miércoles, 2 de septiembre de 2026
Dinero
viernes, 31 de julio de 2026
Spoiler alert!
Espoilear (sic):Se ha (im)puesto de moda entre nosotros este anglicismo -innecesario como la mayoría. Cuando alguien nos revela el final de una película que no hemos visto -rara vez de una novela, porque cada vez se lee desgraciadamente menos-, nos dicen los que están más "in" a los que estamos más "out" que nos está haciendo un espoiler o que nos están espoileando. Hasta ahora se oía en castellano: "No me revientes (o destapes, o destripes) el final..." Pero ahora se ha (im)puesto de moda esta gilipollez de "espoilear". Veamos un poco por qué.
El verbo latino SPOLIARE que significaba en principio despojar de la piel a un animal del que se ha hecho presa, después despojar a un enemigo para obtener botín de guerra, evolucionó a ESPOLIAR por la vía culta en castellano (y a spolier en francés, donde en registro culterano quiere decir despojar a alguien por la fuerza, con engaño o abuso de poder privándole de algo que le pertenecía; y a spogliare en italiano, con el significado más genérico de "desnudar": spogliatoio es el vestuario en italiano; para nosotros el lugar de vestirse, para ellos el de desvestirse, depende del punto de vista). En alemán tenemos el verbo SPOLIIEREN y el sustantivo SPOLIEN.
La RAE define el espolio como botín del vencedor, pero nos advierte de que se usa poco y se prefieren las formas expolio y expoliar, que proceden del compuesto EX-SPOLIARE, que propiamente quiere decir "despojar con violencia o con iniquidad". El prefijo EX- antepuesto a la raíz verbal modifica ligeramente su significado en el sentido de "de dentro afuera, exhaustivamente". La palabra "despojar" que utilizamos para definir EXPOLIAR es una evolución de ese mismo verbo SPOLIARE con otro prefijo latino DE, que indica "de arriba abajo". DE-SPOLIARE, que tras sufrir la apócope de la -e final del infinitivo experimenta también la palatalización de grupo -LI- más vocal -yod segunda- que hace que en castellano pase a /-x-/, lo que se escribe: despojar. De este verbo procede también, con el mismo significado, el francés dépouiller, que allá por el siglo XII era despoiller.
Es más que probable que el antiguo francés espoillier, derivado de SPOLIARE, pasara al inglés medieval spoilen y de ahí al inglés moderno to spoil, y que de ahí nos venga ahora este anglicismo que españolizamos enseguida anteponiéndole una e- y un sufijo verbal -ear de la primera conjugación como espamear(sic) y estalquear entre otros anglopijismos.
domingo, 28 de junio de 2026
Los -ismos (y los -istas)
domingo, 22 de marzo de 2026
Lo fatal
viernes, 20 de marzo de 2026
El impacto de una marca

jueves, 19 de febrero de 2026
Una falsa etimología: educación.
sábado, 14 de febrero de 2026
¿Amor tóxico?
Tóxico es un adjetivo culto que entró en nuestra lengua hacia 1580, según Corominas, cuyo uso no se generalizó hasta el siglo XIX, que ahora, en pleno siglo XXI, está adquiriendo un protagonismo inusitado, sobre todo entre los mileniales, es decir, entre las nuevas y jóvenes generaciones que han nacido y se están criando a la sombra de este tercer milenio de la era cristiana.
El adjetivo, en efecto, no sólo se aplica ya a desperdicios, emisiones, gases, líquidos, materiales, productos, residuos y demás sustancias venenosas, cosas en definitiva, que suelen ser productos de la sociedad de consumo, como antaño, sino que se utiliza y mucho para calificar a determinada gente, pobrecita, como si estuviera apestada: amistades tóxicas, que nos decepcionan y nos llevan por la Calle de la Amargura sin número; clientes tóxicos a los que han tenido que enfrentarse nuestros modernos emprendedores, que a veces emprenden mucho pero no suelen aprender casi nada; conductas y emociones tóxicas; empleados tóxicos que son una mala influencia en la empresa u oficina para el resto de sus compañeros de trabajo y para sus jefes, que también son tóxicos y, hay muchos, que tratan mal y maltratan a sus empleados; familias y hogares tóxicos, donde los padres y las madres ejercen excesiva presión sobre sus hijos e hijas, tanta que no la soportan por lo que también pueden llegar a ser tóxicos y tóxicas, respectivamente, y hacerles la vida imposible a sus progenitores que acaban arrepintiéndose de haberlos traído al mundo; masculinidades y feminidades tóxicas en definitiva que generan, como dicen los políticos, noviazgos tóxicos que a su vez les crean muchos conflictos a los involucrados en ellos y no poco dolor por aquello de que “quien bien te quiere te hará sufrir”; ideas y pensamientos tóxicos; personas, personajes y personalidades tóxicas que te hacen sentir mal aunque tú no tengas la culpa; relaciones de pareja y parejas tóxicas por lo atosigantes que resultan, ya sean reales o virtuales, porque también hay redes sociales, todas ellas sin excepción, tóxicas. El adjetivo se ha convertido en una palabra comodín, una muletilla que corre el peligro de valer para todo y de no servir para nada por la misma razón, tan general es su uso que su significado se ha convertido en un genérico bastante poco preciso que intoxica nuestro vocabulario. ¿Quién lo desintoxicará?
No me resisto aquí a copiar a propósito de esto último aquel epigrama de Marcial I, 19 de la tos dedicado a una tal Elia, nombre propio que es un pseudónimo como suele ser habitual en este poeta.
expulit una duos tussis et una duos.
Iam secura potes totis tussire diebus:
nil istic quod agat tertia tussis habet.
¿Hay, a propósito de la festividad de San Valentín y del día de los enamorados, amores tóxicos o el amor es siempre tóxico porque sus flechas están emponzoñadas? Recordemos lo que decía Propercio, el poeta enamorado, del fiero Cupido armado de arco y flechas. Decía que su aljaba o carcaj que colgaba de sus hombros estaba provisto de unas flechas ganchudas (hamatis: con garfio o anzuelo que nos engancha y nos desgarra si intentamos librarnos de ellas): "nec quisquam ex illō vulnere sānus abit": "y del desgarro aquel nadie sin daño se va".

domingo, 24 de agosto de 2025
Clásico
¡Qué triste que para la inmensa mayoría de los jóvenes y no tan jóvenes españoles lo más clásico que hay, el Clásico español por excelencia, conocido entre los medios de formación de masas y los fanáticos aficionados sea el partido de balompié que enfrenta al Real Madrid Club de Fútbol y al Fútbol Club Barcelona! Panem et ποδόσφαιρο (podósfero), o lo que es lo mismo: pan y fúzbol con zeta de rebuzno para el pueblo.
miércoles, 25 de junio de 2025
El poder de la cultura contra la cultura del Poder
El verbo “colo” deriva de la raíz indoeuropea *kwel- que en su acepción originaria y material significaba voltear, es decir, remover la tierra, lo que hace el labrador cuando trabaja con la azada y el arado. Pero este verbo, además, ya en latín quería decir también habitar, vivir, por el sedentarismo que implica la agricultura frente al nomadismo, valor del que derivan los términos colonia, colono, colonizar, sin perder de vista domicilio, compuesto de 'domus' “casa” y la raíz que nos ocupa con vocalismo -i- modificado; valor que se subraya con el prefijo in-, de donde tenemos el sustantivo “íncola”, habitante, y también el moderno “inquilino”.
Cicerón en sus Conversaciones en Túsculo II, 5, dice que así como ningún campo puede ser fructífero si no se lo cultiva, (ut ager quamuis fertilis sine cultura fructuosus esse non potest), otro tanto ocurre con el alma sin instrucción (sic sine doctrina animus). Cualquiera de estos dos factores, sin su complemento, carece de vigor (ita est utraque res sine altera debilis). La filosofía es el cultivo del alma (cultura autem animi philosophia est); arranca de raíz los vicios (haec extrahit uitia radicitus) y prepara los espíritus para recibir la simiente (et praeparat animos ad satus accipiendos), se la entrega a estos, y, por así decirlo, siembra lo que, cuandro crezca, producirá ubérrimos frutos (eaque mandat iis et, ut ita dicam, serit, quae adulta fructus uberrimos ferant). [La traducción de Marciano Villanueva Salas, modificada, está tomada de Conversaciones en Túsculo, Asociación Española de Neuropsiquiatría, Madrid 2005].
jueves, 5 de diciembre de 2024
Pensar, a pesar de todos los pesares
'Pensar' no se decía en latín pensare como podría parecer a primera vista, sino putare, de lo que nos quedan testimonios en los cultismos -palabras que han sufrido pocos cambios en su evolución debido a la imposición y al conservadurismo de la lengua escrita o culta-: computar, diputado y diputación, disputar, imputar, putativo, reputar y reputación... La evolución del término putare según la evolución vulgar de la lengua hablada nos lleva hasta podar. Los cambios sufridos son, aparte de la apócope de la -e final, la sonorización de la consonante oclusiva dental sorda intervocálica -t-, que evoluciona a -d-, y el paso de la -u- breve átona a -o-. Lo curioso de esta evolución es que restituye en nuestra lengua el significado original latino de putare, que era precisamente limpiar, podar, cortar las ramas inútiles de la vid o del olivar, de lo que nos queda recuerdo en nuestro término culto amputar ('cortar y separar enteramente del cuerpo un miembro o una porción de él', según recoge la docta Academia).
Hallamos en la etimología una espléndida metáfora que demuestra cómo esta lengua de campesinos que era el latín relacionaba la actividad de la poda de las viñas, de los rosales o de los olivos con la actividad y el campo semántico del pensamiento: poner en limpio, aclarar, considerar, juzgar, opinar, razonar y racionar... Pensar era desprenderse de las ramas superfluas, de las ideas o creencias -diríamos nosotros- para que pudiera florecer y fructificar el árbol o la planta del pensamiento. Pensar es, pues, según sugiere la etimología podar, cercenar lo superfluo cortando por lo sano, como suele decirse.
En este sentido, traigo a propósito la definición que dio el filósofo francés Alain, pseudónimo de Émile-Auguste Chartier (1868-1951), de “Penser, c'est dire non” (Pensar es decir que no), que aprovechará el joven Jacques Derrida para dar un ciclo de cuatro conferencias en la Sorbona de París durante el curso escolar 1960-1961, que se han publicado póstumamente en 2022, y que más de cincuenta años después guardan plena vigencia en una época como la actual en la que es sumamente difícil separar lo que es razonamiento y pensamiento propiamente dicho de creencia e ideología.
Hay que saludar aquí la traducción a cargo de Antonio Martínez Riu y publicación entre nosotros de esta obra inédita hasta ahora por la editorial Herder, que constituye el texto más antiguo del corpus derridiano, escrito a mano durante la guerra de Argelia, y que ha visto la luz gracias a una importante labor editorial, un libro imprescindible sesenta años después de escrito.
La negación es para Alain y para Derrida el rasgo del pensamiento auténtico. ¿A qué o a quién se dirige esa negación? En principio a todos los dogmas tanto religiosos como políticos o morales, a todas las opiniones, a los prejuicios, a las ideas recibidas en general y a las creencias en particular. Pensar es hacer tabla rasa, una auténtica poda que hará que florezca el frondoso árbol del pensamiento gracias a la duda que es, como dice en otro lugar Alain, la sal de la tierra.
Pero, ya que estamos haciendo una pequeña investigación etimológica, veamos cuál es el origen de nuestro término “pensar”. Procede del latín pensare (que es un frecuentativo de pendere 'dejar pender los platillos de una balanza') y que significaba pesar, como demuestra la evolución vulgar del término, y que nos recuerda la operación de sopesar dos magnitudes en una romana. Del significado de pesar con la misma balanza se pasa sin mucho problema evolucionando de lo concreto a lo abstracto a juzgar con el mismo criterio.
Era el pensum el peso de lana que una esclava debía hilar diariamente. De la tarea concreta de la hilandera pasó a significar en abstracto obligación, deber, función. Y es el origen de nuestros pesos, y pesas, así como de la unidad monetaria que acabaría sirviendo como salario de esa tarea, el peso y la peseta, la antigua moneda española -y metáfora del sexo femenino- antes de que irrumpiera y la devaluara la imposición del euro.
Aunque estamos relacionando etimológicamente el pensar con el pesar y los pesares, y lo pensado, por lo tanto, con lo pesado y la pesadez, pensar no puede ser más que todo lo contrario: desembarazarse y aliviarse del peso y del lastre de las ideas y las creencias recibidas.



























