viernes, 16 de septiembre de 2022
Receta para cultiparlar en solo un día
jueves, 15 de septiembre de 2022
Brevísima mensajería
El ejecutivo español se define a sí mismo con la etiqueta de Gobierno de la gente en vez de la ya apolillada coletilla Gobierno más progresista de la Historia.
Una población recluida en su domicilio, conectada a internet, que sale a trabajar solo si su trabajo es esencial es el ideal de cualquier régimen capitalista.
Con la pandemia, la digitalización, de la que tanto se había hablado en los últimos años sin saber muy bien qué suponía, se aceleró sobremanera y se catalizó.
El SARSCoV-2 y el relato que lo avala están en vías de extinción. Un virus construido artificialmente es inestable, y en el proceso de replicación se desactiva.
Los delfines y delfinesas del universo mundo, arrogantemente jóvenes y hermosos, están todos ellos y ellas igual que ellos al servicio del Nuevo Orden Mundanal.
Las informaciones que divulgan se basan en el carisma de expertos en la materia, cuyas opiniones hay que creer (magister dixit) como artículos dogmáticos de fe.
Del trigo sale el gorgojo que lo ataca, de la madera la carcoma que la perfora, del paño la polilla que lo devora, de nuestro corazón la pasión que nos abrasa.
Masterchef: Procederemos a la deconstrucción gastronómica de la paella valenciana, en cuya elaboración no utilizaremos ni arroz ni ninguna clase de tropiezos.
Cuando un político dice “modernización”, hay que echarse a temblar porque no pretende acabar con la inveterada explotación y servidumbre sino su actualización.
Todas las idolatrías rinden culto y vasallaje a algún ídolo despreciable, pero el más deleznable de todos los ídolos es sin duda alguna el ego de la egolatría.
Según algunos analistas, la demagogia es la degeneración de la democracia, pero en realidad es su esencia: el gobierno del pueblo es esencialmente demagógico.
¿Para qué sirvió la gloriosa Revolución Francesa? Para que bajo el Nuevo Régimen los súbditos, denominados ciudadanos, cambiasen de nombre pero no de condición.
Olvida su nombre y atrévete a verla y mirarla como si fuera la primera y última vez, porque no hay en rigor nunca dos veces iguales sino sólo una única ocasión.
La infidelidad, se dice, es una forma de traición. ¿A quién? Ser fiel a una persona supone ser infiel a otras. Ser fiel a uno mismo es ser infiel a los demás.
Los políticos idolatran al Estado: practican la estatolatría como forma de egolatría. Se dicen El Estado soy yo, un ídolo con los pies de barro, y se idolatran.
Las personas no vacunadas mayores de 60 años tienen 25 veces más riesgo de morir de COVID que las que se han vacunado, que tienen 25 veces más riesgo de vivir.

miércoles, 14 de septiembre de 2022
Tabú
martes, 13 de septiembre de 2022
Muere el rey para que viva el Rey
Treintayséis años después resuena la canción The Queen Is Dead. Morrisey, el cantante de The Smiths, cantaba: I say, Charles, don't you ever crave / to appear on the front of the Daily Mail/ dressed in your Mother's bridal veil? ("Digo yo, Carlos, ¿nunca anhelas / aparecer en la portada del Daily Mail / vestido con el velo de novia de tu madre?), The Queen is dead, boys ("La reina ha muerto, muchachos") y Life is very long when you're lonely ("La vida es muy larga cuando estás solo").
Cuarentaycinco años después resuena todavía la canción God save the Queen ("Dios salve a la Reina), la parodia del himno nacional británico, de los Sex Pistols, donde se afirmaba que la Reina, que se convertía así en la musa del punk, no era un ser humano y que su reino era un régimen fascista, que recordábamos hace cuatro meses a propósito de unas declaraciones de Johnny Rotten aquí mismo en God bless the Queen.
lunes, 12 de septiembre de 2022
La auténtica plaga
La muerte del escritor Javier Marías, acaecida ayer mismo a la edad de 70 años, según leo en la prensa, me trae a la memoria un artículo memorable que publicó hace ahora dos años en El País Semanal, titulado 'Terrorismo Informativo', en el que denunciaba la manipulación a la que nos sometían los medios de formación de masas, temática sobre la que hemos tratado nosotros mismos en este arcón varias veces aquí mismo y aquí también, por ejemplo. Desconozco la obra novelística de Marías porque apenas leo novelas, pero de cuando en cuando he disfrutado de los artículos periodísticos suyos, magistralmente escritos, que publicaba en la prensa.
Este que adjunto (la negrita es mía) no tiene desperdicio. En él comentaba el autor, entre otras cosas, la entrevista que le hizo RTVE al doctor De Benito a propósito de la situación de los hospitales españoles, "una escena especialmente bochornosa". La presentadora se empeña en pintar de negro la situación, y el doctor a desmentir las "informaciones" que propagaba la prensa y la televisión en cabeza a todas horas.
Pasaron julio y agosto, y, según la prensa y las autoridades (desde el inoperante y marrullero Gobierno de Sánchez hasta la última comunidad autónoma), todo ha ido a peor. La prensa, con las televisiones a la cabeza, ha logrado hacernos creer que la situación es más grave que en marzo o abril, cuando estábamos confinados. Como salta a la vista que esto es falso, no alcanzo a entender el propósito de semejante catastrofismo, que además lleva meses ocupando las 24 horas del día como tema único. He contado aquí que, por razones de horario, las noticias que más veo (veía; ya no paso de los titulares) son las de TVE a las 3. Esta cadena, sufragada con dinero público y que por tanto nos “pertenece” a todos; que obedece al Gobierno con más servilismo que nunca (y ya es decir en España), se ha convertido en uno de los espectáculos más vergonzosos que recuerdo. Omite sistemáticamente cualquier indicio esperanzador, venga de científicos o investigadores extranjeros, de médicos españoles o de reconocidos virólogos. Tuve ocasión de ver una escena especialmente bochornosa: en un programa matinal, la periodista conectaba con un doctor de El Escorial, y le insistía —es la tónica— en lo fatal que iba todo, en la saturación de los hospitales y el colapso que los aguardaba en cualquier instante. Como el doctor no le daba la razón y contaba su experiencia (pocos ingresados en su centro, pocos en los otros de que tenía conocimiento), la periodista se enfurecía y le insistía una vez y mil: “¡Pero las cifras…!” El médico, paciente, le explicaba la diferencia entre un “positivo” y un enfermo (la mayoría de los primeros no están lo segundo y no requieren hospitalización, etc), lo cual encolerizaba aún más a la mujer y también a un compañero varón que se entrometió desde el plató: “¡Doctor, está llamándonos imbéciles al resto de la población!”, le espetó airado. Fuera quien fuese ese médico, tuviera razón o no tanta, sabía más del asunto que quienes lo zarandeaban con malos modos por no decirles lo que ellos querían oír y transmitir a esa población que ansiaban aterrorizar. Mucho temple tuvo el doctor para no contestarles: “No, sólo se lo llamo a ustedes dos”.
La prensa en general, y TVE en particular (luego el Gobierno Podemos-PSOE), no consienten el menor optimismo ni el menor alivio. He visto Telediarios en los que se ha destacado a reporteros a pueblos minúsculos (de 400 o hasta 200 habitantes) para que desde allí emitieran largos minutos porque —albricias— había unos cuantos casos de coronavirus. Es decir, han rastreado como locos dónde había algo alarmante o desalentador, para crear una psicosis —dura ya más de la cuenta— de verdadero terror, por lo que no sería exagerado afirmar que practican terrorismo informativo. Procuran dar los datos de la manera más caótica y confusa posible, pero siempre dirigida a que la epidemia luzca más terrible de lo que sin duda es. Tanto el Gobierno central como los autonómicos —sin excepción— contribuyen al caos, a la sensación de vacío de poder, de irresponsabilidad, vagancia, ineptitud y dejadez. Los segundos se distinguen por su absoluta insolidaridad, y se los percibe preocupados tan sólo por su imagen y por los votos regionales futuros que puedan ganar o perder, nunca por los ciudadanos ni por el país en su conjunto. Esta epidemia ha puesto de manifiesto que, si pudieran, serían reinos de taifas… siempre que sus gastos corrieran a cuenta del Estado. El mensaje de todos viene a ser: “Queremos ser independientes de España y que España sostenga económicamente nuestra independencia”.
He visto a locutoras (una tal Alejandra de torpeza infinita, una tal Melanie que contaba al menos con el pretexto de su bisoñez) anunciar con una gran sonrisa y expresión triunfal: “España lidera” (ya el verbo delataba sus intenciones) “el número de contagios en Europa, y hemos batido el récord en un solo día”. ¿Por qué esa propensión aviesa? ¿Mero sadismo? Sí, la prensa casi no existe, la mayoría es amarillista y por lo tanto histérica y sádica. Pero ha de haber algo más, sobre todo en la cadena que, desde que está un tal Enric Hernández al frente de Información y Actualidad, es dócil portavoz de las órdenes de Sánchez e Iglesias. (Nos han informado con profusión del ruido padecido por éste, pero apenas nada de las vicisitudes judiciales de su partido.) Esas noticias infladas, que suscitan un pavor continuo, son las responsables de que cada vez más países desaconsejen pisar España, con el consiguiente quebranto para una nación sustentada en el turismo y el ocio. ¿La consigna es dañar más la economía? ¿Destrozar la salud mental de la ciudadanía? Una ciudadanía atemorizada y machacada no produce, no rinde. ¿Es eso lo que se busca? No me lo explico. Claro que hay que seguir siendo prudentes y tomándonos muy en serio la plaga. Pero ¿por qué se oculta siempre lo medio bueno y se subraya o se inventa lo pésimo? No cabe sino pensar mal, la verdad: nuestros gobernantes, ¿son tan autoritarios que prefieren que el país se vaya a pique antes que renunciar a nuestra mansedumbre? Sería propio de Maduro o Trump o Bolsonaro o Erdogan. Esperemos que no lleguen tan lejos. Nada amansa tanto como el miedo permanente y cerval.
domingo, 11 de septiembre de 2022
Me parece a mí...
sábado, 10 de septiembre de 2022
En Dios confiamos
El billete de dólar americano les dice bien claro a los yanquis en su lengua, que es la del Imperio: in God we trust ("en Dios confiamos", o, enderezando el hipérbaton, que es la alteración del orden de palabras en el discurso para dar énfasis a lo que se cambia de sitio, "confiamos en Dios"). Por algo será. En todo caso, muy significativo que sea el propio billete de banco el que lo diga. El dinero nos recuerda a sus usuarios que ponemos nuestra confianza, nuestra fe, nuestro crédito, en el mismo dinero, es decir: en Dios.
In God we trust es el lema de los Estados Unidos de América desde que lo decretara en 1956 el presidente del país por aquel entonces, el señor Eisenhouer. En la letra de la última estrofa del himno americano, que habitualmente no se canta, ya se decía algo parecido: in God is our trust ("en Dios está nuestra confianza").
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| "Dios nos dio dos brazos: uno para la vacuna de la gripe y otro para la del COVID-19". |
























