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jueves, 1 de enero de 2026

Celebrando a Euclides de Mégara

    Cuando la pitonisa de Apolo del oráculo de Delfos sentenció que el hombre más sabio del mundo era Sócrates, el propio nominado fue el más sorprendido por semejante respuesta,  y se dedicó, como buen amigo que era del saber, a averiguar qué podía haber de cierto en ese sorprendente veredicto oracular. 

    Fue visitando una tras otra a todas las personalidades de la Atenas de su época, que era la de Periclés, a  políticos, intelectuales, artistas, preguntándoles qué sabían. La sola pregunta resultaba impertinente porque cuestionaba la supuesta posesión de la verdad de sus sapientísimos conciudadanos.

    La figura de Sócrates resultó enseguida incómoda a los poderosos de aquel mundo, que es este mismo nuestro, todavía, tanto que llegaron a compararlo con un tábano, o una mosca cojonera, diríamos hoy con expresión más castiza. Pues resultaba molesto que alguien pusiera en tela de juicio la realidad preguntándose una y otra vez qué son las cosas.
 

    Ante la afirmación que hacen algunas personas, generalmente bien instaladas dentro del sistema de dominación democrático vigente, de que "Así es la realidad" o "Así son las cosas" o "Las cosas son como son", Sócrates se preguntaba una y otra vez:   ¿cómo son las cosas?, ¿qué son las cosas?, ¿qué es la belleza?, ¿qué es la libertad?, ¿qué es la política?, ¿qué...? Ese era el quid, la clave, de la cuestión: la pregunta se renovaba constantemente, siempre viva en el aire.

    Quizá lo que había querido decir el oráculo, concluyó un buen día cansado de tanto preguntar, era que él era el hombre más sabio del mundo porque era el único, si acaso, consciente de su vasta ignorancia. 

    Por eso se dedicó a desengañar a los que querían escucharle y conversar con él atendiéndose a razones, jóvenes mayormente de clase alta, desocupados y aún no integrados en la sociedad adulta, como el bellísimo Alcibíades, lo que le granjeó la antipatía general de los mayores y lo que acabaría llevándolo a la muerte, reo de pena capital  por corromper a la juventud con sus enseñanzas, aunque más propiamente habría que llamarlas “desenseñanzas” o desengaños, así como por no creer en los dioses en los que creía la ciudad y por meter otros. Fue condenado a beber la cicuta letal por el régimen democrático de Atenas, ilustre antecedente del que padecemos ahora.

    El proverbio latino "philosophum non facit barba" (La barba no lo hace a uno filósofo) advierte sobre el hecho de que las apariencias engañan. Solemos decir que no hay que confundir la realidad con sus avatares, pero de hecho, en verdad,  la realidad está constituida precisamente por sus apariencias, con las que se funde y confunde, y eso es lo que un filósofo debe denunciar: las mentiras que a modo de columnas sostienen el tinglado de la realidad.

    No es sólo que las apariencias engañen, como dice el refrán, y es verdad, y, por lo tanto, no hay que fiarse nunca mucho de ellas, es que, además, las apariencias son la única realidad que hay. Ya se sabe que la mujer del César no sólo debía ser honesta, sino sobre todo aparentarlo: de hecho era más importante guardar las apariencias que lo otro. A César lo retrató Salustio para siempre cuando lo contrapuso a Catón de Útica y dijo de este último: esse quam uideri bonus malebat ("prefería ser bueno a parecerlo"). Julio César, por el contrario, prefería guardar las apariencias.
 
 

    Sócrates era frecuentado por muchos discípulos, como hemos dicho: el más famoso será Platón, fundador de la Academia, y de la filosofía académica que vino después. Uno de los menos conocidos, sin embargo, fue Euclides, fundador de la escuela de Mégara, del que queremos hacer aquí mención, para celebrar su nombre, que no hay que confundir con el matemático alejandrino que también se llamaba Euclides, mucho más conocido por la posteridad. 

    Cuando se les prohibió en Atenas la entrada a los varones megarenses a propuesta de Periclés, lo que sucedió en el año 432 antes de Cristo, en que los atenienses expulsaron a los de Mégara y prohibieron el comercio entre ambas ciudades, hecho que rompió los tratados de paz vigentes y contribuyó a la guerra del Peloponeso, Euclides era capaz de hacer cualquier cosa para escuchar los razonamientos de Sócrates. 

    Se cuenta que al anochecer se vestía con una larga túnica de mujer y se cubría con un palio multicolor –paliaba, pues, así su condición viril y de megarense, haciendo uso de esta palabra que procede del nombre de la prenda griega de vestir por excelencia, el palio o manto de lana que se echaban sobre los hombros tanto hombres como mujeres, siendo el de ellas más vistoso y colorido-, y con la cabeza velada por un chal, iba desde su casa en Mégara hasta Atenas, para escuchar las palabras aladas y desengañadas del maestro y participar en sus conversaciones durante la noche. Y antes de que cantara el gallo, recorría el camino de vuelta a casa de una distancia de poco más de veinte millas que se dice pronto y se tarda no poco en recorrer.

Euclides vistiéndose de mujer, Domenico Maroli (ca. 1612-1676) 

    ¿Qué sucede ahora? Lo primero que no hay maestros porque había uno y este régimen democrático que padecemos lo condenó a muerte, y a la filosofía la redujo, en el mejor de los casos, a ser Historia de la Filosofía, y casi ya ni eso,  gracias a la vigente ley educativa española. 

    Lo segundo,  que si los hubiera, que no los hay, tendrían que ir ellos a buscar a sus discípulos, y esperar a que se despertaran de la borrachera indecente, bien mediado el día, después de haber dormido todo el vino nocturno como consecuencia del botellón finisemanal. ¿Por qué beben los jóvenes? Beben para olvidar que la verdad es que no hay verdad, y que, por lo tanto,  el fin-de-semana no es el fin de la semana, y el fin-de-año no es el fin de año, porque ambos vuelven siempre a renacer de sus cenizas, como el ave Fénix, y a renovarse constantemente para volver a empezar siempre el lunes o el mes de enero, porque no tiene fin de verdad, y porque, al fin y a la postre, la verdad tampoco está en los posos del vino.
 

    Si algo nos ha enseñado Sócrates es que la sabiduría no se posee, es el amor a la verdad que nos lleva a cuestionarnos lo mucho paradójicamente que creemos saber, las muchas apariencias o velos de Maya que configuran la realidad. Ya que la verdad nos es inaccesible por las mentiras con que se recubre. Nuestro amor está condenado a ser un amor imposible y no correspondido, un amor platónico, nunca mejor dicho, sólo "filo-" querencia porque nunca poseeremos el objeto hacia el que se orienta nuestro deseo, la "-sofía", que es la sabiduría. Nos limitaremos siempre a ir desvelándola, para lo que tendremos que travestirnos nosotros como el buen Euclides megarense, y recorrer más de veinte millas al anochecer y entrar así en la ciudad prohibida poniendo en peligro la integridad de nuestra vida y propia persona, que es lo que siempre está en juego. 

    Pero de Euclides de Mégara ya casi nadie se acuerda -y sin embargo a él le debemos la más ilustre de las paradojas lógicas antiguas, la del mentiroso que dice que está mintiendo (prodigiosa afirmación que resulta verdadera a condición de ser mentira, y viceversa) y el razonamiento del sorites o montón de trigo, que nos pregunta cuando el montón deja de ser tal montón si le quitamos un grano de trigo, y otro, y otro... ¿cuando solo quede un grano o ninguno?-; y de Sócrates, el Sócrates de verdad, que no escribió ni una sola palabra y no porque fuera analfabeto, que no lo era, sino todo lo contrario, del Sócrates verdadero,  no del de Platón, que ese no es más que un personaje de ficción, de ese tampoco se acuerda casi nadie ya.


viernes, 21 de noviembre de 2025

Día Mundial de la Filosofía con Zizek

    El filósofo (y psicoanalista) esloveno Slavoj Žižek publicaba en Público ayer, valga la redundancia, un artículo titulado ¿Por qué necesitamos la filosofía para sobrevivir como especie? Y lo hacía el 20-N, día en que se celebra, según advertía, “como todos los terceros jueves de noviembre, el Día Mundial de la Filosofía”, que puede servirnos para distraernos de la gloriosa efeméride nacional del Gran Cambio que se produjo en las sufridas Españas con el advenimiento de la democracia. 
 
    Lo mejor del artículo es su comienzo, en el que cita a Alain Badiou, del que ya dimos cuenta y noticia en La ausencia de vida verdadera, que responde como nadie a cuál es la función de la filosofía a raíz del caso de Sócrates: corromper, en el mejor sentido de la palabra, a la juventud, interrumpiendo así su proceso de formación y de tránsito hacia la edad adulta, apartando “a los jóvenes del orden ideológico y político predominante”. Apunta Žižek, cito textualmente: Dicha "corrupción" es especialmente necesaria hoy en día, en nuestro Occidente liberal permisivo, en el que, mayoritariamente, los ciudadanos no son conscientes siquiera de que el establishment los está controlando precisamente cuando parecen ser libres: la falta de libertad más peligrosa es aquella que experimentamos como libertad, o, como dijo Goethe hace dos siglos: "nadie está más desesperadamente esclavizado que el que se cree libre sin serlo.
 
 
    Recuerda Žižek la actitud de Sócrates que según él es la repetición infinita de la fórmula ¿qué quieres decir exactamente con… la virtud, la verdad, el bien, y nociones básicas similares? (En realidad la pregunta socrática era más sencilla que eso, simplemente: τί ἐστιν qué es...? Como si dijéramos en latín  quid est? investigando el quid de la cuestión). Y añade: Hoy en día necesitamos plantearnos las mismas cuestiones: ¿qué queremos decir con términos como igualdad, libertad, derechos humanos, ciudadanía, solidaridad, emancipación y otros similares que usamos para legitimar nuestras decisiones? Pensar hace que, cuando nos enfrentemos a la crisis ecológica, no nos centremos solo en salvar la naturaleza, sino que nos preguntemos también qué significa hoy la naturaleza. 
 
    Se enreda después el psicoanalista y filósofo esloveno con un ejemplo sencillo tomado de la realidad: el avión de Air India que se estrelló en junio de este año al medio minuto de haber despegado provocando numerosas víctimas. Parece que la causa de la catástrofe no fue un fallo humano, sino digital. El avión recibió información contradictoria: estaba en tierra y estaba en vuelo simultáneamente a los pocos segundos de despegar, por lo que ambos motores se apagaron de inmediato, y dejaron de impulsar a la aeronave. Comenta Žižek a propósitoEn resumen, la catástrofe estuvo causada por las propias medidas preventivas establecidas para evitarla. Lo que el sistema digital no pudo hacer fue tomar una simple decisión que hasta un mal piloto podría haber tomado: ves que el avión está en el aire, de modo que cambias el interruptor del combustible a la posición de 'run'.
 
    Contrapone la "rectificación de nombres" confuciana (cuando no hay relación entre las cosas y sus nombres) a la actitud socrática, que es "plenamente consciente de que pensar significa en realidad pensar en un lenguaje contra el lenguaje para, de este modo, destruir la ideología inscrita en nuestro lenguaje". 
 
Slavoj Žižek 
  
    Trae luego a colación a Demócrito, el atomista presocrático, que según él inventó un maravilloso neologismo, que sería: den. Los griegos antiguos tenían dos palabras que significaban 'nada', medén y oudén, formadas sobre las dos negaciones de la lengua griega: ou que es la negación factual, predicativa, y me que es la negación prohibitiva. Ambas negaciones se unen al número uno hén para negarlo: no-uno, o mejor, ni siquiera uno. Se enreda Žižek etimológicamente de mala manera diciendo que el den democritano “no es, por lo tanto, un no-ente sin el "no"; no es un ente, sino un "oente", un algo, pero todavía dentro del ámbito de la nada, como un muerto viviente ontológico, una espectral nada-con-apariencia-de-algo”. Y saca a colación a Lacan y a Wisman: O, como expresó Lacan: "¿Nada, quizá? No… quizá nada, pero no nada". Wisman lo dijo concisamente: "el ser es un estado privativo del no-ser", es decir, el ser se convierte en oente al sustraerle algo al no-ente (?!)*. 
 
    Llega al final de su celebración del Día Mundial de la Filosofía, haciendo un guiño filosófico y psicoanalítico a la actualidad, a la conclusión de que el verdadero sofista antiplatónico es, por supuesto un tal Donald Trump, que no escucha nunca al oponente, porque él es el más fuerte. Y eso es lo malo en la gran política y en la filosofía de hoy. Confiesa Žižek que cuando él mismo sostiene como hace a menudo que nos encontramos ante una crisis medioambiental grave por el calentamiento planetario, no se le escucha, porque como declaró el susodicho Donald Trump en un discurso pronunciado ante la Asamblea General de Naciones Unidas este mismo año, el cambio climático es "la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo". Por mucho que argumente Žižek argumentando sobre el cambio climático, no se le escucha y se le reprocha que el calentamiento global es una campaña motivada por razones ocultas como destruir la prosperidad occidental.  
 
  Platón ante la tumba de Sócrates
 
    De todo ello saca el filósofo y psicoanalista esloveno la conclusión, con la que cierra su artículo, de que “hoy en día, necesitamos la filosofía más que nunca” para sobrevivir como especie. Pero en realidad echa el cierre de su artículo sin conclusión: “Y necesitamos reflexionar acerca de qué puede significar el término justicia hoy en día”. Es decir, necesitamos preguntarnos,  Socratico more, qué sea la justicia.
 
*Se basa en Plutarco, Contra Colotes 1109A, donde se lee lo siguiente: (Demócrito declara) que el algo (den) no tiene más existencia que la nada (meden), denominando “algo” al cuerpo, (es decir, al átomo), y “nada” al vacío, en la idea de que este último posee una cierta naturaleza y realidad propias. 

miércoles, 3 de julio de 2024

Sócrates torpedo

    En Cuestiones Académicas (I, 17), hablando de los seguidores de Platón y de Aristóteles, Cicerón escribe: Pero unos y otros (sc. académicos, y peripatéticos) (...)* abandonaron aquella costumbre socrática de discutir acerca de todas las cosas sirviéndose de la duda y sin emplear ninguna afirmación. Así se hizo (lo cual de ninguna manera Sócrates aprobaba) cierto arte de filosofía y un orden de materias y sistema de doctrina. 
 
    *Entre paréntesis decía que el abandono de la discusión y de la herramienta de la duda que hemos leído que proponía Sócrates, sus discípulos directos, Platón y demás, e indirectos, Aristóteles y los suyos, a través de Platón y de la Academia, vieron colmado el vacío que les había dejado Sócrates con la fecundidad de Platón, que desarrolló sus propias ideas -qui uarius et multiplex et copiosus fuit-, y compusieron una determinada forma de doctrina y esta ciertamente plena y completa, sistemática, diríamos hoy, muy alejada del quehacer y maestría del maestro). 
 
 
    La filosofía nació, según Cicerón, cuando se abandonó la costumbre socrática de discutir todas las cosas sin emplear ninguna afirmación. Alude aquí Cicerón probablemente a los primeros seguidores de Platón, a la llamada Antigua Academia, hasta Arcesilao, que combatía los dogmatismos. Y con la expresión 'sirviéndose de la duda',  el arpinate alude a la duda metódica de Sócrates, de la que da cuenta Platón en este pasaje, por ejemplo, del Menón (80-84), que reproduzco en traducción de F. J. Oliveri: 
 
Men.-¡Ah... Sócrates! Había oído yo, aun antes de encontrarme contigo, que no haces tú otra cosa que problematizarte y problematizar a los demás. Y ahora, según me parece, me estás hechizando, embrujando y hasta encantando por completo al punto que me has reducido a una madeja de confusiones. Y si se me permite hacer una pequeña broma, diría que eres parecidísimo, por tu figura como por lo demás, a ese chato pez marino, el torpedo*. También él, en efecto, entorpece al que se le acerca y lo toca, y me parece que tú ahora has producido en mí un resultado semejante. Pues, en verdad, estoy entorpecido de alma y de boca, y no sé qué responderte. Sin embargo, miles de veces he pronunciado innumerables discursos sobre la virtud, también delante de muchas personas, y lo he hecho bien, por lo menos así me parecía. Pero ahora, por el contrario, ni siquiera puedo decir qué es. Y me parece que has procedido bien no zarpando de aquí ni residiendo fuera: en cualquier otra ciudad, siendo extranjero y haciendo semejantes cosas, te hubieran recluido por brujo. 
 
 
Sóc. - Eres astuto, Menón, y por poco me hubieras engañado. 
 
Men. - ¿Y por qué, Sócrates? 
 
Sóc. - Sé por qué motivo has hecho esa comparación conmigo. 
 
Men. - ¿Y por cuál crees? 
 
Sóc. - Para que yo haga otra contigo. Bien sé que a todos los bellos les place el verse comparados -les favorece, sin duda, porque bellas son, creo, también las imágenes de los bellos-; pero no haré ninguna comparación contigo. En cuanto a mi, si el torpedo, estando él entorpecido, hace al mismo tiempo que los demás se entorpezcan, entonces le asemejo: y si no es así, no. En efecto, no es que no teniendo yo problemas, problematice sin embargo a los demás, sino que estando yo totalmente problematizado, también hago que lo estén los demás. Y ahora, «qué es la virtud», tampoco yo lo sé; pero tú, en cambio, tal vez sí lo sabías antes de ponerte en contacto conmigo, aunque en este momento asemejes a quien no lo sabe, No obstante, quiero investigar contigo e indagar qué es ella. 
 
    En efecto, el diálogo con el bello Menón trataba de definir qué era la virtud, y Sócrates torpedeaba cualquier intento de definición, reconociendo que él estaba entorpecido, y que no sabía qué era la virtud, a diferencia de su interlocutor que sí lo sabía, o creía saberlo antes de la conversación con Sócrates, y la llegada a la aporía -enunciado que expresa o que contiene una inviabilidad de orden racional, inviabilidad que etimológicamente es un callejón sin salida-. Platón juega en griego con el término eúporon 'no tener problemas' y aporein 'problematizar', de donde la aporía. 
 
 
    *torpedo, es voz latina derivada del verbo torpere 'estar aterido, paralizado, inmovilizado', por la parálisis que causa su contacto, que es propiamente el nombre de un pez, siendo figurada la acepción militar que se le dio en el siglo XX como máquina de guerra con carga explosiva para echar a pique un bote que choca con ella o que entra en su radio de acción.  El término griego que utiliza Platón, y Menón en el diálogo es νάρκη (nárke), nombre del pez torpedo o raya electrizante y del efecto de adormecimiento y entumecimiento que se dice que produce, de donde deriva narcótico.

viernes, 15 de diciembre de 2023

El caso Metroclés

    Se cuenta que Metroclés, que gozaba de una voz envidiable en el arte de la declamación, antes de emprender el camino de la filosofía en la antigua Grecia como acabaría haciendo, fue hombre de letras muy refinado, cultísimo y discreto. Una vez, haciendo una pausa solemne en medio de un recital público de poesía épica ante un auditorio selecto, se le escapó una ventosidad, que resonó estentóreamente, es decir, con la altisonancia de Esténtor, que ahogaba con su voz la de cincuenta hombres, según el divino Homero. El pedo fue motivo de irrisión general entre su audiencia, pública chacota y cachondeo. 
 
    Metroclés, por su parte, interrumpió, abochornado y rojo como un pimiento, la declamación y huyó apresurado, encerrándose en su casa a cal y canto, corrido de la vergüenza, con la intención de no volver a salir nunca más, pudriéndose en su encierro. 
 
    Cuando se enteró Crates, el filósofo cínico, por Hiparquia, la hermana de Metroclés y mujer, ya que no esposa, de Crates y, como Crates, también acólita de la secta de Antístenes y de Diógenes el Perro, se atiborró adrede de un buen cocido de chochos o altramuces del puchero. No hay una sola habichuela que sea inocua y que no cante, como dicen las gentes del pueblo, así que, ni corto ni perezoso, se presentó en casa de su atrabiliario cuñado, que hacía días que no salía ni quería recibir a nadie, y sólo deseaba que se abriera la tierra, se lo tragara y lo acogiera en su seno. 
 
 
  Crates de Tebas despreciando las riquezas (365-285 a. de C.)
 
    Hiparquia le había comentado a Crates que su hermano había iniciado además una huelga doble de hambre y de silencio con la insana intención de dejarse morir en el intento. Trató Crates en primer lugar, hablándole sin rebozo con palabras castizas y llamando llanamente a las cosas por su nombre, de persuadirlo de que no era nada vergonzoso dejar salir los gases de las mazmorras de las tripas para que camparan por sus respetos, sino la cosa más natural del mundo, con sofisticados razonamientos. Le repetía en todos los tonos que no había nada de malo en ventosear, que era algo a lo que había que dar carta de naturaleza, porque peerse no era algo reservado exclusivamente a la vida privada, sino que podía y debía hacerse en público y no debería considerarse una falta irreverente de respeto. 
 
    Instaba a su deprimido y lacónico cuñado a que hiciera caso omiso de las conveniencias sociales y ridículos prejuicios, ya que dejar salir las flatulencias era algo muy saludable y sano, al igual que los regüeldos, por lo que prohibían tajantemente su continencia los galenos. 
 
    -Se cuenta y yo lo sé de muy buena tinta -sentenció Crates- que las ventosidades reprimidas y contenidas en el calabozo de nuestros adentros se suben a la cabeza y provocan retortijones y mareos, y ha habido algunos, más tercos que las mulas, que por no querer soltar prenda, se han asfixiado y muerto... 
 

  Crates e Hiparquia, supuestamente, según pintura del siglo I del jardín de Villa Farnesia
 
 
    Pero como nada de lo que decía convenciera al abatido y silencioso Metroclés, comenzó Crates a soltar uno detrás de otro, a posta, con toda la intención y naturalidad del mundo, una ruidosa sarta de pedos, bien sonoros y nada disimulados, contundentes y bien fétidos. Los desembuchó, para que Metroclés se enterara de lo que le estaba diciendo y aprendiera, ya que no del sermón de sus palabras, de su ejemplo. Mezclaba así, con un alarde pedagógico moderno, la teoría en congruencia con la práctica del hecho. 
 
    Metroclés no sabía cómo reaccionar ante aquella actitud desafiante e irreverente de Crates que soltaba tantos y tamaños pestilentes vientos. Mostró en principio un semblante de rechazo, ira y contrariedad muy severo, pues era lacónico y bastante seco y no poco serio.
 
    Crates arrimó entonces el culo a la débil llama de la candela que iluminaba la lóbrega estancia, soltó un cuesco y se produjo tal llamarada que estuvo a punto, se diría, de provocar un incendio. 
 

 
    Metroclés rompió inesperadamente el silencio, se echó, agradecido, a reír como pocas veces en su vida a carcajada limpia y a mandíbula batiente había hecho, y con aquella risa franca y sincera, que le contagió a Crates, se le quitó la murria que le había entrado, se unió a su amigo y cuñado, y le hizo coro soltando por su parte un par de cuescos. Según se peían ambos se partían de la risa, como suele decirse, los pechos, igual que un par de niños traviesos que competían a ver quién desencadenaba, en medio de la común flatulencia, la furia liberadora del gas de mayor estruendo. 
 
    Desde entonces se hizo Metroclés íntimo de Crates y otro más, como su cuñado y su hermana de los seguidores del divino Diógenes, el Perro. Emprendió así el camino liberador de la filosofía, que le resultó tan provechoso, ya que le libró de la depresión de la congoja, por lo que hizo pronto en ese campo muchísimos progresos. 
 
    Así como por el humo se sabe donde hay fuego y por los celos dónde reside el amor verdadero, no hay mejor prueba de intimidad y de confianza, que soltar delante de algún conocido, familiar o amigo, dos rotundos pedos; no uno solo, que uno no es ninguno, sino algo tan singular que puede pasar desapercibido como si se tratara de un incidente aislado, o sea que puede ningunearse o hacer como que no se ha oído, sino dos o tres estruendosos por lo menos. 
 
 
Sopla, capricho 69, Francisco de Goya (1799)
 
    A nadie le huelen mal los suyos, dice la voz popular a propósito del pedo, pero sí, por el contrario, y mucho, los ajenos. Cuanto más sonoro sea, además, más habrá de ofendernos. No hieren tanto la sensibilidad ajena los zullones o follones, que son las ventosidades mudas y discretas que nacen sordas y degolladas, a decir de don Francisco de Quevedo, aunque no huelan precisamente a rosas e incienso, sino los vientos atronadores y aparatosos, que a veces son los más inodoros, porque lo que nos ofende no es tanto el cuesco en sí como su carácter ajeno. 
 
    L´enfer c´est les autres, que dijo Sartre, lo que viene a decir algo así como que los otros y no uno mismo, él sabrá por qué hace tanta diferencia entre uno y otros, son el infierno. 

viernes, 18 de agosto de 2023

Miseria de la filosofía después de Sócrates

    En el tratado Cuestiones académicas, libro I, 27 de Cicerón, que como filósofo no aportó gran cosa a la filosofía pero que nos transmitió por la vía latina gran parte del legado filosófico griego, se habla de las dos grandes escuelas filosóficas de la antigüedad posteriores a Sócrates, que sirve como punto de inflexión en la historia de la filosofía, dividiéndola en un antes (pre-socráticos) y un después (post-socráticos), al igual que Jesucristo parte en dos la historia universal de la humanidad y el cómputo de los años y los siglos en un antes y un después. Estas dos grandes escuelas fueron los académicos y los peripatéticos, que, aunque con distinto nombre, coincidían en lo fundamental, que es en su raigambre platónica, dado que Aristóteles no deja de ser un heredero de Platón, aunque se aparte de él en muchos aspectos. 


 La escuela de Atenas, Rafael Sanzio (1508-1511)

    (En el fresco de Rafael La escuela de Atenas ambos filósofos ocupan el centro de la escena: Platón señala hacia arriba, al mundo de las ideas, mientras que Aristóteles, más materialista, señala las cosas de aquí abajo). La escuela fundada por Platón era la Academia, que así se llamaba por el nombre del gimnasio donde se reunían y conversaban sus miembros. La que fundó Aristóteles era el Liceo, otro gimnasio donde el estagirita y sus secuaces gozaban de una avenida arbolada que regalaba su sombra al maestro y a sus discípulos durante sus conferencias, por lo que se les denominó peripatéticos, que en griego significa “paseantes”.

    Ambas escuelas, académicos y peripatéticos, afirma Cicerón, fundaron una determinada filosofía sistemática imbuidos de la fecundidad de Platón (sed utrique Platonis ubertate completi certam quandam disciplinae formulam composuerunt), y esta filosofía era en verdad consistente y completa, sistemática diríamos nosotros, (et eam quidem plenam ac refertam), mas abandonaron aquella costumbre socrática de discutir incansablemente acerca de todas las cosas sirviéndose de la duda y sin hacer ninguna afirmación positiva (illam autem Socraticam dubitanter de omnibus rebus et nulla adfirmatione adhibita consuetudinem disserendi reliquerunt). Así se hizo, lo que de ninguna manera Sócrates aprobaba, un cierto tipo de filosofía y un orden de materias y sistema de doctrina. (Ita facta est, quod minime Socrates probabat, ars quaedam philosophiae et rerum ordo et descriptio disciplinae).

    La filosofía postsocrática, según Cicerón, dejó de cuestionarse todas las cosas y de poner en duda la verdad de la realidad,  sin asentar nunca nada positivo como definitivo, como hacía el maestro. Es decir, dicho en pocas palabras, dejó la duda fuera porque en sus sistemáticas doctrinas, que afirmaban cosas como la inmortalidad del alma humana, por ejemplo, de un modo dogmático que no admitía discusión, no cabía la más mínima duda. La duda socrática que consistía según el arpinate (Conversaciones en Túsculo, libro I, XLII) en mantener hasta el límite (tenet ad extremum) aquello suyo (de Sócrates) de no afirmar nada (suum illud, nihil ut adfirmet), no cabía ni en la Academia ni en el Liceo, como no cabe tampoco en las modernas instituciones educativas, en nuestras academias y liceos, en nuestros institutos, universidades y escuelas,  que siguen, muchas de ellas, llevando sin querer los nombres de las viejas escuelas atenienses. 


    A diferencia de Platón y de Aristóteles, Sócrates, según el arpinate, (opere citato I, 16),   discurre de tal manera que él mismo no afirma nada (ita disputat ut nihil adfirmet ipse), refuta a otros (refellat alios), dice que no sabe nada salvo esto mismo, (nihil se scire dicat nisi id ipsum), y que aventaja a los demás por el hecho de que ellos creen saber lo que ignoran (eoque praestare ceteris quod illi quae nesciant scire se putent), mientras que él mismo sólo sabe esto solo, que no sabe nada, (ipse se nihil scire, id unum sciat), y que por esta razón juzga que fue considerado el hombre más sabio de todos por el oráculo de Apolo de Delfos (ob eamque rem se arbitrari ab Apolline omnium sapientissimum esse dictum), porque toda la sabiduría era esto solo, solo esto: no creer que uno sabe lo que ignora (quod haec esset una omnis sapientia, non arbitrari se scire quod nesciat).
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viernes, 19 de mayo de 2023

En las paredes de Atenas (El arte de los graffiti, y 2ª parte)

Todos somos esclavos.
 (El adjetivo "ólos", que queire decir "todo" se aspiraba en griego antiguo, donde se decía "hólos"; de ahí deriva una palabra como "holocausto" -nombre del sacrificio en el que se quema entera a la víctima del sacrificio-, "holístico", y otra como "católico", donde se ha perdido la -h- intercalada que conservan otras lenguas como el inglés (catholic), y que significa "universal". δούλος, dulos, es la forma clásica de decir "esclavo, siervo, lacayo, sirviente". Decir que en nuestro mundo, donde oficialmente está abolida la esclavitud, "todos somos esclavos", significa que a pesar de ello no somos libres todavía).
 
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  Despenalizad el libre pensamiento.
(Pensamiento se dice en griego "skepsi", que también significa "reflexión, meditación", de ahí que el adjetivo "skeptikós", origen de nuestro "escéptico", signifique etimológicamente "reflexivo, meditabundo, pensativo". Toda una lección de humildad etimológica para los dogmáticos que se creen en posesión de la verdad. El escepticismo es la mejor vacuna contra el fanatismo y el dogmatismo. Debajo de la pintada un cartel de "se vende", algo completamente normal en una época y una sociedad en la que todo se compra y se vende sometido a las reglas del mercado).
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¿Acaso hay vida antes de la muerte?
(Vida y muerte; zoé y thánatos. A veces nos preguntamos si habrá vida después de la muerte.  La pintada griega nos pregunta, al revés, encarecidamente, habida cuenta de sus cuatro signos de interrogación (;;;;), si hay vida antes de la muerte. De tánato: eutanasia, tanatorio. De zoe, que es sinónimo de "bios", deriva la zoología, que es el estudio de los seres vivos, mientras que de "bios" procede la "biología" o estudio de la vida en general. Resulta curioso que haya dos palabras para lo que nosotros llamamos 'vida' en griego: zoé es la vida biológica, zoológica, diríamos mejor, en el sentido de animal, que como dice Giorgio Agamben compartimos con el resto de los seres vivos, mientras que bíos es la vida social de los seres humanos estructurada en una comunidad política).  
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Se vende miedo.
(Uno de los rótulos que más se ve en estos tiempos de crisis paseando por la ciudad de Atenas y también por nuestras ciudades españolas, no nos engañemos,  es "políte" (se vende), forma pasiva del verbo clásico "poléo, que significa "poner a la venta", y que resuena en nuestro monopolio. La expresión cervantina de "el patio de Monipodio", con la que denomina al hampa sevillana en su novela Rinconete y Cortadillo,  es una alteración del helenismo "monopolio".  La gracia de esta pintada es que lo que se vende no es ningún local, propiedad o negocio, sino el "fobos" es decir, el miedo que alimenta todas nuestras fobias).


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El sistema de enseñanza es la enseñanza del sistema.
(Crítica del sistema educativo, que es correa de transmisión de los valores que justifican el propio sistema socio-económico de dominio del hombre por el hombre, en esta pintada antisistema. Y buen ejemplo del carácter flexivo que conserva todavía la lengua griega. Prestad atención a la alternancia nominativo/genitivo: to sístima / tu sistímatos, un neutro de la tercera declinación, y un femenino de la primera i didascalía / tis didaskalías).

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¡No es nuestro mundo éste!
(Precisamente mundo se dice en griego "cosmos", de donde surge el "microcosmos" que somos cada uno de nosotros dentro del "macrocosmos" que es la sociedad entera. Algo sin embargo se rebela dentro de nosotros y nos hace decir que ese mundo no es nuestro mundo, el que llevamos dentro de nosotros, el que todos deseamos en el fondo de nuestro corazón).

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Vida, no supervivencia.
(La palabra vida -zoé- se proclama como reivindicación, en contra de lo que el sistema nos ofrece: epi-biosi (super-vivencia): lo que queremos es vida de verdad, no lo que tenemos a cambio: mera supervivencia).
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(En la lengua del Imperio, para que entiendan los turistas que visitan la ciudad de Atenea en qué consiste el tópico horaciano del "carpe diem" : Cuando todo el mundo vive en el futuro, el presente ¡au revoir!)
 
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Ο  ΚΟΣΜΟΣ  ΣΑΣ  ΕΝΑΣ ΚΟΣΜΟΣ  ΠΟΥ  ΑΓΑΠΑ  ΟΤΙ  ΜΙΣΕΙ,  
Ο  ΚΟΣΜΟΣ  ΜΑΣ  ΑΛΛΟΣ.
Vuestro mundo es un mundo que ama lo que odia; 
nuestro mundo es otro.
ΚΑΘΕ ΟΙΚΤΟΣ ΓΙΑ ΤΟΥΣ ΕΧΘΡΟΥΣ ΤΗΣ ΕΛΕΥΘΕΡΙΑΣ ΕΙΝΑΙ ΑΝΑΝΘΡΩΠΟΣ
Toda compasión por los enemigos de la libertad es inhumana.
ΟΙ ΑΡΝΗΣΕΙΣ ΤΡΕΦΟΥΝ ΤΗΝ ΟΜΟΡΦΙΑ ΜΑΣ
 Los rechazos alimentan nuestra belleza.
ΤΟ ΧΑΟΣ  ΕΙΝΑΙ  ΦΙΛΟΣ ΣΟΥ
El caos es tu amigo. 
ΤΑ ΠΛΟΥΤΗ ΤΟΥΣ  ΕΙΝΑΙ ΤΟ ΑΙΜΑ ΜΑΣ
Su riqueza es nuestra sangre.
ΤΑ ΦΡΑΓΚΑ ΣΟΥ ΕΙΝΑΙ ΤΟ ΕΙΣΗΤΗΡΙΟ ΣΟΥ ΓΙΑ ΤΟ ΠΟΥΘΕΝΑ
Tus monedas son tu billete hacia la nada. 
Libertad para los sueños. 

jueves, 18 de mayo de 2023

En las paredes de Atenas (El arte de los graffiti, 1ª parte)

    La poesía y la filosofía anónimas y populares están en las calles y muros de la capital griega, como en casi todas las ciudades del mundo, y nos interpelan. Son la expresión de la voz del pueblo, o, si se prefiere, de la gente común y corriente que nos asalta y sorprende a cada vuelta que damos para llamar nuestra atención, conmovernos y hacernos pensar con su insolente libertad de expresión y belleza desgarrada. 

    He aquí una pequeña muestra, personal y subjetiva como todas, de las pintadas que me han salido al paso mostrándome que las viejas palabras de la lengua de Homero siguen más vivas que nunca todavía en las lenguas modernas: filosofía, escepticismo, caos, estética,   el miedo (phóbos),  el cosmos, la vida (zoé, bíos), la muerte (thánatos)... 

Atenas tiene estilo.
(Atenas, en plural era el nombre de la ciudad, mientras que Atena en singular era el de la diosa Atenea, patrona de la ciudad a la que regaló el olivo que según se cuenta crece todavía en la acrópolis no lejos del Partenón, el templo consagrado a la diosa virgen, párthenos, en griego). De su nombre deriva el de nuestros modernos centros culturales llamados "ateneos", dado que Atenea era diosa de la sabiduría. La palabra "styl" es un préstamo del latín "stilus", que en principio era el nombre del punzón que servía para escribir y de ahí pasó a significar "manera o arte de escribir" en particular y en general "modo de ser y de comportarse, personalidad" y por ende también "moda, elegancia", hasta el punto de que como dijo el conde de Buffon: el estilo es el hombre mismo).  

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Filosofía a las calles.
(Filosofía es palabra griega compuesta de "filo" amante y "sofía" sabiduría, amor que desde Sócrates se reduce a preguntarse por todo sin conformarnos nunca con las respuestas que nos satisfacen y acallan las preguntas silenciándolas de una vez por todas para siempre.  La pintada reivindica que la filosofía debe volver al ágora dialéctica donde nació, salir de los libros polvorientos de las bibliotecas y ocupar las calles. ¡Lástima que entre nosotros corra el peligro de desaparecer hasta del Bachillerato si nos descuidamos!)  

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Caos.
(En principio según la Teogonía de Hesíodo fue el "caos", el espacio inmenso y tenebroso anterior a la creación del mundo, el gran bostezo del aburrimiento divino del que surgió el "cosmos". ¿No es este mundo precisamente con su obsesión por el orden el mayor de todos los caos? ¿No es caótico el llamado orden -más bien desorden- establecido?)

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 Estética.
(En principio "estético" es lo que es susceptible de percibirse por los sentidos; de ahí que, con prefijo privativo an-, surja la "anestesia" o carencia o privación de sensibilidad: lo que nos insensibiliza. El adjetivo "estético" pasó a significar "relativo a lo bello o artístico").  

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 Nuestra patria toda la tierra.
(La pintada dice que nuestra "patria" es toda la tierra, es decir, Gea, la Madre Tierra. Y recuerda a la respuesta que dio Diógenes, el cínico, es decir, el Perro -en el mejor sentido de la palabra, como amigo del hombre y como ser libre, callejero y sin dueño- cuando le preguntaron que de dónde era: Respondió "cosmopolia", esto es, "ciudadano del mundo", inventando una palabra que ha perdido parte de su subversiva fuerza originaria y que se ha trivializado mucho, pero que sigue viva contra todos los nacionalismos y patriotismos tanto de alta como de baja intensidad. El verdadero patriotismo, como dijo el otro, además, consiste en odiar todas las patrias).

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El trabajo es alegría sólo para los jefes.
(Curiosa la palabra que se usa en griego moderno para denominar al trabajo: "duliá", que deriva de la clásica "dulía", que significaba y significa todavía "esclavitud". En griego clásico el verbo δουλεύω, pronunciado duleuo, significaba 'ser esclavo', y en griego moderno, pronunciado dulevo, quiere decir 'trabajar'; lo que sugiere que la moderna forma de esclavitud es el trabajo asalariado. De alguna manera el trabajo se interpreta como una maldición bíblica, como una condena a la esclavitud y a la servidumbre, lo contrario que decían los campos de exterminio nazis: Arbeit macht frei: el trabajo libera). Recordemos además la etimología latina del trabajo: tripalium, un instrumento de tortura consistente en tres palos cruzados a los que se ataba el reo para, por ejemplo, asarlo a fuego lento o cualquier otra sevicia que se le ocurriera al torturador  . 

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 La felicidad  se escribe con "e" y no con "€"
(En griego moderno felicidad se dice "eftijía", que es un compuesto del prefijo "eu-" que tenemos en eutanasia, euforia, eufemismo,  y que quiere decir "bien, bueno" y de "tyche" que es propiamente la "suerte"; por lo que la palabra felicidad en griego empieza, efectivamente, por épsilon, pero no por la € de euro. Prestad atención a la forma pasiva gráfetai (pronunciada gráfete) del verbo gráfo, que como sabéis significa escribir. Por lo demás el significado de la pintada salta a la vista: el dinero no da la felicidad, sino todo lo contrario: la compra como si se tratara de un artículo de consumo, y nos quita la poca dicha que podíamos tener llenándonos de preocupaciones). 

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Os dejo como música de fondo esta bellísima canción de Luis Eduardo Aute dedicada a Atenas: Atenas en llamas, de su album Intemperie, lanzado en 2010.