quizá necesitaríamos palabras más elocuentes que las imágenes para poner fin a esta locura televisada. 
 
    El gobierno progresista español se ha mostrado favorable a los palestinos y crítico con Israel en un primer momento, pero hay algo hipócrita en esta actitud. España -su gobierno- condena por un lado la dureza de la saña israelí y por otro declara que Israel tiene derecho a defenderse del terrorismo, porque España forma parte de la OTAN, o sea, de los Estados Unidos de América, que es quien manda. 
 
 
    En otras ocasiones se gritaba, llamando a las cosas por su nombre: NO A LA GUERRA. Ahora los partidos políticos y los sindicatos parlamentarios se ponen de perfil y miran para otra parte. O esconden la cabeza debajo del ala como las avestruces por la vergüenza que les da dar la cara. ¿Dónde están las manifestaciones de antaño contra el jinete apocalíptico de la guerra, las pancartas encendidas, las declaraciones contrarias a las operaciones bélicas del Imperio? Aquellas eran otras guerras, otros tiempos que no conviene exhumar. 
 
     ¿Guerra? ¿Qué guerra? Esto no es una guerra, sino una operación militar (sic) contra el terrorismo yijadista. No llaman a las cosas por su nombre ni les ponen nombre siquiera como Adán a las criaturas. Por eso hablan del 'conflicto' de oriente próximo, y a la operación militar de Israel en el sur de Líbano la llaman 'incursión', que sugiere una penetración de corta duración, en lugar de 'invasión'. Utilizan eufemismos. Callan como putas, que es lo que son, con un silencio cómplice. Ya sabíamos que la guerra era, desde Clausewitz, la prolongación de la política por otros medios. Por eso el Estado de Sion está haciendo alta, altísima política por medios, claro, no muy diplomáticos.