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sábado, 7 de febrero de 2026

Brevia

 SVA CVIQVE PERSONA

Cada cual tiene su propia máscara. Persona significa "máscara" en latín, de ahí personaje y personalidad. La cara, que, no lo olvidemos, es el espejo del alma,  según el refrán, es la persona,  y la persona es la máscara teatral,  cómica o trágica o, generalmente, ni lo uno ni lo otro en estado puro, sino dramática mezcolanza, porque la vida no es una comedia o una tragedia sino una tragicomedia, la farsa que todos llevamos a cabo, como dijo Rimbaud, el poeta adolescente.  Todos somos 'personae' en esta tragicomedia y quizá, como Octavio Augusto,  según cuenta su biógrafo Suetonio, debamos preguntarnos al final de nuestra vida si merecemos un aplauso por nuestra actuación, aunque tal vez no haya que esperar a ese momento para preguntarnos eso, sino que podemos hacerlo ahora mismo, por ejemplo. El latinajo es de Séneca.
 
 
LA CRATERA DE HÉLENA
En un pasaje de la Odisea inagotable de Homero se narra cómo la legendaria Hélena, la mujer más hermosa de toda Grecia, tan bella que parecía la humana encarnación de la divina Afrodita, alejaba las preocupaciones de su esposo Menelao dándole a beber un brebaje del país del Nilo que diluía en el vino, calmando así el dolor, la angustia y la ira bajo su conjuro. Ese opiáceo egipcio era “grande remedio de hiel y dolores, y alivio de males”, por decir con un hexámetro en legua de Castilla lo que cantaba el griego en la suya con divinas y aladas palabras. Era una droga tan poderosa que podía consolarlo a uno de cualquier pena, como la de perder a un padre, a una madre, a un hermano o a un hijo queridos. Se hizo proverbial en la antigüedad refiriéndose a ella como la “cratera de Hélena”, aludiendo a la vasija, que eso quiere decir cratera, donde se mezclaba el agua con el vino puro para diluirlo, y denominando con el nombre del continente el misterioso contenido que le daba Hélena a probar a Menelao.

El rey Menelao y la bella Hélena, Jan Styka (1858-1925)
 
HERACLITANA
Oigamos las misteriosas palabras de  las perturbadoras tres brujas de Macbeth de Shakespeare que cantan a coro: “Hermoso es lo feo y es feo lo hermoso”. Ellas nos enseñan la lógica de la contradicción, nos enseñan a ver la belleza en la fealdad y la fealdad en la belleza: lo que es feo es bello y lo que es bello es feo. De igual manera podrían enseñarnos a ver que lo malo es bueno y lo bueno es malo, como nos inculcaron desde nuestra más tierna infancia pedagógicamente. 

Macbeth y las tres brujas, Théodore Chassériau (1855)

300 HÉROES MUERTOS
Según Herodoto, el padre de la Historia, fue Simónides de Ceo el autor del dístico elegíaco grabado sobre una piedra en el paso de las Termópilas que conmemoraba la célebre batalla. El epigrama de Simónides –escueta composición poética compuesta por lo general de dos versos, un hexámetro y un pentámetro dactílicos, para inscribir como epitafio sobre una tumba- transmitido por el historiador griego recuerda a los trescientos espartanos que cayeron heroicamente protegiendo el desfiladero de las Termópilas en el año 490 antes de la era cristiana a las órdenes de Leónidas, el león de Esparta, defendiendo Grecia de la invasión de las huestes persas del rey Jerjes, y alcanzando una heroica muerte bajo la lluvia de las infinitas flechas que los acribillaron. El lacónico epigrama asocia la idea de obediencia a las leyes con la muerte, que hace que los trescientos pasen a la Historia, porque solo lo que está escrito está muerto y viceversa:
 ὦ ξεῖν’, ἀγγέλλειν Λακεδαιμονίοις ὅτι τῇδε 
 κείμεθα τοῖς κείνων ῥήμασι πειθόμενοι νομίμοις.
 
Ve, extranjero, a decir a Esparta tú que nosotros
obedeciendo a su ley   muertos yacemos aquí.

 HIPOCRESÍA Y TEATROCRACIA
Los griegos llamaronn al actor ὑποκριτής “hypokrités”; esta palabra subsiste curiosamente en nuestra lengua como reproche que se le hace a alguien por su falsedad bajo la forma “hipócrita”: el que actúa y no precisamente en un escenario, sino en la realidad, es decir, el mal actor, el que representa a un personaje en las tablas del poco noble teatro de la vida cotidiana. El divino Platón, por su parte, inventó la palabra θεατροκρατία “teatrocracia” que podría recobrar vida e importancia en este mundo nuestro contemporáneo que a veces ha sido descrito como “sociedad del espectáculo” (Guy Débord). La teatrocracia correspondería a este estado de degeneración de la democracia en el que gobernaría la mayoría (oclocracia o gobierno de la masa propiamente dicha), que nunca totalidad, del público. Es el gobierno de la chusma y del populacho, dicho con todo el poder despectivo de esta última palabra. Es el gobierno de la Opinión Pública, pero no el gobierno del pueblo, porque el pueblo, la gente no es una masa de individuos y cada individuo un voto, como pretenden los políticos que sea para que sea sólo eso y nada más que eso, sino algo vivo y palpitante, que está, a poco que se la deje hablar y se le preste oídos a lo que dice, diciendo siempre que no a todas las imposiciones que sobre ella se fundamentan, y, en concreto, a la farsa de la realidad. 
  

domingo, 4 de agosto de 2024

Como borregos

    El historiador romano Salustio nos ha transmitido un discurso de Gayo Licinio Macro (a veces llamado “Mácer” conservando su nombre original latino, en lugar de adaptarlo al castellano como se debe, que es Macro), tribuno de la plebe romana en el año 73 antes de Cristo, dirigido a la misma. La figura de Licinio Macro, que llegara a ser pretor en el 68 a. de C., y que dos años después fuera acusado de soborno y extorsión por Cicerón y condenado, lo que provocó su suicidio, no nos interesa ahora, como tampoco su labor de analista y autor de una crónica de la historia de Roma en dieciséis libros, que se ha perdido. 

    Cicerón admite de mala gana que nuestro Macro, que ponía especial énfasis en la lucha de clases entre patricios y plebeyos, tomando partido indiscutible por estos últimos, fue un orador de cierto valor, del que llega a decir que tenía una admirable precisión (mira accuratio)  en el hallazgo y disposición del material (in inueniendis componendisque rebus)  pero uno diría que era más fruto de la experiencia (ueteratoriam) que habilidad discursiva innata (oratoriam). 

    Nos interesa resaltar un fragmento de uno de sus discursos dirigidos a la plebe en el que establece una comparación muy significativa que se ha convertido en un tópico literario que se aplica a las personas que eligen voluntariamente la servidumbre en lugar de la libertad, actuar more pécorum (que Séneca reformula más tarde como pécorum ritu): al modo de los borregos, como el rebaño, igual que corderos... (Salustio, Historias, fragmento 48.6 Maurenbrecher), que dice así en traducción de Bartolomé Segura Ramos:

“Sin embargo todos los demás que han sido elegidos para defender vuestro derecho han vuelto contra vosotros toda su fuerza y poder por granjearse un favor, por medio de promesas o de recompensas, y consideran mejor delinquir a cambio de dinero que obrar honestamente gratis”.

    Lamenta así Macro la deriva de otros tribunos de la plebe, como él, que, a diferencia de él, en lugar de defender a sus electores se han vuelto contra ellos, y han preferido faltar a su deber por dinero que representar a la plebe “gratis et amore”, es decir, por las meras gracias y amor de hacerlo, sin que medie remuneración. Hay que tener en cuenta que todos los cargos públicos en la república romana eran honoríficos, es decir, no estaban reribuidos económicamente, por lo que quien se dedicaba a la política profesionalmente no lo hacía a cambio de ningún salario, sino por el honor que eso le confería. La política era gratificante, no tenía, como en la actualidad, ningún interés económico.

“De manera que todos se han echado en brazos de la tiranía oligárquica, de esos que en nombre de la guerra han tomado posesión del erario, de los ejércitos, reinos y provincias, y tienen un alcázar en vuestros despojos”,

    Todos, reprocha Macro a sus colegas, se han subordinado al dominio de unos pocos (“in paucorum dominationem”), unos pocos que han agitado el fantasma de la guerra para enriquecerse a costa del erario público

“mientras que vosotros, que sois multitud, a la manera de borregos, os entregáis a ellos para que cada uno os posea y haga usufructo de vosotros, privados de todo cuanto os dejaron vuestros mayores, con la diferencia de que vosotros mismos con los votos os dais ahora por amos a quienes antaño eran vuestros defensores”.

    El reproche de Macro se dirige ahora a sus electores plebeyos acusándolos de actuar como el ganado, entregándose voluntariamente a la servidumbre de unos amos que ellos mismos han elegido democráticamente (“per suffragia”) cuando debieran velar por defender sus derechos y protegerlos.

    Mientras prosigue con su resumen de la historia del conflicto entre patricios y plebeyos, presenta la tergiversación lingüística como el medio a través del cual ("per militare nomen") los patricios han logrado enriquecerse por la vía del robo.

    Macro, más adelante, advierte a sus oyentes de la perversión lingüística y el peligro de modificar los nombres de las cosas (“nomina rerum”), describiendo como paz (“otium”) lo que es realmente esclavitud (“seruitium”): “Por lo que os pongo sobre aviso y os ruego que tengáis presente no cambiar los nombres de las cosas conforme a vuestra dejadez, y no llaméis tranquilidad a vuestra esclavitud.”

     En Los hermanos Karamazof de Dostoyesqui se pone en boca del Gran Inquisidor la disposición del hombre a la necesidad de seguridad y no de libertad: la propensión a pertenecer a un grupo, en la religión, en el partido, señalando así que nos sentimos más seguros en el rebaño “pecorum ritu”, como había sostenido Séneca: Les convenceremos de que no serán verdaderamente libres más que cuando hayan confiado a nuestro favor su libertad.

domingo, 7 de abril de 2024

De límites, muros y fronteras

    En el prefacio del libro I de sus Naturales quaestiones, Séneca el Joven (o el Filósofo, o Séneca junior, como se prefiera llamarlo) se plantea lo poco naturales que son precisamente las fronteras que han trazado los seres humanos -los mortales, dice él-, y se muestra partidario de su supresión. Las barreras que nos parecen más naturales, impuestas por accidentes geográficos como cordilleras, ríos, mares o desiertos, no son obstáculos infranqueables, sino convencionales. 

 

    Como la naturaleza no bastaba por sí sola para separar a los seres humanos, incluyendo a la manada y excluyendo a los demás, estos acabaron por levantar muros y murallas a tal efecto. Ni siquiera el miedo a lo desconocido, representado por el HIC SVNT LEONES ("aquí están los leones") de la cartografía del África subsahariana, o por los monstruos marinos del Océano servían como muralla que no pudiera franquearse si se lograba vencer el miedo, que es el mayor de todos los muros. 

    Un biógrafo antiguo del emperador Adriano, Elio Esparciano, escribió en su Vida de Adriano (11.2) inserta en la Historia Augusta la razón por la que el emperador inició la construcción del muro que lleva su nombre y que todavía se conserva en muchos de sus tramos y constituía el limes Britannicus dividiendo el Reino Unido en dos: qui barbaros Romanosque diuideret: para separar a extranjeros y romanos.


Vista del Muro de Adriano

    El texto dice: "Así pues, acostumbradas las tropas a su monárquico mando (ergo conuersis regio more militibus), se dirigió a la Gran Bretaña (Britanniam petiit), en donde corrigió muchos abusos (in qua multa correxit) y levantó el primero un muro de ochenta millas de longitud (murumque per octoginta milia passuum primus duxit), que separase a bárbaros y romanos (qui barbaros Romanosque diuideret)".

Vista del muro de Adriano

    Por eso, por miedo, se levantaron y se siguen levantando todavía muros y murallas  como el citado muro de Adriano,  , o como el que mandó construir Julio César de diecinueve millas de longitud y dieciséis pies de altura con su correspondiente foso, del lado de acá del río Ródano, desde el lago Lemán hasta el monte Jura, para contener a los helvecios e impedir que atravesaran en su masiva fuga la provincia romana, la Provenza.

    Por miedo se levantó, por poner un ejemplo más famoso, la Gran Muralla china que delimitaba la frontera norte del imperio chino y lo protegía así de la invasión de los mongoles; o el limes Romanus, que se aprovechó de los caudalosos cauces del Rin y del Danubio; o el muro de más rabiosa actualidad de Gaza que se interpone entre Israel y Palestina; o el muro fronterizo de México y los Estados Unidos; o, por no ir tan lejos, la valla de Melilla entre nosotros. 

 
Ilustración de Michaela Hellmich, Ein Comic als Caesar-Lektüre

    He aquí lo que exclama Séneca cuando uno se halla ante uno de esos hitos: O quam ridiculi sunt mortalium termini! ¡Oh, qué ridículas son las fronteras de los mortales! [...] Danuvius Sarmatica ac Romana disterminet; que el Danubio separe las tierras de la Sarmacia del imperio romano; Rhenus Germaniae modum faciat; que el Rin ponga el límite a la Germania; Pyrenaeus medium inter Gallias et Hispanias iugum extollat; que la cordillera de los Pirineos se interponga entre las Galias y las Españas; inter Aegyptum et Aethiopas harenarum inculta vastitas iaceat. que un inmenso desierto de arenas se extienda entre el Egipto y las Etiopías!

    Si a Séneca le parecían ridículas las fronteras que él cita, a menudo formadas por ríos o por cordilleras u otros accidentes geográficos, ¿qué pensaría viendo un mapa actual no geográfico sino político de África, cuyas fronteras han sido trazadas con frecuencia con tiralíneas, escuadra y cartabón?

    La raíz de la palabra latina terminus, por cierto, parece que es *terH2-, la misma que aparece en el prefijo trans- tan de moda y en el verbo intrare. Tiene paralelos en las lenguas indoeuropeas, por ejemplo entre las itálicas en osco y umbro, pero también en griego, celta e hitita. La palabra terminus, relacionada con termen terminis, mojón significa linde, límite que se pone al territorio, y, ocasionalmente y en contexto cómico, miembro viril también. De la palabra terminus deriva el verbo terminar, sinónimo de acabar, de llegar hasta el final de algo, que indica que no hay nada más allá: non plus ultra, como la leyenda de las dos columnas de Hércules tras las que supuestamente se abría el anchuroso mar y ninguna tierra... Pero el mundo no terminaba ahí: había un más allá, siempre lo hay, porque lo que no hay nunca es un término, un límite, un lindero, un confín determinado o línea divisoria que no pueda traspasarse, pero los mortales, como decía Séneca, han trazado fronteras los mapas, límites terminantes y también, habida cuenta de que el verbo terminare admitió los prefijos de- y ex-,  determinantes del territorio y exterminantes. 

Dibujo del dios Término, Hans Holbein jr., con la inscripción "concedo nulli": no cedo ante nadie.

    Había en Roma al parecer un dios Término, divinidad que consagraba los límites y que demarcaba los campos con su señal ya fuera una piedra o una estaca, estableciendo hasta dónde llegaba la propiedad privada, y dónde comenzaba la ajena.

sábado, 16 de diciembre de 2023

Ultima Thule

     La Nasa, que es en la lengua del Imperio el acrónimo de la National Aeronautics and Space Administration, lo que en la nuestra vale por Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio o algo por el estilo,  ha subido a la Red imágenes de  MU69 2014, denominado Ultima Thule, el asteroide actualmente más distante de la Tierra jamás explorado que parece, dicen, un muñeco de nieve, ubicado a seis mil seiscientos millones de quilómetros de nuestro planeta. Ahí es nada.


 
    Llama la atención el nombre latino que le han puesto: Ultima Thule, una expresión que evoca un lugar más allá del mundo conocido gracias a Virgilio. Designaba una isla muy lejana e inalcanzable en un pasaje de las Geórgicas donde el poeta pronosticaba la divinización del emperador Augusto y consiguientemente del Imperio romano que regía. Son los versos 29 y 30 del libro primero: An deus immensi uenias maris ac tua nautae / numina sola colant, tibi seruiat ultima Thule. Seas dios del mar inmenso,  y los marineros / culto a ti solo te rindan y sirva la última Tule. Afirmaba allí el poeta, servidumbres del arte al poder establecido que lo apesebraba, que el Poder del Imperio y del Príncipe que lo regía llegarían hasta la “última Tule”, la más remota de las tierras en los confines del universo. No hace falta decir que hasta allí no llegó nunca aquel imperio ni ningún otro porque, entre otras cosas, el universo no parece que tenga confines, y porque no hay Imperio que dure tanto que no acabe derrumbándose: siempre hay plus ultra, siempre hay más allá, no porque haya algo, que no lo sabemos, sino porque lo que parece que no hay es límite ni término ni fin. ¿Quién le pone puertas al campo? ¿Quién le pone lindes al espacio?

    Fue otro poeta no épico sino dramático, Séneca, el que recogió la expresión virgiliana en su tragedia Medea en un dímetro yámbico (v. 379) nec sit terris ultima Thule, donde al decir de algunos se pronosticaba, mil quinientos años antes del evento, el descubrimiento de América. Así tradujo Valentín García Yebra el pasaje: “Pasados los años, vendrán tiempos nuevos: / Soltará el Océano los lazos del orbe, / y un gran continente saldrá de las olas, / y Tetis la gloria verá de otros mundos. / Y entonces la tierra no acabará en Tule.” De Tule comenta el traductor que era una isla nórdica legendaria, no bien identificada, a seis días de viaje desde las Islas Británicas. Para algunos podría tratarse de Noruega, para otros de Islandia y para otros de Mainland, la mayor de las Shetland, pero no era ninguna de esas islas conocidas. Se trataba de una isla fabulosa de difícil localización, alejada del mundo conocido. 
 

    Una vieja amiga me recuerda a propósito que de la legendaria Thule, precisamente, era reina Sigrid, la eterna novia vikinga del Capitán Trueno, historieta con la que disfrutaron tanto en su infancia tantos niños españoles de mi edad. 

     Los americanos de la NASA no han tomado el nombre ni de Virgilio ni de Séneca, sino probablemente de las guerras estelares de la saga cinematográfica Star Wars de George Lucas. Allí, como decía un personaje de la serie: "Sé dónde está. El planeta se llama Thule... Allí es donde está enterrada la Segadora Oscura". Thule, el planeta imaginario con el que pretenden ahora distraernos y mantenernos entretenidos, permanentemente atentos siempre a nuestras macro- y micropantallas.

martes, 30 de agosto de 2022

Un hombre (o lo que es lo mismo una mujer) como Dios manda

No se nace hombre/mujer, se llega a serlo (Άντρας/γυναίκα δε γεννιέσαι, γίνεσαι) era el lema del Athens Pride u Orgullo de Atenas del año 2016 del movimiento LGTB, basado en la celebérrima frase de Simone de Beauvoir: On ne naît pas femme, on le devient (No se nace mujer, se llega a serlo), extraída de su libro de 1949 El segundo sexo
 
 
El lema del orgullo ateniense incluye también a los varones, y viene a decirnos que nazcamos con el sexo 'natural' que nazcamos e independientemente de él, el género atribuido a dicho sexo es una construcción cultural y arbitraria, y por lo tanto una imposición social. La distinción entre sexo (natural, corporal) y género (social, cultural) significa que el sexo biológico es lo que heredamos al nacer, a partir del cual la sociedad impone a través de la educación tanto formal como informal unos patrones de “género”. Si el sexo es el cuerpo, el género sería el alma de ese cuerpo, es decir, la conciencia de ese cuerpo, el estereotipo azul masculino o rosa femenino, la identidad sexual.
 
Rebuscando entre nuestros clásicos el origen de la cita de Simone de Beauvoir, parece que su fuente más cercana cronológicamente sería Erasmo de Rotterdam, que en su tratado sobre la educación De pueris statim ac liberaliter instituendis sóbre cómo educar a los niños, publicado en 1519, escribe: ...los hombres, créeme, no nacen, sino que se hacen (...homines, mihi crede, non nascuntur, sed finguntur).  El contexto en el que aparece la frase es que los árboles nacen, aunque no den fruto o lo den silvestre, y los caballos también nacen, aunque no se utilicen, pero los hombres en sentido general no nacen, sino que deben modelarse. El verbo finguntur, que hemos traducido por 'se hacen', significa básicamente 'se forman, se moldean, se construyen' pero también 'se forjan, se urden, se fraguan' con el sentido de 'se inventan'. De hecho el verbo fingere del que procede ha originado en castellano 'fingir' y 'ficticio''.
 
Retrato de Erasmo de Rotterdam
 
Erasmo, como buen conocedor de los clásicos, se inspira a su vez en Tertuliano, el padre de la iglesia y denominado Cicerón cristiano, que en Apologético (18,4) escribía: fiunt, non nascuntur christiani. (Los cristianos se hacen, llegan a serlo, no nacen). 
 
Cierto es que a Tertuliano le debemos también otra cita que contradice aparentemente la de que el cristiano no nace sino que se hace, y que se ha hecho bastante célebre: ¡Oh testimonio de un alma cristiana por naturaleza! (O testimonium animae naturaliter christianae!). Viene a decir que el alma es por naturaleza cristiana.  Pero como afirma en otra parte hablando del alma humana: No eres, por lo que yo sé, cristiana. Pues (el alma) suele hacerse, no nacer cristiana (Non es, quod sciam, Christiana. Fieri enim, non nasci solet Christiana (sc. Anima). El alma no es o no suele ser, matiza Tertuliano, cristiana por naturaleza.
 
Y Tertuliano, a su vez, seguramente había leído en el tratado de Séneca De ira (2, 10, 6):  Sabe que sabio nadie nace, sino que se hace (scit neminem nasci sapientem sed fieri), frase que suele citarse sin hipotaxis: Sabio nadie nace sino que se hace (nemo nascitur sapiens, sed fit), con lo que conectamos con el refranero castellano, inspirado seguramente en el filósofo cordobés, Nadie nace enseñado, que a veces se cita, como en la novela La Pícara Justina, seguido de: ...si no es a llorar.    
 
 
Lo definitivo de nuestra época, volviendo a la frase del orgullo ateniense de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales es que tanto a varones como a mujeres se nos impone al nacer un género o estereotipo sexual, con el que podemos estar de acuerdo (cisgénero, lo llaman) o no estarlo, y en este caso nos brindan la posibilidad de cambiar de género (transgénero, lo llaman), con lo cual no nos libramos de la dualidad de la dictadura de los géneros, que salen reforzados, como si no hubiera más que uno: ser un hombre o una mujer, que viene a ser lo mismo, como Dios manda, que se decía antes, o como los cánones políticamente correctos nos prescriben en estos tiempos laicos y prácticamente seculares en que uno puede elegir su estereotipo sexual con independencia de su sexo, pero no librarse de estereotipos sexuales. 
 
En ese sentido se me ocurría a mí 'corregir' la frase de Simone de Beauvoir, añadiendo que el destino de la mujer en el siglo XXI que quisiera liberarse de la obligación de ser, es decir, de hacerse mujer y llegar a ser un prototipo femenino era, igual que el destino del varón, hacerse y ser un hombre y llevar los pantalones con todas las de la ley, un hombre como Dios manda, lo que está muy lejos de ser una liberación, sino todo lo contrario: la mujer no nace, sino que se hace... un hombre.

miércoles, 13 de julio de 2022

En la caverna platónica

    Una cita que no conocía y que me ha gustado mucho enseguida: Podemos perdonar fácilmente a un niño que tenga miedo de la oscuridad; la verdadera tragedia de la vida es cuando los hombres tienen miedo de la luz. He investigado sobre ella y visto que se repite muchas veces en varios repertorios de máximas (en línea y en papel), así como en carteles y camisetas. Y en varios idiomas. Por ejemplo, en francés, que es como me llegó a mí la primera vez: On peut aisément pardonner à l'enfant qui a peur de l'obscurité; la vraie tragédie de la vie, c'est lorsque les hommes ont peur de la lumière. También, claro está, en la lengua del Imperio: We can easily forgive a child who is afraid of the dark; the real tragedy of life is when men are afraid of the light. Invariablemente se atribuye la hermosa cita a uno de los mayores filósofos, si no el que más, de todos los tiempos: Platón, que vivió entre el 428 y el 347 a.C. El único problema es que si nos ponemos a repasar toda la obra escrita del princeps philosophorum, Platón nunca escribió eso.

    Atribuir esta cita a Platón, sin embargo, no resulta muy descabellado porque evoca, de alguna forma, su conocida alegoría de la caverna, que desarrolla al comienzo del libro VII de La República, su obra fundamental, donde Sócrates, su personaje preferido, describe la siguiente escena: unos seres humanos viven encadenados en el fondo de una cueva tenebrosa, frente a una pared en blanco, una pantalla, diríamos nosotros. Como están en lo más profundo de la caverna, viven de espaldas al mundo exterior, que no pueden ver. Sólo pueden ver las sombras que un foco de luz proyecta en la pared. Dan nombres a esas sombras, que son la única realidad que les es dado conocer. 

 

    Un día, uno de los prisioneros se libera de sus grilletes, y se aventura a salir fuera de la caverna, exponiéndose al mundo real de la luz y a su inicial deslumbramiento cegador, que da paso al asombro de lo que ve. Compadecido de sus compañeros, vuelve para explicarles lo asombroso que es el mundo real, y que todo lo que han visto y conocido hasta entonces es el engaño de una ilusión: meras sombras chinescas en una pared. Pero no le creen. Prefieren permanecer como están, como si se dijeran a sí mismos que vale más lo malo y conocido que lo bueno por conocer. Y permanecen donde están, apegados a las pantallas, literalmente encandilados, y encadenados a sus grilletes. Rechazan la luz y prefieren la oscuridad de la sala de cine donde se proyecta cualquier película de ficción en sesión continua. Los prisioneros encadenados serían los niños temerosos y asustadizos, por lo que la alusión a la luz y a la oscuridad se adecuan perfectamente a esta alegoría platónica de la caverna, que me gusta comparar con una sala de cine, o con el salón de nuestro hogar presidido por una pantalla de televisión.

      Ya se ha dicho que Platón nunca escribió esa frase. Sin embargo, en la literatura latina, pueden rastrearse algunas formulaciones parecidas, en concreto en un pasaje del libro II (vv. 55 y 56, que se repiten idénticos como un leit motiv a lo largo de la obra en III vv. 87 y 88 y en VI vv. 35 y 36) del De rerum natura del filósofo poeta romano Lucrecio. Dice así en la traducción en hexámetros castellanos rimados de García Calvo: pues, tal como en ciega tiniebla a los niños todo en espanto / les hace temblar, así a plena luz nosotros temblamos: nam, ueluti pueri trepidant atque omnia caecis / in tenebris metuont, sic nos in luce timemus.  

    Critica Lucrecio con este estribillo los temores causados por la religión, los dioses y la muerte, que deben ser disipados a los ojos de la razón. Pero Lucrecio, que era un filósofo epicúreo, ha sido poco y muy mal leído a lo largo de la historia precisamente por sus ataques a la Religio. El Concilio de Trento de la Iglesia Católica en 1551 prohibió la lectura de la obra de Lucrecio. Quizá por un verso como aquel de Religio peperit scelerosa atque impia facta (De rerum natura, I, 83): La religión cometió criminales y crueles acciones.

    No sucedió lo mismo con Séneca, el estoico, mucho más leído y celebrado que Lucrecio. Pues bien, Séneca cita a Lucrecio en su epístola 110 a Lucilio, donde repite los dos versos anteriores. Dice así Séneca, en la traducción de Ismael Roca Meliá: “La turbación de nuestros espíritus es tal como la ha descrito Lucrecio: En efecto, como los niños tiemblan y se asustan de todo en medio de oscuras tinieblas, así nosotros tememos en plena luz. Pues ¿qué? ¿No somos más insensatos que un niño cualquiera nosotros que tememos en plena luz? Pero es falso, Lucrecio, no tememos en plena luz: todo lo hemos convertido en tinieblas para nosotros.”

    En otros pasajes de su correspondencia epistolar con Lucilio, Séneca abunda en la misma idea. Por ejemplo, en la tercera de sus Epístolas Morales a Lucilio, parágrafo 6: Así pues, habrá que tener en mente esto que leí en Pomponio: “Algunos hasta tal punto se han refugiado en la oscuridad, que consideran que está en confusión lo que está a la luz”: itaque hoc, quod apud Pomponium legi, animo mandabitur: "quidam adeo in latebras refugerunt, ut putent in turbido esse, quicquid in luce est." Y también en otra epístola, la 24, 18, una de las más leídas y profundas de Séneca que versa sobre el miedo a la muerte, leemos: Nadie es tan infantil que tema al Cancerbero (el perro guardián de los infiernos al que se le imagina con generalmente tres cabezas y triple ladrido), a las tinieblas y al espectro de las sombras formado de huesos descarnados: nemo tam puer est, ut Cerberum timeat et tenebras et larvalem habitum nudis ossibus cohaerentium.

    Mucho menos conocido y leído Lucrecio que Platón, del que todo el mundo, por muy inculto que sea, ha oído hablar, aunque sólo sea en la expresión del “amor platónico”, alguien parafraseó su cita y se la atribuyó, para darle más autoridad y empaque, al princeps philosophorum, a Platón, y así nos llega hoy a nosotros.

sábado, 7 de mayo de 2022

Viajar ¿para qué?

    ¿Qué necesidad tiene uno de viajar y de meterse en un medio de trasporte como es el avión, donde los pasajeros van apelotonados como si fueran sardinas enlatadas?  ¿De qué puede servirle a alguien viajar? ¿De evasión? ¿Acaso de distracción momentánea? Efectivamente. Y de poco más que eso. El viaje, desde luego, ya no sirve para conocer un mundo que es cada vez más homogéneo, y más igual a sí mismo, donde Oriente se ha desorientado, nunca mejor dicho, y ha acabado occidentalizándose. El viaje, por lo tanto, ya no existe: ha sido sustituido por el turismo, que es una de las industrias que más capital mueve. 
 
    Desengañémonos, ya no hay viajes: lo único que hay, y mucho, es turismo, que viene del francés “tour”, sí, como el “tour” de Francia, y que significa “vuelta”: porque el turista es el que da vueltas, más vueltas que un tonto, y más vueltas todavía hasta descubrir un buen día en el mejor de los casos que no va a ninguna parte dando tantas vueltas como da, que es como una peonza que siempre está girando sobre sí misma en el mismo lugar. 
 
"Tourist go home, you are the terrorist".
 
    El viajero de verdad, por el contrario, no sabe a dónde va, a diferencia del turista que conoce muy bien el destino al que se dirige antes de emprender el viaje, del que podría muy bien prescindir pues no va a aportarle nada que no sepa ya.   Cuando viajamos cambiamos de paisaje y paisanaje, pero nosotros no cambiamos por el mero hecho de trasladarnos: sólo cambia el lugar donde nos encontramos, nuestra posición en el espacio, no nosotros mismos. 

    Hay un pensamiento de Pascal muy oportuno a este respecto. Dice que ha descubierto que toda la infelicidad humana radica en no saber estarse quietos en un lugar: “ne savoir pas demeurer en repos dans une chambre”, literalmente: no saber permanecer en reposo en una habitación

    La necesidad de movernos, de no parar quietos, de no saber estar tranquilos en ningún lugar, de ser como el gato hiperactivo que cuando está fuera quiere entrar y cuando está dentro quiere salir, igual que la mosca cojonera tras el cristal, nos obliga continuamente a ponernos en circulación y a trasladarnos de un lugar a otro sin descanso. 
 
Fotografía de uno de los viajes del IMSERSO
 
     Le pasaba al poeta Horacio, que hablando de sí mismo, reconocía: "Romae rus optas; absentem rusticus urbem / tollis ad astra leuis." Lo que viene a decir algo así como: Quieres en Roma el campo; ya rústico, la urbe lejana, / frívolo, subes al cielo. Cuando estaba en Roma echaba en falta la paz y el silencio del campo, y cuando se hallaba en la campiña, donde disponía de una cómoda residencia regalo de Mecenas, añoraba el ajetreo y el bullicio de la gran ciudad. No estaba contento en ningún lugar disfrutando de sus ventajas, sino que echaba siempre en falta las que no tenía en ese momento. Le pasaba a él y nos pasa a nosotros, los modernos.

    ¿De qué le sirve a uno viajar, aparte del hecho de hacer turismo, algo que ya está hecho antes de hacerlo, porque el turista sabe lo que debe ver, lo que debe comer, las fotos que debe tomar para asegurarse de que ha estado en el destino al que se dirigía? De eso se aprovechan las agencias de viaje del capital privado y el propio Estado en programas de termalismo y turismo como los que organiza el IMSERSO en España para engañarnos como a bobalicones y vendernos sus paquetes turísticos. Y, sin embargo, ya lo cantó Baudelaire: “Amer savoir celui qu' on tire du voyage”. ¡Cuánta razón tienen los poetas!: Saber amargo aquél que se saca del viaje. Un saber que deja mal sabor de boca al descubrir que el viaje es un engaño de las angencias del gremio respectivo y del Estado que lo promocionan.

    Ya se lo decía Séneca a su querido Lucilio, que era como su alter ego, en la carta número 28 de su voluminosa correspondencia, cuyo titulo podía ser: "Nadie huye de sí mismo": ¿Que esto a ti solo, piensas, te ha pasado y te extrañas como de cosa nueva de que con tan largo viaje y con tantas mudanzas de parajes no te has sacudido la tristeza y el agobio de tu alma? Hoc tibi soli putas accidisse et admiraris quasi rem nouam quod peregrinatione tam longa et tot locorum uarietatibus non discussisti tristitiam grauitatemque mentis? Debes cambiar de mentalidad, no de atmósfera. Animum debes mutare, non caelum. Aunque cruces el anchuroso mar, aunque como dice nuestro Virgilio, “tierras atrás y ciudades se alejen” te seguirán a donde quiera que vayas tus vicios. Licet uastum traieceris mare, licet, ut ait Vergilius noster, terraeque urbesque recedant, sequentur te quocumque perueneris uitia.  
 
  
    (Si no nos gusta demasiado la traducción moralizante de "vicios", podemos decir más sencillamente: "problemas, preocupaciones". La sombra, metáfora de la negra cuita, como cantó el poeta Horacio, siempre acompaña al jinete que galopa huyendo de sí mismo: post equitem sedet atra cura. Pero sigamos leyendo lo que Séneca le escribe a su amigo Lucilio:)
 
    A uno que se quejaba de eso mismo Sócrates le dijo:¿Por qué te extrañas de que no te valgan de nada los viajes, cuando te pones en circulación? Hoc idem querenti cuidam Socrates ait, 'quid miraris nihil tibi peregrinationes prodesse, cum te circumferas? Te agobia la misma causa que te obligó a partir.” premit te eadem causa quae expulit'. ¿En qué puede reconfortarte la novedad de las tierras? Quid terrarum iuuare nouitas potest? ¿Qué el conocimiento de ciudades y paisajes? quid cognitio urbium aut locorum? A nada va a parar ese trajín. in irritum cedit ista iactatio. ¿Quieres saber por qué no te consuela esa huida? Quaeris quare te fuga ista non adiuvet? Huyes contigo mismo. tecum fugis.
 
    Una de las quejas más frecuentes de los destinos turísticos consiste en decir que había muchos turistas, como si quienes lo dicen no fueran igualmente turistas, como si quisieran encontrar algo auténtico y no, como suele decirse, para turistas.  Por eso hay tantos turistas, pero ningún viajero, porque el viajero de verdad no sabe a dónde va, mientras que el turista sabe muy bien a dónde va: al mismo hotel, al mismo restorán, al mismo país, al mismo sitio siempre.
 

 
    Cualquier cosa les vale a los turistas, como la fotografía de arriba a lado de la pintada 'tourists go home'; son como esponjas que absorben  y se enorgullecen de todos los residuos y nocividades con tal de que entre ellos se incluyan sus imágenes.
 

domingo, 20 de marzo de 2022

"Matarse por no morir"

    Antes de que acuñara Séneca la máxima stultitia est timore mortis mori (Epístolas a Lucilio, 70.8): es tontería morir por temor a la muerte Lucrecio había escrito (De rerum natura: III, vv. 79-82): et saepe usque adeo mortis formidine uitae / percipit humanos odium lucisque uidendae, / ut sibi consciscant maerenti pectore letum, / obliti fontem curarum hunc esse timorem: ...y hasta a las veces por miedo a la muerte un asco tan hondo / de vida a los hombres les entra y de ver el cielo tal odio, / que en negra congoja la muerte se dan, olvidados del todo / que de sus penas aquel miedo era la fuente y el pozo... : O lo que viene a ser lo mismo, pero en prosa:  El temor a la muerte suscita en los humanos tanto odio a la vida, y a la visión de la luz, que, con pecho afligido, se dan muerte a sí mismos, olvidando que este temor es la fuente de tales cuitas.  
 
    El poeta Ovidio, por su parte, sentenció  (Metamorfosis, IV 115), timidi est optare necem: Es de cobardes desear la muerte, a propósito del suicidio de Píramo, que clava la espada en sus ijares creyendo muerta a su amada Tisbe, de lo que se siente culpable.
 
Mosaico de Píramo y Tisbe, Casa de Dioniso (Pafo, Chipre, siglo III d. C.)
 
     Así glosa este mote ovidiano don Sebastián de Covarrubias Orozco en hendecasílabos rimados en sus emblemas morales: No se tiene por mucha valentía / el darse un hombre a sí propio la muerte. / Antes juzgan ser miedo, y cobardía, / por no esperar en la dudosa suerte: / que se puede trocar en solo un día / y en una hora, al menos el que es fuerte, / no  vuelve el rostro al riguroso hado, / ni muere como vil, desesperado. 

 
     
    Se acompañan sus versos de la figura mitológica de Ayax Telamonio o si se prefiere Ayante, el hijo de Telamón, conocido como el Grande, que enloqueció cuando fue Odiseo y no él quien recibió la herencia de la armadura de Aquiles, mató a un rebaño de ovejas creyéndolas sus enemigos, y acabó quitándose la vida derrocándose sobre su propia espada. 
 
 El reino de Flora, Nicolas Poussin (1631)
 
    En El reino de Flora, de Nicolas Poussin, se refleja, entre otros detalles, el suicidio de Ayante clavándose la espada a la izquierda del lienzo. 
 
    Frente a estos ejemplos mitológicos y legendarios de Píramo y Ayante de Telamón,  Marcial, por su parte, pondera la barbaridad de un tal Fanio -personaje ficticio o quizá real pero oculto tras ese pseudónimo- y otros semejantes que se mataron ellos mismos porque no los matasen sus contrarios y contrariedades: Así dice el epigrama latino:  Hostem cum fugeret, se Fannius ipse peremit. /  Hic, rogo, non furor est, ne moriare mori?  Don Manuel Salinas hizo esta sucinta pero elegante traducción del epigrama: Fannio, ansioso por huir / del que su muerte procura, / se mató: ¿no es gran locura / matarse por no morir? Quevedo, en cuatro octosílabos, traducía así el epigrama de Marcial:   "Matóse Fanio al huir  / de su enemigo el rigor. / Pregunto yo: ¿No es furor /  matarse por no morir?"

lunes, 6 de diciembre de 2021

Una cita espuria

    En la Red no sólo abundan las llamadas noticias falsas, fake news en la lengua del Imperio, sino también muchas citas de índole literaria o filosófica que se atribuyen erróneamente a autores de renombre para darles un aura de magisterio dogmático basándose en el argumento de autoridad o del prestigio del “magister dixit”, es decir, que como lo ha dicho un maestro es indiscutible. He recibido una de estas fake quotes en mi correo electrónico. 



    Se trata de una imagen de Séneca con la frase espuria: “La religión es considerada por la gente común como verdadera, por los sabios como falsa y por los gobernantes como útil”, atribuida al propio Lucio Anneo Séneca. Buscando en la obra del filósofo cordobés la frase supuestamente original, no la he encontrado por ninguna parte. Sí que he hallado su versión inglesa: Religion is regarded by the common people as true, by the wise as false, and by rulers as useful. 


    No se trata de una sentencia de Séneca. Alguien se la ha endilgado para darle la rimbombancia de un nombre propio a lo que dice, que, por otra parte, no está mal traído. Es una lástima, no tanto por la falsificación que supone, que es un atentado contra la propiedad intelectual, sino porque para que lo que dice sea razonable o no lo sea, tenga valor o no lo tenga, sea o no sea inteligible e inteligente, no necesitamos adscribírselo al magisterio de ningún filósofo como Séneca, cuya efectiva popularidad está tan arraigada en la memoria colectiva del pueblo español que para muchos su nombre propio es sinónimo de sabio, y el diccionario de la Academia se ha visto obligado a recoger la siguiente acepción de séneca(con minúscula)"hombre de mucha sabiduría", especificando que es una alusión al filósofo nacido en Córdoba en torno al año 4 y muerto en el 65 en Roma. 

 

    Y, al margen de quien haya dicho esa frase, es bastante razonable como reflexión sobre el papel que ha desempeñado la religión a lo largo de la historia de la humanidad, aunque quizá se haya perdido la vigencia de su actualidad en el mundo occidental. 

    Hay quien ha atribuido la frase a Lucrecio. He recogido la siguiente versión anónima en la Red atribuida a él:"Todas las religiones son igual de sublimes para el ignorante, igual de útiles para el político e igual de ridículas para el filósofo".  Pero Lucrecio no dijo eso, sino algo mucho más contundente, ya que acusó a la propia religión de impiedad en un célebre hexámetro antes de narrar el sacrificio de Ifigenia: religio peperit scelerosa atque impia facta (De rerum natura, I, 83): La religión cometió criminales y crueles acciones.

    Sí que parece, sin embargo, que algo similar a la presunta frase de Séneca dijo el historiador inglés Edward Gibbon (1737-1794), reflexionando sobre la historia romana en época de los antoninos, en su monumental Historia de la decadencia y ruina del imperio romano: La traducción que manejo, algo anticuada como se verá por su ortografía,  es la de don José Mor de Fuentes, publicada en Barcelona en 1842, que dice literalmente: “Conceptuábanse los varios cultos que abarcaban tan anchuroso señorío igualmente ciertos por el pueblo, falsos por el filósofo y útiles por el majistrado(sic), produciendo la tolerancia no solo condescendencia mutua sino concordia relijiosa(sic)”. 

   Retrato de Edward Gibbon, J. Reynolds (1723-1782)

 
    En la lengua del Imperio en que fue escrita la obra de Gibbon se dice literalmente: The various modes of worship, which prevailed in the Roman world, were all considered by the people, as equally true; by the philosopher, as equally false; and by the magistrate, as equally useful. And thus toleration produced not only mutual indulgence, but even religious concord. (Edward Gibbon, 1776, The Decline and Fall of the Roman Empire, capítulo II: The Internal Prosperity In The Age Of The Antonines).



    La frase se ha vulgarizado, simplificado y popularizado atribuyéndosela por lo general a Séneca de diversos modos, aunque también a Lucrecio, como queda dicho más arriba:
-La religión es algo verdadero para pobres, falso para sabios, y útil para dirigentes. 
-La religión es verdad para la gente común, falsa para los sabios y útil para los poderosos.
-La religión es considerada (o vista) por la gente común (people, decía Gibbon)  como verdadera (o cierta), por los sabios (philosopher) como falsa y por los gobernantes (magistrate) como útil.
 

    Un lector me comenta que esta frase, como cabía esperar, también ha llegado a los libros, en "La sinrazón de la religión: liberación a través de una sociedad desacralizada", escrito por Jorge Franco y publicado por Editorial Siglo XXI, México, 2009, se dice literalmente lo siguiente en la página 209: Séneca 'El filósofo', preceptor de Nerón, tenía una idea algo cínica de la religión: "La religión es considerada por la gente común como verdad, por los sabios como falsa, y por los gobernantes como útil."

    Esto revela cómo las fake quotes acaban circulando como la falsa moneda. En el caso de la que nos ocupa, es una verdad como un templo y lo importante es lo que dice y cómo lo dice, con una formulación acertada que no llega a herir ninguna sensibilidad religiosa.




    La cita de Gibbon puede extrapolarse efectivamente y sacarse del contexto de la obra y época en que la escribió el historiador, aplicándola no ya a los various modes of worship de la religión, desprestigiada como está desde que Karl Marx estableciera por lo menos la bellísima metáfora de la religión como opiáceo (das Opium des Volks, el opio del pueblo), sino a la propia realidad y a la ciencia que la justifica que, necesitada de nuestra fe para sustentarse, es creída a pie juntillas por la inmensa mayoría democrática de la población como verdadera, sólo denunciada por aquellos intelectuales o no intelectuales, muy pocos a la sazón, que anteponen la razón común a la fe generalizada y ven la falsedad de sus mentiras, y aprovechada efectivamente por los que mandan para engañar a través de los medios a su alcance de masificación y creación de la opinión pública a los contribuyentes y votantes, es decir, a la ciudadanía, predicando que así son las cosas, que la Realidad es lo que hay y que no hay más que eso.