jueves, 20 de noviembre de 2025

¿Qué pasó hace hoy cincuenta años, papá?

-¿Me preguntas por la efeméride de hoy, 20 de noviembre del año del Señor de 2025, de acuerdo con la memoria histórica de esta abstracción que se nos impone, que es "España"?

-Sí, cuéntame qué pasó hace cincuenta años, porque ahora se celebra el cincuentenario de no sé qué. 

-El 20 de noviembre de 1975, el Veinte-Ene, hace medio siglo, no pasó nada especial, hija mía. Entre otras cosas, murió un dictador que, según el testamento de sus propias palabras, lo había dejado todo “atado y bien atado”. Y así fue. Su muerte sirvió para que pudiera seguir viviendo la oprobiosa dictadura, denominada ahora “democracia constitucional” o también monarquía parlamentaria”: el mismo perro con distinto collar. Puedes ver aquí, hija mía, cómo se utilizan efemérides como esta con fines políticos e ideológicos a fin de construir una determinada identidad nacional y democrática basada en una narrativa específica impuesta desde las altas esferas del gobierno, sobre todo cuando la mayoría de los españolitos (y las españolitas, como añaden innecesariamente los feministas) tiene menos de cincuenta años, y no ha vivido aquello que, en esencia, era lo mismo que esto. 
 
No te preocupes, RTVE, el llamado Ente Público, la Voz de Su Amo, ha hecho gala de su gran trabajo en torno a la Memoria Democrática, 'uno de los ejes principales de actuación', ha revolucionado su parrilla para darnos la matraca con una programación especial durante todo el mes con un especial que se llamará "20-N: 50 años del Gran Cambio", con motivo del cincuenta aniversario de la muerte del dictador, que falleció a los ochenta y dos años de edad en su lecho de muerte, numerosos eventos documentales, reportajes y demás para que te enteres de que desde entonces España -¿quién será esa moza, quién la ha visto y quién la ve, que no hay quien la conozca?- vive en libertad.
  
 
Ya lo reconoce la sabiduría desengañada del pueblo, ese gran escéptico: “A rey muerto, rey puesto”. O sea, que las cosas cambian para poder seguir igual, o peor aún, si cabe, porque disimulan mejor su perversa e inmutable esencia y condición con la falsa ilusión del cambio. A ese cambio lo llamaron transición de la dictadura a la democracia, de lo uno a lo otro, que es lo mismo. Por mucho que se diga que aquello era mucho peor que esto, es mentira: para nosotros, que vivimos ahora, en esta época, que es la única que hay,  lo peor es esto, que es lo que ahora se nos impone, aunque nos distraigan con aquello "otro". 
 
Nadie ya (o casi nadie) lucha contra la dictadura, y no digamos ya nuestros mandamases, que mandan mucho menos de lo que se cree y de lo que ellos mismos creen, porque ahora la dictadura (esta es su mayor victoria) es la democracia. Llaman libertad a lo que hay pero lo que hay no es la libertad.  Hay que gritarlo a los cuatro vientos. 

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Maldición del turismo

    ¡Qué mundo!, ¡Qué mundo este!,¡Vaya mundo! o quizá, ¡Mundo inmundo! podrían ser algunas de las traducciones de 'Quel monde!', lo que se definió como un proyecto fotográfico global ('a global photographic project', en la lengua del Imperio, publicado por Éditions Marval en 1995) que recoge fotografías tomadas por el fotógrafo británico Martin Parr (1952-...) en el último cuarto del siglo XX, que van del año del Señor de 1987 al de 1994, desde la Acrópolis de Atenas hasta el Templo Dorado de Bangkok, pasando por Tenerife y Río de Janeiro, entre otros hitos, en las que explora no sin ironía lo absurdo de la religión del turismo.
 
Fotomontaje de Gabriel Pérez-Juana (2025)
 
     El álbum fotográfico va acompañado de un texto a modo de introducción que denuncia la moderna plaga turística de Roland Topor (1938-1997), el artista francés de múltiples facetas como la literatura, a la pintura, el dibujo y el cine, cuya traducción se ofrece en página adjunta aquí mismo: ¡Qué mundo! 
  
     Las palabras de Topor sintonizan bastante bien con las fotografías críticas y satíricas de Martin Parr. Unas y otras vienen a decirnos: Desengañémonos, no existe el viaje: lo único que existe, y mucho, es el turismo, término que viene del francés “tour”, que significa “vuelta”, lo que sugiere que el turista es el que da una vuelta o más vueltas que un torno hasta descubrir un buen día en el mejor de los casos que no va a ninguna parte dando tantas vueltas, revueltas y requetevueltas como da, que es como una peonza que siempre está girando sobre su propio eje en el mismo lugar, tornando y retornando al mismo punto de partida. 
 
 
 Astuto como tres monos, Roland Topor (1972)
 
    El viajero, como mucho, descubrirá acaso la verdad de que no existe el viaje, y, mucho menos, la evasión: los problemas viajan con él, en la mochila, el equipaje de mano o en la maleta facturada. Las preocupaciones son como su sombra, fiel compañera… Ya lo dijo Horacio con una economía lingüística insuperable, y además en verso: 'post equitem sedet atra cura': con el jinete va negra murria; exactamente galopa a la grupa del caballero, bien aferrada a él, la sombría preocupación: su angustia. 
 
    No tenemos ninguna necesidad de ir a ver el Coliseo de Roma, ni la Torre Eiffel de París, ni las pirámides de Egipto, ni montar en el tren que sube al Machu Pichu… El Coliseo, la Torre Eiffel, las Pirámides o el Machu Pichu, todos esos Altos-Lugares-Comunes, como los denomina Roland Topor, están bien allí donde están, y a ellos no les hace ninguna falta tampoco que nosotros vayamos a visitarlos para dar fe de su existencia y de la nuestra, mostrando que hemos estado allí, y, por otra parte, nosotros estamos bien aquí, donde estamos, y tampoco nos hace, sinceramente, ninguna falta ir a ver esos monumentos y lugares: por mucho que queramos huir de nosotros mismos y distraernos con su contemplación, no vamos a librarnos de esos incómodos compañeros de viaje que somos precisamente nosotros mismos. 
 
El hombre de las maletas,
Roland Topor (1973)
 
    Ya lo dijo el inmenso Baudelaire: “Amer savoir, celui qu'on tire du voyage!” Saber amargo aquél que se extrae del viaje, amargo saber y amargo sabor de boca que deja. Otro poeta, Constantino Cavafis insiste en el mismo descubrimiento en su poema La ciudad: “No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares. / Tras ti irá la ciudad. Y por las mismas / calles vagarás...” 
 
    El turismo es como el trampantojo del espejismo del fin de semana, mero pretexto para que la semana, que no se acaba nunca de verdad porque no tiene fin -la expresión 'fin-de-semana' es un engaño-, vuelva a empezar otra vez. Lo mismo sucede con la celebración del fin de año: un año acaba para dar paso a otro, que es el mismo siempre con distinto nombre y número: el mismo perro con diferente collar, como suele decirse. Lo bueno sería que se acabara el año que está en vigor -este mismo de 2025, por ejemplo- para siempre, no para que empezara 2026 a continuación como sucederá inevitablemente a menos que hagamos algo para remediarlo. 
 
    Hay muchos turistas, como denuncian Topor y Marr, pero ningún viajero, porque, como dijimos una vez con una fórmula clara y concisa, el viajero de verdad no sabe a dónde va, mientras que el turista lo sabe muy bien: al mismo hotel, al mismo restorán, al mismo país, al mismo sitio siempre, un lugar -un destino, según el lenguaje de las agencias- que solo difiere de los demás en su nombre propio. 

     La litografía de Topor 'El viajero inmóvil' (1968) presenta el mismo tema recurrente: el viaje no existe porque no existe el movimiento, el viajero permanece, paradójicamente, quieto. El viajero lleva abrigo, sombrero y dos maletas; tras él un paisaje como telón de fondo, fijado a dos extremos como un panel de fondo que se va desplegando. Topor explora la tensión entre deseo de desplazamiento y la parálisis efectiva. El viajero lleva dos maletas (está preparado para partir) pero tiene los pies amarrados a un clavo que le impide el movimiento. El paisaje que él contempla y dos mujeres van desplegando a sus espaldas no es el mundo real, sino una representación o simulacro de él, lo que revela la farsa de la comercialización del viaje.
 
 

martes, 18 de noviembre de 2025

Quince estelas de condensación

 La ciudad en que naciste ya no es la que era, cada día se parece menos a sí misma y más a las demás; todas las ciudades, en plural, son ya la misma en singular.

El turismo, maldito sea, está desalojando a los vecinos de toda la vida para alojar a turistas eventuales que, vayan donde vayan, se topan siempre con lo mismo.

 ¡Adelántate al black friday, que comienza antes de tiempo, no esperes hasta la fecha señalada: ya hay, aquí y ahora, ofertas y descuentos -exclusivos- para ti!

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 Dice Paul Ricoeur que la identidad es un relato; mejor, quizá, la máscara (persona, en latín) de un actor que pone en escena en el teatro del mundo su papel.

Si yo me llamo como me llamo, o mejor, si me llaman como me llaman, es porque no tengo propio nada más que mi nombre para existir, compartido con algunos otros.

Hay algo engañoso en la expresión “muerte natural” que no está tanto en el sustantivo “muerte” como en el adjetivo “natural”; no hay muerte (ni vida) naturales.

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 España en alerta roja por gripe aviar. Sanidad ultima un plan estatal ante infecciones del virus Hache-Cinco-Ene-Uno en humanos negociando la compra de vacunas. 
 
 España confina todas sus gallinas. Algunas, como manda Dios-Estado terapéutico, se asoman a balcones y ventanas a las ocho a aplaudir el encierro sanitario.
 Medicar el malestar infantil que revela que los niños no se adaptan a una familia, escuela y organización social enfermas conlleva eliminar un síntoma molesto.

Decir que el auge notable de enfermedades mortales que se llevan por delante a mucha gente joven antes de tiempo es multifactorial camufla la causa principal. 

 Tras la toma de posesión del cargo, la presidenta de la Comisión Europea, que vacunó y armó a sus vasallos, se convirtió en la emperatriz del viejo continente.

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Una ex ministra nacional de Asuntos Exteriores opinó que la guerra había tenido buenas consecuencias: había subido la bolsa y bajado el precio del petróleo.

  Los primeros ministros y jefes de Estado nunca viajan en transporte público como el resto de los mortales: vuelan en yets privados a sus olímpicos congresos.

La lucha contra el poder, que no tiene ideología política -o tiene cualquiera-, no tiene nada que ver con la pugna electoral entre la izquierda y la derecha.

   El neopontífice, que carece del carisma del anterior, invita a celebridades del séptimo arte al Vaticano, impregnando de agua bendita el jolivudense putiferio.  

lunes, 17 de noviembre de 2025

Sobras de ortografía y esmárfones

    Adictos como son los adolescentes en su mayoría a las redes sociales, se dedican, una vez que han caído en ellas y se han convertido de peces que eran en el río o en la mar salada en pescados de la pescadería,  a leer lo que otros escriben y a publicar ellos sin piedad, consideración ni pudor todas las ocurrencias que les pasan por las mientes, descerrajando sin ton ni son las opiniones y los gustos personales más idiotas de sus idiosincrasias: cómo les mola –o disgusta, para el caso da igual- el último temazo infumable de la diva milmillonaria y estrafalaria de turno que ha visto la luz y acaba de vomitar un adelanto de su último álbum que todavía no está en el mercado, o los exabruptos de cualquier politicastro de turno, tertuliano o concursante televisivo...


    Y así uno puede leer, por ejemplo, entre tanta morralla y bazofia gritos desesperados y desgarrados en menos como: HABER SI ME MUERO (sic). Que en seguida recibirá la adhesión de varios “like”, “me gusta”, “fav”, o lo que sea, porque de lo que se trata es de permanecer atentos a la pantalla y de reaccionar ante lo que airean los demás dentro de la Time Line. 


    Lo que no consiguió, precisamente, la televisión cuando decía aquello de “permanezcan atentos a su pantalla” –algunos nos desenganchamos de aquella droga estupefaciente y nos quitamos de ella para siempre- lo han logrado los teléfonos supuestamente inteligentes, a cuyas pantallas permanecen atentos los jóvenes y no tan jóvenes en su inmensa mayoría a todas las horas del día y de la noche.   


    HABER SI ME MUERO:  Se trata de un exabrupto adolescente donde lo que a mí más me preocupa no es su carácter infantiloide, ni siquiera la falta de ortografía consistente en meter una B de burro donde no debería, sino el carácter –me refiero ahora a la letra-  que está de más, es decir, la sobra de ortografía consistente en meter una H donde no debería haber (aquí sí que está justificada la hache) nada. Porque, vamos a ver (sin hache y con uve), a ver si nos enteramos: la B y la V se pronuncian igual y puede entenderse que alguien medianamente instruido cometa una falta de ortografía confundiendo una letra por otra y escriba por ejemplo *avalanzarse, con uve,  o *abalancha con be, porque, a fin de cuentas, ambas letras representan un mismo fonema oclusivo labial sonoro castellano que escribimos unas veces con be y otras con uve por razones meramente etimológicas y conservadoras que la mayoría de los hablantes ignoran, pero son dictados prescriptivos de la RAE, que nos dice que abalanzarse es con be, como balanza, y avalancha es con uve, porque viene del francés avalanche, donde la uve por cierto es un fonema distinto de la be, y donde no es lo mismo “je bois”  (bebo) que “je vois” (veo).  Pero lo que demuestra una sumisión total a la autoridad y un miedo pluscuampatológico a cometer una falta ortográfica que nos lleva a perpetrar lo contrario, para mí mucho más grave, si cabe: una sobra ortográfica.


    No me extraña que muchos jóvenes y no tan jóvenes utilicen las redes sociales que los utilizan a ellos para mostrar su insatisfacción y su ilibertad, motivadas entre otras cosas por su dependencia y grado de adicción a dichas redes. Y es que, como muy bien escribió el recientemente laureado Byung-Chul Han, la red digital, que se recibió al principio como un medio de libertad ilimitada, pasada la euforia inicial,  se muestra hoy como una decepción: “La libertad y la comunicación ilimitadas se convierten en control y vigilancia totales”. Y también: “El smartphone  es un objeto digital de devoción”. Y “devoto” significa “sumiso”, por lo que el smartphone es un objeto de sumisión y alienación. Funciona, dice el ocurrente maestro coreano, como un rosario, ya que ambos –el teléfono inteligente y el rosario- sirven para examinarse uno y controlarse a sí mismo. “El me gusta es el amén digital. Cuando hacemos clic en el botón de me gusta  nos sometemos a un entramado de dominación. El smartphone no es sólo un eficiente aparato de vigilancia, sino también un confesonario móvil. Facebook es la iglesia, la sinagoga global (literalmente, la congregación) de lo digital.”  (Byung-Chul Han, La crisis de la libertad, en su libro Psicopolítica).

domingo, 16 de noviembre de 2025

Lo que cuentan los relojes

Los relojes antiguos no se limitaban como hacen los modernos a decirnos la hora exacta que es, cosa que, por otra parte, nunca podremos decir ni saber con precisión matemática ni exactitud, porque nada más decir la hora, ya habrá pasado, ya ha dejado de ser. Una hora bien contada nunca se acaba de contar, como nos enseñó Machado. 


 
Estos toscos relojes antiguos -horologia o cuenta horas, ya sean de arena, de agua o clepsidras  o bien cuadrantes solares-  nos hacen reflexionar con su sabiduría. Contienen a menudo  una frase lapidaria en latín, nuestra entrañable lengua muerta, una máxima generalmente mínima, compuesta por pocas palabras que sugieren muchas cosas de índole filosófica o poética,  sobre la realidad y simultáneamente falsedad del paso del tiempo que pretenden contar, la fugacidad de la vida y nuestra condena a muerte, es decir, sobre la inminencia de nuestra hora, esa hora siempre futura sin embargo y nunca presente todavía y tan nuestr que pende sobre nosotros como una espada de Damoclés.

Cotidie morior (Cada día muero. Lo dice el reloj solar en primera persona, que muere sin el sol para renacer al día siguiente, y que sugiere un poco lo que nos pasa a todos y cada uno de nosotros) 

Dum loquimur fugit irremeabile tempus (Mientras hablamos huye sin retorno el tiempo, variación sobre verso de Horacio)

Dum quaeris hora fugit (Mientras preguntas por ella, la hora huye)
                                    
Dum spectas fugio, sic vita (Mientras me miras, huyo, así la vida. Es decir, mientras me estás mirando porque pretendes saberme y atraparme con tu mirada, yo -habla el reloj, o sea el tiempo- he huido; me he escapado; luego es imposible que me detengas. Lo mismo sucede con la vida, y con toda la realidad. Si nos hacemos, llegados a este punto, la pregunta crucial de qué es el tiempo, podremos decir, como san Agustín, que «Si no me lo preguntan lo sé. Si quiero explicárselo a quien me lo pregunta, ya no lo sé»)

Fugit irreparabile tempus (El tiempo huye irrecuperable). Está tomado de un hexámetro de Virgilio: Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus. "Pero se va entre tanto el tiempo imparable marchando"

Hora pro nobis (Que la hora sea para nosotros, juego de palabras con el ora pro nobis  (ruega por nosotros) de la liturgia católica)

Lente hora, celeriter anni (Lentamente la hora, rápidamente los años, sobre la relatividad del paso del tiempo que hace que la hora transcurra lenta y los años raudos y veloces)

Me lumen, uos umbra regit (A mí me gobierna la luz, a vosotros la sombra. Habla el cuadrante solar, que se rige por los rayos del Sol, y que nos reprocha a los hombres que nos rijamos por las tinieblas)

Meam non tuam noscis (Sabes la mía, no la tuya)

Praeteritum nihil, praesens instabile, futurum incertum (Nada el pasado, inestable el presente, incierto el futuro. Se muestran aquí, con terminología gramatical, el pasado, el presente y el futuro, las tres cabezas del Cancerbero, el monstruo que es el Tiempo, guardián del infierno, es decir, de la realidad)

Quae sit quis scit? (¿Quién sabe cuál es?)



Sol me regit, vos umbra (El sol me gobierna a mí, a vosotros la sombra, variante del que empieza Me lumen...)

Solarius nobis comminuit articulatim diem (El reloj solar nos ha partido el día en pedazos, verso modificado y tomado de Aquilio, también atribuido a Plauto) 

Sua cuique hora (Cada uno tiene su hora, hora que, como dice a veces la gente, es la 'hora de la verdad', una hora que no puede ser otra más que la del descubrimiento de la mentira constitutiva)

                                    

Tempus fugit (El tiempo huye. Si hubiera que elegir un lema clásico de los relojes sería este, sin duda: El tiempo, en efecto, huye, pero eso no quiere decir que pase: el tiempo no pasa, pasan las cosas, incluidos nosotros, las personas, entre las cosas. Y sin embargo el tiempo se nos escapa siempre, huye de nuestra ideación, de la idea que nos hacemos de él)

Vivere memento (No está mal esgrimir, frente al clásico Memento mori -acuérdate de que eres mortal-  este epicúreo "acuérdate de vivir", cosa que a menudo se nos olvida)


Vulnerant omnes, ultima necat (Hieren todas, la última mata; se sobreentiende "hora", claro)

sábado, 15 de noviembre de 2025

Elementos mnemagógicos

Uno de los primeros relatos de Primo Levi incluido en su libro de cuentos “Historias naturales” se titula Los mnemagogos. La palabreja es un neologismo inventado por él basado en “demagogos”, “pedagogos” y “psicagogos”, por ejemplo; los primeros son los conductores del pueblo, los que lo llevan por mal camino, los que lo engañan y manipulan de mala manera; los segundos, más civilizados, hacen lo mismo pero con las tiernas criaturas que son los niños; y los terceros, lo mismo con las almas. 
 
El primer componente de la palabra proviene del sustantivo griego -y es que todavía seguimos hablando griego aunque parezca mentira y no seamos conscientes de ello- μνήμη (mnéme=recuerdo, memoria), y la segunda, del adjetivo y sustantivo igualmente heleno ἀγωγός (agogós=guía, conductor), derivado a su vez del verbo ἄγειν (ágein=conducir), por lo que formado como está el término por mnem(e) y agogo, significará 'suscitador o evocador de la memoria y sus recuerdos'. 
 
El cuento trata sobre un médico viejo, el doctor Montesanto, que está a punto de jubilarse y que, como muchos ancianos, vive en un mundo de recuerdos. Los diarios y las fotografías le ayudan a evocar el pasado, pero su formación farmacológica le ha permitido idear otra forma ingeniosa de luchar contra la amnesia y despertar recuerdos vívidos de lugares, personas y épocas: mediante aromas, preparados con sustancias químicas y guardados en frascos. Posee unos cincuenta, cinco de cuyas esencias se describen en el cuento. 
 
La nariz, John Steinberg (1967)
 
El primero es el aroma de las aulas de las escuelas de enseñanza primaria, en concreto de su clase del colegio. Para los demás puede que no represente nada, pero para el doctor Montesanto es la esencia -nunca mejor dicho- de su propia infancia: Conservo incluso la fotografía de mis treinta y siete compañeros de la escuela primaria, pero el olor de este frasco está enormemente más predispuesto a traerme a la mente las horas interminables de tedio sobre el abecedario; el particular estado de ánimo de los niños (¡de mí cuando niño!) ante la terrorífica expectativa de la primera prueba al dictado. Cuando lo huelo (ahora no: hace falta, claro, un cierto grado de concentración), ...cuando lo huelo, decía, se me revuelven las vísceras igual que cuando, a los siete años, estaba esperando a que me preguntaran la lección (traducción de Carmen Martín Gaite). 
 
El segundo aroma suscita el recuerdo del aliento de su padre diabético, el tercero un hospital donde trabajó, el cuarto las cumbres de las montañas, y el quinto esenciero, que “desprendía un ligero aroma a piel limpia, a polvos de tocador y a verano” no evoca ningún lugar ni tiempo determinados, sino a una mujer en particular: Questo non è un luego né un tempo. È una persona
  
Los aromas conservan las esencias de las cosas y tienen el poder de despertar y evocar nuestros recuerdos personales e individuales, como de alguna manera también lo hacen las etimologías, a las que era tan aficionado Primo Levi, que tienen el poder de despertar nuestros recuerdos históricos compartidos, por lo que ambas cosas, aromas y etimologías, son mnemotécnicas. 
 
Incluiría, por mi parte, en el repertorio mnemagógico los sabores, como la famosa magdalena de Proust mojada en el té de En busca del tiempo perdido, y la música, que nos arrebata a veces y nos transporta a un pasado que hemos olvidado pero que, por su parte, no se ha olvidado ni olvida fácilmente de nosotros. 
 
Suena una emisora de radio captada por azar en el dial. De pronto, reconocemos los primeros acordes de la melodía de una vieja canción que nos resulta familiar y cuando queremos darnos cuenta estamos tarareando sin querer melódicas notas musicales que nos hacen evocar nuestros recuerdos más imprecisos y desmemoriados. Se arremolinan pensamientos y sentimientos en nuestra cabeza que nos transportan a hace más de cincuenta años, y recordamos un día de verano en la playa, o una tarde lluviosa de invierno detrás de los cristales. 
 
Es la banda sonora de la película autobiográfica de nuestra vida que desata unas emociones como por arte de magia transportándonos al mundo de los recuerdos olvidados en el desván de una memoria involuntaria. 
 

En mi caso, las notas musicales del Canon en Re Mayor de Pachelbel son, como algunos aromas, un potente motor que libera los recuerdos más insospechados e inconscientes de un pasado que puede que no haya pasado nunca todavía porque no ha acabado de pasar. Quizá la música sea un buen antídoto contra el mal del olvido, capaz de liberar nuestras emociones y nuestros más recónditos recuerdos.

viernes, 14 de noviembre de 2025

Pareceres XC

441.- Revival religioso: Se despacha a gusto el otrora ácrata y descreído  Fernando Savater en un artículo titulado Gracias a Dios sobre la propagación de la fe entre la juventud actual despotricando contra los tres hitos culturales del reciente culto, que serían, a saber: el nuevo disco de la cantante que ha visto la Luz y triunfa en nuestro país y allende nuestras fronteras cantando en catorce idiomas a un Dios femenino, la película española del presente año sobre una joven de diecisiete años que despierta a la vocación religiosa y decide meterse a monja de clausura y solo puede ver a su familia los domingos, y “una obrita sobre Dios de un pensador laureado que se llama Fu Manchú o algo así, del que tuve la mala suerte de leer una obra anterior que para mí selló su destino”, aludiendo al filósofo coreano superventas. Concluye Savater diciendo, con un guiño al Marx que dijo que la religión era el opio del pueblo, que “las religiones siempre han sido fármacos potentes y con ellas pasa como con el alcohol: bebidas en ayudas -intelectuales- hay gente a la que alivian sus penas, pero a otros les sientan muy mal”. Pero no todos los credos son igualmente perniciosos. Salva de la quema el cristianismo, que nos hace “retornar a nuestras raíces occidentales, lo que no se consigue invocando a la Pachamama o sometiéndose al islam, “cuya incompatibilidad efectiva con las libertades cívicas está de sobra demostrada”. Acaba Savater recordando a Jacques Lacan que definió el psicoanálisis como una batalla sin tregua con la religión, en la que gana siempre “mientras los hombres mueran, sin lugar a dudas la religión”. 
 
 
 442.- Enajenación mental. La mente, mentirosa por esencia etimológica, prefiere aferrarse, según el conocido refrán de 'más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”, a lo sabido y consabido, que son las ideas recibidas que tenemos incrustadas en la cabeza o que más bien nos tienen a nosotros, posesos de ellas que somos, que a las cosas desconocidas de las que no tenemos ninguna idea previa y que desdeñamos y tememos. La mente, conservadora por esencia, se aferra al mal mayor y al mal menor, que por muy pequeño que sea no deja de ser un mal, como a un clavo ardiendo, en definitiva, y desprecia el bien, los bienes tan numerosos como innumerables y solapados bajo la coraza dura de los valores bursátiles y las ideas e ideales de la caverna de Platón. 
Dibujo de Topor del libro Los masoquistas 
 
 447.- ¿Para qué sirve la actualidad? Lo dice muy claramente el texto de una viñeta de Andrés Rábago, alias El Roto: No hagas caso, nos quieren entretener con la actualidad para que no nos enteremos del presente, aunque quizá habría que decir mejor: “para que no nos enteremos de lo que pasa”. La actualidad es el pasto que nos sirven para distracción todos los medios, ya no con la televisión a la cabeza, como antaño, sino con la Red Informática Universal, que ha acabado convirtiéndose, como aquella, en un mero soporte publicitarioEl espectáculo se hace realidad y la realidad se hace espectáculo paralelamente sin advertirnos de que es un reality show o espectáculo teatral diseñado para mantenernos entretenidos y en amnesia sobre el hecho de que, pase lo que pase, no pasa nada de lo que tenía que pasar, para que no veamos lo que hay de eternidad en la actualidad y viceversa, y que ganen o pierdan, los buenos y los malos son simplemente actores que trabajan para la misma gente y que reciben su pago independientemente de que su personaje sobreviva o no para ver los créditos finales. No quieren que ninguno de nosotros recuerde que, independientemente de que gane quien gane, el pueblo, la gente, los de abajo siempre pierden, porque los ganadores continuarán con la misma agenda de hacer las cosas que ya están hechas sin que nadie se ponga a realizarlas: la misma agenda que persiguen casi todos los gobiernos del planeta. Pero sobre todo no quieren que ninguno de nosotros se entere de lo que pasa, a cuyo fin nos retransmiten la actualidad, que no tiene nada que ver. 

 444.- Para dar ejemplo. Tanto el ejército francés como el de las otras naciones participantes en la que se dijo que iba a ser la última de las últimas guerras mundiales (la der des der, la llamaron los franceses: la dernière (guerre) des dernières (guerres), algo así como si nosotros dijéramos “la ulti de las ultis”), y que ha pasado paradójicamente a la Historia como la Primera Guerra Mundial (1914-1918), pasando de ser la última a la primera de la serie, tuvieron que enfrentarse a los primeros rechazos de la obediencia debida a los superiores, lo que llevó a muchos soldados a la rebelión y a la deserción. Poco a poco iban multiplicándose los actos de insumisión y de rebeldía individuales y colectivos según se sucedían las derrotas militares, los errores de mando, y el número de muertos en los campos de batalla. Las autoridades militares decidieron entonces frenar los casos de indisciplina con diferentes sanciones que iban desde condena a trabajos forzados a ejecuciones frente a un pelotón de fusilamiento “para dar ejemplo”. La estupenda película Senderos de Gloria (1957) de Stanley Kubrick, que trata magistralmente el tema de los amotinamientos y de los fusilados para dar ejemplo, no pudo exhibirse en Francia hasta 1975. Los generales y mariscales no murieron en el frente de combate, sino en sus lechos de muerte. 
  
445.- Centro para la Resiliencia Democrática. Bruselas acaba de anunciar la creación de un 'Centro para la Resiliencia -¡cómo les encanta la palabreja!- Democrática', un engendro destinado a combatir la desinformación narrativa procedente de potencias extranjeras autoritarias y enemigas de la democracia que reina en el viejo continente, básicamente de Rusia y de la China, por lo que dicho organismo vendrá a ser la encarnación del Ministerio de la Verdad orgüeliano. Quieren combatir la manipulación y la injerencia informativas, formando un «escudo de la democracia» contra la mayor amenaza existente en la actualidad que es la malvada Rusia que, “además de su brutal guerra de agresión contra Ucrania” intensifica “los ataques híbridos, librando una batalla de influencia contra Europa». Esta lucha contra la difusión de narrativas engañosas y la manipulación y falsificación de hechos históricos nos plantea más de un interrogante: ¿Quién controlará a los controladores de la manipulación informativa de la propia Unión Europea? ¿No estará Bruselas a estas alturas de la película perdiendo el control de su propia narrativa política y económica? ¿Acaso los propios ciudadanos europeos no echan cada vez más pestes de la Unión y del relato, cuento más bien, de la guerra que se vende como necesidad y salvación? Hoy el enemigo es Rusia. Mañana será cualquiera que ponga en cuestión los dogmas energéticos -el cambio climático, las energías renovables y toda esa monserga-, la sacrosanta Alianza Atlántica, o la propia democracia como régimen de gobierno que quiere hacerse resiliente. 
 

jueves, 13 de noviembre de 2025

El zorro en el gallinero (remasterizado)

    No soy ningún virólogo ni tengo ninguna pretensión de serlo tampoco, Dios o quien sea me libre de ello, pero sospecho que el virus de la influenza aviaria esa que dicen que procede de las aves salvajes, del que tanto se oye hablar últimamente en todos los medios, es una metáfora que encarna de alguna manera al viejo, taimado y ladino zorro o raposo de las fábulas infantiles que amenaza a las aves domésticas o de corral.
 
    Lleva ya años merodeando por ahí. Por prevención y por la propia seguridad de las gallinas hubo que censar a las que se tuvieran en casa para consumo propio en la Consejería de Agricultura de la comunidad autónoma correspondiente, a fin de inscribirlas, toma ya, en el Registro General de Explotaciones Ganaderas (REGA). 
 
¿?
  
    La obligación emana del Real Decreto 637/2021, en vigor desde las calendas de enero del año del Señor de 2024, y establece el registro obligatorio de gallinas para el propio consumo, que incluye también a otras aves de corral como patos, pavos, gansos, codornices, faisanes, perdices o palomas. La omisión de este requisito constituye una infracción leve que puede acarrear sanciones que oscilan, dependiendo de cada taifa autonómica, entre los seiscientos y los tres mil machacantes. 
 
    La inscripción en el Registro debe especificar el uso exclusivo para el propio consumo, el número de aves del gallinero, debe designar un veterinario de referencia, y señalar, además, si las aves están alojadas en espacios cerrados o al aire libre. Gracias al Registro, que no conlleva ningún coste, la Administración podrá contar con un censo avícola actualizado y dispondrá de un mapa de explotaciones en las que actuar ante un posible brote de gripe aviar. 
 

     El caso es que a las aves de corral, previamente acorraladas como su nombre indica, se las hizo lo mismo que a nosotros: confinarlas. A nosotros no hizo falta censarnos de antemano porque ya estábamos suficientemente identificados por la Administración, pero se nos confinó igualmente. Las autoridades siguen el mismo procedimiento que ejecutaron durante la ominosa pandemia: propaganda desaforada que fomenta el miedo a la catástrofe, para lo que movilizan a sus expertos virólogos que andan justificando por todos los medios el confinamiento. Hay uno en concreto, cuyo nombre y apellidos voy a silenciar, pero que ya durante la pandemia andaba sembrando bulos y poniendo en marcha la máquina del fango, que anda por ahí cacareando no sin cierta guasa que el encierro "será sólo por un par de semanas".
 
    El caso es que una vez introducido el zorro, o sea, el virus en la macrogranja de explotación gallinácea intensiva para obtención de huevos en las que se insta a las gallinas ponedoras a que pongan al menos dos al día, lo que acorta considerablemente su vida útil, o en la granja de engorde, donde se crían y se ceban pollos de carne para consumo humano de sus muslos, pechugas, alitas y otros despieces, ya podemos darlas a todas por perdidas, imponiéndose el sacrificio saludable que encarecerá como ya está haciendo su precio tanto de su carne como de sus huevos en el mercado, lo que hará que el pincho del producto nacional culinario y estrella que es la tortilla de patatas se ponga por las nubes.
 
 
 
     España ha sacrificado ya más de dos millones y medio de aves de corral, la mayoría gallinas que han caído como moscas, debido a presuntos brotes recientes de  gripe aviar. ¿Cómo pueden entrar las aves salvajes portadoras del virus en las macrogranjas donde están recluidas las domésticas? Esta cifra no me la invento yo, se basa en informes de noviembre del presente año que muestran un aumento significativo de sacrificios para contener la propagación del virus, con la mayor parte concentrada en la región de Castilla y León. Lo que las enferma de verdad a las gallinas es sobre todo la explotación intensa a la que se las somete, malviviendo hacinadas, maltratadas y engordadas con piensos industriales, lo que hará que se las diagnostique de gripe y se las mate a todas.
 
    Si bien el objetivo de las Administraciones parece a primera vista bastante bien intencionado, a saber, monitorizar posibles brotes de gripe aviar, y garantizar un adecuado control sanitario, no deja de parecerme a mí, en mi modesta opinión, bastante contraproducente. No sé si habrá algún fundamento científico que apoye que las aves confinadas sin sol, sin aire libre, sin pisar suelo vivo, apiñadas y acorraladas bajo techo para que no tengan ningún contacto o contagio con las salvajes, vayan a estar en mejores condiciones de salubridad y más protegidas que en el exterior en plena libertad, pero lo mismo se hizo con nosotros, recuérdese: nos confinaron, y al encerrarnos deprimieron sin duda nuestro sistema inmune, provocando que se cumpliera la amenaza de la profecía del mortal contagio, aumentando así la letalidad del virus. 
 
  
    Cuando las aves corraliegas enfermen por haber sido encerradas y privadas de libertad y aire libre, se dirá que fue porque contrajeron la mortal epidemia de gripe aviar o influenza aviaria, y que hubiera sido mucho peor si no se hubieran tomado las medidas preventivas convenientes. 
 
    De modo que el zorro, en este caso, el virus que se mete en el gallinero no es el de las aves que vuelan en plena libertad, sino el confinamiento, que obligará a sacrificarlas cuando, mohínas y cabizbajas y deprimidas por la falta de libertad, se diga que han contraído la enfermedad defendiéndose actuación por razones de salud. 
 
    Hace unos años trataron de aterrorizarnos, sin mucho éxito, a humanos porque algunos subtipos del virus, como los H5N1, H5N6 y H7N9 podrían infectarnos a nosotros y a otros mamíferos. Hoy se sabe que estos casos son poco probables y comunes, y si se da el contagio no será por el consumo de su carne o de sus huevos cocinados, sino por contacto directo con aves infectadas o con sus secreciones, lo que en las modernas ciudades es poco frecuente. 
     
    La principal preocupación sanitaria es que el virus pueda mutar o recombinarse para transmitirse fácilmente entre humanos, lo que podría originar una pandemia, otra pandemia más como la que tuvimos, suma y sigue, o peor aún, si cabe. Por eso se mantienen estrictas medidas de vigilancia y control en granjas y aves silvestres, por eso el terrorismo informativo de RTVE, el Ente Público que difunde para configurar el monstruo de la Opinión Pública, proclama urbi et orbi: España refuerza sus medidas contra la gripe aviar con la prohibición de criar aves de corral al aire libre.Y el resultado es esto:
 

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Citas previas

Para saber lo que es bueno, no hace falta haberlo catado previamente: cualquiera sabe que lo bueno es bueno y, al primer sabor de boca, sabe bien, se reconoce. 

La Educación Secundaria Obligatoria española, la ominosa ESO, nomen omen, es 'corrupción de menores al por mayor' en palabras de un amigo, profesor desesperado.

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El fantasma de la gripe aviaria regresa: el virus avanza volando por los aires, acorrala a las aves de corral y progresa adecuadamente en lenguaje pedagógico.
 
España confina las aves de corral por el aumento del riesgo de la nueva edición remasterizada de Gripe Aviar; se venden a precio de oro los huevos gallináceos.
 
La Organización Mundial de la Salud señala que la propagación de la gripe aviar es de una escala sin precedentes y exige intensificar las medidas preventivas.
 
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 Me escribe el Banco y pregunta si recuerdo el cuento de Caperucita Roja, y me aconseja desconfiar del lobo feroz (el Banco), haciéndose pasar por la abuelita.
  

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Entre el dicho y el hecho, hay un trecho, que puede ser estrecho o, como dicen en italiano -tra il dire e il fare c'è di mezzo il mare- tan ancho como el mar.
 
  El calentamiento global, dice The Guardian, mata a una persona por minuto en el planeta, según un informe sobre el impacto de la crisis climática en la salud.
 
 El teletrabajo y la telecompra son actividades hogareñas que se han instalado y habitan ya entre nosotros, metiéndonos dos cocos en casa: consumo y producción.
 
  A la pintada callejera “Solidaridad con Palestina. ¡Abajo el estado sionista!” Le quitaría el 'sionista' o le añadiría la coletilla final ... y todos los demás.
 
 
Durante la pandemia, algunos sustituyeron el beso y el abrazo por una reverencia oriental, mano en pecho, y el apretón de manos por un choque ridículo de codos. 
 
  El mercado ya no es algo externo, se ha introducido subrepticiamente en nuestros hogares a través de la publicidad digital y de las compraventas electrónicas.
 
Los jóvenes, dada su inexperiencia, tienden a creer que su vida mejorará con los años, por lo que creen, de una manera perfectamente irracional, en el progreso.
 
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No vamos a hacer aquí ninguna apología de la oprobiosa dictadura, Dios nos libre, pero tampoco de la democracia, que es el régimen que nos toca ahora padecer. 
 
“Españoles todos”, decía en sus arengas el Dictador; ahora sus sustitutos, políticamente más correctos y feministas, dicen “españoles todos y españolas todas”.
 
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 La administración del Estado facilita la relación cibernética en línea con su maquinaria burocrática, sustituyendo el personal por automatismos informáticos.
 
La burocracia es la peste atosigante del Estado, que para cualquier gestión nos exige que solicitemos una cita previa, mostrándose cada vez más intransigente. 
 

martes, 11 de noviembre de 2025

Creer y pensar: no es lo mismo

    Creer viene del latín 'credere', un término compuesto de dos raíces indoeuropeas: *kerd- 'corazón' (presente en el latín cor cordis, en el griego y derivados modernos cardía y en el inglés heart) y *dhē 'poner', cuyo significado primitivo sería, por lo tanto, 'poner el corazón', en el sentido de confiar, con un claro componente afectivo, mientras que 'pensar', que es el doblete culto del término patrimonial 'pesar', deriva del latín 'pensare', que significaba en principio valorar, medir, sopesar, aludiendo a una operación, como si dijéramos, más objetiva que se basa precisamente en la desconfianza de poner en tela de juicio lo que se cree.

    Pensar, igual que razonar, es esencialmente repensar, revolverse contra el propio pensamiento: reflexionar, negarse a creer, es decir, desconfiar, no confiar en lo que uno cree. Cuando pensamos, pesamos y sopesamos, pero no emitimos opiniones personales, que no dejan de ser una interrupción del pensamiento que permite el afloramiento de las creencias. 

     El pensador, lejos de adherirse inmediatamente a sus opiniones, por el contrario, las cuestiona: no sólo piensa por sí mismo, sino también contra sí mismo. No solo debe desconfiar de los demás, sino también de sí mismo en primera instancia. ¿Es placentera esta lucha contra uno mismo? Es más fácil y por tanto más agradable aferrarse a las propias creencias que andarse cuestionando uno siempre a sí mismo y a los demás.

    El hecho es que llamamos “verdadero” a lo que “creemos” que es verdad. Pero la verdad sólo es accesible por la vía negativa si el individuo piensa, reflexiona, es decir, si se cuestiona. Si el individuo deja de pensar, cree saber, pero podría ser que lo que él cree que es verdad sea, de hecho, falso. Por lo tanto, debe permanecer vigilante, continuar dudando, diciendo que no a sus propias opiniones. 

     Pensar es liberarse. “Pensar es negar lo que se cree”. Si el pensador “dice que no”, es, de hecho, a sí mismo, y más precisamente a sus propias creencias y opiniones. El verdadero pensamiento (reflexión) no es más que una lucha contra las creencias.

    Por un lado, “decimos que sí”, y tenemos más que pensamientos, ideas ya constituidas y fijadas, que ya no nos tomamos la molestia de cuestionar; tenemos ideas, pensamientos enquistados, encapsulados, es decir opiniones, pero precisamente ya no pensamos: creemos. Por otro lado, decimos que no, pensamos, reflexionamos y, con ello, empezamos a mover, cuestionar, de nuevo, creencias y opiniones, las de los demás, pero también las nuestras.

    Hay que oponer, por lo tanto, “pensar” y “creer” y reconocer que la creencia es el único y verdadero adversario del pensamiento, y llegar a formular clara- y concisamente que pensar es dejar de creer. Poca gente entiende una formulación como esta, tan clara y sencilla como es sin embargo, porque la gran mayoría, e incluso aquellos que parecen despojados de toda religión, busca en las ciencias oráculos en los que puedan creer y depositar su fe, una fe religiosa a la que puedan adherirse. 

    El verdadero pensamiento o reflexión sería el escéptico que no renuncia a la búsqueda de la verdad, sino que la examina ("skeptomai", en griego, significa : "examino"). Por el contrario, la creencia sería “dogmática”: quien cree, no sólo afirma, sino que rechaza todo cuestionamiento. En otras palabras, el pensamiento (verdadero) sería el pensamiento “vivo”, el que está siempre en movimiento, el que se cuestiona constantemente. De nuevo, por el contrario, la creencia sería el pensamiento "muerto", el que está congelado, el que "se detiene" en una idea, es decir sobre una opinión, la considera verdadera, y por lo tanto no la cuestiona más.

    Creer, en este sentido, es pues dejar de pensar. Y pensar es algo que uno debe hacer por sí mismo, sin dejar que otros piensen por uno porque esta función no puede delegarse democráticamente en la mayoría y en el fetiche fantasmagórico de la opinión pública, que no deja de ser una imposición estadística, esto es, del Estado y del capital, pero al mismo tiempo debe hacerse en común con los demás y contra ella. Creer que uno puede pensar, solo, es una ilusión; obviamente necesitamos a otros para ayudar a que nuestro pensamiento evolucione, a que nos ayuden a pensar contra nosotros mismos, es decir, contra nuestras creencias y opiniones personales.