Gagá está, o sea, con las facultades mentales muy mermadas a causa de la provecta edad o con pérdida total de buena parte de ellas (coordinación, memoria, razonamiento lógico...). El abuelte está chocho perdido, y, por lo tanto, chochea. Debería ya estar disfrutando de una merecida jubilación, y, sin embargo, ejerce un alto cargo que rimbomba en la Unión Europea pues es Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y Vicepresidente de la Comisión Europea, en el ejecutivo comunitario de la señá Úrsula.
Acostumbrados nos tiene al empleo de metáforas. ¡Qué gran poeta se ha perdido! Lástima que no hable en verso y que prefiera esa farragosa prosa que utilizan los políticos profesionales. Después de haber dicho que Europa era un jardín y el resto del mundo una jungla donde impera el caos, o sea, la ley de la selva, se descuelga ahora con otra poética metáfora: "No podemos ser un herbívoro en un mundo de carnívoros". Lo que dicho en términos filosóficos viene a ser, como aclara el Alto Representante que así se las da de cultivado: "No podemos pasear con Kant en la mano en un mundo hobbesiano".
Insiste en que no podemos convertirnos en una potencia blanda, soft en la lengua del Imperio, y en que vivimos en un mundo donde la fuerza y las relaciones de fuerza tienen una importancia cada vez mayor. Lo dice antes en inglés: Vivimos en un mundo del Power politics, no de la fuerza de la política, entiéndase bien, sino de la política de la fuerza.
Una viñeta de El Roto sale al paso de la metáfora borreliana: una vaca le dice: "No se puede ser herbívoro en un mundo de carnívoros". ¡Efectivamente, Josep! ¡Que nos lo digan a nosotras! Y es que Europa no es precisamente vegetariana ni herbívora. No fuera malo. Pero no lo ha sido nunca a lo largo de su historia ni lo es ahora. Europa es omnívora, como la mayoría de los europeos
"No basta -perora y predica el Alto- con la prédica de los derechos humanos y con la prédica del orden basado en reglas, que, por supuesto, no hay que abandonar, simplemente tomar conciencia de que no es suficiente, que si queremos subsistir, y digo bien, subsistir, (...) tenemos que dotarnos de medios para hacer frente a esas amenazas (...) y entre esos medios están también, y lo digo sin ninguna clase de complejos, las capacidades militares".
El abuelete dice que Europa no tiene un ejército, y que él, y lo dice ahora en primera persona identificándose con esa abstracción como si Europa fuese él y él fuese Europa, tiene en Bruselas un montón de asesores militares "pero no tengo un ejército". ¡Lástima!
Aclara después que los ejércitos los tienen los estados miembros de eso que se llama Europa, la princesa fenicia raptada por Zeus, y que son solo ellos los que los pueden movilizar.
El vejete está gagá: no tiene un ejército propio, y quiere, beligerante, uno prpio para jugar a las guerras y a los soldaditos, y convertir la política en lo que siempre ha sido, una continuación diplomática de la guerra, y la guerra en una continuación de la política. Con sujetos como él, que son la mayoría, desgraciadamente, siempre estaremos en guerra: Siempre estamos en la guerra.


























