Lo reprobable no es quién sea, si bueno o malo, el monarca coronado que empuñe el cetro, sino la existencia del cetro mismo y la corona, es decir, la monarquía.

Lo reprobable no es quién sea, si bueno o malo, el monarca coronado que empuñe el cetro, sino la existencia del cetro mismo y la corona, es decir, la monarquía.

En
la ciudad donde vivía nuestro campeón, Kohbar de unos 300.000
habitantes, allá en el Golfo Pérsico, sus piadosos habitantes se
pasaban las horas del día rezando. El deportista se sorprendía de
lo rezadera que era la sociedad saudita. Más de una vez se había
encontrado con la desbandada general en los entrenamientos y en los
lugares públicos por ser la hora sacrosanta de la oración islámica.
Y eso sucedía, claro, todos los días, cinco veces a lo largo del
día mirando hacia la Meca. (Que no nos extrañe que los musulmanes
miren hacia allá, los cristianos, aunque no lo sepan, miran hacia
Jerusalén por el simple hecho de que los altares de las iglesias
están todos orientados en esa misma dirección). Rezan al amanecer
antes de la salida del sol, en la hora del cénit al medio día, a
media tarde antes de la puesta del sol, al anochecer y por la
noche.
También
le sorprendía al bicampeón lo puritanos y pudorosos que podían llegar a ser los deportistas de la
península arábiga. Ya sabíamos que las mujeres musulmanas iban
cubiertas de la cabeza a los pies y que era difícil que trascendiera
algo de su belleza femenina fuera del ámbito doméstico. Ahora sabemos además, gracias a este testimonio, que los guaterpolistas árabes no utilizan el típico y
escueto bañador de nadador, sino que llevan uno por encima de
la rodilla. Al parecer no hay ninguna ley que les prohíba usar el calzoncillo ajustado que cubre nalgas y verijas por debajo de la cintura hasta las ingles y deja ver los muslos desnudos, pero se sienten más cómodos
con un calzón más recubridor.

Al
término del primer entrenamiento pudo comprobar algo de lo que ya le
habían advertido: que a la hora de ducharse, una vez acabados los
entrenamientos, no debía quitarse por nada del mundo el bañador en el vestuario pues estaba terminantemente prohibido ducharse en cueros a la vista de
los demás, lo que nos da una idea de la falta de higiene y del
exceso de pudor con que los árabes saudíes tratan el cuerpo masculino,
que seguramente consideran igual que el femenino fuente de pecado.
1.-Luis Enjuanes (virólogo del CSIC): "Que a los no vacunados no les cubra la Seguridad".
2.-Benjamín Prado (poeta): "Que les pidan el pasaporte hasta para ir a comprar pan".
3.-Risto Mejide (publicista): "Hay que ponerles etiquetas para distinguirlos por la calle".
4.- Miguel Lago (humorista): "Hay que darles dos hostias".
5.- Anabel Alonso (cómica): "Que tengan envidia. Vosotros no podéis, y no debéis".
6.- Federico Jiménez Losantos (periodista): "Gentuza, criminales, bebelejías".
7.- Ana Rosa Quintana (presentadora de televisión): "Hay que vacunar a los niños, el nuevo foco de contagio".
8.- Susana Griso (presentadora de televisión): "Hay que hacerles la vida imposible".
9.- Iñaki López (presentador de televisión): "Cuñados, votantes de VOX".
10.- Ángel Expósito (periodista): "¿Tenemos que pagarle la Seguridad Social a estos?".
11.- José Sacristán (actor): "Estos necios matan. Que paguen por imbéciles".
12.- Javier Gurruchaga (cantante): "Que no salgan de casa. Son un peligro público".
13.- Angélica Rubio (periodista): "La culpa es de la justicia, que protege a estos locos".
14.- Ernest Folch (periodista): "No podemos clavarles jeringuillas; sí, quitarles el trabajo".
15.- Antonio Maestre (periodista): "Vacunación forzosa para los egoístas".
%20-%20copia.jpg)
16.- José García (periodista): "Sin tolerancia. La libertad de un imbécil no vale nada".
17.- Juan del Val (guionista): "Son estúpidos. Les tendrían que perseguir".
18.- Dani Mateo (cómico): "Mira que eres idiota, fantasma antivacunas".
Y el broche de oro lo puso:
Miguel Ángel Revilla (presidente de Cantabria): "Hay que vacunarles, por las buenas o por las malas, por lo civil o por lo militar".


El libro de Ernst Friedrich Guerra a la guerra es, en definitiva, una llamada a la movilización general contra la guerra que, siempre de actualidad, cobra especial relevancia en estos momentos en los que estamos asistiendo en Europa a una masacre entre dos polos imperialistas en pugna por mantener sus posiciones estratégicas y acrecentar sus recursos económicos y políticos: la televisada guerra de Ucrania, que ya se ha cobrado miles de vidas humanas desde febrero, produciendo, además, destrucción y éxodo a su paso de refugiados, exiliados, movilizaciones forzosas, desertores, que está causando graves problemas energéticos y económicos y sociales a los que nos ha llevado el capitalismo desenfrenado de este siglo veintiuno, lo que repercutirá en subidas de precios de los productos básicos y disminución del poder adquisitivo de los salarios y pensiones que afectan y afectarán cada vez más a más amplias capas de la población.


Durante este siglo, Guerra a la guerra, el fotolibro de Friedrich ha perdido quizá su voluntad subversiva de remoción de conciencias y pretensión de transformar la sociedad, acostumbrados como estamos a tantas imágenes sensacionalistas y fantásticas, falsas en definitiva, que no reflejan la realidad. La fe radical que tiene el autor en que el medio fotográfico reproduce veraz- y fidedignamente la realidad, nos resulta hoy, acostumbrados como estamos a la fotografía artística y digital, un tanto ingenua.
En la actualidad asistimos, en efecto, a un boom explosivo de la imagen que se utiliza como medio narrativo por aquello que se dice sin mucha razón de que vale más una imagen que mil palabras. Este auge pornográfico de la imagen está en consonancia con la popularidad de la fotografía, la autoedición y manipulación, fundamentales tras la irrupción de la digitalización y de las redes sociales en las que todo el mundo publica y saca a relucir los 'trapos sucios' de su intimidad: viajes, comidas en restaurantes, autorretratos en los lugares más inverosímiles. Ya no se pide tanto a los personajones famosos un autógrafo como que posen con el que se autorretrata tomando la fotografía para publicarla en las redes y mostrar que ha estado con ese personaje.
Originalmente las fotos de Friedrich venían, dado su afán universalista, acompañadas de un brevísimo texto en cuatro idiomas: inglés, francés, alemán y holandés. En la versión española que ahora se publica, se ha sustituido el holandés por el castellano, que aparece en primer lugar, como puede verse a continuación.

Las fotos de Friedrich no son todo lo nítidas ni tienen toda la resolución que desearíamos, pero hay que decir en su favor que tampoco son artificiales, sino documentales y fieles reflejo de su época.
Bertolt Brecht definió este libro como un documento fotográfico que muestra "un retrato consumado de la humanidad".
