lunes, 18 de julio de 2022
El puto amo
domingo, 17 de julio de 2022
¿Por qué corres, Ulises?*
Las ocho de la mañana de un día cualquiera en la estación de Abando, Bilbao. El
tiempo apremia. Ni un minuto más ni un minuto menos para empezar la jornada
laboral con la rutinaria mansedumbre cotidiana de unas vidas que, subordinadas al
imperativo laboral, se rigen por las manecillas del reloj. Todos bailan al ritmo
del tictac que marca el tirano, que es el instrumento indispensable de la
dominación tecnodemocrática del siglo XXI que padecemos: todos al compás del
Capital y su corazón mecánico que determina los tiempos de ocio y trabajo
asalariado, la nueva forma de esclavitud imperante aquí y ahora que convierte
nuestra vida en tiempo esencialmente futuro y ahora mismo inexistente, es decir, en alienación remunerada.
Es una lata que ahora no se pueda abrir la ventanilla de un vagón, por ejemplo, y no te dejen asomarte. Lástima. No digamos ya que te obliguen a llevar el bozal en la boca, como obligan todavía en el reino de las Españas a los usuarios de los trasportes públicos (RENFE, la Red Nacional de Ferrocarriles de España, te recuerda lo que debes hacer "para protegerte y proteger a los demás": utiliza mascarilla siempre que viajes, aunque podrías quitártela -y perjudicarte a ti y a los demás- en el vagón cafetería para tomarte un sangüis y un refresco, o un café y un delicioso cruasán con parsimonia). Además no te da tiempo a degustar el paisaje de lo rápido que va el tren: te ponen, en cambio, una pantalla y si te descuidas te echan una película para que no veas lo que te rodea y sí, en su lugar, lo que te ponen.
Finalmente aparece la policía autonómica vasca -la policía, da igual su denominación de origen, es la misma en todas partes- que, tras identificar a los manifestantes, los invita a disolverse porque al parecer es un delito ir despacio por la vida, sin prisa, sin atropellar ni avasallar a nadie, entorpeciendo el apresurado ritmo de los que creen saber a dónde van y creen que van efectivamente a alguna parte.
A lo mejor alguno de los poquísimos que hayan leído esto hasta aquí se queda pensando que aquella docena de chalados que abogaban, como hago yo aquí inútilmente ahora, por la lentitud, expulsados por las fuerzas de orden público, tal vez tratan de decirnos algo a todos con su ejemplo y sus palabras, en lo que tienen no poca sino por el contrario muchísima razón.
(*) El título de esta entrada está tomado de una comedia de Antonio Gala estrenada en 1974.
sábado, 16 de julio de 2022
Flipante
En la playa con 37 grados bajo el ardor de justicia canicular de don Lorenzo, tomando el sol en traje de baño y con mascarilla quirúrgica en los morros.
Uno no sabe si echarse a reír o a llorar desconsolado. Al final del verano el tomador de baños de sol, como se decía antaño, tendrá un bronceado cuasiperfecto si no fuera por las marcas blancas del bañador y del tapabocas.
Hablando de mascarillas. ¿Es posible hacerse no ya una limpieza de boca en la clínica dental sino una simple revisión bucal sin quitarse el bozal? Según la Ley, no: Hay que llevar mascarilla en los centros, servicios y establecimientos sanitarios. En este apartado están incluidos los hospitales, centros de salud, farmacias, consultas médicas, centros de diálisis, diagnóstico, obstetricia, ginecología, banco de semen, ópticas o farmacias, clínicas dentales y un largo etcétera.

No digamos ya si alguien estuviera en cueros en una playa nudista con el barbijo, cosa que también se ha visto que de todo hay en la viña del Señor, aunque no se haya fotografiado, porque en las playas naturalistas están prohibidas las cámaras de los mirones.
Que la mascarilla, hablando en serio, es ineficaz e incluso nefasta, es algo que salta a la vista, dado que su uso generalizado no ha permitido controlar los víruses, que entran y salen por sus diminutos poros, que para ellos son gigantescos, a su antojo, por lo que no ha tenido ningún efecto positivo a la hora de evitar la propagación del virus coronado, y sí a la hora de aumentar, por el contrario, los problemas psicológicos y las patologías respiratorias. Pero además de saltar a la vista, como siente cualquiera, lo corroboran decenas de estudios y artículos científicos.
Se me objetará que no todos ellos tendrán la misma validez, por supuesto, que los habrá buenos y menos buenos. Claro. Y se me objetará que también hay muchísimos más estudios, sufragados por la industria farmacéutica y de fabricación de mascarillas made in China que avalan lo contrario, aunque, por supuesto, no todos ellos tendrán tampoco la misma calidad.
Dos ejemplos
clásicos: el tabaco y la leche maternizada. En los años sesenta se
publicaron numerosos estudios sobre las bondades del tabaco, hasta el
punto de que la mayoría de los médicos eran adictos a la nicotina, y se aconsejaba fumar hasta a las embarazadas... Nestlé, por su
parte, pagó muchos estudios sobre las bondades de la leche en polvo
maternizada en el sentido de que liberaba a las mujeres de la
obligación de la lactancia, permitía a los varones lactar a los
infantes, y poseía numerosas virtudes... ocultando la buena ciencia
de que la leche materna trasmite al infante la inmunidad.
viernes, 15 de julio de 2022
El mito de las edades y el progreso
Edad de Oro:
más de carácter atroz y pronta a las armas horrendas,
no aún criminal:
Pronto irrumpió en la edad más vil de la férrea vena
todo mal, y huyeron deber, verdad y vergüenza;
y en su lugar surgieron engaños, estratagemas,
trampas, sangre y afán criminal de bienes y hacienda.
Velas echaban al viento, sin que el marinero supiera
de él, y las quillas que habían crecido siempre en cimeras
cumbres saltaron en olas de desconocidas mareas.
Y, antes común como luz del sol y el aire, la tierra
la dividió agrimensor sagaz con larga lindera.
No le exigían tan sólo al rico terruño cosecha
y el merecido alimento, sino que en su entraña se adentran
y esos tesoros que había guardado y metido en sus negras
minas profundas, botín de malvados, ya desentierran;
y hubo surgido el vil hierro, y peor, el oro, que en venta
pone: surgió la que lucha con uno y con otro, la guerra,
y hace blandir las armas fragosas con mano sangrienta.
Viven a saco: ni fía el huésped de aquél que lo hospeda,
ni suegro de yerno, y es rara también la avenencia fraterna.
Trama el fin de su esposa el marido, del cónyuge aquella:
mezclan venenos amortajadores madrastras siniestras;
antes de tiempo el hijo la edad pregunta paterna.
Yace vencida Piedad, y abandona la Virgen, postrera
diosa, la tierra manchada de sangre, y se vuelve sidérea.
jueves, 14 de julio de 2022
¿Qué dice la señá Ema?
miércoles, 13 de julio de 2022
En la caverna platónica
Una cita que no conocía y que me ha gustado mucho enseguida: Podemos perdonar fácilmente a un niño que tenga miedo de la oscuridad; la verdadera tragedia de la vida es cuando los hombres tienen miedo de la luz. He investigado sobre ella y visto que se repite muchas veces en varios repertorios de máximas (en línea y en papel), así como en carteles y camisetas. Y en varios idiomas. Por ejemplo, en francés, que es como me llegó a mí la primera vez: On peut aisément pardonner à l'enfant qui a peur de l'obscurité; la vraie tragédie de la vie, c'est lorsque les hommes ont peur de la lumière. También, claro está, en la lengua del Imperio: We can easily forgive a child who is afraid of the dark; the real tragedy of life is when men are afraid of the light. Invariablemente se atribuye la hermosa cita a uno de los mayores filósofos, si no el que más, de todos los tiempos: Platón, que vivió entre el 428 y el 347 a.C. El único problema es que si nos ponemos a repasar toda la obra escrita del princeps philosophorum, Platón nunca escribió eso.
Atribuir esta cita a Platón, sin embargo, no resulta muy descabellado porque evoca, de alguna forma, su conocida alegoría de la caverna, que desarrolla al comienzo del libro VII de La República, su obra fundamental, donde Sócrates, su personaje preferido, describe la siguiente escena: unos seres humanos viven encadenados en el fondo de una cueva tenebrosa, frente a una pared en blanco, una pantalla, diríamos nosotros. Como están en lo más profundo de la caverna, viven de espaldas al mundo exterior, que no pueden ver. Sólo pueden ver las sombras que un foco de luz proyecta en la pared. Dan nombres a esas sombras, que son la única realidad que les es dado conocer.
Un día, uno de los prisioneros se libera de sus grilletes, y se aventura a salir fuera de la caverna, exponiéndose al mundo real de la luz y a su inicial deslumbramiento cegador, que da paso al asombro de lo que ve. Compadecido de sus compañeros, vuelve para explicarles lo asombroso que es el mundo real, y que todo lo que han visto y conocido hasta entonces es el engaño de una ilusión: meras sombras chinescas en una pared. Pero no le creen. Prefieren permanecer como están, como si se dijeran a sí mismos que vale más lo malo y conocido que lo bueno por conocer. Y permanecen donde están, apegados a las pantallas, literalmente encandilados, y encadenados a sus grilletes. Rechazan la luz y prefieren la oscuridad de la sala de cine donde se proyecta cualquier película de ficción en sesión continua. Los prisioneros encadenados serían los niños temerosos y asustadizos, por lo que la alusión a la luz y a la oscuridad se adecuan perfectamente a esta alegoría platónica de la caverna, que me gusta comparar con una sala de cine, o con el salón de nuestro hogar presidido por una pantalla de televisión.
Ya se ha dicho que Platón nunca escribió esa frase. Sin embargo, en la literatura latina, pueden rastrearse algunas formulaciones parecidas, en concreto en un pasaje del libro II (vv. 55 y 56, que se repiten idénticos como un leit motiv a lo largo de la obra en III vv. 87 y 88 y en VI vv. 35 y 36) del De rerum natura del filósofo poeta romano Lucrecio. Dice así en la traducción en hexámetros castellanos rimados de García Calvo: pues, tal como en ciega tiniebla a los niños todo en espanto / les hace temblar, así a plena luz nosotros temblamos: nam, ueluti pueri trepidant atque omnia caecis / in tenebris metuont, sic nos in luce timemus.
Critica Lucrecio con este estribillo los temores causados por la religión, los dioses y la muerte, que deben ser disipados a los ojos de la razón. Pero Lucrecio, que era un filósofo epicúreo, ha sido poco y muy mal leído a lo largo de la historia precisamente por sus ataques a la Religio. El Concilio de Trento de la Iglesia Católica en 1551 prohibió la lectura de la obra de Lucrecio. Quizá por un verso como aquel de Religio peperit scelerosa atque impia facta (De rerum natura, I, 83): La religión cometió criminales y crueles acciones.
No sucedió lo mismo con Séneca, el estoico, mucho más leído y celebrado que Lucrecio. Pues bien, Séneca cita a Lucrecio en su epístola 110 a Lucilio, donde repite los dos versos anteriores. Dice así Séneca, en la traducción de Ismael Roca Meliá: “La turbación de nuestros espíritus es tal como la ha descrito Lucrecio: En efecto, como los niños tiemblan y se asustan de todo en medio de oscuras tinieblas, así nosotros tememos en plena luz. Pues ¿qué? ¿No somos más insensatos que un niño cualquiera nosotros que tememos en plena luz? Pero es falso, Lucrecio, no tememos en plena luz: todo lo hemos convertido en tinieblas para nosotros.”
En otros pasajes de su correspondencia epistolar con Lucilio, Séneca abunda en la misma idea. Por ejemplo, en la tercera de sus Epístolas Morales a Lucilio, parágrafo 6: Así pues, habrá que tener en mente esto que leí en Pomponio: “Algunos hasta tal punto se han refugiado en la oscuridad, que consideran que está en confusión lo que está a la luz”: itaque hoc, quod apud Pomponium legi, animo mandabitur: "quidam adeo in latebras refugerunt, ut putent in turbido esse, quicquid in luce est." Y también en otra epístola, la 24, 18, una de las más leídas y profundas de Séneca que versa sobre el miedo a la muerte, leemos: Nadie es tan infantil que tema al Cancerbero (el perro guardián de los infiernos al que se le imagina con generalmente tres cabezas y triple ladrido), a las tinieblas y al espectro de las sombras formado de huesos descarnados: nemo tam puer est, ut Cerberum timeat et tenebras et larvalem habitum nudis ossibus cohaerentium.
Mucho menos conocido y leído Lucrecio que Platón, del que todo el mundo, por muy inculto que sea, ha oído hablar, aunque sólo sea en la expresión del “amor platónico”, alguien parafraseó su cita y se la atribuyó, para darle más autoridad y empaque, al princeps philosophorum, a Platón, y así nos llega hoy a nosotros.
martes, 12 de julio de 2022
Agilipollaos que estamos

Veinte años después de filmado el vídeo, el panorma, independientemente de quién regente la Moncloa, no ha cambiado nada en este aspecto. “Los partidos políticos son aquí y en todo el mundo organizaciones criminales en las que trabajan los peores elementos de nuestra sociedad, los más radicalmente antisociales. (...) Son lo que los griegos llamarían kakistocracia, el gobierno de los peores. (...) Estamos bastante jodidos, sí, y nuestros hermanos africanos aún más jodidos y llorando muchas muertes. Bastante mal, y no creo que nadie al mando tenga intención de parar esto. Los matarifes de Melilla fueron felicitados desde lo más alto de la montaña de mierda que es el poder en este triste país. Moncloa es un antro, el peor antro y siempre lo ha sido.”
Santiago Sierra: 3000 huecos de 180 x 50 x 50 cm. cada uno. Dehesa de Montenmedio, Vejer de la frontera (Cádiz). Julio de 2002.
lunes, 11 de julio de 2022
De la paz y de la guerra
La siguiente reflexión de Cicerón sobre la guerra y la paz, sacada de su contexto, que es la
séptima Filípica que escribió el orador contra Marco Antonio, me parece muy oportuna
en cualquier caso: Nec ego pacem nolo, sed pacis nomine bellum
inuolutum reformido, que viene a decir algo así: Yo no estoy contra la paz, pero me produce espanto la guerra envuelta en
el nombre de la paz.
domingo, 10 de julio de 2022
La culpa fue del chachachá.
Nuestro entrañable periódico global, publicaba ayer un artículo del periodista Manuel Jabois, que era una entrevista a la neuróloga Mar Castellanos, en el que se trataba de normalizar, en el sentido que ha adoptado esta palabra bajo la Nueva Normalidad en la que vivimos, es decir, de hacer pasar por normal lo que de ningún modo lo es, los ictus y las enfermedades cardiovasculares, a fin de tranquilizar, supongo, a sus lectores reafirmándoles en sus creencias. Se titulaba: “El ictus afecta cada vez más a personas en edad laboral. Las enfermedades cardiovasculares son una epidemia”.
Entre otras cosas, se leía allí que la enfermedad cerebrovascular era la primera causa de mortalidad en mujeres en nuestro país, y la segunda en hombres. Y, preguntada la neuróloga por la razón de que hubiera cada vez más jóvenes afectados por estas dolencias, decía: La primera razón es nuestro estilo de vida: mala alimentación, tabaco, exceso de alcohol, sedentarismo. Cosa que yo, que no soy neurólogo ni pretendo serlo, no oso negar ni poner en duda desde luego.
Se decía también, y aqúí comenzaba lo que podemos llamar 'corrección política de la propia percepción de las cosas de la realidad' que siempre se tenía la percepción de que el ictus era una
enfermedad tremendamente ligada a la edad, que le pasaba sobre todo a
la gente mayor, y era una percepción cierta. Ya no lo es. Más del
60% de pacientes que sufren un ictus tienen menos de 65 años. (Nótese cómo se afirma que lo que era cierto antes -que los menores de 65 aniversarios no solían sufrir ictus o eran casos muy raros- ya no lo es ahora, lo que, por muchas vueltas que se le dé, no puede ser verdad).
Con afirmaciones de esta índole se regularizan, por así decirlo, es decir se hacen pasar por habituales, fenómenos que nunca lo habían sido hasta la fecha. Así se normalizan, por ejemplo, los trombos, achacándole toda la responsabilidad a... : El colesterol, por ejemplo. Si comemos muchos productos grasos y, especialmente, las grasas malas que se nos recomienda tantas veces disminuir, generamos daño en las arterias. Y favorecemos la calcificación y las placas de colesterol en ellas, que en un momento determinado se pueden soltar. Son trombos que van por la circulación y tapan determinadas arterias, por ejemplo en el cerebro.

La solución que propone la neuróloga a estos problemas es muy sencilla y razonable: llevar una vida sana, sin colesterol. Pero enseguida surge el tema del deportista, del que todos hemos oído algún caso alguna vez, que lleva una vida impecablemente sana, sin malos hábitos, y que de repente sufre en la flor de la edad y durante un entrenamiento o una competición un ictus inesperado que lo incapacita seriamente si no se lo lleva directamente al otro barrio.
La respuesta de la neuróloga a la
pregunta de a qué puede deberse ese fenómeno es diplomática: puede haber muchas causas y a continuación señala una de ellas en particular: Hay una serie
de razones, entre las cuales está la genética.
El desconcierto del ictus es que, según la neuróloga: “Viene de golpe. Lo que define al ictus es que una persona está bien, aparentemente perfecta, y a los dos segundos deja de estarlo. Los síntomas de otras enfermedades aparecen más progresivamente; los del ictus son tan rápidos que el tiempo en reaccionar es esencial para sobrevivir, o para no sufrir una discapacidad.” La neuróloga está hablando de cómo evitar los efectos desastrosos del ictus, para lo cual es importante la rapidez en la reacción, pero sigue sin explicarnos por qué ahora son tan frecuentes estos fenómenos y antes no lo eran.
En ningún momento se
trata el tema de la posible responsabilidad de las inoculaciones experimentales y masivas de la población contra el virus coronado en esto, cuyos efectos secundarios se desconocían. El efecto
primario, sin embargo, se conoce ya muy bien: no evitan ni la
trasmisión ni el contagio del virus, ni tampoco las
formas graves de la enfermedad ni la muerte. O su efecto positivo es tan evanescente y dura tan poco la positividad que
hace falta siempre una sobredosis: una cuarta, quinta, sexta... el cuento de nunca acabar. Y nunca, como ha
reconocido algún preboste, está uno completamente inmunizado porque
la pauta completa dura menos que un suspiro y está, por lo tanto, contra su definicion, condenada a la incompletud, siempre pendiente de completar.




























