En el tratado Cuestiones académicas, libro I, 27 de Cicerón, que como filósofo
no aportó gran cosa a la filosofía pero que nos transmitió por la vía latina
gran parte del legado filosófico griego, se habla de las dos grandes escuelas filosóficas
de la antigüedad posteriores a Sócrates, que sirve como punto de inflexión en la
historia de la filosofía, dividiéndola en un antes (pre-socráticos) y un después
(post-socráticos), al igual que Jesucristo parte en dos la historia universal de la
humanidad y el cómputo de los años y los siglos en un antes y un después. Estas
dos grandes escuelas fueron los académicos y los peripatéticos, que, aunque con
distinto nombre, coincidían en lo fundamental, que es en su raigambre
platónica, dado que Aristóteles no deja de ser un heredero de Platón, aunque se
aparte de él en muchos aspectos.
viernes, 18 de agosto de 2023
Miseria de la filosofía después de Sócrates
jueves, 17 de agosto de 2023
Pareceres (XXVI)
126.- Inversión de la perspectiva. La mayoría de nosotros rechazamos el credo ajeno, y hacemos bien, porque vemos cómo condiciona a los demás y cómo nos condicionaría, si lo aceptamos, a nosotros. Pero deberíamos invertir la perspectiva, poniéndonos en lugar de los otros, para ver el condicionamiento de nuestras propias creencias e ideología, no para cambiar de credo, sino para desembarazarnos, nunca mejor dicho, de todas y cada una de las nuestras. Nuestras sagradas creencias deberíamos exponerlas, o sea, abandonarlas, deponerlas como armas mortales de destrucción masiva que resultan.
127.- Huella de carbono. Los gobiernos del mundo precisan emprender siempre una guerra civil -y todas las guerras lo son a su manera- porque la guerra es la esencia misma del Estado, necesaria como es para subyugar al pueblo. Después de la emprendida contra el terrorismo, en la que todos y cada uno de nosotros éramos sospechosos, se declaró la guerra contra el virus en la que todos éramos portadores del patógeno, contagiadores y contagiados. Una vez acabadas, por ahora, aquellas viejas guerras, emprenden ahora la guerra contra el CO2 o dióxido de carbono. Es una guerra, como las anteriores, que el Estado declara al pueblo, que se une bajo la férula de su gobierno para luchar contra el enemigo interior, contra sí mismo, es decir, para tirar piedras contra su propio tejado, contra nosotros mismos porque con cada bocanada de aire que exhalamos estamos vertiendo a la atmósfera CO2, o sea dióxido de carbono, o como se llamaba antes, anhídrido carbónico, que es el principal gas de efecto invernadero antropogénico. Vamos dejando en el transcurso de nuestra existencia, que no vida, porque esto no es vida, una huella de carbono, pecadores que somos, por la que tenemos que pagar. Uno puede pagar el impuesto revolucionario de su cuota de carbono, ser un consumidor responsable y redimirse así de sus pecados.
129.- ALCA. Que el Nuevo Mundo no es tan nuevo como indica su propio nombre, sino que es sólo un trasunto de la inveterada, ya decrépita y rancia Europa, y que es más viejo, por lo tanto, que el catarro de Matusalén, lo demuestra el mero hecho de que ALCA sea el acrónimo de “Área de Libre Comercio de las Américas”, y no, ¡qué bello sería!, cambiando la preposición de lugar, “Área Libre de Comercio de las Américas”. Pero no es así. ¡Qué pena! No hay que confundir las cosas, dicen: no es lo mismo la teología de la liberación, que es más del mismo cuento teosófico de siempre, que la liberación de la teología, que es lo que muchos de nosotros deseamos.
130.- Ganarse la vida. Trabajas 5 días para disfrutar 2, consagrando el fin de semana que nunca es el fin de la semana... Trabajas todo el año solo para tomarte unas semanas de vacaciones. Trabajas toda tu vida para jubilarte a una edad muy avanzada. Trabajas para ganarte la vida, y, trabajando, la pierdes irremisiblemente. Y no contemplas más que tus últimos alientos. Con el tiempo te das cuenta de que la vida no ha sido más que una parodia de sí misma. Nos hemos acostumbrado tanto nuestra propia esclavitud que no somos conscientes de ella.
miércoles, 16 de agosto de 2023
Dos bombas fétidas
martes, 15 de agosto de 2023
El mensaje del Cristo Redentor
Sobre la imagen del Cristo Redentor de Río de Janeiro se proyectó el pasado 28 de julio el llamado 'Reloj Climático' (Climate Clock, en la lengua del Imperio). Lo de reloj nos viene del antiguo horologion/horologium de griegos y romanos, como llamaron al artilugio que a través de los rayos del sol o de los granos de arena convertía el tiempo en números, y lo de climático nos viene del latín tardío, clima, que es adaptación del griego klíma klímatos 'inclinación' de la Tierra desde el ecuador a los polos, de ahí que signifique 'zona geográfica'. Un reloj climático terrorífico que marca el tiempo que nos queda para poder detener el calentamiento global que hará que el planeta, entrado ya en ebullición según los expertos de la ONU, se destruya como por combustión espontánea poniendo fin a la vida y al mundo, en un tiempo que se ha cifrado en menos de seis años a contar desde ya mismo.
Ya ha comenzado la cuenta atrás de hecho con la proyección sobre el Cristo brasileño del reloj. El reloj pasó enseguida de los 6 años, 0 días y 00:00:00 horas a 5 años, 364 días y 23:59:59 horas, en un momento en que varios puntos del planeta en los que se han exagerado las temperaturas al tomarlas de la superficie terrestre en lugar de tomarlas de las tradicionales garitas meteorológicas, bien protegidas de los rayos del sol, que se colocan a un metro y medio o dos metros de dicha superficie, registraban unas temperaturas de calor extremo que, por otro lado, no son nada infrecuentes en esta época estival y en esos lugares. Cada momento que pasa queda menos.
El reloj indica el tiempo que queda para detener el fin del mundo desatado por el calentamiento planetario. El reloj seguirá avanzando en su cuenta atrás y cuando llegue a cero significará que se avecina un apocalipsis climático de proporciones catastróficas desconocidas e inimaginables si las emisiones de dióxido de carbono (CO2), antiguamente llamado anhídrido carbónico, gas que liberado a la atmósfera provoca el efecto invernadero se mantiene en el nivel actual sin reducirse.
Ha comenzado la apocalíptica cuenta atrás. Quedan, de seguir igual que estamos, sin reducir las emisiones de carbono a la mitad por lo menos, menos ya de seis años para que se acabe el mundo, o dicho de otra manera: la probabilidad de impactos
climáticos globales devastadores será muy alta. Bienvenidos, señoras y señores, a la Edad Media de la que no hemos salido todavía. El fin del mundo está a la vuelta de la esquina.
lunes, 14 de agosto de 2023
Y media docena de memes más.
Otro clásico del Arcón sobre la democracia: ¿Se puede votar que no gobierne nadie?
Power? Off, por supuesto.

El poder de la naturaleza contra la naturaleza del Poder:
Sobre enfermos y muertos asintomáticos:
De los falsos profetas que nos advertían las Sagradas Escrituras:
Blanca Nieves Trans y los Siete Enanitos del Bosque:

oOo
Más otro de regalo: Las ovejas siempre temieron al lobo, pero fue el pastor quien las llevó al matadero.
domingo, 13 de agosto de 2023
Lo que queda de aquello
Información periodística de un diario de provincias, cuyo nombre propio omito por delicadeza: “Los expertos consultados auguran que los casos seguirán avanzando en las próximas semanas como consecuencia del aumento de las interacciones sociales propias del verano.”
En primer lugar, el sujeto de la frase: No se especifica ni quiénes ni cuántos son esos presuntos expertos, peritos en lunas, que diría el poeta, que han sido consultados, probablemente alguna asociación como Expertos Anónimos o una oenegé tal que Expertos sin Fronteras.
Estamos hablando, claro está, a propósito del virus coronado y según los susodichos expertos consultados hay aumento de “casos”, que seguirán aumentando -en auge, in augmentando- las próximas semanas. Curioso concepto este de 'caso' que nos metieron a machamartillo junto con el de 'pandemia' y que persiste y no significa gran cosa: los casos no son enfermos, porque cualquiera puede ser un caso, como se dice vulgarmente, sin tener ningún síntoma y, por lo tanto, sin estar enfermo. ¿Qué hace falta para ser un caso? Ser cualquiera, lo primero, y lo segundo, dar positivo a una prueba de antígenos, por ejemplo, de esas que se venden en farmacias.
A continuación viene el fárrago de los datos y los porcentajes estadísticos por comunidades autónomas, que son 17, si no recuerdo mal, en las Españas, y la noticia de que las farmacias han casi triplicado en la última semana las ventas de los tests que, a falta de personal médico, nos diagnostican.
Sigue la información periodística: ...pero -añaden- en su inmensa mayoría seguirán siendo leves sin repercusión relevante en las tasas de hospitalización e ingresos en las UCI.
¿Podemos dormir tranquilos, entonces? Sí, y no, porque, para no perder la costumbre, nos dan los últimos datos sobre la evolución de la cosa en el Informe de Vigilancia Centinela de Infección Respiratoria Aguda en Atención Primaria y en Hospitales por gripe, covid-19 y otros viruses respiratorios. Nótese que se agrupan bajo una misma etiqueta de “Infección Respiratoria Aguda” cosas como la gripe, que había desaparecido misteriosamente -¿a dónde iría la vieja influenza?- durante los dos años de la pandemia y que ha vuelto a resucitar una vez dada por 'concluida' esta con un cierre en falso, "la" covid-19, perfectamente asimilada y normalizada ya desde que se 'gripalizó', y 'otros viruses respiratorios' varios de origen desconocido.
Y ya vuelven a la carga los datos de los casos
por 100.000 habitantes, que han aumentado tantos puntos con relación
al anterior informe... Y las 'tasas de
hospitalización', y la de ingresados en UCI... Y blablablá.
¿A qué se debe todo esto? A que sin lugar a dudas están preparando la próxima campaña de otoño-invierno, en la que quizá no se atrevan a confinarnos ni a enmascararnos obligatoriamente otra vez, pero en la que nos aconsejarán que por nuestro propio bien y por el de los demás nos confinemos, enmascaremos y nos revacunemos a la mayor brevedad posible y gloria de la industria farmacéutica.
sábado, 12 de agosto de 2023
Marginalia (comentarios breves al margen, 2)
De meteorología y alarma climática:
Las elecciones son siempre un engañabobos porque la mayoría elige siempre lo que está mandado, y el pueblo no quiere elegir gobierno sino que nadie lo gobierne.
viernes, 11 de agosto de 2023
Sequía asintomática
-Hay que ver. En plena canícula de agosto, y mira cómo salimos a pasear, con el impermeable y el paraguas debajo del brazo por si acaso.
-Y raro es que tú no lleves la mascarilla puesta, Poldo, que tú eras de los que la llevaban por la calle hasta ayer mismo.
-Bueno, parece que ya se acabó la alarma esa... por ahora.
-Bien dices, porque seguro que este otoño vuelven a activarla, que llevamos ya meses sin pincharnos. Pero ahora toca la alarma del calentamiento planetario.
-No te burles, a ver si vas a resultar tú también negacionista del cambio climático.
-No, negacionista yo no soy, Poldo, pero tampoco un afirmacionista que va por ahí largando lo que no hay.
-Pues es que cambio climático tiene que haberlo, porque yo lo que digo, y soy mucho más viejo que tú, Davicín, es que esto no pasaba antes, no, y eso no hay que porfiarlo, porque no lo digo yo, lo dice la Ciencia.
-Será la Televisión, que la Ciencia está muy callada últimamente.
-No hace falta ser científico para darse cuenta de que no es ni medio normal que llueva en agosto, a no ser que haya cambiado el clima, lo que demuestra que hay cambio climático, que existe.
-Existir sí que existe, porque están todo el día hablando de ello por la tele, pero que lo haya es harina de otro costal. Yo no lo tengo tan claro.
-Pues yo sí que me lo creo.
-Bueno, pues al final va a ser una cuestión de fe, Poldo. Pero no es para tanto, que esto son cuatro gotas nada más. Además, siempre ha habido tormentas de verano. Y parece normal que después de unos pocos días de calor de un verano perfectamente normal venga un tiempecillo fresco y algo lluviosillo.
-Pero
llevamos cuatro días ya sin ver el sol, coño, y tampoco llueve en condiciones, que está todo el día morrinando.
-Mira, me estoy acordando yo ahora de unas inundaciones que hubo, cuando volvía yo de Francia...
-Inundaciones ha habido siempre, pero no en agosto.
-Sí, sí, en agosto fueron. No recuerdo de qué año... Pero fue en agosto, de eso estoy seguro, porque había estado yo de vacaciones y volvía a Cantabria, y me pillaron en Bilbao, donde se desbordó la ría... Llovió a mares, y hasta murió bastante gente, creo recordar...
-Sí, recuerdo unas inundaciones que hubo hace mucho también aquí, pero no en agosto...
-Consultemos el aparato que todo lo sabe que traigo en el bolsillo, a ver qué dice... Escucha:“Se cumplen 35 años de las graves inundaciones del 26 de agosto de 1983, que dejaron 34 muertos y pérdidas por valor de 1.200 millones de euros. Había llovido mucho durante toda la semana, pero eso no significaba nada en una ciudad acostumbrada al agua.”
-Hace treinta y cinco años no pudo ser, si fue en el 83. Hará cuarenta, en todo caso, si no me he olvidado de sumar.
-Sí, claro, es que esta noticia es de hace cinco años. Ten en cuenta, amigo Poldo, que estos cacharros tienen demasiada información, la mayoría sin actualizar.
-Ahora me acuerdo yo, que aquí hubo también inundaciones en Ampuero y en Renedo de Piélagos, donde se desbordó el Pas.
-Pues ya ves, Poldo, que esto no es nada, que no pasara antes de vez en cuando. Hay que tener algo de memoria y no amnesia histórica, y no creerse todo lo que cuentan, porque según la televisión y muchos periódicos resulta que julio ha sido el mes más caluroso de toda la historia mundial, y ya no nos acordamos de cómo hizo el verano pasado, que fue muchísimo más caluroso que este.
-Bueno, de alguien hay que hacer caso.
-Pero es que ahora todo el mundo se ha vuelto meteorólogo de la noche a la mañana, como antes virólogos y teólogos de Dios. Y es que, amigo Poldo, si comparamos esto con la pandemia, es exactamente igual: Nos acojonan metiéndonos miedo, y como antes nos metieron el virus, ahora nos meten el cambio climático.
-Hombre, te sacan fotos de pantanos secos, y de desiertos y de termómetros bien soleados que marcan 50º, y de gente que le da un infarto y se muere del golpe de calor...
-Igual que antes con los muertos del virus...Y nos hacen ver lo que no hay: Si antes había enfermos asintomáticos, ahora hay sequía asintomática. O sea que el síntoma de que hay calentamiento es que no hay ningún síntoma de calentamiento, precisamente, y además han bajado las temperaturas. Y te harán creer, en nombre de la Ciencia, como de antes en nombre de Dios, lo que quieran, para luego echarte la culpa por tus emisiones y cobrarte el impuesto revolucionario.
-Bueno, ¿qué podemos decir? A lo mejor poca cosa, que los designios de la climatología, como antaño los de Nuestro Señor, son inextricables para nosotros y el común de los mortales.
-Sí, pero además ya no hay calentamiento global. ¿No has oído tú lo que dice el gerifalte ese de la ONU de que se acabó la era del calentamiento, y ahora entramos en la de la ebullición?
-¿De la qué?
-De la ebullición, del hervor de las ranas en el puchero.
-Pues peor me lo pones, amigo Davicín.
-Peor nos lo quieren poner, amigo Poldo.
jueves, 10 de agosto de 2023
¿Franjas paralelas?
En la siguiente
ilustración de la norteamericana Victoria Skye lo que vemos no es verdad, la realidad que estamos viendo es una ilusión óptica. No sólo son
paralelas las franjas verticales, sino también las horizontales,
aunque no lo parecen a simple y primera vista. Las líneas
horizontales torcidas que vemos son rectas y paralelas, como
puede comprobarse entrecerrando los ojos, aunque al volverlos a abrir reaparezca el embeleco. Resulta paradójico que para ver bien y no dejarnos engañar por las apariencias tengamos que cerrar los ojos.
Esto es lo que dice su autora: “¿Las franjas horizontales parecen torcidas? Mira otra vez porque no es así. Son líneas rectas y paralelas. Los diseños se van alternando, y las líneas y los colores se combinan para engañar a tu cerebro”.
La ilustración es una versión azulada de la conocida como “la pared de la cafetería”, popularizada en los años setenta por el neurólogo de la Universidad de Bristol R. Gregory, que la descubrió en el muro de una cafetería de la ciudad.
Al entrecerrar los ojos o al parpadear muy rápido la imagen se ve borrosa y al verse borrosa se pierde el efecto, ya que el engaño -la realidad- solo funciona cuando, paradójicamente, se ven bien los detalles, como nos explica la propia Skye: "Las líneas y colores se difuminan, por lo que no se pueden distinguir los detalles, ángulos, el contraste de colores y las variaciones, por lo que la ilusión desaparece por arte de magia".
La autora ha
confesado: " (...) las ilusiones ópticas
son acertijos visuales para el cerebro. Me fascina la idea de que se
nos pueda engañar tan fácilmente y que no podamos fiarnos de
nuestros propios ojos". Ahí radica el encanto de esta ilusión, en que supone un descubrimiento: no hay que fiarse de las apariencias, lo que implica que no hay que fiarse de la realidad, entretejida como está de apariencias.
Si aun así te cuesta desengañarte, mira esto:
miércoles, 9 de agosto de 2023
Cuatro helenismos
Propongo analizar cuatro helenismos o palabras de origen griego integradas en nuestra lengua culta que comienzan en castellano por “dem(o)-”, derivado de δῆμος “pueblo”, a saber demografía, demoscopia, demagogia y democracia, todas ellas seguidas de un derivado verbal que es, respectivamente, -grafía “descripción”, -scopia “observación”, -agogia “conducción” y -cracia “gobernación”.
Todas tienen como objeto al pueblo, cuya definición pretenden establecer quizá vanamente, dado su carácter indefinido. Ya sabemos que 'pueblo' es muchas cosas: desde ciudad o villa (el pueblo de Madrid), a población de menor categoría opuesta a ciudad (el pueblo de Villadiego), también es el conjunto de personas de un lugar, región o país, es decir, la población o gente que lo puebla. El problema que se plantea en este caso es que no es lo mismo “el pueblo”, en general, que, si añadimos un adjetivo gentilicio particular, “el pueblo vasco”, o “el pueblo español” o “el pueblo japonés”, lo que implica constatar que hay muchos pueblos y hay una jerarquía entre ellos, pues no son equiparables, piénsese por ejemplo en el imperio y emporio de los Estados Unidos de América frente a cualquier república africana.
Pero también pueblo es sinónimo de gente humilde, común y corriente, frente a los poderosos, sin perder de vista que también es sinónimo de país o nación con gobierno propio, es decir, se quiere hacer pasar como sinónimo de Estado. No se puede olvidar tampoco que en eso que llamamos “pueblo”, del latín POPVLVS, se funden desde hace dos mil años por lo menos las dos clases sociales políticas y económicas: los patricios, que eran los padres de la patria, los de arriba, y los plebeyos, los de abajo.
Ya en griego antiguo sucedía algo parecido con la palabra δῆμος, que era por un lado el lugar donde habitaba una comunidad, y por otro las personas que habitaban dicho lugar, sin olvidar el sentido político o jerárquico, donde 'pueblo' se definía por oposición al rey, al tirano o a los gobiernos en general, y en los estados democráticos se refería al conjunto de ciudadanos libres que gobernaban sobre los que no lo eran (esclavos, mujeres y niños); adquiriendo finalmente, por extensión, el significado general de “gente, raza, pueblo”.
La demografía se encarga de hacer un estudio estadístico de una población ya sea sincrónica- o diacrónicamente, pero al hacer dicho estudio reduce lo que es un proceso a un tiempo y a un espacio determinados. Pretende, pues, con la aplicación de la estadística, que viene de estado, definir lo indefinido, reflejar el aumento o la reducción de la población, algo que está sucediendo constantemente, porque unos nacen y otros mueren, de forma que es prácticamente imposible hacer un censo sin que se modifique ipso facto. Es como tomar una fotografía de un vuelo, que implica paralizarlo, congelarlo, detenerlo.

La demoscopia, por su parte, consiste en el sondeo de opiniones, aficiones y comportamientos de la gente. Los demóscopos practican su ciencia no para saber qué opina la gente, cosa que sería imposible en su totalidad por aquello de quot homines tot sententiae, 'cuantos hombres tantas opiniones', sino para que la gente sepa mayoritariamente lo que tiene que opinar. Las encuestas demoscópicas mienten, no porque los encuestados puedan de hecho mentir, que lo hacen a veces, sino porque la opinión de una persona o de un grupo de ellas no puede ser extrapolable ni representativa de la totalidad ni de lo que opinen mil, diez mil, cien mil o un millón de las personas.
La demagogia es el arte, vamos a decir, de ganarse con toda clase de halagos y mentiras el favor popular que suele traducirse en votos; etimológicamente la palabra está emparentada con “pedagogía”: en ambos casos se trata de una ἀγωγή, agogé, una conducción o dirección, lo que implica siempre que hay un conductor o director y, por contraposición, algo distinto que es conducido o dirigido, ya sea el pueblo o ya sea el niño por los dirigentes. Desde Aristóteles la demagogia es la corrupción de la democracia, pero en realidad, la demagogia bien mirada, es la esencia misma de la democracia, como veremos a continuación.
La democracia, según la docta academia, es “el sistema político en el cual la soberanía, es decir, el poder, reside en el pueblo, que lo ejerce directamente o por medio de representantes”, es decir, toma al pueblo como sujeto y oculta lo más evidente, tomarlo también como lo que es: el objeto del gobierno. Una definición menos falsa sería: “Sistema político en el cual el pueblo, bien directamente o bien indirectamente, se gobierna a sí mismo no permitiendo que nadie que no sea él mismo lo gobierne”. Nótese que esto, que es lo más evidente, es lo que se oculta en la definición de democracia “gobierno del pueblo”, dado que es ambigua y puede entenderse de dos formas contradictorias: subjetivamente, tomando al pueblo como sujeto que ejerce el gobierno, y objetivamente, tomando al pueblo como objeto de gobierno, lo que es una contradicción en sus términos, dado que el pueblo se convierte a la vez en gobernante y en gobernado, anulándose la oposición sujeto/objeto, y diluyéndose o más bien ocultándose la idea que no la realidad la cosa del “gobierno”.























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