Nos han puesto / un impuesto / al dichoso Ceodós / que espiramos / y exhalamos, / como hay Dios, mecagüendiós.
martes, 23 de julio de 2024
Coplas goliardescas (y III)
Nos han puesto / un impuesto / al dichoso Ceodós / que espiramos / y exhalamos, / como hay Dios, mecagüendiós.
lunes, 22 de julio de 2024
La virulencia del ferrocarril (Contra el Tren de Alta Velocidad)
Oponerse al TAV, que era la adaptación francesa del TGV (Train à Grande Vitesse) era fácil. Resulta algo más difícil oponerse al AVE, que es como se llama ahora el mismo engendro, porque el acrónimo AVE (Alta Velocidad Española), que sustituyó en 1990 a TAV (Tren de Alta Velocidad), que es como se llamaba hasta entonces, disimula muy bien lo que es y hace que nos olvidemos enseguida de la agresividad y lo mucho que implica la consecución de su significado ("alta velocidad"), y parece que uno se opone, por el significado del nombre común que oculta al acrónimo, al reino animal volador. El éxito del nuevo acrónimo se debe a la mayor facilidad de su pronunciación (una palabra bisílaba y llana, al fin y al cabo, compuesta por dos sílabas abiertas) en lugar de un monosílabo agudo que es además una sílaba trabada y difícil de pronunciar y reconocer para nuestro oído castellano, que, además, suena como una onomatopeya del tipo: plaf. Pero otra ventaja es la sugerencia del nombre común, que sugiere que este falso tren no corre como los de antes, sino que vuela, y deja volar la imaginación añadiendo a la connotación de velocidad que late bajo el acrónimo el sentido ecológico de las aves que conjugan ligereza y rapidez. El logotipo pretende, además, convirtiendo la letra uve en un par de alas de un ave, integrarse en el medio natural y rural, al que desprecia, porque pasa de largo arrasándolo, a gran velocidad.
La Alta Velocidad no es una solución sino el auténtico problema para nuestros pueblos y pequeñas poblaciones de eso que llaman la España vacía o vaciada, ya que tiene gravísimos inconvenientes, además del impacto ambiental, tales como dejarlos fuera del mapa del transporte público y de la circulación. La amenaza del AVE, con la pretensión de unir grandes ciudades como la capital del Reino de las España y la de Cantabria, aísla en realidad los pocos núcleos rurales que quedan en Castilla y La Montaña y hace que agonicen los trenes, mucho más útiles para la gente, de cercanías.domingo, 21 de julio de 2024
¿Galgos o podencos?
Es conocida la vieja fábula de don Tomás de Iriarte (1750-1791) titulada "Los dos conejos". No reproduzco aquí la versión original, sino esta otra más moderna en la que se han sustituido los conejos por liebres: Su fe cada cual defiende y su credo. / Ladrar de jauría que andaba al acecho / detrás de unas matas dos liebres oyeron. / -¡Que vienen los galgos, salgamos corriendo! / -No son galgos, mira, son raudos podencos. / -Esa es tu opinión y yo la respeto / mas no la comparto... Son galgos, sostengo. / -Tú votas que galgos y yo que podencos... / Y en medio de tanta disputa sin seso / a aquellas dos liebres alcance les dieron / y caza entre tanto, veloces, los perros.
sábado, 20 de julio de 2024
¡Ponte a la sombra, no te dé una insolación!
viernes, 19 de julio de 2024
Mensajería en el buzón
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jueves, 18 de julio de 2024
¡Gibraltar español!
La victoria deportiva de la selección española de fútbol, alias la Roja, sobre la inglesa se ha reinterpretado de alguna manera como si se tratara de una victoria militar en el campo de batalla del estadio de Berlín. No en vano antes del enfrentamiento habían resonado solemnemente los himnos nacionales de uno y otro reino poniendo firmes a los mandatarios y jugadores allí presentes. El Rey Felipe VI y el príncipe Guillermo de Inglaterra, en ausencia de su padre el Rey Carlos III, representaban respectivamente a las Españas y al Reino Unido de la Gran Bretaña. Ondeaban las banderas nacionales de una y otra nación rival, y miles de espectadores llenaban las gradas del estadio. Ya lo dijo una vez un jugador de balompié: “El fútbol es la guerra, y también ahí el triunfo es lo más importante”.
Tras el goal que decidió la victoria de España en el último momento del partido, el Borbón, corbata roja al cuello, al que acompañaba la infanta, pantalones rojos a juego con la Selección, perdió su regia compostura y se levantó del asiento como un hincha furibundo gritando “¡gol!” y celebrando el triunfo de la Roja, mientras se veía apesadumbrado al príncipe Guillermo, al que acompañaba su hijo, llevarse las manos a la cabeza y cubrirse el rostro como si no quisiera ver y reconocer la británica derrota.
España, pues, se alzó con el triunfo de la Eurocopa -la copa es el símbolo de la victoria, el botín arrebatado al enemigo que se exhibe como trofeo y preciado galardón-, y a continuación vino la gran celebración de la victoria en la villa, corte y capital del reino, en la que varios jugadores de la selección que representa los colores nacionales de la bandera rojigualda se unieron a los no pocos hinchas y aficionados que coreaban el grito de “Gibraltar español”, resucitando una vieja cantilena patriótica y franquista que ha sido calificada por el gobierno del Peñón como “rancia”, aludiendo quizá a su sabor añejo y anticuado, más propio de la dictadura del caudillo, cuando el Estado español reivindicaba su soberanía sobre la colonia británica, pero también desde la transición, porque cuando el hoy Rey Carlos de Inglaterra y su esposa Diana Spencer se unieron en matrimonio en 1981 decidieron iniciar allí, en Gibraltar, su Luna de Miel recién casados, detalle que, conocido previamente por la casa real española, motivó que los reyes a la sazón Juan Carlos y Sofía no asistieran al bodorrio.
El caso es que después de aquello los gobiernos españoles dejaron de reclamar la soberanía nacional sobre el Peñón, hasta que ahora los rancios cánticos patrióticos han resucitado de la mano de la victoria futbolera y provocado la indignación del ejecutivo gibraltareño, que en un comunicado hecho público ha mostrado su decepción: Se trata de una mezcla totalmente innecesaria de un gran éxito deportivo con declaraciones políticas discriminatorias que resultan enormemente ofensivas para los gibraltareños. El lamentable uso de la plataforma de la celebración en torno a la victoria de la Eurocopa para promover la idea de usurpar el territorio de Gibraltar es contrario al principio de que el deporte no debe utilizarse para promover ninguna ideología políticamente controvertida.
Si, la tierra, como dijo una vez un ex presidente del gobierno español, no pertenece a nadie, salvo al viento, lo cual no es cierto, porque la tierra tiene sus propietarios, que son los terratenientes, pero es muy bello y así debería ser, está claro que nadie tiene derecho a usurpar el territorio de Gibraltar, ni la corona británica ni la borbónica, ni los propios gibraltareños, que tan indignados se han sentido según sus autoridades, tampoco.
La ministra portavoz del gobierno español, por su parte, dijo enseguida que había que enmarcar esas manifestaciones en el contexto en que se celebraron y no había que sacarlas de ese contexto, que era la “gran celebración”, porque “la política exterior de un país la establece el gobierno de ese país”, con lo cual vino a decir a las autoridades del Peñón y del Reino Unido de la Gran Bretaña, que estuvieran tranquilas y mantuvieran la calma, que el gobierno español no iba a reivindicar su soberanía sobre dicho territorio.
¿Qué pasaría si se nos enseñase por la televisión sin su consentimiento previo y expreso el hermoso culete de alguna de las jugadoras de la selección española de fútbol femenino? ¿Sería sexismo, machismo, un atentado contra la integridad, intimidad y dignidad de la mujer?
miércoles, 17 de julio de 2024
El puente Mirabeau
Bajo el puente Mirabó corre el Sena / Y nuestro amor / Debo yo recordarlo / Venía siempre el gozo tras la pena
Anochezca suene la hora / Vase el día / Yo me quedo aquí y ahora
Quedemos de la mano frente a frente / Bajo el puente / De nuestros brazos pasa / De miradas la onda languideciente
Anochezca suene la hora / Vase el día / Yo me quedo aquí y ahora
El amor se va como la corriente / Se va el amor / Qué lenta la vida / Y la Esperanza qué violentamente
Anochezca suene la hora / Vase el día / Yo me quedo aquí y ahora
Días y semanas el tiempo huye / Ni el ayer / Ni los amores regresan / Bajo el puente Mirabó el Sena fluye
Anochezca suene la hora / Vase el día / Yo me quedo aquí y ahora
Puente Mirabeau sobre el Sena (París)
Sous le pont Mirabeau coule la Seine
Et nos amours
Faut-il
qu’il m’en souvienne
La joie venait toujours après la peine
Vienne la nuit sonne l’heure
Les jours s’en vont je demeure
Les mains dans les mains restons face à face
Tandis que
sous
Le pont de nos bras passe
Des éternels regards l’onde
si lasse
Vienne la nuit sonne l’heure
Les jours s’en vont je demeure
L’amour s’en va comme cette eau courante
L’amour s’en
va
Comme la vie est lente
Et comme l’Espérance est violente
Vienne la nuit sonne l’heure
Les jours s’en vont je demeure
Passent les jours et passent les semaines
Ni temps passé
Ni
les amours reviennent
Sous le pont Mirabeau coule la Seine
Vienne la nuit sonne l’heure
Les jours s’en vont je demeure
Guillaume Apollinaire, Alcools, 1913
El gran Léo Ferré puso música al poema de Apollinaire y lo canta:
martes, 16 de julio de 2024
"Sé tu mismo" (y te pagamos)
lunes, 15 de julio de 2024
Vuelven a la carga

domingo, 14 de julio de 2024
El fútbol, opio del pueblo, y los hinchas
"Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio.
Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente,en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno.
Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos.
Rara vez el hincha dice: “hoy juega mi club”. Más bien dice: “Hoy jugamos nosotros”. Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música.
Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha
movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos,
qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se
va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía.
En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van
apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también
el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde,
y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después
de la muerte del carnaval".




























